El espíritu de París

Toda Francia descansa hoy sobre la obra de Napoleón. No sólo en sus aciertos, también en sus acciones abyectas. Napoleón, a pesar de ser, segun su propia definición, el mas civil de todos los militares, no pudo evitar que Francia heredase del primer Imperio un cierto amor o añoranza de las armas, que a veces la condujo a estrepitosos desastres. Pero no   queremos hablar aquí de cosas tristes. Queremos hablar de París y ésto siempre es algo que sume nuestros corazones en la melancolía.  Porque Napoleón está aun hoy, presente, como en ninguna parte, en París. No sólo en la grandeza de los magníficos edificios neoclásicos, inspirados por su  influencia, ni en el Arco del Carrusel, ni en la llama del recuerdo... La novela de Napoleón es legible aún desde multitud de ámgulos y perspectivas de su capital.  La emoción nos asalta cuando recreamos hoy, las descripciones de aquélla época. Por ejemplo, Honorato de Balzac, aquel insigne novelista, uno de los mas fecundos creadores de todos los tiempos, que sólo pretendió "llegar con mi  pluma, donde Napoleón llegó con su  espada", describe así el París del Emperador:

"En París hay calles deshonradas como pueda serlo un hombre culpado de infamia; también hay calles nobles y calles simplemente honradas; hay calles jóvenes sobre cuya moralidad la gente no ha formado opinión todavía; hay calles criminales; calles más viejas de lo que pueden serlo las solteronas ancianas; calles estimbles; calles siempre limpias; calles siempre sucias; calles obreras, laboriosas, mercantiles... En fin, las calles de París poseen cualidades humanas y su fisonomía nos evoca ideas diversas sobre las cuales no podemos defendernos. ..."H. de Balzac. Historia de los trece.

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