RETRATO DEL MISIONERO CLARETIANO
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"Un Hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa. Que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todos los hombres en el fuego del divino amor. Nada le arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias; se alegra en los tormentos y dolores que sufre y se gloria en la cruz de Jesucristo.
No piensa sino cómo seguirá e imitará a Cristo en orar; en trabajar, en sufrir y en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de los hombres"(CLARET)
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Nuestra Congregación cumple su misión suscitando y consolidando comunidades de creyentes, sea convirtiendo a los hombres a Dios por la fe, sea renovando su vida en Cristo y llevándola hasta la pefección.
Para cumplir esta misión empleen los Misioneros todos los medios que les sean posibles; pero, ante todo han de fomentar en sí mismos:
- El sentido de intuición para captar lo más urgente oportuno y eficaz atendidas las circunstancias de tiempos, lugares y personas sin anclarse en métodos o instrumentos de apostolado inadecuados;
- El sentido de disponibilidad, de modo que estén dispuestos a renunciar a todo lo que hasta ahora han tenido con el fin de propagar la fe tanto dentro como fuera de las fronteras de la patria, dóciles al Espíritu y obedientes a la misión;
- El sentido de catolicidad para ira todas las partes del mundo y con espíritu abierto estimar grandemente las costumbres de los pueblos y sus valores culturales y religiosos" (Constituciones, 47-48).
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Los campos de trabajo apostólico principales en la Congregación son: la enseñanza y la catequesis, los medios de comunicación social y la acción parroquial, la atención a los emigrantes y la promoción social, todo ello en clave misionera y evangelizadora, tal como lo exige el carisma de San Antonio María Claret.
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Cuadro alegórico de Segundo Gutiérrez, dedicado a los mártires de Barbastro.
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