ANÁLISIS DEL PASO FINO

Por Fernando Montealegre R.

INTRODUCCIÓN

Desde que conocí los ejemplares de Paso Fino, he estado maravillado con su forma de andar, tanto por su suavidad y armonía como por la rapidez de sus movimientos. Sentía avivada mi curiosidad cada vez que veía un ejemplar que se movía con una rapidez asombrosa, imprimiéndole a su andar el timbre propio de su brío y fogosidad, pero llevando sobre sus lomos un jinete que parecía colgado de hilos invisibles, que lo mantenían como estático, indiferente al fragor producido bajo su galápago.

No salía de mi asombro al oír hablar a las personas con conocimientos sobre el tema, asegurando que un caballo se estaba desplazando por laterales, haciéndolo en ocho batidas; donde un ojo inexperto como el mío solo apreciaba una andanada de pisadas muy rápidas y rítmicas pero imposibles de distinguir sobre la marcha.

Motivado por estos asuntos incomprensibles para mí, me propuse encontrar las respuestas a éstos y otros interrogantes similares. Consulté los libros y revistas que trataban este tema y fui recopilando información que me sirvió para formar mi propia opinión sobre este tema. La parte mas difícil de entender para mí, era que los gráficos explicatorios de las ocho batidas o movimientos, no estaban dedicados a explicar concretamente la armonía y suavidad que yo tanto buscaba entender.


INTERROGANTES

Resuelto a encontrar un camino para descifrar este misterio, volví a releer libros y revistas, consultar apuntes y oír opiniones, pero esta vez desde una perspectiva diferente.

Intenté descubrir a la luz de la técnica:

1.       Qué hacía un caballo para verse armonioso en su andar

2.       A qué se debía que a pesar de ejecutar movimientos mucho más complejos que los de un trotón, su jinete permaneciera asombrosamente más quieto.

3.       Qué secuencia seguía el desplazamiento de sus extremidades para dar esa agradable sensación de movimiento continuo, sin sobresaltos de ninguna clase y donde sus cascos tocan el suelo con pasmosa regularidad y sincronización.
PREMISAS
Para continuar mi estudio parto de las bases reconocidas por todas las fuentes que consulté :

1.       Existen ocho movimientos o batidas que constituyen un ciclo completo. ( Que para propósitos de demostración numeraré 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8 )

2.       Estos ocho movimientos se reducen a cuatro distintos, ejecutados alternativamente, una vez por la pata del lado derecho ( 1, 2, 3, y 4 ) y luego por la pata del lado izquierdo ( 5, 6, 7 y 8 ).

3.       Desde el punto de vista de los apoyos, o cascos sobre los cuales se sustenta el caballo, existen dos clases :
dobles ( o de sólo dos cascos ) y
triples ( o de tres cascos ).

4.       Durante los ocho movimientos, se suceden cuatro apoyos triples ( 1, 3, 5 y 7 ), alternados con cuatro apoyos dobles ( 2, 4, 6 y 8 ).

5.      Durante los cuatro apoyos triples se suceden dos de una mano y dos patas ( 1 y 5 ), alternados con dos de una pata y dos manos ( 3 y 7 ).

6.      Durante los cuatro apoyos dobles se suceden dos de una mano y una pata de lados opuestos ( 2 y 6 ), alternados con dos de una mano y una pata del mismo lado ( 4 y 8 ).

HIPÓTESIS

Partiendo de lo que había recopilado, traté de descubrir lo que me faltaba. Para eso, planteé algunas hipótesis, para luego intentar probarlas con las teorías que me permito enunciar a continuación :

1.       Analizando los gráficos expuestos por los autores consultados sobre la descomposición del movimiento, todos coinciden en la existencia de ocho batidas o tiempos.

2.      Se reconocen cinco tiempos con apoyo en tierra, ( o de impulso ) y tres aéreos ( o de recuperación ).

1.       Considerando el desplazamiento del caballo, cada miembro se avanza por el aire en tres de estos ocho tiempos, en el sentido del movimiento del ejemplar. En cambio, en la fase terrestre, una vez apoyado el casco, éste se queda sembrado en el piso sin corregir su apoyo y es el cuerpo el que se desplaza, dando la impresión de que el casco se mueve en sentido contrario; esto sucede en cinco de los ocho movimientos.

2.       Si el caballo es en realidad suave para su jinete, debe existir otro factor a considerar: el caballo tiene que estar bien equilibrado; esto es, su peso y el de su jinete siempre deben estar correctamente balanceados. Como resultado de estas consideraciones, sugerí la hipótesis de que en los apoyos triples, la mano o pata de apoyo simple, debe encontrarse en la mitad de su recorrido o punto de aplomo, mientras que las dos patas o manos del apoyo doble, deben estar en posiciones opuestas extremas.

3.       Si el ciclo repetitivo está compuesto de ocho movimientos y si las pisadas son sincrónicas, teniendo el caballo cuatro patas, se concluye que cada dos movimientos debe producirse el contacto de un casco con el piso.

4.       Si parto de la base de los apoyos ya establecidos, en un apoyo tripodal el único casco que está en el aire es el que debe caer a continuación y lo debe hacer después de un movimiento intermedio. Y para que se presente ese apoyo triple (1, 3, 5 o 7), en ese momento debió caer un casco, porque en el anterior había sólo un apoyo doble (2, 4, 6 u 8).

Los ocho movimientos en los cuales están de acuerdo los autores consultados se reducen a cuatro repetidos alternativamente por el lado derecho y el izquierdo y son, con su orden de ejecución sus apoyos en el piso y la posición relativa que deben guardar los cascos entre sí.

 

 

EL CABALLO DE PASO FINO COLOMBIANO

UNA AUTENTICA RAZA CRIOLLA

Raúl Estrada Lóndoño

La deficiente información respecto de la manera como han evolucionado en busca de su nivel actual de calidad las razas de andar al paso en Suramérica y el Caribe, ha llevado a destacados investigadores, con argumentos poco profundos, a clasificar nuestro caballo criollo de Paso Fino Colombiano como una simple familia descendiente del Andaluz-Berberisco traído por Colón y los posteriores colonizadores.

Como si entre aquel importante antepasado y nuestro caballo de paso fino actual no hubieran mediado el esfuerzo y el aporte talentoso de muchos hombres, intérpretes afortunados de su amplia posibilidad de mejoramiento, para hacer de él en los 472 años que hace que desembarcó en Santa Marta traído desde la Isla La Española, hoy Santo Domingo, por Don Rodrigo de Bastidas, la más cotizada raza criolla de caballos de paso fino del mundo.

Lo cual está avalado por la actuación destacada de ejemplares de raza criolla colombiana, la mayoría nacidos en el país y algunos muy pocos fuera de él pero de padres colombianos, que han triunfado durante los últimos 15 años como Campeones y Campeones Reservados de los cinco Campeonatos Mundiales de Paso Fino celebrados en Puerto Rico y Santo Domingo entre los años de 1984 y 1995, sin que hasta la fecha, ejemplares de los demás países que producen caballos de andar al paso les hayan arrebatado los máximos trofeos.

Y certificado por un abundante pie de cría colombiano que poseen criadores de los Estados Unidos, Puerto Rico, Santo Domingo, Aruba, Curazao y Venezuela, a quienes se está vendiendo la idea curiosa de producir con ellos descendientes de paso fino Hispanoamericano, sin que se conozca la decisión de los países criadores de renunciar a la identidad de su raza en cada caso, obtenida en procesos propios, que se avalan con argumentos históricos respetables y presentan hoy sustanciales diferencias morfológicas y de función.

Por las razones anteriores, y sin ánimo distinto al de ratificar nuestros derechos de autor en lo que hoy es el Caballo de Paso Fino Colombiano, diferente en su proceso evolutivo al Paso Fino Puertorriqueño y distante en su función o andar al Paso Peruano, vamos a hacer afirmaciones documentadas respecto de su condición de raza criolla, acompañando un poco de historia que acuñamos para cuantificar nuestro protagonismo en este tema específico.

Empezaremos transcribiendo el autorizado concepto del muy notable Historiador equino, Zootecnista y Paleontólogo argentino Dr Ángel Cabrera en el prólogo de su libro CABALLOS DE AMÉRICA, donde anota: " Al decir caballos de América, me refiero única y exclusivamente a las razas caballares que se han formado en el Nuevo Mundo, aunque derivadas, como es natural, de las que importaron sus colonizadores........ y agrega más adelante: No se puede llamar americano más que al de una raza que se haya originado en América, ya sea por selección, ya sea por cruza, o simplemente como resultado de modificaciones que el medio ambiente ha impuesto, ayudado por los siglos, a las razas importadas".

Cabe anotar que el eminente historiador hace en su importante obra la enumeración y análisis de cada una de las razas existentes en los países de América en la década del 40. De manera que el propósito de agrupar algunas, medio siglo después, para hacer integraciones a cualquier nivel, no puede excluir el derecho natural de identidad de cada raza.

En el importante libro EL CABALLO, escrito por los profesores J Warreen Evans de La Universidad de California, Anthony Borton de la Universidad de Massachusetts, y Harold F Hintz y L. Dale Van Bleck de la Universidad de Cornell, se define como raza, en una interpretación moderna, a "un grupo de animales que poseen unas características claramente distinguibles, tales como función, conformación y color de la capa".

Dentro de este moderno concepto, la obra hace un completo recuento de la formación de las razas norteamericanas de hoy, con la muy entendible confesión de que aquellas son en su mayoría el producto de cuidadosas selecciones, por el camino de encastar unas con otras y regresar a la base con ejemplares escogidos dentro del objetivo básico, hasta volver a la pureza y fijar transmisión de caracteres a un número determinado de generaciones. Según la Real Academia de la Lengua Española, encastar es mejorar una casta de animales por cruzamiento.

Tal sucedió con el Saddle Horse, el Morgan, el Quarter Horse, el Tennessee Walking, el Standardbred, etc, en cuya descripción figuran antepasados comunes y se anota la participación y posterior desaparición de identidad de las razas españolas venidas para la conquista, bien fuera la andaluza, o la de ambladura rota, según el caso, cuya supervivencia en Suramérica y el Caribe se debe a la pasión de sus gentes por el andar lateral.

Por esta razón, y con motivo de la generosa invitación de CORPOICA, venimos a reafirmar ante este III CONGRESO IBEROAMERICANO DE RAZAS AUTÓCTONAS Y CRIOLLAS, con un retardo de por lo menos 20 años, que fue una decisión colombiana elaborar el paso o andar lateral a nuestro gusto y según nuestra idiosincrasia, partiendo de los caballos peninsulares de andar en ambladura rota, aprovechando su afortunada convivencia desde 1524 hasta nuestros días con la raza de trote y galope, aportada por el andaluz de entonces, para realizar con su intervención encastes ocasionales por cruzamiento y selección, gracias a la excelente adaptación de ambas al trópico.

Esta afirmación la hacemos porque en España, al iniciarse la dominación musulmana en el año 711 existía un caballo de andar diagonal como resultado de cruzar los caballos Celtas de origen asiático y traídos 1000 años atrás, con el Númida o antiguo Berberisco. El segundo aporte de sangre berberisca venido con la invasión estimuló, por el inevitable cruzamiento durante siete siglos con los caballos de la región, el cambio de la ambladura original de dos tiempos, a los cuatro tiempos o ambladura rota del primer andar al paso de que se tenga noticia confirmada, y reforzó el famoso caballo Español del siglo XV o andaluz, que en varias pinturas de los más célebres maestros de entonces ofrece detalles para considerarlo diagonal, como lo muestra el cuadro de Francisco I de Francia por Clouet, en el caballo que le obsequió Carlos V, que aparece en el libro de Dn Ángel Cabrera.

Y nos refuerza nuestro criterio respecto del andar diagonal, el hecho de que la fundación en Austria de la raza Lipizana de Alta Escuela, que necesariamente requiere del andar diagonal para su práctica, se hizo inicialmente en 1580 con base en aquel caballo Español del Siglo XV, porque aún no existía la célebre Cartuja, fundada en 1730, ciento cincuenta años después, que con yeguas de origen berberisco y caballos Árabes, Ingleses y Frisones convirtió aquel valioso caballo en el Español Moderno de hoy, bien distinto del andaluz original y de menos fondo. Queda de esta manera fácil comprender que aquellos fueron los primeros encastes por cruzamiento y selección, que se repetirían en América en las razas de andar lateral, hasta llegar a nuestro Paso Fino Colombiano de hoy como la máxima expresión de calidad por su mayor nivel de elaboración.

Pero, además, el caballo de laterales no era, al momento del descubrimiento de América, el de nivel superior de calidad en España: lo era el Español del siglo XV o andaluz, de andar supuestamente por diagonales según los evidentes hechos históricos analizados anteriormente. La gran calidad del caballo de paso se ha elaborado a conciencia en el Perú, en Puerto Rico y en Colombia, como resultado de un manejo inteligente, hasta el punto que cada uno de estos países disfruta hoy el producto de su aporte.

Si al momento de venir los caballos de andar lateral a América, en España hubiera existido aquel aire con un mejor nivel de calidad del que realmente trajeron a su arribo al Caribe, sería obvio que hoy existiera el paso fino en la península; pero quienes han creído encontrarlo en aquellas tierras han visto frustradas sus ilusiones, porque no lo hay allí por parte alguna.

Causa, pues, un poco de sorpresa que al abordar el tema de estos caballos, producidos a partir de los peninsulares en la forma expuesta, los estudiosos dejen traslucir una muy escasa información respecto de su profunda evolución en Suramérica: todos los escritores, sin excepción, se limitan a identificar en forma simple tres tipos de caballo de paso, afirmación que aceptamos como válida pero que calificamos de incompleta.

Esta es la razón fundamental para que hayamos aceptado venir a cumbre de tan destacado nivel intelectual y científico, para explicar que la colombiana es una auténtica raza criolla por las importantes y notorias diferencias de identidad, fruto de una decisión regional en su función o andar, en su temperamento y en el fenotipo mismo.

Advirtiendo de antemano que nuestra franca pero amistosa aspiración surge exclusivamente para solicitar que se hable de tres razas suramericanas de paso, con lo cual hacemos referencia específica a la raza de Paso Peruano, a la raza de Paso Fino Puertorriqueño y a la raza de Paso Fino Colombiano, asignándole a cada una, en lo posible, una equivalencia con el encaste selectivo que tuvo lugar en cada país, por la evidente utilización de elementos genéticos y ambientales de diferente nivel y origen.

Algunos inquietos analistas, que merecen nuestro respeto y amistad, recurren al planteamiento elemental de que "las tres familias están engranadas con el caballo berberisco amblador del Norte de África", sin evaluar las diferencias que ofrecen las razas actuales con la original, y además, las que se evidencian entre ellas mismas.

Nuestro caballo surge a partir del inmigrante de ambladura rota, mas no exclusivamente como descendiente directo de él: los cambios evidentes después de cuatro siglos de manejo regional en encastes ocasionales y selectivos con el andar diagonal y a merced de los efectos indiscutibles de nuestro medio ambiente, ameritan que la clasificación de la raza criolla Colombiana se respalde con una mayor profundidad histórica y técnica.

Para hacer hoy una presentación justa de su verdadero rango, debemos analizar los tipos de caballos traídos por los colonizadores, a efecto de valorar por comparación la magnitud del cambio y encontrar su clasificación apropiada. Cualquier otro comportamiento impide llegar a su dimensión real y despoja a quien lo intente, del único instrumento válido para lograrlo. Esta regla es la que pedimos respetar a quienes se han adelantado a proponer, con argumentos sin el suficiente peso, la validación de otros intereses que no corresponden a un juicio técnico con visos de imparcialidad.

Aquellas corrientes equinas iniciales aportaron, además de la ambladura rota del andaluz-berberisco, un rítmico andar diagonal, posiblemente, ya lo afirmamos, de origen celta-númida-berberisco, que ha mejorado por más de cuatro siglos en Suramérica, especialmente en la Argentina, país que posee hoy el mejor criollo de trote y galope de América, título que nadie le discute.

En Colombia cultivamos ese mismo caballo hasta mediados de este siglo, en idéntica calidad al gaucho y en abundante población. Pero el culto rendido al jeep en las décadas que siguieron a la terminación de la Segunda Guerra Mundial, cuando se dejó al servicio de los vaqueros, redujo gradualmente su población que hoy es sustituida por un caballo producto del cruce de criollo con descendientes de portugueses modernos, de menos fondo, que nos dejaron los primeros rejoneadores que trajeron a esta tierra el toreo de a caballo hacia la década del 50.

Es oportuno precisar que fuera de La Argentina, Chile, Venezuela y Colombia, en el Perú y en Puerto Rico no existió aquel trote diagonal en su calidad original y en forma permanente, hasta el punto que apenas se dio la presencia fugaz del Árabe y el Frisón

por el español en el Perú, y la del Morgan y algunos Purasangre Ingleses a finales del Siglo pasado en Puerto Rico, con escasos cuarenta años de permanencia en la Isla.

La valiosa Historia Cronológica del Caballo Puertorriqueño del Dr José Ma Laracuente anota que entre los años de 1.890 a 1.898 un hacendado de Guayama "importó caballos de la raza Morgan para mejorar la raza puertorriqueña de caballos de silla. Y que varias personas aseguran que esta medida ayudó grandemente al mejoramiento de los caballos de Puerto Rico, especialmente en su estampa".

Y más adelante, para el año de 1.925 trae la siguiente cita del escritor Carlos Gatzambide Arrillaga: " si nuestro famoso caballo de paso fino, especialmente la estirpe del Dulce Sueño que es la más famosa tiene alguna sangre de Morgan es muy poca, pero se revela en el tronco doble y la nalga redondeada y llena que admiramos, pero que no era típica de nuestro caballo ni jaca original, según atestiguan viejos criadores". Entonces, preguntamos nosotros, no es este un encaste selectivo en menor escala que los de nuestro criollo colombiano, pero evidentemente similar?. En la misma obra, y para los mismos tiempos, se mencionan encastes ocasionales con otras razas diagonales importadas a la Isla.

Desde otro ángulo de observación, y para darle mayor valor testimonial a la convivencia anotada, hemos comparado la calidad del paso de hoy en el Perú, en Puerto Rico y en Colombia, con la de caballos nativos que en estado semisalvaje existían a principios de este siglo en nuestra Guajira colombiana, producto de la evolución de los que trajeron Bastidas a Santa Marta y Federman al Golfo de Maracaibo, abandonados a su suerte y sin noticias ni rasgos de convivencia con el andar diagonal, cuyos descendientes montábamos con gusto hasta hace veinte años en las haciendas del litoral Atlántico porque ejecutaban un rítmico dos y dos o andoneo con buen grado de suavidad.

Aquellos caballos, dispersos por el Departamento del Cesar, nos llevan a opinar, con cierto grado de seguridad, que el paso o andar de los caballos peninsulares de origen andaluz-berberisco traídos al Nuevo Continente sí era, como lo hemos manifestado siempre, una ambladura rota a cuatro tiempos, de escaso sincronismo, que se clasifica como típico andoneo en comparación con cualquiera de los andares al paso de hoy.

En la actualidad, y en proporción al tiempo de convivencia del andoneo original en cada país con el andar diagonal, se puede identificar una diferencia en la morfología de los caballos, y su nivel de sincronismo está representado por un isocronismo perfecto de los tiempos en el Paso Fino Colombiano, un isocronismo en camino de perfección en el Fino Puertorriqueño, y un asincronismo en el Paso Peruano.

Y como si los anteriores argumentos históricos fueran escasos para avalar el carácter de raza que reclamamos para nuestro paso fino, Asdeoccidente como Asociación de caballos del Valle del Cauca, propuso por intermedio de su Presidente a la Universidad Nacional, sede Palmira, para que el estudioso Médico Veterinario de nacionalidad Argentina, y además destacado podólogo y herrero Doctor Carlos Cortelezzi, residente en Colombia por más de cinco años, asesorara una investigación respecto de la "INCIDENCIA DE LA CONFORMACIÓN ÓSEA DE LOS CABALLOS COLOMBIANOS SOBRE LOS DIFERENTES AIRES O ANDARES.

El estudio se realizó para la Tesis de grado en Zootecnia de dos destacadas estudiantes, actuando como Co-Director el Dr Cortelezzi, y en su desarrollo se encontró que en un elevado inventario de caballos de paso fino colombiano el ángulo de su pelvis con la línea horizontal del piso es de 18 grados, bien similar a los 17 grados que tienen los de trote reunido y los de trocha pura, todos ellos auténticos criollos colombianos. Este hecho explica, según sus autores, la máxima suavidad y tipifica una raza distinta, repetimos, por aquel ángulo, del cual, a criterio de Cortelezzi, está distante el de Paso Peruano y un poco menos el Fino Puertorriqueño.

Todo lo cual ha sucedido en Colombia, repetimos, como resultado de encastar ocasionalmente el paso lateral de cuatro tiempos con el trote y galope, en ocasiones reforzado con sangres árabe y purasangre inglesa, como sucedió en nuestro Valle del Cauca durante los años de 1930 a 1950.

Que además de inducir un mejor ritmo al andar, ha redondeado la línea de grupa, aquietado sus ancas, elevado el nacimiento de la cola y modificado las proporciones longitudinales y verticales en el fino colombiano, aumentando en forma notable su suavidad y sincronismo para que después expertos criadores lo devolvieran a las cuatro y más generaciones de fino con reproductores de muy alta calidad y de origen en procesos de encaste por selección anteriores o de otras regiones colombianas, que trasmitieron con fijeza sus caracteres fundamentales. Esta ocurrencia es comprobable en criaderos ampliamente conocidos en Antioquia, Valle y Cundinamarca, en forma bien diferente a lo acontecido en las razas puertorriqueña y peruana, por imposibilidad real para que ocurriera en ellas el fenómeno colombiano.

Y como dato histórico final, los caballos de "Paso Castellano", producto intermedio en el último proceso de encaste conocido, aquellos que en nuestro occidente colombiano, especialmente en Antioquia, por allá en los años de 1950 "trochaban en el camino y entraban finos al pueblo", eran adquiridos permanentemente por los criadores de la Sabana de Bogotá para, "eliminar con ellos el voleado de brazos y producir un caballo más corto", en sus ejemplares de paso fino descendientes de los traídos desde Santa Marta por Don Gonzalo Jiménez de Quesada para la fundación de Bogotá en 1538, gracias a los "resultados y medidas que transmitía el trochecito castellano, ya que en esta tierra no lo había".

Este testimonio lo hemos tomado de las narraciones de una media docena de famosos montadores frisando en los setenta años, que vivieron en sus mocedades aquel maravilloso proceso sin interpretarlo de esta manera en su momento, pero confirmado en el asiento de su silla de montar.

Preguntamos entonces, como última prueba de aquel encaste selectivo, de donde vino la elasticidad del tren posterior del fino colombiano, que no poseen en igual magnitud las otras dos razas, si no fue del caballo de andar por diagonales?.

Y para terminar nuestro amistosa reafirmación invitamos a quienes son propietarios o administradores de caballos colombianos a sentirse orgullosos de ellos con todo y sus ancestros. Lo contrario sería como si en materia de perros, habláramos de Pastores americanos para referirnos a Pastores alemanes, sin que se evidencie, para tener derecho al gentilicio, algún proceso genético y de medio ambiente que hubiera cambiado alguna característica de las sobresalientes del alemán, para avalar semejante conquista.

Quienes conocemos y hemos montado ejemplares de Paso Fino Colombiano, tenemos la seguridad de que por recombinación genética nuestro caballo tomó del diagonal la dosis ideal de genes que imprimió su excelente calidad actual, bien diferente en proporción a la obtenida por las otras dos razas.

A los organizadores de este brillante certamen, muchas gracias por habernos ofrecido este escenario para plantear esta importante y necesaria aclaración.

A los delegados y científicos participantes en él, nuestro saludo amable, lleno de colombianidad.

 

BIBLIOGRAFÍA Y ASESORÍAS

CABALLOS DE AMÉRICA. Ángel Cabrera. Zootecnista argentino de documentados conocimientos históricos sobre nuestros caballos. Profesor de Zoología de la facultad de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires y profesor de Paleontología del Instituto del Museo de La Plata.

EL CABALLO. J. Warren Evans, Antony Burton, Harold F. Hintz y L. Dale Van Bleck de las Universidades de California, Massachusetts y Cornell.

Doctor CARLOS CORTELEZZI, M.V.Z. Podólogo y Herrero de nacionalidad Argentina. Cali, Valle del cauca. Co-Director del trabajo de Grado "INCIDENCIA DE LA CONFORMACIÓN ÓSEA DE LOS CABALLOS COLOMBIANOS SOBRE LOS DIFERENTES AIRES O ANDARES" en la Universidad Nacional, sede Palmira, para obtener el Grado de Zootecnistas Adriana del Pilar Rivera Millán y Lucena Vásquez Gamboa.

EL CABALLO DE PASO Y SU EQUITACIÓN. Dr Luis de Ascásubi.

EL CABALLO PERUANO. Carlos Luna de La Fuente.

HISTORIA CRONOLÓGICA DEL CABALLO PUERTORRIQUEÑO. Dr José María Laracuente.

ASESORES COLOMBIANOS:

Dr Fernando Londoño Jaramillo. M.V. Universidad de Caldas

Los montadores veteranos: Hernando Patiño Carmona. Julio Suárez Martínez-julito-. Alirio Guzman Peñuela. Luis Eduardo Escobar Calad.

Documentación cedida por: Análisis del Paso Fino