MANIFESTACIONES CLÍNICAS DEL AUTISMO.

TRASTORNOS DEL LENGUAJE EN NIÑOS AUTISTAS

AGNOSIA AUDITIVA VERBAL

SÍNDROME FONOLÓGICO-SINTÁCTICO

SÍNDROME LÉXICO-SINTÁCTICO

confuso.wmf (1494 bytes) MEMORIA

TRASTORNO SEMÁNTICO-PRAGMÁTICO DEL LENGUAJE

    Ø TURNO DE LA PALABRA

    Ø INICIOS DE CONVERSACIÓN  acuerdo.wmf (26454 bytes)     

    Ø LENGUAJE FIGURADO

    Ø CLARIFICACIONES

manoab.wmf (5910 bytes)  ALTERACIONES DEL LENGUAJE GESTUAL Y MÍMICO

MUTISMO SELECTIVO Y ECOLALIA (INVERSIÓN PRONOMINAL...)                                                                                                                                                                                                                        

TRASTORNOS DE LA PROSODIA

HIPERLEXIA

 

 

MANIFESTACIONES CLÍNICAS DEL AUTISMO

    El autismo es un trastorno del desarrollo; y como tal, está ubicado en el DSM IV y en el ICD 10. Su inicio es precoz, y se considera como criterio diagnóstico, que al menos una de sus manifestaciones se haya iniciado antes de los tres años.

    Su prevalencia es elevada y se sitúa entre el 1 y el 2.6 por 1000 (Sugiyama T, Takei Y, Abe , 1992) (Brysib SE, Clark BS, Smith IM , 1988) (Gillberg C, Steffenburg S, Schaumann , 1991) (Frith U , 1991) . Evidentemente, la prevalencia varía mucho en función de si se toman en consideración únicamente formas puras de autismo, o bien se aceptan como autistas niños, que sin cumplir estrictamente todos los criterios, cumplen sólo algunos de ellos; pero suficientes para considerar que estamos ante un trastorno de tipo autista.

    Las manifestaciones clínicas se centran en torno a unas características nucleares del autismo:

§ Trastorno de la relación social,(que ya hemos tratado).

§ Trastorno de la comunicación (alteraciones del lenguaje).

 

TRASTORNO DE LA COMUNICACIÓN

ALTERACIONES DEL LENGUAJE

    Si bien la alteración en el lenguaje de los niños autistas, ya fue identificada en las descripciones iniciales de Kanner, ha existido un amplio debate sobre su significado. Sin embargo, cuando se han analizado los trastornos del lenguaje en los niños autistas, se ha evidenciado que en general no difieren de los que pueden presentar los niños no autistas, por lo menos en sus aspectos formales.

    El motivo más frecuente de consulta de un niño autista es el retraso en la adquisición del lenguaje. Es preciso, por tanto, tener un elevado grado de sospecha y profundizar en la valoración de la conducta social si a los 2 años no se ha iniciado el lenguaje. Tuchman et al. reportaron que en más de la mitad de niños autistas de edad preescolar el principal motivo de preocupación de los padres era la ausencia de lenguaje (Tuchman R, Rapin I, Shinnar S , 1991). En ocasiones a ello se une la sensación de que no comprende el significado del lenguaje.

    Un primer síntoma de la existencia de algún problema es que el/la niño/a no muestre un desarrollo adecuado del lenguaje. Cuando esto ocurre, se tiende a hacer un diagnóstico diferencial en el que se consideran tres posibles causas:

    * DETERIORO AUDITIVO: Siempre hay que tenerlo en cuenta, porque si lo hay, un error en el diagnóstico podría provocar prejuicios significativos al niño/a, si éste necesita ser dotado de ayudas auditivas y expuesto a un lenguaje visual para el aprendizaje del lenguaje.

    * DEFICIENCIA MENTAL: Es una incompetencia conductual completa, cuyas limitaciones intrínsecas del déficit intelectual hacen que la adquisición del lenguaje se vea perturbada gravemente.

    En relación al lenguaje, se observa retraso en la iniciación de la actividad verbal; lentitud e imperfección en la organización del lenguaje; ausencia de artículos, preposiciones; alteraciones en la conjugación verbal y un uso insuficiente y erróneo de adjetivos y adverbios; también hay déficit en el contenido; pobreza conceptual y semántica y una limitada comprensión del lenguaje.

    * DISFASIA: Es una inadecuada y retrasada adquisición del lenguaje con ausencia de deficiencia mental, problemas emocionales-sociales y deprivación medio–ambiental grave. Existe un déficit a nivel de comprensión, procesamiento y uso del lenguaje.

    No es infrecuente observar, en niños de 2 a 4 años, la presencia de una jerga, en ocasiones muy elaborada, que sustituye el lenguaje. Puede parecer una imitación del lenguaje de los adultos, pero evidentemente desprovisto de contenido semántico. De forma intercalada a la jerga, suele aparecer alguna palabra o frase, en ocasiones sorprendentemente sofisticada, pero absolutamente descontextualizada. Otro fenómeno, peculiar en niños autistas es la ecolalia, a veces, inmediata, y otras veces retardada.

    Si bien la primera puede ser fisiológica durante un cierto periodo, la segunda debe motivar una elevada sospecha de autismo. También es típica la ausencia de interlocutor durante los largos discursos que pueden acompañar los juegos infantiles. Llama la atención en este discurso, vacío de contenido, la cuidada entonación, como si imitara una charla perfectamente elaborada. Pueden aparecer entremezclados anuncios televisivos y frases hechas.

    Otra característica peculiar, de carácter precoz en el lenguaje del autista, es la falta de gesticulación o expresión facial, como medio para suplir o compensar sus déficits lingüísticos, cuando intenta comunicar algo. La gesticulación del autista está disociada de la comunicación. Por el contrario, puede utilizar el gesto o el movimiento para dirigir al adulto hacia su fin, pero como si el adulto fuera un objeto más, utilizado mecánicamente para satisfacer sus deseos.

    Un fenómeno lingüístico, prácticamente patognomónico de niños autistas es el uso del "tu" o el "él" en sustitución del "yo". Esta peculiaridad podría ser una forma de ecolalia (Bartak K, Rutter M, 1974). También es posible que este fenómeno tenga alguna relación con los déficits cognitivos sociales, propios del autista, como se verá más adelante.

    Además de la capacidad expresiva, suele estar afectada la comprensión, si bien este aspecto puede ser más difícil de reconocer. En ocasiones, puede plantear la duda sobre la existencia de una sordera.

    Los problemas de expresión y comprensión el lenguaje son evidentes, antes incluso, de que el niño haya comenzado a hablar. Durante sus tres primeros años se ha observado en el niño autista un déficit en lo que se refiere a las habilidades de señalización –gritos, gestos anticipatorios- (Shaeffer, 1971); vocalización atípica (Ricks y Wing, 1976; pobreza de la comunicación gestual y mímica (mímica a menudo rigidificada y expresión corporal reducida); pocas imitaciones verbales y no verbales(por ejemplo, no pueden repetir los movimientos realizados por otro: rasgo dispráxico) y sociales; pocos juegos simbólicos creativos; manipulación estereotipada de los objetos. Wing interpreta estas diferencias como sintomáticas de un lenguaje interior pobre.

    Cuando se intenta categorizar los trastornos del lenguaje del niño autista, puede hacerse desde dos planteamientos conceptuales distintos, aunque no necesariamente contradictorios. Por un lado desde el punto de vista de Bishop, todos los trastornos del lenguaje encajan en el concepto unificador de trastornos específicos de lenguaje, independientemente de que este afectada la capacidad receptiva, la expresiva o ambas. En realidad el déficit expresivo, siempre va asociado a un déficit de comprensión, si bien con las técnicas convencionales puede ser difícil de poner en evidencia (Bishop DVM , 1979).

    Rapin prefiere mantener distintas categorías, puesto que de esta forma queda mejor definido el tipo de problema linguístico. Según este criterio, Rapin define en el autista 4 síndromes de déficit lingüístico, que no difieren esencialmente de los descritos en el niño no autista (Rapin I, 1997).

    La comunicación intencional, activa y espontánea que suele desarrollar el/la niño/a normalmente entre los 8-9 meses, se ve muy perturbada o limitada en los/as niños/as autistas.

    Las dificultades se hacen aún más patentes a partir del año y medio o dos años, en los cuales, los/as niños/as "normales" hacen progresos muy rápidos en la adquisición del lenguaje y de las conductas simbólicas. Los/as niño/as autistas que llegan a hablar, lo hacen con unos patrones lingüísticos cualitativamente diferentes de los/as niños/as "normales" y con otros trastornos del habla.

    Los/as niños/as autistas que consiguen hablar presentan, más frecuentemente, las alteraciones que a continuación les indicamos:

TRASTORNOS DEL LENGUAJE

AGNOSIA AUDITIVA VERBAL.

Descrito por Rapin et al, 1977. En estos casos existe una incapacidad para descodificar el lenguaje recibido por vía auditiva. En los niños autistas con este nivel de afectación, no se observan, a diferencia del niño puramente disfásico, esfuerzos para comunicarse mediante medios no verbales: dibujos, gestos. Por el contrario, el niño simplemente utiliza al adulto como un objeto manipulado para satisfacer sus deseos. Es típico constatar como el niño toma de la mano a su madre, dirigiéndola a su objetivo, sin mediar ninguna mirada, ni cualquier otra interrelación comunicativa. Los autistas con esta disfunción lingüística suelen ser los más graves. Se añade habitualmente un retardo mental, que acentúa el trastorno.

    Este trastorno es el que con mayor frecuencia se asocia a epilepsia y/o alteraciones paroxísticas en el EEG. Ello plantea interesantes cuestiones sobre la relación entre estos cuadros de autismo, severamente disfásicos, y la afasia epiléptica adquirida de Landau-Kleffner.

 

SÍNDROME FONOLÓGICO-SINTÁCTICO

    Es el trastorno específico del lenguaje más habitual, tanto entre autistas, como no autistas. A veces, difícil de diferenciar, en casos leves del retardo simple del lenguaje. Se expresa por una pobreza semántica y gramatical, acompañada de una vocalización deficiente, lo cual condiciona un lenguaje poco inteligible sobre todo para los adultos no familiarizados con su forma de hablar. Si bien la comprensión está más o menos alterada, se manifiesta especialmente como un déficit expresivo.

 

SÍNDROME LÉXICO-SINTÁCTICO

    En estos casos la afectación reside principalmente en la capacidad para evocar la palabra adecuada al concepto o a la idea. A pesar de que la producción verbal es fluente, a poco que se analice, se aprecia una pobreza expresiva. Debido a que se añaden dificultades pragmáticas, es difícil establecer los límites de este trastorno, tanto con respecto al síndrome semántico-pragmático, como con el fonológico-sintáctico.

 

MEMORIA

    O´Connor señala que la memoria en los niños autistas funciona de manera diferente a la de los niños "normales".

    La capacidad de retención de series de palabras parece mejorar cuando son sin sentido, al revés de lo que sucede en niños "normales". Este dato explicaría los déficits sintácticos y los fallos semánticos de los autistas. Así, su recuerdo de las palabras de pende más de su sonido que de su significado o uso gramatical. Según estos estudios, el problema del lenguaje autista tiene un fundamento en una definición básica en la capacidad de secuencialización, abstracción y comprensión.

    Hermelin y O´Connor (1970) afirman que el problema del lenguaje autista es una consecuencia de una perturbación más genérica que se centra en la incapacidad para el uso de símbolos, y ésta consiste probablemente en un déficit en la codificación, obtención y organización de la información.

 

SÍNDROME SEMÁNTICO-PRAGMÁTICO

    El autista, no solo presenta trastornos referidos a aspectos formales del lenguaje (sintaxis, léxico, fonología, prosodia), sino que el uso social o comunicativo del mismo también suele estar alterado. Sensibles a este problema, Rapin y Allen describieron en 1983 el llamado síndrome semántico-pragmático.

    Más tarde, a partir de la descripción inicial, Bishop y Rosenbloom(1987) propusieron modificar la denominación por la de trastorno semántico-pragmático, al considerar que más que un síndrome específico, se trataba de un problema muy ligado al autismo. Estos autores, hicieron notar que muchos niños con alteración semántico-pragmática, a los cuales de ningún modo se les habría considerado autistas en una valoración superficial, sometidos a un análisis minucioso, evidenciaban problemas de relación social que los podían aproximar al síndrome de Asperger o al TGD-NE.

    Los aspectos pragmáticos del lenguaje se sustentan en las habilidades lingüísticas, pero también dependen de las habilidades cognitivo-sociales del individuo. De aquí que este trastorno sea especialmente interesante en los autistas, puesto que en el autismo se conjuga la alteración lingüística con la alteración en la relación social, sustentada en una dificultad para interpretar el pensamiento del interlocutor. Teniendo en cuenta estas variables, Bishop 1989) empezó a difundir la idea de que los trastornos específicos del lenguaje y trastornos autísticos no son términos excluyentes, sino que por el contrario se ubican en un continuo. Los niños con recursos comunicativos relativamente buenos, pero con falta de habilidades sociales se aproximarían al síndrome de Asperger; los niños con relativamente buena relación social, pero con mayor trastorno del lenguaje estarían ubicados en el trastorno semántico pragmático y por último los niños con alteración en los dos sentidos, social y lingüístico, constituirían los autistas clásicos. Quizás el aspecto más interesante de este modelo está en reconocer que lo que predomina son las formas intermedias, ubicadas en cualquier punto de este continuo.

    En un trabajo más reciente, Shields et al. (1996) comparan niños con trastorno semántico-pragmático con niños autistas de funcionamiento elevado. Valoran los resultados en baterías de test neuropsicológicos y de cognición social, y encuentran similitudes entre ambos grupos. En los dos grupos los resultados indican disfunción de hemisferio derecho y disfunción cognitiva social. En una revisión de Gagnon et al. (1997) , al comparar autistas de funcionamiento alto y niños diagnosticados de síndrome semántico pragmático, se concluye que no se pueden establecer diferencias sintomáticas que marquen una frontera entre unos y otros.     A continuación, detallamos los aspectos pragmáticos del lenguaje que pueden estar alterados en los trastornos autistas:

 

 Ø TURNO DE LA PALABRA

    Cuando se mantiene una conversación es preciso que mientras uno habla, el otro escuche, y viceversa. Sin esta reciprocidad, la comunicación queda muy limitada.

    Para que funcione correctamente la alternancia, el que está escuchando debe monitorizar el discurso de su interlocutor, con el fin de predecir cuando va a terminar su turno y poder entonces efectuar su intervención. Por tanto, es preciso un conocimiento de la estructura sintáctica de las frases y una interpretación de las claves prosódicas, aspectos que permiten predecir el final de un turno.

    En niños con trastorno específico del lenguaje, estas cualidades interpretativas pueden estar afectadas, y por tanto condicionar dificultades en mantener un turno de palabra correcto durante la conversación (Craig HK, Evans JL, 1989).

    También es preciso, considerar en la reciprocidad del turno de palabra, aspectos independientes de la capacidad lingüística. Existen aspectos no lingüísticos del autismo que se han podido relacionar con dificultades para identificar marcadores conversacionales. Se ha observado que los autistas tienen dificultades en pasar sucesivamente del rol de "el que habla" a "el que escucha", tienden por tanto, a mantenerse indefinidamente el rol de hablador Baltaxe CA, Simmons JQ, 1977). También los autistas tienen dificultad en utilizar el contacto visual como clave para identificar su turno. Baron-Cohen atribuye este problema directamente al déficit de TM (Baron Cohen , 1988).

 

Ø INICIOS DE CONVERSACIÓN

    Es evidente, que para introducir un tópico en la conversación, se requieren habilidades lingüísticas. Es preciso saber qué se quiere decir y cómo se puede decir. Cuando falla este mecanismo, el sujeto tiende a adoptar una actitud pasiva, que le exime de esta dificultad. La capacidad de iniciar una conversación, o cambiar de tema, también depende de habilidades cognitivo-sociales. El factor más decisivo en este sentido, es saber identificar en que momento la atención del interlocutor está en disposición de permitir una actitud receptiva. La detección atencional, también se rige por ciertos códigos, difíciles de reconocer por parte de los autistas. Pero además, es preciso utilizar claves no verbales que indiquen al interlocutor un inicio de conversación. Estos indicadores pueden ser: un contacto ocular, una entonación significativa o un marcador verbal.

    También es preciso que los inicios sean contextualmente adecuados, pues de lo contrario la conversación queda absolutamente dispersa. No es preciso insistir en el hecho de que todos estos aspectos pueden ser explicados como habilidades relacionadas con la TM; y que por tanto, los niños autistas tienen dificultades en los inicios y cambios de conversación. Dentro de esta alteración pragmática, se puede incluir la tendencia de los autistas a reiterar la misma pregunta, independientemente de la respuesta (Hurtig R, Ensrud S, Tomblin JB, 1982)

 

Ø LENGUAJE FIGURADO

    También en este caso están involucradas habilidades lingüísticas y habilidades sociales. A poco que se analice el lenguaje corriente, se pone de manifiesto el uso habitual de formas lingüísticas figuradas: metáforas, dobles sentidos, significados implícitos y formas de cortesía. En el aspecto lingüístico, es preciso una comprensión de los giros gramaticales y formas sintácticas que regulan el uso social del lenguaje. Al faltar un referente lógico claro y transparente, el niño con trastorno especifico del lenguaje, se encuentra con dificultades para entender un lenguaje que puede convertirse en críptico; y por tanto, desconectar de la coherencia conversacional requerida. Evidentemente, en el autista, este problema se acentúa mucho más, por el hecho de requerir una interpretación más allá de las puras palabras, una interpretación no de lo que se dice, sino de lo que se quiere decir.

    De nuevo, es preciso enfrentarse a la necesidad de comprender la mente del otro, para participar en el intercambio, ya no sólo de ideas, sino de sentimientos y afectos. En este terreno, el autista se encuentra totalmente desbordado, de aquí que su lenguaje pierda el rumbo con facilidad.

 

Ø CLARIFICACIONES

    En una conversación, es preciso ajustar el discurso a la comprensión del interlocutor. Hace falta repetir frases con distintos giros, repetir ideas de forma distinta, reiterar conceptos complicados, asegurarse constantemente que el mensaje es recibido en el sentido deseado por el emisor. Nuevamente hay que contemplar la doble vertiente semántica y socio-cognitiva.

    Para manejarse con unas habilidades lingüísticas, que hagan el lenguaje comprensible en toda su profundidad, es necesario disponer de capacidades expresivas puramente lingüísticas; pero también hace falta detectar cuando el mensaje es captado de forma correcta, o puede quedar perdido entre un constante fluir de palabras desestructuradas.

    Está claro, que al autista le representaría un gran esfuerzo, tener que interpretar constantemente si su discurso ha sido bien recibido. En los casos que falla esta habilidad, parece como si uno hablara para sí mismo.

    Recíprocamente, este mismo mecanismo conversacional, implica que cuando el receptor no entiende algo, solicita una aclaración para recuperar un concepto recibido ambiguamente, erróneamente o simplemente no recibido, a pesar de las palabras. Pero, el/la autista puede interpretar que la conversación del adulto siempre es correcta y que el problema reside únicamente en su capacidad de comprensión. Ello puede conducir a adoptar el hábito de no preguntar o pedir aclaraciones.

 

ALTERACIONES DEL LENGUAJE GESTUAL Y MÍMICO

    En general, el/la niño/a autista tiene un lenguaje gestual muy limitado. Dado el interés o indiferencia que muestran por su entorno, no comprenden el lenguaje gestual de los demás y, consecuentemente, no saben expresarse mímicamente; esto es especialmente observable en los primeros años de vida donde puede adquirir cierta comprensión gestual si desarrolla la capacidad de observación visual. Con frecuencia, ha de enseñárseles gestos sociales tan simples como la sonrisa o el abrazo (Wing, 1981).

    Asímismo, el/la niño/a autista presenta limitaciones psicomotrices debido, entre otras causas, a su posible retraso psicomotor, a sus alteraciones del control motor y a la confusión de movimientos espaciales (arriba/abajo, izquierda/derecha). Esta torpeza de movimientos genera obstáculos a la hora de imitar los gestos de los demás. Sólo utilizan un lenguaje corporal (coger de la mano a alguien...) cuando desean obtener algo, aunque a veces conducen a la persona a un lugar y después no expresan nada.

    Las dificultades de interacción social, sus pobres respuestas a las emociones de los demás y sus parcas expresiones emocionales hacen de los autistas sujetos con un lenguaje mímico muy reducido y que sólo experimentarán grandes cambios en función de sus propias características y de la eficacia de la intervención aplicada.

    La dificultad para el/la niño/a autista no estriba sólo en el cómo comunicarse, sino en la elaboración de nociones sobre las relaciones entre personas, objetos y acciones.

    Los/as autistas tardan mucho en comenzar a hablar, incluso el 50% permanecerán sin habla, pero, a diferencia de quienes tienen retraso en el desarrollo del lenguaje o de los sordos, utilizan gestos como sustitutos del lenguaje (Wing, 1989).

 

MUTISMO SELECTIVO Y ECOLALIA (INVERSIÓN PRONOMINAL)

    Los niños que padecen este trastorno tienen capacidad para hablar normalmente; pero en determinadas situaciones, especialmente en el colegio, o con desconocidos, no utilizan prácticamente ningún lenguaje. Muchos aspectos del mutismo selectivo son similares a los hallados en los autistas de funcionamiento elevado y síndrome de Asperger. Por ello se ha propuesto que posiblemente exista una relación entre estos trastornos (Gillberg C, 1989) (Kopp S, Gillberg C , 1992)

    Las primeras emisiones que producen, si superan el periodo de mutismo, pueden ser frases del tipo: cocacola refresca mejor, no te subas encima del sofá o ¿quieres leche?; emisiones que a primera vista indicarán un conocimiento extenso del idioma, pero que en realidad son de la ecolalia. Ésta consiste en la repetición de palabras y frases emitidas por los demás, tienen lugar inmediatamente después, o con un tiempo de demora (diferida) que puede ser de horas o incluso días; la repetición puede ser exacta o modificada (mitigada: menos exacta al original).

    Sólo una parte de estos sujetos empleará "en alguna fase de su desarrollo" esta ecolalia como recurso o medio de comunicación, otros persistirán en el empleo de la ecolalia exclusivamente con carácter autoestimulativo.

    En algunos casos, la ecolalia coexistirá con emisiones creativas, no automáticas, de fecha de aparición tardía; a la vez que se incrementarán las capacidades de comprensión verbal. Esta fase puede dar paso "en algunos casos" a una desaparición gradual de los ecos exactos, dejando paso a ecos mitigados; al tiempo que las habilidades morfosintácticas se irán complejizando, persistiendo; por lo general, inversión pronominal (uno se refiere a sí mismo utilizando "tú" o "él" o su propio nombre.

    Por último, existe una minoría de sujetos con un dominio del componente formal del lenguaje (morfosintaxis...) pero que desarrollará rutinas verbales (formulación reiterada de frases, preguntas, etc.), temáticas obsesivas, dificultades específicas para entablar conversaciones, laconismo (brevedad) verbal, manteniendo las alteraciones en la inflexión de la voz y dificultad para generalizar los contenidos lingüísticos aprendidos de una situación a otra (literalidad).

 

TRASTORNOS DE LA PROSODIA

    La prosodia incluye los aspectos del habla no relacionados directamente con la descodificación de grafema a fonema. Por tanto se refiere a la entonación y al ritmo que se aplica al lenguaje. En niños autistas de funcionamiento alto y en el síndrome de Asperger no es raro observar trastornos de este tipo, que pueden añadirse a otros problemas lingüísticos. En ocasiones el tono de voz que utiliza el niño puede generar una sensación de pedantería. En otros casos se expresa con una entonación excesivamente aguda, o con formas de voz muy peculiares, que acentúan la extravagancia del lenguaje. Entre los criterios diagnósticos de Gillberg figura, como una de las posibles disfunciones del lenguaje y del habla, la alteración prosódica (Gillberg C, Gillberg I C, 1989).

 

HIPERLEXIA

    La hiperlexia es un trastorno de la lectura, que aunque no sea exclusivo, se da especialmente en niños autistas. En cierta forma es la versión literaria del trastorno pragmático del lenguaje.

    Los niños hiperléxicos son capaces de leer con una perfección formal impropia de su edad cronológica, pero con una capacidad de comprensión muy limitada. Es decir, leen muy bien, pero no entienden nada. Pennington et al. (Pennington BF, Johnson C, Welsh MC, 1987), explican este trastorno en base a la disociación que existe entre la destreza para aprender a leer y la comprensión semántica del material escrito. Esta falta de comprensión estaría en relación a los déficits lingüísticos que presenta el autista, sin que ello interfiriera las habilidades lectoras. La tendencia del autista a centrar la atención en aspectos formales del lenguaje, en este caso se orientaría hacia los signos de escritura y las reglas fonéticas que los rigen. Es evidente que esta dificultad en la comprensión de la lectura, conduce a un fracaso escolar global y sólo a partir de su identificación se podrá ofrecer la ayuda estratégica adecuada. Este trastorno es más propio de los autistas de funcionalismo elevado o en el trastorno de Asperger.

 

 

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