ESCENOGRAFÍA

    El género chico nació en el momento de mayor desarrollo del teatro decimonónico. La puesta en escena de sus obras está marcada por las grandes líneas de este teatro, basado en la utilización de un espacio casi único, el teatro a la italiana, y la escenografía ilusionista a base de telones pintados y bastidores que es típica de él.
    Las caracterísiticas particulares del chico, que obligaban a cambiar de decorados al menos cuatro veces al día para las cuatro sesiones típicas del teatro por horas, podría hacer suponer que los escenógrafos se contentaron con una serie de telones válidos para cualquier obra. De hecho, en los teatros de menos categoría se usó este sistema, con tres telones básicos: telón de casa rica, telón de casa pobre y telón de exterior.
  Pero no siempre fue así; no hay que olvidar que el Teatro Apolo era el de más capacidad del Madrid de su época, de modo que las escenografías se encargaron a los mejores especialistas del momento.
    Giorgio Bussato, discípulo de Doménico Ferri, con quien había estudiado en París, fue uno de los grandes escenógrafos del realismo en España. Dominaba el arte de componer, dio enorme importancia a las arquitecturas, que resolvió con monumentalidad y dibujo finísimo. Bussato fue un colorista brillante.
    Amalio Fernández, que se había formado también en París con Cammer y Carpezant, trabajó con Bussato y se consideró discípulo suyo, aunque desde 1890 estaba instalado por su cuenta. En 1890 se reveló como un revolucionario de la escena española al crear una escenografía para Don Juan Tenorio que permitía ver simultáneamente, en distintos planos, varios lugares de la acción, como la celda de doña Inés y el claustro del convento. Cuando en 1899 Bussato vuelve a Italia, Amalio Fernández mantiene durante los primeros años los valores del realismo ecléctico en escenografías como Electra de Galdós o Margarita la tornera de Fernández Shaw.
    Las escenografías de La verbena de la Paloma y de La Revoltosa participan de ese carácter de juego de volúmenes y espacios típico de Bussato y Fernández. Las fotografías de la época permiten apreciar la complejidad del espacio y su brillante utilización en las escenas de masas.
    Lejos de la imagen de un teatro popular, hecho con pocos medios y menos imaginación, el género chico disfrutó, al menos en sus montajes más característicos, de los mejores medios y la escenografía más moderna de la época.
 

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