LA MEDICINA INDÍGENA

Creían que las enfermedades estaban íntimamente relacionadas con la religión y que los padecimientos eran castigos justos por las faltas cometidas, por tanto, la salud era un don divino. Para luchar contra las enfermedades y el dolor físico, imploraban a sus dioses por medio de plegarias y sacrificios.

Tenían dioses de la medicina a los que se atribuían facultades portentosas: Citboluntún e Ixchel entre los mayas; y Xipelotépec y Amímitl entre los mexicas, aunque también consideraban dioses patronos de algunas especialidades médicas a algunas deidades; por ejemplo, Quetzalcóatl, Cihuacóatl y Xólotl eran los protectores de la ginecología y la obstetricia.

Además del origen divino que atribuían a las enfermedades, consideraron como causa de ellas a muchos fenómenos físicos como los cambios bruscos de temperatura y humedad, los abusos de los placeres y otros. Por ello, destinaron gran atención para conseguir los remedios para su curación. A la medicina la llamaron Tíciotl, era enseñada por los sacerdotes en los templos, o bien por los médicos que se dedicaban a atender a la población; con ellos se aprendía cuándo una enfermedad podía ser curada con medicinas o con baños, o cuando era necesario recurrir a la cirugía. En el hogar y por tradición, se empleaban muchos remedios para atender a los enfermos de la familia.

Emplearon una gran cantidad de medicamentos, algunos de origen mineral, otros de origen animal, pero sobre todo de las plantas, de las que tuvieron un conocimiento extraordinario, que ha quedado consignado en el Diccionario Botánico Badiano. Para surtir los mercados, los herbolarios recorrían los campos, recolectando las plantas que tuvieran un valor curativo y con ellas se preparaban tomas, gargarismos, buches, cataplasmas y pomadas.

Supieron que algunas enfermedades se transmitían por contagio, a ellas les llamaron cocoliztli; para combatirlas utilizaron cuidados especiales. Los cronistas del siglo XVI recogieron suficiente información de las actividades médicas de la época prehispánica; Sahagún nos dice que los médicos tenían grandes conocimientos de los vegetales, que sabían sangrar, sobar, reducir las luxaciones y las fracturas y curaban las llagas y la gota.

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Los indígenas emplearon una gran cantidad de medicamentos, principalmente de origen vegetal.

Uno de los trabajos de la medicina que más estimaron fue el de la partera, a la que llamaban Tícitl; era vista con respeto y se le encomendaba con gran confianza el cuidado de la mujer que iba a ser madre, para que llevara a buen fin el embarazo y el alumbramiento.