arequita - Minas, Lavalleja, República Oriental del Uruguay

 

Julio Santana: El fútbol que yo viví...

Presentar a Julio Romualdo Santana González sería prácticamente innecesario ya que es de esas personas cuya trayectoria habla por sí sola y es carta de presentación de este deportista que trascendió las sierras y que desde 1990 viene formando a los jóvenes valores del club de sus amores, Barrio Olímpico. Decir, a modo de rápido sumario, que en el profesionalismo jugó en Cerro y en River Plate y que integró las preselecciones para los Mundiales de Chile, en 1962, y de México, en 1970, así como también formó parte del grupo inicial del seleccionado que compitió en los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960.

Realizó giras por el mundo entero, jugó al lado de uno de los ídolos máximos del fútbol uruguayo, Fernando Morena, a quien también dirigió en el conjunto darsenero, múltiple campeón con Barrio Olímpico y la Selección de Lavalleja, Santana atesora un sinfín de anécdotas y vivencias, las cuales, en la presente entrevista, comparte con nuestros lectores.

- Empecemos por los años de la infancia. ¿Dónde transcurrió? ¿Cómo la recuerda?

- Mi infancia transcurrió en el Barrio Olímpico. Nací y me crié en este barrio, más precisamente en Guernica 574, donde actualmente viven mis hermanas. Cuando tenía cinco años falleció mi madre y mi infancia transcurrió entre la Escuela Nº 7 y la Plaza de Deportes. Pasábamos jugando al fútbol porque el Barrio Olímpico no era lo que es hoy, es decir, era prácticamente campo con algunas casas, solamente. Por ejemplo, donde hoy está el Bar “Las Palmas”, por aquel tiempo había una cañada, la cual se sorteaba a través de un puentecito de madera para pasar al otro lado de la ciudad. Estoy hablando de mediados de la década del 40, cuando yo tenía unos 7 años.

Mi padre, Ramón Santana, fue un referente del Barrio Olímpico porque fue de los primeros que se radicó en esa zona ya que en 1925 vino a trabajar a la cantera del Verdún, proveniente de Barrancas. En aquel momento éramos siete hermanos. Luego, mi padre volvió a casarse y tuvo otros tres hijos.

- ¿Cuáles fueron sus primeros contactos con la pelota de fútbol?

- Ahí, en el Barrio Olímpico, tuve una infancia bastante feliz, a pesar de todo. Jugábamos al fútbol todo el día y a cualquier hora porque los espacios baldíos así lo permitían y porque las familias allí afincadas eran, al igual que la mía, numerosas (de 8 a 10 hijos), lo que nos permitía juntar un número importante de niños para jugar al fútbol. En verano, eran las 11 de la noche y nosotros seguíamos jugando al fútbol a la luz de la luna... Eso se fue perdiendo porque el Barrio Olímpico se pobló y se terminaron los baldíos.

El Estadio lo empezaron a construir en 1955 y lo inauguraron al año siguiente. Recuerdo que saltábamos por una puerta de madera para acceder al estadio y jugar al fútbol. Allí se jugaban los Campeonatos de Barrios. Recuerdo partidos con mucha expectativa entre Peñarol y Nacional de Minas en tercera y cuarta división. Iba un montón de gente y para uno, siendo gurí, aquellos jugadores de tercera y cuarta eran prácticamente unos dioses. Ahí Barrio Olímpico comenzó a surgir con más fuerza con el surgimiento de tantos jugadores del propio barrio. El club logró el ascenso en 1954 y yo comencé a jugar en la tercera a los 12 años de edad. Esta categoría iba desde los 12 a los 18 años y el primer año que jugué lo hice como lateral derecho. Todos mis compañeros tenían 17 años y al año siguiente quedé solamente yo y el “Tajima” Ferrando, un muchacho que actualmente trabaja en el Banco Central, en Montevideo.

- Hasta que se da la oportunidad de pasar a integrar el plantel principal de Barrio Olímpico...

- A los 14 años comencé a jugar los primeros amistosos en la primera de Barrio Olímpico y al año siguiente ya era titular, jugando de número 8 porque el centro medio era el de la selección de Lavalleja, Carlos Fernández, “El Gaucho”, un gran jugador, temperamental y corpulento. Empecé como todo botija, a dar una mano porque Barrio Olímpico tenía flor de cuadro. El año anterior había entrado el “Pileta” Perdomo y en 1955 entré yo. Era un equipo de hombres ya formados y por eso a los más jóvenes se nos facilitaba la inserción en el plantel principal. El técnico en aquel momento era el “Peluquero” Ruiz y luego estuvieron el “Vasco” Tellagorry y Don Miguel Fernández, quien también fue técnico de la selección de Lavalleja.

- Pronto llegaría la oportunidad de jugar en la Selección de Lavalleja...

- En 1956 voy a la cancha de Central a presenciar un partido entre la selección de Lavalleja y el Mauá y el Albion, dos equipos de la Extra de Montevideo. A primera hora jugó la selección B de Lavalleja con dos verdaderos “monstruos”: José María Bengochea y la “Julieta” Gastambide. La delantera estaba constituida por Fermín Trías, José María Bengochea, el “Turco” Gilene, la “Julieta” Gastambide y el “Gitano” Sabatini. Entonces, termina el primer tiempo y viene el “Pocho” Ladós, el técnico de Lavalleja, y me llama para ver si le podía dar una mano porque José María Bengochea estaba un poco cansado –era pleno verano y se estaban preparando para el Campeonato del Este-. Le dije que me animaba pero que no tenía en ese momento la indumentaria como para poder jugar. Me dijo que fuera al vestuario, que ahí me prestarían todo, y así fue... me dieron unos zapatos grandísimos y una camiseta y un pantalón que me quedaban enormes... Jugué ese segundo tiempo y concluido el partido, el “Pocho” me invitó para que fuera a dar una mano a las prácticas, a lo que por supuesto accedí. En aquel momento ya trabajaba en Machado Hnos., donde estaba a cargo del depósito, en el sótano, donde estaba toda la bebida alcohólica, los quesos y los dulces. En Machado éramos 43 empleados...era realmente otra época.

- ¿Recuerda el debut oficial en el Seleccionado serrano?

- Empecé a practicar en la selección y antes de que concluyera la primera rueda se podía anotar hasta cinco nuevos jugadores. Así es que me anotaron y me llevaron a Maldonado como suplente. Debuté en Treinta y Tres donde jugué siete minutos. Sé que fue una especie de premio que me brindó el técnico. Lavalleja ya no tenía chance pero me puso de puntero derecho para premiarme. Me dijo el “Pocho” Ladós que corriera por la punta derecha y que marcara por ese sector. Al año siguiente, en 1957, ya era titular como número cinco ya que en Barrio Olímpico ya jugaba en esa posición. Debuté como tal en la selección frente a Maldonado en San Carlos, en partido que perdimos por uno a cero. Al año siguiente salimos Vicecampeones del Este, detrás de Maldonado, y luego comenzamos a ganar una seguidilla de títulos esteños ya que toda esa camada nueva de jugadores ya estaba consolidada, y se agregaron jugadores que vinieron a Minas como Anizetti, Machado Flores, Cobelli y el “Bolita” Olivera.

El profesionalismo...

- ¿Cómo se da la oportunidad de jugar en Montevideo? ¿Cómo se produce su vinculación con el Club Cerro?

- En aquella época al fútbol del interior se le daba una enorme importancia. Es decir, jugaban Lavalleja y Durazno, por ejemplo, y el Diario “El Día” dedicaba una hoja entera a ese encuentro. Lo mismo pasaba con el Diario “El Plata” que mandaba enviados especiales para cubrir el fútbol del interior. Eso hacía que el fútbol de tierra adentro tuviera otra repercusión y que los jugadores del interior fuéramos medianamente conocidos. En 1958 estuve en la preselección olímpica amateur. Recuerdo que estaban Mario Fariello y los hermanos Arambillete de Durazno, Moreno de Flores, Pini de Fray Bentos, Cabañas de Maldonado, Videla Castillo, entre otros. Esa selección era dirigida por Ranzone y yo quedé afuera de la misma aunque fue una experiencia formidable para seguir formándome como jugador ya que para esa preselección también se citaba a jugadores de tercera para abajo del fútbol de Montevideo, jugadores muy bien dotados técnicamente.

- Así surge la posibilidad de jugar en Nacional...

- A principios del 60, Don Ondino Viera vino a buscarme a Minas para ir a jugar a Nacional. Me acuerdo que hablamos en la esquina de Treinta y Tres y Williman, frente a mi trabajo en Machado Hnos. En aquel momento estábamos jugando el Campeonato del Interior y no sabía que estaba la famosa interdicción entre Ofi y la Asociación Uruguaya. Recuerdo que teníamos que jugar un domingo frente a Tacuarembó y Don Ondino me invitó para jugar el miércoles previo en la primera de Nacional frente a Liverpool. El partido se jugó con un Parque Central repleto de aficionados y la delantera de Nacional estaba integrada por Héctor y Raúl Núñez, Acosta, Héctor Rodríguez y Escalada. Con esa delantera jugué yo y le ganamos 5 a 1 a Liverpool. A mi me tocó marcar a Guillermo Pedra que al poco tiempo pasó a Peñarol. Terminó el partido y Don Ondino Viera junto al Dr. Juan Carlos Bracco me invitaron para ir a la sede y luego a la Asociación para firmar el contrato. Yo le dije entonces que prefería hacer ese trámite la semana siguiente porque quería jugar la final del interior con Tacuarembó primero. Yo no sabía nada y tampoco nadie me asesoró sobre la famosa interdicción ya que de acuerdo a ella no podían pasar jugadores del interior al profesionalismo. Entonces me suspendió la Liga Minuana y la Ofi por el término de 2 años. A los seis meses, antes de que concluyera la primera rueda del campeonato local, la Liga Minuana me levantó la suspensión para que volviera a jugar en la Selección.

En ese año salimos nuevamente campeones con Barrio Olímpico y en la selección logramos el título del este en forma invicta y perdimos la final del interior en Trinidad. En ese momento, 5 equipos del profesionalismo tenían interés en contratarme. Luego de la final en Trinidad, al domingo siguiente vamos a Montevideo a enfrentar a Liverpool en Belvedere. Salimos 2 a 2, yo hice el primer gol y Antonio Pelúa el segundo para Lavalleja. En ese momento, José María Minella, un número 5 que jugó en River argentino, un hombre de mucho prestigio –el estadio de Mar del Plata lleva su nombre- era el técnico de Cerro y me estuvo observando durante varios partidos. Washington Urruty fue el encargado de entablar el contacto y comprobé que la oferta de Cerro era la más ventajosa para mí y por eso la acepté. Recuerdo que fuimos al Hotel Atlántico, en el Parque Rodó, a encontrarnos con Minella, almorzamos en la zona y en horas de la tarde firmé el contrato con Cerro, pidiendo pase para la institución. Vine a Minas y en el restaurante de Iriarte, en Dgo. Pérez, frente al Club Minas, tenía una cena con los compañeros de la selección de Lavalleja. Al día siguiente me fui a Montevideo y debuté en Cerro en Rosario, Argentina. En Montevideo, hice mi debut enfrentando a Peñarol, a aquel equipo integrado por Maidana, Lezcano, William Martínez, Edgardo González, el “Tito” Gonçálvez, Aguerre, Luis Cubilla, Linazza, Sasía, Spencer y Joya.

Preseleccionado celeste

- Esas buenas producciones en Cerro hicieron que fuera tenido en cuenta para integrar diferentes procesos de la Selección Uruguaya...

- Exactamente, a los siete meses de estar en Cerro, me cita Juan Carlos Corazzo para la preselección uruguaya del mundial de Chile en 1962. Eso me sirvió muchísimo aunque quedé afuera, por supuesto, ya que estaban, entre otros, el “Tito” Gonçálvez y Rúben González. Para mí fue algo muy importante por todo lo que aprendí al lado de todos aquellos grandes jugadores que conocí en esa preselección, practicando durante dos meses con ellos.

Luego jugué un partido frente a la selección chilena en el Estadio “Santa Laura” de aquel país, encuentro que perdimos por 2 a cero. Minella siempre me enseñó muchísimo. Él había sido un grande del fútbol mundial y en el mismo puesto en que yo jugaba. Jugué hasta 1965 en Cerro donde tuve la suerte de tener como técnicos, además de Minella –uno de los mejores que tuve-, a Ondino Viera –otro gran entrenador-, Manuel Aguiar, Pappa, un argentino de San Lorenzo de Almagro, el brasileño Féliz Magno y Bentancur, quien había dirigido a la selección de Tacuarembó, entre otros.

- ¿Qué puede decirnos sobre aquellas famosas giras por Europa?

- Hicimos giras muy importantes, de 68 días, por Europa, África del Sur y África del Norte. El fútbol uruguayo era muy fuerte por aquel entonces y Cerro era considerado el tercer grande del Uruguay. En aquella época, Cerro llevaba 10 mil personas al Centenario y tanto Peñarol como Nacional, jugando con cualquier equipo chico que incluso se estuviera jugando el descenso, convocaban no menos de 25 o 30 mil personas porque la gente iba a ver a las estrellas que integraban aquellos equipos.

Cerro inauguró el Estadio “Luis Tróccoli” en 1964, ganándole a River Plate argentino por 5 goles a dos. Tenía un cuadrazo donde además podían jugar cinco extranjeros. Como la moneda uruguaya era la más fuerte, los mejores jugadores de América jugaban aquí. En la década del 60 se fue Luis Cubilla al Barcelona y Matosas a River Plate, solamente. Los grandes jugadores venían a jugar aquí. Recuerdo que el golero Rogelio Domínguez, que jugaba en Racing argentino y en la Selección de aquel país, lo compró el Real de Madrid y posteriormente, para graficar lo que estaba diciendo, Cerro se lo adquirió al Real de Madrid, algo que en estos momentos cuesta muchísimo imaginar siquiera. El “Marqués” Rúben Sosa, quien jugaba en la Selección argentina, también lo compró Cerro a Racing argentino, como también hizo con Luis Pereira y Menéndez a Boca Juniors y a Luis Suárez a Independiente. Don Ondino Viera había dirigido en Paraguay y cuando se hizo cargo de la dirección técnica de Cerro, se trajo a varios jugadores paraguayos para engrosar el plantel cerrense (Cabañas y Franco, entre otros). Es decir, habían grandes jugadores y por consiguiente grandes equipos nutridos con los mejores extranjeros de la zona. Eran los mejores de América. Los equipos grandes hacían giras por Europa y era muy difícil que perdieran. En Europa todavía no estaba muy desarrollado el fútbol porque se vivían todavía los coletazos de las guerras y sus consecuencias. Recuerdo que cuando estuvimos en Berlín, vimos que ya comenzaban a entrenar fuerte, con mayor intensidad, y cuando nosotros practicábamos en el Estadio Olímpico de Berlín, varios planteles locales nos estaban observando cómo lo hacíamos.

- ¿Qué dejó en Cerro?

- Cerro me dio todo porque fue el equipo que me llevó al profesionalismo, me permitió recorrer prácticamente todo el mundo, y allí estuve cinco años consecutivos, y a través del Presidente de la institución, el Senador Luis Tróccoli, conseguí un trabajo en la Administración Nacional de Puertos.

- River es una institución tradicionalmente muy diferente a Cerro...

- River era otra cosa. Además llegaba a una institución que en ese momento estaba en la Divisional “B”, en un pase en el que también estaba involucrado Rúben Bareño quien pasó a Cerro. River hacía como quince años que estaba en esa divisional y logramos salir campeones y ascender. Llegué a la institución ese año junto al “Pelado” Davoine, Mazzei, Mario Castro, Mederos y Andrés Aguirre, entre otros. Eso fue en 1966 y al año siguiente salimos campeones invictos: jugamos 26 partidos y los ganamos todos. Nos dirigía Juan Carlos Ranzone que me había dirigido en la preselección olímpica.

En 1969, ya en la Divisional “A”, salimos campeones entre los clubes denominados “chicos”. Teníamos un equipo muy bueno, con Roberto Sosa al arco, Andrés Aguirre, el “Goyo” Peralta, Davoine, yo y De Luca; adelante teníamos a Ramón Silva, Carlos Rodríguez, Barboza, Morena, Mario Castro, Mazzei y el ecuatoriano Polo Carreras...

A su vez integré la selección de la Divisional “B” en la cual perdimos un solo partido, frente a Peñarol, 5 a 4 en el Estadio Centenario, cuando la delantera de Peñarol estaba conformada por Abbadie, el “Lito” Silva, Ángel Rúben Cabrera, Spencer y Joya.

Le ganamos 4 a 0 a la selección uruguaya que luego saldría campeona del Sudamericano del 67. inauguramos el estadio “Paiva Olivera” de Rivera, le ganamos a Colón de Santa Fe y le hicimos 13 goles a la selección juvenil uruguaya que salió luego campeona en Paraguay

- ¿Cuál fue su relación con uno de los ídolos máximos del fútbol uruguayo como sin dudas lo es Fernando Morena, goleador máximo del Uruguay?

- Con Morena jugué durante dos años. El trato con él siempre fue excelente. Incluso aquí en Minas, cada pocos meses, realizamos una comida en el Bar de Arostegui y Lavalleja, que anteriormente era la sede de Olimpia. A esa reunión vinieron Fernando Morena, el “Indio” Olivera, Omar Correa, el “Pocho” Nelson Moraes, el “Cacho” De Luca, Carlitos Rodríguez, Mario Castro, Mazzei, Barboza, Ramón Silva, Washington Moglia, es decir, toda la barra de River y, para amenizar la reunión contamos con Nilo Caballero, Sandro Colmán o Sergio Sosa... Ahí hacemos un cordero y recordamos un montón de anécdotas de los años que convivimos en River Plate.

Morena siempre viene. Es una figura mundial y en Peñarol será siempre un ídolo. En Montevideo también nos encontramos los amigos de River y algo similar pasa con la gente de Cerro que siempre se acuerda de mí. Por ejemplo, hace un par de años, cuando Víctor Espárrago se volvía para Sevilla, la gente de Cerro organizó una reunión y me invitó especialmente. Con Víctor jugué cuatro años en Cerro. Debutó en el Parque Rodó, en un partido que ganamos 2 a 0 con un gol de él y otro mío.

Morena debutó en River en el Nasazzi. Ganamos 1 a cero con gol de él. El último partido que jugué en River perdimos 3 a 2 con Defensor y los dos goles los hizo Morena. Es una persona muy accesible y en el grupo siempre es uno de los más bromistas. La gente que no lo conoce tal vez tenga otra imagen de él pero quien lo conoce se da cuenta que es uno de los más graciosos en los grupos que le tocó integrar.

- En varias oportunidades Morena ha señalado que usted definitivamente marcó a fuego su carrera deportiva...

- Él conmigo jugó dos años. Cuando empezó a jugar en River tenía 17 años, proveniente de Racing de Sayago. Cuando terminaban las prácticas, yo le decía que se quedara conmigo para patear al arco y para entrenar la pierna derecha. Eso siempre lo reconoció Morena en entrevistas realizadas en “El País” de Madrid, en el Diario “El Día”, de Montevideo y en “El Gráfico” de Buenos Aires, en cuanto a que yo era una de las personas que más había gravitado en su carrera deportiva. Yo lo aconsejaba mucho porque veía que iba a ser un gran jugador. Claro que un gran jugador para River Plate, no pensé en ese momento que tuviera la dimensión mundial que luego conseguiría...

Siempre se quedaba a entrenar. Eso yo lo había aprendido con los argentinos y los brasileros en Cerro. Eran grandes jugadores los que había ahí y ellos, luego de la práctica se quedaban más de una hora tirando al arco, cabeceando o dando pases. Eso siempre se lo aconsejé a todos los jugadores que dirigí. Cuando yo jugaba, después de cada partido, eran las 2 ó 3 de la mañana y no me podía dormir porque seguía repasando en mi mente el partido, pensando en cada pase que había dado mal, en aquel cabezazo que hice en forma defectuosa. Analizaba todo el partido, mi actuación, y pasaba toda la semana practicando lo que entendía que había hecho mal.

- Todo eso se ha perdido si tenemos en cuenta la falta de fundamentación general que exhiben los jugadores de hoy...

- Es que hay un problema: ahora los jugadores terminan fundidos. A nosotros eso no nos pasaba. En aquel momento se realizaba solo una práctica por día, mientras hoy se hacen hasta tres jornadas diarias y por eso los jugadores “no quieren saber más nada”. Recuerdo que cuando estaba en Cerro, la institución tenía una residencial para algunos jugadores –entre ellos, yo- en el Prado, pegado a la casa de Don Washington Beltrán. Esa residencia contaba con un parque enorme y en el fondo tenía unos muros altísimos. Nosotros marcábamos esas paredes con tizas y por las mañanas nos entrenábamos pegándole a la pelota con ambas piernas a esos muros. Hacíamos círculos en las paredes y desde distancias diferentes apuntábamos a estos círculos, lo que nos daba certeza y precisión en el remate. Con el tiempo, me enteré en Alemania que cada gesto deportivo, para asimilarlo adecuadamente, había que repetirlo entre 5 mil y 7 mil veces. Ahora se le da mucha importancia a la parte física y cuando le llega la pelota al jugador, éste ya está cansado...

 

Las películas contadas por el “Negro” Vila...

- De acuerdo a lo que nos contaba sobre las características del Barrio Olímpico, imaginamos que para ustedes, en su infancia, venir al centro de la ciudad era prácticamente una aventura...

- Exacto. En realidad veníamos muy poquito. Por ejemplo cuando Barrio Olímpico –no El Olímpico, que son cosas distintas- jugaba al básquetbol a la cancha de Bomberos, a la de Sparta, a la de Olimpic o de Unión, venía todo el barrio atrás...

Ya un poco más grandes nos juntábamos en el Bar que hoy se llama “Olímpico”, frente a la Plaza de Deportes, que en aquel entonces era propiedad de Carlos Castro y de su padre, el “Pistolero” Castro. Con el correr del tiempo, a principios de la década del 60, el bar lo compró Robustiano Trabadelo. Ahí se juntaba todo el barrio a conversar, a tomar algo, a leer el diario o jugar al monte o a la taba.

Recuerdo que solamente uno de la barra (el negro Vila) podía venir al cine y nos contaba la película a todos los gurises. Nosotros lo escuchábamos atentamente bajo la luz de una lamparilla que estaba colocada en una esquina. Recuerdo muchísimo la película “Aventuras en Birmania” que era de la guerra con los japoneses y el “Negro” Vila la contaba miles de veces porque el interés era enorme por saber cómo era la película. Él era más grande que los gurises de la barra. Era algo muy lindo porque nos contaba con emoción, con lujo de detalles, y nosotros escuchábamos, con enorme expectativa. Era algo que realmente disfrutábamos porque incluso, por aquellos años, quien tuviera una radio en el Barrio Olímpico era verdaderamente un potentado...

Otro recuerdo inolvidable de esas lejanas y queridas épocas es que en una casa de la esquina que en la actualidad forman Guernica y Michelini vivía Don Alberto Guliá, Gerente del Banco Uruguayo de Administración y Crédito, y en el Barrio Olímpico todos los 25 de diciembre hacía una fiesta para todo el barrio y regalaba juguetes a todos los niños de la zona...

 

Los clásicos con Rampla y la venta del “Pocho” Cortés...

- Famosa es la rivalidad existente entre Cerro y Rampla Junios. ¿Cómo vivía aquellos apasionantes encuentros clásicos que dividían a toda una barriada?

- Cerro convocaba a un mundo de gente y además contaba con una hinchada dura, fuerte. Principalmente en los partidos contra Rampla, el rival de todas las horas, se sentía con intensidad la presión de algunos hinchas. Ese partido no se podía perder. Uno estaba en la concentración y el sábado a la noche venían dos o tres camiones con hinchas de Cerro a presionarnos. A veces perdíamos, porque el fútbol es así, y se armaba cada lío...

Cuando estaban construyendo el Estadio de Cerro, nosotros practicábamos en un Parque que está situado detrás del Frigorífico Castro, y siempre iban unas mil personas a presenciar la práctica y si perdíamos con Rampla esos mismos hinchas nos empezaban a insultar a todos. Siempre algunos compañeros se enojaban por eso y allá íbamos todos a pelearnos con los propios hinchas. ¿El “Pocho” Cortés por qué se tuvo que ir de Cerro a Rosario Central? Porque salió con Troche y otros compañeros y se encontraron con unos hinchas “pesados”, entre ellos un tal Iglesias. Lo cierto es que el “Pocho” lo “garroneó”, lo durmió de una trompada y se armó un lío infernal. El “Pocho” no jugó nunca más en Cerro, lo vendieron a Rosario y luego a Peñarol donde fue Campeón del Mundo. Al fin y al cabo fue para mejorar...

 

La escalera mecánica...

- Serán miles y miles las anécdotas que nos podrá contar en tantos años de trayectoria. ¿Cuál podría destacarnos especialmente?

- A los tres meses de estar en Cerro realizamos una gira por Argentina, en 1961. En primera instancia fuimos a Rosario y posteriormente a la provincia de Tucumán, donde enfrentamos al San Martín local. Me acuerdo que todos los compañeros de Cerro, en la estación de Retiro, mientras esperábamos el tren General Belgrano para ir a Tucumán –demoró 28 horas el viaje- estaban al lado de la escalera mecánica esperando que yo subiera. Esperaban para ver qué hacía el “canario” pero yo ya me había avivado a observar cómo subían los demás y por suerte no me pasó lo que mis compañeros esperaban que aconteciera...

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