MÚSICA... LO QUE ES Y CÓMO DISFRUTAR DE ELLA
 
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MÚSICA... LO QUE ES Y CÓMO DISFRUTAR DE ELLA
 
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ALGUIEN dijo una vez: “La música y el ruido son como dos muchachos diferentes... ¡uno muy deleitoso, el otro espantoso!” Aunque tan diferentes como Abel y Caín, y opuestos como el día y la noche, la música y el ruido se originan en el mismo fenómeno físico: “el sonido.” Mientras que asociamos el ruido con los sonidos ásperos y perturbadores (a veces espantoso), la música puede ser calmante y sosegante (a veces deleitable). ¿No ha notado usted que la música puede despertar en nuestro fuero interno edificantes emociones de gozo y animación, tal como una corriente ascendente puede remontar un ave en su vuelo? Sin embargo, en otras ocasiones la música puede producir en nosotros un sentimiento de melancolía, hasta de tristeza y lágrimas.


¿Qué es la música

Se le ha llamado a la música un “lenguaje internacional.” ¿Por qué? Porque personas que no hablan la misma lengua pueden comunicarse por medio del disfrute de la misma música. Además, la música tiene un atractivo mundial debido a que está relacionada con casi todo aspecto de la vida humana. Tenemos canciones de amor, canciones nupciales, canciones de cuna, canciones de “enamorados.” Tenemos música popular y clásica, música oriental y occidental, música folklórica y música de “rock.” Hay música refinada, a veces con un “ritmo latino.” También está el muy hermoso y cautivador vals. Y, ¿no ha zapateado usted ligeramente o palmoteado las manos al compás de una animada polca o de una marcha excitante? Es muy probable que lo haya hecho. Sí, una canción hermosa que emplea unos cuantos acordes musicales deleita nuestros oídos de manera muy parecida a como una excelente combinación de colores deleita nuestros ojos. ¡Hasta los anunciadores comerciales han tratado de sacarle partido a la música poniendo música a sus anuncios!

De algún modo, debido a nuestro carácter humano, los sonidos melodiosos y armoniosos nos pueden causar un profundo impacto emocional. Especialmente es así cuando están coordinados con el compás correcto, y tal vez acompañados con las palabras o con la letra apropiadas. La música es “sonido organizado.” Entre los ingredientes que se usan para organizar el sonido de la música se encuentran cosas como el pentagrama musical de cinco líneas paralelas y sus respectivas “tarjetas de identificación” o señales “claves.” También están los “sostenidos” y los “bemoles” que alteran el carácter y tono de las notas sin cambiar sus nombres. Los diferentes aspectos de las notas indican diferente tiempo o duración de los sonidos que ellas representan. Si se les coloca más altas o más bajas en las líneas del pentagrama, significan sonidos con tonos más agudos o graves. Esa es la música escrita. Y el sonido de la música es lo que resulta cuando alguien toca el arreglo que el compositor ha hecho de estos ingredientes. Por lo tanto la música es una forma de arte que existe en las regiones del sonido y el tiempo.

Cuando a nuestros oídos llega el sonido, algo está vibrando... la cuerda de un violín, la piel de un tambor, la lengüeta de una flauta. Lo que sucede es que se ha puesto en movimiento el aire. Como la superficie de una laguna serena que se agita cuando cae una piedra, los rizos y ondas de aire se alejan de la fuente en forma de círculo hasta que hacen pulsar nuestros tímpanos... ¡y nosotros oímos el sonido! Sin aire no habría sonido. Podemos dar gracias a Dios por nuestra maravillosa habilidad de oír y por toda la creación relacionada a nuestro alrededor que hace posible dicha comunicación.
Los muchos y diferentes instrumentos músicos, el primero de los cuales sin duda fue la voz humana, producen tonos de altura variable. Cuando se disponen los tonos para una voz en un patrón que se destaca y es reconocible, el resultado es la “melodía.” Puesto que la voz fluye como una corriente, pudiera decirse que la melodía es “música lineal u horizontal.” Si simultáneamente se oyen sonidos de diferente altura, como en un acorde, se ha producido la “armonía” y pudiéramos pensar en la armonía como “música vertical.”

En la música la armonía principalmente es de dos tipos: “consonancia” y “disonancia.” ¡Sí, así es! La “disonancia” es esencial en la música. ¿Por qué? Porque sin disonancia habría poco o ningún sentido de moción o movimiento en la música. Por ejemplo, cuando una pieza musical llega a su fin, nos da la sensación de “cierre,” o descanso. Se ha logrado el fin, y esto nos proporciona la sensación de satisfacción.


Contramelodía

Cuando la “música vertical” o armonía fluye de acuerdo con las reglas fijas de la progresión musical, se puede suministrar un acompañamiento muy apropiado a una melodía bien conocida, o pieza de “música horizontal.” Prestando atención especial a los patrones de armonía, se puede idear una “contramelodía.” Podemos aumentar nuestro entendimiento y disfrute de la música cuando tratamos de escuchar estos patrones de melodías de apoyo a medida que se mueven juntos con la melodía principal o en dirección contraria a ella. Por ejemplo, mientras los violines de la orquesta tocan una melodía fácil de reconocer, escuche y trate de alcanzar a oír la melodía de apoyo que está tocando la trompa o el oboe. ¡Será emocionante oír un pasaje en el que las flautas repiten un patrón que ya se ha tocado!

De esta manera, se nos ayuda a reconocer con aprecio el “flujo,” o movimiento hacia delante, de la música. Los patrones repetidos sirven de “piedras miliarias o hitos,” por decirlo así; llegamos a estar al tanto de ellos, esperamos su regreso, y disfrutamos de la satisfacción de su ejecución. Al igual que las profecías bíblicas, nos emocionan a medida que nos enteramos de ellos; aguardamos con sumo anhelo su ejecución, ¡y oh, qué satisfacción obtenemos cuando recibimos sus bendiciones!


El don del oído

Sin el maravilloso sistema auditivo que Dios nos ha dado no habría música, o, por lo menos, no podríamos disfrutar de ella. Para entender lo que la música es y disfrutar de ella, ésta tiene que sonar dentro de nuestro alcance auditivo. Aunque esto varía de un individuo a otro, por lo general se acepta que nuestros límites auditivos están entre 16 vibraciones, o “ciclos,” por segundo y 20.000 ciclos por segundo (que se abrevia como “CPS”). Un término más reciente que se está usando hoy en electrónica para “ciclos por segundo” es “hertz” (Hz). Las notas producidas por todos los instrumentos músicos se hallan bien dentro de estos límites. Por ejemplo, el límite del violín es de solo 180 Hz a 2.500 Hz. La guitarra alcanza un registro un poco más grave: de 80 CPS a 1.200 CPS. ¿Cuál instrumento tiene el registro más agudo? Pues bien, los címbalos pueden producir vibraciones de hasta 20.000 Hz. En una orquesta, por lo general el piano tiene la distinción de tener la mayor extensión: de 27 CPS a 4.000 CPS.


Los armónicos suministran cualidades al sonido

La mayoría de la gente concuerda en que la música “viva,” “en persona,” es la más deleitable. ¿Se ha preguntado usted por qué? Pues bien, ¿quién ha visto alguna pintura o fotografía que pueda igualar la escena original? Siempre falta algo en la copia. Aunque la fotografía reproduzca todos los colores y detalles del original, le falta profundidad. De manera muy parecida, hay algo acerca de la música viva que posee una plenitud, una riqueza, una profundidad difíciles de igualar. ¿A qué se debe esto?

La luz que vemos y el sonido que oímos son vibraciones. En el sonido, no solo hay una vibración principal o fundamental, sino que también hay vibraciones parciales o secundarias a la “fundamental,” como se le llama. Y estas vibraciones parciales, o “armónicos,” que le dan la riqueza, plenitud y profundidad al original, son muy difíciles de reproducir en la copia. ¡Es interesante que es la intensificación, o inhibición, de estos armónicos en el original lo que nos hace entender que la música que estamos escuchando es música de cuerdas, o música de flauta, o, puede ser la nota idéntica tocada en una gaita! Puede identificarse esta cualidad del sonido por medio de la combinación de armónicos, llamada “timbre,” que normalmente produce un instrumento metálico de viento, por ejemplo, en comparación con la que produce un instrumento de cuerdas, o la que produce un tubo de aire cuando una lengüeta lo hace vibrar.


Qué hacer para disfrutar de la música

Pocas personas tienen el talento o los medios para disfrutar de la música viva, pero millones de personas continúan entreteniéndose por medio de la buena reproducción de alta fidelidad. En la radio hay estaciones de AM y FM. Por lo general se prefieren las estaciones de FM debido a la recepción casi libre de ruido y a su mayor alcance de frecuencias en la transmisión de música. Actualmente las estaciones FM estereofónicas son muy populares en muchos países, no solo debido a que muchas de éstas ejercen moderación en sus programas, sino a que pueden reproducir en amplia medida los armónicos que hemos estado considerando. Además, hay disponibles discos y cintas de alta fidelidad. El ideal de las compañías de grabación es reproducir la música viva en una grabación de verdadera fidelidad con todos los armónicos de la ejecución original y, al mismo tiempo, eliminar los ruidos indeseables y la distorsión.

Esto quizás no sea tan importante para la persona que escucha la música distraídamente mientras está trabajando o haciendo otras cosas. Un pequeño radio transistor pudiera ser enteramente adecuado. Ni tampoco se le puede criticar, pues los gustos musicales varían grandemente. Sin embargo, esto de ningún modo satisfaría a otra persona. Aunque produce música, a ella no le parece real. Entre las razones quizás se encuentren la alta distorsión y su frecuencia limitada. La falta de pureza en el sonido musical, junto con el ruido y la distorsión, pudieran hacerle apagar el radio en vez de continuar escuchando.

Para que la reproducción musical sea excelente es importante que haya poca distorsión. En el caso de los discos, la distorsión puede venir en una pastilla fonocaptora o aguja de mala calidad. Ciertas cintas tienen mayor distorsión y siseo que otras. El amplificador y los altavoces también tienen mucho que ver con el sonido de alta calidad. Si hay cifras disponibles, sería bueno verificar el nivel de distorsión y el alcance de frecuencias. Puede que algunos modelos muestren un nivel de distorsión tan elevado como 1,5 por ciento o más, mientras que un producto de calidad superior quizás lea 0,04 por ciento o menos. Las cifras de alcance de frecuencias son importantes, pero también pueden ser engañosas.

Después de mucha investigación en cuanto a pruebas de preferencia, una autoridad dijo lo siguiente: “Noventa por ciento de todos los oyentes quedan completamente satisfechos con una anchura de banda de 60 a 8.000 CPS.” De modo que parece que la mayoría de las personas no son tan exigentes como a algunos anunciadores les gustaría hacernos creer. Por supuesto, esto de ningún modo aplica a todas las personas. Algunas tienen un agudo sentido del oído, y la distorsión y la falta de una escala completa de sonidos afectan su disfrute de la música. ¿A qué clase pertenece usted? A fin de cuentas, su oído es el mejor juez. De entre lo que usted pueda costear escoja el sonido que más le agrade.


Mantenga un punto de vista equilibrado

La música, al igual que otros placeres, tiene sus limitaciones. Después de un arduo día de trabajo puede ser muy sosegante oír alguna música antes de irse a dormir. Para algunos es un estímulo cuando padecen de depresión leve. Sin embargo, no deberíamos considerarla como la respuesta a todo. Si uno tiene un problema que requiere acción, el escuchar música no lo resolverá. También es bueno recordar que la mayoría de las personas necesitan silencio para pensar y meditar seriamente. Sin embargo, parece que algunas personas se han aficionado a la música a tal grado que les parece que necesitan tocarla constantemente. Y una queja común de los vecinos es que algunos tocan la música a un volumen demasiado alto. Parecería que a algunos fanáticos no se les ocurre que no todo el mundo comparte el entusiasmo y gusto de ellos. Si una persona vive en un lugar estrecho con otros a quienes pudiera molestar, tal vez pueda resolver su disfrute de la música por medio de un juego de auriculares o receptor de cabeza. Si no se controla cuidadosamente, la música también puede consumir mucho tiempo y, de este modo, crear más problemas de los que resuelve.

Para ilustrar esto, echemos una ojeada breve a algunas de las personas famosas que hicieron de la música su principal interés en la vida, a veces descuidando otras cosas que deberían haber recibido más de su atención. Ludwig van Beethoven está considerado como uno de los compositores más grandes de todos los tiempos, sin embargo se dice que su vida personal era muy desorganizada. Otro compositor, Franz Schubert, de quien se dice que compuso una de las más hermosas sinfonías de todos los tiempos, en una ocasión se describió a sí mismo como un hombre muy infeliz.

Los artistas del pasado no eran los únicos que tenían estas depresiones emocionales. El difunto Hank Williams, uno de los más populares cantantes de música folklórica del oeste norteamericano de su tiempo, solía cantar una canción religiosa intitulada “I Saw the Light” (Vi la luz). Pero, ¿vio él la luz? Se informa que en una ocasión, después de cantar esta canción, se deshizo en llanto y entre sollozos dijo que él no había visto la luz. Su vida terminó trágicamente debido a una dosis excesiva de drogas, que tomó mientras se dirigía a cumplir con un contrato de canto.

Sí, estas personas vivieron para la música; era la vida entera de ellas. ¡Bien pudiéramos decir que para ellas la música era como unos pocos trozitos de luz solar en un mar tempestuoso y huracanado! Cualquier gozo pasajero que hayan obtenido de la música muy pronto quedaba empañado por las tinieblas de sus problemas personales. Para las personas que buscan una vida equilibrada y feliz, tales músicos son ejemplos amonestadores.

Aunque la mayoría de nosotros somos oyentes, y no ejecutantes, la lección anterior es la misma para ambos. El pasar demasiado tiempo tocando, o escuchando música no es bueno. ¡Sí, la música es muy hermosa! Pero solo es UNO de los maravillosos dones que Dios le ha dado a la humanidad. También hay otros dones... nuestras familias, nuestros amigos, nuestro trabajo, nuestro servicio cristiano. Todos éstos requieren nuestra atención. Si podemos mantener prudentemente la música en su lugar —lista para usarla cuando se necesita y se desea, sin desalojar otras responsabilidades— bien podemos continuar entendiendo lo que es la música y disfrutar sanamente de ella a través de todos nuestros años.