ARTURO USLAR PIETRI. | realizado por mayo armero escritora
 
ARTURO USLAR PIETRI.
 
 
SU VIDA Y FAMILIA

Uslar nació en Caracas el 16 de mayo de 1906, en una casa situada de Romualda a Manduca, numero 102. Hijo de Arturo Uslar Santamaría y de Helena Pietri Paúl. Entre sus ascendientes se encuentran personajes que tuvieron destacada actuación en la historia política y militar del país. Su bisabuelo paterno, el general Juan Uslar, fue un inmigrante alemán que luchó en la Guerra de Independencia venezolana. Su abuelo materno, el general Juan Pietri, fue vicepresidente de Venezuela en los primeros años del régimen del general Juan Vicente Gómez. Tanto su padre como su abuelo fueron generales en el ejército venezolano. En su tronco familiar se encuentran un edecán del Libertador Simón Bolívar, el coronel Julián Santamaría y dos presidentes de Venezuela, el general Carlos Soublette y el doctor Juan Pablo Rojas Paúl. Su esposa Isabel Braun, madre de sus hijos Arturo y Federico. Buena parte de su infancia transcurrió en ambientes rurales: en Cagua y Maracay (estado Aragua), que era entonces un centro poco urbanizado de apenas 6.000 habitantes. Su contacto con el campo y los relatos históricos oídos en el seno de su familia se reflejaran más tarde en buena parte de su obra; bien en la literaria o bien en la histórica. En Maracay, su proximidad al ambiente familiar de Juan Vicente Gómez le dará un conocimiento de primera mano de la psicología y hábitos de este personaje, que luego utilizará en varios de sus relatos y en una de sus más importantes novelas, Oficio de Difuntos.

En 1924 Uslar abandonó Maracay y retornó a Caracas para realizar estudios de Derecho en la Universidad Central de Venezuela. Sus horizontes culturales se ampliaron al entrar en contacto con un grupo de jóvenes universitarios interesados en la literatura o en la política. Uslar pasó de los primeros escarceos modernistas de su adolescencia a una visión artística influida, en buena medida, por las corrientes vanguardistas entonces de moda en Europa. En 1928 fundó, junto con un grupo de jóvenes estudiantes, entre quienes destacan Nelson Himiob, Gonzalo Carnevalli, Miguel Otero Silva, Fernando Paz Castillo y Pedro Sotillo, la revista Válvula, órgano del naciente movimiento vanguardista venezolano. Entre tanto, se mantuvo fuera de las actividades políticas de oposición a la dictadura de Gómez en que se vieron envueltos algunos de sus compañeros de estudios, como Miguel Otero Silva, Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba.

Graduado de doctor en Ciencias Políticas en 1929, asumió el cargo de agregado civil en la Legación de Venezuela en Francia. Los cinco años de su estancia en la capital francesa fueron decisivos para su futura actividad literaria y política. De su estadía en París diría, años más tarde, "que fue una experiencia muy rica, muy importante en mi vida y para mi formación (...) en formarme cierta sensibilidad, en despertarme ciertas curiosidades, en revelarme muchas cosas...." Allí conoció a Paúl Valéry, Robert Desnos, André Breton, Luis Buñuel; Asistió a las tertulias de Ramón Gómez de la Serna en un cafetín de Montparnasse, donde conoció a muchos escritores españoles, entre ellos a Rafael Alberti, con quien entabló gran amistad, y a jóvenes escritores hispanoamericanos como Miguel Ángel Asturias y Alejo Carpentier, quienes lo ayudaron a perfilar su mágica visión del mundo americano y la lengua idónea para escribirlo. En esta época comenzó su actividad de infatigable viajero, la cual fue la fuente de los numerosos libros de viajes que publicó a lo largo de los años. Su cultura se expandió extraordinariamente, no sólo en el área literaria, sino también en las de la pintura, la música y la economía política. En 1931, a los 25 años de edad, alcanzó reconocimiento internacional con la publicación en Madrid de su primera novela, Las Lanzas Coloradas, obra en la cual, de manera magistral, narra los acontecimientos de la Guerra de Independencia venezolana.

En 1934 regresó a Caracas y continuó su labor literaria. Al año siguiente, fundó, junto con su primo Alfredo Boulton y los escritores Julián Padrón y Pedro Sotillo, la revista El Ingenioso Hidalgo, donde escribió numerosos artículos de carácter literario. En julio de 1936, pocos meses después de la muerte de Gómez, comenzó a trabajar en el gobierno de su sucesor, el general Eleazar López Contreras. El mismo día (16 de julio) en que entró a formar parte de esa administración, escribió en el diario caraqueño Ahora un ensayo en el que advierte sobre los peligros futuros para Venezuela si no se aprovechaban prudentemente los ingresos derivados de la explotación petrolera. Es el comienzo de una campaña que librará durante el resto de su vida para criticar el despilfarro estatal e insistir en la necesidad de "Sembrar el Petróleo" a fin de fortificar la capacidad productora del pueblo venezolano. Pocos meses después, en octubre, fundó en compañía de otros intelectuales la Revista de Hacienda, considerada como una de las primeras publicaciones periódicas especializadas en economía que se publicó en Venezuela. En 1937 obtuvo por concurso de oposición la cátedra de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela. Al año siguiente participó activamente, junto con Tito Gutiérrez, José Hernández Ron y José Joaquín González Gorrondona, en la fundación de la Escuela de Economía en la Universidad Central de Venezuela. En 1939 contrae nupcias con Isabel Braun.

En julio de 1939, a los 33 años de edad, se convirtió en el ministro de Educación más joven en la historia de nuestro país. Desde esa posición realizó una fructífera labor durante los dos años que ocupó este cargo. Logró la aprobación de una ley de Educación, proyecto en el que había fracasado el anterior ministro. Redujo el analfabetismo y el ausentismo estudiantil y creó decenas de planteles de primera instrucción y Escuelas de Artes y Oficios. Promovió la diversificación de la enseñanza y su división en dos ciclos. Aunque no logró realizar todos los proyectos que se propuso adelantar, su gestión fue una de las más fecundas en la historia de ese ministerio. Luego, durante el gobierno del general Isaías Medina Angarita, (1941-1945), ocupó diversos cargos: secretario de la Presidencia, ministro de Relaciones Interiores y ministro de Hacienda. Desde esas posiciones Uslar coadyuva eficazmente a la sustitución de las anacrónicas estructuras del gomecismo por bases institucionales modernas. Ayudó a promulgar el Código Civil de 1942, la ley de Hidrocarburos de 1943 y la Ley que creó el Seguro Social Obligatorio. Asimismo, contribuyó con el proceso de la Reforma Agraria. La democratización del país permitió la existencia de partidos de oposición. La más fuerte de esas organizaciones fue el partido Acción Democrática dirigido por Rómulo Betancourt. Los dirigentes de AD, impacientes por llegar al poder, atacaron la decisión del gobierno de Medina de posponer la elección directa del presidente de la República para el próximo período presidencial. La estimaron como una evidencia del continuismo de un grupo asociado con la dictadura de Gómez y, en un momento determinado, comenzaron a conspirar contra el régimen. En octubre de 1945 Betancourt y otros dirigentes de AD, en alianza con ciertos oficiales del Ejército, dieron un golpe de Estado que expulsó del poder a Medina y a sus colaboradores, entre ellos, por supuesto, a Uslar, quien sufrió la confiscación de sus bienes y la expulsión del país.

Uslar vivió cinco años de exilio (1945-1950) en Nueva York. En este período, apartado de la política, su producción literaria se acrecentó notablemente. Publicó una novela, dos importantes libros de ensayos y una colección de cuentos. En 1946 comenzó a dar clases como profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad de Columbia. En junio de 1948 publicó por primera vez su columna "Pizarrón" en el diario caraqueño El Nacional. Esta columna, ejemplo de perseverancia, la escribirá durante cincuenta años, hasta enero de 1998 cuando, por motivos de salud, decide no publicarla más. En ella se encuentra la médula de su pensamiento.

Un cambio de gobierno en 1948, le permitió volver a su país natal en 1950. Uslar rechazó cualquier colaboración con el régimen militar que se había establecido en Venezuela después del derrocamiento de Rómulo Gallegos. Trabajó entonces en ARS, agencia publicitaria propiedad de su amigo de la infancia Carlos Eduardo Frías. En 1953, a sólo un año de haberse efectuado la primera transmisión de televisión en Venezuela, dio inicio a "Valores Humanos", programa que se mantuvo en el aire hasta 1985 con sólo dos interrupciones (1963-1965 y 1975-1979). De esa manera se convirtió en el primer intelectual venezolano que utilizó ese medio para divulgar temas relacionados con la historia del arte, de las ideas, de la política, la economía. Durante la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez se mantuvo apartado de la política. No obstante, a través de su singular silencio y su negativa a continuar ejerciendo la docencia en la Universidad Central de Venezuela, para evitar participar en la Semana de la Patria, expresó su clara oposición al régimen dictatorial. En enero de 1958 volvió a la cárcel otra vez, después de firmar con otros intelectuales una carta en la que se cuestionó la represión y se denunció la inoperancia del gobierno dictatorial de Pérez Jiménez. Doce días más tarde recuperó su libertad cuando el régimen fue derrocado por un golpe de Estado cívico-militar que tuvo por objetivo principal el restablecimiento de la democracia.

Durante los próximos tres lustros Uslar participó en la política venezolana, sin dejar de dedicarle tiempo al quehacer literario. Fue electo senador en tres ocasiones sucesivas. En 1963 su candidatura presidencial triunfó en el Distrito Federal y, en un campo electoral dividido, alcanzó un considerable porcentaje del voto nacional. Es ésta, quizá, la época más intensa de su vida. Escribió y publicó obras de poesía, teatro, textos académicos, apuntes de viaje y libros de ensayo, dos novelas y un libro de relatos. Durante varios años (1969-1974) ocupó el cargo de director del diario El Nacional. Su actividad en la prensa periódica recibió reconocimientos al otorgársele cuatro importantes premios periodísticos entre 1971 y 1972: Premio Nacional de Periodismo (Venezuela), Premio "Mergenthaler" (Santiago de Chile), Premio Hispanoamericano de Prensa "Miguel de Cervantes" (España) y María Moors Cabot (Estados Unidos). A lo largo de estos años de gran polarización partidaria, exhortó públicamente a la conciliación nacional y realizó una función moderadora en la cámara alta del Congreso Nacional. En agosto de 1973 se retiró definitivamente de la política y, entre 1975 y 1979, vivió en París desempeñando, con gran acierto, el cargo de embajador de Venezuela ante la UNESCO.

A su regreso al país participó en muchos proyectos, entre ellos uno que estudió la reforma de la educación en Venezuela y otro que culminó en una enorme e importante antología de estudios sobre la cultura americana. Su producción literaria siguió creciendo. En 1980 publicó una colección de relatos; entre 1981 y 1990 sacó a la luz respectivamente dos de sus más importantes novelas, La isla de Robinsón y La visita en el tiempo, obras que reflejan su interés por la historia. La visita en el tiempo mereció en 1990 el prestigioso premio de literatura "Príncipe de Asturias" y, en 1991, el premio Internacional de Novela "Rómulo Gallegos", galardón este último que lo convirtió en el primer venezolano que lo obtiene.

El archivo de Arturo Uslar Prieti está compuesto por innumerables piezas epistolares, fotografías, primeras ediciones de sus obras, escritos inéditos y otros variados testimonios de sus múltiples preocupaciones literarias, académicas, sociales y políticas.

Una primera clasificación del cuantioso repositorio al cual nos referimos lo divide en doce segmentos, a saber:
Novelista
Cuentista
Ensayista
Poeta
Articulista de opinión
Expositor de la historia de Venezuela
Polemista
Analista de problemas sociales
Intérprete y analista de la economía nacional
Divulgador de la cultura y la historia universal
Ideólogo y actor de la política
Simbología de una época
DE LA LITERATURA Y SUS OBRAS
A la edad de los 14 años publica sus primeros artículos de prensa y algunos versos en Paz y Labor de Maracay. Sus cuentos iniciales aparecen en la revista Billiken (venezolana). En 1925, empieza a colaborar regularmente en la revista Elite. En el periódico humorístico Caricatura comparte con Miguel Otero Silva (V) algunas colaboraciones firmadas por ambos con el seudónimo <<Bárbaro de Bulgaria>>. Publica en Cultura Venezolana (V) algunos de los cuentos que integran después su primer libro Barrabas y otros relatos (1928). Uslar Pietri publica una serie de artículos en los cuales fija posición dentro de la polémica suscitada a raíz de las ácidas criticas con que Jesús Semprum (V) había recibido la revista.

El mismo año 1928 aparece su primer libro de cuentos: Barrabas y otros relatos. Tuvo buena aceptación de la critica, especialmente en los juicios de Pedro Sotillo y Rafael Angarita Arvelo (V). Gana el premio de cuento de la revista Elite con la lluvia. Escribe editoriales en el universal y una columna política en diario ahora. Entre estos aparece el famoso texto en que llama a sembrar el petróleo (1936), convertido después en consigna. Aparece su segundo libro de cuentos: red. Presidente de la recién constituida asociación de escritores Venezolanos. Dicta cursos de literatura venezolana en la universidad de columbia (Estados Unidos); sus lecciones constituyeron el libro Letras y Hombres de Venezuela (1948). En el ensayo sobre El cuento venezolano, que aparece en ese libro, utiliza por primera vez la expresión <<Realismo mágico>>, aplicada a la narrativa venezolana. Desde los Estados Unidos envía semanalmente una columna editorial, <<Pizarrón>>, que es reproducida en mas de 18 publicaciones periódicas de toda América (sigue apareciendo interrumpidamente hasta hoy). Escribe los cuentos de un tercer libro: treinta hombres y sus sombras y termina la redacción de una segunda novela El camino de El Dorado.

Gana el concurso anual de cuentos del diario El Nacional con <<El Baile Del Tambor>>. Dirige el Papel Literario del diario El Nacional; obtiene el premio Arístides Rojas de novela con El Camino del Dorado; funda la cátedra de literatura Venezolana en la facultad de filosofía y letras de la universidad central de Venezuela. Recorre una vez mas el viejo continente y escribe un libro de viajes con el titulo de El Otoño en Europa.

Aparece la primera edición de sus Obras selectas (1953). En un canal de televisión inaugura su programa <<valores humanos>>, que habría de ganarle popularidad excepcional. Los textos revisados de estos programas comenzarían a circular editados en varios volúmenes desde 1955. en 1954, con su libro ensayos Las Nubes es distinguido por primera vez con el Premio Nacional de Literatura. Trabaja en un conjunto de obras de teatro; la primera estrenada fue <<El día de Antero Albán>> (junio de 1957) y luego <<El dios invisible>> (diciembre 1957).

En 1962 aparece el primer titulo de una trilogía novelística: Un retrato en la geografía. La segunda novela de la trilogía El laberinto de fortuna aparece con el titulo de Estación de máscaras.
En 1966, circula un nuevo libro de cuentos: Pasos y Pasajeros. En 1969 asume la dirección del diario El Nacional hasta 1974. en edición limitada hace circular sus poemas con el titulo Manoa (1972), donde recoge textos desde su juventud vanguardista. Como periodista es distinguido con los premios <<Merghentaler>> (1972), << Maria Moros Cabot>> (1972) y <<Premio Hispanoamericano de Prensa Miguel de Cervantes>>, este ultimo por ensayo << Los expulsados de la civilización>>, en verdad pretexto para reconocer la trayectoria de una vida consagrada a la escritura.

En 1986, por segunda vez se le otorga el Premio Nacional de Literatura, a su novela La Isla de Robinsón. Publica un nuevo libro de cuentos, Los Ganadores, y varias series de ensayo dedicados en su mayoría a la reflexión latinoamericanista: La Otra América; En Busca del Nuevo Mundo; Godos, Insurgentes y Visionario.

En 1990 circula su novela La Visita en el Tiempo, sobre la vida de Don Juan de Asturias, y recibe en España el Premio Príncipe de Asturias. Esta misma obra recibe en 1991 el Premio Internacional de Novela << Rómulo Gallegos>>.

Sin lugar a dudas, Arturo Uslar Pietri es una de las mas asombrosas vocaciones de escritura que ha producido Venezuela en el siglo XX. Su obra es poligráfica. Abarca cuento, novela, teatro, poesía y ensayos de amplia temática: política, economía, historia, artística, critica e historias literarias. Por casualidad y hondura de sus reflexiones es considerado hoy una de los mayores humanistas de lengua española.


Bibliografía cronológica de Arturo Uslar Pietri

(1928) Barrabas y otros relatos. Caracas: Litografía y Tipografía Vargas. 159 p.

(1931) Las Lanzas coloradas. Madrid: Editorial Zeus. 231 p.

(1936) Red. Caracas: Editorial Elite. 218 p.

(1945) Las visiones del camino. Caracas: Ediciones Suma. 51 p.

(1945) Sumario de economía venezolana para alivio de estudiantes. Caracas: Litografía y tipografía del Comercio. 310 p.

(1947) El camino de El Dorado. Buenos Aires: Editorial Losada. 315 p.

(1948) Letras y hombres de Venezuela. México: Editorial Fondo de Cultura Económica. 175 p.

(1949) De una a otra Venezuela. Caracas: Ediciones Mesa Redonda. 178 p.

(1949) Treinta hombres y sus sombras. Buenos Aires: Editorial Losada. 188 p.

(1951) Las nubes. Caracas: Ediciones del Ministerio de Educación Nacional. 235 p.

(1952) Apuntes para retratos. Caracas: Tipografía La Nación. 107 p.

(1953) Obras selectas de Arturo Uslar Pietri. Caracas-Madrid: Edime. 1383 p.

(1953) Tierra venezolana. Caracas: Edime. 248 p.

(1954) Tiempo de contar. Madrid: Aguilar S. A. de Ediciones. 506 p.

(1954) El otoño en Europa. Caracas: Ediciones Mesa Redonda. 87 p.

(1955) Pizarrón. Caracas-Madrid: Edime. 338 p.

(1955) Valores humanos. Charlas por televisión. Caracas: Edime. Tomo I. 213 p.

(1955) Breve historia de la novela hispanoamericana. Caracas-Madrid: Edime. 183

(1956) Valores humanos. Charlas por televisión. Caracas: Edime. Tomo II. 281 p.

(1958) Letras y hombres de Venezuela. 2da Edic. Aumentada. Caracas: Edime. 345 p.

(1958) Valores humanos. Charlas por televisión. Caracas: Edime. Tomo III. 270 p.

(1958) Teatro. El día de Antero Alban. La Tebaida. El Dios invisible. La fuga de Miranda. Caracas-Madrid: Edime. 174 p.

(1959) Materiales para la construcción de Venezuela. Caracas: Ediciones Orinoco. 106 p.

(1960) La ciudad de nadie. El otoño en Europa. Un turista en el cercano oriente. Buenos Aires: Editorial Losada. 169 p.

(1960) Chuo Gil y las tejedoras. Drama en un preludio y siete tiempos. Caracas: Tipografía Vargas. 87 p.

(1960) Sumario de economía venezolana para alivio de estudiantes. 3ra Edic. Aumentada. Caracas: Fundación Eugenio Mendoza. 291 p.

(1962) Del hacer y deshacer de Venezuela. Caracas: Ateneo de Caracas. 190 p.

(1962) Un retrato en la geografía. El laberinto de fortuna. Buenos Aires: Editorial Losada. 2 vols.

(1964) Valores humanos. Biografías y evocaciones. Caracas: Edime. 4 vols.

(1964) La palabra compartida. Discursos en el Parlamento (1959-1963). Caracas: Pensamiento Vivo. 294 p.

(1964) Estación de máscaras. El laberinto de fortuna. Buenos Aires: Editorial Losada. 200 p.

(1965) Hacia el humanismo democrático. Caracas: Frente Nacional Democrático. 155 p.

(1966) Pasos y pasajeros. Madrid: Taurus. 290 p.

(1966) Petróleo de vida o muerte. Caracas: Editorial Arte. 164 p.

(1967) Obras selectas de Arturo Uslar Pietri. 3ra Edic. Aumentada. Caracas-Madrid: Edime. 1662 p.

(1967) La lluvia y otros cuentos. Santiago de Chile: Editorial Zig Zag. Págs. S/n

(1967) Oraciones para despertar. Caracas: Gráficas Ediciones de Arte. 104 p.

(1968) Las vacas gordas y las vacas flacas. Caracas: Concejo Municipal del Distrito Federal. 315 p.

(1969) En busca del nuevo mundo. México: Fondo de Cultura Económica. 224 p.

(1969) Treinta cuentos (Antología). Caracas: Monte Ávila Editores. 332 p.

(1971) La vuelta al mundo en diez trancos. Caracas: Editorial Tiempo Nuevo. 86 p.

(1971) Vista desde un punto. Caracas: Monte Ávila Editores. 347 p.

(1972) Bolivariana. Caracas: Ediciones Horizontes. 124 p.

(1973) Manoa: 1932-1972. Caracas: Editorial Tiempo Nuevo. 113 p.

(1974) La otra América. Madrid: Alianza Editorial. 238 p.

(1975) Camino de cuento. Barcelona (España): Círculo de Escritores. 537 p.

(1975) El globo de colores. Caracas: Monte Avila. 313 p.

(1975) Viva voz. Caracas: Italgráfica. 187 p.

(1976) Oficio de difuntos. Barcelona (España)-Caracas: Seix-Barral. 351 p.

(1978) El prójimo y otros cuentos. Barcelona (España): Editorial Burguera. 251 p.

(1979) Fantasmas de dos mundos. Barcelona (España)-México- Caracas: Editorial Seix-Barral. 284 p.

(1980) Los ganadores. Barcelona (España): Editorial Seix-Barral. 190 p.

(1981) Cuéntame a Venezuela. Caracas: Lisbona, 1981. 464 p.

(1981) Educar para Venezuela. Caracas: Gráficas Reunidas S. A. 269 p.

(1981) La isla de Robinsón. Barcelona (España): Editorial Seix-Barral. 357 p.

(1982) Fachas, fechas y fichas. Caracas: Editorial Ateneo. 223 p.

(1983) Bolívar hoy. Caracas: Monte Avila Editores. 144 p.

(1984) Venezuela en el petróleo. Caracas: Urbina y Fuentes Editores Asociados. 256 p.

(1986) Medio milenio de Venezuela. Caracas: Lagoven. 431 p.

(1986) Raíces venezolanas. Caracas: Lisbona. 4 fascículos

(1986) Bello el venezolano. Caracas: La Casa de Bello. 91 p.

(1986) Godos, insurgentes y visionarios. Barcelona (España): Editorial Seix-Barral. 216 p.

(1986) El hombre que voy siendo. Caracas: Monte Avila Editores. 153 p.

(1990) La visita en el tiempo. Barcelona (España): Grupo Editorial Norma. 338 p.

(1990) La creación del Nuevo Mundo. Madrid: Editorial MAPFRE. 241 p.

(1992) Golpe y Estado en Venezuela. Bogotá: Grupo Editorial Norma. 191 p.

(1994) Del cerro de plata al camino extraviado. Bogotá: Grupo Editorial Norma. 167 p.


Bibliografía selecta sobre Arturo Uslar Pietri

AVENDAÑO, Astrid (1997) Arturo Uslar Pietri: entre la razón y la acción. Caracas: Oscar Todmann Editores. 574 p.

CARRERA, Gustavo Luis, Comp. (1996) La invención de América mestiza. México: Fondo de Cultura Económica. 762 p.

CARRILLO BATALLA, Tomás Enrique, Comp. (1990) Análisis y ordenación de la obra económica de Arturo Uslar Pietri. Caracas: Academia Nacional de Ciencias Económicas. 4 vols.

ESKENAZI, Margarita (1988) Uslar Pietri: muchos hombres en un sólo nombre. Caracas: Editorial Caraley. 282 p.

FUNDACIÓN POLAR (1986) Contribución a la biblio.-hemerografía de Arturo Uslar Pietri. Caracas. Fundación Polar. 478 p.

MARBAN, Jorge (1998) La vigilia del vigía: vida y obra de Arturo Uslar Pietri. Caracas: Fondo Editorial del Centro Internacional de Educación y Desarrollo (FONCIED). 384 P

MILIANI, Domingo (1969) Uslar Pietri: renovador del cuento venezolano. Caracas: Monte Avila Editores. 183 p.

(1991) Las Lanzas Coloradas ante la crítica. Caracas: Monte Avila Editores.

PARRA, Teresita Josefina (1993) Visión histórica en la obra de Arturo Uslar Pietri. Madrid: Editorial Pliegos. 218 p.

POLANCO ALCÁNTARA, Tomás, Coord. (1984) El valor humano de Arturo Uslar Pietri: homenaje de la Academia Nacional de la Historia a su Numerario Dr. Arturo Uslar Pietri. Caracas: Ediciones de la Academia Nacional de Historia. 335 p.

QUINTANA, Ignacio (1982) Uslar Pietri: una manera de ser hombre. Caracas: Cromotip. 113 p.

SZICHMAN, Mario (1975) Uslar: cultura y dependencia. Caracas: Vadell Hermanos. 228 p.


RECONOCIMIENTOS

1935, Primer premio concurso de la revista Elite con su cuento La Lluvia.
1949, Primer premio concurso anual de cuentos del diario el nacional, con El Baile del Tambor.
1950, Premio Arístides rojas, por novela El Camino de El Dorado.
1954, Premio nacional de literatura (1952-1953) por los ensayos Las Nubes.
1972, Premio Mergenthaler, sociedad interamericana de prensa.
1973, Premio hispanoamericano de prensa Miguel de Cervantes.
1979, Premio Enrique Otero Vizcarrondo, por el articulo mi primer libro.
1981, Premio asociación de escritores de Venezuela La Isla de Robinsón.
1982, Premio nacional d literatura, con La isla de Robinsón.
1988, Premio Rafael Heliodoro Valle (México).
1989, Premio Príncipe de Asturias de las letras (España).
1991, Premio internacional de novela Rómulo gallegos, por la novela La visita en el tiempo.
1998, Premio Alfonso Reyes

 
Imagen
DE SU MUERTE.....
El mundo de las letras sufrió un duro revés con el fallecimiento del escritor Arturo Uslar Pietri. El 26 de febrero del 2001, La muerte lo sorprendió en su casa, ubicada en La Florida, Caracas, a los 94 años de edad. Lucido hasta el ultimo momento de su vida, Uslar Pietri no perdió oportunidad de hacer sentir su peso intelectual a la hora de alertar sobre su rumbo que llevaba el país. Desde las paginas de los diarios nacionales fue un duro critico e incluso desde su conocida columna El Pizarrón (El Nacional), la cual dejo de escribir en 1998.

Su pasión fue la escritura pero Uslar Pietri no la dejo de lado cuando se desempeño durante la gestión del presidente Isaías Medina Angarita.

La política le llego de cerca cuando en 1963 fue candidato presidencial por el frente nacional democrático (FND).Suya es la famosa frase &#8220;hay que sembrar el petróleo&#8221;, para hacer comprender que las riquezas provenientes de un recurso no renovable debían aprovecharse en el desarrollo del país.

Pero lo que identifico a Uslar Pietri fue su larga y fructífera trayectoria como escritor. Entre sus obras mas destacadas figuran Barrabas y otros relatos, Las Lanzas Coloradas, Oficio de Difuntos, La Isla de Robinsón y La Visita en el Tiempo, con la que obtuvo en 1991 el premio Rómulo Gallegos de novela.



Su inquietud literaria lo llevo también a incursionar en tales obras teatrales como Chuo Gil y las tejedoras. Fue el autor de ensayos sobre la temática americanista y nacional. Cuando Uslar Pietri celebro sus 80 años, el país le rindió un amplio homenaje igual reconocimiento recibió cuando cumplió 90 años. Su obra deja una huella en Venezuela.


Homenajes a Don Arturo

El silencio de Arturo Uslar Pietri,
Carlos Yusti

Arturo Uslar Pietri se ha replegado. Su famosa columna, &#8220;Pizarrón&#8221;, con cincuenta años de aparecer en los medios impresos con rigurosa puntualidad, ya ha dejado de salir. Mal ejemplo para uno que se inicia en esta tienda con la palabra escrita y con las metáforas de la vida, que quiere hacer escritura y alma montado en las columnas de los diarios o las revistas. No obstante he aprendido mucho leyendo la obra crítica y ensayística del señor Uslar. Su libro &#8220;Valores humanos&#8221;, que también fue un programa televisivo de larga duración, me enseñó en primer lugar que el escritor no debe temer dejar en claro su cultura, sus lecturas y su disposición a convertir el lenguaje en una pedagogía y en una poética. En segundo lugar me ilustró que para ser escritor de ensayos no hay que rehuirle a los temas, sean históricos, literarios, filosóficos, sociales o políticos. Cualquier tema es bueno si uno esta dispuesto a darle importancia a las ideas y a la poesía que cada tema tiene, por más inconveniente que este sea.

Arturo Uslar Pietri ejemplifica en buena medida el lugar de un escritor en la sociedad: convertir al humanismo y a la inteligencia en las mejores trincheras por encima de cualquier contingencia política y cultural.

Este repliegue (como el mismo lo ha escrito: &#8220;Por muy largos años he mantenido esta columna, con un claro sentido de propuesta y de obligación, hasta llegar a formar parte importante de mi existencia. La interrumpo hoy porque he entrado, inevitablemente, en esa dura etapa de la vida que es el repliegue&#8221;), me parece a lo sumo un acto táctico antes que un gesto de cobardía, o vejez en el peor de los casos. Para un escritor que ha sido persistente en eso de colocar sobre la mesa del papel sus puntos de vista no es sencillo hacer mutis. Sin mencionar el hecho que vivimos un tiempo de rebajas ideológicas y despolitización general donde es mejor tener un precio que tener ideas. En un momento histórico del escritor que busca esconder el vacío de su escritura con la estridencia de un vanguardismo postmoderno y de sustituir, como escribiera Savater, la profundidad del misterio por el desconcierto programado por el crucigrama. O sea que aquí cualquier fetiche amanerado, con veleidades literarias, alcanza la cúspide cultural sin obra escrita, pero con muchas relaciones públicas. Trepadores de las letras hay muchos, pero escritores en el sentido real y subrayado hay un número poco grandilocuente.

A un escritor como Arturo Uslar Pietri se le pueden atribuir los peores defectos. Que si su estilo es un poco almidonado, que si su escritura deja poco resquicio al humor, que si su coqueteo con los capos del poder y el dinero siempre ha sido sin medias tintas y un poco en ese plan. No obstante el único defecto que no le pueden echar en cara, sus detractores o hagiógrafos, es que ha hecho de la escritura una plataforma para imaginar (desde sus novelas o cuentos) y pensar el país desde su obra crítica. Escribir sin insertar ideas, crítica y cosa a cada a cada frase, a cada golpe de párrafo es asunto de escribidores de ocasión y en contraposición con dichos escribidores, Arturo Uslar Pietri, ha tratado de remover la telaraña de nuestros ojos con sus reflexiones, consideraciones sin duda que muchas no suscribimos, pero que de alguna manera nos han empujado a meditar sobre este país, que en muchas oportunidades es también una herida. Semejante actitud de integridad y obstinación intelectual deja en claro el deber de un escritor en la sociedad: escribir para opinar sobre lo actual, lo cotidiano, lo urgente con impecable e implacable prosa. Octavio Paz en una oportunidad expresó que la primera responsabilidad del escritor es el lenguaje. Uslar Pietri no sólo se ha esmerado en cuidar el lenguaje, sino que ha intentado darle carnadura práctica a su vocación, tratando siempre de ir más allá de la serena y sosegada reseda que ofrecen las palabras leídas o escritas.

No es casualidad entonces que la columna de Uslar se llame (en presente por aquello de que lo escrito permanece) &#8220;Pizarrón&#8221;. O sea, que Uslar nos enseñaba a deletrear este país con sus nociones conspicuas sobre el acontecer de la historia menuda y de todos los días. Como un esmerado profesor de cátedra nos enseñaba el abecé del humanismo sin otro alarde que su cultura y erudición. Para los miopes de la política, entre la militancia ecológica y Chávez, o entre el neoliberalismo e la compleja intelectualidad de las mises, para los ocupa-puesto de la cultura y los escritorzuelos de salón este repliegue de Uslar es un tremendo Alivio. No es extraño, ni privativo que mientras los brutazos, los analfabetas funcionales y demás grey con celulares y sin materia gris estén en la creta de la ola postmoderna. La inteligencia se repliegue de manera estratégica para enfrentar desde otras perspectivas las intolerancias y los terrorismo analfabetas por mucho celular que exhiban, ropa de marca que se pongan y mucho perfume costoso que utilicen. En lo particular la escritura de Uslar, creo ya haberlo anotado, me enseñó que la constancia de la palabra escrita es más importante que un ministerio, o el visto bueno de las academias. El gesto de Uslar me recuerda una frase de Karl Kraus: &#8220;Existe un tipo de indignación improductiva que resiste a cualquier intento de darle expresión literaria. Desde hace un mes me ahoga una vergüenza capaz de aniquilar toda ilusión cultural,&#8230;&#8221; . Por otro lado uno escribe en diarios y revistas para mantener un diálogo con los demás y hasta en lo escrito por Uslar hay una meridiana enseñanza: &#8220;En el más estricto sentido de la palabra, no hay monólogo. Toda frase, en alguna forma, tiende a provocar una respuesta&#8221;.

Cada escritor honesto tiene derecho en hacer silencio ante un país donde la ignorancia con ínfulas tiene el poder; lo único que no tienen es el silencio de Arturo Uslar Pietri. Silencio más peligroso y lleno de dignidad que cualquier verborrea demagógica, redentora o profética, gritada a voz de cuello desde los degradados púlpitos de la política nacional.

USLAR
Milagros Socorro

Aunque fría, la mañana del funeral de Úslar Pietri fue soleada. De hecho, la caja de madera pulida donde reposaban sus restos parecía flotar en la atmósfera dorada que se cernía en la sala de velatorios, un amplio recinto de altas paredes de hierro pintado de blanco que por no llegar al techo dejan unos muy grandes ventanales abiertos a la brisa de las montañas circundantes.

Los periódicos que el martes de carnaval habían informado de su muerte precisaban que el entierro tendría lugar a las dos de esa tarde. A las once de la mañana, la sala estaba colmada (sin que los asistentes se sintieran apretados) y afuera uno que otro grupito hacía comentarios en voz baja. Se veía un ralo conjunto de políticos, otro de académicos, un puñado de curiosos, algún funcionario de la cultura. Solo los reporteros de los diferentes medios estaban allí, en auténtico tropel, atentos a las personalidades que llegaban, diligentes guardianes de la memoria de un colega de excepción.

Hacia el final de la mañana el cardenal Velasco se presentó para decir unas palabras muy sencillas, algunas frases de simpatía e inusual dulzura que resultaron inaudibles para la mayoría de los presentes porque por los resquicios de la pared revoloteaban, aventurándose tímidamente hacia el borde interior de la sala, una bandada de torditos que se dedicó a cantar a todo gañote las vitales melodías de la naturaleza. Contra la pared del fondo y de cara al féretro estaba Velasco, vestido de negro, y alguna frase de su discurso se colaba entre la maraña cantarina y jovial de los tordos cuya algarabía desmentía la luctuosa tonalidad de su plumaje. Al lado del cardenal se encontraba Federico Úslar

Braun &#8212;el único hijo vivo del escritor fallecido&#8212;, un hombre taciturno, sobrio y de aire solitario que respiraba con dificultad más por la obesidad que por embates de la tragedia que lo ha alcanzado. Incrustada en la enorme papada que orla su rostro se podía ver la expresión, azorada y perpleja, de un huerfanito a deshora. Y en un rincón, encogida y muy bien puesta, la señora

Ana Luisa Braun Kerdel, hermana de la esposa de Úslar. No había nietos ni más hijos. Estaba Úslar en el centro de la habitación y sobre su urna una cruz de flores con una cinta que decía (más bien susurraba): «De su hijo». Y en la esquina derecha, una corona enviada por la Academia Venezolana de la Lengua. Casi al mediodía llegaron otras dos coronas, una del Ministerio de la Secretaría y otra de la Presidencia de la República de Venezuela, cuyo titular se abstuvo enérgicamente de comparecer.

La misa de velaciones la dio el cura del Cafetal, quien le dispensó una mínima caricia a la caja antes de dar por terminada la liturgia. Inmediatamente después llegaron los ex presidentes Luis Herrera y Rafael Caldera, éste último del brazo de su hijo y llevando inusuales lentes de sol que no lograban desviar la atención de su vacilante andadura e impresionante palidez. No hubo más ex-mandatarios.

Cuando llegué a mi casa, como soy abstemia e incapaz de brindar por la memoria de los muertos, puse un disco de Billo &#8212;en realidad, puse varias versiones del Profesor Rui Rua, sobre todo una, muy bella, arreglada por Alberto Naranjo que incluye un coro de niños&#8212; y lloré amargamente para mi sorpresa, para mi alivio, para mi cancelación de un siglo que acababa de ser enterrado.


Arturo Úslar Pietri: no acaba todo con la muerteIván R. Méndez




Falleció el pasado lunes (26/2/2001) de un infarto cuando el país estaba de fiesta: en medio del olvido del ser del Carnaval. Arturo Úslar Pietri , lúcido a sus 94 años, transcurrió sus últimos días en el laberinto de su inteligencia, declarando que aquí no necesitamos más constituciones y soñando, quizá, en los juegos del eterno retorno de los errores, de los caudillos y de jugadas ya realizadas.
Como Borges, Arturo Úslar Pietri viene de un linaje de héroes y sagaces personajes históricos. Bisnieto del General Juan Úslar, inmigrante alemán que luchó por la independencia de Venezuela, y enlazado con el coronel Julián Santamaría, edecán del Libertador Simón Bolívar, sin olvidar a los presidentes Carlos Soublette y Juan Pablo Rojas Paúl. De esos afluentes, tal vez, extrajo el material necesario para afinar y expandir su memoria histórica, que apuntaba al futuro, mas muy pocos supieron leerla y entenderla.
Su laboriosa entrega a las letras nos lega novelas, relatos, ensayos, poemas y artículos, pero también representa un proyecto de vida para Latinoamérica, no pocas veces simbólico.
Nacido en Caracas el 16 de mayo de 1906, el joven Arturo creció en el campo (Cagua y Maracay), muy cerca del caudillo del momento: Juan Vicente Gómez, pues su abuelo (Juan Pietri) era Vicepresidente de Venezuela. En 1924 regresó a la capital para iniciar la carrera de Derecho en la Universidad Central de Venezuela y, poco después, fundar la revista Válvula, junto a Miguel Otero Silva y Fernando Paz Castillo. Su naciente
carrera diplomática lo llevó a París, experiencia que Úslar describe como: &#8220;&#8230;muy rica, muy importante en mi vida y para mi formación [...] en formarme cierta sensibilidad, en despertarme ciertas curiosidades, en revelarme muchas cosas....&#8221;.



Su talento fue reconocido a sus 25 años de edad, con la publicación en Madrid de Las Lanzas Coloradas. Poco después de la muerte de Juan Vicente Gómez, Úslar Pietri se incorporó al gobierno del general Eleazar López Contreras. En esos días, en el diario caraqueño Ahora, publicó por primera vez la idea que lo marcaría toda su vida, sembrar el petróleo en vez de despilfarrarlo en chorros de champaña y lobby político. A sus 33 años se convirtió en Ministro de Educación y, sucesivamente, ocupó cargos de Secretario de la Presidencia, Ministro de Relaciones Interiores y Ministro de Hacienda. Durante el exilo de 1945-1950 escribió novelas y cuentos. Además, fue invitado a dictar clases de literatura en la Universidad de Columbia. En 1948 debuta su columna Pizarrón, en el diario El Nacional, cuyo impacto hispanoamericano se mantuvo hasta que decidió no escribirla más, en 1998. Asimismo, entre 1953 y 1985, dialogó en las pantallas televisivas con su programa Valores Humanos, cuyos amigos invisibles éramos todos los venezolanos. Una vez desaparecidas las tinieblas de la dictadura, Úslar Pietri regresó a la política como senador y candidato presidencial en 1963.
Durante casi noventa y cinco años, este Hombre participó directamente en el quehacer histórico del país, una larga jornada actuando y creando una obra celebrada mundialmente con premios como el &#8220;Príncipe de Asturias&#8221;, &#8220;Alfonso Reyes&#8221; y &#8220;Rómulo Gallegos&#8221;, entre otros. El siglo XX hispanoamericano es de unos pocos hombres representativos, Arturo Úslar Pietri es uno de ellos.

La conciencia de Venezuela
Francisco Kerdel


Los venezolanos nos hemos acostumbrado por un inusitado periodo de tiempo a disponer de los consejos, guías y orientación de un hombre fuera de serie, Arturo Úslar Pietri, no sólo por su preparación y su talento -grandes como fueron-, sino por su capacidad de estudio y análisis, su perspicacia, su disciplina intelectual, y sobre todo por su dedicación a servir al país en todo momento y oportunidad a lo largo de toda su longeva vida.
Aprovecho como ningún otro contemporáneo suyo los modernos medios de comunicación para difundir su erudición y su creatividad y permitió a la gran masa de nuestra población, especialmente con sus programas televisados, acceder a la cultura universal, llevados de la mano por un intelectual de su talla y con sus dotes de pedagogo y comunicador. Su popularidad no dejaba de sorprender a muchos, ya que jamás estuvo condimentada de la chabacanería, que algunos piensan es ingrediente indispensable para comunicarse con el pueblo.
Seria redundante enumerar los grandes servicios que a lo largo de su existencia presto USLAR PIETRI a Venezuela. Son de todos bien conocidos. Su desaparición física culmina una triste historia para un ciudadano eminente entre los eminentes, quien en el ocaso de su vida no tuvo razón alguna para pensar que su eterna predica, por lo sensato, lo razonable, lo inteligente y lo oportuno, diera algún resultado, ya que fue oída por muy pocos y seguida por menos aun. Es la triste historia de un hombre que dio tanto y tan generosamente a sus compatriotas y se despidió de la vida con el sabor amargo de observar un país sin rumbo, cuyos problemas sociales se han desbordado y todavía no ha encontrado un liderazgo capaz, que ofrezca una esperanza a la población pensante. Debe haber sido causa de la mas profunda tristeza ser testigo de excepción en el gradual e inexorable proceso de deterioro del país en los últimos veinte anos, y observar como se cometían los mas crasos errores de toda índole, sin que sus advertencias y sabios consejos, expresados públicamente en su columna de prensa, en sus intervenciones en la radio y la televisión y en numerosas declaraciones, tuviesen resultados palpables en enderezar lo torcido. Con ARTURO USLAR PIETRI Venezuela pierde un &#8220;valor humano&#8221; irremplazable, el valor del &#8220;sentimiento interior por el cual aprecia el hombre sus acciones&#8221;, o lo que es lo mismo, el valor de la conciencia colectiva, elocuentemente expresada en su extraordinaria capacidad de síntesis, de un país sumido en una profunda crisis.

El legado de Úslar

Juan Vicente Gómez Gómez


La desaparición física de Úslar Pietri no deja de ser un hecho natural, a los 94 años había vivido lo que tenía que vivir; entonces alejémonos de los convencionalismos y entremos a analizar el vacío que él deja. Antes se fueron Juan Liscano, Juan Nuño, García Bacca, Cabrujas, Herrera Luque, Denzil Romero y tantos otros que sería largo enumerar. Con cada una de esas muertes fueron quedando grandes vacíos, vacíos que nuestra sociedad parece no estar en capacidad de cubrir, y de aquí el drama venezolano.
Con una educación desarticulada, la privada dándole más importancia al negocio que ella supone y la pública sumida en la mediocridad fruto de un sindicalerismo destructivo; no es dado pensar que el legado de Úslar o de cualquiera de los otros mencionados pueda ser ponderado.
La figura de Úslar, como la de Cabrujas, estuvo apuntalada por su presencia televisiva. ¿Pero quién hoy dentro de ese inmenso público televidente está en capacidad de recordar alguno de los programas en los que él intervino? Julián Marías declaraba al ABC: "Su figura ha sido estimada y reconocida, pese a que quizá le ha pasado lo mismo que sucede con otros escritores hispanoamericanos, que son muy citados y conocidos pero poco leídos" Esa afirmación, reveladora además de un profundo Eurocentrismo, tiene mayor vigencia por estos lares, por cuanto sí bien es cierto que en Europa existen o han existido unos cuantos cientos de "uslares", que pudieran restarle primacía; nosotros sólo hemos contado con uno. Sólo hemos contado con uno que vendimos cual detergente. Que consumimos con la misma celeridad con la que se engulle una hamburguesa, de la cual nunca habrá de quedar un recuerdo perdurable.
Su legado está allí. En unos cuantos libros, en cientos de videos, en cientos de entrevistas, en miles de artículos, en algunos fascículos coleccionables, en los que fue plasmando su visión de Venezuela y del venezolano. ¿Cuántos los atesoran? ¿Cuántos los recuerdan? ¿Cuántos los ponderan en su justo valor?
Retomando, de este lado del océano, lo afirmado por Julián Marías. No es que Úslar haya sido poco leído, es que Uslar en vida simplemente fue ignorado.
Fue ignorado porque siempre se constituyó en un ser que nadaba a contracorriente. Incansablemente repitió que había que sembrar el petróleo; mientras que el petróleo se dilapidaba. Ni a gobernantes ni a gobernados, les convenía la prédica. Ya casi al final de sus días clamaba indignado contra el 5 y 6 y cualquier otro tipo de juegos de azar que de manera alarmante proliferan. Ni a gobernantes ni a gobernados, les agradaba la invectiva. Fue el exponente del hombre culto en un país en el que campea la incultura. Ello asustaba a los gobernantes quienes poco o nada tenían que proponer, quedando ante él vestidos de ignorancia. Ello desagradaba a los gobernados, quienes incapaces de superarse hicieron denuesto de él tildándole de prepotente, de engreído. Fue crítico en un país en el que la sana crítica es tenida por insulto, por maledicencia. Su crítica irritaba por igual a gobernantes y gobernados. Úslar y Vallenilla Lanz develaron la autentica esencia y herencia del venezolano, pero como la revelación de lo develado no se correspondía con lo que el venezolano cree que es, se prefirió ignorar la revelación y cubrirla con el manto del prejuicio aristocrático para el primero y &#8220;positivista&#8221; para el segundo.
Muere Úslar y parece que está bien muerto, en lugar de estar bien vivo. Bien vivo en su legado. Para que él viva resulta imperativo leerlo, ¿pero quién lee hoy en día? Muere Uslar y su figura no trasciende más allá de la nota necrológica. ¿Acaso éste no era un muerto para más de un especial de televisión, tanto en la pública como en las privadas? Por lo visto ¡No!
Sus restos, que no sus enseñanzas, fueron sepultados el 28 de febrero; su tránsito se había producido el 27, día para mí tan aciago como aquel otro.















 
 
Escríbeme
mayo77@galeon.com