| Formacion

Los
agujeros negros pueden formarse durante el transcurso de la evolución
estelar. Cuando el combustible nuclear se agota en el núcleo
de una estrella, la presión asociada con el calor que produce
ya no es suficiente para impedir la contracción del núcleo
debida a su propia gravedad. En esta fase de contracción
adquieren importancia dos nuevos tipos de presión. A densidades
mayores de un millón de veces la del agua, aparece una
presión debida a la alta densidad de electrones, que detiene
la contracción en una enana blanca. Esto sucede para núcleos
con masa inferior a 1,4 masas solares. Si la masa del núcleo
es mayor que esta cantidad, esa presión es incapaz de detener
la contracción, que continúa hasta alcanzar una
densidad de mil billones (1015) de veces la del agua. Entonces,
otro nuevo tipo de presión debida a la alta densidad de
neutrones detendría la contracción en una estrella
de neutrones. Sin embargo, si la masa del núcleo sobrepasa
las 1,7 masas solares, ninguno de estos dos tipos de presión
es suficiente para evitar que se hunda hacia un agujero negro.
Una vez que un cuerpo se ha contraído dentro de su radio
de Schwartschild, teóricamente se hundirá o colapsará
en una singularidad, esto es, en un objeto sin dimensiones, de
densidad infinita.
En
1994, el telescopio espacial Hubble proporcionó sólidas
pruebas de que existe un agujero negro en el centro de la galaxia
M87. La alta aceleración de gases en esta región
indica que debe haber un objeto o un grupo de objetos de 2,5 a
3.500 millones de masas solares.
El
físico inglés Stephen Hawking ha sugerido que muchos
agujeros negros pueden haberse formado al comienzo del Universo.
Si esto es así, muchos de estos agujeros negros podrían
estar demasiado lejos de otra materia para formar discos de acreción
detectables, e incluso podrían componer una fracción
significativa de la masa total del Universo. En reacción
al concepto de singularidad, Hawking ha sugerido que los agujeros
negros no se colapsan de esa forma, sino que forman “agujeros
de gusano” que comunican con otros universos diferentes
al nuestro.
Un
agujero negro de masa suficientemente pequeña puede capturar
un miembro de un par electrón-positrón cerca del
horizonte de sucesos, dejando escapar al otro. Esta partícula
sustrae energía del agujero negro, provocando la evaporación
de éste. Cualquier agujero negro formado en los comienzos
del Universo, con una masa menor de unos pocos miles de millones
de toneladas ya se habría evaporado, pero los de mayor
masa pueden permanecer.
En
enero de 1997, un equipo de astrofísicos estadounidenses
presentó nuevos datos sobre los agujeros negros. Sus investigaciones
se extendieron a nueve sistemas binarios de estrellas, emisores
de rayos X (binarias de rayos X). En cinco de los nueve casos,
cuando el material de la estrella de menor masa golpea la superficie
del otro objeto, éste emite una radiación brillante
en su superficie; se trata de una estrella de neutrones. En las
otras cuatro binarias, de las que se creía que contenían
agujeros negros, la radiación emitida por el segundo objeto
es mínima: la energía desaparecería a través
del horizonte de sucesos. Estos datos constituyen el conjunto
de pruebas más directo (aunque no definitivo) de la existencia
de agujeros negros. El mismo equipo de investigadores informó
también del descubrimiento de tres nuevos candidatos a
agujeros negros localizados en los centros de las galaxias NGC
3379 (también conocida como M105), NGC 3377 y NGC 4486B.
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