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Análisis de su obra
Biografía
Crítico Taurino
La herencial cultural de Gerardo Diego
La producción poética: valoración global
Relación de Obras
Selección de Poemas
Selección de Textos

 

Gerardo Diego
Gerardo Diego de Cendoya

Santander, 1896 - Madrid, 1987




Biografía de Gerardo Diego
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Su figura humana y su obra literaria son extraordinariamente versátiles: poeta, profesor, critico literario, articulista en la prensa diaria, musicólogo, pianista, pintor... y autor de cuarenta libros poéticos originales que le convierten en una de las figuras más destacadas de la poesía del siglo XX y en uno de los poetas más completos, ricos y novedosos del siglo.

Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Deusto y posteriormente en las de Salamanca y Madrid, donde se doctoró. En 1920 obtuvo la cátedra de Lengua y Literatura en el Instituto de Soria, y sucesivamente enseñó la misma asignatura en Institutos de Gijón, Santander y, a partir de 1966, en Madrid. 

Alterna sus tareas pedagógicas y literarias con un cultivo intenso de la música. 
 

Fue uno de los más activos organizadores del Homenaje a Góngora que celebró la generación en 1927, con motivo del centenario del gran poeta cordobés. Ese mismo año fundó y dirigió la revista Carmen. 
Participó, con Juan Larrea y Vicente Huidobro, en el movimiento creacionista.

En 1932 apareció su famosa antología Poesía española, obra de capital importancia en la historia de la poesía española anterior a la Guerra Civil, y en la que se recogen composiciones -y testimonios acerca del concepto de poesía- de los poetas de la Generación del 27, de la que Diego forma parte, y que se puede considerar algo así como un manifiesto del grupo.

Generación del 27

En 1925 recibió el Premio Nacional de Poesía por Versos humános, que compartió con Rafael Alberti y su Marinero en tierra. Aquí fue donde ambos poetas se conocieron y de este encuentro Alberti dijo lo suguiente: Un poeta de Cádiz y otro de Santander -dos polos opuestos- acaban de conocerse. Desde aquel día vi a Gerardo como ya lo vi siempre: tímido, nervioso, apasionado, raro y alegre a su manera, con algo de congregante mariano, de frailuco de pueblo".

En 1947 ingresó como Miembro en la Real Academia Española.
En 1961 obtuvo el premio de Literatura de la Fundación March.
Fue condecorado en 1967 con la gran cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio.
En 1979 compartió con Jose Luis Borges el Premio Miguel de Cervantes de Literatura.
En 1986 se le concedió la medalla de oro al Mérito en el Trabajo. 

Los últimos años de su vida los pasó en Madrid, preparando nuevas ediciones de sus obras (una compilación de sus poemas, Poemas mayores y la Antología en honor de Góngora), a la vez que escribía artículos y asistía puntualmente a las sesiones de la Real Academia.

Es una de las figuras más destacadas de la poesía española. Su obra, situada en la llamada generación del 27 y asentada en la tradición, se caracteriza por su proximidad al creacionismo y por la búsqueda de una poesía pura. 

Pionero de la vanguardia poética en nuestro país, se adhirió al movimiento ultraísta y propugnó, junto a Huidobro y Larrea, la corriente creacionista. Teórico de la libertad creadora, concebía la poesía como un arte abierto en el que es posible expresarse de distintas formas y con distintos lenguajes, compatibles con una intensa sensibilidad y una laboriosa capacidad creadora. Su gran sentido del ritmo, su afán de renovación y su idea de una estética nueva y libre dieron a su poesía una diversidad de recursos y un atrevimiento de sonidos que sorprenden la estética común y despiertan el interés del lector. 

Pero Gerardo Diego no se ancló en el vanguardismo y cultivó también la poesía clásica, dos modalidades entre las que estableció una continua permeabilidad y en las que trabajó con gran variedad de registros y temas.

Gerardo Diego entendía la poesía como la más generosa "ofrenda de un hombre a los demás hombres".

Relación de sus Obras
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El romancero de la novia Madrid, 1920
Imagen Madrid, 1922
Soria Valladolid, 1923
Edición aumentada en Santander en 1948
Manual de espumas Madrid, 1924
Versos humanos Madrid, 1925
Premio nacional de Literatura
Via Crucis  Santander, 1931
Segunda edición aumentada, Madrid, 1956
Fábula de Equis y Zeda México, 1932
Poemas adrede México, 1932
Primera edición completa, que incluye la Fábula de Equis y Zeda, Madrid, 1943
Antolología de la Poesía española Contemporánea 1932. Edición ampliada en 1934
Ángeles de Compostela Barcelona, 1940
Primera edición completa, Madrid, 1961
Alondra de verdad Madrid, 1941
Iniciales Madrid, 1944
Primera antología de sus versos Madrid, 1941
La sorpresa Madrid, 1944
Poemas adrede 1943
La luna en el desierto y otros poemas Santander, 1949
Hasta siempre Madrid, 1949
Limbo Las Palmas, 1951
Versos divinos 1952
Biografía incompleta Madrid, 1953
Variación Madrid, 1954
Otra edición en Santander, 1966
Amazona  Madrid, 1955
Premio Larragoyti
Paisaje con figuras Palma de Mallorca, 1956
Premio Nacional de Poesía
Égloga de Antonio Bienvenida Santander, 1956
Amor solo Madrid, 1958
Premio de la Ciudad de Barcelona
Evasión Caracas, 1958
Canciones a Violante  Madrid, 1959
Poesia española contemporánea 1959
Tántalo. Versiones poéticas Madrid, 1960
La rama Santander, 1961
Glosa a Villamediana Madrid, 1961
Mi Santander, mi cuna, mi palabra Santander, 1961
Sonetos a Violante Sevilla, 1962
Nocturnos de Chopin  Madrid, 1962
Edición de Las rimas de Tomé Burguillos 1962
La suerte o la muerte
Madrid, 1963
Poemas de toros 

La Generación del 27 supuso un momento cumbre en la cercanía de la Fiesta y la poesía. Dentro de ella , Gerardo Diego era el más aficionado: su libro La suerte o la muerte (1963) es una tauromaquia completa que reúne la historia de los principales diestros y el análisis de las suertes.

En esta edición, por primera vez, cada uno de los poemas va acompañado de un minucioso comentario, que lo aclara desde el punto de vista taurino y literario.
El cerezo y la palmera  1964
Obra teatral premiada con el Calderón de la Barca para noveles
El jándalo Madrid, 1964
Poesía amorosa 1965
Odas morales Málaga, 1966
El Cordobés dilucidado y Vuelta del peregrino Madrid, 1966
Variación 2  Santander, 1966
Preludio, aria y coda a Gabriel Fauré Madrid, 1967
La fundación del querer Santander, 1970
Versos escogidos  Madrid, 1970
Prólogo del autor
Versos divinos Madrid, 1971
Cementerio civil Barcelona, 1972
Carmen jubilar Salamanca, 1975
Palma de mano abierta 1973
Antología de su obra
Poesía de creación Barcelona, 1974
Reune libros completos
Manuel Machado, poeta 1974
Soria Sucedida Barcelona, 1977
Reune dos libros: Soria (1922-1946) y Soria Sucedida 1921-1976
Poemas mayores 1980
Antología en honor de Góngora 1980
Cometa errante Barcelona, 1985
Análisis de su obra
Información extraida de la Web : Comunidad Escolar Digital
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La versatilidad de Diego le ha permitido simultanear la poesía de vanguardia -Diego es el máximo representante español del Creacionismo- y la poesía clásica o tradicional; y en ambas direcciones poéticas se advierte una cualidad constante: el dominio absoluto de la forma, cualquiera que sea el tipo de verso elegido.
Diego se inicia en el mundo de la poesía con tres libros -escritos en 1918- de gran sencillez y grata musicalidad: Iniciales, El Romancero de la novia y Nocturnos de Chopin -libro este último que revela la capacidad del poeta para relacionar música y poesía-.
El espíritu vanguardista del poeta está presente en varios libros: Evasión -escrito entre 1918 y 1919, y considerado ultraísta-; Imagen (1922) y Manual de espumas (1924) -adscritos al Creacionismo; libros de poesía originalísima, al margen de toda lógica y de cualquier referencia a la realidad inmediata. A este tipo de poesía alude el poeta cuando afirma: "Creer lo que no vimos dicen que es la Fe; crear lo que nunca veremos, esto es la Poesía."; Fábula de Equis y Zeda -obra escrita entre 1926 y 1929, en pleno fervor gongorino; sucesión de imágenes disparatadas, en sextetos de gran musicalidad-; y Poemas adrede -en donde se hace patente la influencia del surrealismo; intento de aunar la expresión tradicional con la vanguardista-; surrealismo que alcanza también a algunos de los poemas de Ángeles de Compostela (1940).
Los mejores libros, dentro de la vertiente tradicional, son, sin duda, Versos humanos (1925) y Alondra de verdad (1941); obras que incluyen sonetos de insuperable perfección técnica, como los titulados El ciprés de Silos, Giralda, Insomnio, Revelación...
En sus libros posteriores sigue manifestándose la aguda sensibilidad para la belleza y el sentido musical que ha presidido siempre el quehacer poético de Gerardo Diego. Dentro de los libros de "paisajes" destacan -además de Alondra de Verdad y Ángeles de Compostela- Soria (1923), Paisaje con figuras (1956), Mi Santander, mi cuna, mi palabra (1961) y Vuelta del peregrino (1966).
La lírica amorosa de Diego se concentra en libros como Amazona (1956), Amor solo (1958), Canciones a Violante (1959) y Sonetos a Violante (1962). La lírica religiosa está recogida en Versos divinos (1971) -obra que incluye el libro juvenil Viacrucis (1931), donde hallamos décimas algo frías y demasiado elaboradas, pero llenas de esencias populares-.
La afición de Diego por la música origina una de sus grandes composiciones: Preludio, aria y coda a Gabriel Fauré (1967), en la que Diego ha sido capaz de transmitir con sus versos la fuerza expresiva de la música. Y de su pasión por los toros dan testimonio los libros La suerte o la muerte (1963) y El cordobés dilucidado (1966).
La producción poética: valoración global
Información extraida de la Web : Comunidad Escolar Digital
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La extensa obra poética de Gerardo Diego ha oscilado siempre entre los temas y expresiones de raíz vanguardista y las estructuras más clásicas de nuestra poesía, que renueva con aportaciones insospechadas. A este respecto son reveladoras las palabras del propio poeta, al frente de la Primera antología de sus versos, publicada por Espasa-Calpe en 1941: "Yo no soy responsable de que me atraigan simultáneamente el campo y la ciudad, la tradición y el futuro; de que me encante el arte nuevo y me extasíe el antiguo; de que me vuelva loco la retórica hecha, y me torne más loco el capricho de volver a hacérmela -nueva- para mi uso particular e intransferible."
Y lo cierto es que, analizada la trayectoria poética de Gerardo Diego en su conjunto, no deja de sorprender una intención innovadora en todos sus libros, un cierto sentido vanguardista que alcanza incluso a sus obras de temas y formas más tradicionales. Una singular destreza verbal -que se manifiesta en el impecable dominio de la metáfora-, un hondo conocimiento de los recursos técnicos del verso -y en particular, de la estructura formal del soneto, con que se revisten los más audaces temas de la poesía moderna-, y un exquisito sentido musical -producto, sin duda, de la afición a la música- se revelan como una constante en la obra del poeta.
"La mejor definición de la poesía -ha escrito Diego- es la palabra incorruptible. Si la poesía verdaderamente lo es, ha de serlo invariable y de una vez para siempre, gracias al ritmo en el que encuentra a un tiempo <...> su desnudez y su vestidura".
Y, al igual que otros miembros de la Generación del 27, Diego piensa que la poesía es inherente al poema, es decir, a la organización lingüística: La Poesía -aclara Diego- es el sí y el no: el sí en ella y el no en nosotros. El que prescinda de ella -el del qué sé yo- vive entregado a todo linaje de sustitutivos y supercherías, al demonio de la Literatura, que es sólo el rebelde y sucio ángel caído de la Poesía."
Y, en efecto, la poesía de Gerardo Diego es de una belleza incomparable; pero no se sumerge en las más hondas realidades de la vida. Y, en su conjunto, debe ser considerada como una extraordinaria obra de arte -a la que no le falta emoción y densidad expresiva- en la que el mundo, transfigurado por la magia de un renovado lenguaje poético, queda reducido a sus más puros valores estéticos.
Selección de Poemas
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Ahogo Insomnio Alondra de verdad
Canción al Niño Jesús Jinojepa del Cervantes
Columpio Lámpara Imágenes
Cronos Limbo Madrigal Imágenes
Cuadro Poemas de Toros
El ciprés de Silos Versos humámos (1925) Revelación
Estética Imágenes Torerillo de Triana
Giralda Tren Imágenes
Guitarra Ultraísmo poético Evasión, 1918-1919

 
Selección de Textos
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La imágen creacionista Imagen múltipe, 1919-1921

 
Gerardo Diego, crítico taurino
Una crónica olvidada. El debut madrileño de Manolo Vázquez
por Andrés Amorós
Información extraida de la Web : Club Taurino de Pamplona
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Como es bien sabido, en ningún momento de nuestra historia han estado tan próximos la tauromaquia y el mundo de la cultura como en la generación del 27: García Lorca, Alberti, Bergamín, Villalón, Ignacio Sánchez Mejías...

Dentro de los poetas del 27 Gerardo Diego es, sin duda, el más aficionado, el mejor conocedor de la técnica y la historia de la tauromaquia, el único que le dedica un libro completo y ordenado: La suerte o la muerte. Su afición se remonta a los catorce años, y searraiga más con el descubrimiento del mundo andaluz, a partir de un viaje que realiza en abril de 1925. Gerardo Diego es un aficionado clásico. Pide un toro encastado y un lidiador valiente y artista. No le agradan, lógicamente, los rumbos que toma la última tauromaquia, con un toro disminuido que permite un toreo "flamenquizado".

Su gran amigo fue Ignacio Sánchez Mejías, aquel personaje extraordinario del mundo cultural y del taurino. Sus preferencias estéticas, sin embargo, van por otra línea: Aunque aprecia y sabe valorar la técnica,  coloca por encima de ella a la estética. Por eso, en la cumbre coloca a Juan Belmonte y Rafael El Gallo. Después, la línea de Bombita, Fuentes o El Niño de la Palma.

Además del libro básico ya mencionado, reincide en el tema taurino con la chocante travesura de El cordobés dilucidado (1966), y en algunos poemas del Carmen jubilar (1975). Todos ellos se encuentran hoy reunidos en el volumen Poesías y prosas taurinas, y naturalmente, en las Obras completas.

Para Francisco Javier Díez de Revenga, máximo especialista en su poesía, "fue uno de los pocos poetas españoles capaz de articular un libro monográfico sobre la fiesta, La suerte o la muerte, obra maestra tanto por su intenso contenido poético como por sus virtudes formales y estructurales, ya que todo el libro está concebido como un gran poema del toreo". Así es. A mi modo de ver, una de las mejores definiciones de la fiesta. En mi reciente edición, publicada por Biblioteca Breve en 1999, he comentado pormenorizadamente cada uno de los poemas, desde el doble punto de vista taurino y literario. Sólo el lector que reúna ambos sabéres, ambas pasiones, podrá apreciar justamente la singularidad de este libro sin par.

Alternan en él dos series. Por un lado, las viñetas (métricamente, décimas) evocan los momentos y las suertes de una corrida completa. Por otra parte, los poemas más extensos suponen una especie de resumen de la historia del toreo que Gerardo Diego ha vivido como aficionado. Pero, con ser tan importante, no acaba ahí la escritura taurina de Gerardo Diego. A lo largo de su vida, en ocasiones diversas, publicó numerosos artículos de tema taurino, que ahora pueden leerse en la reciente edición de Obras completas.

En este artículo quiero dar noticia y ofrecer una muestra de un sector mucho menos conocido. Ocasionalmente, Gerardo Diego ejerció también la crítica taurina, reseñando corridas concretas. Mi dedicación al tema, con motivo de preparar la edición de La suerte o la muerte, y la generosa amistad del profesor Díez de Revenga me permiten ofrecer aquí esta absoluta primicia. Se publicaron estas críticas, hoy totalmente olvidadas, en la revista Correo literario. Conozco yo cuatro: la primera de 1947, firmada con el seudónimo, tan taurino y tan flamenco, de Compás. Las otras tres son del año 1950. Como tributo de amistad a Ignacio Usechi y a los buenos amigos del Club Taurino de Pamplona ofrezco aquí esta primicia, el texto íntegro de esta crónica de Gerardo Diego.

Recordemos unos datos mínimos. El 4 de junio de 1950 se presentó en Madrid el novillero Manolo Vázquez, alternando con Juan de la Palma y Antonio Ordóñez, con novillos de Graciliano. Cortó una oreja y causó una inmejorable impresión. Una semana después, el día once, la refrendó plenamente al abrir la puerta grande, después de cortar las orejas a dos novillos de Antonio Pérez. Recuerdo bien la sensación que causó entonces Manolo Vázquez, con su cara de niño sevillano serio pero fiel ya a un concepto de la tauromaquia que mantendría toda la vida, un clasicismo de gran hondura y exposición. El artículo que dedicó al acontecimiento Gerardo Diego se titula "De Barcelona a Madrid o de Manolo a Manolo", y dice así:

"Deberes profesionales me situaron en Barcelona a fines de mayo y Pascua de Pentecostés, y me permitieron en breves días contrastar estilos, ambientes y público de las dos plazas monumentales. Porque llegué a tiempo de asistir al memorable estreno de Manolo Vázquez en la novillada graciliana. No menos memorable, al menos para mi memoria, resultó la corrida de Barcelona, que aseguran los buenos aficionados de la Ciudad Condal que ha sido la mejor de varios años. En ella triunfaron rotundamente José María Martorell y Manolo González, y así he venido a pasar de Manolo a Manolo. Pero vayamos por partes.

La plaza de Barcelona es más alegre e íntima, a pesar de su aforo, que la de Madrid. El ruedo es menor, las graderías suben más aproximadamente a la verticalidad, el color es más morado y pastoso y la ingenuidad del público, más claras y fáciles. A esto se agrega una afición a la música que no desmiente la buena tradición catalana. Los músicos tocan sin cesar, a poco motivo y petición del soberano pueblo y todo resulta, por lo tanto, más acogedor y optimista (...).

Lo que le falta a Martorell le sobra a Manolo González. No voy a descubrirlo a estas alturas. Pero me interesa subrayar que en temporada como la presente, que ha defraudado a algunos de sus partidarios por sus recientes corridas de Madrid, yo le he visto mejor que nunca. Su corrida de Barcelona con toros de peso y respetable cuerna ha sido brillantísima. Sus lances maravillosos, su estocada en el toro de su mayor triunfo, digna del mejor espada. Y sus dos faenas, sobre todo la segunda, de una inspiración improvisadora, e una autenticidad en los pases fundamentales y de un dominio, garbo y fantasía arrebatadores. A mí me recordó al Gallo de los años de oro, que es como decir a la gallina de los huevos de oro, también capaz de torear clásico, de amarrar a un toro con exquisita suavidad y de salirse por peteneras poéticas cuando menos se lo podía uno imaginar. Y por añadidura, de irse detrás de la espada con arrojo para llegar con la mano al morrillo.

Mientras existan toreros de la raza de Manolo González no hay peligro para la fiesta. El gran torero con olor a torero, el torero artista es así y por eso se le perdonan sus desigualdades, con tal de que no sean tan desniveladas que resulte un premio gordo de la lotería el verle de verdad.

¿Pertenece a esta raza de toreros Manolo Vázquez, último hoy por hoy en la manolería de los Bienvenida padre e hijo, Chicuelo (Manolete fue aparte, a pesar del nombre de pila) y González? ¿Pertenece a su rama fraterna de los Vázquez de San Bernardo? Claro está que biológicamente sí, pero no se trata de eso. Estamos hartos de ver hermanos que en nada o en muy poco se parecen como toreros. Pues bien, sí. Pertenece al mismo árbol ideal y a la misma rama real. Pero algo más, a juzgar por lo que le vimos en su presentación. Porque a la casta de artista añade el genio, la responsabilidad y la ambición de hombría y de mando. Si esto cuaja puede ser no sólo un serio contrincante opositor a la gloria creciente de Aparicio y Litri para la monarquía o diarquía inmediata, sino una primera figura del toreo con caracteres tan raros de ver reunidos que creo que todavía no se han dado en nuestro siglo, si no es, hasta cierto punto, con Joselito. Lo de hasta cierto punto se refiere a la calidad de José como artista.

Estimo que Pepe Luis Vázquez es un torero inmejorable como artista. Lo que le falta es ambición y heroísmo cotidiano, sin lo cual no puede mantenerse un protagonista del toreo. ¿Le fallarán también a su hermanito? Pronto lo veremos, y hagamos votos porque no sea así, y porque esto se ponga al rojo vivo para dentro de unos meses nada más.

Porque lo que hizo el domingo cuatro de junio con dos novillos de Graciliano, el primero un verdadero toro, que llegó entero y con todo su genio al último tercio, fue de primerísimo cartel. Su concepto del toreo es el mismo de su hermano, el bueno, el eterno. Su gracia y claridad de intérprete, evidentes. Su estilo, casi tan puro, y digo casi, porque el de Pepe Luis es la misma pureza. Aventaja a su hermano en unos pocos centímetros de estatura, detalle importantísimo para alzarse con futuras monarquías absolutas o compartidas. Por el momento tampoco sabe matar, pero sí tiene valor para ir aprendiendo. Cuanto le agradeceríamos que banderilleara. Sin el segundo tercio, siempre resulta triste una primera figura del toreo. A algunas se le impidió su físico. A otras, su comodidad o falta de imaginación. Pero Manolo Vázquez parece que no viene a tumbarse en el surco. Esperemos, que todavía es muy pronto para que hoy no podamos decir, calderonianamente, más que "soñemos alma, soñemos".

Así concluye la crítica de Gerardo Diego. Además de los detalles literarios, se advierte en ella la sabiduría, el conocimiento técnico propio del buen aficionado. Desde muy pronto supo ver la calidad del toreo de Manolo Vázquez. Siete días después, simplemente, su sueño se hizo realidad. Y para gozo nuestro, ha sido una feliz realidad durante muchos años.


 

La herencial cultural de Gerardo Diego
Artículo aparecido en El Mundo Miércoles, 27 de octubre de 1999
Información extraida de la Web : El Mundo
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PATRIMONIO CULTURAL
Madrid deja escapar a Cantabria el legado de Gerardo Diego
ISABEL LONGHI-BRACAGLIA
Corresponsal

POZUELO.- Manuscritos, libros, cartas, todo aquello que marcó la vida de Gerardo Diego sobre papel ha regresado a la tierra que vio nacer al poeta de la Generación del 27. No era su deseo. Ha podido permanecer en el pueblo que lo vio morir, donde fue enterrado en 1987 y donde aún reside su hija Elena, en Pozuelo, pero su Ayuntamiento ha dejado escapar el legado de incalculable valor a Cantabria.

La razón por la que Madrid ha perdido la oportunidad de conservar el archivo personal del que fuera el representante español del creacionismo es económica. «Requería un espacio específico para mantener, catalogar y exponer el material, muchos recursos de los que el Ayuntamiento carece», alegaron ayer a El MUNDO fuentes municipales.

Esa ha sido la respuesta obtenida por la hija de quien fue Premio Nacional de Literatura de 1925 y Premio Cervantes de 1980, cuando ofreció al alcalde, José Martín Crespo (PP), la herencia literaria reunida por su padre a lo largo de toda su vida. Al parecer, a Pozuelo le basta con tener una calle, un premio literario y un instituto con el nombre delpoeta.

Las voces de protesta no se han hecho esperar. La portavoz socialista, Esther Alonso, ha puesto el grito en el cielo. «Es una pérdida injustificable porque, primero, este Ayuntamiento tiene dinero y, segundo, porque aunque no lo tuviera, el alcalde y diputado regional del PP tendría que haber pedido ayuda a la Comunidad», criticó.

«Esto no es sólo una pérdida para Pozuelo, es una pérdida cultural lamentable para todos los madrileños que se podría haber evitado buscando incluso el patrocinio de privados. Si se hubiera hecho algo, el legado de Gerardo Diego podría haber servido para crear un centro de estudios y debates sobre la Generación del 27», agregó la concejala socialista Esther Alonso.

La indignación no llega sólo desde las filas de los partidos políticos, también de los cenáculos literarios.

El escritor Luis Antonio de Villena, quien compartió con el imaginativo poeta momentos de tertulia en el Café Gijón, calificó ayer la decisión municipal como «una paletada, un acto profundamente inculto y muy torpe, porque es quitarle categoría cultural a la Comunidad de Madrid, cuya riqueza se encuentra precisamente en la acumulación de mucha gente que no siendo de Madrid eligió vivir en Madrid».

Homenaje

Luis Antonio de Villena tuvo la suerte de conocerlo de cerca. Participó incluso en un homenaje que rindió un grupo de entonces muy jóvenes admiradores de Gerardo Diego, entre los que se encontraba, a su poesía creacionista en la Puerta del Sol.

«Gerardo Diego pasó la mitad de su vida en Madrid, es un nombre importantísimo para la poesía española de este siglo y por su trayectoria literaria y docente debía de tener una muy buena biblioteca y un mejor archivo. Tuvo contacto con poetas de medio mundo, desde surrealista franceses a vanguardistas suramericanos, como Huidobro o Borges. Su acervo es de un valor incalculable, que como ha sucedido con otros escritores, pierde Madrid por una cuestión de dinero», criticó.

Centro de estudios

En opinión del escritor, el Ayuntamiento de Pozuelo podría haber aceptado el ofrecimiento de Elena Diego y, con el tiempo, haber emprendido la construcción de una biblioteca o un centro de estudios sobre la obra del autor de la Generación del 27.

«No es necesario invertir todo el dinero de golpe, se puede ir haciendo poco a poco con tal de impedir a toda costa su pérdida. Es estúpido tener la posibilidad de conservar para los madrileños y para el enriquecimiento cultural de todos un legado tan valioso como éste y dejarlo ir», lamentó.

Ya no cabe mucho más que eso, lamentar que en Pozuelo tan sólo quede el recuerdo del poeta, profesor, amante del piano y miembro de la Real Academia Española de la Lengua. Su sepultura es la única huella terrenal que una decisión política ha dejado en Madrid.


 

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Bibliografía
Enciclopedia del s.XXI Editorial El Mundo, 1992
POETAS DEL 27 - La Generación y su entorno - Antología Comentada. Selección y comentario Jose Luis 

      Bernal - Colección Austral
Direcciónes Web sobre el Personaje
Bol.com
Comunidad Escolar Digital
I.E.S. Alberto Pico de Santander
Luis Salas, Poesía española
Página personal de Gabriel Rodríguez
Universidad de Chile

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Biografía iniciada:
12.Junio.2000
Ultima Actualización
22.Febrero.2001
 
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