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La última villa de la Tierra de
Campos, Boadilla del Camino, donde ejerció derecho de señorío, en 1426, don Diego
Gómez de Sandoval, Adelantado Mayor de Castilla, posee un rollo detrás de la iglesia
parroquial, de gran altura y elegancia, es uno de los de más rica ornamentación entre
los rollos de toda España, y permanece en una excelente conservación. No es totalmente
circular, pues el fuste, sobre una grada de cinco
escalones,
lleva separaciones verticales, hendiduras, con adornos en su interior. La columna se
ensancha en su final con un magnífico capitel en forma de gran pila bautismal, decorado
con relieves de animales y cabezas de pequeños ángeles. Remata en una especie de
balconaje y con hermoso florón gótico.
El Rollo Gótico Jurisdiccional es erigido en el siglo XV como símbolo de la autonomía jurisdiccional que el pueblo poseía merced a un privilegio de Enrique IV, confirmado por los Reyes Católicos en 1482, por el cual la villa dejaba de estar sometida a los derechos de jurisdicción de los señores de Melgar y Castrojeriz. Inmediatamente se construiría el rollo, cuyo fuste presenta una rica decoración con varios motivos de inspiración jacobea.
Indudablemente el más alto de
los rollos palentinos es el de Boadilla del Camino, mide (entre capitel y fuste) 7,60 m. y
12,30 m. de perímetro en la base.
Bellamente decorado, incluso con conchas de peregrino, es de estilo ojival y está formado de un basamento circular de cinco escalones, un fuste de tres metros y medio de altura adornado de ocho columnas y, entre ellas, medias conchas y cabezas de clavo. El capitel está formado por la flora y la fauna del país. Sigue una cornisa adornada con gárgolas de cabeza de león y de lobo y, sobre ella, una especie de balcón, en cuyo centro se yergue airosa y bien proporcionada la aguja gótica.
En este rollo era donde se ataba
con cadenas a los condenados, para exponerles a la vergüenza pública, antes de que
fueran juzgados, y es hoy uno de los hitos más visitados de esta zona.
CATALOGACIÓN
Durante los últimos años han ido apareciendo algunas monografías sobre los rollos de diversas provincias. De estas monografías se ha confeccionado una relación puesta al día (1996), donde podemos ver los Rollos de la provincia de Palencia. En este catálogo se informa del estado en que se encuentran estos monumentos. Veamos los de provincia de Palencia, y en concreto el que nos interesa que es el de Boadilla del Camino:
Palencia:
Alba de Cerrato, Becerril del Carpio, Boadilla del Camino (M.B.C.),
Cevico Navero, Cordovilla la Real, Itero de la Vega (M.D.), San Salvador de Cantamuda,
Santibáñez de Ecla (Monasterio de San Andrés de Arroyo ), Santoyo, Valbuena de Pisuerga
(Monasterio de San Salvador del Moral), Verbios, Vertavillo (D), Villalaco.
M.B.C.= Muy Bien
Conservado.
M.D. = Muy Deteriorado.
D. = Deteriorado.
Cuando no figura nada = estado casi
normal.
CLASIFICACIÓN
No resulta fácil agruparlos por su forma o por estilos artísticos. Se diría que no existen, aparentemente, dos rollos exactamente iguales. Tomando como guía la última clasificación, y describiendo solamente el que nos interesa podemos decir:
| Boadilla del Camino: | GRADA.- CON GRADA.- VARIAS GRADAS.- CIRCULAR. |
| COLUMNA.- FUSTE.- CON HENDIDURAS. | |
| REMATE.- CON BALAUSTRADA O BALCONAJE. |
INTERPRETACIÓN DE LOS PRINCIPALES ELEMENTOS
En relación con las interpretaciones sobre algunos de los elementos que mencionamos en la clasificación, merece la pena detenerse en primer lugar en la grada (base del rollo). Generalmente cuadrada o poligonal, mientras que la de la picota tendió a ser circular, con lo cual ateniéndose a lo dicho, sirve para distinguir automáticamente entre rollos y picotas únicamente por la forma de las gradas. Respecto a la columna, resulta más convincente su uso generalizado como símbolo de jurisdicción y no sólo de poder, sino también de justicia y castigo. La línea vertical siempre sugiere seguridad, firmeza, poder. Ya desde los más remotos tiempos, el ser humano ha hecho uso muy frecuente de monumentos verticales, sean éstos de piedra o de madera. Recordemos los renombrados menhires prehistóricos, los árboles totémicos, los monolitos y las no menos famosas cruces de piedra o cruceros.
Con el paso de los siglos también los árboles y las columnas fueron utilizadas como lugares de tormentos y sacrificios, hasta llegar a los tiempos medievales. Resulta, entonces, fácil comprender el porqué los rollos, columnas de piedra, fueran tomados, dentro de esta milenaria tradición, como símbolo de poder y a menudo como instrumento de castigo. Naturalmente, las columnas irían experimentando un cambio de ornamentación desde el más simple fuste desnudo, hasta su transformación en varios cuerpos superpuestos ya de forma cilíndrica o rectangular con remate en pináculo o en bola.
En cuanto al capitel, tan común en tantos edificios medievales y renacentistas, es tal vez el elemento que más nos confirma la unidad artística en las construcciones arquitectónicas.
Cuando los rollos se multiplican, consolidados los señoríos, en el siglo XV , predomina el gótico en todo su esplendor, y de ahí que los capiteles se adornen con cabezas de animales, más o menos fantásticos, a semejanza de las gárgolas de las grandes catedrales. Se ignora lo que tales cabezas representan, aunque en ellas tal vez esté presente todo ese mundo de tremendos contrastes medievales: la fe y el oscuro mundo de los terrores, de la ignorancia y de la superstición.
Atribuir un sentido determinado a las cabezas y animales de los capiteles entra dentro de la conjetura, dado que nuestro mundo actual está muy lejos del mundo medieval. No obstante, cabe pensar el que los rostros amenazantes y terroríficos fuesen un modo de acrecentar el símbolo del poder de las columnas jurisdiccionales y a la vez usadas como picotas.
Además, el predominio casi absoluto de cuatro cabezas en los capiteles tiene una relación directa con los elementos de la Naturaleza y con ciertos aspectos jurídicos. El número cuatro está ya presente en el ámbito cultural y litúrgico de la Biblia. En definitiva, simbolizarán acaso, expuestas hacia todos los puntos cardinales, el poder y el señorío sobre las cuatro direcciones del mundo.
UNA POLEMICA VIGENTE: ¿ROLLOS O PICOTAS?
Detenerse en su estudio es casi un deber ineludible, porque estos viejos monumentos suponen, al fin, la propia historia de Castilla. Situados en los cruces de caminos, a la entrada de las villas o en las plazas de los pueblos, están hoy en abandono, agrietados y mutilados, cuando no desaparecidos y recordados tan sólo a través de los topónimos que aún perduran a lo largo y ancho de nuestras tierras: la calle del rollo o la plaza del rollo nos evocarán, alguna que otra vez, su antigua presencia.
Historiadores y juristas se reparten la discusión en torno al origen, prioridad en el tiempo y funciones de los rollos y de las picotas: ¿Son instituciones independientes? ¿Tienen un mismo cometido?
Con el transcurso de los siglos, el pueblo ha ido identificando la palabra rollo con la palabra picota, basando tal identificación en una misma finalidad para ambas instituciones, es decir, como instrumentos de castigo, suplicio y exhibición de los delincuentes. Esta confusión en la tradición oral existe en toda España, llegando los vecinos a denominar un mismo monumento picota, rollo, horca e incluso nombrar a un crucero como rollo.
Eminentes juristas apoyan esta identificación de finalidades, aunque tampoco faltan las opiniones opuestas que aseguran la independencia de su aparición y de su finalidad: el rollo como monumento jurídico, símbolo de señorío y jurisdicción, y la picota como instrumento de exhibición del delincuente y de ejecución de penas corporales menores.
En términos generales, la picota, instrumento que fue de uso general en toda Europa, estaba destinada a exponer al delincuente o maleante a la pública vergüenza, dado que solía estar situada en el lugar más concurrido de la villa, en la plaza del mercado.
La figura física de la picota, aunque con sus variantes, ajustándose a su cometido, viene a ser una viga de madera o palo de exposición, a veces con un par de cepos en lo alto, horadados para la cabeza y las manos.
El maleante sujeto al palo es colocado como una estatua sobre un pedestal de madera. y así, asomando brazos y cuello, el maleante permanecerá expuesto varias horas o varios días, según el delito cometido. Previamente el pregonero de la villa anunciaría su exposición en día de mercado y los motivos de la pena, que, entre otros, venían a ser los siguientes: por aumentar el precio del trigo u otros productos en el mercado, por vender pescado o vino corrompidos, por vender carne putrefacta o maloliente, por vender con medidas falseadas ( engrosando el fondo de las medidas o de los sacos con pez), por hacer documentos falsos, por vender como si fueran oro chapas de otro metal, por tener dados trucados con los que engañaban al pueblo, por secuestrar a un niño para ir con él a mendigar...
A juzgar por estos y otros motivos similares, podemos deducir claramente que la picota es un instrumento de la justicia municipal, dado que estos delitos tienen una relación muy directa con la vida de los mercados. Los rollos, en contraste con las picotas, simples postes de madera, son columnas de piedra caliza o de granito. Se confirma su antigüedad en torno a los últimos años del siglo XIV o primeros del siglo XV , y en todo caso siempre posterior a la aparición de las picotas, registradas hacia finales del siglo XIII.
Los rollos aparecerán vinculados, en un principio, al comienzo de los señoríos. Ya desde los primeros afanes de la Reconquista, en la zona comprendida entre el Duero y la cordillera Central, surgen multitud de aldeas para repoblar lugares yermos, ocupados antes de manera precaria por los musulmanes. A estas aldeas, por la gran ayuda militar y estratégica que prestan a los reyes, en los avances de la Reconquista hacia el Sur, se les van concediendo privilegios de villa, y a sus señores, el derecho a ejercer jurisdicción, es decir, poder o autoridad para poner en ejecución las leyes. Y para simbolizar este poder ejercido en nombre de reyes, se erigen los rollos.
En el siglo XV con el aumento de riqueza y poder, los condados se van convirtiendo en señoríos cada vez más autónomos, y ello se reflejará también en los propios rollos, a los que además de incorporar los blasones, se tratará de enriquecer en ornamentación, buscando los mejores canteros del momento.
Sin embargo, en anteriores ocasiones fueron los propios reyes los que concedieron las facultades de poner rollo y otros signos de jurisdicción, como la misma picota, dándose entonces la circunstancia de la coexistencia de ambos monumentos en un mismo lugar. Vemos pues, como ambas instituciones han podido coexistir separadas en funciones: el rollo como símbolo jurisdiccional y la picota como lugar de exposición y castigo de maleantes, aunque en Castilla sea frecuente la identificación de ambas funciones en el rollo. Rollo y picotas vendrían a ser ambos, monumentos arquitectónicos penales con intención infamante y aleccionadora y de origen germánico.
No podemos ignorar que si bien la picota pudo haber tenido un origen exclusivamente como instrumento de penalización y el rollo ser erigido posteriormente como símbolo jurisdiccional de señorío, pudo éste haber acumulado ambas funciones, y de ahí que se incorporaran argollas a su fuste y a la vez ostenten blasones señoriales en sus columnas.
En buena lógica, esta identificación de funciones puede tener una explicación bastante más sencilla de lo que podemos imaginar. Unificadas las tierras en una autoridad superior, los señoríos van desapareciendo y los rollos dejan de construirse con tanta frecuencia. Los que permanecen se toman, a partir de entonces, también como instrumentos de escarmiento, es decir, como picotas, únicamente porque ya están ahí, a la vista de todos, resultando superfluo costo levantar otro instrumento de madera, pudiendo aprovechar el que ya existe, de piedra, mucho más resistente a los avatares e inclemencias del tiempo.
Sin duda, cuando la picota de madera estuviera totalmente deteriorada, en ruinas, resultaría lógico que se construyera de piedra, tomando como modelo los rollos ya erigidos en otra localidades. y dado que el uso del rollo fuera el de picota, tanto los Concejos en sus encargos, como la tradición oral, que llega hasta nuestros días, todos vinieran denominando indistintamente como picota o rollo a un mismo monumento.
De ahí que la definición más conveniente para el rollo, tal vez sería está: "Monumento arquitectónico civil, por lo común de forma cilíndrica y de piedra, símbolo de jurisdicción y señorío, y que en Castilla, con frecuencia, se usaba como picota".
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