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ANTECEDENTES DEL SISTEMA TUTELAR

Y GARANTISTA DE LOS MENORES.

 

Lenin Méndez Paz. *

 

“El escritor- cuando denuncia- transita entre el temor al escándalo y el amor a la verdad. Si calla corre el riesgo –además de envenenarse- del encubridor, del cómplice. Pero si dice, se puede constituir en agente de confusión y desconcierto. Para borrar este paraje neurótico, debe realizar un acto de libertad inteligente, de valentía y lucidez, de redención personal y social, y de esperanza...”*

 

 

 

 

 

SUMARIO:

I. Preámbulo.

II. La antigüedad.

III. Nuestros pueblos.

IV. Edad media hasta siglo XVI.

V. Del Siglo XVI al XVIII. V. Reflexiones finales.

 

 

 

 

 

I. PREÁMBULO

 

La función tutelar del Estado se ha generado en las áreas administrativas, familiares y civiles, y de ahí han sido llevadas al derecho penal, pues en sustitución de los padres el Tribunal actúa en su lugar al ser considerados como pupilos del Estado, lo cual se ha considerado como parens patriae.[1]

La conducta de los menores ha sido regulada con variantes formas en la historia, sancionadas con acciones desde muy severas hasta sumamente dóciles, por ello la trascendencia del estudio de nuestro pasado.

 

II. LA ANTIGÜEDAD

Desde los griegos, en Esparta se imponen a jóvenes y niños penas corporales por faltas ligeras; a los niños que daban respuestas necias a los mayores, se les castigaba con ser mordidos en el dedo pulgar; y los jóvenes que caían en malicia e intemperancia eran sancionados con azotes por el Tribunal de los Eforos.[2]

En Roma, las XII tablas distinguen entre los impúberes y los púberes, los primeros sancionados con pena benévola, con características de advertencia más que de castigo,[3] pero en el caso del crimen público el impúber era responsable de sus actos y de los realizados por sus progenitores o tutores.

Para la época clásica se distinguen tres categorías de menores, los infantes que son los niños hasta los siete años de edad, considerados plenamente irresponsables, fundada en la defensa de que el infante no es capaz de dolo, se le equipara a un loco total.

Se encontraban también los impúberes, que a su vez se dividían en varones mayores de siete años y menores de diez años y medio, considerados irresponsables generalmente, y los mayores de esa edad hasta 14 en el caso de hombres y 12 en el de las mujeres, exigiéndose para su responsabilidad la prueba del discernimiento bajo el principio de que la malicia puede suplir a la edad, imponiéndose una pena atenuada.

El tercer grupo era el de los menores, que eran los mayores de la edad anterior hasta los 18, y los jóvenes eran de los 18 a los 25 años de edad, con pena atenuada salvo en el delito de adulterio, y se exentaba a todos del delito de injuria.[4]

En la India y Egipto la minoría de edad fue de 8 años, edad en la que debía asistir a la escuela; para Esparta y Atenas la edad mínima fue de 7 años; la edad máxima del menor fue de 14 en Francia; 12 0 15 según la región en Grecia; 16 ó 24 según la casta en la India[5].

En el derecho germano se admitía un periodo de irresponsabilidad absoluta para los menores de 12 años de edad; en el caso del homicidio no se responsabilizaba al menor de 14 años, pero a sus padres se les obligaba a pagar la composición debida, a cargo del patrimonio del menor. Entre los francos la mayoría de edad era desde los 12 hasta los 21 años según el sexo y la condición social.[6]

El derecho canónico a través de las Leyes Clementinas también reconocían en los menores de 7 años un período de inimputabilidad plena por la carencia de malicia; tiempo después por decreto del Papa Gregorio IX se declara responsable al impúber, aplicándose pena atenuada.[7]

 

III. NUESTROS PUEBLOS

En el ámbito nacional el derecho azteca en la época precolombina se caracteriza por la severidad de sus sanciones, los padres ejercen la patria potestad y tienen el derecho de corrección, pueden venderlos como esclavos cuando sean incorregibles o se esté en caso de extrema miseria a juicio de la autoridad.

El Código de Nezahualcóyotl exentaba de pena a los menores de 10 años, para los mayores de esa edad el juez podría imponer la pena de muerte, esclavitud, confiscación de bienes o destierro, habiendo pena atenuada de los 10 a 15 años, siendo juzgados de la misma manera que toda la población.

Los aztecas castigaban a los jóvenes de ambos sexos que se embriagaban con pena de muerte por garrote; la mentira de graves consecuencias de la mujer y el niño se castiga con pequeñas cortadas en los labios; la injuria, amenaza o golpe a la madre o al padre se le priva de la vida y se le consideraba indigno de heredar; y en el caso de los hijos jóvenes de ambos sexos que fueran viciosos y desobedientes, se les castigaba con penas infamantes a cargo de los padres como cortarles el cabello, pintarles las orejas, brazos y muslos.

La sanción también alcanzaba a las hijas de los señores e integrantes de la nobleza que se condujeran con maldad, imponiéndoles la muerte; y si los hijos vendían los bienes o tierras de sus padres sin su consentimiento se les castigaba con la esclavitud si eran plebeyos y con la muerte si eran nobles.[8]

Si alguna persona forzaba a algún muchacho y lo vendía por esclavos, se le ahorcaba; si un hombre toma a una esclava pequeña no apta para la relación sexual, se condena a la cura por el daño causado, y si muere la menor, el ofensor se convierte en esclavo.

La minoría de 10 años excluía la responsabilidad penal con el límite de 15 años en que inician su educación, pues las escuelas además funcionan como tribunales para menores ya sea en el Calmécac para nobles con el juez supremo Huitznahuatl o el Telpuchcali para los plebeyos con los telpuchtatlas como jueces, conocen del dolo, punibilidad, culpabilidad, excluyentes, agravantes, atenuantes.[9]

El niño azteca hasta los 5 años se queda con la madre, educado en un ambiente de rigidez y austeridad; después viene la separación abrupta para aprender un oficio y más tarde el colegio, en absoluta separación con las mujeres, en un mundo masculino, fuerte, rudo y disciplinado, donde lo femenino es innoble.[10]

Nuestro derecho maya del período del 2 600 a.c. hasta el 1250 d.c. también era muy severo, siendo comunes las penas corporales y la pena de muerte, diferencia el dolo y la culpa, la minoría de edad se le consideraba como atenuante, que en el caso de homicidio el menor pasaba a ser propiedad de la familia de la víctima para compensar con trabajo el daño causado. En el caso del robo, los padres debían reparar el daño a la víctima, en caso contrario el menor era esclavo hasta hacer el pago.[11]

Observamos que algo característico en estos pueblos antiguos es precisamente la disciplina, pero no en el aspecto de coacción para que se cumpla una disposición como sucede en la actualidad, sino en la medida del cumplimiento de una cultura, el respeto por cuestiones éticas, por conveniencia social y no personal, es lo que debiéramos seguir haciendo modernamente: no imponer la norma por la fuerza, sino buscar su legitimación mediante su cumplimiento natural.

 

 

IV. EDAD MEDIA HASTA SIGLO XVI

Durante la Edad Media predomina la influencia del derecho romano, pero en Europa se reprime el delito cometido por los menores con suma crueldad y rigidez. En Francia, al menor se le sancionaba con el colgamiento por las axilas, lo cual va detonando el nacimiento de medidas protectoras.

Afortunadamente el emperador Carlos V de Alemania y I de España, dispusieron que los niños fueran juzgados y penados por tribunales ordinarios, respetando la atenuación legal.

Para el siglo X, en Inglaterra el rey Aethalstan prohíbe la pena de muerte a los menores de 15 años que han delinquido por primera vez; y en el siglo XIII el rey Eduardo I establece que los menores de 12 años no se les condenarían por robo.[12]

En España el fuero de San Miguel de Escalona en 1155 establece la irresponsabilidad del infante, comenzando la imputabilidad en el cambio de dientes del menor.

El Fuero de Salamanca excluía al niño de responsabilidad en el caso de lesiones y homicidio previo juramento del padre o pariente próximo; el fuero de Villavicencio en 1221 declara la irresponsabilidad de los niños en el caso de lesiones en riña.

En el siglo XIII las Siete Partidas inspiradas en el derecho romano reconoce un período de irresponsabilidad total para los menores de 10 años; hay inimputabilidad para la edad de diez años y medio para la mayoría de los delitos, y a los de 14 los excluye por los delitos sexuales como adulterio y lujuria; para los mayores de esta edad y menores de 17 se les impone pena atenuada, nunca la muerte.[13] Lo anterior también aplicaba ala Nueva España durante la época Colonial.

En el siglo XIV los Españoles crean el sistema correccional de los Toribios de Sevilla, por Toribio Velasco en 1325 y que los llevaría a defender como antecedente del tribunal para menores, así como la obra Padre de Huérfanos, establecida en Valencia, España por Pedro IV de Aragón durante el siglo XIV, en 1337; también la asociación en Salamanca de 1537, con el fin de proteger a los niños delincuentes.[14]

Mientras tanto en nuestro país, con la dominación española al azteca, en la Colonia el niño lo pierde todo, pasa a ser menor que una cosa o animal, pues el pueblo orgulloso y feroz se convierte en sumiso, servicial, deseando sólo la muerte. El trabajo pierde significado, la pereza y la pobreza se acepta como forma de vivir, se desahoga en el alcohol, las mujeres son tomadas a la fuerza, humilladas, se produce un mestizaje.

El mestizo crece en un ambiente de inferioridad, con una competencia superior de los niños españoles, quien es visto por los españoles puros como un criollo, lamentablemente el mestizo no es ni español ni indio, esto se da desde el siglo XV.

Las ordenanzas de Nuremberg de 1478, separa a los niños no corrompidos de sus padres inmorales, vagos o internados en alguna institución de reeducación, más tarde la Dieta de Ausburgo acuerda que los menores abandonados y delincuentes fueren recluidos en hospicios u hospitales.

 

V. DEL SIGLO XVI AL XVIII

En Francia el 24 de junio de 1539 se excluye a los menores de las penas corporales, las sustituye por su internamiento en hospicios y hospitales; sin embargo en 1567 se vuelve a los azotes, las galeras y el extrañamiento.

En Alemania durante el siglo XVII se persigue con rigor a los menores, entre 1625 y 1630 se impone la pena de muerte a menores por el cargo de hechicería. [15]

En Inglaterra durante el siglo XVI el niño menor de 7 años no era responsable, para esa misma época se establece el Tribunal de Equidad para tutelar a los menores; no obstante, aún en el siglo XVIII se impone la pena de muerte a los menores de 10 años[16]

El 14 de noviembre de 1703 por disposición del papa Clemente XI en el obispado de Saint Michele a Ripa en Roma, se le destina a los menores de veinte años que hubieran delinquido y para los desobedientes con sus padres o tutores con malos principios o pésima inclinación al vicio, y se funda en 1704.[17]

En el siglo XVIII en Sevilla, 1734, se crea la institución los Toribios, se ocupa de la regeneración de los menores, previo enjuiciamiento de sus actos, con la finalidad de corregir y proteger, resultando interesante que este personaje  recorriera las calles de Sevilla para pedir limosna y alquilar la casa que convirtió en hospicio y después en casa de corrección con escuela y talleres.

Cuanto entraba un menor nuevo, sentado en el suelo, entre los demás, rogaba que relatara su vida, después los internados decían todo lo que supieran de él, terminado el acto los niños dictaban sentencia, que Toribio atenuaba y exhortaba con cariño a la enmienda.[18]

Los siglos XVI, XVII y XVIII se caracterizan por una sucesión en la disminución de la crueldad y pasos hacia la humanización del castigo sobre todo en Europa respecto a los menores.

En 1817 en Illinois a un niño menor de siete años no se le consideraba responsable de un delito, pero podía azotarse como esclavo por desobedecer a sus padres; para 1827 la edad aumentó a diez años, para 1831 llega a los dieciocho años, siendo las sanciones principales los castigos corporales, multas y breve encarcelamiento.[19]

 

V. REFLEXIONES FINALES.

El tratamiento a los actos, contrarios a la norma, realizados por el menor, han sido tratados en la historia de manera distinta, considerándose en ocasiones igual al mayor, o en ocasiones quitándoles toda capacidad de pensamiento y acción; habiendo desde sanciones gravísimas como la muerte hasta dejar la carga al Estado para su recuperación; se les ha considerado irresponsables, responsables, imputables, inimputables; se les ha juzgado ordinariamente como a los mayores y se les ha dejado fuera; han sido tratados como cosas y se les ha castigado severamente, evolucionándose gradualmente hacia su trato humanitario.

Por ello es de gran relevancia tomar la experiencia del pasado para no errar en lo que hacemos en la actualidad, el menor actúa en su libertad como todo ser humano, pero precisamente por su estado en desarrollo, requiere de un tratamiento diferente, la conducta puede ser la misma que realiza un adulto a la luz de una norma penal; pero indiscutiblemente, al menos es la tesis que se defiende, los procedimientos, el tratamiento y las medidas a imponer deben hacer la diferencia en la realidad.

 

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El Doctor Lenin Méndez Paz :

 

RESUME

 

Doctor en derecho con especialidad y maestría en derecho penal, cursó licenciatura en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, donde es profesor investigador de tiempo completo dentro del Programa de mejoramiento de profesores (Promep), con reconocimiento de perfil deseable para profesores de tiempo completo, imparte diversas materias en la licenciatura y posgrado, actualmente se encuentra realizando una investigación posdoctoral en la facultad de derecho de la UNAM, en la cual fue aceptado previo concurso en convocatoria internacional, siendo postulado por el Consejo Técnico de la misma facultad.

Es miembro del sistema estatal de investigadores del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado, siendo galardonado en el 2007 con el premio a la mejor tesis doctoral.

Es coautor del libro colectivo denominado Tópicos sobre la justicia para adolescentes en el Estado de Tabasco, publicado en el 2006; por otra parte se encuentra en prensa las obras Alternativas ante la ineficacia actual de la pena de prisión en Tabasco, con la que obtuvo una mención especial como tesis doctoral; es autor del libro derecho penitenciario, editorial Oxford, año 2008.

En el ámbito de la docencia ha colaborado también a nivel tanto de licenciatura como de posgrado en la Universidad Mundo Maya, Universidad del Valle de México Campus Villahermosa, Universidad Istmo americana, ha sido director de tesis tanto de licenciatura como de posgrado, sinodal en múltiples exámenes profesionales de licenciatura y maestría, ha sido integrante del grupo de profesores para la selección de aspirantes de maestría y doctorado, así como parte integrante de la comisión para su reestructuración. Es profesor invitado en la facultad de derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Ha participado en conferencias, y presentado ponencias en foros y congresos académicos estatales, nacionales e internacionales organizado por diversas instituciones educativas y gubernamentales, ha publicado diversos artículos en revistas locales, entrevistas.

Cuenta con diplomados en justicia administrativa, innovación pedagógica, habilidades didácticas y formación de tutores, además de un curso en literatura, acreditación del programa de inglés de la UJAT; acreditación de comprensión del idioma italiano de la UJAT, aprobó el curso de técnicas de lectura rápida.

En cuanto a las actividades profesionales ha sido litigante, asesor en el Congreso del Estado, de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, y de la Dirección General de Prevención y Readaptación Social del Estado.

 

 

 

 

 

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Actualizado en

13/04/2009 18:47:14

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* Doctor en Derecho, Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, con agradecimiento a la Facultad de Derecho y a la Dirección General del Personal Académica, ambas de la Universidad Nacional Autónoma de México, como resultado inicial de la investigación posdoctoral que se desarrolla.

* Sánchez Galindo, Antonio, prólogo de la obra de Neuman Elías, Crónica de muertes silenciadas, México, Cárdenas, 1989, p. I.

[1] Rodríguez Manzanera, Luis, Criminalidad de menores, 2ª. ed., México, Porrúa, 1997, p. 364.

[2] Sánchez Obregón, Laura, Menores infractores y derecho penal, México, Porrúa, 1995, p. 3.

[3] Ibidem, pp. 3, 4.

[4] Ibidem, pp. 4, 5.

[5] Rodríguez Manzanera, Luis, op. cit., pp. 329, 331.

[6] Sánchez Obregón, Laura, op. cit., pp. 5, 6.

[7] Ibidem, pp. 6, 7.

[8] Ibidem, pp. 12, 13. Rodríguez Manzanera, Luis, op. cit., p. 8.

[9] Ibidem, pp. 8, 9.

[10] Ibidem, p. 10.

[11] Ibidem, pp. 3, 4; en el mismo sentido Sánchez Obregón, Laura, op. cit., pp. 13, 14.

[12] Ibidem, pp. 6, 7.

[13] Rodríguez Manzanera, Luis, op. cit., pp. 12, 13; en el mismo sentido Sánchez Obregón, Laura, op. cit., pp. 9, 10.

[14] Ibidem, p. 30

[15] Ibidem, p. 8.

[16] Ibidem, p. 9.

[17] Hugo D´ Antonio, Daniel, El menor ante el delito, 2ª. ed., Buenos Aires, Astrea, 1992, p. 165; en el mismo sentido Sánchez Obregón, Laura, op. cit., p. 30.

[18] Ibidem, p. 31.

[19] M. Platt, Anthony, Los salvadores del Niño o la invención de la delincuencia, 2a. ed., trad, de Félix Blanco, México, 1992, p. 120.