La ciudad de Castro en la década del ‘20 paulatinamente aumentaba sus construcciones y, según el censo del año 1925 ya contabilizaba 2.711 habitantes, cifra que se repartía familiarmente dentro del plan de la villa y sector del puerto. Por tanto, ya era un pueblo más grande, aunque con un relativo progreso. Continuaba cíclicamente afectado, por constantes incendios; su destino así lo demostraba, templando a una comunidad ante la permanente adversidad. El trabajo bomberil de las dos primeras Compañías era dificultoso a causa de que contaban con el mínimo material para combatir al enemigo común  “ el fuego “  y de la creciente inquietud por dotar de mayor contingente a la institución, ya que pertenecer a Bomberos era consubstancial al poblado, otorgando un status social destacado. Todo esto, sumado a reorientaciones  internas de ambas Compañías deseando encauzar los personalismos en un servicio público institucional nuevo, derivó en un consenso favorable, apoyado  por el deseo de los vecinos, fueron las motivaciones que provocaron el nacimiento de otra Compañía.

         Transcurren 30 años desde que se formó la Primera y 26 años de la Segunda, cuando entre las cavilaciones propias de los primeros meses del año 1926, especialmente en el mes de Abril con reuniones, citas, planes y buenos deseos se concluyó que se necesitaba la creación de otra Compañía, a fin de cooperar en el servicio de incendios, optimizar la acción bomberil, aportando nóveles voluntarios empeñados en sacrificarse por la ciudadanía, engrandeciendo aún más al Cuerpo de Bomberos. Fue así como un grupo de caracterizados vecinos castreños; algunos ex voluntarios, junto a bomberos activos de las dos compañías dieron el impulso para fundar la tercera institución del Cuerpo. Para la formación de una nueva Compañía se requería en ese entonces un mínimo de 10 personas; se agruparon principalmente profesores de Educación Primaria motivados por el Director de la Escuela Elemental Miguel Aguilar Subiabre   junto con los docentes Fidel Cárcamo Cárcamo y Carlos Barrientos González.  Colegio que se localizaba entre la calle Gamboa y esquina Los Carrera. Fue un esfuerzo mancomunado para llevar a buen término la creación del tercer eslabón bomberil en ese año del ‘26. La comunidad estaba consciente, feliz y agradecida por tan importante hecho histórico; Castro iba a tener otra flamante Compañía.

          Justamente se escogió el 1° de Mayo, Día del Trabajo, fecha simbólica y sin duda una analogía favorable, de suyo especial, para convocar la reunión constitutiva en los salones de actos del propio Cuerpo de Bomberos aquella mañana del día Sábado que implicaría futuros esfuerzos, sacrificios y voluntad. En una sala atiborrada de personas invitadas, junto al sentimiento noble del permanente servicio público, con la presencia del Directorio General, Oficiales de las Compañías, bomberos, autoridades y aquella pléyade de futuros voluntarios se concretizó la fundación de la Tercera Compañía del Cuerpo de Bomberos de Castro, el 1° de Mayo de 1926. Se exponen las motivaciones, se analiza la incorporación y se justifica plenamente entre vítores, aplausos y cálido entusiasmo. La institución ingresa automáticamnente al Cuerpo y, formalmente se efectúan los trámites de rigor, refrendándolos ante el Notario que se encontraba presente; firmando los nuevos bomberos tercerinos el Acta Oficial de Constitución. Entre los planteamientos acotados se indicó que la Compañía sería de agua, a fin de reforzar la única institución que existía con dicha característica complementando también a la de “Hachas y Escalas”; Impusieron como lema de la Compañía: “DEBER Y ABNEGACION”, emblema señero para sus futuros bomberos ya que refleja con tales palabras el rumbo futuro bomberil, y enorme significado moral. Comenzaría la recolección de fondos para obtener los necesarios elementos y equipos; planificación de las actividades bomberiles futuras... entre algunos aspectos. Finalmente los discursos con los deseos de éxito y prosperidad, incentivando al permanente esfuerzo, cumplimiento y sacrificio por la Compañía y comunidad. Ese sábado 1° de Mayo ya transcurrido el mediodía fue de alegría para Castro y sus vecinos, como asimismo para el Cuerpo de Bomberos, por nacer una nueva Compañía hermana al servicio local. Una creación que nació sin traumas, sin prejuicios, sino fruto de un consenso positivo. Se procedió a elegir el primer Directorio de la Compañía entre los asistentes a la reunión constitutiva. Así, aquellos fundadores designados por aclamación fueron:

DIRECTOR                     :  Miguel Aguilar Subiabre.

CAPITAN                       :  Fidel Cárcamo Cárcamo.

TENIENTE 1°                 :  Ricardo Peral B.

TENIENTE 2°                       :  Carlos Barrientos González.

SECRETARIO                      :  Gaspar Galindo V.

TESORERO                          :  Demetrio Cárdenas Velásquez.

          Una excelente directiva, que a la semana siguiente inició inmediatamente su accionar junto a la veintena de bomberos tercerinos, algunos de ellos eran: Tirso Montiel; Santiago Velásquez; Osvaldo Silva; Bautista Mansilla; Froilán Figueroa; Rosendo Cárdenas Vidal; Hermógenes Díaz Vera; César Orrego; Darío Barrios Bórquez; Ramón Silva; Manuel Miranda; Arturo Cárcamo Cárdenas, fundador en décadas posteriores de otra Compañía. Sus integrantes se abocaron al perfeccionamiento en la actividad bomberil: ejercicios, marchas, guardias, reuniones, academias y otros aspectos preventivos. Se requería de personal preparado en un breve tiempo, para asistir a los llamados de incendio, tal como ocurrió durante esa década, donde la Tercera dio sus primeros pasos, comprobándose en la realidad la importancia de la nueva institución, no sólo entre la comunidad sino en el propio Cuerpo de Bomberos al ver reforzado el trabajo en emergencias. Sus inicios para los fundadores fueron de enorme sacrificio, no es fácil coordinar y organizar una labor que traspasó el tiempo, sirviendo ininterrumpidamente hasta hoy con ciclos de alto nivel y otros regulares. Al principio sus bomberos se destacaron inmediatamente, esto se explica porque muchos de ellos provenían de las otras Compañías, incluso algunos eran Oficiales, quienes aliados con los bomberos nuevos aportaron sus conocimientos y experiencias, conformando una consolidada agrupación, con objetivos claros.

         Se constituyó como Compañía de Agua, y por tanto debieron abocarse a ejercitarse precisamente en esta especialidad junto al material adecuado; para ello solicitaban prestados aquellos elementos a las otras Compañías o se ejercitaban mutuamente, toda vez que habían voluntarios activos que sabían de tales acciones. Así, en sus primeros llamados laboraron en conjunto a la Primera o Segunda y, con el mínimo material prestado por el Cuerpo.

          Los fundadores, para testimoniar tan relevante suceso e improntar sus ingentes esfuerzos, elaboran la primera insignia que fue usada en el año 1926 y siguiente década en los uniformes, con  legítimo orgullo. En el presente, guardan como preciada reliquia una de ellas en su sala de sesiones, obsequiada en Mayo de 1976 por el Teniente 2° fundador, más tarde Capitán don Carlos Barrientos González. Fue la primera condecoración ostentada por la Compañía, dice “Cuerpo de Bomberos”, un número 3  y bajo él la inscripción “Castro”; con un fondo circular color verde y un semirectángulo sobre el círculo. Aparte de las acciones habituales bomberiles debieron abocarse a recolectar fondos de diversas maneras, logrando ya antes de la fecha oficial de creación tercerina recursos necesarios destinados a solventar los múltiples elementos materiales requeridos, ya que el aporte institucional no alcanzaba a cubrir sus requerimientos. En 1935 y años siguientes las populares fondas y ramadas de Fiestas Patrias fueron motivo para obtener fondos. Así tenemos que a pocos años adquirieron baldes, escaleras, bicheros, mangueras y pitones, estos últimos entregados por la Comandancia; también para sus voluntarios, casacas de cuero de cabretilla, cortas, color negro; cascos, cinturones, equipamientos necesarios no sólo para la acción bomberil sino uniforme. Se caracterizaron por el uso de los populares “gallitos”, esos enormes carretes que arrrollaban más de seis mangueras de 65mm. arrastrados a grandes distancias por vigorosos bomberos; estos artilugios identificaban a la “Tercera Compañía”, siendo así reconocidos.

          En lo referente a sus tenidas de parada, en sus inicios y durante varias décadas obtuvieron vía traspaso de las otras Compañías y como obsequios de la Escuela Militar cascos modelo prusiano dados de baja, con bellas decoraciones y franja de bronce que lo rodeaba, resaltando el número 3 frontal con un estrellado de finos adornos del mismo metal, complementados con su primer uniforme: una guerrera de corte militar, paño color azul-negro con bocacuello negro y un número 3 de bronce como decoración, bocamangas rojas y botones a todo lo largo de la prenda, también de bronce y con un número, cinturón negro o blanco con una vaina para contener llaves de unión de fierro, pantalón blanco y zapatos negros. Hermosas prendas que dieron prestancia a sus integrantes. Incluso los cascos tenían en la sección superior un bonete metálico donde se instalaban los penachos militares blancos y rojos, usados así en los primeros años tanto en desfiles, ejercicios o emergencias como se aprecia en las fotografías; posteriormente dichos penachos son retirados del uso porque impedían el mejor accionar bomberil, a principios del ‘30, ostentando sólo el bonete de bronce que otorgaba una figura especial.

        En relación a su Cuartel, puntualizamos que gracias a sus excelentes gestiones, recursos, buenos oficios y relaciones  públicas y particulares obtuvieron un valioso sitio donde se instaló su primer cuartel, un logro notable y de enorme plusvalía. Estaba localizado en calle Esmeralda, contiguo al sitio donde más tarde funcionó el Cine Centenario y hoy, lo hace el Museo Regional, por la vereda Este.

        Un pequeño edificio con aspecto de capilla de dos pisos, con un balcón muy destacado, amplias ventanas como fachada en el piso superior, totalmente de madera y una fina torre para el secado de mangueras tipo campanario del mismo material con líneas arquitectónicas llamativas junto a su hermosa veleta o marcaviento. Era reparado y arreglado por los mismos Tercerinos, allí  concentraban toda su actividad, especialmente cuando dispusieron de la bomba-automóvil que mantuvo en tal lugar su sala de máquinas junto a otros elementos. Poseía amplias puertas de madera y una rampa para vehículos pavimentada, incluida su vereda, ya en el año 1931, una novedad urbana para la época. Tras este hall-garaje una espaciosa sala de sesiones y labor administrativa con salida al patio donde estaba la torre. En el 2° piso una sala utilizada para beneficios bailables les permitía obtener el financiamiento necesario. Allí funcionó la Comandancia por breve tiempo en 1950 ocupando el segundo piso, y hasta fines del año ‘56 aún funcionaba su Cuartel. Dicho edificio se derrumbó durante el terremoto del ‘60.

        Mientras se construía el actual Cuartel, el Cuerpo de Bomberos arrendó un local para sesionar, un Club Social ubicado en calle Serrano con Sotomayor, apodándolo “lugar de don Marciano”; también fue el sustituto Cuartel tercerino. Sin duda, los avances obtenidos en sólo una década de vida demostraron un activo progreso institucional, basado en la calidad bomberil de aquellos fundadores. Al respecto rememoramos que en sólo pocos años sus bomberos destacaron a nivel general, entre algunos: Fidel Cárcamo Cárcamo, quien en 1925, siendo Capitán de la Segunda, se traslada para fundar la Tercera en 1926, y ya a fines de ese año como Primer Capitán Tercerino es elegido 2° Comandante hasta 1928, para luego, en 1929 y 1930, ser Comandante del  Cuerpo, presentando su renuncia por traslado a otra ciudad. Fue el artífice de las enseñanzas ejecutivas de incendios y otros aspectos, como Oficial, aportando sus conocimientos justamente cuando más se requería, el año de fundación; Demetrio Cárdenas Velásquez, encargado durante gran parte de su vida de los recursos tuvo gran capacidad de gestión para obtener nuevos fondos y su brillante desempeño le valió ser designado Tesorero General durante los años ‘40 y Superintendente en el decenio del ‘50, aunque ingresó a otra Compañía que fundó años más tarde. Santiago Velásquez Cárcamo, fundador y Oficial ejemplar a quien la propia Compañía le entregó un Diploma de Honor por 25 años de servicio en 1951; Emilio Márquez Oyarzún, destacado Director en 1931 y excelente Comandante en los años 1935 y 1936, tuvo bajo su mando al Cuerpo en los gigantescos siniestros del año 1936, donde pese a los escasos elementos se cumplió una labor eficiente; Carlos Barrientos González, Teniente fundador y Capitán, creador de la primera insignia; también recordamos al Miembro Honorario Pedro Barrientos Barría y al destacado cronista, fotógrafo y bombero, Gilberto Provoste Angulo, vanguardista en el sentido de comenzar a retratar la vida cotidiana del Cuerpo; Leonidas Cárdenas, su Director en 1935 junto al Capitán C. Barrientos; mencionamos también al Director del mismo año Osvaldo Thielemann secundado por otros bomberos que orgullosos posaron en una relevante fotografía conservada en su actual sala; Don Raúl Andrade B., el estimado Director del año 1946; Arturo Avendaño, Secretario General del Cuerpo en 1950... Muchos más nombres engrosaron sus filas, todos de una u otra forma dedicaron sus esfuerzos a su Compañía; los mencionados de aquellos años iniciales reflejan a muchos Tercerinos a través de estos años de vida institucional. La remembranza de aquel primer aniversario en 1927 con la fotografía de sus integrantes y el corneta-bombero para las órdenes, en medio de la felicidad y alegría reflejaban cómo la Tercera consolidaba su accionar, improntados en el tradicional paseo después del desfile, mostrando orgullosos sus uniformes.

          Así, a los pocos años de servicio justificaban su fundación y la importancia de esta nueva institución para la ciudad de Castro.

principal