Yo soy la muerte / Carlos López Dzur

«Yo soy la Muerte»
Poemario de Carlos López Dzur

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Indice

Biografía / Carlos López Dzur

Carlos López Dzur y la Generación del '70

Berkeley y yo / Index

Teth, mi serpiente

Eva y la Tierra Prometida

El Zorro y sus carlancas

El corazón del monstruo / Adquirir

Meiker del mapoe y el tocuen

Pintores y artistas de San Sebastián del Pepino

Orígenes del Pepinito

Teicu Tlaco

El hombre extendido / por David Páez

Nihilismo nocturno

A las ganicas

Homenaje a Martin Heidegger

Berkeley y yo / Index

Comevacas y Tiznaos / Adquirir

Convocatoria al Estudio de la Historia Pepiniana

La etnia cultural pepiniana

Indice de las Partidas Sediciosas

Indice / USA

Index / España

Cartas Recibidas

Carta a los pepinianos

Lope de Aguirre y los paraísos soñados / libro completo

Las zonas del carácter / poemario

Estéticas mostrencas y vitales / poemario

Mantillita / Tipos Populares

Correo

Poetas / Escritores

Escritores y poetas de San Sebastián del Pepino

Lcda. Nilita Vientós Gastón

Lcdo. Ramón Luis Colón Pratts / Estilete

Joaquín Torres Feliciano

Ramón M. Estrada Vega / Caminos

La literatura en San Sebastián / Aportación de Ramón Edwin Cardé Serrano

Pintores de San Sebastián del Pepino

Entrevista a Carlos López Dzur / por Clotilde Dávila

Obra personal

Cuentos y leyendas histórico eróticas

Como una amazona / a Luisa Bottari

La vulva mística

Megillah de la ovación

Don Juan y el reloj orgánico

Amplificación incestuosa

El sacamantecas

El azote de los pecadores

El loco de la casa

Mi araña predilecta en el congal

El filósofo machista

El corazón del monstruo

Don Chava y la cerota

El exhibicionista

El tentador

El guabá

La paliza

Crucito el feo

El naufragio

El acto de Cobita

El ultimo adiós

Mantillita la Beata

Como una amazona

El motín

Narcisimo

Lot y el esquizoide

La violación de Eulalia

Bio / en Voz al Mundo

En Charkito

Cartas sobre Pepino

Comevacas y Tiznaos: Las Partidas Sediciosas en el Pepino de 1898

San Sebastián de las Vegas del Pepino: Los Padres de los Confirmados

Epica sobre El Pepino

Notas sobre el magisterio en Pepino desde principios del Siglo XIX al XX

Artistas Plásticos y Artesanos de San Sebastián del Pepino

Santa Necesidad

Jacinta

La Tertulia fde la Central

El tentador

Meditar el ser

Homenaje a Hebe

Letralia

Jacinta

Las esfinges

Las prostitutas

A Merecedes / Apartamentos prestados

Te comprendo cuando chozpas

Santa Necesidad

Consolaciones de Agar

¿Quién habitará el canto?

Nuevo paradigma

Bíos

La mujer está aquí

El caldero

Cingulum

La última fase

Kaddish

En la muerte de Chato, mi hermano

Los peces

Bendición de la zorreada

Drácula

La muerte

El hombre quieto y pobre

Destinación

Antología / Heideggerianas

Lo idílico

Tus piernas

El vacío

La casa donde llegas

Elegía a mi madre

Nihilismo nocturno

Las nalgas de Maruxa

El filósofo machista

Elegía a mi madre

El guabá

Crucito el Feo

Homenaje a Hebe

Consejos kantianos para el flaco

Tijuana

Heideggerianas (1)

Heideggerianas (2)

Heideggerianas (3)

Heideggerianas (4)

Mantillita

Tantralia (1)

El hombre extendido

Las goteras

Heidegger (6)

Yván Silén

El hombre extendido, análisis en torno a López Dzur

Apartamentos prestados

Crucito el feo

Memoria del ultraje de Floris

Lot y el esquizoide

La violación de Eulalia

La bruja de la torre

La traición

Mi araña predilecta en el congal

La pianista negra

La marrana

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Un niño se devora

La dicha ardua

La selva oscura

Genoma inverso

Nabi Kalu

Es más fiel mi perro

Uno es un zorro viejo

Baila, hombre triste

La palabra amorosa

La piedra de unción

Lamentaciones de Agar

A Lord Shelburne

A Enrique Octavo A Jan Huss

El amor existe

El diosito

Testimonio de la separación

Hijificación de la nada

El solitario que inventaba el ser

Milicias cristianas

El hombre extendido

A Juan Mari Bras

El pez ígneo

El obediente

Fisiología de la excitación

$365.00 a la mano / cuento

Evaristo y la Trevi

Heidegger (6)

Poemarios

Libro de la Guerra (2)

Libro de la Guerra (3)

Libro de la Guerra (4)

Libro de la Guerra (5)

El hombre extendido (1)

Nabi Kalu

Es más fiel mi perro

Uno es un zorro viejo

Baila, hombre triste

La palabra amorosa

Gaitiana

Consejos para la traición perfecta

Hijificación de la nada

El solitario que inventaba el ser

Otras críticas

Milicias cristianas

El hombre extendido

A Juan Mari Bras

El pez ígneo

El obediente

Fisiología de la excitación

Mantillita

El reportero y la diva

Mi araña predilecta en el congal

El hombre que hablaba solo

El guabá

Crucito, el Feo

El filósofo machista

Memoria del ultraje de Floris

Lot y el esquizoide

Evaristo

Las goteras

Crucito el feo

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Críticas a López Dzur

La Casa / por Luis Cariño Preciado

Interview

El hombre extendido / por David Páez

El hombre extendido / Libro premiado en el Certamen Literario Chicano / Universidad de California, Irvine

El poeta vendido

Fisiología de la excitación

Putamen

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La noche de la maya

Homenaje a Hebe

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Homenaje a Hebe

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La marrana

Mi araña predilecta en el congal

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Memoria del ultraje de Floris

La violación de Eulalia

Evaristo y la Trevi

El reportero y la diva

Mi araña predilecta en el congal

El hombre que hablaba solo

El guabá

Crucito, el Feo

Las goteras

$365 a la mano

El filósofo machista

Memoria del ultraje de Floris

Lot y el esquizoide

Poesía social / A Juan Mari Bras

Partidas Sediciosas de 1898: Campesinos Armados en Pepino (Parte 1)

Partidas Sediciosas de 1898: Campesinos Armados en Pepino (Parte 1 y 2)

Los Tipos Folclóricos Pepinianos

Poetas y Literatos Destacados de San Sebastián del Pepino

La poesía pepiniana y el folclor: Enfoque Heideggeriano

Del Unionismo al Anexionismo

Tijuana: Dolor de Parto / Libro de poemas de Carlos López Dzur

Libro de la Guerra / Presentación

La pintura y las bellas artes en San Sebastián del Pepino

Heideggerianas / Libro Completo / Tercera Parte

Heideggerianas / Libro Completo / Cuarta Parte

El Hombre Extendido / Poemario premiado en el Certamen Literario Chicano de la Universidad de California, Irvine

El Hombre Extendido

Antología del Erotismo

Cuentos y leyendas histórico-eróticas

El reportero y la diva

Entrevista / Book of War

Entrevista 2

Carlos López Dzur

CAL

Marco Antonio y Cleopatra

Sobre Jaime Sabines

Los parásitos

Argos 18

La sustancia

Comevacas y Tiznaos

Pepino /Cartas

Tipos folclóricos

Gaitiana

Bibliografía

Crucito

$365 a la mano

El guabá

El filósofo machista

El hombre extendido (1)

Elegía a mi madre

A una madre joven

Behaviorismo

La fruta saboreada

Los poetas

Ondas / Vibras

El mercader

RELIM

Mondo de Kronhela

Listado de autores

Pepín de la Vega / Blogsite

1.

Introducción a la Laguna

Hoy leí / me sumergí en el libro de las horas:
el hombre apresurado, la mujer infinita.
A los hijos de la Estigia, cuatro son
en la Tierra, los observé en las aguas.
Los extraje del naufragio
y los salvaguardé con angustia.

Los vestí con la sociología.
Quité harapos, sedimento malo.
Los alimenté con piel nueva, futuro.
Para el hambriento dí pan de optimismo.
Los alivié en los kimtu, en aldeas gentilicias,
en villas de refugio, aún consoladoras.

Naditu les habló misericordia:
«Hay luz moral», les dijo,
«el bien y el mal que luchan,
dualidad de la luz y lo oscuro»,
en un punto singular. Será Cocito
en qué sé yo lugar del mundo,
su laguna de dialéctica fecunda.

Hay también cien años de lágrimas
y ríos y charcas y olvidos y naufragios
por donde se desplaza la flecha
del tiempo, el uno puntual que marcha
y organiza la recta, aunque concibe
a veces su mundo caprichoso,
retrógrado, in desperadum.

Fúnebre día es hoy
cuando sicológicamente
se les recuerda el hallarse
en lo olvidado, lo desfigurador,
el rumor y el colapso,
el Señor CadaQuien y el Don Nadie,
acaecerse sicológico
en lo ya conocido, Tánatos y Eros,
que si bien se han opuesto,
rescatados de Cocito, en tierra firme,
si algo lamentarán,
es lo que siempre después del Gran Amor
y del Milagro providente: haberse odiado.

2.

Hoy lo femenino muere con su divinidad extraña
y los varones mandan, esquilman el comando.
El matriarcado se convirtió en la Luna,
la locura, el caos, lo introspectivo.
El tiempo nació hoy.
Nació el tiempo
con número nupcial de desamparo.
El hueso frío es el agua de la Oceánide.
Niké llena de horas y sepulcros
es la victoria, conato de la muerte.
Cratos nació para matarla,
tarde o temprano será,
él no se esconde en piedades,
él es, por cotidiano, vil proceso,
un trámite, una letre de caché,
sello del rey, voz de instituciones.

3.

Los hijos de Estigia aparecieron.
Han llegado hasta aquí
comidos de niebla, hartos
de mar y quejidos, sedientos
de un sol que sea niño desnudo,
lozano, nutrido por la leche olvidada,
sonrisas de la boca de la Madre,
calor de sol gentil, humano.
Y la perfecta conformidad
de la obediencia iluminada,
la inocencia, que lo nutra
ad aeternum.

4.

Hoy es el día de la alternancia
para cuatro estaciones
del viaje de las almas.

Un día será la primavera
y, por momento, vendrá
el verano seco, la sed,
ausencia de las aguas.

Un día será como el otoño
y, más que con los ojos,
con qué sé yo del Ser,
se verá la tristeza.

Un día será el invierno
y sabemos que hay días
que claman por la calma,
porque hay días de lo-no-cualitativo.

Un día hay que parece un remolino,
Tifón, marejada, volcanes.
Días hay de piedras que achocan
tu cabeza, te engendran la molicie
cuando estás en el suelo.

5.

Cinco silencios que la bestia no goza,
sin embargo, los tiene el náufrago viviente,
y la Lamia monstruosa,
sensible empero, con su Materia Bruta,
cinco modos de decir, vida prestada,
existencia mía, vida breve,
respit de la Mort,
lamia de existencial obsesión y desconsuelo,
a cuyos hijos verá del todo heridos,
desangrados, en burla,
aún insepultos por el Meqaber.

Por lo que, entonces, les entrega
el llanto noche y día, tiembla
sin cesar un momento, y se gasta
su mirada, y se pone cetrina
y duele el amor, el sexo, el Bíos.

Una vez sea cumplida
a fuerza pertinente de lo ónticamente
necesario, la unidad fundamental
de estos cinco sentidos, a la viuda
del Ser, a la huérfana, a la madre
que perdió los hijos, miradas
de reposo daré, ojos para la madrugada:
un día será del Gran Sepulturero
y la némesis, la venganza y el dolor,
pero otro día, se te hallará en la alquimia.

Lamia, la verás, María parturienta
de Belén, Naditu, vestal acadia,
verán la promesa cumplida
y, como templarios que custodian
el Secreto, inventarán las palabras
y las alegorías, dirán contra la Muerte
y por la muerte: Soy el Acaecer,
los puntos en el centro de las cosas,
un dolor en punto para el parto,
un parto a punto de nacer,
el punto encima de las íes,
un punto en punto caramelo…
más insondable que la muerte
es la esencia
y todas sus totalidades,
el desafío, el bíos,
la apofánsis,
el ala,
el fundamento
del fundamento.

6.

Un día seré el equilibrio
de los astros errantes
y la gravedad
y Newton
y una estrella de seis puntas
y un carajo.

Otro día seré las preguntas
de los hombres interiores
y el hombre completo
que se asomó al humanismo
y, por hacerlo, pagó el precio
que dan los traidores
y los homicidas.

7.

Siendo que llegó la tarea
de mi Séptimo Día, mi única misión
será avisarte que yo canto y alabo y digo
las Nenias del Juicio Final:
se acabó la Muerte,
la espantosa miseria,
se acabó la colonia de huesos
tirados a los buitres, se acabó
la dependencia del Mantengo
por hambre de ser y de espíritu.
El estado asociado, en batalla
de desgracia fue vencido.
El miedo que nos puso
de rodillas a mamar
de la Maceta del Tirano
fue castrado;
al hombre entre dos tríadas
se le ha nombrado
Príncipe del Sábado.

7-9-2002

*

Labores y memorias de Juanito Pana

«¿Por qué la muerte está de ronda
todo el tiempo y el Padre de los Pobres
(lo nombran Don Aguedo Vargas y Labaille)
en el oficio triste, convirtiendo en ataúdes
sobrantes de las cajas de ajos,
tablones que te saben a sal
de bacalao si los lames?»,
a tí lo pregunto Meqaber,
a tí, Juanito Pana.

«¿A quién entierras hoy, don Juanito?»,
le preguntan. Juanito y la muerte
siempre hablan, se conocen
secretos. Intercambian confesiones
y, tarde o temprano,
él no calla.
Y tampoco la muerte.

2.

A una hija de Polo Clavelillo,
el quincallero, a la hemana de Gin,
el guitarrista, a la mujer
de un macharrazo, el policía,
se le recibirá en tierra y camposanto.

«A ella me la trajeron:
yo le entierro sus huesos».

Su historia supimos en el Pueblo,
pero su cuerpo, que era osamenta,
puro hueso, flacas carnes,
del Bronx provino.

¡Pobre mujer! con una tijera se armó,
corrió al marido y le dijo, en su histeria,
«Tú no mereces la felicidad.
Con engaño me manchaste la cama,
con sudor de otra mujer,
te subíste a mi cuerpo».

Se llamaba Olga Clavelillo
y, mujer de un abandono ocasionado
sufrió la burla a sus treinta años de amor,
fielmente compartidos.

Se llamaba Olga Clavelillo,
hija de Polo, el quincallero.

Ella que fue linda y dominante,
una potoquita, con piernas bien formadas,
antojable culito, murió, señal amarga,
murió de amor, vieja, con el útero yermo,
loca y malquerida, añadió el sepulturero.

Y le comenzaron ataques de locura
y ascos por no comer y hallarse
con la ropa que olía a marido
por 30 años en su cama
y, al rato, advino su amargura
y se armó de una tijera. Quería matarlo,
junto a su chilla: éste se convirtió
en su solo pensamiento.

Un negro de 6.’4’’,
un negro macetongo de New York,
también puertorriqueño, fue su marido
y la mató de un golpe sin macana
y de un tiro sin pistola.
Dio en su alma garrotazos
de resentimiento, ella en el despecho,
soportándolo todo, callando.

Enloqueció de amor, de pronto,
porque el amor es puñal filoso,
mal pretexto en palos
y también mata si aprende cuchilladas
en el trapo de la espalda traicionera,
en la mortaja de los días de llanto.

El le estrujó en sus narices
otra mujer adquirida. La embarazó
a sus espaldas y le dijo:

«Olga, tendré un hijo,
el que tú no me díste, ya no bajaré
al Joyo de Millán a darme tragos.
Hallé mi dicha. Díme adiós, hoy es
que de veras me jubilo y descanso…

Tengo una mujer salvadoreña
y más joven que tú y más ardiente;
ven y mírala, está en el carro,
convéncete, ¿o le digo que baje,
y te muestre a mi hijo?…»

Y, por machorra y burlada,
murió Olga Clavelillo.

6-7-2006

2.

… a Ramón Durand, quien fundó, en el 1835, el Cementerio de los Coléricos, en la parte Oeste del Cementerio Viejo

Nunca ví a ese Durand,
al cura que sabía sobre la muerte,
al sacerdote compasivo del enfermo.
Yo en los curas no creo.

A ellos, quizás con excepción
del que mientan, Ramón del Ochocientos,
la muerte les da asco y los pone nerviosos
y, por ello, hablan en idiomas extraños.
Se le tuercen los labios y se le encrespa el pelo.

La muerte sobre la que hablan escupe
sobre el pobre, aleja a los mendigos.
Su Muerte no dialoga, es absoluta,
demasiada santa y se da el poder
que tiene a soberanos, a sus gendarmes,
se desliga del tiempo y las instancias
de la calle y de las horas, una muerte es
sin un Alguien Cotidiano, sin un sepulturero
de mi estirpe: Yo soy Juanito Pana,
en materias de sepelios, el Maestro.

El sacerdote reza algunas jeringonzas.
Le pagas su latín, su ofrenda, sus misas
de post mortem, pero él no te entrega
el respeto que yo entrego.
Al Estado, al Monarca, a los Papados,
los llamaron en antaño, cuando fueron
tiempos del presbítero Durand,
cura aparte de coléricos
y tiempos de Cabrero, el hacendado,
la soberanía indivisible,
el derecho absoluto, lo acabado
y perfecto; pero la muerte en persona
me lo dijo: ¡Me valen ocho cuartos,
me cago en todos ellos!

3.

En 1851, una descarga eléctrica causó serios destrozos, en la Iglesia, la imagen del Santo Patrón San Sebastián Mártir, quedó destruída: Andrés Méndez Liciaga, Boceto

Yo conozco la muerte a la que llaman
la Viajera Oscura, no me engañan.
Conozco la noche en que aparece,
el rayo que la exalta, la descarga
que produce, la luz que tarde se asoma…

Esos que discursan acerca
de las muertes mentirosas
mientras comen opíparamente
en mansiones, en haciendas, en casinos,
de la Muerte verdadera que manda
la centella y destruye sus templos,
nada saben, nada. Nada.

Sin embargo, la Muerte conmigo se sincera
y me dijo: Yo tiré el Patrón Santo del nicho,
lo hice pedazos, quemados maderos,
caspucias de porcelana;
yo con actos como ésos me divierto,
yo eché la descarga sobre el templo
e inundé la Casa del Rey, a pocos días
de agosto de 1839, cuando dijeron
los absolutistas, con orgullo, la fundamos.

Tengo seis mil años de extensión.
Gaspaleo con las miserias por entorno.
Bebo sangre de fértiles valles.
Lo pruebo todo, con agua y fuego.
Me asedenté en el polvo.
Maldigo lo que a mi paso dejo.

No soy yo quien reciclo los mitos.
Son quienes convocan mi huyilanga.
Gritan: «¡Véte, no vuelvas!»

Entonces soy su Desprecio.
Fundan la muerte falsa, o la amenaza
de su esencia y sus símbolos.
La Gran Menospreciada.

A mí la muerte me dice muchas cosas
que no están en el Boceto.

3-5-2002

4.

Idelette, hija de Buré,
fui elegido por el Gran Señor, el Excelso.
El me predestinó, por encima de autoridades intermedias
entre súbditos y Estado, con el fin de crear
la burocracia eficaz,
el Consistorio, el instituto cristiano
y por tal razón echaré tu falda abajo,
en tus tobillos estará todo ropaje,
abriré tus muslos, haré morada entre ellos.

Con vulva de mujer, litaré el evangelio.
Me seguirán los puritanos,
los metodistas, los creyentes
en la autoridad escritural de viejos libros,
el León, el Aguila, el Asno que mastica
y come la Palabra Santa y las palomas:
esposa mía, regresaré
por chupar esas golondrinas del corpiño,
mi boca se llenará de tus vellos
y tu púbico clotis
y mi espada caliente condenará
a los estériles y tibios.

Volveré a Ginebra con el aceite blanco
y la leche de las corderas
y cantaré por las palomas que tienes
en los senos, mujer santa,
porque Dios elije al que ha de salvarse.

¿Qué importa entonces el Concilio de Trento?
¿Qué importa a El, excelso y absoluto,
si se espantan los hijos de la fe malentendida!

5.

¿Qué haré, Tierra mía, para darte
la restauración debida
y cantarte en mis salmos,
qué haré si soy quien te esquilmo,
te fornico, te odio,
mientras digo: Te amo?

3-10-1990

6.

Mejor que no me observen
ni compartan las quejas.
Que no vayan a mi jardín
ni me añadan sus flores.
Quiero ser muerte a escondidas.

Esperen. Levantaré mi mano
y les llamaré porque conmigo
serán amados. Les designo mis prójimos,
seres de mi anhelo, lo prometo,
pero no formen bola,
no se agrupen, yo sé mi archos,
mis reglas coercitivas, mi voluntad
que es cizaña castradora.

Sé cuando expido mi consentimiento.
Sé cuando quiero el fin de las persecuciones.
Sé cuando recibo a los desprestigiados
y cuando acabaré las extorsiones
y la privación por violencia y engaño.

Por más hermosas que pretendan
sus agendas, dejen sus tijeras
en olvido. Hagan como Olga Clavelillo,
no engorden sus palabras si son vanas.

Ayunen. No prueben bocado, aténganse
poco a poco a su amor a cuestas,
a su amor sufrido. Así es
que se muere con sabiduría.

De lo contrario, deformo, apago
el aliento, y los preño en la angustia
por las sendas de días y sinsabores
más largos que el cienpies meado.

No me cobren una cuota
por el amor que permito.
No hagan nada por fundirse
en mi abrazo, suicidas del chantaje.

No me sellen con emblemas
por sabérselo todo: yo soy la boda
y el divorcio, Soy el jardín que yo quiero,
el policía verdadero de la dicha,
el retollo de una flor y los cipreses
del colapso, árboles llorones
afines a mi llanto.

No quiero proclamas con medidas
para mi emplazamiento
ni género ni número ni turno;
no doy licencia a destiempo ni ofrezco privilegio.
Que no haya enojo pues cuando decido
y amonesto, ni se afane una norma de muchos
ni una coerción de pocos. No lo acepto.
No imito pendejadas soberanas.

Que no haya prohibiciones que equivalgan
al castigo, yo soy la Generosa,
sin monopolio de verdades ajenas.
Los que me insultan, o me menosprecian,
en su propia impostura los preservo
con la fuerza que condena,
con el robo que les roba,
con el odio de sus propios desprecios.

No. Yo no me burlo.
Les recibo en el Seno de Abraham
y beso a la mujer majúa,
como a lloricas que vendrán a mí,
a su debido tiempo.
No multo por lo tarde
a quien regresa, ni añado más traición
a los que se traicionaron a sí mismos.

7.

a Benito Nieves, uno de los Cosabella

Sólo la Tierra, mi jardín materno
entre los hombres, no las masas dionisíacas
con la distrofia genital de los abusadores,
examina el dulce encanto del carbono,
mi sólida mirada de diamante;
sólo los que regresan con humildad
tienen jardines, cuidan las cosas bellas
de la Tierra mía, mi corazón materno.

Juanito, házme fiesta hoy.
Bendeciré a Los Nieves, va a morir
al fin la madre, tu más querido
y ponderado centro, el punto luminoso
de tus propios jardines,
quien mejor que nadie a tí
sabría llorarte, bendecirte, quererte.

Yo la ví calamitosa, paradiabética,
sensitiva, triste, melindrosa.
Examinó los rosales de Esteves,
el licenciado, y se detuvo en Rabo ‘el Buey,
me piropeó los ojos, vio diamantes
y susurró mi nombre, me dijo «Cosa Bella»
como profirió ante los hijos
que de su vientre nacieron,
como dice al jardín de tus cultivos.

Obedece, Benito el Culón,
prepárame almojábanas de olor
gustoso, házme pasteles de yuca
o calabazas, si es posible,
traéme dulces, atole, abundante café,
jugo de tamarindo. Haré un banquete.
En tu casa, un velorio.

Quiero una cosa bella de tu tierra.
A tu viejita madre, que estuvo sola
enseñadote nostalgia cuando te fuíste
a Brooklyn; hoy seré yo quien te recuerde
que de la casa a la factoría,
no todo se aprende, no todo
se factura en Brooklyn, Benito.
Ni de la soga a la casa
ni de la casa a la soga
se amarran los amores.

A ella tengo que llevármela ya.
Que no se llene de achaques.
Que no se amargue su sangre.
Voy a enseñarle las cosas bellas
de mi mundo. Te lo prometo,
Benito Cosabella.

8.

... Y, de hecho, la propia nada, como tal,
estaba aquí... ésa es la manera como nos acosa.
En su presencia enmudece toda pretensión
de decir que algo es:
Martin Heidegger

La muerte es el bochinche más hermoso.
Casi es silencio. Juanito Sacramento
lo presiente. A La muerte propia, irreductible,
no se burla. Ninguno podrá desfigurarla
o jugar con su gozo, sujetarlo al tripeo.

Una posibilidad permanente estuvo aquí
y hoy, en el intransferible acá, dio el tumbe
y del mundo de objetos, lo tuyo,
nada quiere. Nada le basta.

Todo es tusa, bazofia, lodo.
Vales para el suspenso,
La Nada impera.

Un ser para sí es quien invita
a la existencia auténtica al varón de Jauja.
A hembras, entre ropas tendidas, un ser les habla.
Un ser cuya presencia se da en lo desoculto.

9.

Judex ergo cum sedebit:
quidquid later apparebit;
ni inultum remanebit:

Requiem Tuba Murum

Ningún cafre, con su bayú, transforma
este objetivo que Ella trajo
con el afirmativo Sí que vuela tan bajito.

Ningún diablo en patines
la arrancará del volante, Ella maneja.
Dice su inesperado «Es Hoy»
y comanda la relación originaria
con el Ser. Todo a su antojo.

Es la jueza que evalúa lo oculto.
La Gran Dispersadora de tinieblas,
cesación de lo orgánico
y pide el bíos y los cuatro puntos
cardinales y el centro del punto caramelo
y la ilusión y cada proyecto de la muchedumbre.

No oye a poderosos ya ni a machangos
ni al pichote que es bobo a propia cuenta
ni a pendejos ni a los listos de millaje
ni a cualquiera que perjure sus ínfulas
y el dominio con angustias medulares.
En vano dicen los mortales: ¡No quiero!
Ni ebrio ni dormido rendiré mi Jamás,
mi No rabioso. En vano dice:
«Ni muerto ni cadáver, perra bruja».

Se afan con sonido de trompeta, pero...
en fin, no se lucirán esos chayotes. Nunca.
«¡Que te den morcilla, Chucha sata!
Que te emponzoñe una araña panteonera
antes que me toques con tu olor de sequedal.
O telerañas en los harapos negros».

¡Pobrecitos! Quien sin sepulcros cavados
por los hombres, retumba con sus voces
es la que nunca se avergüerza.

Visualidad es, desnudez pura, voz de inocencia,
Lux Aeterna, Jueza de la Cesta hermosa.
«¿Qué vale el truqueo de los pateones?»,
Don Luis, sepulturero, lo pregunta.
«¿Qué... la girla que reparte sus cricales?»,
acota don Emilio, su ayudante.
«Nada», responde Atán el negro,
vigía del Cementerio Viejo de Pepino.

La reina de la Luz, habitante del Túnel,
no talonea en burdeles,
no es Mapi por el placer cautiva,
no es el azar de Maximina, bolitera
con quien puede apostarse los pesos y centavos.
«Es la Misa Suprema y día de lágrimas,
lacrimosa dies, versa est in luctum»,
susa Juanito Sacramento por causa de escuchar
las misas de difuntos del Curato y la Iglesia.

La propia nada como tal existe aquí.
Vino Ella. Lo ente en su totalidad
quedó caduco. El puro ser
y la nada son lo mismo.

10.

continua

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Del libro en preparación
Yo soy la muerte

______________

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