SENDEROS EN LAS ALPUJARRAS-ORGIVA

 

LAS ALPUJARRAS. Desde los picos más altos de Sierra Nevada es fácil divisar, en los días más soleados, las montañas norteafricanas del Rif. El Mediterráneo, que está a sólo un paso, se aprecia como acomodado en una lámina dorada que hubiera perdido su habitual color añil. Su vertiente meridional desciende por unas suaves y pulidas laderas en cuyos márgenes se han asentado los pueblos de las Alpujarras. Herencia de la cultura morisca, territorio de cruentas disputas, se asoma al mar únicamente con salvar las serranías de Lújar y La Contraviesa

A un escalón del Mediterráneo
La puerta de entrada es Lanjarón, que ha crecido al tiempo que sus aguas. Sus blancas poblaciones evocan un pasado morisco que no quieren perder. En Trevélez se degustan los jamones mejor curados de España
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 Desterrados de Granada, aún les quedan las Alpujarras. Los poetas árabes del siglo XV lloraron más que Boabdil la pérdida de la más mítica ciudad de Al-Andalus. Caído el reino nazarita a manos de las tropas católicas, a los árabes les quedaron dos opciones: o desembarcar por Adra a las costas africanas o decidir no renunciar a las bondades de esta tierra a la que años antes habían convertido en epicentro de la belleza. Estos últimos se quedaron a vivir en los pueblos de las Alpujarras. Aquí trasladaron su refinado sentido de lo cotidiano. Acomodaron sus viviendas salvando los desniveles del terreno, continuaron con sus labores agrícolas cultivando exóticos árboles frutales o potenciaron la extraordinaria comunión que su cultura tuvo con el agua al encauzar canales y fuentes que aún hoy corren y manan.

Las Alpujarras de hoy son una herencia directa de aquellas. Apenas han cambiado. Pasear por las calles de sus encalados y limpios pueblos es retrotraerse a siglos pasados cuando la convivencia de estas gentes era envidiada por los descendientes de Isabel y Fernando. La puerta de entrada es Lanjarón, que ha ido creciendo al tiempo que sus aguas. Su balneario constituye el mayor reclamo para el visitante. Cinco manantiales, cada uno con una propiedad concreta, se han canalizado en este edificio de corte mudéjar, adquirido en su día por la multinacional Danone.

Camino de Orgiva.

Se accede a esta mítica comarca desde la N-323, dejando atrás el pantano de Béznar y bellas localidades, colgadas de la Sierra de los Guájares, como Pinos del Valle o Restábal. Pasado el lanchar, o lugar de muchos charcos, como los romanos llamaron a Lanjarón, el paisaje ofrece una personalidad que no abandonará al visitante durante todo su recorrido. De la vegetación almohadillada se pasa al bosque más agreste, que brota de los barrancos donde caen saltos de agua procedentes de los deshielos. Se llega a Orgiva, capital de la comarca, por una carretera que deja bastante que desear. Esta ciudad administrativa y comercial de 5.600 habitantes se identifica con suma facilidad al percibirse desde lejos la silueta de las dos torres gemelas, de los dos campanarios de la iglesia de la Virgen de la Expectación. Desde aquí se inicia el ascenso. Los conocedores de las Alpujarras consideran que es pasado Orgiva donde empieza lo más espectacular. Con la mirada hacia el barranco del Poqueira, meta por antonomasia del visitante, una carretera serpenteante conduce hasta localidades como Cáñar o Soportújar, donde ya se aprecia la originalidad urbanística que domina en toda la comarca granadina.

El viajero alcanza finalmente Pampaneira, el primero de los tres pueblos que conforman el barranco del Poqueira. Estos evocadores nombres de reminiscencias gallegas fueron poblados precisamente por habitantes de esta región y de Castilla-León y Andalucía cuando fueron expulsados todos los moriscos. Es en Pampaneira, uno de los pueblos mejor conservados, donde el visitante aprecia el auténtico carácter de las Alpujarras. Un paseo sosegado por sus empinadas calles puede ofrecer una visión global. Por todos lados nacen fuentes con románticos nombres. De sus casas, siempre blancas, cuelgan macetas con geranios, helechos y clavelinas que aportan un colorido de lo más singular a la arquitectura morisca. En Pampaneira, al igual que en Bubión y Capileira, todas las viviendas están aterrazadas. El techo de la primera sirve como terraza para la que surge por encima. Estos terraos están construidos con launas, piedras calizas que soportan el peso de las peculiares chimeneas, coronadas por lajas que hacen de rompehumos.

El pueblo más alto.

Pampaneira acoge entre su término municipal y el de Soportújar un centro budista (958-34 31 34) al que acuden muchos seguidores de esta filosofía. Dejando atrás la localidad que invita a quedarse a vivir entre ellos, se llega hasta Bubión, y de aquí a Capileira, donde nace un camino coronado por el Veleta. Cerrado en invierno por la nieve, en verano hay que pedir permiso para transitar por él en la oficina de información del Parque Natural de Sierra Nevada, en Pampaneira (958-76 33 01).

Trevelez es el núcleo urbano más alto de España. Está situado a 1.476 metros.

De vuelta a la carretera que circunda la Alpujarra Alta se va dejando atrás un rugoso bosque de castaños, encinas y alcornoques que se dejan caer hasta la misma ribera del río Guadalfeo, que morirá en la localidad costera de Salobreña. Los pueblos de Pitres y Pórtugos, famosos por su artesanía textil, dan la bienvenida al turista antes de emprender el camino de ascenso al núcleo urbano más alto de España: Trevélez, que se halla a 1.476 metros de altura, y al que se llega por un paisaje de extraordinaria belleza. Justo enfrente, separado por un profundo barranco, se divisa la carretera que baja hasta Busquístar.

Pero es en Trevélez donde merece hacer una sosegada parada para degustar uno de los jamones mejor curados de todo el relieve peninsular. Es sólo aquí donde los soplos ventosos que descienden desde el Mulhacén curan un jamón de bodega o de recebo que hace las delicias de los más exigentes gastrónomos. Además, se puede comer una trucha asalmonada de las que surcan las aguas de su caudaloso río, y también apreciar una inscripción mozárabe que data del siglo IX y que indica que se está pisando uno de los núcleos más poblados por entonces de toda la comarca alpujarreña. De obligada visita es Busquístar, uno de los pueblos mejor conservados de las Alpujarras, además de Válor o Yegen, donde residió el escritor Gerald Brenan.

Existen dos Alpujarras: la granadina y la almeriense. Pese a que ha surgido un movimiento social que reivindica la unidad de las dos zonas, que no entiende la diferencia entre los pueblos blancos de una u otra provincia, lo cierto es que esta diferenciación ha dejado a la parte almeriense más olvidada, pero a la vez más virgen para el visitante.

Este podrá alcanzar el Puerto de la Ragua, que corta en dos las provincias de Granada y Almería. Habrá alcanzado así un límite geográfico pero no social. Estará en otra alpujarra, en realidad la misma que dejó poco antes en su evocador camino.


GASTRONOMIA. Sometidos a los fríos rigores del invierno, no es de extrañar que los vecinos de las Alpujarras hayan creado platos consistentes. El más destacado lleva precisamente el nombre de la comarca. El plato alpujarreño está compuesto por papas a lo pobre, huevos y pimientos fritos, longaniza, chorizo y lomo de orza. Además, por estos parajes se puede degustar una deliciosa trucha de río acompañada del mejor jamón de todos los contornos, el que se cura en Trevélez. En cuanto a los vinos, hay que destacar los que se elaboran en poblaciones como Ohanes, en Almería, con una uva de piel gruesa. La miel de mil flores constituye también otro reclamo para el visitante.

·        TREVELEZ. Casa Julio. (958-85 87 08). Mesón Joaquín. (958-85 85 14). Ambos locales destacan por su cuidada atención al cliente y por ofrecer, entre sus numerosas especialidades culinarias, el jamón serrano. Precisamente, el segundo de ellos posee un secadero de jamón propio que puede ser visitado, así como una piscifactoría de truchas.

·        BUBION. Teide. (958-76 30 37). En este restaurante, con una decoración típica de la región, se puede degustar una cocina clásica alpujarreña donde no faltarán unas buenas migas en época de invierno así como un exquisito embutido de la zona.
También es posible comer en la Villa Turística de Bubión y en el Hotel Alcazaba de Busquístar, establecimientos que se han decidido a recuperar la cocina popular y tradicional de la comarca de las Alpujarras.

DORMIR. En los últimos años la comarca de las Alpujarras se ha convertido en uno de los destinos preferenciales del turismo de interior en Granada. El barranco del Poqueira constituye uno de los marcos más visitados de la zona, pero el turismo tiende a descentralizarse. Precisamente por esto han surgido nuevos establecimientos hoteleros de gran calidad en pueblos que hasta hace poco poseían una mínima presión turística.

·        BUSQUISTAR: Hotel Alcazaba. (958-85 86 87). Es un apartahotel nuevo, de reciente creación, que está situado en el kilómetro 37 de la carretera Orgiva-Laujar, a cuatro kilómetros de Trevélez. Posee todo tipo de comodidades para el cliente más exigente. Su construcción es de estilo alpujarreño, y cuenta con piscina climatizada, sauna y un restaurante que ofrece a sus comensales platos de cuidada preparación. MOTOR & VIAJES recomienda comer y dormir

·        BUBION. Villa Turística. (958-76 31 11). Perteneciente a la red de villas de la Junta de Andalucía, este establecimiento goza de un alto prestigio en la zona. Destaca su restaurante.

·        TREVELEZ. Hotel-Restaurante La Fragua. (958-85 86 26). Edificio de estilo alpujarreño. En él se organizan rutas a caballo y a pie.

·        PAMPANEIRA. Hostal Ruta del Mulhacén. (958-76 30 10). Punto de partida para emprender excursiones y sitio ideal donde reponer fuerzas con un suculento plato típicamente alpujarreño. El hostal tiene también una pequeña tienda de recuerdos donde se pueden encontrar, entre otras cosas, las jarapas, nombre que se le da a una alfombra alpujarreña de llamativos colores y formas.

EN COCHE. Desde el tramo de la carretera nacional 323 que va de Bailén a Motril se accede al cruce que conduce a Lanjarón, puerta de entrada a la región de las Alpujarras y tradicional encrucijada de caminos. Esta sinuosa carretera, que bien merecería ser sometida a un profundo arreglo, atraviesa el mítico puente de Tablate, que fue escenario, en tiempos pasados, de frecuentes escaramuzas entre las tropas cristianas y moras. Con Lanjarón como base, se puede tomar la comarcal 332, que une la Alpujarra granadina con la almeriense pasando por los más importantes pueblos de la comarca, sobre todo aquellos que miran al valle del río Guadalfeo. Partiendo de Orgiva se toma una desviación hacia una carretera de montaña que, tras atravesar Soportújar, conduce a las poblaciones del barranco del Poqueira. El problema principal del recorrido lo presentan las numerosas curvas y baches del camino, por lo que se recomienda transitar con mucha prudencia. El acceso a las poblaciones más pequeñas, aldeas y anejos, puede presentar ciertas dificultades debido a que los coches deberán transitar por continuas pistas de tierra. Si tiene tiempo, y ha llegado a los pueblos de Pitres y Pórtugos, no deje de ascender por la carretera que muere en Trevélez, el núcleo urbano más alto de la península.

Otro de los accesos alternativos para adentrarse en las Alpujarras lo ofrece el Puerto de la Ragua, que divide en dos las provincias de Granada y Almería. Esta carretera, que se encuentra en buen estado tras las obras a la que ha sido sometida, es la comarcal 331, que conduce hasta Bayárcal, en Almería, o hasta Laroles, en Granada.