Cappitulo II - Consolidación de la República

CAPITULO II

 

ENFRENTAMIENTOS ENTRE LOS GENERALES VIVANCO Y CASTILLA

 

 

Ø      El general Flores en Piura

Ø      La misión de Santiago Távara.

Ø      El problema de la isla de Lobos.

Ø      Elías se subleva en Tumbes.

Ø      Hundimiento del “Mercedes” y muerte heroica de Noel.

Ø      Hechos diversos

Ø      Declaran la libertad de esclavos en Tumbes.

Ø      Muere en Amotape Simón Rodríguez.

Ø      Medina encargado de la presidencia

Ø      Proclama del General Medina

Ø      Rebelión de Fermín del Castillo.

Ø      Muerte de Morán y Deustua

Ø      La libertad de los esclavos.

Ø      Escudero pide vacancia de la presidencia.

Ø      Creación de la Facultad de Medicina.

Ø      Salaverry, el poeta romántico.

Ø      El Colegio San Miguel en 1856.

Ø      Reparto de solares en La Huaca.

Ø      Muere Manuela Sáenz.

Ø      La casa de Manuela Sáenz.

Ø      Montero y Grau se sublevan.

Ø      Motín en Piura.

Ø      Castilla y Vivanco en Piura.

Ø      General Raygada, encargado de la presidencia.

 

 

 

El general Flores en Piura.

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El general Echenique en sus Memorias, dice que cuando subió a la presidencia, el general Juan José Flores, que se encontraba  en Piura desterrado del Ecuador, le solicitó por medio de terceras personas que se le concediera asilo en el Perú, y que dada la política franca que había instaurado, lo aceptó, mas aún cuando aseguró que en ningún modo perturbaría la tranquilidad con el Ecuador, lo cual le volvió a confirmar cuando al llegar a Lima,  visitó Palacio. Cuenta  Echenique, que Flores por su trato sagaz y agradable consiguió captar la amistad de personas pudientes y de jefes militares y hasta llegó hacer conocer al presidente que de Ecuador se le había asegurado que el pueblo y el ejército estaban con él y que bastaba que se presentara para que todos se levantaran y lo apoyasen. Asegura sin embargo Echenique que nada sabía de la expedición que Flores había organizado en Chile y que sólo al final se le habló del asunto, habiendo estado antes comprometidos el general La Fuente y el general Deustua gobernador del Callao, los cuales lograron una entrevista entre Flores y Echenique. Confiesa el presidente en sus Memorias, que se dejó impresionar por las promesas de Flores de que sería el mejor aliado del presidente y del Perú por eso y el temor de que se constituyeran en una amenaza para el Perú las malas ideas que se germinaban en Ecuador, aceptó ser un tanto tolerante para que se le permitiera algunas actividades en sus preparativos y sacar alguna gente del Callao.

        

Las “malas ideas” que habían en Ecuador y que Echenique temía, era el triunfo de los liberales en Ecuador con el general José María Urbina, lo mismo que en Colombia por cuyo motivo no quiso recibir a Obando en Lima como embajador (al igual que Castilla). Era Echenique marcadamente conservador como Flores.

 

Echenique hasta llegó a ayudar a Flores con 5 000 pesos de su propio peculio para la compra del barco  “Chile”.

 

Flores al fin pudo salir del Callao y llegó hasta las costas de Tumbes en donde se abasteció, pasando luego a la rada de Guayaquil. Hizo diversos desembarcos en Santa Rosa, Machala, Balao y Puná, pero sin lograr levantar a la población, como lo había a asegurado.

 

Así estuvo varios meses, bajando continuamente a Paita para aprovisionarse, pero sin prosperar mayormente. Muchos de sus tripulantes ya no querían volver a bordo y el descontento, la falta de paga y la desmoralización cundió.

 

Fue en una de esas llegadas a Paita que la expedición llegó a su fin, al dispararse totalmente la tripulación en forma tal que Flores mismo bajó con varios de sus más fieles a Piura, con la clara intención de hacer una incursión terrestre por la frontera. Otros tripulantes se trasbordaron al vapor “Bolivia” que iba al Callao. El “Chile” y otros barcos menores, casi abandonados fueron capturados en Paita por las autoridades, con sus bodegas llenas de armas y municiones.

 

En Lima, el Encargado de Negocios de Ecuador, general Elizalde (cuñado de La Mar), protestó por la ayuda que se le estaba brindando a Flores. Ante la gravedad del asunto, Ecuador mandó como enviado especial a Pedro Moncayo. Pedía la cancelación del asilo a Flores, el castigo de las autoridades peruanas que habían ayudado a Flores y la entrega a Ecuador del barco “Chile”, con sus armas y municiones.

 

El Perú tuvo que cancelar el asilo de Flores y este se vio obligado a dejar Piura. El 10 de agosto de 1852 se dispuso la apertura del juicio de las autoridades que habían ayudado a Flores, pero esto sólo era un asunto formal ya que hasta el presidente Echenique estaba en ese grupo. En cuanto al destino final del barco “Chile” se acordó solicitar el arbitraje de Chile.

 

 

 

Misión de Santiago Távara en Colombia.

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Los gobiernos liberales de Colombia y Ecuador estaban marchando de acuerdo y tenían un pacto para declarar la guerra a todo país que ayudase a Flores. Eso creaba un problema entre Perú y Colombia por la expedición que había organizado el presidente ecuatoriano.

 

El Perú envió entonces a Bogotá al piurano Santiago Távara Andrade, el cual logró prontos acuerdos, pero que por ir contra el decoro del Perú, el  Gobierno no ratificó. El efecto, Colombia se aprovechó para buscar la cancelación de la deuda que Bolívar había reclamado y que aún no se había pagado. Se comprometió también Távara a la exigencia colombiana de que el Perú diera explicaciones y satisfacciones por el asunto de Flores, al mismo tiempo que lo proscribía; entregaría a Ecuador los barcos apresados en Paita, destituiría al general Alejandro Deustua como gobernador del Callao, pagaría a Ecuador una indemnización por los gastos de guerra y se llegaría a un acuerdo sobre el caso de los esclavos.

 

Las condiciones en verdad eran como si el Perú hubiera perdido una guerra con Colombia. Era como el convenio de Girón.

 

Otro embajador peruano fue acreditado ante el Gobierno de Bogotá. Fue José Gregorio Paz Soldán que se limitó a negociar el asunto de la deuda, ya que los demás problemas se resolvieron directamente con Ecuador.

 

Sobre los esclavos, hay que decir que los regímenes liberales de Colombia y Ecuador habían prohibido totalmente la esclavitud y dispuesto la libertad de los que estuvieran aún en esa condición. Del Ecuador y Colombia habían estado llegando desde muchos años antes, gran cantidad de esclavos. Algunos lo hacían por la frontera de Piura. En los fundos de los Távara, trabajaban gran cantidad de esclavos.

 

 

 

El problema de las islas de Lobos.

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Desde el tiempo de la colonia, el litoral piurano había atraído a barcos pesqueros de todas partes del mundo que se dedicaban a la caza de la ballena, de los lobos marinos y de las focas.

 

 Las pieles de los lobos eran muy apreciadas por los comerciantes de la China que entregaban en trueque valiosas mercancías fabricadas en ese país.  Aparte de eso, se aprovechaban del aceite y de la carne.                         

 

Por tales razones, Paita cobró gran auge como puerto pesquero. Cuando se tuvo conocimiento de la exigencia del guano  y de la gran utilidad de ese producto, la codicia por las islas de Lobos, donde existía desde antiguo; aumentó.

 

Desde 1803 y también diez años más tarde, navegantes ingleses que aseguraron haber descubierto las islas de Lobos, hicieron un desembarco y pusieron la bandera de Su Majestad, como toma de posesión.

 

Más tarde, ya en la etapa republicana, aparecieron los barcos norteamericanos en las costas de Piura, y el Gobierno de ese país hasta llegó a declarar a las islas, como tierra de nadie, asegurando que jamás el Perú había ejercitado en ellas derechos de soberanía.

 

El canciller peruano José Manuel Tirado se vio precisado a presentar el Memorándum de fecha 23 de octubre de 1852 al Secretario de Estado de EEUU. Daniel Webster, haciendo conocer los títulos del Perú sobre las islas. En noviembre de 1853, el nuevo Secretario de Estado, Eduardo Everett, reconoció los derechos del Perú y pidió disculpas.

 

Uno de los barcos balleneros que estuvo en Paita fue el “Acushnet”en 1844. Entre sus tripulantes contó con un joven aventurero, llamado Herman Melvilla que tomó el barco en enero de 1841 en New Bedford. Se dirigió a los mares del sur y de barco en barco fue a dar a la fragata de guerra “United States” de EEUU la que llegó a Paita y luego al Callao en diciembre de 1843. Melvilla fue el autor de la inmortal obra “Moby Dick”.

 

 

 

 

 

Elías se subleva en Tumbes.

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El padre Vargas, asegura que Domingo Elías; fuera de su ambición, quería mediante la revolución salir de su situación de quebrado, pues debía a la casa Gibas 600 000 soles. No obstante los favores que le debía a Echenique se resintió, por no haberle reconocido un expediente de consolidación. Fue así como Elías publicó en “El Comercio” una carta abierta contra el presidente el 12 de agosto de 1853, a la que Echenique respondió al día siguiente. El 16 Elías volvió a publicar otra carta aun más dura, lo que era un claro desacato a la persona del primer mandatario, siendo por tal motivo apresado.

Mientras tanto Perú tenía por el sur problemas con Bolivia y había la posibilidad de una guerra, por cuyo motivo Echenique autorizó a los generales Miguel Medina y a Pezet tal formación de un Ejército. En el norte se dispuso de la creación de más cuerpos de la Guardia Nacional. Esto fue aprovechado por algunos oficiales para conspirar, lo que llegó a conocimiento de Echenique.

 

Decidió enviar entonces al ministro de Guerra, general Torrico, para que con un batallón se dirigiera a Trujillo y luego a Piura que era los focos de la conspiración. La orden era, que los cuerpos de Caballería Cívica formados en esas ciudades, pasaran a Lima. Torrico creyó que en Trujillo no había novedad y dejó allí el cuerpo de caballería, embarcando sólo el de Piura.

 

Pedro de la Quintana, cuñado de Elías y amigo de Echenique, solicitó a éste la libertad del revoltoso iqueño, prometiéndole que se embarcaría de inmediato al extranjero.

 

Una vez libre, Elías se asiló en la Embajada de Francia y con la complicidad del gobernador del Callao, general Alejandro Deustua, se embarcó rumbo a Tumbes, burlando a su propio cuñado. Deustua estaba complotando con Elías y el general Ramón Castilla, porque le habían ofrecido hacerlo presidente.

 

Elías en Tumbes, creyó contar con el pueblo y con el apoyo de la fuerza militar de Piura, pues no sabía que el complotado regimiento de caballería había sido remitido a Lima.

 

El pueblo de Tumbes no respondió al llamado revolucionario. Era octubre de 1853 y ante el fracaso, Elías y un grupo de rebeldes se refugió en la casa del cónsul de Estados Unidos, Samuel Oakford; de Tumbes. A los pocos días, Elías abandona de incógnito su refugio y se asiló en Guayaquil. Ante el temor que el resto de complotados hiciera lo mismo, las autoridades tumbesinas solicitaron al cónsul la entrega de los refugiados, pero el norteamericano se negó alegando el derecho de asilo. Las autoridades de Tumbes expresaron que en los consulados no había tal derecho y entraron, sacaron a los conspiradores.

 

Se suscitó entonces un problema diplomático y una reclamación por parte de Estados Unidos. Cuando el canciller peruano expresó que el cónsul en Tumbes no tenía ningún derecho a conceder asilo y que había creado conflicto al darlo, el embajador de Estados Unidos expresó que no había sido voluntad del cónsul dar tal asilo, sino que Elías y su gente habían entrado armados y el cónsul no había podido impedirlo. De esto se valió el canciller peruano para alegar que el derecho de asilo se concede voluntariamente y no por coacción, ya que materialmente la casa del consulado había sido asaltada y que era deber del Perú hacer respetar la ley en el territorio y que no se ultrajara la bandera de EEUU.

 

El Gobierno de EEUU. aceptó las razones del Perú y el conflicto diplomático promovido por Elías, quedó zanjado.

 

En Lima mientras tanto se habían sublevado Ramón Castilla y Alejandro Deustua, pero fueron dominados y huyeron al sur.

 

En Trujillo, se sublevó el regimiento de caballería que Torrico había dejado creyéndolo leal, prendiendo la rebelión en Cajamarca, pero el prefecto José Iturregui la sofocó.

 

Elías salió de Guayaquil y se dirigió a Ica su tierra, a la que sublevó. En su persecución envió  Echenique al general Torrico, dando el Ministerio de Guerra al general Allende.

 

 

 

El hundimiento del “Mercedes” y muerte de Noel.

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 El barco velero “Mercedes” había sido destinado a barco-escuela y confiado su mando al capitán de navío paiteño Juan Noel y Lastra.

 

Era la madrugada del 02 de agosto de 1854 y el “Mercedes” iba  lleno de soldados, 800 en total, que del norte eran trasladados a Lima.   A bordo iba   el general José Allende ministro de Guerra y la esposa de Noel..

 

            El “Mercedes” era remolcado por el vapor “Rímac”, el primero que tenía el Perú en su género, es decir a vapor.

 

Había fuerte viento y marejada, dando como resultado que el “Mercedes” rompiera amarras y fuera a estrellarse contra la llamada roca “Negra” frente a Casma.

 

Eran las tres de la madrugada y fue una noche de horror. Noel hizo todo lo posible por salvar a su barco y a las personas que en él iban. El mar embravecido se tragaba todo.

 

Noel años anteriores, cuando con el “Libertad” tenía a su cargo el bloqueo de Huanchaco, un  barco de guerra británico tremendamente mas poderoso trató de romper el bloqueo, Noel se puso cerca del otro navío y a su comandante le hizo conocer que tenía en su Santabárbara suficiente pólvora para hacer volar a los dos barcos. El bloqueo fue respetado.

 

En la catástrofe del “Mercedes” una gran cantidad de soldados en la desesperación de salvarse, encontró la muerte al arrojarse a las aguas del mar sin saber nadar.  Sólo cien se pudieron salvar, gracias a las lanchas de salvamento.

 

El general Echenique en sus Memorias dice que al pedírsele a Noel desde una de las lanchas de salvamento, por el ministro de Guerra y Marina, general Allende que tratara de salvarse en una lancha, respondió: “Yo trataré de salvar mi buque o pereceré con él”. Ni los ruegos de su esposa pudieron hacer variar su decisión. Se cumplió así con la heroica tradición del mar.

 

En el barco iban muchos soldados piuranos, varios de los cuales se ahogaron. Entre los tripulantes estaba el joven guardiamarina Lizardo Montero, que llegaría después a almirante.

 

La tragedia del “Mercedes” causó un gran impacto en la opinión pública, por la magnitud de ella y la heroica de su comandante. En especial en Paita en donde vivía su familia, el hecho fue muy sentido.

 

Noel era un marino muy respetado porque en las luchas políticas a las que se vio también arrastrada la fuerza naval, actuó siempre con gran sentido de  lealtad y sin oportunismo.

 

Echenique ascendió a Noel a  contralmirante en forma póstuma y con ese rango se le concedió el montepío a su viuda. A las familias de los oficiales, soldados y marinos muertos en la acción se les concedió cédulas de montepío, se becó a los hijos y se dio dotes a los que en alguna forma dependían de los fallecidos.

 

El himno de la Escuela Naval del Perú, ha inmortalizado las hazañas de Noel y las toma como ejemplo cuando dice:  

 

“Como el noble Noel preferíamos

 a salvarnos, a otros salvar”.

 

 

 

Hechos diversos.

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Echenique becó en Europa a los pintores Laso y Luis Montero. Éste último natural de Piura. Era la segunda vez que viajaba a Europa para perfeccionar su arte, pero fatalmente en 1854, al ser depuesto Echenique por Castilla, el nuevo Gobierno desconoció la beca y dejó a Montero en Europa en medio de la mayor miseria, y sólo gracias a otro piurano pudo disponer de recursos para trasladarse a España en donde logró algún dinero con pinturas de personajes, lo que le permitió viajar a Cuba.

 

En sus Memorias, dice Echenique que en su Gobierno “Contraté y dejé establecida la aduana de fierro que existe en Paita”. Se asegura que el edificio original procede de Inglaterra, en donde se cosntruyó con piezas de fierro que fueron ensabradas en Paita, Durante la guerra, los chilenos prendieron fuego al edificio que se quemó en gran parte, pero luego fue reconstruido.

 

En 1852 el Ministerio de Instrucción, Beneficencia y Culto, dispuso que la Capilla del Carmen, adjudicada al Colegio de Ciencias de Piura, se convirtiese en Vice-Parroquia y volviera al uso público.

 

Desde  1840, el revolucionario italiano, Garibaldi había pasado por las costas peruanas  y el 25 de julio de 1840, visitó a Manuela. En 1853, Giuseppe Garibaldi, que con el tiempo se convertiría en uno de los fundadores de la nación italiana, era capitán de la barca “Carmen” de 400 toneladas, de propiedad de don Pedro Denegri de Lima, con la cual se dedicó al negocio de la importación de chinos para las tareas de la agricultura y de la explotación del guano de las islas.

 

Pedro Denegri, era hijo del armador italiano Andrea Denegri, que llegó a Lima siendo muy joven, habiendo contado desde un principio con el apoyo de la colonia italiana que lo acogió muy bien.

 

En el “Carmen” vagabundeó Garibaldi por casi todo el Pacífico haciendo viaje a la China. Por aquella época llegaron al Perú los Gianella, Solari y Casinelli. Los Gianella se establecieron en Paita y los Casinelli en Trujillo y luego en Sullana.

 

Garibaldi  había llegado al Perú el 05 de octubre de 1851 a bordo del vapor “Bolivia” procedente de Panamá. Tenía 44 años de edad y se encontraba muy pobre. En el Callao fue recibido por un con nacional, el médico José Antonio Caffari de Barge, casado con la dama piurana Rosa Arriaga. Don José Caffari de Barge residía y vivía en el Callao, y entre sus amigos figuraba Cayetano Heredia. En el hogar de los Caffari-Arriaga el patriota italiano contó sus aventuras y también oía los relatos de doña Rosa de su tierra piurana.

 

 

 

Declaran libertad de esclavos en Tumbes.

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Los liberales habían tomado el poder en Ecuador y en Colombia y como consecuencia de eso, decretaron la libertad de los esclavos, que aún existían. El 1° de febrero de 1851, el Dr. Gonzáles Pinillos de Trujillo dio también libertad a 300 esclavos de sus haciendas. Se estaba formando por lo tanto una corriente anti-esclavista.

 

En 1853 el coronel Manuel Tafur había estado deportado en Ecuador en donde se contagió con las ideas liberales y quiso aplicarlas en el Perú. Entró entonces a Tumbes y proclamó la libertad de todos los esclavos y  la redención del indio del tributo.

 

Fue más que todo un gesto lírico, porque bien pronto fue apresado  y confinado en un barco de guerra, hasta que se dio la orden de desterrarlo a India.

Sin embargo pudo escapar y se las arregló  para unirse a la revolución de Ramón Castilla contra Echenique. En 1861 estaba de prefecto del recientemente creado departamento de Piura.                                 

                                                                                                                               

 No hay noticias que en Tumbes existieran esclavos en esa época, pero la actitud de Tafur había sido un  rasgo de gran generosidad y constituía sin duda una bandera de lucha para una buena causa. España dispuso en  1795 que solo por Paita podían ingresar negros bozales de Guinea. El tráfico de esclavos por este puerto existió hasta 1850.. Cuando el régimen colonial llegaba a su fin, comercializaron esclavos en gran cantidad, Roque Raygada, Serafín del Castillo, Fernando Seminario y  Jaime, José María del Castillo que era juez de Sullana,  el coronel Juan Francisco Elizalde (ecuatoriano).  La venta de esclavos se hacia a veces en el mismo puerto de Paita, pero generalmente se efectuaba en Piura. En 1830,  Elizalde compró en la hacienda  Suipirá, quince esclavos que llevó encadenados a Lima. En 1852, María  Seminario Váscones, vendió a  Francisco Otoya doce esclavos y en el mismo año,  José Seminario del Castillo vendió cinco. El precio variaba entre 50 o 100 pesos cuando eran niños menores de un año o muy ancianos hasta 450 pesos cuando tenían entre 30 y 40 años y eran sanos. La aristocrática familia Seminario Váscones por muchas décadas se dedicó al comercio de esclavos. 

 

 

 

Muere en Amotape Simón Rodríguez

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            En la población de  Amotape, murió el 28 de febrero de 1854, don Simón Rodríguez, maestro del gran Libertador don Simón Bolívar.

 

            Había nacido en Caracas, como hijo legítimo de don Cayetano Carreño y de doña  Rosalía Rodríguez (1771), quedando huérfano a temprana edad.  A los 14 años se despertó en él  ese deseo de deambular por todo el mundo que sólo terminó con su muerte.

                                                                                                                                   

            Recorrió pues España, Francia y Alemania, volviendo a Caracas cuando tenía 20 años, para ocuparse de la educación del niño Simón Bolívar, durante tres años, pues éste más tarde tuvo como maestro al gran Andrés Bello. 

 

            Tuvo unos problemas con su hermano mayor, por cuyo motivo decidió llamarse en lo sucesivo sólo con el apellido  materno.  Puso escuela en Caracas, pero como estaba ganado a las ideas de la Revolución Francesa tuvo que huir a Jamaica en donde aprendió el inglés.  Vuelve posteriormente a Europa y allí se encontró con su discípulo que desperdiciaba la vida en la frivolidad.  Simón Rodríguez hizo jurar  en el Monte Aventino al futuro Libertador, que no daría paz a su brazo ni a su espíritu sino hasta liberar a su patria del yugo español.  Es entonces cuando Simón Bolívar ingresa por la puerta grande de la historia.

 

            Rodríguez siguió su vagabundeo, mientras Bolívar dio inicio a su gran  epopeya.

 

En 1823 Simón Rodríguez había retornado a América y estaba en Bogotá empeñado en lo de siempre: fundar escuelas, mientras que el otro Simón, el genio, estaba en Pativilca preparándose para la gran jornada que culminaría en Junín y Ayacucho.

 

            El discípulo mandó a llamar al maestro, y éste arriba cuando el Libertador había llegado al pináculo de la gloria.  Acompaña entonces en abril de 1825 a Simón Bolívar en su recorrido triunfal por el Sur del Perú y por Bolivia.  También iba Manuela Sáenz.  El destino uniría en la muerte a espíritus tan alocados, y el punto que había fijado la vida para esa cita final era el departamento de Piura (provincia entonces).  Bolívar dio a su maestro seis mil pesos para que pudiera fundar una escuela en Chuquisaca y allí queda el maestro.  Después pasó a Cochabamba, pero sus excentricidades habían aumentado en tal grado que lindaba en la locura. Como parte de su sistema de enseñanza se presentó una vez completamente desnudo ante sus discípulos.  Los vecinos de Cochabamba pusieron el grito en el cielo y se quejaron a Sucre que por entonces era presidente de Bolivia.  Sucre, tan centrado y disciplinado, le llamó fuertemente la atención y de ello se quejó don Simón al Libertad y le contaba: ....¡a mí desairarme!.......¡reprender!......¡ni Usted a mí!

 

 

 

            Esto muestra el orgullo y la alta estima que se tenía a sí mismo el pedagogo que optó por trasladarse a Arequipa en donde residió en 1830, para pasar luego a Huacho.  El conflicto entre La Mar y Bolívar, lo encuentra en la ciudad chilena de Concepción, en donde sabe la muerte de su gran discípulo.  La región era sísmica y un gran terremoto destruyó toda su obra. Nuevamente el errante retomó  su camino y se trasladó a Santiago y luego a Valparaíso hasta 1839, en que partió hacia Lima en donde vivió en 1842, para continuar posteriormente su trajinar y radicarse en Latacunga primero y Quito más tarde.  Por todas partes iba fundando escuelas.

                                                                                                                                   

Pero está visto que el terrible viejo era infatigable.  La sed de viajar seguía en él más fuerte que nunca y muchas de las jornadas las hacía a pie.  En 1847 lo encontramos en la ciudad colombiana de Tugueres siempre regentando escuelas, pero en 1850 estuvo otra vez en Quito y de allí se viene a Piura en donde parece sin embargo que no llegó a abrir  escuela.

 

 Lástima grande que no se hubiera encontrado con ese maestro ecuatoriano radicado en Piura y Catacaos don Mariano Díaz, porque posiblemente hubiera echado raíces en la provincia.  No sabemos por qué razón se fue de Piura a Puno, nada menos que a Azángaro, para de allí desandar el camino con dirección a Ecuador propósito que no llegó a cumplir, pues la muerte lo sorprendió en Amotape, por donde iba de tránsito

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Hay otra versión que cuenta que estando en 1853 en Guayaquil, se embarcó a Lambayeque con su hijo José y  con un señor Camilo Gómez. El viaje fue lleno de peripecias en una gran balsa sechurana. En mal estado de salud, se vio precisado con sus acompañantes a desembarcar en Cabo Blanco. y poco después llegó a Amotape  que era una pequeña y pobre población. En Amotape fue socorrido por don Manuel Gómez de la Torre, por su esposa y dos jesuitas. Una señora Panchita Larrea  lo atendió  llevándole alimentos en forma gratuita. Murió al año siguiente y sus restos fueron enterrados inicialmente en la Iglesia de Amotape. Hay una versión que dice que en 1914 fueron llevados al Panteón de los Próceres en Lima. Esa versión se olvidó. Hay una escuela en Amotape que lleva su nombre.

 

Algunos estudiosos  que han hurgado en la vida de don Simón Rodríguez, aseguran que vivió algunos años en Amotape y que en muchas oportunidades iba a Paita a recordar con Manuelita Sáenz al Libertador. Las visitas de don Simón a Manuela en realidad fueron en otra oportunidad.

 

Recordatorios a Rodríguez en  Amotape

 
En el libro “Manuela” de  Carlos Alvarez Saá, se consigna que don Simón visitó a Manuela en febrero de 1843. Eso ocurrió cuando Rodríguez pasaba por Paita en uno de su viajes a Ecuador. Comentaba Manuela que “con don Simón pasé largas veladas”. Lo  llamaba “loco maravilloso”.

Manuela se había casi enterrado en Paita, mientras que don Simón era como un pájaro libre e inquieto, que nunca echaba raíces en ningún sitio.

 

            Hay muchas versiones erradas sobre el lugar de la  muerte de  Simón Rodríguez. Así  don Luis Alayza y Paz Soldán dice que murió en Colán.  Don Evaristo San Cristóbal en el Apéndice al Diccionario Histórico Biográfico de don Manuel de Mendiburu, señala que murió en Huayama, puerto del Perú y el Diccionario Enciclopédico Hispano Americano, consigna como  lugar de su muerte a Huaylas.

 

            Nada de eso, el sitio fue Amotape, pero el lugar donde reposan sus restos es un secreto que celosamente ha guardado el tiempo que en combinación con el destino, parece que buscan por fin dar descanso a sus restos, porque en vida no lo tuvo.

 

            Cuando en 1824 se celebraba un centenario de la batalla de Ayacucho, quiso Venezuela honrar la memoria del maestro de Bolívar y solicitó la repatriación de los restos.  Había afán por cumplir con el Gobierno de Venezuela y en forma apurada y sin mayor estudio se exhumaron el 26 de noviembre de 1924, unos restos que se remitieron a Caracas.

donde se les rindieron grandes homenajes, Ahora la versión generalizada es que tales restos fueron  apócrifos.

 

 

 

 

El general Medina encargado de la presidencia

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            La revolución contra Echenique había estallado nuevamente en varios frentes; en el Sur de Castilla y Elías estaban sublevados y en el Centro había aparecido un nuevo personaje el coronel Fermín del Castillo.

 

            La rebelión de este último no era un simple pronunciamiento militar, pues era un radical de ideas muy liberales y se podría decir que por primera vez había en el Perú un republicano, un estallido de tipo social jefaturado por un militar de alta graduación.

 

            Como Echenique no había logrado aplacar la rebelión del sur por medio de los generales que había enviado, incluyendo Déustua que había vuelto a plegarse a su servicio, creyó  conveniente asumir en forma personal los asuntos militares.  Eran esas épocas  en que los presidentes salían al frente para dar batalla a los enemigos jugándose el todo por el todo.

 

Por ese entonces era diputado por Cajamarca y presidente del Consejo de Estado el general José Miguel Medina, y por lo tanto fue a él a quien Echenique encargó la presidencia cuando éste partió al sur.  Eso fue el 15 de julio de 1854.  El doctor Basadre dice:  se recuerda este breve Gobierno como atinado y sagaz.

 

            Durante el interinado de Medina, los enemigos de Echenique lograron levantar al pueblo y hasta se apoderaron de la plaza de armas  de Lima, en donde principiaron a elaborar actas para formar un nuevo Gobierno, pero el general de La Fuente que estaba encargado de la guarnición de Lima, dispersó a los revoltosos.  Como era una época en que era moneda corriente la deslealtad, no fueron pocos los que se acercaron a Medina para aconsejarle que se pronunciara contra Echenique y se apoderase del gobierno, insinuación que el militar piurano desechó con entereza.

 

            El 25 de octubre del mismo año, Medina entrega el poder a Echenique porque éste había regresado precipitadamente  a fin de cubrir la capital ante el avance de Castilla.

 

 

 

Proclama del general Medina

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            Cuando Echenique le encargó el poder, el general Medina lanzó una proclama como para que se entendiera  bien que estaba decidido a defender al gobierno legalmente constituido.  El padre M. Justino Ramírez la ha hecho conocer en “Huancabamba” y de allí la transcribimos:

 

            Conciudadanos:

 

            La horrorosa anarquía que por más de seis meses trabaja tan rudamente a la República, ha obligado a su excelencia el Presidente a ponerse en campaña para impedir que se prolonguen por más tiempo sus deplorables estragos y para devolver a la Nación, la paz que se le ha arrebatado.

 

            Para llenar en toda su plenitud los preceptos constitucionales, me tenéis a la cabeza del Gobierno, desnudo sin duda de las singulares dotes que exige tan elevado puesto, pero lleno de lealtad y consagración a vuestros verdaderos intereses y rebosando indignación y dolor por vuestras desgracias, que redimiría con toda mi sangre si ella pudiese contentar a los que os la producen, desgraciadamente mi sangre es estéril para vuestros enemigos.

 

            Compatriotas:

 

            A pesar de los males y trastornos de nuestra aciaga actualidad, en mi callada exaltación hallaréis algo más que una sucesión accidental al mando; ella importa el respeto y la sumisión a la ley, el triunfo de las instituciones contra el sistema de las revoluciones sucesivas, el mentís sin réplica a las calumnias contra el Gobierno y la humillación de nuestros enemigos.  Mi exaltación, compatriotas, es la vuestra y por lo tanto debéis sostenerla.  Con ella defenderéis nuestra bella y desgraciada patria contra los autócratas y los conquistadores, contra los que han profanado la santa causa de la libertad, arrastrándose vilmente a los pies de los reyes, contra los perturbadores eternos del reposo de América, contra los que siendo enemigos implacables de nuestra dicha, codician y se distribuyen anticipadamente nuestra riqueza, ya los conocéis bien.  En su nombre, para su elevación y provecho, y para los consejos e instigaciones de tan odiosos extranjeros, combaten hoy los que para mayor ignominia nuestra, expendían armas y equipos a Bolivia.

 

            Conciudadanos:

 

            Para borrar tan inminente baldón, para  reivindicar el honor nacional ultrajado, para extirpar la anarquía, unios al leal y valiente ejército a cuyo frente se halla el Jefe del Estado.  Imitad la conducta heroica y los sacrificios generosos des la ilustrada y culta Lima, y como ella conservad inalterable el orden público y sacad de la actual conflagración incólumes las instituciones.

 

            Compatriotas:

 

            Un momento más de espera y de sacrificios, ayudadme con vuestra luces y patriotismo y quédeme la inmensa gloria de anunciaros que nuestra patria se ha salvado.

 

            Lima, Julio 17   de 1854.- José Miguel Medina.

 

 

 

Rebelión de Castilla

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            No obstante la derrota que el general Torrico infligió a Elías en Ica, éste pudo huir hacia Arequipa y allí juntarse con el general Ramón Castilla, que haciendo creer a los arequipeños  que actuaba de acuerdo con Vivanco, se hizo fuerte en la ciudad y resistió a Torrico, el que optó por retornar a Lima y juntar sus fuerzas  a las de Echenique.

 El 4 de abril de 1854, Castilla se proclamó Jefe Supremo y como hubiera cierta resistencia a firmar las actas de adhesión, se auto tituló Libertador con lo que logró mayor aceptación.  Mientras tanto en el Cuzco, el general San Román se pronunciaba contra Echenique, por lo cual Castilla fue a unírsele.  En el Cuzco, recibió del presidente Belzú de Bolivia la ayuda de cuatro mil fusiles, trescientos caballos y artillería con lo cual Castilla logró en mayo de 1854 equipar bien a sus soldados, no importándole estar de acuerdo con un país que como Bolivia era enemigo del Perú, pues por graves ofensas el Congreso Peruano había acordado declararle la guerra.

 

            El 30 de mayo Castilla dejó el Cuzco para salir al encuentro de Echenique que             avanzaba  por la ruta de Ayacucho.  Para justificar el título de Libertador, dio decretos aboliendo el tributo que pagaban los indios, el 5 de julio de 1854.

 

 

 

 

Rebelión de Fermín del Castillo

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            En enero de 1854, el coronel Fermín del Castillo se sublevó en Junín.  Era un levantamiento diferente a los  que hasta entonces se habían producido.  Lo rodeaba gente de ideas de avanzada, y fue así como uno de sus primeros actos fue la abolición del tributo de los indios, por un decreto de fecha 8 de febrero de 1854.

 

            José Gálvez y Sebastián Lorente eran sus asesores.  Contra Fermín del Castillo se movieron en una acción de pinzas, las fuerzas del general Alejandro Déustua y del coronel Juan Salaverry.  Tras derrotar a éste, en las tropas de Castillo estalló la insubordinación y el desaliento por obra del coronel Manuel Benavides Bermúdez.  Prácticamente sus huestes se disolvieron, teniendo que huir a Jauja.

 

            Castillo había logrado reunir quince mil pesos, de los cuales siete mil utilizó en la campaña revolucionaria y el resto lo dejó en poder de su familia.  Parte de este dinero utilizó después en adquirir armas para formar nuevas fuerzas, pero entonces fue capturado, logrando huir por haber sobornado a sus captores.  De esa forma empleó todo el dinero colectado, pero pocos años más tarde por razones políticas se trató de acusarlo de peculado.

 

            Derrotado Castillo, marchó a unirse con las fuerzas del general Ramón Castilla en Ayacucho, donde se le dio importante cargo en el Ejército revolucionario (jefe de Estado Mayor), pero entró en profundas discrepancias, en forma tal que con el general Baltazar Caravedo se separó del Ejército de Castilla y sólo se reintegró a él en vísperas de la batalla de la Palma.

 

            Durante dos meses las fuerzas de Castilla y de Echenique estuvieron frente a frente en la zona de Izcuchaca sin comprometerse  en una acción decisiva, en vista de lo cual en octubre Castilla decidió en un movimiento  de flanqueo dirigirse hacia Lima y tomarla.  Al darse cuenta de eso Echenique, retrocedió rápidamente y volvió a ingresar a la capital.  En Izcuchaca dejó al teniente coronel ayabaquino Manuel Gonzáles La Cotera.

 

 

 

Muerte de Morán y Déustua

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            Mientras en las proximidades de la ciudad de Lima, los ejércitos de Castilla y de Echenique se aprestaban a enfrentarse en el sur, el general Morán  con Vivanco atacaban al rebelde Elías que se había atrincherado en Arequipa.  Lo insólito de la situación era  que Arequipa siempre fiel a Vivanco, en esta oportunidad era atacada por este general.  En una escaramuza fue capturado Morán y Elías en forma drástica dispuso su fusilamiento en la plaza de  armas.  La ejecución se llevó a cabo el 1º de diciembre de 1854 y el pueblo de Arequipa  echó sobre sí la ignominia de haber arrastrado el cadáver.

            Trinidad Morán, que en determinado momento fue gobernador de Piura, era un valiente general venezolano  que se puso al servicio del Perú y luchó en las últimas jornadas de su independencia.  Fue siempre muy valiente y muy leal y esta última cualidad es la que lo perdió.  La “ Marcha de Morán”  es un tributo a sus méritos, hoy se toca en actos de mucha solemnidad y sobre todo en ceremonias fúnebres.

 

            Antes de acelerar su marcha sobre Lima, el general Ramón Castilla firmó en Huancayo el 5 de diciembre de 1854 un decreto, proclamando la libertad de todos los hombres que pisaran el territorio peruano.  En esos momentos Castilla era sólo un rebelde, pero como al final triunfó su decreto tuvo fuerza de ley.

 

            El 7 de enero de 1855, Castilla y Echenique midieron sus fuerzas  en un lugar llamado La Palma en las proximidades de Lima.  En la acción murió el general Alejandro Déustua que luchaba al lado de las fuerzas del Gobierno.  Deustua, había sido gobernador de Piura y había  protegido el desarrollo de la instrucción.

 

            Al salir triunfante Castilla en esta acción, quedó terminada la guerra civil pero el triunfador inició de inmediato la persecución de sus enemigos.

 

 

 

La libertad de los esclavos en Piura

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            Cuando todavía el general Castilla no se había posesionado del poder, una gran parte del país lo obedecía y hasta había procedido a nombrar autoridades políticas. 

           Fue así como en enero de 1855 el coronel Ramón López Lavalle, asume la gobernación de la Provincia Litoral de Piura.

 

            Uno de sus primeros actos como autoridad, fue la de hacer cumplir la disposición dada por Castilla de otorgar la libertad a los esclavos y de eximir el tributo a los indios.

 

            En Piura se publicaba por entonces un periódico político adicto a Castilla que se llamaba “El Libertador” y fue allí donde el gobernador hizo conocer las disposiciones gubernamentales desde el 20 de enero.

 

            Los esclavos que existían en Piura, unos se dedicaban a las faenas del campo y otros se encontraban en la zona urbana  ocupándose de las labores domésticas.

 

            Cuando en 1851 falleció don Miguel Gerónimo Seminario y Jaime, en su testamento declaró que dejaba más de un centenar de esclavos en sus haciendas. Sin embargo en el censo de 1840, no se registra en su domicilio de la ciudad de Piura  uno  solo.

 

            Los León Alva que tenían numerosos  esclavos en la ciudad  y en el campo, ya les habían dado la libertad antes de 1855.  Fue Santiago Távara, uno de los juristas que preparó en 1854 la ley de la manumisión de los esclavos que calculaban en 23 000 en todo el Perú.  Su familia era de las que más esclavos había tenido en sus haciendas y hasta habían comerciado con ellos.  El censo de 1840 rebeló que en la ciudad de Piura había 360 esclavos, cifra alta para una localidad pequeña.  Los que más tenían en sus domicilios fueron los León Alva, los García Coronel y doña Juana Josefa Carrión de Helguero con 14 en cada vivienda.  Los García Carrasco con 13, Francisco Távara con   12 y el coronel José Félix Castro también 12.

 

            La libertad de los esclavos en Piura, se efectuó sin resistencias.  En los domicilios continuaron sirviendo como libertos.

 

 

 

Ignacio Escudero pide vacancia de presidencia

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            Por propia determinación el general Ramón Castilla empezó a gobernar en enero de 1855 como presidente provisorio.

 

            De inmediato convocó a una Asamblea Constituyente, la misma que se instaló el 14 de julio de 1855.

 

            Las elecciones habían sido por sufragio directo, lo que se hacía por primera vez en lugar del sistema de elección indirecta mediante los colegios electorales.  Sin embargo, distó mucho de ser un proceso electoral honesto, pues las autoridades nombradas por Castilla actuaron en forma desvergonzada.  No obstante eso, fueron a la asamblea personas de reconocido prestigio, entre ellos don Ignacio Escudero Valdivieso, de 35 años, profesor de Matemática y Geografía, de palabra fácil y elocuente y de esclarecido pensamiento liberal.

 

            Uno de los primeros actos de la asamblea fue el ascenso a general de brigada al coronel Fermín del Castillo, que no figuraba en la propuesta de ascensos de Castilla. El general La Puerta, que era ministro de guerra, envió una nota altanera a la asamblea, negándole facultades para tal proceder, anunciando que el presidente Castilla no firmaría el decreto de ascenso y que antes prefería renunciar a la presidencia.  Este documento estaba siendo leído en la sesión del 17 de diciembre, cuando Ignacio Escudero haciendo uso de la palabra pidió que se suspendiera la lectura del documento al que calificó de libelo, que ofendía la majestad de la asamblea.  Ésta terminó por darle carácter de ley al acuerdo del  ascenso y para tranzar se dispuso que el ejecutivo cumpliera con acatar la ley que ascendía a Fermín del Castillo; que se le iniciara al mismo general juicio por peculado y que se devolviera al ministerio de guerra las comunicaciones que había cursado para que en el término de 48 horas las retire o explique su contenido.

 

            Al autorizar el enjuiciamiento del general Fermín del Castillo, dejaba sin efecto los pretextos del presidente Castilla que acusaba a del Castillo por peculado de los 15 000 pesos que colectó para hacer su revolución.

 

            Dos meses más tarde, el ministro de Hacienda, envió también una comunicación igualmente impropia por cuyo  motivo se acusó al Ejecutivo de querer avasallar a la Asamblea y nuevamente Escudero asumió la dirección del debate y propuso que la  Convención Nacional reasumiera el Poder Ejecutivo, declarase vacante la Presidencia de la República que ejercía el mariscal Castilla y nombrase una Junta de Gobierno compuesta de tres personas.  El ministro se mostró contemporizador, reconoció su error y el problema se superó.

 

 

 

Creación de la Facultad de Medicina

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            En abril de 1855 se dio un nuevo Reglamento General de Instrucción.  En el mismo se normaba la instrucción en los niveles primario, secundario y profesional.

 

            La Universidad se consideró como una sola entidad educativa integrada por las facultades de Teología, de Jurisprudencia, de Medicina, de Ciencias Naturales y Matemáticas, y de Filosofía y Letras.

 

            Los viejos colegios profesionales como San Carlos que enseñaba Humanidades y Derecho; San Fernando que impartía Medicina y Santo Toribio que enseñaba Teología; perdieron su autonomía y se integraron a la Universidad de San Marcos.

 

            La puesta en marcha de esta reforma, tropezó con muchas dificultades, pues no pocos privilegios desaparecían.

 

            Menos mal que la organización de la naciente Facultad de Medicina fue dada a Cayetano Heredia.  El nuevo decano Heredia se rodeó de una brillante plana de profesores entre los que se contaban nada menos que el sabio italiano Raimondi que era un gran amigo y admirador de Heredia del cual hizo al morir, una semblanza que aparece en su gran obra “El Perú”.

 

            De acuerdo a la relación que da el doctor Basadre, los profesores de la Facultad de Medicina fueron los siguientes:

 

            Química Médica, a cargo de José Eboli, científico italiano compañero de Raimondi; Historia Natural Médica dictada por Antonio Raimondi; Física Médica e Higiene por Rafael  Benavides con estudios en Europa;  Anatomía Descriptiva a cargo de José Macedo; Anatomía General dictada por el doctor Mariano Arosemena y Quesada con muchos años de especialización en Europa; Fisiología por Francisco Rosas también con estudios en el extranjero; Patología General con Manuel Odriozola, Nosografía Quirúrgica dictada por José Bustíos Concha con estudios en Francia;  Nosografía Médica que dictó el propio Cayetano Heredia;  Terapéutica General y Materia Médica que estuvo a cargo del doctor José Casimiro Ulloa también con estudios profesionales en Europa.

 

            Farmacia por Juan Rodríguez; Medicina Operatoria  y Anatomía Topográfica que los dictó José Pro con muchos años de estudios en el extranjero; Medicina Legal y Toxicología con José Julián Bravo; Clínicas Internas que estuvo a cargo de Miguel de los Ríos y José Corpancho; Clínicas Externas que dictó Julián Sandoval y Camilo Segura.

 

            Además como profesores auxiliares Rafael Grau, también con estudios en varios países de Europa, Manuel Nicolás Corpancho, Evaristo D’Ornellas, Joaquín Anuezas, José Zuleta y Juan del Solar.

 

            Los estudios de medicina duraban siete años.  Dada la gran cantidad de profesores que habían estudiado en París, el Plan de Estudios tenía una fuerte influencia francesa.  Los alumnos debían de concurrir desde el primer año a los hospitales y al anfiteatro.

 

            La facultad contaba con laboratorios y gabinetes de Química, Física y de Historia Natural así como una buena  biblioteca.  Muchos jóvenes destinados al profesorado en la Facultad, fueron enviados a perfeccionarse a las   universidades europeas sobre todo de Francia y de Italia.

 

            Todo se debió sin duda a la capacidad y empeño de Cayetano Heredia y de su brillante plantel de colaboradores.

 

            Bien pronto la Facultad de Medicina del Perú ganó tal prestigio que se la consideró como la primera en América del Sur.

 

            En el cargo de decano permaneció Heredia hasta principios de 1861 en que el mal que padecía se agravó y poco después murió.

 

           

 

Salaverry, el poeta romántico

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            El año de 1855 marca la aparición de Carlos Augusto Salaverry Ramírez en el campo de la poesía romántica.

 

            En la revista de Literatura, Artes y Ciencias “La Ilustración Americana”, Nº 21 de fecha 1º de mayo de 1891, de Lima; aparece un artículo del poeta Teobaldo Elías Corpancho, de fecha 23 de abril, dedicado a Salaverry en donde narra un hecho desconocido de su vida y además fija como fecha de nacimiento del poeta el 4 de noviembre de 1830.

 

Dice lo siguiente Elías Corpancho: “ El prestigioso nombre de su padre, el general Salaverry, no proyectó sobre él sombra próspera, sólo le sirvió para uno de los mandatarios del Perú, haciendo lujo de merced, le concediera en las filas del Ejército Nacional la plaza de caballero Cadete.  Allí aspirando la atmósfera viciada de los cuarteles, adquirió los rudimentos de la enseñanza primaria, sin más guía que su instinto y con solo el estímulo de liberarse de la ignorancia, que cual noche tenebrosa, pesaba de una manera inflexible sobre sus incultos compañeros de profesión.”

 

            “Desconocido de sí mismo, cruzaba el escabroso sendero de la vida, hasta que una noche de eterna memoria para él, escuchó la voz secreta que despertó de su letargo al Correggio en presencia también, como su predecesor, de una obra de  arte.”

 

            “Hasta esa época, allá por el año 1855, ignoraba Salaverry que poseía el don divino de esculpir el verso como Fidias el oro y el marfil.”

 

            “Una noche que regresaba a su cuartel, rico de emociones inefables, aunque muy pobre de escudos, hubo de pasar, porque era su camino obligado, por nuestro aristocrático Portal de Escribanos.  Acostumbrábase entonces sostener un cuerpo de guardia en la Casa Consistorial, pues la espada había invadido hasta este noble recinto del pueblo.”

            “A su paso por allí, Salaverry acercóse al vestíbulo municipal con el objeto de saber a cual de sus compañeros le había cabido la suerte en comandar la guardia;  y su satisfacción fue inmensa, cuando se encontró con su antiguo amigo Trinidad Fernández, joven como él y compañero de amoríos al través de la indiscreta celosía, durante las romántica noches de luna.  Trinidad Fernández era ya en esa época un poeta bastante conocido que amaba las musas con ternura y de las que siempre recibió los más prolijos halagos.  En la conversación que sostuvo con Salaverry, que por cierto abundó en chistes y en donaire de sabor limeño, no pudo prescindir del deseo de leerle su última peregrina composición.  Pero cual será su asombro cuando Salaverry después de escuchar su recitación, le dijo:”

 

            “-Mi musa desvelada me inspiró anoche una composición del mismo género de la de Usted.  Desearía conocer su opinión sobre mis rimas.

            -¿Cómo, amigo Salaverry, desde cuando es Ud., hijo de Apolo?

            -Hace tiempo que cultivo el divino arte; pero con tan poca fe  en mis aptitudes, que evito siempre la publicidad de mis estrofas, y temeroso del poco valor de mis fugaces concepciones.

            -Amigo mío, no ceda Ud. a infundadas desconfianzas.  Léame mañana sus composiciones y yo le emitiré mi opinión franca y sincera.”

 

            “Separáronse los dos amigos, y Salaverry emprendió la ruta que los conducía al fuerte de Santa Catalina, residencia del Batallón en cuyas filas figuraba ya con el grado de Teniente.”

 

            “El compromiso que había adquirido con Fernández, era superior a sus fuerzas.  Jamás había escrito un verso, ni tampoco dedicándose a los estudios literarios, base indispensable de todo trabajo mental ¿Cómo podría pues ser fiel a la palabra contraída en un momento de generosa expansión?  Pero no hubo más remedio, fue necesario vencer el obstáculo y Salaverry lo salvó, poniendo en ejercicio la poderosa voluntad con que lo dotara el cielo.

 

            Al día siguiente, Fernández escuchaba los versos que le había ofrecido Salaverry la víspera, mereciendo de aquel, las más entusiastas felicitaciones y escuchando el pronóstico de que en él había el germen de un gran poeta.”

 

            “La composición estaba escrita en quintillas, fáciles y armoniosas, que publicó poco después en las columnas del “Heraldo” con sus iniciales invertidas.

 

            Saludado por la prensa en su primera manifestación  artística, con benevolencia pocas veces ejercitada, por plumas que casi siempre agita la envidia;  Salaverry hizo un esfuerzo extraordinario, y pocos años después alcanzaba a sus émulos en el camino de la gloria.”

 

            “Entregado a sus propias meditaciones en la soledad de su humilde morada, sin otro director que su elevado pensamiento, Salaverry ha recorrido con  asiduidad el Parnaso antiguo y moderno, y adquirido exclusivamente a expensas de su exuberante naturaleza poética, la forma encantadora de sus versos y la dicción siempre brillante de su rica e inagotable fraseología.

 

            Salaverry con el verso ha hecho lo que Castelar con la palabra y Flanmarión con la astronomía, lo ha enriquecido, esmaltándolo  con los colores del iris, dándole la sonoridad misteriosa e inefable de la cadencia del alma;  revistiéndolo con la púrpura aristocrática que Apolo sólo brinda a los verdaderos poetas; y hecho por último de la estrofa, no el vehículo de vulgares pensamientos, sino el carro diamantino de generosas ideas y nobilísimas aspiraciones.  Su deslumbrante plectro recorre todas las cuerdas de la lira, arrancando cánticos a Dios, a la humanidad, a la Patria, a la familia, al amor.  El no ha escrito obedeciendo a ningún sistema; poeta genial y espontáneo no circunscribe su osado vuelo en el círculo estrecho de ninguna escuela, canta como han cantado siempre los grandes poetas, las maravillas de la Creación, los misterios del alma.  En sus poesías no prevalece, ni el escéptico ni el creyente, simultáneamente se le ve surgir en el dilatado camino de la vida lleno de fe en sus horas de prosperidad y de dicha; y abrumado por la duda y hasta modulando el irónico vocablo del ateo en sus noches de desgracia y desesperación infinita.”

 

            “Aseveramos nuestro aserto insertando a continuación dos estrofas de uno  de sus mejores cantos.

 

            Se refiere a la noble anciana que le sirvió de madre y en cuyo regazo dormía en las  apacibles horas de infancia.

 

            Ella  fue madre, se llamó María

            La madre de Jesús fue su modelo

            Alma de claridades como el día

            Me hizo en la tierra bendecir al cielo

            Hoy al través de la región vacía

            Oigo su voz de maternal consuelo

            Deja ¡Señor! que con eternos lazos

            Duerma mi último sueño entre sus brazos

 

            ¿No hay en el fondo de esta estrofa la manifestación palpable de la más pura creencia?  Pero oigámosle más adelante en un momento de sublime desesperación.  No es el espíritu creyente de Lope o de Calderón el que le posee, sino el terrible ateo espíritu de Lucrecio el que le arrebata:”

 

            ¡Basta, piedad de mí, tu rayo vibra

            Contra el ateo que la faz te azota

            No hay ya en mi corazón doliente fibra

            Que no palpite estremecida o rota

            Si todo en tu balanza se equilibra

            Si sus raudales tu bondad no agota

            Bien cara ¡oh Dios! con infinitas penas

            Pagué la libertad de mis cadenas.

 

            Luego Elías Corpancho da a continuación una relación de la extensa producción poética de Salaverry y termina diciendo:

 

            “Carlos Augusto Salaverry, que junto con Manuel Castillo y Juan de Arona fueron los guías de mi infancia poética, reside en la actualidad en París, enfermo del cuerpo y del espíritu, y sólo esperando como Bécquer el sueño de la tumba para ser querido y honrado por su patria”.

 

            No sabía Elías Corpancho que cuando esto escribía ya el gran poeta romántico había fallecido.  Su deceso fue el 9 del mismo mes (abril de 1891).

 

            Corpancho estuvo muy acertado al decir, que Salaverry al igual que todos los hombres de valer, necesitaba morir para ser reconocido y honrado.

 

 

 

Cuando el Colegio San Miguel toma su nombre

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            El 1º de abril de 1856, se dio el reglamento definitivo al Colegio de Ciencias El Carmen, y pasó a denominarse en forma definitiva Colegio de Ciencias San Miguel, en momentos en que era su primer director don Manuel Cardozo.

 

            Las clases a dictarse eran: Derecho Filosófico y Positivo, Economía Política, Estadística, Literatura, Matemática, Física, Filosofía e Historia, Latín y Religión, Francés e Inglés, Geografía y Teneduría de Libros y Gramática Castellana.

 

            De las cuales se consideraban como cursos principales:  Derecho, Matemática, Filosofía, Física, Latín y Castellano.

 

            Don Manuel Cardozo era un periodista de nota, hombre de fácil palabra, fue padre de Joaquín y Manuel Cardozo Mesones, periodistas también oradores y políticos.

 

            Don Juan Antón y Galán, da los siguientes  directores del Colegio San Miguel:  en 1858 don José Clemente Peralta, en 1859 don José Otoya, en 1860 y hasta 1863 don Francisco Santier Urrutia, de 1864 don Félix Manzanares, de 1868 a 1870 don Federico Manrique, de 1871 a 1873 don Ricardo Heredia, de 1874 a 1876  don Guillermo Ruidías y de 1877 a 1879 don Ernesto Arens, para luego en 1879 sucederle Ignacio Sánchez, José Albán Ramos no considera al último en su cronología.

 

            Siendo director el Dr. Ricardo Heredia, y por gestiones ante un amigo pudiente, San Miguel recibió la donación de un laboratorio de química y de un gabinete de física, el mismo que fue destruido por la soldadesca chilena cuando ocupó Piura y utilizó el colegio como cuartel.

 

            Don José Arens era natural de Alemania, doctor en Filosofía y en 1873 fue contratado por el presidente don Manuel Pardo para que fuera profesor de San Miguel siendo luego su director.  Al término de su período como tal, retornó a su país natal para contraer matrimonio con doña Sofía Berg, regresando al Perú del que se había sentido atraído.  El Dr. Arens a su retorno ingresó a servir en la casa de don Federico Hilbick.

 

            A don Ignacio Sánchez le todo  sin duda el período más triste en la historia de San Miguel cuando los chilenos lo ocuparon y en pocos días lo destruyeron de tal manera que no volvió a  funcionar sino hasta  1887.

 

            Ante esa situación, don Ignacio ejercitó su apostolado en otros niveles de la educación.  En su homenaje, el histórico Centro Escolar Nº 21 de la calle Cuzco lleva su nombre.

 

 

 

Reparto de solares en La Huaca

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            El 1º de agosto de 1702, el capitán Mateo  Gonzáles de Sanjinés dio ante el escribano don Antonio Rodríguez de las Varillas, la posesión de las tierras, pastos, aguas y abrevaderos del sitio de “La Chira” desde Punta Arenas hasta la mitad de La Huaca que llamaban Canapa (huaca en quechua) a la derecha del río Chira.

 Posteriormente, el 29 de enero de 1709, el alférez real y juez visitador de los pueblos de Tumbes y Amotape don Pedro Domínguez Franco, dio la posesión de  dichas tierras a los indígenas Francisco Solano, Marcos Rivera, Juan Francisco Nole y otros.  En virtud de este título de dominio, a los descendientes  y sucesores de los ya expresados, les correspondía la propiedad y posesión de tales terrenos.  De los compradores de esas primeras tierras de La Huaca nacieron varias familias, las que empezaron a formar la población, edificando primeramente una iglesia, para hacer rezar la doctrina cristiana.  Los indígenas  prestaban, arrendaban y vendían solares, para poder levantar casas de paja y barro de tipo chozas, unas veces los compradores eran  sus parientes y en otras oportunidades  diversas personas.  El año 1821 en que se proclamó la Independencia al poblado se le conoció como asiento de La Huaca y no por pueblo como posteriormente se le llamó, estando compuesto por pocas casas.  El gobierno independiente mandó a formar cabildo para poderle dar el nombre de Pueblo de La Huaca según orden dada por el gobernador de la provincia de Piura, general Juan Pardo de Zela, organizándose la entrega de solares, pasando así a llamarse Santa Ana de La Huaca.

 

            El 1º de abril de 1856, bajo la presidencia del gobernador del distrito don José Ramón Torres y con la presencia de los vecinos José del Carmen Castillo, Eusebio Colona, Martina López Miñán y gran cantidad de propietarios y de simples poseedores, se hizo una verificación de los títulos a fin de establecer los derechos que pudieran tener.

 

           

 

La muerte de Manuela Sáenz

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            En 1856 una epidemia de difteria asoló Paita.  Por ese entonces no se conocía ningún medio efectivo para atacar el mal, el contagio era rápido y el número de víctimas elevado.

 

            Cuando una peste aparecía, cundía el pánico y se tomaban medidas extremas de profilaxis.  Se quemaban las pertenencias y las viviendas de los enfermos.

 

            Los pormenores de la muerte de Manuela Sáenz se han llegado a conocer, por una carta que el general Antonio de la Guerra y Montero, había escrito a su esposa que se encontraba en Lima.

 

            El general de la Guerra había nacido en Venezuela en 1796, y llegó al Perú en el batallón Numancia, perteneciendo a la Compañía que estando en Trujillo, el Intendente (entonces  realista) Torre Tagle, envió a Lambayeque para detener la agitación patriótica.   Allí fue ganado a la causa independiente y participó en la proclamación de la Independencia de  Lambayeque.  A los pocos días de proclamada la libertad en Piura, el capitán de la  Guerra es trasladado a esta ciudad.  No se sabe si fue en esta oportunidad o más tarde en que conoció a la dama piurana Josefa Goróstide que más tarde sería su esposa.

El 1º de enero de 1822 fue ascendido a mayor por su participación en el sitio a los Castillos de Callao.  Actuó en la campaña de Intermedios y en las batallas de Junín y Ayacucho, uniendo su suerte a la de Sucre, al que acompañó a Bolivia, como teniente  coronel.  Estuvo entre las tropas auxiliares colombianas que fueron evacuadas hacia Ecuador.

 En 1823 lo vemos sirviendo como uno de los jefes de la plaza de Guayaquil  en la guerra de Bolívar contra La Mar, siendo uno de los que intervinieron en la entrega de ese puerto al jefe de la escuadra peruana   Boterin.  Luego como Jefe de Estado Mayor de la 1ra. División concurrió a la batalla de Tarqui.  Bolívar lo nombró para que en Piura acordase un armisticio con las fuerzas peruanas de Gamarra.  Como coronel firmó tal documento con el  representante peruano coronel  Lira.  Era la segunda vez que llegaba a Piura.  Continuó sirviendo en Ecuador siendo ascendido a general de brigada en 1830.  La revolución de marzo de 1845 contra el general Flores  al que tanto se había vinculado, lo obligó a salir al destierro, primero a Piura y más tarde a Lima donde se radicó.  Su hija Matilde se casó con don Antonio Miró Quesada.  Fue su nieto Aurelio Miró Quesada de la Guerra el que encontró una carta que el general de la Guerra escribía desde Paita en donde se encontraba, a su esposa Josefa radicada en Lima, relatándole la muerte de Manuela Sáenz.

 

            Decía la carta:

            “El 23 del pasado a las 6 de la tarde, dejó de existir nuestra amiga doña Manuela Sáenz y tres días antes enterraron a su sirvienta  Juana Rosa;  ambas fallecieron de la abominable e infernal enfermedad de la garganta.  Dos días después de la muerte de la señora, se enfermó la Dominga del mismo accidente, la vio Mendoza, le echó el fallo y aun la abandonó y unas cholas comadres de doña Manuela la curaron en 4 días, por lo cual deducimos que en el haberla abandonado Mendoza  estuvo su salvación, porque si la hubiera asistido, la hubiera dirigido por el mismo camino de la señora y de su compañera; aún hay más, una de las Benites cayó de la misma enfermedad, la asistió Mendoza y visto que no obtenía ninguna mejoría llamaron a Bobbio y ya está buena y sana.  Por manera que si los conocimientos de Mendoza correspondieran a la importancia que se da, hoy no mataría tanta gente”.

 

            Von Hagen, en su novela histórica relata que el general de la Guerra tan luego supo la muerte de Manuela Sáenz se dirigió a su domicilio, para tratar de darle cristiana sepultura, pero ya la cuadrilla de sanitarios sepultureros se le habían adelantado y en medio de la consternación de la sirvienta Dominga que sobrevivía estaban quemando una serie de objetos que se suponían contaminados y luego cargaron con el cadáver con hamaca y todo colocándolo en la carreta sin que para nada valieran los pedidos del general la Guerra.  El vehículo se dirigió a las afueras de la ciudad, se cayó en un hoyo y sin mayores miramientos se la depositó y enterró.  Así se hacía con todos los muertos por la epidemia de difteria.  Era el 23 de diciembre de 1856.  Tras esa rápida inhumación, el general de la Guerra fue a una misa de difuntos por el descanso de la que tan agitada  vida había tenido y luego retornó al domicilio de Manuela.  Entonces empezó a hurgar entre las cenizas y comprendió que gran parte de los papeles quemados eran cartas de amor que Bolívar le había enviado a Manuela.

 

            Seguramente serían las que más apreciaba y llevaba siempre consigo, porque muchas de ellas las había dejado en Bogotá y había autorizado para que le fueran entregadas a O’Leary.  Un trozo de una carta pudo rescatar el general de la Guerra aún se podía leer lo siguiente:  “...el hielo de mis años se reaniman con tus bondades y gracias.  Tu amor da una vida que se está expirando.  Yo no puedo estar sin ti.  No puedo privarme voluntariamente de mi Manuela.  No tengo tanta fuerza  como tú para no verte, apenas basta una inmensa distancia, te veo aunque lejos de ti, ven, ven, ven luego...”.

 

 

 

La casa donde vivió Manuela Sáenz

ARRIBA

 

            Hay dudas con relación a la casa donde vivió Manuela Sáenz en Paita.  El periodista José Miguel Godoy Curay ha puesto mucho interés en dilucidad este problema y precisamente  donde habita su familia es uno de los sitios probables que pudo haber sido el hogar de la amante de Bolívar.

 

            Una versión que es la oficial, asegura que Manuela Sáenz vivió en una casa ubicada en la ahora calle Nueva  del Pozo Nº 390  en donde hay además una placa recordatoria.  Es de un solo piso.  Antes se llamaba calle  La Figurilla.

                                                                                                    

            La otra posible casa está ubicada en la calle Mariscal Castilla, actualmente de dos pisos, a una cuadra de la otra.  En esta casa se habría encontrado en un hueco de la pared, luego cubierta por barro, un trozo de una carta de Bolívar a Manuela, documento que se perdió por ignorancia de quienes lo descubrieron.

 

            Asegura Godos Curay, que en 1922, el cónsul de Venezuela en Lima, Dr. Julio Villegas, se interesó por descubrir cual había sido la casa en donde vivió Manuela.  Después de mucho indagar se llegó a la conclusión  de que la casa buscada, era un inmueble que pertenecía a la dama paiteña Tomasa Agurto de Vásquez, que al morir dejó en herencia a doña Felízcar Vásquez, casada con el navegante español Gabino Artadi, por los años de la guerra con Chile.  Tras diversas sucesiones, el inmueble fue a parar a manos de doña Estela Artadi de Seoane y ésta la donó a la Parroquia de Paita.

 

            La otra casa, pertenecía hace mucho tiempo a la familia Argüelles, que vendió a la familia Gutiérrez  Pacheco de Catacaos, teniendo como inquilinos desde 1971 a la familia Godos  Curay.

 

            En Paita vivió Manuela con sus fieles libertas Juana Rosa y Dominga, cuyos  nombres como esclavas habían sido Nathan y  Jonatás.

 

            Thomas Rourke en su obra “Simón Bolívar” dice que Manuela ofrecía en Lima elegantes comidas y que se sentaba en la cabecera de una larga mesa, estando en el lado opuesto el Libertador.  Nadie hacía ascos en concurrir a las reuniones de la todopoderosa amante de Bolívar.  Ella divertía a la concurrencia con sus comentarios cáusticos y humorísticos sobre los actos y peculiaridades personales de la gente distinguida de Lima.  Agrega Rourke, que tenía una criada negra (Juana Rosa) que estaba dotada de una extraordinaria capacidad de imitación y de mímica.  La gran diversión de Manuela era vestir a su negra y hacerla imitar y caricaturizar a los peruanos prominentes de modo cómico y a veces obsceno.

 

            Todas estas actitudes de Manuela quedaron en el olvido en Paita, y la negra Juana Rosa, ya no tuvo oportunidad de mostrar sus cualidades histriónicas dedicándose sólo a atender a su ama con ejemplar sentido de fidelidad pues no la abandonó en la pobreza.

 

            Se cuenta que tenía tres perros, a los que puso por nombres “Páez” “Córdova” y “Santander”.  De esa manera se vengó de los que en alguna oportunidad habían sido rivales de Bolívar.

            Manuela era muy popular y querida en Paita y tenía muchas comadres y ahijadas entre la gente humilde. Miguel Godos señala como una de esas comadres a “La Morito” que era como se conocía a doña Tadea Castillo, que cuando tuvo en junio de 1843 a su hija Pascuala Orejuela, buscó como madrina a Manuela.  Era ésta una de sus ahijadas preferidas.

 

            Parece que el general de la Guerra y su esposa vivieron por algún tiempo en Paita en donde conocieron y frecuentaron  la casa de Manuela.  Luego el general se estableció en Lima (Callao), pero por razones de trabajo frecuentemente iba a Paita y en cada oportunidad visitaba a Manuela.  Fue en una de esas oportunidades que se produjo la muerte de la amante de Bolívar,  y el general de la Guerra al comunicar el hecho en sentidas frases, le dice a su esposa:  “dejó de existir nuestra amiga doña Manuela Sáenz”.

 

            Con relación a los restos de Manuela, ni siquiera hay la esperanza de poderlos encontrar.  La tierra guardará hasta la consumación  de los siglos ese secreto.

 

            De esa forma, terminó su vida tan extraordinaria mujer.

 

Montero y Grau se sublevan

ARRIBA

 

            En 1856 los generales Vivanco y Echenique se encontraban desterrados en Chile.  En reuniones que sostuvieron juntos no llegaron a ponerse de acuerdo para iniciar la revolución contra Castilla, pues mientras que Echenique pretendía levantar la bandera de Constitución, el fogoso Vivanco consideraba que la dictadura era la única forma viable de gobierno en el Perú.  Por lo tanto cada uno principió a actuar por su cuenta.

 

            Por ese tiempo surto en Arica el barco de la escuadra “Apurímac” en donde el teniente 2do. Lizardo Montero Flores, natural de Ayabaca, prestaba servicios.  También lo hacía como alférez  de fragata, otro piurano:  Miguel Grau Seminario.  Era el 16 de noviembre de 1856.  Montero había secundado a Vivanco en su anterior pronunciamiento, pero en esta oportunidad levantó a la tripulación a favor de Echenique, que buscaba restablecer la constitucionalidad interrumpida por Castilla.  Montero contó en esta rebelión con la cooperación de su codepartamentano Grau.  La fragata “Apurímac” se dirigió entonces a Islay, y en este puerto supo que Arequipa se había pronunciado por Vivanco, por cuyo motivo no le quedó más recurso que plegarse a tales revolucionarios, ya que no existía ambiente favorable para Echenique.

 

            En Islay, se plegaron a los rebeldes los barcos “Loa” y “Tumbes” zarpando al norte y se posesionaron de la isla de Chincha, controlando la extracción y venta del guano, sin que el gobierno de Castilla se pudiera oponer, porque sólo contaban con el “Ucayali”.  Por lo tanto, optó por declarar piratas a los tres barcos y notificó a todos los gobiernos que tenían diplomáticos acreditados en Lima para que no contratasen con los

rebeldes.

 

 

Motín en Piura

ARRIBA

 

            En Piura, Trujillo y Ayacucho se produjeron también motines.

 

            López Albújar, narra en “Mi Casona” el motín en que tomó parte su abuelo Agustín López, pero por error lo consigna en 1855 en lugar de enero de 1857.

 

            Expresa el brillante escritor:

 

            “Mi abuelo fue uno de estos seducidos por Vivanco, posiblemente por su teatralidad.  En una de sus horas de platonismo político, tan frecuente en los criollos provincianos, mi abuelo enarboló la bandera revolucionaria y atrevióse a secundar en Piura con todo el ardor que podía permitirle su natural bondadoso y pacífico, el levantamiento vivanquista de 1855 ¡Ah, Vivanco!  ¡Qué feliz iba a ser el país con Vivanco!

 

            “Y mientras que él tranqueaba en la casona, festejando lo que creyó un triunfo definitivo, y ponía a disposición de sus correligionarios su bodega; mi abuela, huraña, ceñuda detrás del mostrador, renegaba de todos los vivanquistas del mundo y de aquellos hombres que como su marido cometían la imprudencia de arriesgar, en el azaroso juego de la política, el porvenir del negocio y de los hijos”.

 

            “Pero el goce del triunfo, apenas si le duró a mi abuelo.  Antes de las veinticuatro horas, los castillistas reaccionaron y la autoridad prefectural estaba restablecida.  Entonces fueron los ocultamientos, las fugas, los apuros, las protestas de respeto a la legalidad y el gobierno constituido.   El desquite vino rápido, incontenible y un tanto vengativo.  Casi no dio cuartel.  Todos los vivanquistas a la cárcel.  En una gran lista estaban todos.  La oficiosidad y espionaje no habían olvidado a ninguno.  Mi abuelo era uno de los que encabezaba la lista y naturalmente uno de los primeros en la persecución”.

            Luego López Albújar narra la detención por breves horas de su abuelo.

 

            Desde 1855 se encontraba de gobernador de la Provincia Litoral de Piura el coronel Ramón López  Lavalle, que dominó prontamente la situación.

 

            La rebelión de Ayacucho había sido encabezada por el general colombiano José Bustamante, nacionalizado peruano que fue el mismo que se sublevó en Lima contra Bolívar al mando de la División Colombiana y que luego en la guerra que sostuvieron Bolívar y La Mar, combatió al lado peruano.  Para combatirlo salió de Lima el general Pedro Diez Canseco cuñado de Castilla, el que venció a los rebeldes en Huanta el 22  de marzo de 1857.

 

           

 

 

Castilla y Vivanco en Piura

ARRIBA

 

            En lugar de buscar hacerse fuerte en Arequipa el general Vivanco decidió atacar a Castilla en la misma Lima y fue así que con los barcos que estaban a sus órdenes, se dirigió al Callao  a donde llegó el 31 de diciembre de 1856.  Pero la revolución que debía estallar en esos lugares no se llegó a producir por lo cual tras de unos tiroteos la escuadra partió, pero en lugar de hacerlo hacía el sur, enrumbó en sentido contrario.  En el Callao sólo quedaba el “Apurímac” para impedir que Castilla enviara tropas por mar.  Este barco estaba a órdenes de Montero.

 

            Vivanco desembarcó en Casma y luego avanzó hasta Nepeña.  Se hizo creer que toda la sierra de Ancash estaba a su favor y dividió sus fuerzas, parte de la cual envió a Carhuaz que ocupó.  El resto se dirigió hacia Trujillo bajo el mando directo del mariscal Antonio Gutiérrez de La Fuente, llegando a ocupar la ciudad el 29 de enero de 1857.

 

            El coronel López Lavalle reunió fuerzas  en Piura y se embarcó hacia Trujillo para combatir allí a Vivanco.  Este eludió el encuentro y se dirigió hacia Chiclayo.

 

            Al quedar sola la ciudad de Piura, se sublevó el teniente coronel Manuel Gonzáles La Cotera, ayabaquino que de esta forma inicia su agitada vida político-militar. González La Cotera era un militar extraordinariamente valeroso.

 

            Mientras tanto, López  Lavalle capturaba Trujillo.  El general Castilla decidió combatir personalmente a Vivanco burlando el bloqueo del “Apurímac”. El de abril salió del Callao en un vapor viejo, llamado “Huaraz” el que abarrotó de soldados y elementos de guerra.  Desembarcó en Pacasmayo y se unió a López Lavalle.

 

            Mientras tanto Vivanco llegó y tomó Chiclayo el 5 de abril, pero conociendo que Piura estaba pronunciada a su favor, buscó de unir sus fuerzas con las de La Cotera, por la vía de Motupe, Olmos y Pabur efectuó su rápido avance.  En su persecución iba Castilla.

 

            Montero al conocer que Castilla se le había escapado del Callao y que se encontraba operando al norte, se dirigió con su barco a Paita.  Mientras tanto los otros barcos rebeldes el “Loa”  y el “Tumbes” eran apresados por barcos de guerra ingleses y llevados al Callao, porque el “Loa” había abordado a un barco mercante de esa nacionalidad.

 

            Pero las cosas se agitaban en Piura y los vecinos conociendo el  avance de las dos fuerzas rivales, lograron comprometer a oficiales que servían a La Cotera y demandaron que este reconociera fidelidad a la Constitución y se declarase a la ciudad neutral en el conflicto producido y sobre todo en el encuentro que parecía inminente.  Para tal fin, se hizo firmar a La Cotera un acta.  Desde esta fecha el mencionado jefe se tornó un empecinado constitucionalista, pero se ha llegado también a decir que La Cotera, más que vivanquista buscaba el respeto a las formas constitucionales y a la voluntad popular.

 

            Vivanco se encontró entonces conque La Cotera se oponía a su ingreso a Piura y para no verse entre dos fuegos, tras de cruzar el río Piura, se trasladó a Paita y se embarcó en el “Apurímac” y en el “Huaraz”.  Este barco después de trasladar a Castilla a Pacasmayo, se trasladó a Paita y allí lo encontró Montero, apresándolo.

 

            Vivanco dejaba a Castilla en Piura sin barcos para poder perseguirlo, y entonces se decidió jugarse el todo por el todo, tomando Lima.  Al Callao llegó el 20 de abril.

 

            Mientras tanto Castilla llegaba a Piura y acampaba en Tacalá, pero La Cotera tratando de mantener su neutralidad, no accedía a la entrega de la ciudad.  Castilla se vio obligado a iniciar una breve escaramuza y el 20 de abril o sea cuando Vivanco llegaba al Callao; tomaba Piura y apresaba a La Cotera.

 

            Vivanco perdió dos días frente al Callao sin decidirse a atacarlo.  Al fin hizo desembarcar sus fuerzas al mando de los coroneles  Manuel Lopera, del piurano Manuel Vargas Machuca y José Antonio Vigil.  Las fuerzas defensoras estaban constituidas por refuerzos de Lima, por milicianos y civiles armados todos al mando del general Plaza.

 

            Pero el pueblo chalaco no era el arequipeño, y rechazó a los vivanquistas.   Se combatió ferozmente en las calles del Callao y se utilizó mucho el ataque a la bayoneta, contándose en todo momento con el apoyo del pueblo a Castilla.  En la carnicería murieron el general Plaza y el coronel Lopera, habiendo resultado heridos Vargas Machuca y Vigil que escaparon no así el grueso de los atacantes que no pudieron ganar los barcos a tiempo.

 

            Vivanco sólo se quedó con 25  hombres a bordo y desde allí con catalejo observaba el desastre de sus soldados sin poder hacer nada.

Desde entonces se llamó al Callao, Provincia Constitucional.

 

 

  Vivanco dejó El Callao se dirigió al sur.  Iba una vez más en pos de Arequipa.  Allí se atrincheró y resistió entre junio de 1857 y marzo de 1858. En ese largo asedio salió a relucir el orgullo arequipeño. Inicialmente la ciudad fue atacada por el ejército castillista a las órdenes del general San Román el que  sufrió un descalabro en Yumina.

            Mientras tanto Castilla, se embarcó en Paita en el vapor mercante “Bogotᔠpor no disponer de ningún barco.  A todo su ejército lo dejaba en Piura con el encargo de que poco a poco fuera enviado a Lima.  Sólo 25 personas acompañaban a Castilla, entre ellos La Cotera, no en calidad de prisionero, pues el presidente provisorio había logrado convencerlo de que cooperase con el Gobierno.  Al llegar Castilla a Huacho donde desembarcó, sufrió una caída del caballo y quedó bastante maltratado, viéndose en la necesidad de usar muletas.  A Lima llegó varios días después de la derrota de Vivanco.

 

Tras un corto período en Lima,  Castilla resolvió asumir personalmente el mando del ataque y en la noche del 5 de marzo de 1858 inició el asalto a la ciudad. Habiéndose luchado en forma sangrienta por varias horas. Los artesanos que se habían constituido en un batallón, murieron sin retroceder. Se les llamó la Columna de los Inmortales.

Vivanco huyó a Chile.

            .

El “Apurímac” se dirigió entonces al puerto de Arica y allí el prefecto de Moquegua, coronel Juan Espinoza convenció a Montero que aceptase una capitulación honrosa.  Logró Montero las más amplias garantías para los marinos y oficiales que lo habían seguido, pero él partió al destierro.  La misma suerte siguió su paisano Miguel Grau el cual se embarcó en un vapor mercante en el que recorrió todo el mundo.

 

 

 

José María Raygada en la presidencia

ARRIBA

            El 14 de febrero de 1857 renunció  el Gabinete de Castilla que presidía Mariano Felipe Paz Soldán por profundos desacuerdos con el presidente.  En su lugar se nombró otro presidido por el general José María Raygada.

 

            El 1º de abril cuando Castilla se embarcó para el norte, dejó gobernando al Consejo de Ministros.  Por lo tanto, Raygada era encargado de la presidencia.  Durante su gestión se produjo el ataque de Vivanco al Callao.

 

            Cuando Castilla regresa del norte, estuvo breve tiempo en Lima, pues de inmediato se embarcó al sur para combatir a Vivanco, continuando Raygada en la presidencia.

 

            El 2 de noviembre el subteniente José Cuba, cumpliendo órdenes del comandante Pablo Arguedas irrumpió en la Sala de Sesiones de la Asamblea cuando todos los constituyentes estaban reunidos y a los gritos de “Viva la Constitución, Viva Castilla”, procedió a expulsar a los representantes, a punta de bayoneta.

 

            El general Raygada en la misma noche al dar cuenta de estos sucesos al Consejo de Ministros, llegó a decir que dado el estado de ánimo del Ejército en Lima, no estaba en condiciones de ofrecer garantías a la Asamblea.  Sin embargo, se supo que en el seno del Consejo de Ministros hacía una semana que se conocía que el golpe se iba a producir y el general Raygada mostró o punible complacencia o debilidad para imponer su autoridad a militares revoltosos.

            Los constituyentes se reunieron también por la noche en casa particular, y allí el ministro de gobierno trató de atenuar la responsabilidad de Arguedas expresando que se encontrabas embriagado y en  la creencia de que la Asamblea pretendía destituir a Castilla.

 

            Ureta el presidente de la Asamblea se dirigió por escrito primero al ministro de Gobierno y más tarde al propio general Raygada demandando garantías y en ambas respuestas expresaban que no podían dar tales garantías.

 

            El día 10 los constituyentes lanzaron un manifiesto a la nación, protestando por la violencia y anunciando la suspensión de las sesiones, lo cual equivalía prácticamente a su disolución.  Hacían también un llamado al pueblo y a los militares fieles a la causa de la libertad para que salvaran a las instituciones de la República.

 

            Raygada temió que el manifiesto pudiera encontrar eco en  algún sector del ejército y se produjera una rebelión, por cuyo motivo escribió urgentemente a Ureta, tratando de justificar su actitud.  Sobre todo temía una propuesta que había hecho el tribuno piurano Escudero en anterior reunión para que la Asamblea eligiera a un vice-presidente de la República, asunto sobre el cual no llegó a tomarse una decisión.  La Constitución que regía señalaba que la presidencia de la república vacaba por suspender el presidente  las sesiones del Congreso y como podría alegarse que Arguedas había actuado con consentimiento de Raygada y de Castilla, había la posibilidad de declararse tal vacancia. 

Entonces el  Presidente de la Convención Nacional, Manuel Toribio Ureta fue deportado y José Gálvez se dirigió al extranjero.

 

Después de vencido Vivanco, el general Raygada convocó a elecciones generales el 30 de abril de 1858.

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