La influencia española sigue siendo hoy visible en la ciudad por todos lados: hoteles, museos, iglesias, calles y plazas muestran un distintivo sabor colonial. Las típicas casas de "estilo San Agustín" con sus característicos corredores sorprenden por su parecido con las casas asturianas tradicionales.
Son famosos los festivales que a lo largo del año rememoran los hechos históricos más importantes. Desfiles, música, danzas y juegos típicamente españoles amenizan las celebraciones del "Menéndez Lading", "Spanish Nigh Watch", "Days in Spain", "Celebration of Centuries", o "St. Augustine easter parade". Amenudo estas fiestas cuentan con escenificaciones militares en el castillo a cargo de grupos que dedican su tiempo libre a recrear diversos aspectos de la vida cotidiana en la ciudad en la época colonial española.
Actualmente San Agustín es uno de los destinos turísticos más importantes de La Florida, recibiendo la visita de miles de norteamericanos cada año que quieren conocer la primera ciudad fundada en los Estados Unidos, las visitas centran su interés en el castillo de San Marcos y San Mateo, monumentos nacionales. La legendaria fuente de la juventud que Ponce de León encontró el 3 de abril de 1513 y que se encuentra en el parque arqueológico que alberga los restos de la "Misión en Nombre de Dios" punto de partida en la colonización de La Florida y primera misión católica de norteamérica también es del mayor interés de los visitantes.
La historia se palpa en muchos otros lugares: el hospital militar español (en Avilés street), el museo militar, la antigua casa de gobernación, el llamativo faro de San Agustín, La Catedral... y la estatua de Pedro Menéndez, escultura que el pueblo de Avilés regaló a esta ciudad en 1972 y que ocupa un lugar destacado frente
al Flagler College. La figura del Adelantado es una reproducción de la obra del artista Garci González creada en 1918 y que desde esa fecha preside uno de los parques más importantes de la villa de Avilés, constituyendo un vínculo de unión para estas dos ciudades hermanadas.
En 1999 San Agustín quiso sellar de nuevo su hermanamiento entregando al pueblo
de Avilés el ancla del galeón Nuestra Señora de Atocha, que hasta entonces reposaba expuesto en la fortaleza de San Marcos. El Atocha se hundió en 1622 junto con otras cinco naves cuando el convoy español fue sorprendido por un huracán frente al las costas de Florida. En sus bodegas transportaba 40 toneladas de oro y plata y 35 Kg. de esmeraldas. Los restos del naufragio y sus tesoros fueron descubiertos por Mel Fisher en 1985, y el ancla adquirido y restaurado por el ayuntamiento de San Agustín.
Hoy forma parte de la exposición del Museo de Anclas Phillipe Custeau de Salinas.
Avilés, cuna de Pedro Menéndez.
Avilés,
conocida como la villa del Adelantado, es un pequeño concejo emplazado en el centro de la costa del Principado de Asturias, en el norte de España, La historia de la villa está documentada desde el siglo X, aunque se sabe que la zona ha sido habitada desde
épocas prehistóricas.
El jueves 15 de febrero de 1519 nacía en ella Pedro Menéndez de Avilés. En aquella época contaba la ciudad con una gruesa muralla que la protegía de las incursiones enemigas, El interior albergaba unas ochenta casas dispuestas a lo largo de cuatro calles, viviendo en ellas un total de 400 vecinos, en su mayoría hidalgos (que llegarían a censar un 80% de la población a finales del s. XVI)
Disponía de un mercado franco que los Reyes Católicos otorgaron en 1479 después de un terrible incendio que asoló casi totalmente la ciudad. De hecho las labores de reparación se alargaron en el tiempo de tal manera que en época de Pedro Menéndez todavía quedaban solares por reconstruir.
Fuera del recinto amurallado se encontraba el convento franciscano, en una zona boscosa que en la actualidad forma el núcleo central de la villa. Todo apunta a que los franciscanos llegados con Menéndez a La Florida y que partieron del puerto de Avilés pertenecían a este convento.
También separado del recinto amurallado se encontraba el pequeño pueblo de pescadores de Sabugo, Pedro Menéndez conocía la valía de sus habitantes y muchos de ellos prestaron sus servícios en las expediciones.
La vida dentro de las murallas debía resultar aburrida para el espíritu aventurero del joven Pedro, quedándole tan pequeños sus límites que cuando aún no había cumplido los nueve años escapó de su casa, siendo encontrado a los seis meses en Valladolid, tomando sus familiares la decisión de desposarlo con una joven, prima en cuarto grado, que contaba con 11 años de edad. Esperaban así poner freno a su sed de aventuras.
Pero lejos de frenarle, a los 14 años se enroló como grumete en la armada que perseguía a los corsarios franceses, Sus dos años en esta escuadra fueron su primera escuela de navegación.
A su vuelta logró convencer a algunos parientes y amigos para, juntos, adquirir una pequeño velero, haciéndose a la mar y participando en la defensa de las costas del mar Cantábrico.
En 1559 el propio Rey Felipe II le entrega el mando de una escuadra que le llevaría hasta Inglaterra. De regreso a España, Don Pedro aconseja al Rey desembarcar en el puerto de Avilés. Enfila Menéndez las reales naves hacia el saliente promontorio del Cabo Peñas, para desembarcar en su villa natal, cuando cargó un fuerte vendaval que le obligó a cambiar de rumbo y entrar en el puerto de Laredo (Santander). Algunas naves se perdieron pero el Rey llegó sano y salvo. En ese momento conoció Su Majestad la pericia náutica del Adelantado, pasando a ser de su máxima confianza, hasta el punto de nombrarle directamente "Capitán General del Correo de Indias" este hecho inusual le traería al Adelantado más problemas que satisfacciones, ya que el nombramiento debían hacerlo los jueces y oficiales de la Casa de contratación, por lo cual arremetieron contra su persona, llevando denuevo a Felipe II intermediar en su solución antes de ofrecerle el encargo de la conquista de Florida.