unicornio1.jpg (17649 bytes)

stairway.jpg (116119 bytes)CIBELES Y LA MONTAÑA DE  CRISTAL

anstar.gif (1609 bytes)



Apolo recorrió la tierra y los infiernos...
Sumido en un sueño profundo
surcó la grande mar a nado
y bajó hasta las profundidades abisales
en busca de sí mismo...

Años,
muchos después...
se encontraba vacío
y su gesto denotaba
la furiosa soledad que le envolvía desde hacía... mucho... muchos años.
MK1.JPG (15779 bytes)
Apolo vivió y recreó miles de historias;
se resintió una y otra vez
creyendo que podría al fin descansar...
Pero ya, al final,
en el límite,
Apolo desapareció
partiéndose en mil pedazos...
porque roto,
hecho jirones,
dinamitado quedó
cuando mil veces mil
fue debastado por la locura
de quien creyó su Nairam Dorada...

Roto,
exahusto,
cariacontecido,
desencajado,
con el alma rayada
y sin componer,
desarmado,
vagaba Apolo, quebrado,
por las montañas de la luna
recordando su encuentro con
Venus...
cuando allá,
allí a lo lejos,
por encima de la quebrada,
en los altos farallones,
pendida de una torre de cristal,
como anidada en el mundo de las águilas
creyó percibir una tenue luz...

amor_no_mar(2).bmp (574042 bytes)

Abatido,
sin aún fuerzas que soportaran su cuerpo,
con un corazón dolido,
se esforzó la mirada
para ver si aún era capaz de ver...

Allí,
en un entorno embravecido,
aparentemente inhóspito,
pleno de aire y de luz de amanecer,
vió que aún podía ver.
Y percibió...
que en aquella torre galana,
alta entre las altas,
espigada y atlética,
en efecto, existía un clamor que refulgía
aún con la luz de la mañana,
de un frío y tibio amanecer...
Siguió respirando hondo,
como queriendo impulsarse,
y se alzó hasta la base de aquella torre
espigada, elegante, sobresaliente,
quedando mudo de asombro,
asombrándose de asombrarse...
aún...

Allí quedó,
quedo y mudo,
percibiendo,
sintiendo,
llenándose la mirada de paisaje,
enmarcando aquella torre
sobre las aguas alzada,
sobre torrenteras y cascadas empinada,
sobre la fertilidad misma de las nacientes aguas...
cuando oyó una voz en su interior
que, al punto, reconoció...
cálida y conocida,
aterciopelada
y acogedora,
cercana y sensual...
en la que reconoció inmediatamente
el clamor de Cibeles
susurrando en su interior...

De inmediato,
su corazón latió sin freno
y revivió agolpadamente
miles de imágenes que en ella amparadas estaban,
que con Cibeles había compartido
muchos siglos y años atrás
cuando un día, en los caminos de silíceo, se había topado
con aquella diosa de la vida
siendo Apolo
un ingrávido e indócil
buscador de estrellas fugaces.

Entonces la confundió...,
quizá con otra fugaz ilusión cósmica,
aunque otras veces en su camino se topó con ella
y en ella se reconoció
tranquilo y feliz,
sin guardia,
guardado,
consolado...
pues en ella había reposado muchas veces su alma
hasta con su alma encariñarse
y de su corazón enamorarse...



_¡Oh! Cibeles.
Mi sueño, compañera...
¿Qué haces aquí? Tú...
¿En este lugar del mundo apartada?
¿En estos confines de la tierra
a los que vine a buscar mi soledad?
¿Es esta tu morada?


_Hola Apolo, galán, mi niño...
mi dulce amante del bolero...
Sube a mi casa. Ven. Acomódate y descansa. Falta te hace...


_Me hace falta... Cibeles.
Hacerse hombre no es algo ni que los dioses puedan hacer...,
Pero yo lo quise,
Y pené por ello... ¡Durante tantos años!
Pero, en fin, hombre soy
y quiero serlo.
Cuatrocientos años llevo empeñado en esta misión
en la que vaticinaste que estaría solo
como solo estoy ahora...
pudiendo estarlo,
pero sin querer ser ese alma en pena solitaria
a la que mis correrías me han llevado.


_Calma Apolo, no te lamentes.
Estás en mi casa,
a cielo abierto,
en mi torre,
bajo el sol de la mañana.
con mi corazón...
desde hace muchos años...
No me digas nada,
que todo lo sé de tí...
Y amarme ha sido tu único anhelo.
Lo sé...
Siempre lo supe.
Pero calla hoy
y déjame cuidarte;
te cogeré entre mis manos
y acariciaré tu alma
y besaré tu corazón
e impregnaré de saliva tus heridas...
Soy una diosa, todo lo puedo...
Y puedo hacer que descanses hoy.
Y puedo hacer que tengas un sueño tranquilo.
Yo vigilaré por ti...
Ésta es mi casa;
ésta tu casa es...


_Sí Cibeles
te dejaré hacer por mí
aquello que no puedo hacer...
Pero dime, ¡oh hermosa y plácida compañera!
aquella luz...
Refulgía...
Ví una tenue lucecilla limpia y cálida,
suave,
casi imperceptible...
¿Dónde está ese candil?



_Apolo no me hagas reir.
¿Tan ciego te has vuelto
tú, el artero visionario,
el de la vista de lince?
Es mi corazón, Apolo.
Mi corazón te lleva llamando...
¿No has notado en este tiempo mi compañía?
He velado por tus pasos,
he seguido tu camino,
fijé mi paso a tus pasos
y seguí tu huella noche y día
¿No percibiste mi aroma?


_Sí Cibeles,
siempre te noté cercana,
velando mis tropiezos,
susurrándome tu cariño,
regalándome tu mirada limpia
como charcas esmeralda en las que,
¡tantas y tantas veces!
hubiera deseado zambullirme...


_Lo noté Apolo,
pero no lo hiciste...


_Sabes que no,
mi dulce diosa de la vida...
Sabes que no podía hacerlo,
aunque muchas veces lo quise...
en aquellas madrugadas,
en aquellas anochecidas...
te llevé conmigo Cibeles,
pero no podía llevarte a ti
ni pedírtelo...
entonces.
Es más,
te ordené que no te enamoraras de mí...
cuando ya lo estaba yo de ti,
pero mi destino
hacía imposible aquella unión...
¡Oh, Cibeles,
cuánto te he recordado!
Sí, Cibeles,
tú eres mi sueño...
siempre lo has sido...
todo lo que en la vida había anhelado
me llevaba a ti...
Y fuí.


_Era mi corazón el que refulgía
entre cortados y farallones,
entre farallones y canchales,
entre los derrumbaderos,
albergando la esperanza de que algún día te llegara su calor...
Titilaba para ti...,
sólo para ti,
entre la bruma que te envolvía
y se condensaba a tu alrededor...
para aportarte una tibieza entre tanta desolación,
pues ese quásar en constante emisión,
era el farolillo que te ofrendaba con mi amor
para que la oscuridad no oscureciese tu natural fluir...

MK50.JPG (26527 bytes)

Apolo se quedó dormido
entre las caricias y susurros
que Cibeles le ofrendaba...
Cuando despertó,
ya sabía que no podría renunciar a su naturaleza
que ya nunca abandonaría al recuerdo
a la que le alumbraba más que cualquier supernova en la noche...,
pues reparó en que Cibeles era más que una diosa...
era una mujer espigada entre las altas,
¡auténtica!
de noble corazón
y de veracidades,
una compañera soñada,
¡creíble!
un sueño de mujer,
¡real!
un alma bella y sencilla
¡noble!
sencillamente,
su sueño...

Durante unos días
recorrieron paisajes y estancias,
se entregaron a sí mismos y al otro,
conquistaron caracolas y amaneceres,
se bañaron a la luz de la luna
y se entregaron al amor entrelazados,
con pasión,
con entrega,
con veneración...
Durante unos días
fueron el uno el centro del otro
y el otro el centro del uno...
Durante unos días se separaron del mundo
y crearon un mundo propio
en el que anidaron sus almas
inmolando la esencia de sus vidas
en el lecho del encuentro,
pues aquellos días fueron un eterno encuentro
entre aves, plantas y pececillos multicolores,
entre aguas y arenas plácidas,
entre caminos de luz, rocas, caracolas y estrellas de mar...
Y se hicieron cómplices...
sin que hubieren planeado la complicidad.

bailarina.gif (75196 bytes)


Pero Apolo tuvo que partir...
y partió Apolo
nuevamente en busca de su destino
y de sus responsabilidades,
sobrevenidas
cuando al fin él creyó cumplidas...

Y partió...
Pero esta vez llevaba en su alma a Cibeles
como nunca había reparado que la llevase hasta ahora:
prendida,
hendida hasta lo más hondo...
Y partió con gran pesar,
doliéndose,
haciéndose daño
por no hacerlo;
causándolo sin querer hacerlo
impulsado a un destino que él ya había dado por cancelado,
pero los diablos del tiempo
y los demiurgos del espacio,
confabulados,
tiraron de Apolo contra sí
para ceñirlo a una quimérica misión
en la que, concitadas las fuerzas del mal,
se pretendía hacer pasar a Tanatos por Eros...
y se precisaba el concurso de Apolo para ultimar aquella patética estratagema...

unicornio.bmp (987894 bytes)Apolo partió confundido
y con urgencia
presto a resolver aquella falsa alarma
de la que autor le hicieron...
Y se entregó con denuedo a ello
hasta una noche gris en la que desveló el misterio
que tan confundido le tenía...

Y ahora sí que partió nuevamente,
pero esta vez para regresar a sí
y atender la llamada de la vida
que tanto le urgía,
pues siempre la había llevado en su corazón
y siempre
ese clamor de vida
le había dado aliento para merecer cualquier suplicio.

Apolo se arrojó decidido a la noche,
resuelto,
mirando en su interior,
alumbrándose con la mirada de Cibeles grabada en su piel,
y cerró el combate,
pues aquella no era una batalla en la que sintiese necesidad alguna de pujar.
Él sabía muy bien,
lo había sabido siempre,
que aquél erial adornado de fuegos fatuos no engañaba a nadie
y no deseaba reinar
sobre un campo de batalla
en el que sólo florecían los crisantemos...
Y arrojó su espada.
La suerte estaba echada...
Y comprendiéndolo al fin marchó al encuentro de su sueño...
un sueño real con nombre de mujer: Cibeles.
Una mujer que hizo suya nombrándola,
poniéndole nombre
cuando los nombres dotaban de identidad y consistencia,
de realidad...

Y fue al encuentro de "su" Cibeles,
de su sueño auténtico y real,
dejando el reino de la oscuridad y del silicio
para encontrarse con ella
en las cumbres de la vida...
si ella aún quería quererle...



_¡Oh Cibeles! Ven a mi vida,
llena mi morada y hazla nuestra,
necesito venerarte
y entregarte mi amor,
un raudal de amor sin límite
que por doquier se derrama
y desea reposar en ti.
Cibeles,
Llégate a mí,
ven conmigo y se mi cómplice,
aquí, en tu torre de cristal,
que la gané para ti,
para compartirla contigo,
solo contigo,
como cuando te lo dije que lo haría...
si hubiera podido entonces.
Amor,
niña,
diosa,
la de la mirada esmeralda,
¡ven!
Y, si quieres,
si aún lo deseas,
dejémonos vivir sin límites,
sin normas,
sin posesiones,
sin anulaciones,
ambos a una,
los dos juntos,
ayuntados y sin yugo que nos axfisie,
mientras así lo sintamos...
y si de mí te llenas...,
que en mi alma no habrá exigencia...
ni reproches en mi amor.
Estoy dispuesto Cibeles,
ya he limpiado mis estancias,
he aireado mis recovecos,
no queda rincón alguno por limpiar
ni alguno de aquellos doce trabajos por realizar.
Estoy limpio,
dispuesto,
expectante de tu decisión...
¡Ven!,
que te amo.
Compartamos nuestro tiempo y el presente,
dejemos atrás el pasado
y no pensemos en futuro alguno;
nuestro tiempo es el hoy,
nuestro tesoro el ahora,
nuestro espacio el aquí mismo...
No dejemos pasar este momento,
amor mío,
no pienses,
déjate sentir
como yo lo hago;
déjate fluir
como tú me enseñaste a hacerlo en aquél muro de piedra bajo el sol...
Déjame ir a ti Cibeles,
que tú eres con quien querer quiero,
la que amo,
a la que me quiero entregar
sin dilación y sin reservas...
en quien solo puede remansarse mi alma...

magicCrystal.jpg (12540 bytes)


Cibeles y Apolo,
sin cerrar la puerta,
con las manos engarzadas,
bajo la luz de la verdad,
con el firmamento como guía,
se ensartaron grácilmente el uno al otro
y el otro al uno
descubriendo que encajaban perfectamente
como si hubiesen sido creados para encontrarse
después de siglos de anhelo y búsqueda.

Y se entregaron al unísono al encuentro del amor
que largamente les había estado esperando.
Así Apolo cobijó a Cibeles entre sus brazos arañados
y Cibeles recogió a Apolo en su regazo
sintiendo ambos que
ahora
lo imposible era posible
cuando, unidos en ese lazo de amor,
el uno se convertía en el centro del otro
y el otro en el centro del uno...

Un resonar atronador inundó el mundo
y refulgió más allá de los confines del universo...
Y Gea giró su centro,
pues ahora el centro del mundo,
el núcleo de sus almas,
atravesaba los corazones de Cibeles y Apolo...
que se convirtieron en el centro del universo...
Un universo
que enraizado en la Torre de Cibeles
jalonó los campos de flores,
elevó las alturas de montes y montañas,
pobló los amaneceres de aves y silbos,
sembró las tierras de vida y
llenó los ríos de aguas...
estrellaN.gif (5669 bytes)
Al fin, Apolo,
remasó su alma en ella...

torremiss1girl.JPG (9802 bytes)

mensaje4.gif (4459 bytes)