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En febrero nos fuimos de vacaciones a Bahía (Brasil). Quince días geniales: mar transparente, arenas blancas, castillos portugueses, algo de buceo y fantasías, muchas fantasías. Yo trataba de ponerle paños fríos al tema, pero Luciana quería darse el gusto. Supuse que si me veía con menos ganas, ella iba a desistir de la idea, pero no fue así. Así que bueno, me la banqué, al fin y al cabo fui yo el de la idea, el que le calentó la cabeza durante meses. Además, no es que la fantasía había dejado de excitarme, es que me daba un poco de miedo, eso es todo.

El nuevo candidato era el guía que nos llevaba en su bote a bucear en los arrecifes de coral. Un tipo realmente muy apuesto –nobleza obliga–. Con mi consentimiento, Luciana comenzó a pasar más tiempo con él mientras yo me iba a bucear. También había otros turistas (italianos, alemanes, holandeses), pero realmente estaban en la suya y no repararon en lo que hacía o dejaba de hacer mi mujer, y si lo hicieron no dijeron nada.

En una de mis zambullidas me puse a observar la escena desde el mar. El estaba sentado en el borde del bote y ella, de pie, le comentaba algo que no pude entender a la distancia. Por primera vez pude observarla en todo su esplendor. Era muy bella sin duda: 1,65, pelo color caoba, piernas largas interminables, hermosas, todo el resto en su justa dimensión. La verdad que no era exuberante, pero tenía "algo" que la volvía muy apetecible. Mientras pensaba en esto vi como la mano de Felipe acariciaba las piernas de Luciana. Supuse que me iba a enojar, pero me excité como nunca...
Esa misma noche volvimos a las cabañas. Mientras Felipe charlaba animadamente con el dueño de la posada, me crucé a comprar unas cervezas y unos palitos salados para hacer una picadita. Sí, la dejé sola a Luciana...

Cuando volví, Felipe ya estaba instalado en la cabaña. Cuando me vio entrar se puso de pie nerviosamente. Lo calmé con un palmadita en la espalda, como diciendo "no te preocupés que está todo bien". Nos quedamos charlando un rato mientras disfrutábamos de la cerveza helada hasta que comprendí que hasta que no me fuera no iba a pasar nada entre ellos. Nervios, pudor, llamenlo como quieran. La cosa es que decidí salir y perderme un rato en la espesura de la noche...

Me terminé la Skoll de medio litro y emprendí el regreso. No sabía si entrar, espiar o irme al bar, estaba confundido. Es que no habíamos aclarado ese punto en cuestión. Decidí espiar como cuando tenía 15 años y fisgoneaba entre las persianas del albergue transitorio a la vuelta mi casa. Esta vez no era persianas, era simplemente un ventana entreabierta ...
Lo que vi me shockeó: un pene muy grande desaparecía una y otra vez dentro de la boca de mi mujer. El chico no era tan negro como Luciana quería, era simplemente un mulato, pero el tamaño de su miembro era exactamente lo que ella había estado deseando, y se notaba...

Dejé de espiar, estaba muy atontado. Me senté en el umbral de la puerta a pensar algún movimiento. Es que no podía creer lo que estaba viendo, era como algo irreal. Me parecía increíble que esa misma chica que hasta hace pocos años se negaba al sexo oral por "asqueroso", ahora se la chupaba con frenesí a un desconocido que habíamos conocido hace pocos días. "Algo pasó en el medio, y me lo perdí", pensé.

Cuando recuperé la razón volví al espionaje. Ahora la escena era otra: Felipe se la daba por atrás a Luciana. Con cada estocada, ella le pedía a los gritos "mais fuerte, mais fuerte". Supuestamente en ese momento tenía que hacer mi entrada, para hacer la fiesta como habíamos quedado. Pero no pude, no pude entrar. Me fui al bar y me tomé cuatro cervezas más viendo por la televisión un partido de Palmeiras con no me acuerdo quién.

Como a las tres de la mañana volví. La faena ya había terminado y Luciana dormía plácidamente en un costado de la cama. Quise intentar acostarme a dormir junto a ella, pero me dio asco. La idea de que en esa cama había estado ese tipo transpirando y escupiendo sus fluidos me dio tanto asco que me dio ganas de vomitar. Luciana se despertó por mi presencia y me preguntó qué había pasado, que por qué no entré. "¿Te gustó?", me dijo. No le contesté y me fui a dormir en la bolsa de dormir que habíamos traído.

A día siguiente nos volvimos para Buenos Aires. Dos días después nos separamos...

Durante meses me estuvo llamando, diciendo que me amaba, que quería estar conmigo, que aquello fue una locura que nunca más se repetiría. Pero yo ya no podía. Lo que vi me shockeó de tal manera que ya no había retorno para mi.

Hace dos semanas (más de cuatro años después) nos volvimos a ver. Está hermosa como siempre, pero con una expresión de tristeza y frustración que llamaron mi atención. Está casada con un compañero de la clínica, aunque no con el médico con el que habíamos fantaseado en un principio.

Tiene un bebé de un año y diez meses que por las fotos es hermoso, y se la ve conforme con su vida. Me contó que le costó años de terapia recuperarse de aquel episodio y que nunca me pudo olvidar, que siente culpa por lo que hizo. Sin embargo, traté de consolarla recordándole que el de la idea había sido yo y bla bla bla. La cosa quedó ahí por supuesto.

Ahora salgo con una chica que, oh casualidad, es brasileña aunque no de Bahía, sino de Río. Hace unos meses comencé a sentir nuevamente esa necesidad dormida de verla con otro hombre y participar del encuentro como trío. Sin embargo no me animé a contárselo. Es que no quiero perderla como perdí a Luciana. Esta persona me importa mucho y no soportaría pasar por lo mismo de nuevo. ¿Qué hago? ¿Callo o se lo digo. arriesgando así lo más importante que tengo en la vida?


 

 

 

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