Capítulo III - Consolidación de la República

CAPITULO III

 

EL CONFLICTO CON EL ECUADOR

 

 

 

Ø            Santiago Távara y la pena de muerte

Ø            Ignacio Escudero y el debate del guano

Ø            Las elecciones de 1858

Ø            Sullana enfrenta al prefecto

Ø            Origen de la guerra con Ecuador

Ø            Se forman las divisiones navales

Ø            El bloqueo de Guayaquil

Ø            Alarma en Piura

Ø            Rumores en Guayaquil

Ø            Arrastran bandera peruana

Ø            Soldados y rabonas llegan a Paita

Ø            La proclama del presidente ecuatoriano

Ø            Más incidentes en el bloqueo

Ø            La escuadra llega a Paita

Ø            Anarquía en el Ecuador

Ø            El Ejército en La Huaca

Ø            El presidente García Moreno en Paita

Ø            Reembarco en Paita

Ø            Desembarco en Guayaquil

Ø            Pezet dice que Castilla estaba loco

Ø            La Convención de Guayaquil y el Tratado de Mapasingue

Ø            El epílogo de la guerra

Ø            ¿Se buscó repartir al Ecuador?

Ø            García Moreno y Ricardo Palma

 

 

Santiago Távara y la pena de muerte.

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La Asamblea Constituyente no sólo elaboró la Constitución de 1856, sino que también se abocó al estudio de muy importantes leyes. Motivo especial de debate fue lo referente a la pena de muerte.

 Había sido elegido diputado por Jaén, el piurano Santiago Távara, el cual al mes ya se había desempeñado como senador por el departamento de La Libertad. En 1853 fue integrante de la comisión encargada de la redacción del Código Penal, siendo uno de los pocos que continuó en la labor, por cuanto volvió a integrar el parlamento.

 

En la Asamblea se produjo en ardoroso debate de tipo principista. Defendía la vigencia de la pena de muerte el fogoso orador religioso Bartolomé Herrera. En cambio Távara estuvo por su abolición. Al final en 1858 se acordó la supresión de la pena de muerte.

 

Otro importante debate en que intervino en forma muy destacada Santiago Távara fue en lo referente al reconocimiento de la deuda interna. A la caída de Echenique, como una reacción política se atacó mucho el proceso de Consolidación por el cual se reconocía la deuda que el Estado Peruano tenía dentro del país a particulares. Se otorgaron entonces bonos, pero durante el Gobierno de Castilla se trató de desconocer la validez de tales bonos. Távara hizo conocer que los bonos habían sido aceptados en base a la buena fe que se tenía en el Estado Peruano, y que no podían aplicarse conceptos de retroactividad. Su importante discurso fue pronunciado el 22 de Agosto de 1856. Recordaba que los bonos habían sido aceptados plenamente por el público y que eran materia de transferencia como simple moneda y mediante endoso y aun sin eso. Admitía que bastantes hechos fraudulentos se habían detectado pero que el delito se debía castigar, sin perjudicar a inocentes por culpables.

 

Por fin, el 11 de marzo de 1857, se rehabilitaron los vales de Consolidación.

 

 

Ignacio Escudero y el debate del guano.            

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Durante el Gobierno de Echenique y de Castilla se comenzó a explotar en forma intensa el guano de las islas. Eso representó apreciables ingresos en el erario nacional. La comercialización de este producto con el exterior se hizo mediante la intervención de tres casas fuertes extranjeras: Gibas, Montané y Barreda. Eran ellos los consignatarios.

 

Las maravillosas propiedades del guano como abono las había descubierto el comerciante francés Carlos Barroilhel en 1838. En realidad en el Perú se le usaba desde el tiempo de los Incas, pero jamás se le había dado tanta importancia comercial como para venderlo en alta escala.

 

Barroilhel  tuvo el mérito de hacer conocer a los agricultores europeos las propiedades del guano. En 1855 retornó al Perú y presentó a la Asamblea Nacional un plan  para una mejor comercialización del guano, con el cual el Perú podía ganar mucho más que por el sistema de consolidación. Al mismo tiempo acusó a la Casa Gibs de  malbaratar el guano en el afán de vender más y lograr mejores utilidades. Por esa fecha ya había vencido el contrato con las casas consignatarias y se intentaba renovarlo. El proyecto lo propuso y defendió ante la Asamblea el ministro de Hacienda Manuel Ortiz, pero le salió al frente el diputado piurano y agricultor Ignacio Escudero, que presentó un proyecto de acuerdo al cual se creaba una compañía nacional mixta encargada de administrar todo el proceso desde la extracción, hasta la comercialización del producto.

 

Como secretario en la Asamblea Nacional estaba el Dr. Luis Mesones, huancabambino el cual logró así tomar un amplio conocimiento del asunto.

 

El 09 de setiembre de 1857, la Asamblea mediante la ley dispuso una amplia investigación en torno a la forma como habían venido actuando las casas consignatarias, y en caso de irregularidades se debía suspender todo contrato que estuviera vigente.

 

Mientras tanto el Dr. Luis Mesones fue nombrado secretario de la Legación del Perú en Francia, y después Encargado de Negocios lo cual le dio oportunidad de averiguar el comportamiento de la Casa Gibas en Europa, y al encontrar irregularidades las denunció. Pero los Gibas tenían muy buenos amigos y siguieron vendiendo el guano a Inglaterra hasta 1862.

 

Don Luis Mesones pasó de la Corte de Napoleón III, a los Estados Pontificios, en donde en 1862 trató infructuosamente de lograr el capelo cardenalicio para el arzobispo Goyeneche.

 

Elecciones en 1858.

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El general Raygada convocó a  elecciones basándose en el  decreto del 30 de abril de 1858. Debían elegirse presidente, vice-presidente, senadores y diputados.

 

Si bien es cierto que Castilla no estaba oficialmente en el poder, era sin embargo como si lo estuviera, pues manejaba todos los resortes legales. Las autoridades políticas abiertamente apoyaban su campaña, y el fraude imperó nuevamente.

 

Cuando el 23 de octubre el Congreso lo proclamó oficialmente, lo declaró ganador por 432 000 votos, acompañándolo como vice-presidente Manuel del Mar.

 

 Como oponentes tuvo al general José Miguel Medina que tenía como candidato a la vice-presidencia a don Gregorio Paz Soldán que contaba con el apoyo de los liberales y Domingo Elías.

 

 Medina logró sólo 69 000 votos habiendo triunfado en Arequipa y Cuzco, pero perdió en su tierra natal, la Provincia Litoral de Piura, en donde ganó Castilla. Sin embargo resultó elegido senador.

 

Entre los diputados electos por Piura, el más caracterizado fue Manuel Seminario y Váscones.

 Domingo Elías sólo tuvo en todo el país 51 000 votos.

 

El general Miguel Medina, con apoyo de los liberales y el prestigio político que tenían, logró ser elegido presidente de la Cámara de Senadores.

 

El prefecto de la Provincia Litoral, el coronel López Lavalle había manejado muy bien los intereses del general Castilla en la provincia.

 

El 16 de julio de 1857, el Concejo Distrital de Sullana que presidía don José Manuel Montero, enviaba al coronel prefecto y comandante general de la provincia don Ramón López Lavalle, un mensaje de gratitud por los beneficios que dispensó al pueblo piurano y su protección a la educación pública y al progreso de las luces, por la delicadeza y tino con  que había dirigido el gobierno que le fue encomendado y por la libertad que los ciudadanos habían  gozado bajo su dirección.

 

 

Concejo de Sullana enfrenta al prefecto.

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En enero de 1858, se reunieron los seis miembros del Concejo Distrital de Sullana con el fin de renovar el 50 % de sus miembros según la nueva Ley Municipal. Por sorteo se determinó el nombre de los tres que debían cesar y luego se reunió el Jurado Electoral resultando elegidos como nuevos miembros don Justo Duarte, don José María Castillo, por entonces un pacífico ciudadano, que diez años mas tarde iba a convertirse en temible revolucionario y jefe montonero que logró capturar Piura.

 

Los miembros del reconstituido Concejo Distrital, procedieron a elegir alcalde a don José María Castillo y teniente alcalde a Rudesindo Vásquez. Eso no gustó a don José Manuel Montero que alegó que su período era por dos años, pero los restantes concejales manifestaron que el momento en que entraba al sorteo ya perdía tal condición y que bien pudo haber salido eliminado. Montero se negó a juramentar y a asumir su nuevo cargo de regidor. El 05 de febrero el Concejo le impuso una multa de 100 pesos. Ante esta situación, Montero apeló a la prefectura de Piura y este dispuso que se dejara sin efecto la multa y se diera posesión del cargo de alcalde a Montero, encargando al gobernador el cumplimiento de la disposición. Eso hirió la susceptibilidad del Municipio Distrital que celoso de sus fueros, en sesión acordó comunicar a la superior autoridad política que nada tenía que hacer en el Concejo y éste sólo se  reconocía como dependiente del Supremo Gobierno y de ningún otro poder más. Como el gobernador había remitido enérgicas notas al Concejo, éste lo consideró como un desacato y acordó enjuiciarlo civil y criminalmente ante el juez de Primera Instancia de la provincia de Piura y solicitar su destitución. El gobernador había sido elegido en base  de una terna propuesta por el mismo Concejo Distrital

 

 

La primera maestra de Sullana.

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El 19 de diciembre de 1858, el Concejo Distrital de Sullana nombró como maestra de primeras letras a doña Amalia Seminario. Era la primera mujer con cargo oficial. Su haber era de 12 pesos mensuales. Por entonces toda la población del distrito de Sullana era de 7 000 habitantes. El año anterior, el 30 de setiembre el Concejo había nombrado a don Saturnino Velásquez como profesor de primeras letras con un haber de treinta pesos mensuales. Por lo tanto ya había dos maestros al servicio de la niñez de Sullana. El haber del maestro Velásquez lo pagaba la prefectura.. No se conoce por que esa discriminación en el sueldo.

 

Origen de la guerra con Ecuador.

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 Cuando la Gran Colombia logró su independencia, quedó deudora de una cuantiosa suma a súbditos ingleses que le habían otorgado préstamos o a los cuales reconocía acreencias por la guerra de la libertad.

 

Al disolverse, en tres estados; cada unos de ellos asumió parte de esa deuda contraída con la garantía hipotecaria de terrenos baldíos.

En 1845, estando el general Flores en Europa propuso a los ingleses tenedores de bonos, la cancelación de la deuda a cambio de extensas zonas de territorios selváticos.

 

En 1852, durante la administración del general Urbina, llegó al Ecuador un representante de los bonistas ingleses, Elías Mocatta, que logró dos años mas tarde suscribir un acuerdo mediante el cual se pagaría a los ingleses con fondos que el Ecuador debía de recibir del Perú  que era la deuda peruana por la ayuda de Bolívar y el resto en tierras baldías.

 

De esa forma los ingleses recibieron como primer pago 860 000 pesos provenientes del Perú. Faltaba cumplir la segunda parte del convenio, llevada a cabo con mucha reserva, pero que al ser conocido por el Gobierno de Nueva Granada (Colombia), motivó su protesta por afectar la soberanía de los territorios que había sido de la Gran Colombia. Esto creó un impase por cuyo motivo, los ingleses tenedores de bonos enviaron a un nuevo representante a Ecuador. Se trataba de George Pratchett, que el 21 de setiembre de 1857, logró suscribir con el ministro de Hacienda ecuatoriano, Francisco de Paula Icaza, un convenio totalmente entreguista.

El Ecuador se comprometía a pagar parte de su deuda ascendente a 2 280 600 pesos mediante entrega de cuatro gigantescos lotes de terrenos, algunos de los cuales por constituir territorios de Maynas eran peruanos, correspondientes a las zonas de los ríos Bombonaza y Pastaza.

 

La gestión del representante Cavero del Perú en Ecuador para que se suspendiera el convenio de concesión mientras se resolvía el problema de límites con los dos países, fracasó no obstante que Colombia, Chile y Estados Unidos protestaron que se entregase tierras a súbditos de potencias extranjeras. Ante esta situación hasta los propios gobiernos de Inglaterra y de Francia, expresaron que no había participación oficial en estos asuntos.

 

En setiembre de 1858 la situación diplomática entre Perú y Ecuador se había agravado grandemente, y el 21 de octubre el Congreso autorizaba  a Castilla a aumentar el ejército y emplear toda medida, inclusive la guerra, para lograr satisfacciones de Ecuador. El 26 de octubre dispuso el Perú el bloqueo de Guayaquil por la escuadra al mando del vice-almirante Ignacio Mariátegui.

 

Se forman las divisiones navales.

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En el mes de setiembre de 1858 se formaron dos divisiones navales. La del norte al mando del capitán de navío paiteño Diego de la Haza y la del sur comandada por el capitán de navío José  María García, también paiteño que estudió en la Escuela  Náutica.

 

El 17 de ese mes, ambos marinos recibieron la orden de zarpar del Callao a sus respectivos destinos.

 

La Haza tenía además instrucciones escritas del presidente provisorio. Su destino era Paita en donde debía de tomar dos prácticos para dirigirse al golfo de Guayaquil y fondear frente a la isla de Puná. Los barcos de esta división estaban constituidos por el “Loa” y el “Tumbes”. Se les ponía sobre alerta para evitar abordajes y se prohibía consumir fruta ecuatoriana. También se les recomendaba ser tolerantes con las provocaciones del populacho ecuatoriano.

 

Los dos barcos llegaron a Paita el 23 de setiembre y tomaron a los dos prácticos y luego pasaron a la ría de Guayaquil, en donde dejaron la correspondencia destinada al representante del Perú en Quito, misión  de correo que cumplió el capitán del “Tumbes”.

 

El capitán Diego de la Haza, después de observar la situación de Guayaquil y del Ecuador, resolvió retornar a Lima a bordo del “Tumbes”, y tras de detenerse por breve tiempo en Paita arribó al Callao el 20 de octubre. De inmediato pidió entrevistarse con el comandante general de la Marina, contralmirante Mariátegui y luego con el propio presidente de la República.

 

Muy graves serían sin duda las noticias que La Haza dio al presidente Castilla porque los acontecimientos se precipitaron. Castilla fue proclamado presidente constitucional por el Congreso el 23 de octubre, y se le dio plenos poderes incluso para declarar la guerra. Se dispuso que el contralmirante Mariátegui y La Haza permutaran sus cargos y se dio al contralmirante plenos poderes, aumentando la flota a sus órdenes con la fragata de guerra “Amazonas”.

 

El bloqueo de Guayaquil.

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 Se inició por lo tanto un largo bloqueo de Guayaquil y de toda la costa ecuatoriana. Por ésa época, entre otros, se encontraban los siguientes marinos naturales de la Provincia Litoral de Piura, sirviendo en la escuadra bloqueadora: teniente 1ro. Abel Raygada, tenientes 2dos. Juan Manuel Garrido y Santiago de la Haza (paiteño), tenientes segundos graduados Alejandro Noel, Manuel Espinoza,  Manuel Ernesto de la Haza (paiteño) y Daniel Seminario; alfereces de fragata graduados Juan Raygada, Toribio Raygada, Arístides Aljovín, Antonio de la Guerra y Eduardo Raygada; oficial primero Gerónimo de Lama. Ni Grau, ni los Montero figuraban en la relación por estar en el exilio a causa de su rebelión a favor de Vivanco.

 

A fines de setiembre de 1858 cuando aún el bloqueo no había sido ordenado, se encontraba en el estuario de Guayaquil el vapor de guerra “Tumbes” que tomó información sobre aprestos bélicos en el Ecuador. El capitán de navío Diego de la Haza se dirigió prontamente a Paita y allí tuvo una reunión con las autoridades de Piura acordándose que de inmediato prosiguiera rumbo al Callao para informar al presidente Castilla de la situación. Parece que esas informaciones precipitaron el bloqueo. El 26 de octubre se dio el decreto supremo disponiendo el mencionado bloqueo y en los considerandos se expresaba, que se estaba “haciendo aprestos bélicos y que se había autorizado la guerra contra el Perú”.  En su parte resolutiva el decreto disponía:

 

Artículo 1°.- Todos los puertos, bahías, caletas, desembarcaderos, de la República del Ecuador, situados en la línea de la costa comprendida desde los 1° 50’ latitud Norte, hasta los 3° 30’ de latitud Sur e islas de su comprensión, serán bloqueadas por las fuerzas navales suficientes de la Marina del Perú. Desde que se haga efectivo el bloqueo, los Comandantes de los buques bloqueadores adoptarán todas las medidas autorizadas por el Derecho de Gentes contra cualquiera que intentase violarlo.

 

Artículo 2°.- El bloqueo de los expresados puertos, bahías, caletas y desembarcaderos, estará en vigor antes de emplearse otros medios de hostilidades, por todo el tiempo que a juicio del Gobierno del Perú, sea bastante para apreciar la eficacia de esta medida coercitiva, respecto del Gobierno Ecuatoriano.

 

Artículo 3°.- Por el órgano respectivo se notificará el bloqueo a las potencias amigas y el Ministro de Guerra y Marina, dictará inmediata, entre las órdenes necesarias para el cumplimiento de este decreto.

 

Alarma en Piura.

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Antes de iniciarse el bloqueo, el Perú tenía acreditado en Quito como ministro Plenipotenciario a Juan Celestino Cavero, hombre vehemente y temperamental.

 

Cavero tuvo noticias sobre alarmantes preparativos bélicos en Ecuador, por lo cual se trasladó a Guayaquil, desde donde envió un mensajero al prefecto de la Provincia Litoral de Piura, diciéndole que en breve una gran fuerza se movilizaría sobre la frontera del Perú. Lo cierto  era que el gobernador de Loja había recibido orden de formar un batallón de 300 hombres, pero como no llegó el armamento, nada ocurrió. Pero de todos modos los diarios de Lima en el mes de octubre de 1858, daban la noticia de que una fuerza ecuatoriana, había salido de Guayaquil, rumbo a Tumbes y Piura. Lo cierto era que en Loja sólo había 80 soldados de caballería.

 

En Piura, las noticias alarmaron, pero posteriormente se informó  que no había novedad en Guayaquil y el mismo Cavero tuvo que rectificarse. Lo cierto es que en Guayaquil sólo había 1 800 soldados de los que únicamente 700 eran de línea. Entre Loja y Cuenca, y resto del sur de Ecuador había 2 000 hombres y sólo 500 de línea.

 

Ecuador tenía como presidente al general Francisco Robles y como comandante general de Guayaquil el general José María Urbina, ambos liberales y anti-clericales.

 

Rumores alarmantes en Guayaquil.

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 En 1858 el general Echenique se encontraba deportado en Bolivia donde era presidente el general Linares. Trataba Echenique de revolucionar el sur de país, pero también en Guayaquil habían desterrados muchos de sus partidarios, que buscaban incursionar sobre Piura.

 

Eso dio origen a exagerados rumores y se decía que Echenique y Urbina habían llegado a un acuerdo según el cual Urbina proporcionaría a Echenique 4 000 hombres armados para incursionar sobre Tumbes y Piura, y posiblemente sobre Lambayeque  y Trujillo. Los gastos serían por cuenta de Echenique, el cual una vez que hubiera triunfado, debería asumir una serie de compromisos y entregar al general Flores que estaba asilado en Lima, gozando de una elevada pensión de 400 pesos mensuales que pagaba el Gobierno Peruano a pesar de que Flores fue enconado enemigo del Perú A Ecuador se le reconocería  soberanía sobre Jaén y Maynas, debiendo las dos naciones formalizar una alianza defensiva y ofensiva, lo que suponía la participación del ejército y la marina del Perú en caso de una  guerra de  Ecuador, contra Nueva Granada (Colombia). Los mismos rumores decían que las fuerzas ecuatorianas de Guayaquil eran opuestas  a la aventura de incursionar sobre el Perú y que por ese motivo se habían producido motines en los batallones “Reserva” y “Auxiliares”.por lo que fueron desarmados.

 

Pero los rumores eran absurdos. Echenique era un militar nacionalista y ya en Bolivia había rechazado la oferta del presidente Linares al prestarle soldados para invadir Puno. Lo que buscaba era apoyo en armas para ingresar al Perú con exiliados peruanos. Por otra parte Ecuador estaba en la imposibilidad de contar con 4 000 soldados de línea, para enviarlos fuera de su país, lo que los hubiera llevado a un descalabro. El plan era una locura, pero a pesar de eso en Piura se vivía un ambiente de tensión, mientras que en Lima todo estaba tranquilo y solo en las esferas del Gobierno se temía la acción de Echenique en el sur por cuya razón se había destacado a nada menos que una división naval y muchas tropas a Cuzco, Puno y Arequipa.

 

Bergantín chileno en Paita.

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En el segundo semestre de 1858, en Paita se registró un inusitado movimiento de naves de guerra del Perú, pero no sólo eso, pues también llegó el bergantín chileno “Ancud” de Chile que se había enviado para recoger a un astrónomo chileno que estaba haciendo observaciones científicas en el puerto. El bergantín había estado en el Callao y ante el temor de un conflicto entre Perú y Ecuador, el gobierno de Santiago, dispuso que llegara hasta Paita para embarcar al señor Moesta que estaba preparando material para observar el eclipse de sol, que iba a ser total en Paita el 7 de setiembre.

 

Arrastran bandera peruana.

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Desde antes del bloqueo, había en Ecuador un clima hostil contra el Perú. En setiembre el populacho de Quito sustrajo una bandera peruana de nuestra legación en Quito, local que estaba vacío, la destrozó y arrastró ante la pasividad de las autoridades, En Guayaquil, el embajador Cavero fue insultado por las turbas y hasta se trató de agredirlo.

            

 

 

 El 23 de setiembre llegaron a Paita, los barcos de la Armada “Loa” y “Tumbes”, con el propósito de ingresar al estuario del Guayas. Iban en misión de paz, con pliegos para el embajador Cavero. En la tarde  del 25, el capitán del “Tumbes” con el mayor  Paz  y 25 marinos desembarcaron en Guayaquil y se dirigieron a la gobernación en visita de cortesía, para enterarlo de su objetivo. El 03 de octubre continuaron viaje a Quito los marinos peruanos siendo hostilizados y vejados en la ruta.

 

No dejan desembarcar a Montero.

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Lo agentes peruanos en el extranjero hicieron conocer a nuestro Gobierno, de que en el lujoso  barco de la compañía inglesa “Bogotá” venían los marinos Lizardo y Victoriano Montero y el general Manuel Guarda, exilados “vivanquistas”.

 

Las autoridades de Paita fueron alertadas pata impedir el desembarco de esos pasajeros, pero los exilados no hicieron ningún intento de bajar al puerto, y siguieron al Callao. Al llegar el “Bogotá” a ese puerto, se vigiló la nave, pero tampoco se produjo ningún intento de desembarco. Cuando el barco siguió al sur, el presidente Castilla dispuso que el teniente 1ro. graduado Abel Raygada, también piurano, abordase la nave con una fuerte escolta, a fin de impedir cualquier propósito de desembarco, en algún puerto del sur hasta Iquique. El Encargado de Negocios de Gran Bretaña protestó por este hecho.

 

Incidentes durante el bloqueo.

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Como ya se conoce, la fragata “Apurímac” zarpó del Callao el 27 de octubre, bajo el mando del capitán de fragata Francisco Sanz, llevando a bordo al jefe de la División Naval, contralmirante Mariátegui.

 

 El 30 del mismo mes estaba ya en Paita y se detuvo breve tiempo para entregar un pliego de Castilla al  prefecto de la Provincia Litoral de Piura. La presencia en Paita del navío y el saber que se iniciaba el bloqueo de la costa ecuatoriana, suscitó mucha curiosidad en el puerto, pues hacía treinta años que había sucedido algo igual, cuando La Mar enfrentó a Bolívar.

 

El 31 de octubre, la fragata “Apurímac” se presentó en la rada de Guayaquil ante la sorpresa de sus habitantes, bajando de inmediato el oficial con el pliego para el gobernador al que hacía conocer que se había iniciado el bloqueo del puerto. Luego el oficial peruano, pasó a recoger al ministro plenipotenciario peruano, el Sr. Cavero, al que llevó a bordo, hecho lo cual a las 5 de la tarde, se ubicó la fragata frente el fuerte “Las Cruces”, pero a distancia conveniente. De inmediato se hizo retornar a Paita a las goletas mercantes “Mercedes” y “General O’Higgins” que estaban desembarcando víveres en Guayaquil. Al día siguiente se sumó al bloqueo el vapor “Loa”.

 

 

Soldados y rabonas llegan a Paita.

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El 28 de octubre de 1858 partió a Lima rumbo a Paita el vapor “Arauco” que conducía al general Manuel Beingolea, siete jefes, 66 oficiales y 38 soldados ayudantes.

El 11 de noviembre zarpó  del Callao una escuadrilla de barcos de guerra conformada por los vapores “Tumbes”, el “Izcuchaca” y el Transporte “Huaraz”.

 El “Tumbes” bajo el mando del capitán de corbeta Ignacio Dueñas, era el barco comando. La flotilla llegó el 14 del mismo mes causando gran sensación en Paita cuando principiaron a desembarcar no sólo una gran cantidad de soldados, sino también mujeres. Nunca en Paita, se había antes visto una operación militar de esta naturaleza. Eran las famosas “rabonas”, esposas o concubinas de los soldados que los seguían en todas las peripecias de la guerra y se ocupaban de prepararles los alimentos y atenderlos en todo. Cuando una batalla terminaba, ahí estaban las rabonas buscando entre los muertos o los heridos o al hombre amado y muchos soldados debieron su salvación a la oportuna ayuda de estas sacrificadas mujeres. En los tiempos de Castilla así como antes en las guerras de la independencia y más tarde en el conflicto con Chile, la rabona fue un personaje típico. En esa época  no estaban organizados los servicios de abastecimientos y nada se entendía de logística, pero estaban las rabonas, que con una admirable constancia, con sacrificio infinito y hasta heroicidad, se veían envueltas en los azares de la guerra. Son el prototipo del amor y de la felicidad de la mujer peruana por el hombre que aman, sea esposo, novio o conviviente, aún cuando se ha dado también casos de madres que seguían a sus hijos. Generalmente eran indígenas de la sierra sur del Perú, ya que en el norte no se daban esos casos. Portaban sobre sus espaldas, los vestidos propios del soldado, así como los utensilios de cocina, lo que las fatigaba enormemente pero no las hacía desistir. Seguían  tras los ejércitos como extraña retaguardia.. En Paita causaron sensación

 

Los soldados que llegaron fueron del batallón “Callao” y del regimiento de lanceros de La Unión. De inmediato pasaron a ubicarse en las proximidades de La Huaca.

El transporte “Huaraz” quedó en Paita, pero el “Tumbes” y el “Izcuchaca” fueron a reforzar el bloqueo de la costa ecuatoriana. El 17 de noviembre se ubicaban los dos barcos frente a los Motorrillos en el estuario del Guayas.

 

En Ecuador, el Gobierno gestionaba un empréstito de tres millones de pesos para gastos de guerra y para garantía proponía la hipoteca de las islas Galápagos.

 

El 20 de diciembre llegó a Paita el vapor “Ucayali”. Nueva sorpresa hubo en Paita pues sólo desembarcaron mujeres que no tenían apariencia de rabonas. Eran vivanderas, expertas en preparar platos criollos de las diversas regiones, para vender a los soldados que estuvieran en los campamentos. Nada escapaba al sentido de la realidad de Castilla. El “Ucayali” prosiguió luego al norte a unirse al bloqueo de Guayaquil.

 

También llegó al estuario del Guayas, la fragata “Amazonas” de 33 cañones conduciendo un cargamento de carbón.

 

 

Complot en Lima.

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Los liberales peruanos se oponían a la guerra con el Ecuador, y por los medios de prensa en Lima atacaban a Castilla. Se conspiraba en Arequipa y en Lima. Los complotados habían formado una especie de logia semi-secreta, Gran Sociedad del Republicanismo, cuyas figuras más importantes eran Vivanco, Echenique, Vidal, Medina y Eulogio del Castillo. Es decir diversas tendencias pero unidos por el común denominador de su rivalidad con Castilla. En Lima el grupo lo integraban  los civiles  Domingo Gamio, Santiago Lanfranco, Carlos Diez Canseco, el coronel Bibiano Gómez, los tenientes coroneles Nicolás Orfilia y el piurano Ramón Vargas Machuca y Juan Sevilla. También era del grupo el acaudalado Ramón Aspíllaga. El 14 de enero de 1859, la mayor parte del grupo fue reducido a prisión, unos pocos deportados y otros puestos en libertad vigilada.

 

Proclama del presidente ecuatoriano.

ARRIBA

 

 El 12 de enero de 1859, el presidente de Ecuador, el general Francisco Robles lanzó una proclama desde la ciudad de Riobamba.

 

Decía que hacía dos meses el Perú venía haciendo uso vituperable de la fuerza para humillar al Ecuador, estableciendo un bloqueo que había afectado grandemente a el Presidente Roblesindustria y tornado desfalleciente la riqueza pública. Aseguraba que el 02 de enero habían desembarcado en la isla de Puná más de 100 hombres de las fuerzas bloqueadoras, amparadas en la oscuridad de la noche y que con una crueldad infinita habían hecho fuego sobre la población que dormía confiada en la ley internacional y en los sentimientos de humanidad. Agregaba Robles que algunos cadáveres de mujeres, niños y ancianos eran el trofeo que habían logrado los invasores. Hacía un llamado para vengar esos males y formar una muralla con los pechos de los ecuatorianos. Luego manifestaba que el peligro estaba en Guayaquil y que allí debía de concentrarse toda la atención del gobierno y acumularse los elementos de defensa de todo género para lo cual había decidido trasladar el Gobierno a ese puerto.

 

En Quito no gustó nada eso de trasladar el Gobierno al puerto y de inmediato los elementos conservadores contrarios de Robles empezaron a complotar. Con el tiempo eso desembocaría en la formación de  gobiernos paralelos.

 

La verdad sobre los sucesos de Puná era otra. El día 2 de enero un grupo de soldados peruanos, desarmados bajo el mando de un guardia marino, desembarcó en  Puná en demanda de agua. Allí fueron atacados por una patrulla ecuatoriana al mando del comandante Lucas Rojas, no obstante que el comando peruano había solicitado permiso de la autoridad política de  Puná para desembarcar. Reducidos a prisión, fueron obligados a vivar al Ecuador. Noticiado el comando de la fragata “Amazonas” de lo que pasaba por tierra, despacharon a un destacamento, rescatando a los soldados. En la refriega no se sabe si tuvieron los ecuatorianos muertos o heridos, pues entre los peruanos no los hubo. En el lugar de la refriega se encontró una espada, dinero, un largavista y otras especies.

 

El 12 de enero, el capitán de la “Amazonas” envió una protesta al gobernador de Guayaquil José Sánchez Rubio y  devolvió la espada de Rojas y demás especies, pero el gobernador no la quiso aceptar por considerarla perdida en acción  de guerra.

 

Hay que aclarar que el bloqueo en el derecho internacional no significa guerra y Castilla no deseaba dar tal significado a la acción que había tomado. El rechazar la espada de parte de Ecuador era para poder acusar al Perú de iniciar una acción bélica.

 

Más incidentes de la acción bélica.

ARRIBA

 

El 2 de enero de 1859, el “Izcuchaca” dio aviso a la barca española “María y Julia” que no podía violar el bloqueo sobre la isla Puná, pero el 13 la sorprendió en tal tarea, por cuyo motivo la apresó y la condujo a Paita para que el coronel prefecto de la Provincia Litoral de Piura le iniciara al capitán y tripulación el juzgamiento correspondiente. Sólo 3 miembros de la tripulación llegaban en la barca capturada, pues el resto había sido desembarcado en Tumbes y por tierra llegaba a Piura.

 

El 16 de marzo se produjo un serio incidente. La fragata “Amazonas” observó que una chata trataba de romper el bloqueo, llena de víveres. Se envió entonces una falúa al mando del guardiamarina peruano Juan de los Heros, el cual pudo darse cuenta que la chata había  logrado encallar en la  playa ecuatoriana en donde era esperada por gran cantidad de soldados ecuatorianos, al mando de los cuales estaba nada menos que el general Guillermo Franco. Desde tierra  se desafió a Heros a capturar la chata, cosa que no podía hacer el guardiamarina Heros por dos razones: 1° porque el simple bloqueo no le permitía poner pie en tierra en son de guerra y, 2° por estar notoriamente en inferioridad numérica. Ante eso dio cuenta al comandante de la “Amazonas”

. Desde el barco peruano se despachó entonces a dos falúas más al mando del teniente 2°, el piurano Juan Garrido. Ante los renovados insultos y desafíos, se le planteaba una alternativa a Garrido, retroceder con mengua o apresar la chata, violando el bloqueo. Decidió entonces destruirla con el obús que llevaba, sin tener que poner pie en tierra. Puso por lo tanto a su flotilla en línea de batalla, ante lo cual los propios ecuatorianos prefirieron quemar la chata. Con eso terminó el incidente.

 Mariátegui en abril solicitó su relevo por enfermedad pero no le fue concedido. El 12 de agosto de 1859 surgió un nuevo y grave incidente y Mariátegui, en forma precipitada declaró rotas las hostilidades pero el 26 de agosto, Castilla dispuso la revocación de esa virtual declaratoria de guerra.

 

Por mediación del Gobierno Español habían actuado los diplomáticos y el 20 de agosto se firmó un armisticio entre el comandante general de Guayaquil, general Guillermo Franco, y el jefe de la escuadra del Perú. De acuerdo a eso, el Ejército de Ecuador desocuparía Guayaquil pero el Perú no lo ocuparía. Los habitantes quedaban en libertad de escoger un gobierno provisional y el bloqueo se suspendería. El acuerdo satisfizo a los guayaquileños que cambiaron su comportamiento para con el Perú y en comicios populares eligieron a Franco como gobernante, quedando así  desconocido el Gobierno del general Robles.

 

 

Ejército y la escuadra llegan a Paita.

ARRIBA

 

El 28 de setiembre de 1859 el presidente Castilla expedía un decreto dejando sin efecto el bloqueo de Guayaquil. Luego mediante otro decreto encargaba el Poder Ejecutivo al vicepresidente Manuel del Mar, y se aprestaba a viajar al norte.

 

Antes de hacerlo lanzó dos proclamas. Una a los soldados y marineros que conformaban la expedición que debían  de partir con él y la otra a los pueblos del Ecuador.

 

El día 29 desde las 7:30 de la mañana todo eran ajetreos en Lima. Los trenes repletos de soldados iban al Callao, tras una breve revista a las tropas formadas en Bellavista a las órdenes del general Juan Buendía. Allí estaban los Cazadores del Rímac, Pichincha N° 2, Ayacucho N° 3, Puyán N° 5, Paucarpata N° 8, Siete de Marzo N° 12, Puno y Escuadrón de Húsares N° 1. En total  4 000 soldados.

 

El día 30 a la 1:30 de la tarde,  11 naves partieron del Callao al norte. En la fragata “Amazonas” de 33 cañones iba el presidente de la República. Cuando ya habían navegado varias millas, el general Castilla se transbordó al vapor “Tumbes”, el que desprendiéndose del convoy, se adelantó a toda máquina.

 

Castilla llegó a Paita el 2 de octubre a las 11 de la noche. Allí tomó carbón, recibió a las autoridades de Piura y el puerto y luego a las 2 de la tarde del día 3 siguió rumbo a Guayaquil. Quería tener un conocimiento personal y exacto de la situación de la escuadra y del puerto. Castilla conferenció con el contralmirante Mariátegui y con el general Guillermo Franco, jefe militar de Guayaquil y con Manuel Espantoso, jefe político del puerto.

 

Mientras tanto el día 5 de octubre a las 5 de la tarde aparecían en la bahía de Paita los 10 barcos restantes. Nunca antes se había visto tantos barcos en la bahía en forma simultánea. Hubo pues tremendo revuelo en Paita y decenas de botes y embarcaciones menores se dirigieron a dar la bienvenida a los soldados.

 

Al día siguiente, o sea el 6 de octubre, Castilla retornaba en el “Tumbes”. Venía satisfecho y optimista. De todos modos tenía una preocupación pues no sabía con quien tratar en el Ecuador.

 

Anarquía en el Ecuador.

ARRIBA

 

El mismo 6 de octubre, y a bordo de la fragata “Amazonas” anclaba en Paita Castilla, mediante oficio informaba al ministro de Guerra de la situación imperante. Decía:

 

“Deseoso de facilitar los medios de terminar prontamente la campaña emprendida contra el Gobierno del Ecuador, determiné, separarme como en efecto me separé del convoy al tiempo de su salida del Callao, el 30 del próximo pasado y hacer personalmente un reconocimiento a la vía de Guayaquil. A las tres de la tarde de hoy he regresado a este puerto y en virtud de los informes que adquirí durante mi permanencia a bordo de la escuadra nacional existente en Guayaquil, he creído conveniente suspender las operaciones militares, porque según el aspecto de los acontecimientos de que hoy es teatro el Ecuador, no es decoroso emplear las armas del Perú contra las distintas autoridades que gobiernan aquella república.”

 

“Habiendo desaparecido la administración de los generales Robles y Urbina, los han sucedido el Gobierno del General Franco en Guayaquil y la Junta de Gobierno presidida por el Dr. Gabriel Moreno en Quito. La División  que se hallaba en Cuenca y que era la más fuerte del ejército ecuatoriano, se ha sublevado y dispersado pronunciándose una parte por el Gobierno de Quito y otra por el de Guayaquil y marchando el resto en distintas direcciones.”

 

“No hay pues en el Ecuador, enemigo con quien combatir, ni debo en manera alguna intervenir en los negocios domésticos de un Estado amigo y hermano. Deseo solamente verlo prosperar bajo un gobierno justo que satisfaga al Perú y le haga la justicia a que es acreedor, y que con tanta tenacidad le han negado, el que por fortuna de estos pueblos ha dejado de mandarlos.”

 

“En tal estado de cosas y habiendo encontrado sin novedad a mi regreso en esta bahía al Ejército y Armada que salieron conmigo del Callao y llegaron en la tarde de ayer, he creído oportuno que salten a tierra rodas las fuerzas existentes a bordo de los buques a fin  de que refresquen, se fumiguen éstos y pueda operarse según convenga en lo sucesivo. Entre tanto aquellas se acantonarán en distintos puntos de esta Provincia, en donde pueda conservarse la salud de la tropa, su moral y disciplina.”

 

“Sin perjuicio de todo esto, saldrá dentro de pocos días una pequeña parte de la escuadra que aquí se halla, sobre Guayaquil, conduciendo únicamente lo que sea necesario y pueda eficazmente contribuir a celebrar los preliminares de un tratado que dé al Perú las suficientes garantías de que seremos respetados en adelante y satisfechos en la actualidad.”

 

Hasta aquí la misiva de Castilla, pero como  no podía esperar indefinidamente, en comunicación de fecha 9 de octubre se dirige a cada uno de los gobiernos ecuatorianos y les da 30 días de plazo para que concluyan el desacuerdo en que se encuentran.

 

El Ejército en La Huaca.

ARRIBA

 

Entre el 7 y 8 de octubre los diversos batallones y regimientos hicieron un ordenado desembarco en la bahía de Paita. Hay que imaginar a la pequeña localidad que de improviso dobla su población ante los 4 000 soldados que pusieron pie en tierra.

 

 Mientras tanto los barcos eran limpiados, fumigados y arreglados y luego se dedicaron a hacer ejercicios de tiro. Los cañonazos retumbaban en la bahía. Todo daba un movimiento inusitado al puerto.

Paita resultaba muy chico para dar cabida al Ejército, de tal modo que el 10 de octubre, empezó esta fuerza en tupidas columnas a trepar al tablazo y dirigirse a la zona de La Huaca en donde ya desde antes estaban concentrados cerca de dos mil soldados.

 

El Ejército en operaciones quedó organizado del siguiente modo:

 

Comandante en jefe, el mariscal Ramón Castilla.

Jefe de Estado Mayor, el general Juan Antonio Pezet.

Adjunto, el ingeniero naval Elías Bonnemaison.

Jefe de la 1ra División de Infantería, el general Juan Buendía.

Jefe de la 2da División de Infantería, el general Manuel Beingolea.

Jefe de la 3ra División de Infantería, el general Ramón López Lavalle.

Jefe del Parque de Artillería, coronel Manuel Vargas Guimet.

Jefe de la Caballería, general Manuel Suárez.

 

El Ejército se ubicó a lo largo del río Chira, bajo los frondosos algarrobos. Por ésa época el clima era espléndido y no llovía. Las tiendas de campaña daban un imponente aspecto al lugar. Los soldados estaban muy contentos y aprovechaban las aguas del río para refrescarse.

 

El presidente García Moreno en Paita.

ARRIBA

 

El mariscal Castilla continuó  a bordo de la fragata “Amazonas” en donde atendía todos los asuntos de la expedición.

 

En el barco de la armada peruana “Sachaca” llegó a Paita Gabriel García Moreno, integrante de la Junta Provisoria de Gobierno de Quito y el Dr. Napoleón Aguirre designado también por dicha Junta.

 Como representante del general Guillermo Franco y del Gobierno de Guayaquil, llegó en el mismo barco el Dr. Ignacio Novoa, que era vocal de la Corte Superior de dicho puerto.

 

Castilla y García Moreno tuvieron varias conferencias. En las reuniones no se llegó a ningún acuerdo, pues García Moreno deseaba ser tratado como representante del único gobierno representativo del Ecuador. Pretendió García Moreno conocer los puntos conversados entre los delegados de Franco y Castilla, pero éste se negó a darle información. García Moreno tenía que pernoctar en Paita, pero hubiera deseado ser hospedado en el barco insignia “Amazonas”. Exasperado le llegó a preguntar a Castilla con cierta impertinencia cuando pensaba moverse de Paita, a lo que contestó con rudeza el presidente, que no se consideraba obligado a  darle cuenta de sus actos. Por último, Castilla se dispuso marchar a la Huaca para revistar al Ejército, a lo que no fue invitado García Moreno, por lo cual éste decidió abandonar Paita despidiéndose tensamente de Castilla y embarcándose en el vapor “Lima”.

 

Era el 2 de noviembre 1859. Al llegar a Guayaquil, García Moreno se entrevistó de inmediato con el general Franco y con el jefe político de Guayaquil Manuel Espantoso. Buscaba un acuerdo para la unificación del Gobierno, en torno a la Junta de Quito, en la que Espantoso ocuparía el cargo de García Moreno que renunciaría mientras Franco quedaba como jefe del Ejército Ecuatoriano.

 

Sin embargo, y pese a la urgencia de arreglar sus diferencias ante la inminente llegada del Ejército Peruano, más pudieron las ambiciones políticas, y al final todo quedó en nada. Manuel Espantoso pretendía prácticamente tener todo el poder de la Junta de Gobierno de Quito.

 

De inmediato García Moreno abandonó Guayaquil y se dirigió a Riobamba, mientras que el general Franco declaraba la ley marcial en el puerto, decretaba la movilización de todos los hombres entre los 14 y 60 años, convocada al comercio para que ofrecieran su contribución, y declaraba a la Patria en peligro.

 

Se reembarcan las fuerzas en Paita.

ARRIBA

 

Castilla, dispuso a partir del 24 de octubre que las fuerzas acantonadas en La Huaca se movilizaran a Paita. La primera en hacerlo fue la 1ra División y poco a poco siguieron las demás hasta el 4 de noviembre. Se estacionaron en los aledaños del puerto y en el tablazo.

 

Entre 4 y el 5 de noviembre se cumplió la operación de embarcar tanto a la infantería como a la caballería, lo que se realizó dentro del mayor orden. El mismo día 4, Castilla enviaba a las autoridades ecuatorianas de Guayaquil y Quito un ultimátum para que se unificaran y en  caso contrario procedería a la ocupación de las zonas próximas a Guayaquil.

 

El general Franco trató el ultimátum como un acto injusto y cruel, mientras que el Gobierno de Quito culpó al de Guayaquil de usurpador que sólo se sostenía apoyado en las bayonetas. Con respecto a la amenaza de Castilla, se limitaba a “protestar, desde ahora, contra tan inmerecidas hostilidades y a salvar toda responsabilidad”.

 

El primero barco en partir de Paita hacia Guayaquil, fue el vapor “Tumbes” que iba a prevenir al contralmirante Mariátegui que la flota peruana,  aparecería  de un momento a otro en el estuario del Guayas.

 

Cada uno de los barcos de la flota fue puesto en Paita en manos de los prácticos, todos de Sechura. Estos hombres con gran pericia lograron introducir a todos los barcos en el estuario sin ningún contratiempo, poniendo una vez más de manifiesto su tradicional fama de expertos marinos.

 

La escuadra llegó el día 8 a la isla de Puná y el mismo día avanzaron y se ubicaron frente al puerto de Guayaquil, dando la espalda a la isla de Santay. Los barcos se escalonaron frente al muelle, a la calle el Comercio, al fuerte de la Planchada y al promontorio Las Peñas.

 

Desembarco en Guayaquil.

 

Cuatro días esperó completamente inmovilizado Castilla, frente a Guayaquil, en espera que se cumpliera el plazo de 30 días que había dado. El general Pezet, jefe de Estado Mayor, reconoció a distancia los lugares por donde podía desembarcar el Ejército Peruano y en sus Memorias critica a Castilla  la inacción que mostró.

 

El 12 de noviembre Castilla hizo saber al general Franco y a Manuel Espantoso que el plazo de 30 días se había cumplido con creces. Entonces comisionó al teniente 1ro. Raimundo Cárcamo, natural de Paita, para que en el pequeño vapor “Bolívar” explorase la costa y determinara los puntos de desembarco.

 

Los guayaquileños enviaron a Castilla una comisión presidida por el viejo general Antonio Elizalde, cuñado de La Mar, que en anterior oportunidad había visitado Paita con el fin de llevar los restos del gran mariscal al Ecuador. Se buscaba la forma de evitar un encuentro sangriento y evocó las gestas de la independencia en las que había combatido junto con Castilla. Este contestó cortésmente y ofreció evitar todo derramamiento inútil de sangre.

 

El tiempo apremiaba. El general Franco simuló que se apartaba del Gobierno de Guayaquil y que asumía el mando don Manuel Espantoso, el mismo que de inmediato entró en tratos con Castilla. En realidad el general Franco quedaba a la expectativa para actuar cuando lo creyera oportuno. En la reunión, Castilla le hizo conocer que disponía de fuerza suficiente para tomar Guayaquil aun en el caso de haber oposición y que sólo deseaba efectuar un desembarco pacífico sin ocupar la ciudad para lo cual llegó a un acuerdo, y entonces se inició el 13 de noviembre de 1859 el desembarco pacífico del Ejército Peruano, en forma simultánea en tres puntos.

Las conversaciones para llegar a un acuerdo definitivo prosiguieron el 14 y en ellas también participó el general Guillermo Franco.

 Fatalmente el 16 por la noche un grupo de paisanos y soldados y hasta oficiales ecuatorianos,  promovieron un tumulto con lo cual las negociaciones se suspendieron hasta el 23. En esa fecha se nombraron comisionados de una y otra parte para discutir las bases de un acuerdo.

 

Mientras tanto Castilla iba buscando mejor ubicación a sus tropas, ya que la operación de desembarco sólo había tenido por objeto libertar a las tropas del hacinamiento en que estaban en los barcos y además se concretaba tal operación, a la bajada de los soldados dentro del modo más seguro posible. La ubicación se fue entonces haciendo en forma paulatina. El vapor “Bolívar” con Cárcamo sirvió de nexo ente el Ejército Peruano y la escuadra.

 

Por fin, el día 24 de noviembre todas las fuerzas peruanas se acantonaron en la hacienda Mapasingue, posición estratégica que dominaba al puerto de Guayaquil.

 

Las tiendas de campaña se ubicaron formando calles, y parecía como si de la noche a la mañana hubiera surgido una nueva ciudad. Castilla hasta permitió que civiles ecuatorianos pusieran tiendas, y establecimientos de servicios. Sin embargo, entre las autoridades de Guayaquil, el movimiento del Ejército Peruano causó alarma pues se pensó que la ubicación nueva se había hecho con el fin de prolongar la estadía del Ejército Peruano.

 

 El general Pezet, en sus Memorias, afirmaba que los comisionados ecuatorianos se mostraron muy intranquilos y titubeantes ante el nuevo estado de cosas y que le fue difícil a él convencerlos que no había ninguna segunda intención en la ocupación de Mapasingue.

 

El general Franco creyó conveniente tener una entrevista con Castilla y lo logró el 27 de noviembre. Nuevas reuniones se efectuaron el 28 y 30 dentro de un marco de gran cordialidad, hasta pasaron revista al Ejército Peruano.

 

Mientras tanto el depuesto presidente ecuatoriano general Robles, que estaba asilado en el Callao, tomó furtivamente el vapor inglés “Bolívar” que viajaba al norte y pretendió desembarcar en Paita pero las autoridades no lo permitieron y tuvo que regresar en el mismo barco al sur. Así estuvo viajando más de un mes porque en ningún puerto podía desembarcar, hasta que pudo llegar a Chile.

 

 

Pezet dice que Castilla estaba loco.

ARRIBA

 

El general Juan Antonio Pezet era jefe de Estado Mayor, pero no se encontraba en el campamento sino en la ciudad de Guayaquil presidiendo la delegación peruana.

 

 En sus Memorias, expresa que Castilla tuvo entonces que mandar en forma directa el Ejército y que “sea por un mal genio, o porque este militar no conoce el mecanismo militar o porque ciertas sugestiones de Lima habían encontrado acogida, lo cierto es que el ejército estaba descontento, con su jefe y que casi debía estallar una revolución”.

 

Se acusaba a Castilla de perder el tiempo en conversaciones con el enemigo cuando tenía un Ejército y una escuadra con los que era fácil imponer condiciones.

 

También se le acusaba de hacer pernoctar al raso, expuesto el Ejército a las lluvias y a los abundantes insectos, en lugar de combatir, dando así muestras de cobardía. “Que el General Castilla estaba loco, pues sus genialidades, sus desvergüenzas a todas horas y con todos, no podían explicarse de otro modo”.

 

Se comentaba que el general Lavalle (ex prefecto de Piura) se hacía el enfermo y que se había prácticamente separado de su División, dejando cundir la desmoralización y que eso contaba con el apoyo del general Beingolea.

 

Pezet hasta llega a dar el texto de un pronunciamiento que el general Beingolea le entregó, para deponer al general Castilla del mando del Ejército. Se le acusaba de lo anteriormente expuesto, de inacción ante  el peligro de las próximas lluvias, y que no obstante que había dado armas y equipos a García Moreno, éste las había aprovechado para hacerse fuerte en Quito proclamándose enemigo del Perú y declarando traidor al general Franco por tratar con Castilla.

 

 Tras esas consideraciones, se tomaba por los altos mandos el acuerdo unánime de deponer a Castilla del mando del Ejército y enviarlo a Lima en un barco de la escuadra a disposición del vice-presidente Del Mar. Como punto segundo se disponía que el general Pezet se hiciera cargo del Ejército y de inmediato emprendiera operaciones militares ocupando Guayaquil y tenerla como rehén hasta que se arreglase en forma definitiva la cuestión territorial, y pagasen los gastos de campaña.

 

Pezet dice que no aceptó la propuesta mas aún estando el Ejército en territorio enemigo. Se aseguró que también el contralmirante Mariátegui estaba de acuerdo.

 

La Convención de Guayaquil

ARRIBA

 

 Las provincias de Azuay y Guayaquil reconocían al general Guillermo Franco, lo que suponía las dos terceras partes del territorio ecuatoriano. Por lo tanto Castilla decidió tratar con él, pues tenía apuro en terminar lo más pronto posible con tan costosa expedición, pero contando-claro está- con un tratado firmado que dejara sin efecto la entrega de los territorios de la selva a los bonistas ingleses.

 

 De igual manera el general Franco, buscaba también tratar con Castilla como único Gobierno Ecuatoriano, pero siempre que el tratado por ajustar con Castilla fuera lo más benigno posible.

 

Para iniciar de modo firme las negociaciones diplomáticas, por parte del Perú se habían nombrado al general Pezet jefe del Estado Mayor y el secretario de la Presidencia y ministro de Gobierno Dr. José María Villamil y Guillermo Bodero.

 

Los representantes se reunieron desde el 24 de noviembre y entre los días 4 y 5 de diciembre se firmó en Guayaquil la Convención que constaba de tres artículos más otro transitorio.

 

Primero declaraban que ni el Ejército y ni la Marina Peruana deseaban llevar la guerra al Ecuador, ni el Gobierno de Guayaquil hacerla. A continuación se declaraba que tanto uno como el otro haría todo  lo que  estuviera a su alcance para lograr un solo gobierno. Para eso se nombraría a tres representantes: por Guayaquil, Quito y Azuay para que en el término mayor de 40 días se reunieran y eligieran un gobierno provisorio que arreglase definitivamente las cuestiones pendientes con el Perú, pero en el caso que uno de los tres logre antes de esos 40 días los 2/3 de la representación, entonces podrá tratar con el Perú.

 

Los que de uno u otro lado promuevan la guerra con asonada o tumultos serían castigados severamente. Eso en realidad iba más por algunos revoltosos ecuatorianos.

 

El Ejército Peruano apoyará al gobierno general que se establezca y con él celebrará los preliminares de un tratado de paz.  El Gobierno de Guayaquil se comprometía adoptar medidas para evitar los excesos que lleven a la anarquía o al enfrentamiento de los ejércitos de ambas naciones.

 

Los gobiernos de Azuay y Guayaquil se comprometían a conseguir materiales de construcción para alojamiento en campaña para el Ejército Peruano así como artículos alimenticios pagaderos con su justo valor. Los tránsfugas de ambos ejércitos serán devueltos. Los jefes y oficiales de ambos ejércitos podrían pasar a uno u otro campamento, mediante un sistema de pases. En base a ofertas del general en jefe del Ejército Ecuatoriano se podrán utilizar hospitales ecuatorianos para los soldados peruanos. Ninguna de las partes intervendría en las cuestiones domésticas de la otra. Las fuerzas peruanas se mantendrían acantonadas en Mapasingue.

 

Como se puede apreciar no existía en modo alguno un estado de guerra y los oficiales confraternizaban entre sí.

El Gobierno Civil y Militar de Loja, jefaturado por Manuel Carrión Pizano, acreditó a León Benigno Palacios pero el 8 de diciembre reconoció al general Guillermo Franco, sólo para los efectos del tratado de paz, por lo demás seguiría funcionando con independencia. Para contemplar la posibilidad de crear un solo gobierno envió a Guayaquil al Dr. Francisco Javier Riofrío.

 

Manuel Espantoso había sido elegido jefe supremo de la provincia de Azuay, pero renunció a ese cargo en diciembre. El 19 del mismo mes, los vecinos reunidos en Cuenca daban su reconocimiento a Guillermo Franco.

 

El Gobierno de Quito con su Junta de Gobierno había seguido una línea zigzagueante pues el 28 de octubre su secretario general, Roberto Ascásubi había enviado una nota oficial a Castilla que estaba en Paita y era toda una invitación para que fuera al Ecuador. Posteriormente trató a Franco de usurpador y de traidor, pero más tarde viéndose casi aislado, envía el 22 de noviembre un representante a Guayaquil en la persona de José María Caamaño, pero los demás delegados ecuatorianos los tachan.

Eso pone en aprietos a Castilla que busca de arreglar el problema y manda enviados especiales a Quito, y queda acordado que se enviará a García Moreno a Guayaquil pero más tarde por enfermedad de éste, van dos miembros de la Junta que son Manuel Gómez de la Torre y José María Avilés, que llegan el 22 de diciembre.

 

Mientras tanto José María Caamaño seguía en Guayaquil comunicando todo lo que pasaba a García Moreno. El general Franco comprendió que trataba de ganar tiempo para hacerse fuerte, por cuyo motivo se apresura a convocar una Convención Nacional para elegir al gobierno interino único. Tal convocatoria la hace de acuerdo con delegados de los diversos gobiernos interiores, pero al mismo tiempo plantea a Castilla la posibilidad de iniciar las conversaciones de paz, con los representantes de Guayaquil, Azuay y Quito que se encuentran en el puerto.

 

Castilla acepta para ganar tiempo y entonces se nombran a tres delegados de representación de los tres gobiernos seccionales, que son José María Caamaño, Francisco Marcos y el coronel José Sánchez Rubio. Pero Caamaño sintiéndose en minoría no asiste, por cuyo motivo siguen adelante los otros dos delegados y a su vez toman el acuerdo de que es el general Guillermo Franco el más representativo para tratar con Castilla.

 

Caamaño protesta por que Castilla se allana a tratar con una minoría, una cuestión tan grave; pero el presidente cansado de dilaciones no acepta la protesta y hace conocer que se viene encerrando en un círculo de negativas y que con esa nota de contestación pone término a toda ulterior comunicación con Caamaño.

 

Por lo tanto Castilla reconoció al general Franco como jefe supremo del Ecuador.

 

El Ecuador da satisfacciones al Perú.

ARRIBA

 

El general Franco se mostró dispuesto a cumplir las exigencias que el Perú había planteado en  su ultimátum del 12 de setiembre es decir; que se recibiera y reconociera al ministro Plenipotenciario Dr. Juan Celestino Cavero, que se abriera la correspondencia que el Gobierno de Quito había devuelto cerrada y se desagraviara al pabellón peruano saludándolo.

 

El 22 de diciembre el ministro Cavero que se encontraba en la fragata “Callao” volvió a desembarcar en Guayaquil acompañado de don Manuel Nicolás Corpancho y de los tenientes coroneles Manuel Castro Barat, Miguel Valle Riestra y Manuel Tafur. Éste último llegaría ser más tarde  prefecto de Piura. Cavero fue saludado con salvas de artillería que fue contestada por los barcos peruanos y con banda de músicos se dirigió a su domicilio. La bandera peruana fue desagraviada al ser izada, la correspondencia fue recibida y abierta y el ministro Bodero del Ecuador visitó a Cavero. Todas las cuestiones protocolares quedaron cumplidas.

 

Sin embargo Cavero renunció bruscamente el 28 de diciembre alegando motivos de salud y Castilla se apresuró a aceptar su renuncia y reemplazarlo por el Dr. Manuel Morales. Se decía que Castilla y Franco habían acordado la remoción de Cavero, después de llenados los requisitos de su reinstalación.

 

El 29 de diciembre Castilla hizo una visita a Guayaquil acompañado de su Estado Mayor, altos jefes y escolta. El general Franco lo recibió en forma solemne en la Casa de Gobierno, todo en medio de la mayor curiosidad de los guayaquileños que al fin conocían al hombre fuerte del Perú.

 

Siempre dentro de las cordiales relaciones que habían iniciado peruanos y ecuatorianos el presidente Castilla solicitó alojamiento para sus tropas en Guayaquil para evitarles las inclemencias de la intemperie. A ello accedió Franco designando diversos cuarteles, colegios y edificios amplios. Siguiendo un determinado itinerario y en medio del mayor orden, los soldados dejaron Mapasingue ingresando a Guayaquil el día 7 de enero de 1860. El 8 oyeron misa.

 

Tratado de Mapasingue.

ARRIBA

El 25 de enero de 1860 el ministro Plenipotenciario del Perú, Manuel Morales, y el Dr. Nicolás Estrada por el Ecuador, firmaron en Guayaquil el Tratado de Paz conocido como Tratado de Mapasingue. Constaba de 22 artículos.

 En el Tratado se restablecen las buenas relaciones entre los dos países y Ecuador reconoce la validez de la Real Cédula de 1802 en cuya virtud declaraba nulos los contratos de adjudicación de terrenos de montaña a los bonistas ingleses. Una comisión mixta debía de rectificar los límites entre ambas naciones. Al Ecuador se le daba el plazo de dos años para probar los títulos que pudiera tener sobre los territorios de Quijo y Canelos frente a los que poesía el Perú y pasado ese tiempo caducaría todo derecho ecuatoriano. Se aceptaba provisionalmente el Uti possidettis de 1829 y la Real Cédula de 1802. el Perú en forma por demás generosa no demandaba indemnización alguna por gastos de campaña, no obstante haber desembolsado 1 132 575 pesos. Se establecía una alianza defensiva y de ayuda mutua entre ambos países y otros asuntos menores.

 

 

 

 

El epílogo de la guerra.

ARRIBA

 

Castilla parecía tener mucha prisa por retornar al Perú. Cinco días antes de firmarse el tratado ya había despachado a la Primera División al mando del general Buendía, la que arribo al Callao el 25 de enero, es decir en el día que se firmó el tratado.

 

La celebración del tratado dio origen a muchas fiestas en Guayaquil en la que participaron también los soldados peruanos.

 

El 9 de febrero las tropas dejaron Guayaquil y se reembarcaron rumbo a Paita a donde llegaron el 11. En la rada la escuadra permaneció hasta el día 14, días que aprovechó Castilla para dirigirse a La Huaca y visitar las fuerzas que habían quedado allí como reserva durante todo el desarrollo del conflicto. Las autoridades piuranas visitaron al presidente, lo mismo que comisiones de vecinos y le formulan diversos pedidos, entre otros la creación del departamento de Piura que Castilla ofrece atender.

 

El 19 de febrero la escuadra estaba llegando al Callao y las tropas se distribuían en los diversos cuarteles del Callao, Miraflores, Lima y Chorrillos.

 

Castilla no fue bien recibido por el pueblo. No era en realidad el triunfo en el sentido estrictamente militar y por eso fue  pifiado en las calles. Ya se conocía el Tratado de Mapasingue y se consideraba que el Perú nada había ganado tras el costoso despliegue de la guerra.

 

Antes de dejar Guayaquil, Castilla donó al Ejército Ecuatoriano del general Franco tres mil fusiles de nuevo modelo, vestuario y equipo para un número igual de soldados. Nunca antes ni después se había visto un tratamiento igual con un ejército enemigo. Muchos han criticado esta supuesta generosidad de Castilla, pero otros suponen que lo que buscaba era fortalecer el régimen del general Franco frente a García Moreno que había desconocido el Tratado de Mapasingue y declarado traidor a Franco. Como se recordara también Castilla había donado armas a los soldados de García Moreno.

 

Las provisiones de Castilla resultaron inútiles. Tan pronto como el Ejército Peruano dejó Guayaquil, se apresta García Moreno a tomar la iniciativa, para lo cual llama al general Juan José Flores que se encontraba en Lima gozando plácidamente con una cómoda pensión que le otorgaba el Gobierno Peruano. Flores acude al llamado y asume el comando de las fuerzas de García Moreno logrando expulsar a Franco, tras de lo cual García Moreno es elegido presidente de Ecuador. El general Franco había caído en setiembre de 1860 y el 8 de abril de 1861 García Moreno desconocía el Tratado de Mapasingue, pero eso no causó ninguna reacción en el Perú porque acá tampoco había satisfecho tal tratado.

 

Rara guerra la que hizo Castilla, en la que no se empeñó ninguna acción militar.

 

Eso posiblemente a causa de la excesiva superioridad militar del Perú, pues no había prácticamente enemigo al cual combatir ni gobierno con el cual tratar y aunque eso hubiera sido una ventaja para otro país expedicionario, no lo fue en cambio para el Perú y se tornó en el mayor beneficio para el Ecuador.

 

El Ejército Peruano pagó todo su consumo en Guayaquil. Eso reactivó el comercio y se sintieron tan satisfechos los porteños, que después de la inicial oposición con que se recibió a la escuadra, se terminó por confraternizar, y otra vez el sentimiento peruanista que había estado tan arraigado treinta años antes se volvió hacer presente y se inició un movimiento para pedir su anexión al Perú, pero la Municipalidad se opuso y más tarde con el ingreso del ejército del general Juan José Flores al puerto, quedó en nada.

 

Con todo el Ecuador, procuró con el Gobierno de García Moreno no mostrar enemistad con el Perú y tras de un tiempo prudencial aceptó al embajador que el Perú acreditó y también dejó sin efecto la venta de tierras a los bonistas ingleses que había sido la principal causa del conflicto. En cuanto a la situación fronteriza, prefirió no mover nada por el momento respetando el estado de cosas existentes.

 

El 28 de enero de 1863, cuando gobernaba el general San Román en el Perú, también el Congreso Peruano desaprobaba el tratado. Ese fue el epílogo de la rara guerra que Castilla llevó al Ecuador.

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¿Se buscó  repartir al Ecuador?.

ARRIBA

 

Castilla antes de expedicionar sobre el Ecuador quiso asegurarse de la neutralidad colombiana y con tal fin envió a Bogotá a don Buenaventura Seoane como ministro Plenipotenciario y al diplomático Selaya como su secretario.

 

 Seoane  aseguró al Gobierno Colombiano que lo único que buscaba el Perú era que los territorios de la selva que el Perú tenía bajo su soberanía, no fueran materia de arbitraria negociación por parte de Ecuador con acreedores ingleses.

 

Por ese tiempo era gobernador de la provincia de Cauca el general Tomás Mosquera, ex ministro de Bolívar.

El Cauca había tenido siempre tendencias autonomistas, y antes el general Obando había intentado iniciar algunas acciones en tal sentido. Mosquera tenía el mismo pensamiento.

 

Mosquera envió a Seoane una proposición a Bogotá proponiéndole la partición del Ecuador, habiendo optado el ministro peruano por enviar a Popayán, capital de Cauca, a su secretario Selaya.

 

El 16 de setiembre de 1859 en forma totalmente inconsulta, firma un acuerdo que se denomina Protocolo Mosquera-Selaya, según  el cual la parte sur del Ecuador pasaría a formar parte del Perú y la parte norte se integraría a Cauca, que se proclamaría como estado independiente.

 

El proyecto era a todas luces una locura y se iba a tener dos enemigos unidos: Ecuador y Colombia.

 

El historiador ecuatoriano Oscar E. Reyes manifiesta en su “Breve Historia General de Ecuador” que el tratado se firmó en secreto y que especialmente se había acordado lo siguiente: 1° El Perú proporcionaría fusiles, carabinas y artillería a Mosquera. 2° El Perú pondría 50 000 pesos a disposición de Mosquera. 3° Mosquera proclamaría la separación del Cauca, anexando parte del Ecuador, excepto las provincias de Guayaquil, Manabí y Loja que deberán hacer parte del territorio peruano.

 

La correspondencia entre Seoane y Mosquera se había iniciado el 13 de febrero cuando el general colombiano envía al diplomático peruano una carta en la que le dice: “Algunos han creído que la existencia de esa pequeña nación  del Ecuador era necesaria para la confederación granadina y el Perú. Yo juzgo lo contrario. Nuestros límites y los de Uds. se deben de tocar”.

 

Por su parte Seoane respondía: “Yo no encuentro solución sino en la desaparición de esta nacionalidad, anexando su territorio por partes a los estados vecinos, que ella daña con su existencia”.

 

Nada hay que haga suponer, que en Lima se hubiera hecho algo, para alentar el cumplimiento del Protocolo Mosquera-Selaya.

 

Dice el historiador ecuatoriano Oscar Efrén Reyes: “El General Guillermo Franco en los últimos momentos de su Jefatura Suprema de 1859, hacía firmar a varios de sus partidarios de Guayaquil, un acta de anexión al Perú. Para apoyar esta voluntad, estaba listo el ejército de los invasores peruanos en la ría de Guayaquil. Pero la enérgica actitud del Concejo Municipal de Guayaquil y la llegada oportuna de las tropas de García Moreno y de Juan Flores, impidieron la consumación de tal propósito”.

 

Pero como ya lo hemos dicho, el mismo García Moreno, ya posesionado del poder, ofrecía tres meses más tarde, es decir en diciembre del mismo año de 1859 a la Francia de Napoleón III, ser su protectorado. El encargado de hacer las gestiones en Europa fue Antonio Flores Jijón, hijo del general Juan José Flores, y el nuevo estado se llamaría Reino Unido de los Andes.

 

 

García Moreno y Ricardo Palma.

ARRIBA

 

Paita y en menor grado Tumbes, era el sitio de refugio de los desterrados ecuatorianos. En los vaivenes de la política, cuando algún conspicuo personaje se encontraba e desgracia, iba a recalar a Paita. Fue así como el pequeño y apacible puerto vio desfilar una serie de importantes personajes de la vida política ecuatoriana y aún de Colombia.

 

Uno de ellos fue Gabriel García Moreno, que más de una vez fue vecino en el puerto de Paita.

 

En el Juicio Literario que hace en 1919 don José de Riva Agüero del insigne tradicionalista y que aparece publicado en su colección de Tradiciones Peruanas, narra el ocasional encuentro de Palma con García Moreno en Paita, en la forma siguiente:

“Fue en su regreso a Perú (desde Europa) cuando trató en Panamá al célebre mexicano Porfirio Díaz, en una corta ausencia a que éste se vio obligado durante las campañas del sur de México. En ésta ocasión fue cuando vio por última vez  a García Moreno”.

 

 “Hacía mucho tiempo que Palma lo conocía, desde que en  sus primeros viajes como contador de la marina lo había llevado al triste puerto de Paita, donde García Moreno pasaba una de sus expatriaciones, encerrado en una casita de madera en aquellos ardientes arenales y devorando día y noche, no obstante tener la vista enferma, tomos de ciencias naturales, y de teología y filosofía escolástica. Palma que con frecuencia iba a darle conversación, le propuso una tarde para distraer sus ocios de aquel destierro, emprender juntos el asedio amoroso de dos agraciadas viudas que residían allí de temporada. El austero García Moreno, le respondió mirándole de arriba abajo severamente: - No acostumbro eso que Ud. Llama trapicheos y hágame el favor de no volver hablar en semejante tono”.

 

“A pesar de esta áspera lección de ascetismo, no se interrumpió la buena amistad entre García Moreno y Palma, que charlaban en aquellas semanas, todas las tardes sobre literatura castellana y francesa”.

 

García Moreno había nacido en diciembre de 1821 en Guayaquil y quedó huérfano de padre cuando era niño siendo amparado en su pobreza por un fraile mercedario. Por formación y por temperamento fue un clerical fanático y enemigo jurado de los liberales librepensadores. Hombre violento, temperamental y ególatra, intentó a los 23 años asesinar al presidente, general Juan José Flores. Durante quince años dominó la vida política de Ecuador  y no obstante haber merecido la hospitalidad del Perú en Paita, nos tenía poco aprecio.

 

Era implacable y feroz con sus adversarios, pero no faltaba a misa y comulgaba todos los domingos. Era el prototipo del inquisidor de la colonia. Como revolucionario fue tenaz  apasionado e incansable y no pocas veces habiendo estado completamente derrotado, volvía a insurgir con poder.

 

En 1859 visita al presidente Castilla en Paita y trata infructuosamente de ganar su apoyo para lograr el poder de Ecuador en momento en que éste país se encontraba en la más grande anarquía.

 

Tras el Tratado de Mapasingue toma a este acuerdo como bandera de lucha para excitar  el movimiento patriótico de los ecuatorianos y llama en su ayuda a su otro acérrimo enemigo el general Flores que gozaba en Lima de dorado destierro, le da el mando de sus fuerzas militares y triunfa. Se inicia entonces un baño de sangre en Ecuador, y García Moreno fusila a todo el que cae en su poder porque para él todo enemigo es “bandolero”, “pirata”, “facineroso” o malhechor”.

Con Colombia tuvo dos desastrosas guerras, se mostró inicialmente contrario a los patriotas mexicanos de Benito Juárez, buscó someterse a Francia haciendo del Ecuador un protectorado, declaró su neutralidad cuando se iniciaba el conflicto de España contra el Perú en 1866 y el 06 de agosto de 1875 es asesinado. Ese día viernes y como de costumbre salía de oír la misa diaria de la catedral para dirigirse a Palacio de Gobierno. Una emboscada y aparte un grupo de conspiradores lo esperaban. El ex gobernador de la provincia de Napo, capitán Faustino Lemos Rayo, se adelantó y lo atacó a machetazos y los conjurados lo remataron a tiros.

 

Así terminó, violentamente quién había sembrado odios y tempestades.

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