Lugares Turísticos

SAN JOSÉ DE MORO

A pocos kilómetros al norte de Chepén en el distrito de Pacanga, se encuentra San José de Moro, un pequeño pueblo que albergó, hace 1500 años, el núcleo de un importante centro ceremonial y cementerio para la élite de los mochicas y de los pueblos que los sucedieron. En el sitio hemos conducido investigaciones desde 1991, concentrándonos en definir mediante estudios estratigráficos las distintas sociedades que allí vivieron y en estudiar sus costumbres, creencias, artes, formas de organización y gobierno, estructuras sociales y de poder a través de los restos que nos dejaron en sus tumbas. Los hallazgos más importantes han sido grandes tumbas de cámara, dos de las cuales contenían a la sacerdotisas de la “Ceremonia del Sacrificio”.

LA CEREMONIA DEL ENTIERRO

Los mochicas dejaron una enorme cantidad de información acerca de sus creencias y rituales en sus detallados dibujos y esculturas. Uno de los más complejos diseños representa el entierro ceremonial de un individuo de gran importancia. Los entierros representados parecen ser los que hemos encontrado San José de Moro puesto que muchos de los ejemplos que conocemos de este dibujo proceden de San José de Moro y en 1992 encontramos dentro de la gran tumba de una Sacerdotisa, un ceramio con esta representación. El dibujo coincide en muchos aspectos con la tumba misma.

TUMBA

Tumba excavada en 1991 de la primera sacerdotisa. La tumba se encontró a más de siete metros de profundidad, formada por cuatro paredes de adobe con catorce nichos y dividida en dos áreas: la antecámara, a la derecha, donde se encontraron dos jóvenes mujeres probablemente sacrificadas poco antes del entierro y la cámara funeraria a la izquierda donde se encontraron las mayoría de las ofrendas. En el centro de la cámara funeraria se encontraba la sacerdotisa, una mujer gruesa de no más de metro cincuenta de altura y de poco más de cuarenta años, rodeada por dos mujeres muy mayores. Cerca de su mano derecha se halló una Copa del Sacrificio de cobre. El complejo ajuar funerario de la sacerdotisa incluía setenta y tres ceramios, collares y brazaletes de cuentas de metal, hueso, concha de turquesa, etc. Originalmente la Sacerdotisa yacía dentro de un ataúd rectangular de cañas a cuyos lados se cosieron piezas de metal en forma de brazos y piernas una gran máscara funeraria y piezas en formas de sandalias.

LA SACERDOTISA DE LA CEREMONIA DE SACRIFICIO

Esta ceremonia consistía en un complejo ritual de sacrificios humanos de guerreros Mochicas derrotados en combates rituales y la posterior ofrenda de su sangre a un Dios Supremo. La “Ceremonia del Sacrificio” era aparentemente el centro de la liturgia Mochica y se celebro a todo lo largo de su territorio, desde Pañamarca en el valle de  Nepeña, donde encontramos un mural con la sacerdotisa llevando la “Copa del Sacrificio”, hasta Sipán en el valle de Lambayeque, donde Walter Alva ha excavado la tumba del que parece ser el Dios Supremo que recibía y bebía la sangre de los prisioneros. Las mujeres fueron enterradas con las “Copas del Sacrificio” y con los singulares tocados que llevan en las representaciones. Sus altos rangos y la riqueza de sus tumbas derivarían de su importante función en el ritual religioso. La posición de Sacerdotisa parece haber sido un cargo hereditario lo que se ha confirmado por el hecho de haber encontrado no una sino dos sacerdotisas.

EL ENTIERRO DE LA SACERDOTISA

Las muertes de las sacerdotisas ocurrieron en los últimos años de la cultura Mochica, alrededor del 720d.c. Sus entierros significaron enormes gastos para una sociedad ya debilitada por periodos de mal clima y escasez. Pocos años después, la cultura Mochica sucumbió y se transformó en un conjunto de tradiciones que, lentamente, conducen a la formación de las culturas Lambayeque y Chimú. San José de Moro, sin embargo, nunca perdió su prestigio ya que individuos de alto rango siguieron enterándose allí hasta la Colonia.

Las Sacerdotisas desaparecieron de Moro y lentamente de la memoria de sus descendientes. Sabemos hoy que su poder no derivó de su destreza militar o de sus vínculos matrimoniales, sino de su papel en ceremonias y rituales que los Mochicas consideraron esenciales para la reproducción de su sociedad. Si bien sus nombres nunca más serán pronunciados, la grandeza de su pueblo habla por ellas.

 

Fuente: Folleto del Instituto Nacional de Cultura La Libertad  - Luis Jaime Castillo

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