Las
Tres Virtudes Grandes
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Anteriormente había escrito ya el
“Libro de la
Vida”,
autobiografía
espiritual cuyos destinatarios eran sus confesores
y otros grandes teólogos. Pero sus monjas no podían ser privadas de sus
enseñanzas puestas por escrito y quiso hacerlo en tono más familiar,
sencillo y práctico. Así nació el libro. Era lo que sus hijas le pedían, que les escribiera
algunas cosas de oración. La Santa es además de realista una gran pedagoga y
sabe que antes de adentrarse en la oración, tiene que formar a la persona
desde unos valores básicos, para hacerla auténticamente cristiana y
orante. Entre estos destacan por su importancia y la amplitud
con que los trata, las llamadas
tres virtudes
grandes, fundamento, a la
vez que corona, de toda carmelita descalza; sin los cuales no puede haber
ni vida de oración ni santidad autentica. Son:
desasimiento, amor
fraterno y humildad. Desde estos valores se va realizando la personalidad madura y cristiana, pues son eminentemente evangélicos e integradores de la personalidad. |
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Si bien anteriormente hemos dicho que escribió para
sus monjas, no es menos cierto que su doctrina es válida
para toda
persona
que busque
sinceramente
la verdad de
Dios
y
la
verdad del hombre. |
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