Capítulo I - Consolidación de la República

CAPITULO I

 

MUEREN MIGUEL JERONIMO SEMINARIO Y JOSE DE LAMA

 

Ø      Fusilan a bandoleros en Piura

Ø      Manuela Sáenz reclama herencia

Ø      Las cartas de Manuela Sáenz

Ø      Muere don Miguel Jerónimo Seminario y Jaime

Ø      El feble boliviano

Ø      Vivanco pasa por Paita.

Ø      Pedro de la Quintana, gobernador.

Ø      Muere José de Lama Sedamanos.

Ø      Proyecto para irrigar el Valle del Chira.

Ø      El senado rechaza el proyecto.

Ø      Las Memorias de Echenique

Ø      Ceden territorio al Brasil.

Ø      La Consolidación.

 

Fusilan a bandoleros en Piura

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Durante el siglo XIX y los primeros decenios del siglo XX, los bandoleros infestaban los campos piuranos-. Muchas veces gozaban de la protección y asilo e los campesinos. Era frecuente comentar que algunos de ellos se mostraban muy crueles y sanguinarios con unos y sumamente generosos con otros.. Esto ha ocurrido hasta  la segunda mitad del siglo pasado a que a un bandolero llamado Froilán Alama se le  consideró como un luchador social y después de muerto se le han tributado honores.

 Cuenta el narrador don Federico Helguero, que entre 1845 y 1850 dos bandoleros se habían enseñoreado de los caminos de Piura. Se trataba de un negro  conocido solo como Gamboa y un  blanco ojos color miel conocido como  Añasco. Siempre iban en pareja y tenían una excelente puntería.

Cuando en 1850 fue nombrado gobernador político de la provincia el coronel Cipriano Delgado, su primera tarea fue la de limpiar los caminos de bandoleros. En ese propósito fue eficazmente secundado por el subprefecto  teniente coronel Toribio Bravo.

No fue necesario mucho tiempo para capturar a los dos bandidos que llevados ante el juez  de Primera Instancia,  doctor Manuel Bengas, fueron condenados a muerte. Los bandidos apelaron antela Corte Superior de Trujillo,  pero eran tan graves los delitos cometidos; que la sentencia fue confirmada.

 

El día de la ejecución, los reos salieron de la cárcel ubicada en los bajos del Cabildo, acompañados de un sacerdote, que oraba en alta voz, lo que era coreado por una gran multitud que se había congregado. Incluso y cumpliendo disposiciones de esa época asistían en formación alumnos de las escuelas.  Los condenados fueron colocados frente a los muros del cementerio que existía  frente al mercado, lugar que hoy ocupa la plaza de armas. En terrenos de ese cementerio la firma inglesa Duncan Fox construyó su local que hoy ocupa el Banco Central de Reserva.. Diez fusileros se apostaron a 15 metros de los iban a ser ajusticiados. Después de efectuada la descarga se pudo ver que  Añasco yacía muerto en el suelo prácticamente con la cabeza y el pecho destrozados, mientras que Gamboa seguía de pie sin tener ni una herida. Cuando se acercaron al bandido se pudo comprobar que tenía delante del corazón un detente de la Virgen del Carmen, con señas de que allí habían caído balas y se habían estrellado. La gente gritó: ¡ milagro, milagro¡ y a todo pulmón pidió  la libertad de Gamboa. Las autoridades deliberaron por largo rato, pero lo cierto era que de acuerdo a las leyes de la época un reo no podía ser fusilado dos veces. En Gamboa se había cumplido la sentencia. Pero no se pensó así en ese momento. El sacerdote quitó a Gamboa el escapulario y fue fusilado de nuevo, quedando muerto en el acto.

 

 

Manuela Sáenz reclama herencia

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Mientras vivía en Paita, Manuela Sáenz prefirió la paz ganada en base al anonimato y por tal motivo jamás hizo reclamo alguno, de ninguna naturaleza.

 

Con O’Leary, asistente de Bolívar mantuvo en determinado momento un cambio epistolar, por que el mencionado general estaba escribiendo un libro sobre el Libertador. No obstante, su gran pobreza en Paita, jamás quiso Manuela recibir dinero alguno de su esposo y cuando éste se lo había remitido, lo había devuelto. 

Sólo cuando muere el Dr. Jaime Thorne inicia un expediente para reclamar su dote matrimonial de 8,000 pesos, más los intereses, que el padre de Manuela entregó al momento del matrimonio.

 

El 29 de Noviembre de 1847, es cuando Manuela inicia el reclamo judicial, nombrando como su apoderado en Lima a don Cayetano Freyre para que en su nombre interponga querella civil y criminal contra los individuos que perpetraron el homicidio contra su finado esposo, así mismo para que reclame los alimentos que le pertenecen, su dote y gananciales.

 

Thorne había sido asesinado por unos negros esclavos y otros individuos enviados por terceras personas, cuando inspeccionaba en 1846 su fundo “Huaito”, en las proximidades de la ciudad de Lima.

 

Se ha dicho que con el coronel Hercelles mantenía una disputa judicial por el fundo y que el mencionado jefe era el que lo había hecho asesinar, lo cual no podía ser por que el Hercelles murió fusilado en Huaraz el 23 de enero de 1843. Por lo tanto, debieron ser deudos del mismo los complicados en el alevoso asesinato.

 

Manuela sintió mucho la muerte de su esposo, sobre todo por las circunstancias en que se produjo, pues el Dr. Thorne la había amado mucho y había estado siempre dispuesto a perdonarle a pesar de sus infidelidades. El albacea Manuel Escobar se opuso a las pretensiones de Manuela y ésta tuvo que recurrir a demostrar su condición de extrema pobreza. Su defensor dijo, que si ella estuviera disfrutando de alguna propiedad, no estuviera en Paita, viviendo en una buhardilla miserable, tirada en una hamaca y sin poder moverse por tener dislocado un hueso del cuadril, y que no tendría necesidad de ser alimentada y vestida a expensas de la piedad de los amigos.

 

Eso muestra la extrema pobreza de Manuela y que el pueblo generoso de Paita la socorría, sabiendo quien era.

 

Las personas que acreditaron su pobreza eran gente importante como el cónsul norteamericano Alejandro Rudens. Otro firmante era don Eugenio Raygada, diputado por la provincia de Piura hermano del general José María. También testimoniaron Manuel Mujica, administrador de la Aduana; Gregorio Rafael escalona, el coronel ecuatoriano Carlos Vicendon que estaba desterrado.

 

Thomas Rourke, biógrafo de Bolívar asegura que Manuela pasó su juventud en Lima y que estuvo en la jura de la independencia, pero el hecho concreto, es que en mayo de 1822 se encontraba en Quito con su esposo y que al entrar Bolívar a esa ciudad se le hizo gran recibimiento por el pueblo, ocasión en que Manuela, desde un balcón le arrojó un ramo de flores, que Bolívar galante los recogió. Por la noche se vieron en un baile y allí principió todo. Ella tenía 22 años y el Libertador 39.

 

Vivieron juntos, pero cuando Bolívar se vino a Lima la dejó con el ánimo de separarse de ella y hasta le envió una emotiva carta. Ella volvió donde su tolerante esposo pero a fines de setiembre de 1823, Manuela viajaba a Lima y desde entonces acompañó al Libertador. Los reclamos de Manuela desde Paita,  no tuvieron éxito por que siguió pobre.

 

Las cartas de Manuela Sáenz

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Manuela Sáenz desde su retiro en Paita no se desvinculó de la política en forma total, pues mantuvo nutrida correspondencia epistolar con personajes de Ecuador y Colombia.

 

Así por ejemplo, hay pruebas de cartas cambiadas en 1846 y en 1850 con el general O’Leary, asistente y biógrafo de Bolívar,  él que lo ascendió en Portete Tarqui.

 

En 1846, Manuela envió a O’Leary, que estaba en Bogotá, una autorización, para que al fiel general le fuera entregado un cofrecito, que Manuela tenía en cierto lugar de esa ciudad, que contenía cartas de Bolívar a ella. Refiriéndose a Manuela, el general contaba con un amigo, que la Sáenz era la “excéntrica y cara amiga del general Bolívar”.

 

El 10 de agosto de 1850, Manuela escribe a O’Leary una extensa y esclarecedora carta, en respuesta a otra del general en que le pedía que como testigo de los sucesos del 25 de setiembre de 1828 en Bogotá, que le hiciera un relato de los hechos en que casi fue asesinado el Libertador.

 

Manuela hace un recuento minucioso de los sucesos citando nombre de personas y precisando los hechos, lo que llama grandemente la atención, salvo que hubiera conservado apuntes, ya que hubiera sido difícil retenerlos en la memoria después de tantos años.

 

Narra como fue prevenida del complot, lo que hizo conocer a Bolívar, sin que éste le diera importancia, ni puesto interés, menos aun cuando se mencionó entre los posibles complotados al joven general Córdova, héroe de Ayacucho. Asegura Manuela que el jefe de Estado Mayor, coronel Guerra dio el santo y seña de la Casa de Gobierno a los complotados. El mencionado Guerra del que Manuela no daba el nombre era Ramón Guerra y no Antonio de la Guerra  Luego cuenta como ingresaron los complotados a Palacio y de la manera como hizo desistir a Bolívar de defenderse, para que en cambio huyera por una ventana, después de lo cual ella enfrentó  valientemente a los conjurados que ingresaron  al dormitorio, suscitándose a continuación un tirante diálogo.

 

Narra también el comportamiento leal del personal de Palacio, que al resistir resultaron algunos muertos y otros heridos.

 

Relata que al reencontrarse con Bolívar, éste le dijo: “Tú eres la libertadora del Libertador”. Reconoce que el coronel Hermeent, uno de los complotados, le salvó a ella la vida cuando dijo: No hay que matar mujeres.  Manuela pondera en la carta, la generosidad de Bolívar y la intervención directa del Libertador para evitar que muchos fueran condenados a muerte. Menciona también al general Padilla, que se sublevó después y fue condenado a muerte, sobre él cual Bolívar le había dicho: Está por llegar preso el general Padilla, te encargo que lo visites en su prisión, que lo consueles y lo sirvas en todo lo que se le ofrezca.

 

Del general José María Obando, aliado de La Mar y contrario de Bolívar dice:  “El Señor General Obando, a quien Dios guarde por muchos años, ha dicho en Lima antes de ahora, que yo en medio de mis malas cualidades, tenía de la haberme portado con mucha generosidad, a los que contesté que esta virtud no era mía sino del Libertador que había dado pruebas de clemencia”.

 

El general Obando había llegado desterrado al Perú en febrero de 1842, viajando desde Pasto donde se sublevó y fue vencido, hasta pasar por Loreto, Trujillo y llegar a Lima. El Gobierno de Colombia lo acusó de asesino, pero el general Torrico que era el presidente se negó a entregarlo y cuando Torrico cayó y subió Vidal, volvieron a pedir en Colombia la entrega de Obando, pero Vivanco mas bien lo envió a Chile. En setiembre de 1845, Obando  regresó a Lima con su familia.

 

Al subir los partidarios de Obando al poder en Colombia, en 1849 retornó a su patria y en 1853 volvió a ser presidente de Colombia.

 


 

Muere don Miguel  Jerónimo Seminario y Jaime.

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El 22 de abril de 1851, moría en su casona de la calle San Francisco don Miguel Seminario y Jaime a la avanzada edad de 86 años.

 

El fallecimiento del patricio, dio origen a un profundo sentimiento de pesar, por la participación que había tenido en la proclamación de la independencia de Piura, y por la forma como había gravitado su influencia personal en la política en los años posteriores.

 

Tras los sucesos de enero de 1821, fue gobernador político de la provincia en varias oportunidades mereciendo el reconocimiento y aprecio de San Martín.

 

Tomó partido por Riva Agüero y eso le valió no ser muy bien visto por Bolívar.

 

Cuando Gamarra llegó a Piura con motivo del conflicto con Colombia y contra Bolívar, trabó amistad con este general y desde entonces fue partidario y seguidor hasta su heroica muerte en Ingavi.

 

Posteriormente fue partidario de Ramón Castilla y lo apoyó en los actos electorales, debiéndose su triunfo en Piura, en gran parte a su participación.

 

Sin embargo, se había retirado de la política para dedicarse de lleno a la agricultura pues tanto él como su familia tenían extensas tierras en el Alto Piura, habiendo elegido como centro de sus actividades la hacienda Monte de los Padres.

 

En 1814 había contraído matrimonio con doña Manuela Váscones y Taboada, de la que tuvo los siguientes hijos: Augusto, Manuel, José María, Juan, Toribio, Roberto, María Ana, Dolores y Miguel.

 

De ellos el más destacado fue sin duda el coronel Augusto Seminario y Váscones que por muchos años llenó todo un capítulo de la historia de Piura.

 

Los hijos de Juan: que fueron Toribio y Juan Seminario León, también intervinieron en hechos muy importantes, habiendo muerto el segundo en la invasión de los chalacos.

 

Su hijo Manuel, se casó con doña Julia Aramburú con la que tuvo numerosa familia entre los que figuró el coronel Ricardo Seminario Aramburú, el jefe de la famosa revolución federalista de Loreto.

 

Fueron padres de don Jaime don Manuel José Seminario y Zaldívar natural de Lima y doña Isabel de los Ríos natural de Piura, que se casaron el 6 de Octubre de 1746.

 

Don Manuel José llegó como teniente destacado a Tumbes y en noviembre de 1741 informó a las autoridades de Guayaquil del ataque, toma e incendio de Paita por Anson. En 1749 siendo capitán  don Manuel es elegido alcalde del 1er. Voto de Piura, habiendo sido posteriormente juez de aguas y de fierro, y procurador general.

 

Don Miguel Seminario y Jaime, tuvo los siguientes ascendientes:

 

1) De parte de Padre:

 

Abuelos: Cipriano Seminario Calderón e Isabel Zaldívar Soto y Fernández.

Bisabuelos: Martín Seminario y Guandiña, e Ignacia Calderón. Juan Zaldívar Soto y Eufemia Fernández.

 

Fue don Martín capitán de la escolta del virrey en cuya condición arribó a Lima, contrayendo matrimonio en noviembre de 1673 teniendo como único hijo de Andrés Seminario y Gonzaga, emparentado con nobles de España y de Italia.

 

2) De parte de madre, fueron:

 

Abuelos: Don Baltazar Jaime de los Ríos y doña Mariana Rodríguez de Taboada y Céspedes.

 

Don Baltazar era personaje muy importante en Piura, ocupando altos cargos en el cabildo, siendo mencionado frecuentemente en la novela histórica “Matalaché” de López Albújar.

 

Bisabuelos: Isidro Jaime de los Ríos y Rosa Rivera Neira. Antonio Rodríguez de Taboada e Isabel Céspedes de Velasco.

 

El feble boliviano

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Durante la Confederación Perú- Boliviana, la moneda de ese país invadió primeo el sur del país y luego se extendió por todo el territorio incluyendo la provincia litoral de Piura

Además en todas las ciudades de esta provincia, sobre todo la de Tumbes, también circulaba el sucre ecuatoriano.

Todo esto creaba muchos trastornos en las transacciones comerciales, pues se equiparaba a las monedas peruanas de mejor ley con la boliviana.

 

En el Gobierno de Castilla, en julio de 1857 se dispuso que la Casa de Moneda,  la acuñación de moneda peruana de buena ley,  para terminar con la circulación de la moneda feble boliviana  de baja ley. Pero no se logró el objetivo de sacar de circulación al feble boliviano.

Como parte de su gestión administrativa, Castilla buscó de modernizar la acuñación de monedan
En 1863 el presidente Miguel de San Román dictó la ley mediante la cual se crea el "Sol", acuñado en plata. Estas monedas han sido conocidas como "Libertad sentada". El nuevo signo monetario tenía fracciones de medio Sol, quinto de Sol llamado "Peseta" y décimo de Sol denominado.

                                                                                  

                                                                 

 

La ley monetaria, establecía que el feble boliviano tendría el valor de 80 centavos de sol. Es decir que se le quitó la paridad con el sol.

 

En el envés del sol peruano, la libertad sentada, tenia una leyenda que decía “Firme y feliz por la unión”.

En el envés del sol peruano

 

 

 

Vivanco pasa por Paita.

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Cuando Vivanco fue derrotado por Castilla en Carmen Alto, y tras de desengañarse de que no podía retener el cargo de supremo director, se refugió en Ecuador y desde Guayaquil empezó a conspirar. Se cansó, al comprender que Castilla estaba sólidamente posesionado del gobierno, optando entonces por dedicarse a la agricultura en Manabí en donde se hizo apreciar mucho por el vecindario, que le tributó numerosas muestras de simpatía.

 

Castilla promulgó el 1º de setiembre de 1847 una ley de amnistía, y Vivanco tras de algún tiempo prudencial a fin de observar como funcionaba tal dispositivo legal, se decidió el 1º de febrero de 1849 retornar a su patria. Parece que llevaba ya la intención de intervenir en política ante la proximidad de las elecciones.

 

Al pasar por Paita fue tan bien recibido que optó por bajar a tierra y tuvo contactos con personas que habían sido sus partidarios. Estando en Lima, se produjeron en Arequipa graves disturbios entre partidarios de Echenique y de Vivanco con saldo de muchos muertos y heridos. Vivanco hizo conocer a Castilla que nada tenía que ver con los motines y hasta lo visitó en Palacio siendo invitado a almorzar.

 

El 2 de diciembre los vivanquistas hicieron una manifestación en Lima reuniendo cuatro mil personas, cantidad elevada para la época. Recorrieron las calles dando vivas a Vivanco y a Castilla, y al pasar por Palacio la esposa de Castilla los aplaudió. Castilla asistió al teatro con Vivanco lo que causó mala impresión en el público asistente y para atenuar eso la esposa de Castilla pasó al palco de los esposos de Echenique.

Las elecciones se realizaron, pero en Piura, Cajamarca, Callao y Cuzco se produjeron serios desórdenes entre los partidarios de Echenique con los de Vivanco y Elías. Los resultados de las elecciones en los colegios electorales dieron 2 392 votos para Echenique, 609 para Elías, 326 para Vivanco, 424 para San Román, 52 para Pedro Bermúdez, 33 para La Fuente y 1 para Iguain. Piura votó por Vivanco.

 

Por más que Castilla trató de impugnar la elección bajo la falsa acusación de que Echenique era boliviano, el Congreso de todos modos reconoció a Echenique.

 

La transmisión del mando fue el 20 de abril de 1851.

 

 

 

 

 

 

 

 Pedro de la Quintana, gobernador.

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En la sesión del 13 de Julio de 1849 de la Cámara de Diputados, cuando se discutía la autorización que se iba a dar al ejecutivo para contratar un empréstito, el diputado por Ica Pedro de la Quintana vertió graves acusaciones contra el ministro de Hacienda Manuel del Río llegando a pedir su destitución. Era la primera vez que el Parlamento se hacía un pedido de tal naturaleza y se inició una polémica sobre las facultades parlamentarias para hacer caer a un ministro. Tres días más tarde, Del Río consideró prudente renunciar y Castilla se apresuró a aceptar su renuncia. Alentado por estos resultados, el mismo diputado con otros más, presentaron a fines de julio una acusación contra los ministros que resultaban culpables de haber permitido que varias personalidades hubieran sido deportadas por conspirar, en lugar de haber sido sometidos a juicio.

 

Castilla para liberarse de tan inquieto parlamentario que era de su propio partido, lo nombró gobernador de Piura.

 

Muere José de Lama Sedamanos.

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El año de 1850 fallece en Piura el importante hombre público don José de Lama Sedamanos, a los 73 años de edad, pues había nacido el año 1773.

 

En 1821 al proclamarse la independencia de Piura, fue con Nazario García, primer alcalde independiente. En 1828 fue proveedor del Ejército de Lamar en campaña.

 

También fue director del colegio de Ciencias El Carmen, antecesor de San Miguel.

 

El 8 de Julio de 1815 había adquirido por arriendo enfitéutico por 150 años el dominio útil de la hacienda Máncora, a la que posteriormente se agregó la hacienda Pariñas. Estas extensas tierras pertenecían al hospital –convento de Belén por donación que les hizo el acaudalado Juan Benito de las Heras y su esposa María Ramírez Arellano, el 3 de enero de 1705.

 

En 1830 el presidente Agustín Gamarra expropió esas tierras y se las vendió a Lama por 43,926 pesos y ante el reclamo del hospital de Belén, le reconoció una renta anual perpetua de 2,700 pesos.

 

Lama era también propietario del caserón La Tina, al norte de la ciudad de Piura, en donde se desarrollaron los dramáticos sucesos de Matalaché novelados por López  Albújar.

 

En 1839, Gamarra desde Huancayo dio un Decreto Supremo, disponiendo que los vecinos de la ciudad de Sullana, comprasen a los propietarios de la hacienda La Capilla, las tierras que estaban ocupando para terminar de esa forma, los incidentes que con frecuencia se producían entre los habitantes y los hacendados. Sullana como poblado ocupaba un extremo o punta del fundo La Capilla de propiedad de la esposa de  José de Lama.

 

Pero la repercusión que la muerte de Lama tuvo en el futuro del Perú, re refiere más bien al  destino que corrieron las tierras de Máncora y Pariñas.

 

El 14 de marzo de 1827 Lama había adquirido de don José Antonio de la Quintana la mina de La Brea que había en Amotape, que solo tenía un área de tres hectáreas.

 

Quintana la había recibido del Gobierno, en pago de una deuda de 4,964 pesos.

 

Cuando se hizo la escritura, no se escribió “brea” para referirse al producto de la mina sino que la redacción fue como “la mina de la Brea de Amotape sita en el Cerro Prieto”. Es decir que La Brea, venía a ser en este caso la denominación de la mina sin indicación de su extensión. Don José Lama logró que se le considerase también como propietario del subsuelo no sólo de la región de la mina, sino de toda extensa hacienda Pariñas. Todo eso a punta de tinterilladas.

 

Don José de Lama estuvo casado con doña Luisa Farfán de los Godos, de la que tuvo tres hijos: Diego y Josefa, fueron sus herederos, Juana la otra hija murió siendo joven.  La viuda murió en 1857.

 

A Diego y a la viuda, dejó la amplísima zona que va de Talara hasta el río Tumbes y al morir doña Luisa, todo pasó a Diego.

 

A Josefa dejó la zona que va el río Chira .hasta la actual Talara.- Josefa, permaneció soltera, pero tuvo amores con su primo Juan Genaro Helguero Lama al que dejó, lo mismo que a sus seis hijos, todas sus propiedades.

 

Diego tuvo trece hijos con diferentes madres. En 1888 se asoció con Herbert Tweedle y por la fabulosa suma de 400,000 dólares entregaba por 60 años la explotación de una extensa área que iba de Talara hacia el norte, es decir el fundo Máncora sin comprender las secciones de Collonitas, del tablazo de Cabo Blanco, en Piura y de Cazaderos y Rica Playa en Tumbes. Los 400,000 dólares fueron entregados en bonos rescatables al cabo de 60 años o sea en 1948. No se conoce porque motivo Tweedle transfirió poco después como si fueran propios las áreas adquiridas en uso a Henry Keswick, formando entre ambos la London Pacific Petroleum Co a la que dan en arrendamiento por 39 años los terrenos adquiridos.

 

Tweedle se interesó también por los terrenos llamados de la Brea-Pariñas que por entonces, uno de los hijos de Juan Helguero, llamado Genaro, los había reunido también bajo su única propiedad y vendió por 18 000 libras peruanas ( suma fabulosa para la época) las tierras de Brea y Pariñas, pero antes solicitó que el Ministerio de Fomento le reconociera la propiedad del suelo y del subsuelo de toda el área.

 

Es entonces cuando se llevan a cabo una serie de hechos que años más tarde iban a crear problemas que tendrían profunda repercusión política y llegaron hasta comprometer la soberanía nacional.

 

Cuando lleguemos al año 1888 nos ocuparemos de este ruidoso acontecimiento.

 


Proyecto para irrigar el Valle del Chira.

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Don Domingo Elías, agricultor y hombre de negocios pequeños, había venido incursionando en política con aspiraciones de ser  presidente de la República. Se hacia llamar el “Hombre del Pueblo”, y era el primer civil que se metía a conspirador y revolucionario. Su situación  económica era muy mala y se encontraba prácticamente quebrado, pero unos contratos para transportan guano, que Echenique le consiguió durante el Gobierno de Castilla, lograron reflotarlo algo.

 

En sus andanzas por la costa peruana, había visitado detenidamente los dos valles piuranos y pensó que se podían ganar tierras para la agricultura.

 

 Presentó entonces al presidente Echenique en 1851 un proyecto para irrigar la margen derecha del río Chira, tanto Echenique como su ministro de Hacienda el general Manuel Mendiburu vieron con simpatía el proyecto y lo consideraron como viable. El proyecto contenía un informe técnico preparado por el ingeniero Sterling, en solo sesenta días. Se proyectaba un canal que pasaría hasta Amotape, con lo que se irrigarían 60 000 topos. Consideraba que los cultivos más a propósito eran la caña de azúcar, viñas, café y cochinilla. Aseguraba Sterling que también el lado izquierdo podía irrigarse entre Huangalá y Somate y la bocatoma se podía construir un poco más debajo de la desembocadura del Suipirá (así se llama también al río Chipillico.)

 

El topo era una unidad de medida agraria que se utilizaba en el sur, y que equivalía a 5 000 varas cuadradas o sea  3 495 metros cuadrados. Por lo tanto, el plan de irrigación abarcaba unas 21 000 hectáreas, lo que significa que el cálculo no estaba errado.

 

En la margen izquierda de Sullana al Arenal, decía el informe que nada se podía hacer, pero en cambio del Arenal a Paita se podía abrir un canal para irrigar 12 mil topos y llegar  al puerto.

 

El informe hace hincapié que en la margen derecha del Chira y al sur de Amotape hay una acequia abandonada correspondiente a un fallido intento realizado en 1840 por el coronel Gonzáles gobernador de la provincia de Piura, que sin hacer trabajos topográficos previos hizo el canal para irrigar las pampas de Santa Lucía, por que a dos leguas de distancia ya no daba el nivel, y por consiguiente el agua no entraba.

 

En el proyecto de Elías, en la construcción del canal se consideraban también  varios puentes construidos de cal y piedra. El costo total de la obra se calculó en 1 002 448 de pesos febles. El peso equivalía a ochenta centavos.

 

Si bien es cierto que el costo de la obra era elevado, el rendimiento lo hubiera justificado, porque era rescatable la inversión a corto plazo.

 

En la Cámara de Diputados el proyecto pasó, pero en la Cámara de Senadores se estancó surgiendo una serie de inconvenientes, posiblemente por la desconfianza que inspiraba la situación económica de Elías. Se figuraban que era una aventura.

 

Unos decían que irrigar las pampas de Piura era como irrigar las arenas de Libia.

 

Otros aseguraban que sería aumentar los pantanos próximos a la desembocadura del Chira en donde crece la totora.

 

Que con las sangrías que se le harían el Chira dejaría de ser navegable. Que los vestigios de la toma incaica que se ven en la Peña están calculados al nivel de las crecientes.

 

Que construir los puentes sería caro porque los ladrillos habría que llevarlos de Piura. Que los estudios se habían realizado muy rápido. Que no se había contado con los propietarios y se ofrecía como garantía para él prestar terrenos que eran de otros.

 

Que el valor de los terrenos sería caro, pues a igual precio se obtenían terrenos agrícolas cerca de Lima por lo tanto no habrían compradores.

 

Un senador dijo: se tiene que desechar el proyecto y hasta la esperanza de hacerlo.

 

El marqués de Paredes, propietario de Tangarará expresó, cuando esta hacienda, comprendía también los terrenos del Chira, desde Amotape hasta la Solana en la frontera: no tengo vida, ni gente, ni plata; para restablecer el canal de los indios.

 

Muchos aseguraban que terrenos de fácil riego estaban casi abandonados por falta de brazos, y que era inútil que el señor Elías pensara llevar sus esclavos de Ica, pues harían falta cien mil.

 

 

El senado rechaza el proyecto.

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Las cámaras estaban por clausurar las sesiones de ese año y se quería anular el proyecto, pero sin que los piuranos, se considerasen lesionados.

 

Entonces se tomo el siguiente acuerdo:

 

1°.- Se autoriza al Ejecutivo para que haga reconocer los ríos de Piura y Chira, levantar un plano de la provincia y particularmente de los ríos y tierras que pueden cultivarse y regarse, investigar las propiedades particulares que sean necesarias a la empresa, estimando su valor por contratos con sus propietarios y organizando un expediente con el pro y el contra de la empresa; y dé cuenta a la próxima Legislatura.

 

2°.- Los reconocimientos se harán y los planos serán levantados por ingenieros científicos, cuyos informes den garantía de verdad y exactitud.

 

3°.- La proposición que sobre este asunto ha remitido en revisión la honorable Cámara de Diputados, se reservará para la próxima Legislatura.

 

Por esa época existía una “casa fuerte” en Paita, denominada Alejandro Rudens y Cía, que había hecho venir del extranjero a un ingeniero civil a fin de que hiciera estudios en la desembocadura del río Chita, para restablecer su navegabilidad.

 

Era diciembre de 1851.

 

Fue éste, el ingeniero Alfredo Duval, al que el Ministerio de Hacienda contrató para hacer los estudios, pagándole 300 pesos mensuales, mientras durase el trabajo.

 

Duval mandó a imprimir en 1853 su exposición bajo la forma de un folleto. Se trataba de un estudio que podríamos llamar de prefactibilidad pues el mismo Ing. Duval manifestaba que un trabajo más amplio no lo podría hacer por menos de veinte mil pesos.

 

Proyectaba un canal desde Chocán hasta Amotape, y recomendaba que este canal mantuviera el más alto nivel hasta pasar los cerros enfrente de Sullana y los situados entre Tangarará y Jíbito, prefiriendo pasar por tajos profundos y abiertos a cruzar varias quebradas en la que sería ser necesario hacer terraplenes, tajamares o puentes de acueductos. El canal debería de tener 80 pies de ancho y la declinación no debía ser de más de seis pulgadas de milla.

 

Consideraba que los puentes de acueducto eran de mucho costo y de fácil destrucción en tiempos de grandes avenidas. Por lo tanto, consideraba preferible que  el agua pasase por todas las quebradas y por medio de terraplenes formar grandes estanques los  que además actuarían como reguladores.

 

En otra parte de su informe, Duval decía: “Estoy convencido de que los antiguos no sacaron agua del río, para irrigar los altos llanos de Marcavelica, Jíbito y Tangarará, porque no se encuentra el menor vestigio desde Querecotillo, hasta pasar la punta frente a Sullana, en la que si hubiera existido un canal suficientemente elevado para dar agua a las acequias que están cerca de Marcavelica, naturalmente habría vestigios en dicha punta, por lo que soy  también de opinión, que las acequias que se encuentran arruinadas entre Querecotillo y la grande quebrada, una milla más arriba del sitio La Peña, no fueron para sacar agua del río por que más arriba de la quebrada hasta Chocán no se encuentra rastro de acequia. Además, al lado del Este del valle de dicha quebrada, se encuentra una gran acequia que se extiende por el valle hasta un punto en donde parece que la quebrada tenía tajamar y los planos de la acequia dicha, corren hacia el río, lo que no sucedería su hubiera servido para sacar agua del río y llevarla al punto de la quebrada donde estaba el tajamar”.

 

Luego dice Duval que la acequia tallán estaba quince pies más alta que el nivel del río a la altura de Chocán, y que la otra acequia del sitio La Peña tenía 7 pies de elevación sobre el nivel del río.

 

Duval sigue haciendo un estudio del canal de los tallanes, pues trataba de aprovechar los grandes conocimientos que en ingeniería hidráulica habían mostrado tener los antiguos. Termina por asegurar que todo hacía suponer que en los tiempos pre-hispánicos llovía mucho más intenso.

 

Duval estimaba que el proyecto costaría 1 300 000 pesos, suma fabulosa en la época y aseguraba que los rendimientos probables no justificaban tan gran gasto.

 

Por lo tanto, el informe de Duval sobre el proyecto Sterling fue completamente negativo, pero en 1873 haría un nuevo estudio, ya bajo su dirección técnica y cambiaría  totalmente de opinión.

 

 

Las Memorias de Echenique

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En su libro, “Memorias para la Historia del Perú”, el general Rufino Echenique dice: “Pocos terrenos habrá en le mundo más fructíferos que los de Piura, por su calidad y temperatura, bastando de comprobarse esto, con solo manifestar que la uva produce dos veces al año y que los cañaverales no necesitan ser plantados sino una vez, para ser permanentemente productivos. Fue allí por lo tanto donde primero fijé mi atención teniendo también en cuenta una autorización que había dado el congreso a don Domingo Elías, para irrigar esos terrenos con anuencia del Gobierno. Careciendo la nación de ingenieros, me valía de uno bastante hábil que tenía la casa Rudens para que examinara lo propuesto por Elías. Resultó del examen que la obra propuesta por tal sujeto era ineficaz; más comisionado el mismo ingeniero (Duval) para reconocer el río Tumbes, expuso éste en una memoria que se presentó, que con el gasto de un millón de pesos, podrían irrigarse más de treinta mil fanegas de terreno, a la vez que hacer navegable al río Tumbes por treinta leguas, de manera que pudiera extraerse de sus montañas las maderas de construcción que en ellas hubieran”.

 

Hay sin duda un error en Echenique que al decir que el Congreso había autorizado a Elías la ejecución del canal del Chira, sólo fue la Cámara de Diputados que en diciembre de 1851 aprobó el proyecto que luego el Senado desechó.

 

Ceden territorio al Brasil.

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 En 1851 las relaciones con Ecuador, Chile y Bolivia no estaban  muy buenas. Para evitarse un nuevo frente se resolvió arreglar la situación de límites con Brasil. Era  canciller  el sacerdote Bartolomé Herrera, firmó el 23 de octubre, una convención con el delegado brasilero Ponte Ribero, un convenio de libre navegación en el Amazonas, lo que sin duda era una ventaja para el Perú. Pero el convenio estaba atado a una solución de los límites fronterizos. El Perú reconoció como brasileros un gran triángulo cuya cúspide estaba en la confluencia de los ríos Amazonas con el Caquetá (que aun pertenecía al Perú) y la base era una línea imaginaria, semi perpendicular, que partía del punto de confluencia de los ríos Apaporis con el Caquetá o Yupurá y terminaba en el pueblo brasilero de Tabatinga, ubicado en la confluencia del Amazonas   con el Yavarí.

 

 

 

 

 

La Consolidación.

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Durante el primer Gobierno de Castilla, se intensificó la explotación del guano de las islas. Este fertilizante tenía una gran demanda, sobre todo en Inglaterra, comenzando por lo tanto un período de bonanza económica para el país.

 

En 1847, en 1848 y en 1850 se dieron diversas leyes en las que el presidente Castilla reconocía las deudas que el Estado tenía con todos aquellos que habían hecho préstamos para llevar adelante la causa de la independencia.

 

Al final se reconoció todo adeudo que el Estado pudiera tener con particulares desde 1820 hasta 1845: Las contribuciones que se hubiera dado en dinero o en especies, aún bajo la forma de cupos, suministros, contribuciones o embargos. La toma de esclavos, ganados, sementeras, pastos, así como el valor de las propiedades destruidas por el Ejército patriota. Los sueldos que se pudieran adeudar a oficiales, soldados y funcionarios civiles, todo era materia de reconocimiento como deuda interna. A este proceso se le llamó el de la Consolidación.

 

Los que consideraban con derecho podían a falta de documentos presentar testigos, u otra forma de probanza. Se reputaban como válidos, los documentos o constancias que hubieran otorgado cualquier autoridad, aún las de niveles inferiores.

 

Durante el Gobierno de Echenique, la gente se entregó en forma febril a la búsqueda de documentos que los pudieran convertir en acreedores del Estado. Aparecieron tramitadores, que se las ingeniaban para elevar astronómicamente los montos a cobrar, y aún se falsificaban los documentos.

 

Muchas veces era difícil establecer la autenticidad de las firmas, por lo antiguo y maltratado de los documentos, y como se fue lo bastante tolerante al principio admitiendo hasta papeles de dudoso origen, pronto se desató por todo el país una especie de fiebre.

 

En Piura también fueron muchos los que se beneficiaron con la Consolidación, pues durante la época de San Martín y Bolívar se contribuyó mucho con erogaciones de dinero y con cupos de ganado vacuno, caballar y mular.

 

Más tarde cuando la guerra de Colombia, los piuranos hicieron aportaciones y también el Ejército en campaña tomó bajo la forma de requisa, ganados y productos agrícolas.

 

Pero no siempre todo fue justo. Así por ejemplo dentro de los favorecidos por la Consolidación no estuvieron los habitantes de Paita que tanto sufrieron con la incursión de Lord Cochrane, ni los de Sechura, cuando desembarcó Illingort.

 

También se indemnizó a la Iglesia, que prácticamente fue saqueada cuando Bolívar hizo entregar toda la plata.

 

Pero la Consolidación sólo reconocía lo que habían tomado o dañado las autoridades patrióticas y no las del bando realista. Por consiguiente, los cupos que tuvieron que pagar a las autoridades realistas, y los saqueos que sufrieron, no fueron compensados.

 

Hasta 1853 se habían reconocidos mas de 23 millones de pesos como adeudados y eso no obstante que las autoridades superiores y el mismo presidente Echenique siempre rebajaba las elevadas sumas reclamadas.

 

La situación se tornó escandalosa y se asegura que surgieron así muchos nuevos ricos, pero todos los historiadores  están de acuerdo en asegurar que el presidente Echenique no se aprovechó, como la pasión política de esa época lo aseguraba, y que a Castilla le sirviera de pretexto para derribarlo. Además Echenique tuvo un ministro de Hacienda muy probo que fue don Nicolás de Piérola, el padre del Califa.

 

A los acreedores de la deuda interna, se les entregaron bonos cuyo valor nominal era de 100 pesos y de 1000 que pagaban el 3% de interés anual. Anteriormente los documentos que había otorgado el estado, se habían depreciado totalmente y se cotizaban a un quinto de su valor y aun menos; pero los bonos de la Consolidación generalmente  se negociaban a la par. Para darle mayor seguridad y aceptación a esos bonos, Echenique negoció con Inglaterra, en forma tal que este país que era el más poderoso de la tierra, los respaldaba y prácticamente esa deuda interna se convirtió en deuda externa.

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