Se acerca el tiempo de la mudanza

Del legendario Molino Viejo a la modernidad del nuevo liceo

El próximo traslado -aún no se conoce la fecha con certeza- del liceo que funciona en el querido Molino Viejo desde 1982, amerita esta nota en la que repasamos momentos de su historia, testimonios valiosos, impresiones sensibles y detalles de lo que será el nuevo liceo, ubicado en pleno Barrio Olímpico de nuestra ciudad.

molino.jpg (15896 bytes)El Molino es una reliquia histórica que marcó el compás del progreso lugareño con sus seis aspas forradas de lona. Jugó su papel en las guerras civiles de 1897 y 1904 sirviendo de cantón a las fuerzas del gobierno y de escenario a la única muerte registrada en Minas durante las dos revoluciones. Frustrado su propuesto destino de teatro de verano, en sus viejos ambientes se instruyó a los oficiales de reserva.

Sobre un cerro que se levanta en la ribera del San Francisco se yergue la mole como un castillo, con el torreón circular de esta antigua construcción. Estamos hablando del Molino Ladós, al que todo el mundo llama Molino Viejo.

El molino de viento fue levantado en 1879 por el constructor don Rafael Laporta, quien también realizó las obras del teatro Escudero, del Mercado y del Hotel Americano donde actualmente se levanta la Escuela Industrial. Era propiedad de don Enrique Ladós, francés poseedor de un molino de agua en La Plata y otro en Aguas Blancas.

El vecino José Clérici nos habla del Molino, "una construcción enorme, con 6 aspas que el viento hacía girar constantemente, trasmitiendo su movimiento a dos gigantescas piedras que giraban y molían el trigo. En el año 1882 vinimos a vivir aquí, muy cerca del molino, y estábamos muy en contacto con él. Recuerdo que las seis aspas tenían velas de lona que se extendían a lo largo del mástil central.

En 1886 cayó una de las aspas y como el conjunto estaba en mal estado Don Enrique hizo desmontar la rueda y trajo una máquina a vapor para hacer funcionar el molino cuando faltaba el viento. Falleció don Enrique en 1887 y todo quedó en suspenso.

El molino fue abandonado y en lo sucesivo solo sirvió como recuerdo de toda una época de Minas y como refugio de vagos y motivo de leyendas de fantasmas y brujas. Fue el molino más extraordinario que conocí: no he visto en ninguna otra parte del Uruguay un molino de seis aspas como éste".

"En las guerras civiles de 1897 -sigue diciendo Clérici- fue cantón de las fuerzas del gobierno. En 1897 un soldado que se asomó a una ventana para mirar a los revolucionarios que estaban atrincherados en las mangueras de Aguiar, en los cerros vecinos, recibió un balazo en la frente. Fue el único muerto que hubo acá en dos revoluciones".

Hace algunos años este predio y su vieja construcción fue adquirido por el Estado, siendo cedidos al Municipio de Lavalleja para el acondicionamiento y restauración de esta significativa área, con la finalidad de hacer allí un teatro de verano.

Pasó el tiempo y como nada se hizo el predio pasó al Ministerio de Defensa Nacional, para que una vez refaccionado sirviera como sede de la División de Ejército Nº 4, con asiento en Minas. Desde 1963 se dictaron clases de instrucción teórica para oficiales de reserva.

El 29 de diciembre de 1981 el Ministerio de Defensa entrega el Molino Ladós a Enseñanza Secundaria y allí al año siguiente comienza a funcionar el Liceo Nº 2. Su primer Director fue el Prof. Oribe Pereira Parada, quien también fuera Intendente en el período de facto.


Preparando la partida

Ya falta poco tiempo y el bullicio incontrolable de cientos de jóvenes, con toda la vida que corre por sus venas, sus hormonas revolucionadas, su sana inquietud, dará paso al silencio cuando el Viejo Molino, acostumbrado a contenerlos, deba entender callado y generoso su partida hacia otro liceo más moderno, en el Barrio Olímpico residencial.

Me da la sensación de que el Viejo Mirón se pone un poco triste. Ya estaba acostumbrado a la savia nueva de los gurises, especie de lifting para su vieja estampa de monumento histórico.

La casa nueva ofrecerá sin dudas más comodidades y sin embargo sé que cada estudiante, cada profesor, cada funcionario, cada padre, sentirá un suspiro de emoción por las horas compartidas en este lugar tan lleno de luz y esa energía tan especial.

Los viejos salones ya no se adaptan a la educación del tercer milenio, pero en ellos queda el registro imborrable de los momentos que no pueden olvidarse.

El lugar sigue trasmitiendo su calma tan típica y la brisa es una niña que sigue correteando por el Molino Viejo. Respirar el aire puro de este lugar es recargarse el alma.

Es curioso cómo uno aprende a amar los lugares que un ser querido amó. A veces son hermosas las vueltas de la vida.

Existen rincones luminosos del mundo que contagian su paz, que son un remanso para ver las cosas de otra manera, que quedan impregnados de la magia que dejan las buenas personas.

El Molino es uno de esos rincones de ensueño. Desde el Molino, Minas –nuestro pequeño mundo mimado por los cerros- se ve distinta, más cercana. El cerro Artigas parece estar a un paso. La Catedral -retirada de la plaza tal como lo querían las leyes de Indias- se levanta airosa. El Arequita, guardián del norte, ofrece su hermosa silueta de piedra. El Verdún, al oeste, sigue siendo familiar plegaria. Al sur, la ruta 60 se pierde sinuosa, escapándose con rumbo a alguna playa.

El Molino se siente como una de esas fortunas que por diarias no se valoran en su justa medida.

Las rejas, las ventanas, las puertas son tan históricas como los ratos, las lluvias, los amigos que cada quien se lleva en el recuerdo.

El nuevo liceo lo apabulla en confort, es moderno y dicen que tendrá computadoras.

Es hora de hacer algo por el Molino, para aliviar sus celos del progreso: permitir que sus puertas queden de algún modo y para siempre abiertas, para que se rejuvenezca con viejas y nuevas presencias.


Apuntes del vecino minuano José Clerici

El viejo Molino de viento

Tenía seis enormes aspas de madera dura, con velas de lona que se arrollaban contra el vástago central, formando lo que los marinos llaman pan, atado con cordeles al palo central. El casquete esférico que coronaba la torre giraba llevando las aspas, y para hacerlo girar tenía una viga de tea de 30 x 30 cm., que estaba empotrada en el casquete y llegaba en forma inclinada hasta la plataforma, sobre un como estante en forma octogonal, de gruesos tablones.

En cada ángulo tenía un argollón de hierro donde se enganchaba un aparejo de cuerdas que lo tiraban cuatro hombres. Puesto de frente al viento, empezaban a girar las aspas, y por medio de ejes de hierro de m 0,10, uno horizontal que sostenía las aspas y otro vertical, trasmitían el movimiento al eje horizontal dentro del molino, con engranajes angulares; por medio de correas de cuero se trasmitía el movimiento a los dos juegos de piedra (muela) y los dos grandes cedazos giratorios de forma exagonal.

Cuando faltaba el viento se hacía marchar el molino por medio de una tahona con seis caballos, instalada en el anexo posterior.

En la guerra civil de 1897 y en la de 1904 sirvió de Cuartel, siendo muerto un soldado al tiempo de asomarse a una ventana.

Tuvo el Molino su leyenda de fantasmas, pero que no pasó de cuento.

El Molino Viejo en palabras de Guillermo Cuadri

Aunque hace muchos, muchísimos años que no muele trigo, es siempre "el Molino".

Asentado en un cerrito –llamado en lejanos tiempos "el cerro de la Cruz"- de cualquier parte que se vea "el pueblo" se destaca su viejo torreón, culminando en un enorme trompo invertido, con la púa hacia el cielo, que parece esperar un cordel imaginario para ponerse a bailar su danza de leyendas.

En verdad no le faltan: primero, en santa complicidad con el viento, dio harina al pueblo.

Después, quién sabe si el viento, vagabundo al fin, no sopló en su enorme oreja giratoria ideas extrañas y, cansado de trabajar él solo para tanta gente, dejó de hacerlo...

Desde entonces se hizo romántico.

Sus sombras cobijaron, por las noches, fantasmas y lobizones. ¡Oh! ¡El barrio del Molino!... Solo algún baile nos llevaba a él en las noches de invierno.

En la guerra del 97 fue un fortín de pelea para las fuerzas del gobierno, al mando del Coronel Casalla; desde allí se tiroteaban con los revolucionarios, parapetados tras los "cercos de Aguiar", en la falda de los cerros vecinos. Y en su interior, algo se mojó en sangre roja y caliente.

¡La cantidad de balazos que le pegaron!

Pero él sigue viviendo. Sigue moliendo su trigo de leyendas. ¡Cuántas veces se llena nuestra imaginación con el pan que hacemos de su harina, azulada de recuerdos!

Ahora -¡las ironías del Destino!- el viejo y firme torreón, cuyas paredes tienen más de un metro de espesor, se ha convertido en refugio de palomas.

Es lo que hacen casi todos los viejos buenos: cuidar niños, flores o pájaros.

* * *

Es frecuente ver a las palomas del Molino en nuestras claras mañanas, envolviendo en "el trompo" el hilo de sus vuelos circulares.

Minas, 1932

cuadrifirma.jpg (1494 bytes)


El Molino Viejo

Hará trescientas lunas reinaba en la colina,

aplicándole al cielo redondas bofeteadas.

Así gestaba el blanco prodigio de la harina.

Era como un demonio ducho en labores de hadas.

Hoy lo asfixia un enjambre de casas apretadas,

Se suplen sus esfuerzos con potentes usinas

y hasta las nobles aspas le fueron amputadas.

Al obrero gigante lo van dejando en ruinas.

En medio del naufragio, su gesto quedó a flote,

gesto hidalgo y altivo que mantiene el coloso,

aunque el tiempo lo ultraje y el pampero lo azote.

Y así como a las bocas daba el pan sustancioso,

hoy con las almas buenas también es generoso

y las deja soñar que triunfó Don Quijote.

Lincoln Machado Ribas


Molino Viejo

Este es el Molino Viejo

al que quise recordar,

donde se hacía buena harina

con trigos de mi heredad.

 

Sus aspas, giran que giran,

al "sin fin" que viene y va

vuelta que vuelta tus piedras

y el viento canta al volar.

 

Un día quedó sin aspas...

¡Dejó el molino de andar!

El herrumbre que lo atrapa

y entró el molino a soñar.

 

Quedaron muchos

recuerdos...

Su estampa es solo un mirar

del arroyo San Francisco

que le entona un suspirar.

 

El alma del Valavar

-inspiración de mi abuelo-

te pinta en un despertar

de palomas rumbo al cielo.

 

Molino viejo..., Liceo,

Monumento Nacional...

donde se agitan los sueños

de un tiempo que ya no está.

 

Antonio Ramos,

(alumno de 3er año, Liceo Nº2)


Conozca el nuevo liceo

 

liceo1.jpg (12806 bytes)

 

liceo2.jpg (13357 bytes)

El equipo de Dirección del Liceo Nº 2, constituido por su Directora, la Prof. Iveth Bueno, y por su Sub Directora, la Prof. Martha Rodríguez, brindó a AREQUITA detalles de la nueva casa de estudios que albergará a estudiantes, docentes y funcionarios que actualmente asisten al Molino Viejo.

El edificio, que comenzara a contruirse en el mes de noviembre del año pasado, está ubicado en la calle Guernica casi Dr. Rivero (Barrio Olímpico) y se encuentra en la etapa final de su construcción, más precisamente en la finalización de los cerramientos, al tiempo que ya se está trayendo el mobiliario a utilizar en el moderno establecimiento.

Cuenta con siete salones y un laboratorio, dos baños con seis reparticiones, un baño para lisiados, uno para profesores, y por supuesto la Dirección, Adscripción, Secretariía, Sala de Profesores y la oficina correspondiente al Profesor Orientador Pedagógico.

PORTADA


alojamiento web gratis
Otros servicios ofrecidos por HispaVista:
Videos, Loterías y Lotería de Navidad
Consigue una página web gratis o un
alojamiento web profesional con Galeón