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FIESTA DE NAVIDAD |
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El evento festivo lo encontramos en todas las culturas y en todos los tiempos, forma parte de una necesidad fundamental del ser humano, a modo de distensión personal y alternancia al trabajo y, como cauce de relación social. Desde las más remotas culturas y con diversos motivos se ha expresado siempre. Una de sus manifestaciones más difundidas es la fiesta religiosa. La Iglesia en su Liturgia celebra a través del año, las fiestas que conmemoran los principales misterios de nuestra fe, dándole a su conjunto el nombre de Año Litúrgico. |
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Los primeros cristianos sustituyeron la fiesta pagana del Natalis, culto al solsticio de invierno, e instituyeron en su lugar la fiesta del nacimiento de Jesús, Sol sobre todo sol, y Luz sobre toda luz. |
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En la Navidad celebramos el amor de Dios a los hombres, hecho en Jesús tan cercano que, tomando la carne de María, resplandece con la gloria de la divinidad, pues es verdadero Dios y verdadero hombre. Niño pequeño nacido en Belén, ya desde su infancia asume nuestras limitaciones, enseñándonos a aceptar todo cuanto conlleva nuestra contingencia, pero, como Dios verdadero, nos injerta en la corriente profunda de su vida divina, |
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concretizando así la posibilidad para el hombre de su retorno a Dios. El misterio de la Encarnación abre la vía de una relación interpersonal entre Dios y su criatura. Relación de amistad y por tanto libre, que nace del amor, y cuya iniciativa corresponde a Dios, “tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo unigénito” (Jn 3, 16). El cristiano entra a formar parte de la familia divina por una relación filial con el Padre, como hermano de Cristo, por la acción del Espíritu Santo. El Carmelo celebra la Navidad con gran solemnidad. Es una herencia transmitida por nuestros santos fundadores y en cierto modo se puede considerar insertada en el carisma, todo él vertebrado por la humanidad de Cristo.
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Santa Teresa, en el capitulo 22 del libro de la Vida, nos brinda desde su experiencia personal, una brillante tesis del valor de esta Sacratísima humanidad de Cristo, para la vida espiritual cristiana, frente a las corrientes de espiritualidad de su tiempo, y dedica a este misterio seis bellas poesías. San Juan de la Cruz, forja una magistral exposición teológica de la Encarnación en su “Romance”. Eminentemente cristológico es también el capitulo 22 del libro II de la Subida del Monte Carmelo. Abundantes testimonios escritos y orales trasmitidos por la tradición, dan fe de la vivencia de este gran misterio en el Carmelo. |
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"Ya que era llegado el tiempo en que de nacer había, así como desposado de su tálamo salía abrazado con su esposa, que en sus brazos le traía, al cual la graciosa Madre en un pesebre ponía... de que tal trueque veía: el llanto del hombre en Dios y en el hombre la alegría... " San Juan de la Cruz (Romance, 9)
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