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Indice de ésta página Análisis
de su obra
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![]() Gerardo Diego de Cendoya Santander, 1896 - Madrid, 1987 |
| Biografía de Gerardo Diego |
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| Relación de sus Obras |
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| El romancero de la novia | Madrid, 1920 |
| Imagen | Madrid, 1922 |
| Soria | Valladolid, 1923 Edición aumentada en Santander en 1948 |
| Manual de espumas | Madrid, 1924 |
| Versos humanos | Madrid, 1925 Premio nacional de Literatura |
| Via Crucis | Santander, 1931 Segunda edición aumentada, Madrid, 1956 |
| Fábula de Equis y Zeda | México, 1932 |
| Poemas adrede | México, 1932 Primera edición completa, que incluye la Fábula de Equis y Zeda, Madrid, 1943 |
| Antolología de la Poesía española Contemporánea | 1932. Edición ampliada en 1934 |
| Ángeles de Compostela | Barcelona, 1940 Primera edición completa, Madrid, 1961 |
| Alondra de verdad | Madrid, 1941 |
| Iniciales | Madrid, 1944 |
| Primera antología de sus versos | Madrid, 1941 |
| La sorpresa | Madrid, 1944 |
| Poemas adrede | 1943 |
| La luna en el desierto y otros poemas | Santander, 1949 |
| Hasta siempre | Madrid, 1949 |
| Limbo | Las Palmas, 1951 |
| Versos divinos | 1952 |
| Biografía incompleta | Madrid, 1953 |
| Variación | Madrid, 1954 Otra edición en Santander, 1966 |
| Amazona | Madrid, 1955 Premio Larragoyti |
| Paisaje con figuras | Palma de Mallorca, 1956 Premio Nacional de Poesía |
| Égloga de Antonio Bienvenida | Santander, 1956 |
| Amor solo | Madrid, 1958 Premio de la Ciudad de Barcelona |
| Evasión | Caracas, 1958 |
| Canciones a Violante | Madrid, 1959 |
| Poesia española contemporánea | 1959 |
| Tántalo. Versiones poéticas | Madrid, 1960 |
| La rama | Santander, 1961 |
| Glosa a Villamediana | Madrid, 1961 |
| Mi Santander, mi cuna, mi palabra | Santander, 1961 |
| Sonetos a Violante | Sevilla, 1962 |
| Nocturnos de Chopin | Madrid, 1962 |
| Edición de Las rimas de Tomé Burguillos | 1962 |
La suerte o la muerte ![]() |
Madrid, 1963 Poemas de toros La Generación del 27 supuso un momento cumbre en la cercanía de la Fiesta y la poesía. Dentro de ella , Gerardo Diego era el más aficionado: su libro La suerte o la muerte (1963) es una tauromaquia completa que reúne la historia de los principales diestros y el análisis de las suertes. En esta edición, por primera vez, cada uno de los poemas va acompañado de un minucioso comentario, que lo aclara desde el punto de vista taurino y literario. |
| El cerezo y la palmera | 1964 Obra teatral premiada con el Calderón de la Barca para noveles |
| El jándalo | Madrid, 1964 |
| Poesía amorosa | 1965 |
| Odas morales | Málaga, 1966 |
| El Cordobés dilucidado y Vuelta del peregrino | Madrid, 1966 |
| Variación 2 | Santander, 1966 |
| Preludio, aria y coda a Gabriel Fauré | Madrid, 1967 |
| La fundación del querer | Santander, 1970 |
| Versos escogidos | Madrid, 1970 Prólogo del autor |
| Versos divinos | Madrid, 1971 |
| Cementerio civil | Barcelona, 1972 |
| Carmen jubilar | Salamanca, 1975 |
| Palma de mano abierta | 1973 Antología de su obra |
| Poesía de creación | Barcelona, 1974 Reune libros completos |
| Manuel Machado, poeta | 1974 |
| Soria Sucedida | Barcelona, 1977 Reune dos libros: Soria (1922-1946) y Soria Sucedida 1921-1976 |
| Poemas mayores | 1980 |
| Antología en honor de Góngora | 1980 |
| Cometa errante | Barcelona, 1985 |
| Análisis
de su obra Información extraida de la Web : Comunidad Escolar Digital |
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| La versatilidad de Diego le
ha permitido simultanear la poesía de vanguardia -Diego es
el máximo representante español del Creacionismo- y
la poesía clásica o tradicional; y en ambas direcciones
poéticas se advierte una cualidad constante: el dominio absoluto
de la forma, cualquiera que sea el tipo de verso elegido.
Diego se inicia en el mundo de la poesía con tres libros -escritos en 1918- de gran sencillez y grata musicalidad: Iniciales, El Romancero de la novia y Nocturnos de Chopin -libro este último que revela la capacidad del poeta para relacionar música y poesía-. El espíritu vanguardista del poeta está presente en varios libros: Evasión -escrito entre 1918 y 1919, y considerado ultraísta-; Imagen (1922) y Manual de espumas (1924) -adscritos al Creacionismo; libros de poesía originalísima, al margen de toda lógica y de cualquier referencia a la realidad inmediata. A este tipo de poesía alude el poeta cuando afirma: "Creer lo que no vimos dicen que es la Fe; crear lo que nunca veremos, esto es la Poesía."; Fábula de Equis y Zeda -obra escrita entre 1926 y 1929, en pleno fervor gongorino; sucesión de imágenes disparatadas, en sextetos de gran musicalidad-; y Poemas adrede -en donde se hace patente la influencia del surrealismo; intento de aunar la expresión tradicional con la vanguardista-; surrealismo que alcanza también a algunos de los poemas de Ángeles de Compostela (1940). Los mejores libros, dentro de la vertiente tradicional, son, sin duda, Versos humanos (1925) y Alondra de verdad (1941); obras que incluyen sonetos de insuperable perfección técnica, como los titulados El ciprés de Silos, Giralda, Insomnio, Revelación... En sus libros posteriores sigue manifestándose la aguda sensibilidad para la belleza y el sentido musical que ha presidido siempre el quehacer poético de Gerardo Diego. Dentro de los libros de "paisajes" destacan -además de Alondra de Verdad y Ángeles de Compostela- Soria (1923), Paisaje con figuras (1956), Mi Santander, mi cuna, mi palabra (1961) y Vuelta del peregrino (1966). La lírica amorosa de Diego se concentra en libros como Amazona (1956), Amor solo (1958), Canciones a Violante (1959) y Sonetos a Violante (1962). La lírica religiosa está recogida en Versos divinos (1971) -obra que incluye el libro juvenil Viacrucis (1931), donde hallamos décimas algo frías y demasiado elaboradas, pero llenas de esencias populares-. La afición de Diego por la música origina una de sus grandes composiciones: Preludio, aria y coda a Gabriel Fauré (1967), en la que Diego ha sido capaz de transmitir con sus versos la fuerza expresiva de la música. Y de su pasión por los toros dan testimonio los libros La suerte o la muerte (1963) y El cordobés dilucidado (1966). |
| La producción poética:
valoración global Información extraida de la Web : Comunidad Escolar Digital |
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| La extensa obra poética
de Gerardo Diego ha oscilado siempre entre los temas y expresiones
de raíz vanguardista y las estructuras más clásicas
de nuestra poesía, que renueva con aportaciones insospechadas.
A este respecto son reveladoras las palabras del propio poeta, al
frente de la Primera antología de sus versos, publicada por
Espasa-Calpe en 1941: "Yo no soy responsable de que me atraigan simultáneamente
el campo y la ciudad, la tradición y el futuro; de que me encante
el arte nuevo y me extasíe el antiguo; de que me vuelva loco
la retórica hecha, y me torne más loco el capricho de
volver a hacérmela -nueva- para mi uso particular e intransferible."
Y lo cierto es que, analizada la trayectoria poética de Gerardo Diego en su conjunto, no deja de sorprender una intención innovadora en todos sus libros, un cierto sentido vanguardista que alcanza incluso a sus obras de temas y formas más tradicionales. Una singular destreza verbal -que se manifiesta en el impecable dominio de la metáfora-, un hondo conocimiento de los recursos técnicos del verso -y en particular, de la estructura formal del soneto, con que se revisten los más audaces temas de la poesía moderna-, y un exquisito sentido musical -producto, sin duda, de la afición a la música- se revelan como una constante en la obra del poeta. "La mejor definición de la poesía -ha escrito Diego- es la palabra incorruptible. Si la poesía verdaderamente lo es, ha de serlo invariable y de una vez para siempre, gracias al ritmo en el que encuentra a un tiempo <...> su desnudez y su vestidura". Y, al igual que otros miembros de la Generación del 27, Diego piensa que la poesía es inherente al poema, es decir, a la organización lingüística: La Poesía -aclara Diego- es el sí y el no: el sí en ella y el no en nosotros. El que prescinda de ella -el del qué sé yo- vive entregado a todo linaje de sustitutivos y supercherías, al demonio de la Literatura, que es sólo el rebelde y sucio ángel caído de la Poesía." Y, en efecto, la poesía de Gerardo Diego es de una belleza incomparable; pero no se sumerge en las más hondas realidades de la vida. Y, en su conjunto, debe ser considerada como una extraordinaria obra de arte -a la que no le falta emoción y densidad expresiva- en la que el mundo, transfigurado por la magia de un renovado lenguaje poético, queda reducido a sus más puros valores estéticos. |
| Selección de Poemas |
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| Ahogo | Insomnio | Alondra de verdad | |
| Canción al Niño Jesús | Jinojepa del Cervantes | ||
| Columpio | Lámpara | Imágenes | |
| Cronos | Limbo | Madrigal | Imágenes |
| Cuadro | Poemas de Toros | ||
| El ciprés de Silos | Versos humámos (1925) | Revelación | |
| Estética | Imágenes | Torerillo de Triana | |
| Giralda | Tren | Imágenes | |
| Guitarra | Ultraísmo poético | Evasión, 1918-1919 | |
| Selección de Textos |
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| La imágen creacionista | Imagen múltipe, 1919-1921 |
| Gerardo Diego, crítico taurino
Una crónica olvidada. El debut madrileño de Manolo Vázquez por Andrés Amorós Información extraida de la Web : Club Taurino de Pamplona |
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| Como es bien sabido, en ningún momento de nuestra
historia han estado tan próximos la tauromaquia y el mundo
de la cultura como en la generación del 27: García Lorca,
Alberti, Bergamín, Villalón, Ignacio Sánchez
Mejías...
Dentro de los poetas del 27 Gerardo Diego es, sin duda, el más aficionado, el mejor conocedor de la técnica y la historia de la tauromaquia, el único que le dedica un libro completo y ordenado: La suerte o la muerte. Su afición se remonta a los catorce años, y searraiga más con el descubrimiento del mundo andaluz, a partir de un viaje que realiza en abril de 1925. Gerardo Diego es un aficionado clásico. Pide un toro encastado y un lidiador valiente y artista. No le agradan, lógicamente, los rumbos que toma la última tauromaquia, con un toro disminuido que permite un toreo "flamenquizado". Su gran amigo fue Ignacio Sánchez Mejías, aquel personaje extraordinario del mundo cultural y del taurino. Sus preferencias estéticas, sin embargo, van por otra línea: Aunque aprecia y sabe valorar la técnica, coloca por encima de ella a la estética. Por eso, en la cumbre coloca a Juan Belmonte y Rafael El Gallo. Después, la línea de Bombita, Fuentes o El Niño de la Palma. Además del libro básico ya mencionado, reincide en el tema taurino con la chocante travesura de El cordobés dilucidado (1966), y en algunos poemas del Carmen jubilar (1975). Todos ellos se encuentran hoy reunidos en el volumen Poesías y prosas taurinas, y naturalmente, en las Obras completas. Para Francisco Javier Díez de Revenga, máximo especialista en su poesía, "fue uno de los pocos poetas españoles capaz de articular un libro monográfico sobre la fiesta, La suerte o la muerte, obra maestra tanto por su intenso contenido poético como por sus virtudes formales y estructurales, ya que todo el libro está concebido como un gran poema del toreo". Así es. A mi modo de ver, una de las mejores definiciones de la fiesta. En mi reciente edición, publicada por Biblioteca Breve en 1999, he comentado pormenorizadamente cada uno de los poemas, desde el doble punto de vista taurino y literario. Sólo el lector que reúna ambos sabéres, ambas pasiones, podrá apreciar justamente la singularidad de este libro sin par. Alternan en él dos series. Por un lado, las viñetas (métricamente, décimas) evocan los momentos y las suertes de una corrida completa. Por otra parte, los poemas más extensos suponen una especie de resumen de la historia del toreo que Gerardo Diego ha vivido como aficionado. Pero, con ser tan importante, no acaba ahí la escritura taurina de Gerardo Diego. A lo largo de su vida, en ocasiones diversas, publicó numerosos artículos de tema taurino, que ahora pueden leerse en la reciente edición de Obras completas. En este artículo quiero dar noticia y ofrecer una muestra de un sector mucho menos conocido. Ocasionalmente, Gerardo Diego ejerció también la crítica taurina, reseñando corridas concretas. Mi dedicación al tema, con motivo de preparar la edición de La suerte o la muerte, y la generosa amistad del profesor Díez de Revenga me permiten ofrecer aquí esta absoluta primicia. Se publicaron estas críticas, hoy totalmente olvidadas, en la revista Correo literario. Conozco yo cuatro: la primera de 1947, firmada con el seudónimo, tan taurino y tan flamenco, de Compás. Las otras tres son del año 1950. Como tributo de amistad a Ignacio Usechi y a los buenos amigos del Club Taurino de Pamplona ofrezco aquí esta primicia, el texto íntegro de esta crónica de Gerardo Diego. Recordemos unos datos mínimos. El 4 de junio de 1950 se presentó en Madrid el novillero Manolo Vázquez, alternando con Juan de la Palma y Antonio Ordóñez, con novillos de Graciliano. Cortó una oreja y causó una inmejorable impresión. Una semana después, el día once, la refrendó plenamente al abrir la puerta grande, después de cortar las orejas a dos novillos de Antonio Pérez. Recuerdo bien la sensación que causó entonces Manolo Vázquez, con su cara de niño sevillano serio pero fiel ya a un concepto de la tauromaquia que mantendría toda la vida, un clasicismo de gran hondura y exposición. El artículo que dedicó al acontecimiento Gerardo Diego se titula "De Barcelona a Madrid o de Manolo a Manolo", y dice así: "Deberes profesionales me situaron en Barcelona a fines de mayo y Pascua de Pentecostés, y me permitieron en breves días contrastar estilos, ambientes y público de las dos plazas monumentales. Porque llegué a tiempo de asistir al memorable estreno de Manolo Vázquez en la novillada graciliana. No menos memorable, al menos para mi memoria, resultó la corrida de Barcelona, que aseguran los buenos aficionados de la Ciudad Condal que ha sido la mejor de varios años. En ella triunfaron rotundamente José María Martorell y Manolo González, y así he venido a pasar de Manolo a Manolo. Pero vayamos por partes. La plaza de Barcelona es más alegre e íntima, a pesar de su aforo, que la de Madrid. El ruedo es menor, las graderías suben más aproximadamente a la verticalidad, el color es más morado y pastoso y la ingenuidad del público, más claras y fáciles. A esto se agrega una afición a la música que no desmiente la buena tradición catalana. Los músicos tocan sin cesar, a poco motivo y petición del soberano pueblo y todo resulta, por lo tanto, más acogedor y optimista (...). Lo que le falta a Martorell le sobra a Manolo González. No voy a descubrirlo a estas alturas. Pero me interesa subrayar que en temporada como la presente, que ha defraudado a algunos de sus partidarios por sus recientes corridas de Madrid, yo le he visto mejor que nunca. Su corrida de Barcelona con toros de peso y respetable cuerna ha sido brillantísima. Sus lances maravillosos, su estocada en el toro de su mayor triunfo, digna del mejor espada. Y sus dos faenas, sobre todo la segunda, de una inspiración improvisadora, e una autenticidad en los pases fundamentales y de un dominio, garbo y fantasía arrebatadores. A mí me recordó al Gallo de los años de oro, que es como decir a la gallina de los huevos de oro, también capaz de torear clásico, de amarrar a un toro con exquisita suavidad y de salirse por peteneras poéticas cuando menos se lo podía uno imaginar. Y por añadidura, de irse detrás de la espada con arrojo para llegar con la mano al morrillo. Mientras existan toreros de la raza de Manolo González no hay peligro para la fiesta. El gran torero con olor a torero, el torero artista es así y por eso se le perdonan sus desigualdades, con tal de que no sean tan desniveladas que resulte un premio gordo de la lotería el verle de verdad. ¿Pertenece a esta raza de toreros Manolo Vázquez, último hoy por hoy en la manolería de los Bienvenida padre e hijo, Chicuelo (Manolete fue aparte, a pesar del nombre de pila) y González? ¿Pertenece a su rama fraterna de los Vázquez de San Bernardo? Claro está que biológicamente sí, pero no se trata de eso. Estamos hartos de ver hermanos que en nada o en muy poco se parecen como toreros. Pues bien, sí. Pertenece al mismo árbol ideal y a la misma rama real. Pero algo más, a juzgar por lo que le vimos en su presentación. Porque a la casta de artista añade el genio, la responsabilidad y la ambición de hombría y de mando. Si esto cuaja puede ser no sólo un serio contrincante opositor a la gloria creciente de Aparicio y Litri para la monarquía o diarquía inmediata, sino una primera figura del toreo con caracteres tan raros de ver reunidos que creo que todavía no se han dado en nuestro siglo, si no es, hasta cierto punto, con Joselito. Lo de hasta cierto punto se refiere a la calidad de José como artista. Estimo que Pepe Luis Vázquez es un torero inmejorable como artista. Lo que le falta es ambición y heroísmo cotidiano, sin lo cual no puede mantenerse un protagonista del toreo. ¿Le fallarán también a su hermanito? Pronto lo veremos, y hagamos votos porque no sea así, y porque esto se ponga al rojo vivo para dentro de unos meses nada más. Porque lo que hizo el domingo cuatro de junio con dos novillos de Graciliano, el primero un verdadero toro, que llegó entero y con todo su genio al último tercio, fue de primerísimo cartel. Su concepto del toreo es el mismo de su hermano, el bueno, el eterno. Su gracia y claridad de intérprete, evidentes. Su estilo, casi tan puro, y digo casi, porque el de Pepe Luis es la misma pureza. Aventaja a su hermano en unos pocos centímetros de estatura, detalle importantísimo para alzarse con futuras monarquías absolutas o compartidas. Por el momento tampoco sabe matar, pero sí tiene valor para ir aprendiendo. Cuanto le agradeceríamos que banderilleara. Sin el segundo tercio, siempre resulta triste una primera figura del toreo. A algunas se le impidió su físico. A otras, su comodidad o falta de imaginación. Pero Manolo Vázquez parece que no viene a tumbarse en el surco. Esperemos, que todavía es muy pronto para que hoy no podamos decir, calderonianamente, más que "soñemos alma, soñemos". Así concluye la crítica de Gerardo Diego. Además de los detalles literarios, se advierte en ella la sabiduría, el conocimiento técnico propio del buen aficionado. Desde muy pronto supo ver la calidad del toreo de Manolo Vázquez. Siete días después, simplemente, su sueño se hizo realidad. Y para gozo nuestro, ha sido una feliz realidad durante muchos años. |
| La herencial cultural de Gerardo Diego
Artículo aparecido en El Mundo Miércoles, 27 de octubre de 1999 Información extraida de la Web : El Mundo |
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| PATRIMONIO CULTURAL
Madrid deja escapar a Cantabria el legado de Gerardo Diego ISABEL LONGHI-BRACAGLIA Corresponsal POZUELO.- Manuscritos, libros, cartas, todo aquello que marcó la vida de Gerardo Diego sobre papel ha regresado a la tierra que vio nacer al poeta de la Generación del 27. No era su deseo. Ha podido permanecer en el pueblo que lo vio morir, donde fue enterrado en 1987 y donde aún reside su hija Elena, en Pozuelo, pero su Ayuntamiento ha dejado escapar el legado de incalculable valor a Cantabria. La razón por la que Madrid ha perdido la oportunidad de conservar el archivo personal del que fuera el representante español del creacionismo es económica. «Requería un espacio específico para mantener, catalogar y exponer el material, muchos recursos de los que el Ayuntamiento carece», alegaron ayer a El MUNDO fuentes municipales. Esa ha sido la respuesta obtenida por la hija de quien fue Premio Nacional de Literatura de 1925 y Premio Cervantes de 1980, cuando ofreció al alcalde, José Martín Crespo (PP), la herencia literaria reunida por su padre a lo largo de toda su vida. Al parecer, a Pozuelo le basta con tener una calle, un premio literario y un instituto con el nombre delpoeta. Las voces de protesta no se han hecho esperar. La portavoz socialista, Esther Alonso, ha puesto el grito en el cielo. «Es una pérdida injustificable porque, primero, este Ayuntamiento tiene dinero y, segundo, porque aunque no lo tuviera, el alcalde y diputado regional del PP tendría que haber pedido ayuda a la Comunidad», criticó. «Esto no es sólo una pérdida para Pozuelo, es una pérdida cultural lamentable para todos los madrileños que se podría haber evitado buscando incluso el patrocinio de privados. Si se hubiera hecho algo, el legado de Gerardo Diego podría haber servido para crear un centro de estudios y debates sobre la Generación del 27», agregó la concejala socialista Esther Alonso. La indignación no llega sólo desde las filas de los partidos políticos, también de los cenáculos literarios. El escritor Luis Antonio de Villena, quien compartió con el imaginativo poeta momentos de tertulia en el Café Gijón, calificó ayer la decisión municipal como «una paletada, un acto profundamente inculto y muy torpe, porque es quitarle categoría cultural a la Comunidad de Madrid, cuya riqueza se encuentra precisamente en la acumulación de mucha gente que no siendo de Madrid eligió vivir en Madrid». Homenaje Luis Antonio de Villena tuvo la suerte de conocerlo de cerca. Participó incluso en un homenaje que rindió un grupo de entonces muy jóvenes admiradores de Gerardo Diego, entre los que se encontraba, a su poesía creacionista en la Puerta del Sol. «Gerardo Diego pasó la mitad de su vida en Madrid, es un nombre importantísimo para la poesía española de este siglo y por su trayectoria literaria y docente debía de tener una muy buena biblioteca y un mejor archivo. Tuvo contacto con poetas de medio mundo, desde surrealista franceses a vanguardistas suramericanos, como Huidobro o Borges. Su acervo es de un valor incalculable, que como ha sucedido con otros escritores, pierde Madrid por una cuestión de dinero», criticó. Centro de estudios En opinión del escritor, el Ayuntamiento de Pozuelo podría haber aceptado el ofrecimiento de Elena Diego y, con el tiempo, haber emprendido la construcción de una biblioteca o un centro de estudios sobre la obra del autor de la Generación del 27. «No es necesario invertir todo el dinero de golpe, se puede ir haciendo poco a poco con tal de impedir a toda costa su pérdida. Es estúpido tener la posibilidad de conservar para los madrileños y para el enriquecimiento cultural de todos un legado tan valioso como éste y dejarlo ir», lamentó. Ya no cabe mucho más que eso, lamentar que en Pozuelo tan sólo quede el recuerdo del poeta, profesor, amante del piano y miembro de la Real Academia Española de la Lengua. Su sepultura es la única huella terrenal que una decisión política ha dejado en Madrid. |
| Bibliografía |
| Enciclopedia del s.XXI Editorial
El Mundo, 1992 POETAS DEL 27 - La Generación y su entorno - Antología Comentada. Selección y comentario Jose Luis Bernal - Colección Austral |
| Direcciónes Web sobre el Personaje |
| Bol.com
Comunidad Escolar Digital I.E.S. Alberto Pico de Santander Luis Salas, Poesía española Página personal de Gabriel Rodríguez Universidad de Chile |
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12.Junio.2000 |
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Ultima Actualización
22.Febrero.2001 |
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