Es un impedimento, un símbolo de lugar inculto. Se trata de un símbolo que aparece muy a menudo en la toponimia tradicional designando la cercanía de un enclave considerado como mágico o dotado de virtudes o de fuerzas capaces de actuar sobre quienes lo alcancen. Desde la tradición remota viene dado por una llamada de atención ante las dificultades y hasta las torturas que habrá de superar el adepto que quiera llegar a él. Es pues, un arranque de camino iniciático que puede suponer riesgos y daños para aquel que lo emprenda sin una previa preparación y sin la conciencia clara de los sufrimientos que tendrá que superar antes de alcanzar la meta. La espina es símbolo también de penetración hiriente, gracias a la cual se derrama, como con la espada o la lanza, igualmente simbólicas, el saber retenido que habrá de recogerse en el recipiente griálico.
Símbolo de la purificación, la vida, la renovación y la energía espiritual. El primer cristianismo, a través de sus concilios, condenó el culto a las aguas y la utilización de las fuentes supuestamente milagrosas que habían constituido objeto de devoción desde mucho antes de la época de la conquista romana. Se dijo entonces que los demonios se refugiaban en las fuentes, esperando llevarse consigo a aquellos que fueran a bañarse a ellas por motivos devocionales o curativos.
Orden de caballería que tuvo principio por los años 1118 y cuya finalidad era asegurar los caminos a los que iban a visitar los Santos lugares de Jerusalén. La orden religioso-militar fue fundada en 1119 por Hugo de Payen, Godofredo de Saint Adhémar y otros siete caballeros con el fin de defender la Tierra Santa contra los ataques sarracenos. Los templarios mantuvieron estrechos contactos con los constructores de catedrales y constituyeron una de las fuerzas esenciales del alma medieval.
Durante doscientos años la Orden crecerá y se extenderá por Europa y el Mediterráneo hasta el Finis Terrae, siguiendo, ellos también, las huellas de peregrinaciones ancestrales. Presentaban en su seno el esquema de lo que los antiguos consideraban la mejor organización posible de la humanidad: el campesino que alimenta, el artesano que crea la herramienta, el comerciante que distribuye y el guerrero guardián de los bienes a cuya posesión no tiene acceso; y cada categoría incluía tres niveles que se correspondían con los tres estadios de la evolución del hombre, aprendida, tal vez, de las ciencias secretas de Oriente y Occidente.
Y así canalizaban ríos y lagunas, construían presas, cultivaban, abrían nuevas vías de comunicación o reconstruían calzadas romanas fuera de uso, protegían a los caminantes, establecían mercados, fundaban nuevos pueblos con colectivos de diversas procedencias (musulmanes, gitanos, francos, mozárabes,...) traídos por ellos para repoblar los territorios que obtenían por conquista, donación o compra, financiaban la construcción de grandes edificios góticos. Pero sobre todo tuvieron un especial interés en proteger y promover a los gremios de Compañeros Constructores, aquellos Maestros de la piedra que habían abierto de nuevo el Camino de las Estrellas, donde ellos mismos se instalaron.
Los templarios lo sabían: hay lugares de acción y espacios concretos donde la tierra se ha impregnado con una magia que hay que procurar extraer. Por ello ciertos enclaves era necesario dominarlos para entrar en posesión de las fuentes primigenias de la energía de la tierra, dejando que otras órdenes autóctonas ocupasen los puntos de simple interés táctico. El Temple buscó en cada territorio aquellas señales precisas de la tradición que, unas veces casi perdidas y otras aún latentes en la memoria de la colectividad, manifestaban la presencia de un conocimiento remoto que las claves simbólicas universales, todavía parecen ir descubriendo.
Es curioso que allí donde se recuerda un prodigio o un milagro, allí donde se rememora una leyenda iniciática, allí donde puede detectarse la huella de un santuario venerado desde la prehistoria remota, allí donde hubo un monte sagrado, en la antigüedad, o donde se levantó dolmen, allí hubo templarios; allí, o muy cerca de allí. Y como era de suponer en la zona del Cerrato tampoco faltaron, como no van a faltar en toda la provincia. Era difícil que estuvieran lejos de un lugar como Baños, lejos de Palencia capital, de Tariego, de Dueñas, de Calabazanos, ... y por eso estuvieron en el medio de todos ellos, en Villamuriel.
También en Cevico de la Torre dicen que la ermita de Nuestra Señora de Palacios fue elevada por monjes del Temple. También hubo templarios en Ampudia, donde poseyeron un convento; como dicen que las galerías subterráneas de Astudillo también fueron ejecutadas por ellos. En Cervatos de la Cueza hay un pedazo de tierra llamado aún el "pago de los templarios" (en Boadilla tenemos "El Temple"), y también estuvieron en Villasirga, por lo que no es descartable que tuvieran posesiones en Boadilla del Camino.
Curiosamente, en los pueblos que pertenecieron al Temple o zonas de su influencia, hasta los palomares son octogonales en su mayor parte (Támara, Santoyo,...). El palomar de Santoyo es un curioso modelo octogonal con torrecillas circulares en los ángulos, planta prácticamente idéntica a la del castillo de Federico II en Castel del Monte (Apulia, Italia), utilizado como recinto de iniciaciones caballerescas.
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- © Alfonso Esteban Antolín![]()