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Sitio oficial de la Federación Cubana de Ajedrez y el ISLA
José
Raúl Capablanca Graupera 60º
Aniversario de su fallecimiento Razones de fuerza mayor han mantenido sin actualización este sitio por espacio de algunos meses, y aunque aún no se cuenta con la posibilidad de reactivar su funcionamiento regular, como vocero oficial de la actividad ajedrecística cubana, no podíamos pasar por alto una fecha tan significativa, memorable no solo para los cubanos, sino para toda la humanidad. José Raúl Capablanca Graupera, cubano, Campeón Mundial de Ajedrez 1921-27, falleció en la ciudad de NewYork, el 8 de marzo de 1942, tras sufrir un ataque cerebral, y el mundo —entonces enfrascado en plena Guerra Mundial— olvidó por un instante la tragedia de las batallas para hacerse eco de su inesperada desaparición, hace ahora 60 años. Desde entonces a la fecha una copiosa literatura ha sido dedicada a la divulgación de su vida y de su trayectoria en el tablero, aunque hay que decir, para ser rigurosos y respetuosos a su memoria, que mucho, muchísimo más, es lo que queda por investigar, tanto de su vida como de su obra ajedrecística, pues lamentablemente la leyenda ha sustituido en no pocas direcciones a la verdad, de manera que se repiten aquí o allá las mismas historias —salvo contadas y muy dignas excepciones— sin que se haya acometido definitivamente la revisión mundial de su presencia en decena de países, ni se haya acometido un estudio demostrativo, sobre el tablero, de las singularidades del estilo de juego que se le atribuye, que si bien son ciertas, pocas veces han sido plenamente ejemplificadas, limitándose el autor o comentarista a repetir lo tantas veces declarado por otros, pero sin mover una sola pieza para demostrarlo. Precisamente con el propósito de iniciar el estudio serio y sistemático de la personalidad y universalidad de José Raúl Capablanca, la universidad cubana da ya los primeros pasos, pero ese tema será objeto de un trabajo posterior HOMENAJE: PASADO Y PRESENTE Considerando la ocasión, nada más oportuno que establecer un paralelo entre el «antes» y el «después» del homenaje que en su tierra natal se le hiciera al hijo que logró que el nombre de Cuba fuera conocido, como nunca antes, hasta en los lugares más recónditos del planeta. Recordar el «antes» es triste y lamentable: Capablanca no recibió nunca el apoyo gubernamental que necesitaba, económico y logístico, siendo tal el desinterés y la falta de visión de los polítiqueros de la época que, en más de 50 años solo se celebraron en Cuba 5 torneos internacionales, siendo tres de ellos de escasa importancia por el número limitado de participantes. Reconforta, sin embargo, conocer el «después», pues a partir del triunfo de la Revolución Cubana homenajear la figura de Capablanca ha sido el móvil que ha permitido que en los últimos 40 años se hayan celebrado en Cuba más de ¡800 torneos internacionales!. Para los interesados en conocer más sobre este paralelismo lacerante, incluimos a continuación, resumido por su extensión, un importante artículo de la época, en el que el autor deja entrever la tragedia personal vivida por Capablanca, cerrándose el paralelismo con la inclusión de un interesante resumen estadístico, publicado parcialmente hace un par de años en nuestra revista electrónica, obra de la investigación minuciosa de Romelio Milián, especialista en historia del ajedrez contemporáneo. CAPABLANCA (Revista
"Carteles", La Habana, escrito por Enrique Corzo, marzo de 1942) Cada vez que la muerte apaga una vida preclara entre nosotros se siente, al propio tiempo que el dolor de esa pérdida, la angustiosa certidumbre de que no podrá ser sustituida. Poco a poco Cuba va viendo desfilar hacia la nada a aquellas de sus figuras más noblemente representativas, sin que aparezca, en el horizonte nacional, la más leve esperanza de reemplazo. ... En el caso de José Raúl Capablanca es aún más trágica e irreparable la pérdida. Porque posiblemente transcurrirán muchos años antes de que la raza ibérica registre la aparición de un genio como el suyo, y, desde luego, siglos antes de que Cuba logre para su brevedad geográfica el alto privilegio de servirle nuevamente de cuna. Capablanca fue, sin disputa —y que esta aseveración no se considere una irreverencia—, el cubano internacionalmente más representativo de su tiempo, y el único cuyo nombre, vinculado a una supremacía manifiesta en cierta actividad mental que implica una tradición de cultura, podía ser identificado sin esclarecimientos adicionales en cualquier lugar de la tierra. ... Hasta que punto se reconoció entre nosotros la incomparable superioridad del campeón cubano y hasta dónde supimos valorizar y aprovechar el privilegio de su genio, no es cosa que pueda substanciarse ahora, sobre su tumba recién abierta. Pero es doloroso que Capablanca haya sido vencido por la muerte, de manera imprevista en tierra extranjera, sin que los cubanos propiciasen la celebración del encuentro tan largamente apetecido con el maestro Alekhine, que le arrebató el título en Buenos Aires, y que los veinte mil dólares que se requerían para el match no fuese posible movilizarlos en un país donde el oro se dilapida con largueza. Para muchos, el Gobierno cumplió con Capablanca manteniéndolo en el Servicio Exterior de la república en la última etapa de su vida. Si no existiesen en ese mismo servicio funcionarios con escasos merecimientos, que han logrado, con la influencia política, lo que Capablanca mereció por su genio, acaso pudiese admitirse la excusa. Pero no era un burocratismo mediatizador lo que el maestro necesitaba; sino el aprovechamiento de sus facultades extraordinarias, antes de que se debilitaran con el tiempo, para situarlo en cada oportunidad, libre de preocupaciones y de inquietudes, con una consignación decorosa, allí donde pudiese medir sus armas con los otros maestros. Que nuestros Gobiernos jamás interpretaron cabalmente lo que Capablanca representaba para Cuba, al menos en el orden de la publicidad internacional, lo revela el hecho de que su encuentro con Lasker, celebrado en La Habana, fue posible con la cooperación de un grupo de instituciones y de amigos, y que su nuevo encuentro en Buenos Aires, cuando perdió el título, después de largos años de inactividad ajedrecística, fue propiciado por las autoridades platenses. En su derrota influyeron factores psicológicos, entre los que se cuenta una cesantía. (¡Increíble!. Nota de redac.) Posteriormente el Congreso aprobó una ley y la sancionó el Ejecutivo, votando un crédito de $5000 como depósito de garantía para la concertación del match con Alekhine. Esa suma, por intrigas locales, nunca fue satisfecha. Es vergonzoso que en un país donde el dinero se dilapida en comisiones, dietas y otros excesos, José Raúl Capablanca no lograse , desde 1927, la aportación de los 15000 dólares necesarios para la celebración del match revancha. Y que haya muerto sin devolverle a Cuba, como muchos expertos lo creían factible, el título de campeón mundial de ajedrez que le arrebató a Lasker. En Capablanca, por otra parte, se vinculaban otros muchos merecimientos adicionales a su talento ajedrecístico, que la crítica internacional calificó siempre de insuperable. Fue en todo momento un raro ejemplar de energía cívica. La adopción de la ciudadanía norteamericana le hubiese comportado la riqueza además de la gloria. Sin embargo siempre se enorgulleció de ser cubano. Un poco de concesión a la servilidad política le habría proporcionado lo que su entereza moral le fue alejando a cada paso. Era tan hostil a la lisonja que no solo no la ofreció nunca, sino que no la aceptó de los otros. A veces parecía huraño y habría que quererlo a pesar suyo. Su inteligencia no era de una sola faceta. Graduado de la Universidad de Columbia, disponía de una cultura y de un buen gusto que le abrieron, en centros de mayor rigor social que el nuestro, todas las oportunidades a las más exclusivas convivencias. En su peregrinaje viajero, casi constante, siempre dejo en alto el nombre de Cuba. Como funcionario tuvo el tacto, la probidad y la aptitud indispensables para despertar envidias y antagonismos. En lo últimos tiempos hubo hasta quienes pretendieron negar su gloria, buscándole émulos ilusorios, por no decir grotescos. Capablanca fue, en suma, un cubano cuya reputación dio a la tierra que lo vio nacer más universalidad en el renombre que la vasta suma de sus más ilustres compatriotas en la latitud de su tiempo. Ningún otro grande hombre de Cuba ha movido antes ni moverá después, en muchos años, los hilos del cable, ni suscitará en la prensa internacional un interés y una curiosidad dolorosos como los que su muerte ha creado. Como los grandes rotativos norteamericanos declaran, el malogrado ajedrecista dio a conocer más a Cuba que todo el resto de sus contemporáneos. Si supimos recompensar tan alto servicio y si oficial y públicamente correspondieron la República y los cubanos a la gloria que Capablanca compartió con nosotros, es cosa que dirá la historia. Pero parécenos que los honores que le han dispensado después de muerto, no borran la insuficiencia del respaldo que se le ofreció en vida para que pudiese imponer universalmente su genio. ------------- ¡Extraordinario, sencillamente extraordinario! Otros textos también memorables abordaron en los días del deceso verdades similares, pero ninguno como este artículo de Enrique Corzo logra retratar sin retórica verdades tan al desnudo. Con el triunfo de la Revolución cubana renace
Capablanca Durante los primeros días del mes de mayo de 1997, visitó una vez más a Cuba Florencio Campomanes, Presidente Honorario de la FIDE, invitado a la inauguración del XXXII Torneo Internacional Capablanca In Memoriam, que se desarrollaba en la ciudad de Cienfuegos, y para recibir la medalla Héroes de Barbados, otorgada por el Consejo de Estado de la República de Cuba, en reconocimiento a sus relevantes méritos acumulados en favor del desarrollo del deporte. En esa oportunidad el Sr. Campomanes pronunció en una actividad oficial las siguientes palabras: "Sin el ajedrez cubano no se habría
alcanzado el nivel de desarrollo que tiene el ajedrez latinoamericano en
nuestros días." Las tablas que siguen, obra del esfuerzo valioso del profesor Romelio Milian, son la demostración palpable de esta afirmación de Campomanes, que no por conocida y evidente deja de resultar sorprendente cuando se materializa en cifras concretas. Para comenzar, incluimos a continuación una tabla que resume los únicos torneos internacionales efectuados en Cuba antes de 1959. TORNEOS
INTERNACIONALES DE AJEDREZ CELEBRADOS
EN CUBA ANTES DEL TRIUNFO DE
LA REVOLUCIÓN
Prácticamente, en vida de Capablanca, siendo una extraordinaria figura mundial de la época, casi no se celebraron en Cuba torneos internacionales.
TORNEOS
INTERNACIONALES DE AJEDREZ EN CUBA 1960
al 1998 En contrapartida, en los últimos
40 años, la obra de la Revolución ha permitido rendir perpetuo homenaje
a la memoria de Capablanca y María Teresa Mora, como se demuestra en las
siguientes tablas.
Torneos
internacionales celebrados en Cuba 1962-2000 Total
de normas internacionales alcanzadas (M y F)
EPíLOGO
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Tablas de resultados del Capablanca
Los interesados en obtener toda la información relacionada con el desarrollo del evento, pueden acceder a la página oficial, en la dirección www.inder.co.cu/capablanca ------------------------------------------
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