EL CAMBIO DE ACTITUDES

 

 

 

 

 

Los principios básicos de las actitudes nos dicen que cada uno de nosotros es responsable de sus propias actitudes. Si  mis actitudes son mi propia creación la única persona que las puede cambiar soy yo misma y, aplicada a mis alumnos, los únicos que pueden cambiar sus actitudes son ellos mismo.

Al mismo tiempo, ninguno de nosotros es un sistema cerrado. Creamos nuestras actitudes para entender el mundo que nos rodea y,  por tanto, nuestras actitudes están permanentemente abiertas a la influencia del entorno.  Mis alumnos (y todos los demás integrantes de mi entorno) influyen en mis actitudes y yo influyo en las suyas.

Eso hace que las actitudes estén en continua transformación. No tenemos más que mirar hacia el pasado para darnos cuenta de como y cuanto hemos cambiado nuestra manera de pensar sobre un tema concreto.  Las cosas que creemos a los 5 años no tienen mucho que ver con las cosas que creemos a los 10, no digamos a los 30.

Por lo tanto, el problema no es tanto conseguir que el otro cambie de actitud, sino conseguir que cambie en la dirección deseada. Para ellos las  dos palabras mágicas son influencia y respeto.

 

INFLUENCIA

No hay peor sordo que él que no quiere oír

Refrán popular    

 

Se puede lograr que el otro cambio de comportamiento por la fuerza, pero la fuerza no resulta muy eficaz cuando lo que se pretende es conseguir un cambio en la manera de pensar de alguien. De hecho suele ser contraproducente. Esta actividad es clarificadora del efecto de la fuerza en el cambio de actitudes.

Nuestra capacidad de motivación está directamente relacionada con nuestra influencia en el otro. Tendremos más influencia cuanto mas nos escuche el otro. Una de las grandes paradojas de la comunicación humana es que si queremos que el otro deje de estar sordo y tenga interés en escucharnos primero tenemos que escucharle nosotros a él. La empatía y la capacidad de entender al otro son los cimientos sobre los que se asienta nuestra capacidad de motivación de los demás. Lo que quiere decir que el primer paso para poder motivar a los demás es observarles e intentar saber  todo lo posible sobre su manera de pensar.

Cuando entendemos al otro y conseguimos su atención y su confianza podemos presentarle ideas nuevas, actitudes nuevas. Naturalmente eso no garantiza que el otro las acepte. Por eso la segunda palabra mágica es respeto.

 

RESPETO

“Cambiamos sólo cuando decidimos que ese cambio nos ayuda a ser lo que queremos ser”

 Margaret Wheatley             

 

Si partimos de la base de que motivar al otro suponer influirle para que cambie sus actitudes tenemos que actuar desde el respeto a la capacidad que el otro tiene de tomar sus propias decisiones en función de sus intereses.

En la practica esto implica renunciar a la idea de que “yo soy el experto que sabe lo que le conviene al otro” y aceptar las decisiones del otro cuando no coinciden con las nuestras o con lo que nosotros consideramos “políticamente correcto”. 

Motivar al otro no quiere decir elegir por el otro, sino ofrecerle alternativas viables, para que él pueda elegir la que más le conviene.

El procedimiento a seguir para poder ofrecer alternativas viables se podría esquematizar de la siguiente manera:

Identificar la actitud a cambiar

Partiendo de la observación y conocimiento del otro identificamos primero las actitudes que impiden la motivación. La pregunta a hacerse es

.   

                                  ¿cómo sé que esa persona no está motivada?

 

 ¿qué es lo que tengo que ver  para decidir que carece de motivación?

¿qué comentarios evidencian la falta de motivación?

 ¿qué tengo que notar en alguien para decidir que carece de la motivación adecuada?

 

Formular la actitud alternativa

Una vez que hemos identificado la actitud o actitudes que queremos que el otro cambie el segundo paso es formular la  actitud alternativa que le vamos a presentar.

Las actitudes son el mapa que utilizamos para ir por la vida, y un mal mapa es mejor que no tener mapa, Si queremos que alguien cambie el mapa que está usando necesitamos ofrecerle un mapa mejor, de lo contrario seguirá usando el que tiene y al que está acostumbrado.  La pregunta básica es:

                    

¿qué es lo que necesito en vez de esto? 

 

 

    ¿Qué querría ver en lugar de esto?

    ¿que comentarios tendría que oír?

    ¿qué tendría que notar para saber que esa persona está motivada?

Con frecuencia sabemos  identificar con precisión lo que no queremos (la actitud a cambiar) pero no nos hemos reflexionado sobre lo que nos gustaría tener en su lugar.

 

Diseñar mi intervención

Una vez que sabemos que actitudes vamos a proponer necesitamos decidir como y cuando lo vamos a hacer.                   


¿Como voy a intervenir?      

           

  ¿Vamos a trabajar con una persona o con un grupo?

  ¿Qué medios vamos a utilizar para lanzarles la nueva idea?

  ¿Donde y cuando vamos a actuar?

 

Una vez sepa lo que voy a hacer y como puedo actuar y observar los resultados, para, si es necesario, volver a empezar el mismo ciclo.