Juan de Cambray

Oriundo, posiblemente, de la ciudad francesa del mismo nombre, aunque holandés para otros, Juan de Cambray fue uno de los escultores residentes en Palencia desde mediados de la primera parte del siglo XVI.

Escultor relacionado con Alonso Berruguete. Es sabido que, en 1530, Cambray se encontraba como auxiliar de Berruguete en las obras del retablo mayor del convento de San Benito de Valladolid, que hoy guarda, desmontado, el Museo Nacional de Escultura.


Mateo Lancrín

Las primeras noticias de Lancrín, se remontan al año 1548, en que contrató el retablo mayor de la iglesia parroquial de Boadilla del Camino, en unión de Juan de Cambray y Pedro de Flandes. En este retablo Mateo Lancrín realizaría el relieve de la Piedad que aparece en el lateral izquierdo del banco. Se trata de un altorrelieve con ocho figuras que aparecen dispuestas de modo un tanto amontonado, pero procurando destacar el grupo central de la Virgen con el Hijo muerto sobre sus rodillas; las figuras son de formas plenas y anchos rostros, también de mandíbula cuadrada, muy en la línea de Juni y recordando algo el Entierro de Cristo de San Lorenzo de Sahagún que se atribuye a Juan de Anglés, conocido colaborador de Juni.

Comparando el relieve de la Piedad que atribuimos a Lancrín con el de la Epifanía de Cambray, en este mismo retablo de Boadilla puede apreciarse de modo claro la diversa inspiración de sus estilos respectivos: en tanto que Lancrín busca modelos en Juni, Cambray lo hace en los de Berruguete.

Además del retablo mencionado, creemos poder adjudicar a Lancrín en este mismo retablo las imágenes de la Magdalena y San Martín, en el banco; las de San Lorenzo y San Gregorio, en el primer y tercer cuerpos respectivamente; y, por último, el grupo de la Coronación de María, en el ático, muy afín al del remate del retablo mayor de Santoyo, si bien la figura arrodillada de María es aquí inferior en calidad. Es posible, igualmente, que le correspondan algunas de las labores de talla en las pilastras más próximas a la calle central.


Pedro de Flandes

Entre la ingente serie de entalladores que florecieron en Palencia en el segundo tercio del siglo XVI, destaca Pedro de Flandes, pero quizás más por suponérsele hijo del célebre pintor Juan de Flandes, que por su mérito artístico personal, que resulta arduo de calibrar.

Seguramente de origen extranjero y nacido hacia 1498 o 1500, llegó a Palencia a principios del siglo XVI. Más tampoco descartaremos la posibilidad de que hubiera nacido ya en España y de que viviera a la sombra de su padre hasta el definitivo establecimiento de éste en Palencia, ya que Juan de Flandes, a la muerte de la Reina Isabel en 1504, abandonó la Corte y, tras breve estancia en Salamanca, pasó a Palencia para realizar las tablas del retablo mayor de la Catedral.

Las primeras noticias seguras de su vida se remontan al 21 de mayo de 1521, fecha en que, titulándose entallador y vecino de Palencia, compró a Alonso de Palencia, sastre y vecino de la capital palentina, un majuelo o tierra de secano situado en Valdehorra (lugar del término de Palencia, por la cuantía de 3.750 maravedíes).

En el año de 1533, Pedro de Flandes aparece residiendo en la calle palentina de Gil de Fuentes y pagando 3 reales de alcabala según el repartimiento correspondiente a la parroquia de San Antolín en ese año.

Tiempo después, en 1548, Pedro de Flandes intervino, en colaboración con Juan de Cambray y Mateo Lancrín, en la realización del retablo mayor de la iglesia de Boadilla del Camino. Pero creemos que su actividad en este retablo, no debió de extenderse más allá de la talla de los grutescos del basamento, las columnas y remates de la parte superior, correspondiendo imágenes y relieves a Cambray y Lancrín.


Románico

Estilo arquitectónico que dominó en Europa durante los siglos XI, XII y parte del XIII, caracterizado por las estructuras robustas y sobrias, el empleo de arcos de medio punto, bóvedas de cañón, columnas exentas y a veces resaltadas en los machones y molduras robustas, hieratismo de sus figuras, penumbra de sus recintos (recogimiento), ornamentación con abundancia de símbolos generalmente de origen no cristiano, pero con significado cristiano.

Los grandes focos monásticos de esta época fueron Montecassino, Cluny, tras la reforma benedictina, y el Cister, surgido como desafío a la relajación cluniacense y representante de la transición al gótico.

La arquitectura constituye su máxima manifestación junto a su ornamentación escultórica, que tiene su máximo exponente en los capiteles que rematan toda columna y en las portadas de los templos. La pintura, con un gran aire bizantino, tiene su máximo exponente en los pantocrátor, Cristo como creador rodeado del tetramorfos, símbolos de los evangelistas.

En la idea general del románico, Dios desciende a la tierra, al contrario que en el gótico, donde todo apunta hacia arriba y es el hombre el que asciende a Dios.


San Antonio Abad

San Antonio Abad fue uno de los santos que más combatieron contra el demonio, al que reconocía en todas sus formas y todos los terrenos, así como de los más dotados para entender la existencia y actividades de los seres fabulosos.


San Lorenzo

San Lorenzo se apareció a un niño, hace ya mucho tiempo, en un pequeño pueblo del norte de Palencia, llamado Llanaves. La historia cuenta como un día el niño decide acompañar a su padre, que era carretero, en su trabajo. Y ese día, cuando andaban a medio camino, se desató una tormenta de frío y nieve. Como viera el carretero que la situación no mejoraba y que el temporal y la ventisca no amainaban y la noche se echaba encima, decidió ir a pedir ayuda y dejar a su hijo en la carreta esperando. Pero resulta que se desorienta y se pierde varias veces; desesperado y mientras descansaba un rato, una gran nube comenzó a ascender hasta confundirse con el cielo y de las tranquilas aguas del lago en el que se encontraba, comenzaron a salir extraños ruidos, que debido a su intensidad, podían oírse en todos los pueblos cercanos. Entonces se abrió un enorme abismo en el centro del pozo y salió una terrible serpiente, que con sus numerosos coletazos expulsaba violentamente las entrañas de un antiguo ser, al que la muerte había sorprendido en pecado mortal. El carretero creyó que allí llegaba el final de sus días, recordó los muchos milagros que había oído de San Lorenzo y a él se encomendó, ofreciéndole diez libras de cera si lo salvaba de aquello. Y fue hacer la promesa el carretero y empezar a recuperar sus fuerzas, comenzaron a desaparecer los ruidos y las aguas volvieron a su calma.

Y cuando por fin llega a una aldea se encuentra en sus puertas con su hijo que estaba esperándole. El carretero no creía lo que estaba viendo, y cuando le pregunta que cómo había llegado hasta allí, el niño dice que, estando sólo en el carro y llorando, de repente apareció una mano y le llevó hasta allí.

El santo, naturalmente, era Lorenzo y le dijo al niño que desde aquel día, recordase a los de Llanaves que todos los años tenían que pagar a los de Cardaño diez libras de cera para librarse de los males del alma en pecado que estaba en el fondo del Pozo del Curavacas. Y por lo visto, desde entonces, la tradición sigue y los de Llanaves cumplen su promesa.


San Martín de Tours

En 1453 es cuando se incendia el Hospital de San Martín (Frómista), y su mayordomo, Pedro Fernández Teresa, pidió dinero prestado para reconstruirlo a un judío llamado Matutiel Salomón. Como resulta que no pudo pagar el préstamo, el judío le denunció a la justicia eclesiástica, quien excomulgó al mayordomo. Sin embargo éste, con el tiempo, obtuvo dinero y pagó al judío considerándole absuelto sin acudir a confesión.

Enfermó gravemente y después de confesarse, pidió el Santo Sacramento, el cuál, al ir a dárselo, se quedó de tal manera pegado al fondo de la patena que no hubo manera de despegarlo por más fuerza que hizo el sacerdote. Quedándose a solas con el enfermo le dijo: "Mira hijo, que tú has hecho algo que no me has contado", y en esto el mayordomo se acordó del préstamo, de su excomunión, del judío y demás, y entonces explicó el asunto, tras lo cual recibió la absolución y comulgó devotamente, pero con otra forma, porque la patena que se pegó la forma, fue llevada a la iglesia donde se consagró y se conservó incorrupta hasta 1806.

La patena de plata aún hoy se conserva en la iglesia de San Pedro, pero ya sin forma, y era sacada en procesión por la villa en casos de prolongadas sequías, graves epidemias, plagas... y en otras ocasiones venían procesiones desde pueblos de los alrededores para pedir su beneficio; como los de Marcilla, que el 6 de Mayo de 1549 fueron de procesión hasta Frómista para pedir agua por la gran sequía que se padecía, y ese mismo día por la tarde llovió.


San Miguel

San Miguel, el ángel que venció a Lucifer. "Hubo una batalla en el Cielo. Miguel y sus ángeles se levantaron a luchar contra el dragón. El dragón presentó batalla y también sus ángeles. Pero no prevaleció ni hubo lugar para ellos en el Cielo. Fue arrojado el gran dragón, la antigua serpiente, el que se llama Diablo y Satanás, el que seduce al universo entero".

En la Edad Media se consideró a San Miguel como protector de los "caminos del Paraíso" y velador de peregrinos. San Miguel se apareció al ermitaño Pedro Hermoso en Frechilla, y le instó a que le reedificara una ermita que estaba ya ruinosa desde el año 1399, y además con amenazas, pues si no la reedificaba "le destruiría", según palabras del propio santo.

 


http://www.galeon.com/alf_esteban - © Alfonso Esteban Antolín

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