Estudios de Género

Artes curativas en manos femeninas, en la Prehistoria y en la Edad del Bronce de la Península Ibérica

MARTÍN-CANO, F. (2005. 2006, 2007, 2008): Artes curativas en manos femeninas, en la Prehistoria y en la Edad del Bronce de la Península Ibérica. Portal Mujeres Universia, Editora Raquel Domingo. Gaceta de género mexicana, Editora Karina Falcón. Traducido alportugués:  Artes curativas em mãos femininas en noviembre 05 por Universia. Editado en parte (3.550 caracteres) por Maria Luz Navarrete en Portal de FUNCIONARIOS Y FUNCIONARIAS DEL INP. Editado por don Fidel en Foro Chamanismo en dic 07. Editado en parte (3.400 caracteres) por Narciso en Foro de Confederación Igualitaria Verde - España, Verdes y Pobre. http://galeon.com/arteprehistoria/artescurativas.html, http://www.universia.es/html_estatico/portada/actualidad/noticia_actualidad/param/noticia/iccgi.html, http://mujeres.universia.es/noticias/noticia_actualidad.jsp?noticia=82631, http://mujeres.universia.es/noticias/noticia_actualidad.jsp?noticia=82335, http://mujeres.universia.es/noticias/noticia_actualidad.jsp?noticia=82336, http://www.geocities.com/nightkind_fee/ene06.html?200530#04, http://www.geocities.com/nightkind_fee/feb06.html?200631#>%20.mx, http://www.universia.es/html_trad/portada/actualidad/noticia_actualidad_trad/params/anyo/2005/mes/Septiembre/noticia/iccgj.html, http://www.universia.es/html_trad/portada/actualidad/noticia_actualidad_trad/params/anyo/2005/mes/Septiembre/noticia/icgdd.html, http://marialuznavarrete.blogspot.com/2006/01/curanderas-y-brujas.html, http://es.groups.yahoo.com/group/Chamanismo/message/8297, http://www.verdesypobres.org/index.php?option=com_fireboard&Itemid=0&func=view&id=993&catid=15
RESUMEN: Aunque lo femenino ha estado alejado de la medicina y de las construcción de la cultura en la Península Ibérica hasta hace pocos años, numerosos antropólogos, etnólogos, arqueólogos, historiadores... coinciden en señalar apoyándose en diversas fuentes, que el arte de la curación estuvo en manos de mujeres desde el principio de la cultura humana, cuando únicamente eran madres de familia, las cariñosas proveedoras que alimentaban y velaban por la salud de sus hijos, al igual que hacen las atentas madres primates. Y convergen en afirmar que serían ellas las que adoptarían las más arcaicas medidas sanitarias profilácticas y las que pondrían los cimientos del saber médico al inicio de su desarrollo, sobre los que se apoyaron los posteriores avances de la medicina.
Con la evolución humana nació el pensamiento religioso. En aquel tiempo nuestros ancestros volvieron sus ojos al cielo para pedir a un Ser Supremo, que consideraron femenino: la Madre Naturaleza, que los amparase y cuidase, igual que las madres de familia lo hacían con sus hijos. Probablemente lo hicieron en un momento en que la supervivencia humana estaba en peligro, quizás porque empezaron a padecer calamidades inexplicables que hacían escasear los alimentos, o a sufrir enfermedades que mataban a personas jóvenes y sanas. Entonces serían las representantes vicarias de la Madre Naturaleza las que concebirían los más arcaicos rituales de las ceremonias mágico-religiosas con función propiciatoria.
En Iberia, muestran que desde inicios del desarrollo humano, fueron mujeres las que practicaron ritos de súplicas a la Madre Naturaleza hasta bien pasada la Edad del Bronce, para que les suministrara alimentos, salud, fertilidad y bienestar y las protegiera de los padecimientos inesperados:
- los más arcaicos hallazgos artísticos antropomorfos, ya que son de mujeres en ceremonias sagradas;
- además de los exvotos dejados por los enfermos como una ofrenda votiva a las Diosas adoradas en Santuarios construidos junto a ríos o fuentes mineromedicinales cuyas milagrosas aguas curaban, o junto a bosques donde se recolectaban plantas medicinales;
- y sobre todo la multitud de esculturas femeninas halladas en Santuarios, reflejo de las representantes vicarias de las diferentes Diosas, o reflejo de las mismas Diosas que personificaban las aguas milagrosas o las plantas de virtudes terapéuticas: Ataecina, Betis, Bibracte, Brigeacis, Carmenta, Cabarsul, Iber... Lugares de curación prehistóricos que fueron reconvertidos en balnearios o en lugares de culto cristiano a Vírgenes: de la Cabeza, de la Cueva, de los Ríos, de los Baños, de Nuestra Señora de los Remedios de Fuensanta..., al que peregrinan los cristianos aún en el siglo XXI, en busca de la salud.

Artes curativas en manos femeninas, en la Prehistoria y en la Edad del Bronce de la Península Ibérica

Texto y dibujos de Martín-Cano

 

Salud y bienestar en manos de madres prehomínidas y de madres humanas prehistóricas

Aunque las mujeres en occidente han estado alejadas de las artes curativas de la medicina hasta hace poco, son numerosos los investigadores que descubren que precisamente se deberían a las más arcaicas curanderas de todos los continentes, los cimientos del saber médico sobre los que descansó los posteriores avances de la medicina (antes de que tras la revolución patriarcal los varones trastocaran los papeles sexuales, exaltasen el principio masculino, negasen a las mujeres poder desempeñar sus antiguas profesiones y sólo les asignase el papel reproductor y de apoyo).

Biológicamente han sido siempre las primates hembras y las mujeres las responsables de alimentar, educar, cuidar y mantener seguros a sus crías e hijos. Y dada esta exclusiva tarea, serían nuestras directas antepasadas prehomínidas y nuestras antepasadas humanas desde principios de la cultura humana, las únicas que con su trato amoroso, se encargarían de velar por la salud de sus hijos.

Así que es lógico pensar que las que se preocupaban de cuidar dulcemente a sus hijos, terminasen por descubrir por observación lo que les sentaba bien y mal.

Cuidar: serie de actos que tienen como objetivo el mantenimiento de la vida de los seres vivos para permitir su reproducción y perpetuación de la vida de grupo (...) Se relaciona con la mujer porque es la que da vida (Silies, 2004).

Y que agudizasen el ingenio para buscar empíricamente los más básicos métodos especiales para sanarles sus heridas y curarles sus enfermedades.

Pero debe ser reconocido que desde el comienzo de los tiempos y durante muchos siglos, el cuidado de la salud de los niños parece haber sido una preocupación exclusiva de las madres y el reflejo de las líneas de pensamiento y de las ideas y culturas que existieron en las distintas épocas. (Puga, 2004).

De manera similar: (Lanval) ... creía que el origen femenino de la ciencia médica era indiscutible (y así lo creo yo también (Espejo, 2003).

Además serían mujeres las depositarias del saber médico acumulado por la observación de las madres que habían vivido con anterioridad y las que lo enseñarían a sus hijos. Pero tan sólo las hijas, futuras madres de familia matricéntrica, como receptoras de la transmisión oral y del saber internalizado de sus ancestros, serían las únicas que harían aumentar el conocimiento de la medicina con sus innovaciones y las que lo donarían a las futuras generaciones que incorporarían los subsiguientes desarrollos a través de los siglos.

Apoya esta hipótesis los datos que nos brindan los estudios de primates, en donde se observa que son solamente las madres las que con su ejemplo transmiten todas sus conductas a sus hijos, incluidas las relacionadas con la salud (observado por primera vez en chimpancés por la primatóloga Goodall en los años noventa).

Los machos primates, aparte de su participación en la concepción de un hijo, no interviene en nada más. Por lo tanto, serán las hijas, futuras madres, las que enseñarán a su prole con su ejemplo, qué planta medicinal buscar y comer cuando se sientan enfermos.

De forma similar, los varones en los inicios de la cultura humana desconocían su paternidad y no se preocupaban de "sus hijos" a los que abandonaban a sus madres; y esa sería la principal razón de que al igual que los primates machos, los varones no transmitiesen cultura, ya que no habría ocasión de que los infantes aprendiesen por observación de un "padre".

 

Las más arcaicas artes sanitarias femeninas serían profilácticas: higiénicas, de precaución, de protección y empleo de vegetales medicinales

Aunque no es fácil encontrar pruebas manifiestas del ejercicio de la medicina en la Prehistoria se pueden deducir de muchos restos legados por nuestros ancestros tras ser analizados desde la Paleontología, la Paleoetnología, la Arqueología, la Etnología...

Tenemos conocimiento de esta medicina primitiva a través del estudio de la llamada paleopatología (análisis de restos humanos muy antiguos con alteraciones no naturales), de las insculturas y pinturas conservadas en cuevas, de los elementos encontrados en excavaciones como instrumentos caseros y quirúrgicos, y de las prácticas actuales de pueblos primitivos. (Anónimo, 2005).

 

La lucha por la continuidad de la especie

Del análisis exhaustivo se deduce que en principio las artes curativas estuvieron dirigidas fundamentalmente a resolver los más frecuentes problemas de salud de las madres, dadoras de la vida y de sus hijos, puesto que la reproducción ha sido un asunto central en la vida de las sociedades humanas, ya que en ella reposaba la continuidad física de la especie.

Prueba de que nuestras ancestras de Iberia ya cuidaban con esmero a sus hijos hace 300.000 años, es que en los enterramientos de entonces de la Sierra de Atapuerca, Burgos aparecen pocos cadáveres infantiles.

Una buen alimentación y profilaxis debía reducir la muerte de las crías (...) Por lo tanto para evitar la desaparición del grupo era extraordinariamente necesario garantizar el buen cuidado de las crías. (Carbonell, 1999: 193).

Desde el principio de los tiempos, serían mujeres con un grado cercano de consanguinidad o afinidad, las comadronas que establecerían redes de solidaridad y asistirían a las embarazadas en el nacimiento del bebé; ellas sabrían cómo cortar el ombligo al recién nacido y cómo curarlo para evitar infecciones; con qué remedios cuidar las diarreas, las enfermedades respiratorias, las anginas, las calenturas, o las heridas de los infantes; o cómo aliviarles el dolor cuando les crecían los dientes dándoles a chupar ciertas raíces. También ayudarían a pasar el puerperio a la recién parida y sabrían qué alimentos hacerle consumir durante el posparto en su tiempo de reposo para aumentar su secreción láctea y para conservar su salud y así poderse dedicar a sus hijos mientras crecían.

 

Medidas de protección

Las principales medidas terapéuticas que adoptarían en principio, serían higiénicas: del tipo de lavarse después del parto y de lavar a su recién nacido. Bien en las aguas frescas del río más próximo en verano, o en las aguas de fuentes más cálidas en invierno. Y asimismo recurrirían al lavado de sí mismas durante la menstruación, para mayor bienestar personal y evitar ciertas enfermedades propias.

También practicarían medidas de precaución para evitar contaminaciones, ya que pronto conocerían los efectos nocivos de comer frutos y plantas tóxicas o de comer alimentos corrompidos debidas al calor, o de beber aguas estancadas. Por lo que las cariñosas y vigilantes madres dictarían prohibiciones y tabúes para que sus hijos no probaran los frutos tóxicos, ni se acercaran a lugares donde había cadáveres putrefactos, ni tampoco a las aguas malolientes que les podían enfermar. Y especialmente pusieron especial cuidado: en arrojar los desechos de comidas lejos de los lugares donde estaban asentados; en procurar que los alimentos acumulados se conservaran en lugares frescos aún en condiciones extremas de calor; y sobre todo se preocuparon de sepultar los cadáveres humanos. Las más arcaicas evidencias de enterramientos humanos, han sido precisamente halladas en Atapuerca, obra del Homo antecesor, precedente del Homo neandertalensis y del Homo sapiens desde el Pleistoceno, en el año 300000 adne. En la Sima de los Huesos se han hallado acumulación sistemática de 32 cadáveres en el fondo de la sima de 12 metros, cadáveres asociada a ritual: ... seguramente el ceremonial funerario más antiguo conocido y probado empíricamente funerario (Eudald Carbonell, 1999: 193).

Y adoptarían medidas de protección para resguardarse a sí misma y a sus hijos del frío, trabajando gruesas pieles para producir vestidos de abrigo, de los que se despojarían en tiempos más cálidos. Está documentada la actividad de producción de pieles para usar como prendas de vestido por nuestros ancestros en Iberia, desde hace 350.000 años en la Gran Dolina (Carbonell, 1999: 194), y (Carbonell y Rodríguez, 2000: 48). Y beberían y comerían alimentos calientes o fríos para contrarrestar los trastornos de salud debidos a las temperaturas, desde que descubrieron las técnicas para hacer fuego.

 

Las plantas como aliadas

Y sobre todo, las madres encontrarían las principales propiedades terapéuticas de las plantas, sería la descubridora de la farmacología: La mujer habituada a la recolección, al contacto directo con las plantas (...) aprende a distinguir entre las meramente comestibles y aquellas susceptibles de transformarse en medicinales en ungüentos curativos, en elixires de vida o en afrodisíacos. (Bru, 1884: 22).

Las mujeres más apreciadas serían las descubridoras de hierbas, que al ser consumidas en infusiones, aliviaban los dolores del parto, o los premenstruales, o los de cabeza, y los de muelas, de garganta, de estómago; las innovadoras que experimentaban con pétalos de rosas o con hojas de otros vegetales, que al ser restregados, calmaban los ojos inflamados, o mitigaban los dolores de torceduras o de golpes o quemaduras; las que investigaban con ciertas semillas o con las sustancias que fluían de árboles, quemándolas sobre carbones ardiendo para que desprendieran humo, que al ser inhalado por la nariz, descongestionaba el pecho en catarros, o entraba por los poros y curaban ciertas dolencias; o descubrían que otras hierbas quemadas sobre la piel cauterizaban heridas; o las que trataban plantas o frutos por diferentes medios, como prensado, molido o maceración para obtener esencias o aceites: de laurel, de mirto, de mirra..., que usados como bálsamos se untaban y curaban heridas, llagas o atajaban la fiebre, o apaciguaban padecimientos crónicos artríticos. O conocían poderosas plantas narcóticas con las que preparaban filtros mágicos con los que infundían valor a los miedosos.

(En todo el universo, evidencia que fueron mujeres las descubridoras de las características medicinales de ciertas plantas, porque para recordar sus descubrimientos sus nombres femeninos fueron puestos a las plantas usadas para curar a la humanidad y a los animales, y porque fueron honradas con culto particular. Así, en nuestra cultura occidental, son ejemplos de plantas medicinales con nombres femeninos: altea, ambrosía, artemisa, ascesis, atropa, calipso, caria / nogal, celidonia /chelidonia, cidonia / membrillo, dafne / laurel, dru / roble, escila, hecalis, helenium, heracleum, iris, lamio, malva, matricaria / partenión, medeis, melia, melisa, menta / hierbabuena, mirra, musa, ninfa, olea / oliva, palladies arbor (de Atenea Pallas), panacea / panax, panatenaicón, pityusa / pino, sabina, siderión / verbena, valeriana, véneris, zea / maíz).

Con el tiempo no sólo darían atención médica a la infancia, sino también ayudarían a aliviar los sufrimientos de sus madres que envejecían, de sus hermanos y demás familiares a los que cuidarían en su hogar hasta la muerte. Asistencia que extenderían a otros adultos enfermos. Y cuando empezó la domesticación animal, vigilarían la salud de sus animales, para no comerlo si caían enfermos y así evitar que les transmitieran enfermedades.

Hay pruebas de que en ciertas épocas aún no sabían enfrentarse a ciertas patologías. Por ejemplo, respecto a las fracturas de huesos, no las sabían inmovilizar ni entablillar hasta hace 30.000 años, cuando por fin aparecen las primeras fracturas encañadas (Silies, 2004). Mientras que posteriormente: existen restos de huesos que se rompieron y cicatrizaron bien y correctamente, por lo que nuestros antepasados más remotos sabían "tratar" estas dolencias de forma más o menos eficaz. (Díaz, 2002).

Mientras que los problemas dentales no los resolvieron hasta hace 8.000 años. Un ejemplo en la Prehistoria peninsular que lo evidencia, surge al analizar el cráneo 5 hallado en Atapuerca de un homínido adulto Homo heidelbergensis, al que se le ha llamado Miguelón. Se le había roto un diente que le produjo un flemón y una infección y: Si se hubiera arrancado a tiempo esta persona hubiera sobrevivido y en cambio murió con grandes dolores. (Díaz, 2002).

Existen restos de Homo sapiens que prueban que encontraron técnicas muy complicadas para enfrentarse a las patologías dentales: Ésta es la prueba más antigua hallada (8.000 años de antigüedad), los dientes encontrados poseen unas perforaciones perfectas para erradicar las caries, perforaciones realizadas con punteros de piedra finísimos. (Díaz, 2002).

Y en lo tocante a otros traumas, existen restos que prueban que los supieron solucionar, ya que el enfermo sobrevivió: La intervención de alguna persona en la curación de otra se ha encontrado en restos antiguos, como en el del famoso fósil de Shanidar (Irak), que tenía un brazo amputado, entre otras cosas. Sobrevivió varios años pero se desconocen las técnicas para curarlo, probablemente el sabio empleo de hierbas curativas para lavar y cauterizar la herida fue lo que evitó una infección mortal. (Díaz, 2002).

 

Nacimiento de ceremonias mágico-religiosas en manos de especialistas para curar en la Prehistoria

Lógicamente habría un tiempo en el que la mayoría de las madres conocerían diversos tratamientos curativos y tendrían un conocimiento general de las propiedades medicinales de algunas plantas y frutos. Pero al complicarse este saber, algunas decidirían especializarse y dedicarse a ello en exclusiva.

A la par, según pasó el tiempo, con la evolución humana, hizo presencia el pensamiento religioso. Nuestros ancestros debieron pensar que, al igual que los seres humanos dependían de una madre que los nutría y protegía amorosamente, también habría una Diosa Madre que animaba la Naturaleza, que los nutría y protegía con ternura, aunque había ocasiones en que dejaba de hacerlo. Por lo que dedujeron que en esas ocasiones tendrían que invocarla y obligarla a actuar según los deseos humanos para que cediera más rápidamente y satisficiera sus necesidades.

Quizás recurrieron a la Madre Naturaleza para que cuidara de su salud, cuando empezaron a padecer plagas, o calamidades inexplicables que invalidaban a gran número de sujetos; o cuando sufrían enfermedades infecciosas y contagiosas que provocaban epidemias y mataban a demasiados sujetos jóvenes que hasta entonces habían estado completamente sanos. Dado que por sus propios medios no podrían hacer frente a padecimientos en los que no veían los mecanismos naturales de la enfermedad debieron creer que eran debidos al enfado de la Madre Naturaleza, que furiosa, entraba en cólera por algo que ellos habían hecho mal y la habían ofendido, por lo circunstancialmente se volvía descuidada y dejaba de proteger y velar por sus criaturas.

 

La invención de rituales

Por lo que, para tratar de apaciguarla, inventarían el arte y los rituales y demás actos sagrados de la religión matriarcal del Paleolítico Superior, iniciado el proceso hace 35.000 años. Creerían que gracias a sus súplicas dejaría de matar a todo aquel que se encontrara a su paso... Y para conseguir su apoyo acompañaron sus peticiones con ceremonias mágicas a manera de happening: danzas, sacrificios, ofrendas y otros ritos, con las que se creía obligarían a actuar a la Diosa Madre. Con los rituales pedirían a la Madre Naturaleza que los volviera a proteger como una madre cariñosa socorría a sus hijos: para que enviara suficientes alimentos para nutrirlos, o para que cuidara de la seguridad de su salud y de su bienestar.

A partir de entonces, la medicina estuvo estrechamente ligada a la religión y las mujeres adquirieron el estatus de vicaria de la Diosa en la Tierra, la única que a su través concedería favores. Por lo que cuando se entregaban a prácticas mágicas que tendían a curar las enfermedades bajo la advocación de la Diosa y acertaban en sus curaciones, adquirirían un prestigio enorme.

 

Ritos mágicos

Queda constancia que en Iberia en época arcaica realizaban ritos mágicos para pedir la salud por:

A: Los hallazgos de la Arqueología Prehistórica: existen reseñas artísticas de rituales sagrados presididos por mujeres. Ejemplos las representadas en pinturas rupestres levantinas ilustradas en lámina 1 de hace unos cinco mil años: 1. Mujeres desnudas de la Cueva de la Saltadora, Barranco de la Valltorta, Castellón y 2. Mujeres vestidas de la Cueva de los Moros de Cogull, Lleida.

Lámina 1

B: También los arqueólogos han encontrado grandes acumulaciones de imágenes religiosas. Los depósitos son de esculturas en bulto redondo en diferentes tamaños, o son pequeñas plaquetas grabadas en pizarra y en diferentes materiales / exvotos, con representaciones femeninas o de animales hembras embarazadas; o son de hembras animalísticas con su prole; o tienen grabados signos vegetales, abstractos o geométricos. En todos los casos representativas de la más arcaica Divinidad adorada por el ser humano desde el Paleolítico: la Madre Naturaleza, ya que:

Probablemente la misma evolución se operó entre todos los pueblos, pues, cosa curiosa, todos han dado a la diosa madre los mismos atributos ... ella es la vaca, la leona, la gata; es también la vegetación y como tal venerada en forma de árbol al que todas las religiones antiguas han conservado como «árbol de vida» (Pirenne, 1989: 39).

Del Paleolítico Superior de Iberia destacan las excepcionales 5.612 plaquetas de piedra caliza halladas en la Cueva del Parpalló, Gandía, la Safor, Valencia, que comenzó a usarse hace 21.000 años. Es considerada un Santuario a la Diosa en donde las adoradoras le ofrendaban las imágenes para pedirle la salud y la fertilidad, o las dejaban como una ofrenda votiva como acción de gracias por la concesión de favores; mientras otros expertos deducen que quizás fuesen cabañas de partos.

Fueron realizadas durante 15.000 años por representantes del Homo sapiens sapiens. Algunas de las estatuillas encontradas en este Santuario parecen haber sido rotas expresamente, rotura que es interpretada por algunos historiadores para aliviar por simpatía los dolores del parto. Posiblemente algunas las realizaría la adoradora cuyo cráneo fue encontrado en un nivel del Solutrense inferior (del año 21000 al 19000 adne, conservado en el Museo de Prehistoria de Valencia).

A partir de esta etapa, las vicarias de la Diosa, adoptarían un tratamiento mixto para pedir la salud, que incluía tanto los rituales sagrados mágicos de curación, y los completarían con tratamientos terapéuticos. Lo corroboraría el hecho de que tales ceremonias religiosas junto con métodos empíricos, los conservaron curanderas de manera secreta durante miles de años y lo estuvieron practicando casi sin modificar hasta la Edad Media.

Es el saber de las curanderas, parteras, mágicas, brujas del Medioevo, mujeres sabias conocedoras y conservadoras de un saber ancestral, que siguieron celebrando cultos mágicos bajo la advocación de las Diosas ancestrales para curar, a la vez que aplicaban medidas higiénicas para evitar enfermedades y hacían uso de las propiedades terapéuticas de hojas, semillas, raíces, flores, tallos y frutos de plantas y árboles, con los que siguieron fabricando medicamentos, pócimas y bálsamos, con métodos heredados de sus ancestras.

De manera que hacían: (...) uso complementario de la magia, mediante símbolos, junto a las curas medicinales (...) Sabían que un inválido no se recuperaría con la sola ayuda de las medicinas -y tenían muchas medicinas-, sino que existían también importantes elementos psicológicos: la fe en la cura, la esperanza de recuperación, la confianza en la curandera, la médica bruja que luchaba contra el demonio de la enfermedad. Es bien sabido que la fe obra maravillas. (Göttner-Abendroth, 1986: 100).

Es la misma fe que hace a los creyentes cristianos, aún en el siglo XXI, dar un tratamiento mixto para pedir la salud del Papa: a la vez que recibe los cuidados proporcionados por la medicina científica en el hospital, los fieles rezan a su Dios con la pretensión de incitar su intervención y les conceda mágicamente la salud.

También lo evidencia el arte y la religión de muchas culturas de principio de época histórica y de pueblos primitivos, antes de que con la revolución patriarcal los varones se apropiaran del culto y de las demás profesiones femeninas y adoraran a Dioses masculinos.

Pero aún a principios de época histórica: ... en un período en el que los celtas adoraban más a diosas que a dioses, y cuando el conocimiento -el arte de la curación, la agricultura, la inspiración- estaba en manos de mujeres más que en las de los hombres. (Macculloc: una de las principales autoridades en este campo, citado por Campbell en 1991: 488).

También lo evidencia los abundantes nombres femeninos que permanecen en las tradiciones de muchos pueblos, heredadas desde la Prehistoria, que nos informan de mujeres dedicadas a curar. Sólo las intermediarias del mismo sexo de la Diosa en la Tierra, participaban en rituales para propiciar sus favores, como las: Astues, Buxas, Bruxas, Donas d'aigua, Encantarias, Filaderas, Fadas, Hadas, Magas, Meigas, Moras, Lainas, Lamias / Lamiak / Lamiñak / Lamianas, Lareiras, Lavanderas, Náyades, Ninfas, Remedieiras, Saludadoras, Xanas... : reminiscencias míticas de personajes más o menos divinos, más o menos mágicos o sobrenaturales, ..." ... "La mayoría se vieron transformadas en vírgenes y santas. (...) Su presencia la atisbamos siempre unida a algún elemento de la naturaleza: el árbol o el bosque pletórico de sabia y refugio de vida animal; el agua regeneradora, fertilizadora y sanadora; la cueva-útero y primordial hogar de hombres y bestias (Gutiérrez, 1999: 60).

Y los monumentos arcaicos llamados Tumba de la Encantada, Choza de la Hechicera, Cueva de la Menga, Coll de Fadas, Lamiarreta "Piedra de las Lamias", Lamiñazulo "Pozo de las Lamias"...

Ceremonias mágico-religiosas y tratamientos: por agua, fuego y sustancias vegetales, en lugares de culto a la Madre Naturaleza en la Edad del Bronce

Tras considerar que había una Madre Naturaleza responsable del cuidado, alimentación, bienestar y salud de sus hijos, no extraña que nuestros ancestros terminaran por diversificar en variadas personificaciones Divinas sus diferentes responsabilidades, a las que invocar según sus funciones específicas.

Al final de la Prehistoria, durante el período de la Edad del Bronce, que en la Península de Iberia empezó en el año 2500 adne, entre los pueblos autóctonos y los diferentes colonizadores que ocuparon el territorio, aumentó este sentimiento y surgieron abundantísimas Diosas con nombre propios que concretizaban diferentes facetas de la Madre Naturaleza.

Las Diosas personificaban

a). Las aguas de ríos, de manantiales, de lagos, de pantanos, de pozos, de ciénagas o de fuentes termales cuyas milagrosas aguas procuraban la salud (en algunos casos porque poseían minerales con auténticas propiedades curativas), o (se creían que) procuraban la fertilidad.

Salud que trataban de conseguir los enfermos al bañarse ceremonialmente en las aguas sagradas para purificarse; o de allí recogían el agua empleada para sus ceremonias sagradas; o allí lavaban las imágenes representativas de la Diosa; o hacían ofrendas a las aguas sagradas arrojando elementos mágicos de diferentes tipos, especialmente concebidos como objetos votivos o exvotos.

b). Los árboles y plantas medicinales que crecían a las orillas del agua milagrosa, por lo que (creían) le aportaba sus virtudes mágicas.

Allí la Diosa era representada en forma de árbol sagrado con el que se identificaba. Por lo que sus representantes vicarias practicaban ceremonias alrededor de los árboles; o en los bosques donde proliferaban y recolectaban las plantas medicinales; y portaban en sus ceremonias y procesiones de rogativas: arbolillos, barsomos, ramos de flores, o fructíferos con yemas floríferas o de fruto, o varas enramadas.

Ramos de flores cortados de árboles y plantas sagradas que las suplicantes llevaban en las manos, como símbolos de súplica con los que trataban de propiciar a la Diosa. (De ellas proviene la creencia aún hoy día de que los ramos de flores sean usados en nuestra sociedad como talismán para hacer una súplica o como objeto mágico para hacer sucumbir la voluntad contraria al pedir perdón).

Y de las flores y otras partes de las plantas obtenían por destilación o por maceración esencias y otros productos elaborados con los que preparaban ungüentos y bálsamos para untar a los enfermos, con el significado de dar la salvación y también fabricaban lociones para ser quemadas en ceremonias propiciatorias de salud.

c). Y también rindieron culto al fuego, y encendían hogueras, lámparas, antorchas y luminarias en sus rituales. Hogueras y antorchas que simbolizaban a la Diosa, ante cuyo fuego sagrado realizaban las ceremonias.

De ahí que se hayan encontrado en los Santuarios de culto a la Diosa, tanto pebeteros en forma de cabeza femenina, como quemadores cerámicos y en bronce, que se vincularían con actividades rituales curativos, y asimismo badilas rituales muy ornamentadas.

En unos casos, quemarían hierbas medicinales para que la combustión de esos productos desinfectase y garantizase la limpieza de los enfermos, o para que el humo les entrara por los poros y los curase. Y en otros casos, serían quemaperfumes para quemar materiales aromáticos, como incienso, mirra, thuja... que desprendía humo fragante para ofrendar y darle las gracias a la Diosa.

También se sabe, por los restos hallados en numerosos yacimientos de depósito votivos de Santuarios, que confeccionaban hogueras rituales donde se quemaba la leña y la madera preciosa recogida en los bosques sagrados y de árboles sagrados.

Y además se han hallado pozos con restos quemados de semillas, frutos, o de madera valiosa, además objetos cerámicos o metálicos rotos voluntariamente y quemados, junto a carbón y cenizas, que serían como depósito votivo para pedir la salud a la Madre Naturaleza. En el caso del pozo de El Amarejo, Bonete, Albacete: "El análisis del conjunto mostraba la presencia de material parcialmente de lujo, poco frecuente (...); vinculación de la mayoría de los objetos al mundo femenino, etc. Todo ello convence a Broncano de que "nos encontramos ante uno de los casos relativamente poco documentados dentro de la cultura ibérica de un depósito votivo conteniendo ofrendas dedicadas a una divinidad femenina". (Domínguez, 2003b).

"El ritual que sugiere el excavador consistiría, primero: en encender en el pozo o en la terraza en la que se excava una pira (encina, pino, fresno); mientras ardía la misma se arrojarían las ofrendas sólidas (trigo, cebada, bellotas, almendras) y líquidas (¿leche, cerveza, perfumes, miel?) en sus correspondientes vasijas, que se romperían al caer. El fuego se apagaría luego con agua, tras lo que se enterraría lo depositado con adobes o piedra; este relleno sería retirado las veces que fuese necesario para desarrollar el rito correspondiente. (Domínguez, 2003b).

De allí destaca el pebetero de Diosa Lámina 2.

Lámina 2

 

Evidencias arqueológicas de Diosas adoradas en Santuarios o de sus representantes vicarias

Donde se muestra con mayor evidencia la participación femenina en los ritos de curación es en la multitud de esculturas femeninas halladas en los Santuarios ibéricos, construidos junto a ríos y fuentes rodeados de bosques sagrados, a donde los enfermos iban en peregrinación a pedir la salud, con diferentes enfermedades: de la piel, pulmonares, de infertilidad...

Son bien: Grandes Damas en piedra con vasijas en las manos o sentadas en tronos, o son pequeñas figuritas en bronce llamadas exvotos. Y reflejarían: a las representantes vicarias de las diferentes Diosas adoradas por diferentes pueblos que habitaron la Península Ibérica, o a las mismas Diosas: Ana, Artemisa, Astarté, Ataecina, Vanda / Banda, Basa, Betis, Ceres, Demeter, Ekhi, Fosforita, Iber, Ishtar, Lux Divina, Mari, Roma, Tanit ...

Destacan las halladas en los Santuarios:

Como las 300 figuras femeninas talladas en piedra de arenisca halladas en el Santuario del Cerro de los Santos, Montealegre, cerca de Almansa, Albacete, vinculado al carácter salutífero de las aguas. Varias representaciones del año 300 adne se ilustran en (Lámina 3 dibujos 1, 2, 3, 4 y 5).

Lámina 3

Las 250 esculturas femeninas en piedra del Santuario del Llano de la Consolación de Albacete / Abula / Celtide.

Los exvotos amontonados del Santuario de la colina de Cigarralejo, Mula.

Las esculturas del Santuario de la Luz, de Nuestra Señora de la Luz en Verdolay, Murcia entre las que destaca la figurita en bronce con cinturón del siglo III adne (Lámina 3 dibujo 6).

Las estatuillas de terracota, la mayoría representaciones de Damas ibéricas, bustos, pebeteros en formas de cabeza femenina y muchos fragmentos de esculturas rotas del siglo III adne del Santuario de La Serreta, Alcoy, Alicante. La más destacable es la Diosa Madre con bebés a la que le falta la cabeza y músicas ilustrada en (Lámina 3 dibujo 7).

Sin duda, una de las terracotas más destacables de toda la serie, aunque no procede del santuario, sino de una de las viviendas del poblado, es la pequeña y compleja composición en la que, según Llobregat, mostraría una representación de la gran Diosa a la que tan solo falta la cabeza de gran tamaño de ésta amamantando a dos niños, y a su derecha e izquierda oferentes que tocan la doble flauta, llevan palomas en las manos y van acompañados por niños (Domínguez, 2003).

En el Santuario ibérico del Castillo de Guardamar del Segura / Alone, Alicante se han hallado 145 pebeteros del siglo III adne, de los que es un ejemplo el ilustrado en (Lámina 3 dibujo 8).

Del Santuario de Cástulo, Linares, hoy Cazlona, Jaén procede la escultura de una oficianta de ceremonia sosteniendo una flor, símbolo de súplica (Lámina 3 dibujo 9) y la escultura iberorromana de bailarina con traje de volantes del siglo VI adne (Lámina 3 dibujo 10).

Del Santuario de Collado de los Jardines, Sierra Morena, Despeñaperros antes de Santa Elena, Cáceres nos han legado 2.000 esculturas femeninas en bronce, entre unas pocas masculinas. Son ejemplos (Lámina 3 dibujos 11 y 12).

Del Santuario Ibérico de La Aliseda a 5 Km. de Santa Elena, Jaén con manantial de aguas medicinales, procede la figurita con las manos extendidas mostrando bolas redondas / frutos del siglo VI adne (Lámina 3 dibujo 13). Actualmente existe un balneario en honor de la Virgen de la Cabeza.

Del de Santiago de la Espada, Jaén, procede la figura alada y con paloma que forma parte de la decoración de un pendiente, de orfebrería muy delicada (Lámina 3 dibujo 14).

En el Santuario de Castellar de Santisteban, Villacarrillo, Jaén, se han hallado 2.500 esculturas femeninas en bronce, un ejemplo es la escultura desnuda con incisión de vulva (Lámina 3 dibujo 15). Respecto a algunas figuras de Sacerdotes de la etapa intermedia: Los exvotos de sacerdotes, una veintena en total, se fechan en la segunda mitad del siglo siguiente. Sólo se conocen tres ejemplares de sacerdotes procedentes de Castellar de Santisteban que imitan los tipos de Despeñaperros. (Blázquez, 1975: 154).

En el Santuario tartéssico con fuente de aguas medicinales en el Valle de Abdalaxis, Málaga se halló una terracota de maternidad con bebé en brazos (Lámina 3 dibujo 16).

En La Albufereta, Alicante se halló otra terracota de maternidad con sombrero cónico del siglo III adne (Lámina 3 dibujo 17).

 

Evidencias míticas de Diosas del Agua

Los ríos o fuentes donde se adoraba a la Diosa Madre prehistórica permanecieron como lugares de curación reconvertidas en balnearios desde época romana y recalificados por otros pueblos posteriores como: los romanos Aquae, Baños de, Caldas de, o los árabes Alhama de... (Díez de Velasco, 2005). O fueron convertidos en lugares de culto cristiano en el que construyeron iglesias y sustituyeron por una Virgen o un santo, a donde iban los enfermos a curarse con las milagrosas aguas.

En Iberia, se conocen los nombre de Diosas que presidían o personificaban las aguas de los ríos o fuentes de propiedades curativas, o los bosques y plantas que procuraban la salud:

La Diosa Anat / Ana / Anae que dio nombre al río Ana al que los árabes añadieron Guadi·"río" Wuad i Ana / Guadiana.

Betis, dio nombre al río Guadalquivir. La representaría la escultura femenina flanqueada por dos patos, (Lámina 3 dibujo 18), llamada bronce Carriazo (Blázquez, 1975: 32). También la representaría la escultura femenina sentada en su trono, calificada como "La Dama de las Cabezas", Sevilla (Lámina 3 dibujo 19).

La Diosa Bibracte curaba las enfermedades con sus milagrosas aguas.

E igual la Diosa Brigeacis adorada en Clunia, Burgos.

La Diosa Cabarsul / Cabar Sul, curaba con las virtudes curativas de los manantiales de aguas termales.

La Diosa Celenos, le pedían curación a sus aguas en Celenos, hoy Caldas del Rey. (En época romana se conservaba el balneario Aquae Celenae).

Las Diosas Coventina y Fortuna eran adoradas en lugares de aguas curativas de Galicia; e igualmente la Diosa Carmenta.

La Mater Deva / Diosa Madre relacionada con las aguas a las que personifica y que da nombre al río cántabro Deva y a la ciudad asturiana de Ribadedeva, Oviedo.

La Diosa que da nombre al río Ebura / Iber (Ebro) en donde crecía el eburo "tejo" en irlandés (Markale, 1989: 151), o la planta acuática sagrada, el berro,... que representa uno de los tantos aspectos de la diosa madre, reina de las zonas pantanosas. (Laviosa, 1955: 146).

La Diosa lusitana y gallega Navia / Nabia del agua (asociada al sánscrito navya "corriente de agua") da nombre a un río que desemboca en el Miño: Nevis, actual Neiva.

Las Ninfas representaban el manantial termal, no eran divinidades curativas de índole general, sino que moraban en el agua y eran la personificación de la misma. (Díez de Velasco, 2005). Es el caso de las Ninfas en toda la zona occidental de la Península Ibérica, tras el nombre se encubre la antigua divinidad del manantial a la que define el teónimo romano (Díez de Velasco, 2005). Las Ninfas Xanas / Janas / Chanas / Janat de las aguas y las fuentes adoradas en Asturias y Cantabria.

La Diosa adorada en Turiaso, actual Tarazona, según Beltrán en (1989) quizás personificaba las aguas del río Queiles / Keies o el Chalybs u otras fuentes curativas.

La ciudad de Astapa, posiblemente Puente Genil, deriva del nombre de la Diosa Astarté (ast = agua, río, corriente y apa = ciudad de manera similar a Astorga) ciudad de la Diosa del Agua.

El nombre de Nuestra Señora de los Remedios de Fuensanta, Jaén oculta una Diosa celtibérica de las Fuentes de Aguas medicinales (existen varias Fuensantas más en las provincias de Oviedo, Burgos, Murcia y Barcelona).

Un Santuario en Teixido, La Coruña erigido en honor de la Diosa Demeter, se convierte en la ermita cristiana de san Andrés.

Y otro consagrado a la Diosa Ibérica del Agua, se cristianiza en el de santa Eulalia de Bóveda, Lugo.

Port-Vendrés / Portus Veneris, lugar situado en un promontorio consagrado a la Diosa Venus, se dedicó a san Telmo.

Y la Virgen María de Montserrat sustituyó a la Diosa Venus de los bosques sagrados y las fuentes, de las 40 que surgían en el Monte Sagrado.

La Diosa Madre Tierra Mari, adorada por los vascos, se asimila a la Virgen María y su representación del árbol de Guernica se aprovechó para emplazar a Nuestra Señora de la Antigua. También fue sustituida por Nuestra Señora de Aránzazu.

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Ampliar el tema en Martín-Cano (2003): Curanderas y Brujas, Médicas desde la Prehistoria. http://galeon.com/culturaarcaica/

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