Capítulo V - Consolidación de la República

CAPITULO V

 

EL CONFLICTO CON ESPAÑA

 

Ø      Conceden a Pabur toma en el río

Ø      Elecciones en 1863

Ø      El incidente de Talambo

Ø      Grau detenido en Inglaterra

Ø      Ecuador se pone a favor de España

Ø      Ocupación de las islas de Chincha

Ø      Tratado Vivanco-Pareja

Ø      Piura en 1864

Ø      Se crea la Provincia de Huancabamba

Ø      Muere el general Romualdo Rodríguez

Ø      Medina, Jefe Político y Militar del Callao

Ø      Revolución contra Pezet en Piura

Ø      La rebelión de Lizardo Montero

Ø      La caída de Pezet

Ø      Montero abofetea a Villar

Ø      Pérdida del “Amazonas”

Ø      Combate Naval de Abtao

Ø      Combate del Dos de mayo

Ø      Piuranos en el Combate del Dos de mayo

Ø      Los Cárcamo

Ø      Premios para los Vencedores

Ø      Muere Ignacio Escudero

Ø      Solicitan construir represa

Ø      Arrestos de Grau y Montero.

 

 

 

 

 

Conceden a Pabur una toma en el río

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            Durante el Gobierno del general Pezet y cuando era ministro don Cipriano Coronel Zegarra (padre), la hacienda Pabur logró el 29 de agosto de 1863 la concesión de una toma sobre el río Piura para irrigar las extensas áreas de esas zonas

            Eran propietarios de Pabur los hermanos  Augusto y Manuel Seminario Váscones, personas muy influyentes de Piura.

 

            Por ese entonces la agricultura en Piura se encontraba en pleno auge, y la aristocracia republicana heredera de la aristocracia de la colonia, buscaba en el campo los recursos económicos, que no se podían lograr en ninguna otra actividad.

 

            Las aguas por aprovechar serían sólo los excedentes y por tal razón no se podían tomarlas sino hasta cuando el río llegase a Sechura.  Las aguas debían de captarlas directamente sin utilizar servidumbres, se respetarían los reglamentos municipales sobre uso del agua, se respetarían también los derechos adquiridos de los vecinos y tampoco podrían cometer actos que pudieran obligar a acciones jurídicas o exigiesen arreglos con los colindantes o interesados en el uso del agua.  Todo eso se establecía en la concesión.

 

            No obstante el cuidado que se había tenido en la redacción de la Resolución  Ejecutiva, la misma creó un gran clima de desconfianza y de oposición.

 

            Bien pronto surgieron las protestas, se hicieron memoriales firmados por los pobladores de Tambogrande, Piura, Castilla, Catacaos y Sechura, los periódicos se ocuparon en diferentes tonos del asunto y las comunidades campesinas también hicieron oír su voz de oposición, de tal modo que el asunto llegó hasta la Cámara de Diputados la que nombró una comisión para que estudiara el caso y el 27 de  enero de 1865 emitió un informe planteando la revocatoria de la Resolución Ejecutiva.  No obstante el informe de la Comisión de Agricultura las cosas continuaron inalterables  y el río desviado y tomado en su curso alto por lo que generalmente no aparecía ni siquiera en Tambogrande.

 

            Jacobo Cruz Villegas se ocupa en “Catac-ccaos”de la situación creada por la disposición de Pezet y las protestas se produjeron.

 

            Pezet recién había  llegado al Callao el 3 de agosto de 1863 habiendo efectuado como uno de sus primeros  actos de Gobierno el modificar el gabinete, conservando en el mismo a Cipriano Coronel Zegarra (padre) al cual dio el Ministerio de Gobierno.

 

 

                                                           

Elecciones de 1863

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            Para renovar el tercio parlamentario, se celebraron elecciones parlamentarias en octubre de 1863.

 

            En la mayoría de los lugares se presentaron contendores agrupados en las filas de Echenique y de Ramón Castilla, pero también había muchos gobiernistas.

 

            En Piura para el período de 1864-1865 resultaron electos Manuel Francisco Vegas, Manuel Frías y Félix Manzanares, subsistiendo los anteriores.

 

            El coronel Francisco García León, fue nombrado jefe de la Escolta Presidencial y como prefecto se nombró a Ignacio Escudero.

 

            En ese proceso electoral se vio frecuente el caso de que una misma persona postulaba dos senadurías o dos diputaciones, con lo cual casi siempre aseguraba su elección.

 

 

 

Fundación de Iquitos

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            Al iniciarse el año 1864, Iquitos era una miserable ranchería de indios.  El 26 de febrero de ese año llegaban el bergantín “Próspero” que llevaba a remolque al vapor “Pastaza”.  Conducía personal para la administración pública, máquinas y pertrechos de toda clase para la nueva ciudad. La expedición había estado al mando del capitán de navío Federico Alzamora secundado por los alfereces de fragata Nicolás Portal y Federico Delgado, así como por los guardiamarinas Juan Antonio Távara (hijo), piurano y Soldé.  En mayo del mismo año llegaban el  “Morona” y la fragata “Arica”, bajo el comando del capitán de navío Camilo N. Carrillo, paiteño, llevando más maquinarias, víveres y elementos de toda clase.  De esa forma surgió la pujante ciudad de Iquitos.

 

 

 

Incidente de Talambo

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            El 4 de agosto de 1863 se produjo en la hacienda Talambo en Chiclayo, un incidente que tuvo repercusión internacional.  En dicha hacienda trabajaban colonos españoles naturales de las provincias vascas.  Uno de sus dirigentes reclamó en forma airada  y en términos soeces al propietario Manuel Salcedo cuando éste se encontraba a caballo, el cual respondió al insolente azotándolo con la brida.  Intervinieron otros colonos y todos se refugiaron en un galpón, hasta donde llegó el mayordomo con gente armada para rescatar al colono ofensor.  Se produjo una lucha y resultó un peruano muerto, así como  también un colono y además varios heridos.  El asunto se llevó al poder judicial y de una instancia a otra llegó hasta la Corte Suprema.

            Los residentes españoles en Lima y en Perú magnificaron el asunto y escribieron a Madrid en donde los periódicos se ocuparon del asunto a grandes titulares.

            Mientras tanto la escuadra española después de haber pasado por California; estaba haciendo su viaje de regreso y en noviembre de 1863 se hallaba en el puerto mexicano de Acapulco.  Allí la abordó Eusebio Salazar y Mazarredo que antes había pasado por Lima casi de incógnito y había recogido información.  Era un personaje intrigante, temperamental, que presumía de tener grandes influencias y de ser pariente de Eugenia Montijo, la emperatriz de Francia.  Tenía el preconcebido propósito de crearle problemas al Perú.  La escuadra española estaba en diciembre nuevamente frente  al Callao, pero el almirante Pinzón, jefe de la flota, no tenía instrucciones para actuar en forma drástica, por cuyo motivo Salazar y Mazarredo siguió viaje a España para informar a la Corte.

 

            No obstante la tirantez de la situación, los marinos españoles fueron bien recibidos en Lima.  Componían la escuadra, las fragatas “Resolución” y “Triunfo”y las goletas “Vencedora” y “Covadonga”.

 

            En Piura, el problema de Talambo sólo fue motivo de comentarios en círculos de café o en las tertulias.  La numerosa colonia española no tuvo ningún problema, no obstante que en Lima entre el pueblo ya se iba formando un clima adverso a España porque no pasaba desapercibido que la flota surta en el Callao y que luego había seguido viaje a Valparaíso, era una amenaza para el Perú.

 

            La inmigración vasca era una alternativa a la inmigración china, para servir en los valles de la costa, pero los españoles llegados pertenecían a una minoría nacionalista de carácter muy vivo y el proyecto resultó un fracaso, pues habiendo llegado en 1860, y a los pocos meses ya estaban creando graves problemas.

 

 

Grau es detenido en Inglaterra

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            La flota del Perú era minúscula con relación a la española que había llegado al Pacífico, más aún cuando se corría el rumor –como en efecto pasó- que sería reforzada.  Por eso, desde el principio se hicieron gestiones para    adquirir elementos bélicos en Europa.  Se buscaba sobre todo, comprar barcos de guerra.

 

            Con tal fin, fueron enviados al viejo continente el capitán de navío Juan José Salcedo, el capitán de fragata Aurelio García y el teniente 1º Miguel Grau.

 

            Don Manuel Pardo había estado en Europa como agente peruano para conseguir dos barcos de madera, las corbetas gemelas "La Unión" y “América”, de 1 600 toneladas con 14 cañones y 13 millas de velocidad.  Dos años más tarde se hicieron cargos a Pardo y se dijo que se había pagado demás 800 000 francos con relación a una oferta anterior.  Las corbetas navegaron del Francia al puerto inglés de Plymouth, estando la  “Unión" al mando de Grau, que por entonces tenía 31 años.  Al llegar a esa base naval, Grau fue a saludar al almirante jefe inglés pero al salir de la visita fue arrestado y trasladado a otro lugar sede de juzgado. Se le acusaba de haber quebrantado reglamentos sobre aislamiento de tripulaciones.

 

            Hubo una reclamación diplomática peruana y el Gobierno Inglés presentó sus excusas por lo que calificó de precipitación de un juez subalterno.  Por esa época se estaban construyendo en astilleros ingleses los blindados "Huáscar" e “Independencia”.  Las dos corbetas hicieron  el viaje de retorno sin novedad por el estrecho de Magallanes y en Chile supieron de la rebelión de Mariano Ignacio Prado contra Pezet.  Miguel  Grau  llegó a Valparaíso, donde se encontraba su padre  enviado por Pezet.. A pesar de los ruegos de su padre, Grau creyó su deber apoyar a los revolucionarios que rechazaban el tratado Vivanco-Pareja, por ser una mengua para la Patria.

 

            Don Juan Manuel Grau se encontraba en 1865 en Lima, por cuyo motivo el presidente Pezet pensó utilizarlo enviándolo a Valparaíso para que convenciera a su hijo a que siguiera su causa. El padre de Grau estaba con una tuberculosis avanzada y meses mas tarde murió en Chile..

 

 

 

Ecuador se pone a favor de España

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            La situación con España se iba empeorando y se convertía en una amenaza no sólo para el Perú, sino para el resto de países de esta parte del continente.  Las intervenciones de naciones europeas en Santo Domingo y en México hacían más preocupante los pasos de la escuadra española en el Pacífico.

 

            Chile mostró una solidaridad cautelosa hacia el Perú, mientras que el Ecuador se declaró neutral, pero sin poder ocultar la simpatía de García Moreno por los españoles, pues este presidente era partidario de hacer del Ecuador un protectorado de una potencia extranjera.

 

            García Moreno por propia iniciativa y sin que España lo solicitara, ofreció al cónsul español en Guayaquil, que ese puerto estaría a disposición de la flota española con sus instalaciones.  También ofreció los demás puertos para el caso de necesitar abastecerse o hacer reparaciones.  La bahía de Santiago la puso a disposición  de España para montar en ella un hospital.  Todo esto fue informado por el cónsul al canciller español el 17 de noviembre de 1862.

 

            Posteriormente, en setiembre de 1863 se efectuó una reunión entre el presidente García Moreno, el Encargado de Negocios de España en Quito, don Mariano del Prado  y el doctor Patricio Paz de la expedición científica española y allí el mandatario ecuatoriano expresó que él vería con satisfacción que la escuadra peninsular se apoderase de las islas de Chincha;  habiendo manifestado del  Prado que el Gobierno de Su Majestad no tenía intención de apoderarse de ningún trozo del territorio de estas naciones.  A ello García Moreno hizo una reseña del estado de inmoralidad que había en el Perú y aseguró que siendo la riqueza  del guano  transitoria, no se le aprovechaba para educar al pueblo ni hacer vías de comunicación.  En el curso de la charla, García Moreno ofreció entregar a España el archipiélago de las Islas Galápagos para que allí pusieran una base naval.  Una vez más el Encargado de Negocios de España expresó que su país no tenía interés en establecer bases navales en el Pacífico, pero optó por hacer conocer a la Corte de Madrid las ofertas y las respuestas de rechazo que había dado.

 

            El 25 de setiembre partían tales informes que el Gobierno Español se apresuró a contestar respaldando las negativas de su representante en Quito, pues “no se aspira a adquisiciones territoriales en América”.

 

            Ecuador se vio por lo tanto rechazado por la propia España y criticado por los demás países de América con el riesgo de quedar aislado.  Eso le haría cambiar poco después de actitud.

 

            En Piura se conocieron las intrigas de García Moreno porque los mismos desterrados que estaban en Tumbes, Paita y Piura se encargaban de divulgar las noticias, sobre todo los adictos al general Urbina que se mostraba acá muy activo.  Había el temor que Guayaquil se convirtiera en base de operaciones de la flota española, en cuyo caso Tumbes y Paita estarían en peligro.   El Gobierno de Lima resolvió entonces  reforzar los contingentes fronterizos para evitar cualquier sorpresa.

 

            Mariano del Prado con oficio Nº 63 de fecha 30 de noviembre de 1864 dirigido al secretario de Estado de Su Majestad la reina de España, decía que Ecuador se ve “en la necesidad de contener la abierta protección que el Perú otorga a la última expedición urbanista”.  Tal expedición como es lógico suponer había partido de Piura.

 

 

 

Ocupación de las  islas de Chincha

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            El 18 de marzo llegó Salazar y Mazarredo a Lima, y la “Covadonga” quedó en Panamá en espera de Salazar y Mazarredo que regresaba de España, mientras que Pinzón proseguía con el resto de la escuadra hacia el sur.

            Salazar y  Mazarredo traía como credenciales, la del ministro español residente en Bolivia y además la del comisario especial y extraordinario de España en el Perú.  Este último título daba España a sus enviados a las colonias sublevadas.  El canciller peruano comunicó a Salazar y Mazarredo que lo podía recibir como agente confidencial de España, pero no como Comisario Regio.  Eso no fue aceptado por Salazar que se volvió a embarcar en la “Covadonga”.

 

            Había sido siempre un sueño de Salazar y Mazarredo lograr la recuperación del famoso peñón de Gibraltar y comprendió que para ello tenía que comprarlo a Inglaterra, ya que por las islas de Chincha, lograría obtener el dinero necesario para rescatar Gibraltar; por eso, excediéndose en sus atribuciones, ordenó a Pinzón que tomara posesión de las islas.  El 14 de abril de 1864, fue arriado el pabellón peruano e izado en su lugar el español, en las islas.

 

            Salazar y Mazarredo, viajando a bordo de la “Covadonga” entre Panamá y el Callao, al pasar frente a las costas de Piura, intentó apoderarse de las islas de Lobos pero a última hora desistió, prefiriendo seguir de largo porque ya tenía en mente tomar las islas de Chincha que tenían mucho más guano.

 

            Al conocerse la toma de las islas, la opinión pública americana se pronunció en contra y lo mismo los gobiernos que formularon protestas diversas. 

 

            La excepción fue el Gobierno de Ecuador que llegó  a expresar que España estaba en su derecho al apoderarse de las islas de Chincha

 

            En octubre de 1864, se reunió en Lima un congreso de representantes plenipotenciarios de los países americanos, no asistió el Ecuador que fue considerado país traidor a la América.

 

            El congreso planteó a Pinzón la devolución de las islas, pero el marino dijo que no  tenía facultades para eso.  Tiempo más tarde, diría que Salazar y Mazarredo lo había engañado ocultándole algunos pliegos del Gobierno Español en que disponía se evitase al máximo un acto de fuerza.

 

 

 

Tratado Vivanco-Pareja

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            El 19 de setiembre de 1864, el Congreso autorizaba al Poder Ejecutivo a hacer la guerra contra España pero sólo como último medio y que mientras tanto debía agotar los procedimientos del derecho de gentes.

 

            Pezet estaba por lo tanto casi atado y más aún cuando consultando a los altos jefes de la escuadra, éstos le manifestaron que no estaban en condiciones de iniciar la ofensiva.

 

            A fines de noviembre se conocía que España enviaba al continente americano una fuerte división naval formada por las fragatas: Blanca, Villa de Madrid y Berenguela -además del acorazado “Numancia” de 7 000 toneladas, barco muy moderno y poderoso.

 

            Por esa fecha, Pinzón es cambiado por el general José Manuel Pareja, que no obstante ser peruano de nacimiento se mostró más exigente.

 

            El Congreso Americano en Lima trató de buscar un entendimiento con Pareja, pero éste se negó a tratar y el Congreso no insistió.  El Perú se vio solo y decidió tratar.

 

            En diciembre de 1864 se nombró al general Vivanco para tratar con Pareja. El 29 de enero de 1865, el general Vivanco y el delegado de la reina de España, el general Pareja  firmaron un tratado, poniendo fin al conflicto.  En él se estipulaba lo siguiente:

 

           1.- La inmediata desocupación de las islas de Chincha.

2.- Que el Perú acredite un ministro en España.

3.- Que se hiciera un tratado  semejante al que se había ajustado con Chile y otras       repúblicas americanas, en el que se establecerán las bases, para la liquidación, reconocimiento y pago de las cantidades que por secuestros, confiscaciones, préstamos de la guerra de la independencia o de cualquier otro motivo, deba el Perú a los súbditos de España, con tal de que reúnan las condiciones de origen, continuidad y actualidad españoles.

4.- El Perú recibiría un Comisario encargado de investigar sobre la causa de Talambo.

5.- El Perú pagará tres millones de pesos para cubrir gastos hechos por la España, desde que el Gobierno de la República desechó los buenos oficios de un agente de otro Gobierno amigo de ambas naciones.

 

En el protocolo adicional se acordó  el saludo simultáneo a ambas banderas a ambas banderas.  El congreso no  se pronunció sobre el tratado porque en la sesión en que debió discutirse no hubo quórum.  Luego el 1º de febrero clausuró sus sesiones.  Entonces el presidente Pezet y su Consejo de Ministros lo aprobaron.  El 2 de febrero la fragata española “Villa de Madrid” y la fragata peruana “Amazonas” hacían los saludos estipulados a los pabellones de las dos naciones.  Luego las islas de Chincha fueron devueltas.  Ya no había aparentemente motivo de fricción y marinos españoles desembarcaron pero fueron atacados por el populacho de Lima y Callao y tuvieron que refugiarse en legaciones extranjeras.   Un marino español resultó muerto.

 

 

 

Piura en 1864

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El año 1864 el flamante departamento de Piura estaba en una situación anárquica pues tuvo tres prefectos:  Ignacio Escudero y Valdivieso,  Miguel Valle Riestra y José Barat y Castro.

 

            Miguel Valle Riestra fue luego prefecto de Arequipa durante el Gobierno del general Mariano Ignacio Prado.

 

            Senadores eran Pedro Arrese y Agustín Escudero.

 

            Diputados, Manuel Vegas, Ignacio Varillas, Manuel Frías y Félix Manzanares.

 

            Don Jorge Basadre, asegura que durante el Gobierno de Pezet se planteó la primera reforma agraria que tuvo el Perú a propuesta del arequipeño Mariano Bustamante, diputado por Piura.  En ese tiempo era común y corriente, que personajes influyentes se presentaran a postular por departamentos en donde no eran conocidos, y lograban su postulación.  Eso ocurrió a la inversa, cuando varios piuranos resultaron en muchas oportunidades elegidos por provincias de otros departamentos.

 

            En el año 1864 visitó a Piura el obispo de Trujillo.  Lo hizo en unión de los padres descalzos.  Esta visita pastoral fue todo un acontecimiento religioso, sobre todo en la feligresía católica.  Los padres visitantes colocaron una cruz en la cúpula de la torrecilla en el camino de Piura a Paita.  El lugar se convirtió en centro de devoción, en donde los vecinos se reunían para rezar y oír misas que mandaban a oficiar con su propio peculio.  También era lugar de oración para los viajeros, tanto para los que tenían que partir, como para los que llegaban a Piura tras de una travesía marítima por Paita.

 

            Otra cruz fue puesta al norte de la ciudad, en la llamada Plazuela de La Tina.

 

 

 

Se crea la provincia de Huancabamba

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            Cuando el 30 de marzo de 1861, don Ramón Castilla creó el departamento de Piura, lo constituyó con tres provincias: el Cercado, Paita y Ayabaca, esta última teniendo como capital a la ciudad de Huancabamba.

 

            El padre Ramírez ha relatado la forma como fue creada la provincia de su nacimiento.

            Fueron los senadores piuranos Pedro Arrese y Agustín Escudero los que presentaron en su cámara el proyecto, el 12 de noviembre de 1864 y el 30 del mismo mes fue aprobado.  En la colegisladora se discutió el 10 de enero de 1865.

 

            Sustentaron el proyecto en senadores, don Agustín Escudero, don Miguel de Abril, senador por Arequipa, José Silva Santisteban por Cajamarca, Manuel Orihuela por el Cuzco, Ángel Ugarte por el mismo lugar, Francisco Chávez por Lima y además los senadores Osores y Quiñónez.

 

            En la Cámara de Diputados sustentó el proyecto, el diputado por Piura Ignacio Varillas y lo objetó el diputado Lama.

 

            La Ley de creación es la siguiente:

 

EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA

            Por cuanto el Presidente de la República ha dado la Ley siguiente:

            El Congreso de la República Peruana

            Considerando:

            Que la Provincia de Ayabaca en el Departamento de Piura, por el número de habitantes, por la extensión de su territorio, su posición topográfica, debe dividirse para que pueda recibir todos los beneficios de la Administración Pública;

            Ha dado la Ley siguiente:

            Artículo 1º.-  De la actual provincia de Ayabaca, se formarán dos, la una denominada Ayabaca y la otra Huancabamba, teniendo cada una por capital la ciudad de su nombre.

            Artículo 2º.-  La provincia de Ayabaca se compone de los distritos de Ayabaca, Suyo, Frías, Chalaco, Cumbicus y la de Huancabamba del distrito de la capital  y de los de Huarmaca y Sóndor.

            Comuníquese al Poder Ejecutivo para que disponga lo necesario para su cumplimiento.

            Dada en la Casa del Congreso de Lima, a los 13 de Enero de 1865.

            RAMON CASTILLA, Presidente del Senado, Manuel del Pino Vice-Presidente de la Cámara de Diputados.- Francisco Chávez Senador Secretario.- Pablo Arnao Secretario Diputado.

            Al Excelentísimo Señor Presidente de la República.

            Por tanto mando que se imprima, publique y circule y se le dé el debido cumplimiento..

            Dado en la Casa de Gobierno, en  Lima el 14 de Enero de 1865.

            JUAN ANTONIO PEZET.- Evaristo Gómez Sánchez.

 

                                                                                                   

 

Muere el coronel Romualdo Rodríguez

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            Don Evaristo San Cristóbal, en el Apéndice del Diccionario Histórico Biográfico del Perú de don  Manuel de Mendiburu, asegura que el coronel don Romualdo Rodríguez  Ramírez falleció en Piura en 1865 cuando se desempeñaba como prefecto del departamento.

 

            El dato del historiador Evaristo San Cristóbal es sin duda alguna equivocado.

 

            El coronel Romualdo Rodríguez Ramírez, conspirador y rebelde contumaz, mantuvo mucha actividad hasta avanzada edad y nunca dejó de intervenir en política., había nacido en  Huancabamba.

 

            Durante la guerra con Chile, fue representante de Piura ante el Congreso reunido en la Magdalena por García Calderón.

 

            Posteriormente, siguió la causa de Montero y Cáceres contra el general Iglesias y en enero de 1883 protestó airadamente porque se había incluido su nombre en la lista de adherentes a la postulación presidencial del general  cajamarquino.

 

            En el cementerio de San Teodoro de Piura; en el Cuartel T  y en el nicho 47 están los restos de este infatigable guerrero, en cuya lápida se puede leer:  Coronel  Romualdo Rodríguez Ramírez, Fundador de la Independencia, Benemérito a la Patria en grado heroico y eminente;  falleció el 15 de Noviembre de 1885.

 

            Según el mencionado diccionario, el coronel Romualdo Rodríguez concurrió a la batalla de Ayacucho en 1824, integrando el batallón Nº 2 de la División de La Mar que tuvo que sostener el ataque del general   español Jerónimo Valdez, el más eficiente de los jefes españoles.

 

            Más tarde tomó parte en la batalla de Portete de Tarqui en 1829 durante el conflicto con la Gran Colombia.

 

            Antes había participado en el segundo  sitio del Callao a las órdenes del general Salom contra Rodil.

 

            A todo esto debemos de agregar que parece haberse afincado en Piura, pues fue concejal en varias oportunidades. Fue subprefecto en  Ayabaca y posteriormente el año 1873 prefecto de Piura y también diputado por el departamento en 1876 y en 1879 y  estuvo en el Congreso de Chorrillos en  1881.

 

            Su hijo, que llevaba el mismo nombre, fue más tarde prefecto de Piura y también diputado por el departamento.

 

 

 

Medina jefe político y militar del Callao

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            Cuando ocurrieron los tumultuosos acontecimientos populares del 5 de febrero de 1865 en Lima y Callao,  era jefe militar y político del puerto,..el coronel huancabambino Miguel Medina.

 

            En ese día el coronel español José Manuel Pareja había dejado el puerto para hacer una visita de cortesía a Medina.  Por diversos lugares habían desembarcado 64 marinos de la misma nacionalidad que se desparramaron por diversos sitios del Callao y otros se dirigieron a Lima.

 

            Ya en el puerto había cierto estado de inquietud contra el Tratado por instigación de algunos políticos.  Todo empezó con un incidente muy simple entre un muchacho y un marinero español, lo que dio origen a la reacción  de las  turbas contra los marineros que estaban en el Callao.  El coronel Medina dispuso que la gendarmería brindara protección a los marinos, pero estos creyeron que los iban a reducir a prisión y se resistieron.  Fue   a las seis de la tarde y cuando ya parecían los ánimos aplacados  que un cabo de mar de la fragata española “Resolución”, fue cercado por una turba cuando trataba de embarcarse.  Al defenderse del cargamontón, mató a un atacante e hirió a  otro.  La turba lo ultimó a pedradas.  Se llamaba Esteban Pradera.  La noche continuó muy agitada.   Todo esto es narrado por don Jorge  Basadre.

 

            En Lima se supo lo que pasaba en el Callao y también las turbas atacaron a los marinos que estaban allí.  Las fuerzas de Pezet que salieron para protegerlos tuvieron que disparar sobre las turbas enardecidas, matando a dos e hiriendo a varios.  Los marinos se refugiaron en las legaciones de Francia, Gran Bretaña y Bolivia y al día siguiente fueron llevados al Callao y de allí a sus  naves.

 

            El general Pareja envió una comunicación que tenía el carácter de ultimátum de acuerdo a lo cual, si a las 11 de la noche no cesaban los desórdenes, enviaría sus cañoneras a los muelles.

 

            El día 7 el general Pareja acusó a Medina de haberse desatendido de tomar las providencias que eran aconsejables, no obstante que el capitán de la  “Covadonga” le había advertido los síntomas de los tumultos.

 

            Fue por lo tanto una turba irresponsable la que originó el problema que se convirtió en guerra, con el resultado de centenares de muertos y heridos.

 

            Don Jorge Basadre narra estos hechos, y según Pareja, el coronel Medina se habría limitado a responder que “sólo sería alguna p...”  Pareja reprodujo la frase en su totalidad, con la palabra tremendamente soez con que terminaba.  Pero lo que realmente habría dicho Medina sería: “aquello no sería nada”, pues así lo afirmaron varios testigos y era reconocida por todos, la decencia del coronel Medina en el hablar, al cual se le tenía como un militar culto.

 

 

Deportación de Castilla

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            El general Ramón Castilla era presidente del Senado.  El 6 de febrero se presentó en palacio y solicitó audiencia del presidente Pezet, la que le fue concedida de inmediato.  En presencia de varios ministros Castilla protestó por haberse permitido que el Ejército disparase contra el pueblo, y luego pasó a frases hirientes, lo cual entrañaba un desacato, por cuyo motivo fue reducido a prisión.  El coronel Francisco García León fue encargado de conducir a Castilla a bordo, para su deportación.

 

            Castilla había sido jefe de Pezet durante el  conflicto con Ecuador y éste había manifestado en esa ocasión que el jefe de Estado sufría perturbaciones mentales.

           

            El desterrado partió rumbo al norte en el transporte “Guise” que era un velero y en marzo  recaló en Paita varios días, pero sin que se le permitiesen visitas, pues muchos piuranos trataron de saludar al  ex mandatario.   El “Guise” continuó su viaje y se detuvo frente a Tumbes, en convoy navegaba con el transporte “Sachaca”.  Siguen hasta Acapulco y con Castilla regresan a Panamá en donde la marinería del “Sachaca” se subleva y trata de tomar por abordaje al  “Guise”, pero su capitán Enrique Carreño evita la captura de su nave,  siguiendo al sur y luego Castilla es trasladado con fuerte escolta a la fragata mercante “Aranzazu” retornando a Panamá, y después de cruzar el istmo del mismo nombre, es llevado a Gibraltar.

 

 

 

La revolución contra Pezet repercute  en Piura

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             El 26 de febrero de 1865 en pleno carnaval, el prefecto de Arequipa coronel Mariano Ignacio Prado se sublevó contra Pezet al que acusaba de no haber rechazado la invasión española, por haber despilfarrado los dineros públicos, haber firmado el tratado de paz sin autorización del Congreso y que el tratado era deshonroso para el Perú.

 

            Entre el 1º y el 9 de marzo, se plegaron al movimiento Islay, Lampa,  Huancané, Azángaro, Moquegua, Tacna, Puno y Cuzco.  Es decir todo el sur.

 

            Bien pronto una división del Gobierno de tres mil hombres tomó Tacna y Arica pero ante disturbios en Lima retornó.  La mandaba el coronel José Gabriel Ríos.

 

            La rebelión prendió en el norte.  El 5 de abril el coronel Antonio Noya se apoderó de Cajamarca y proclamó jefe supremo al segundo vicepresidente general Diez  Canseco.  El 7 de abril se sublevó en Piura el jefe de la guarnición coronel Leonidas Echandía, el 12 lo hizo el coronel José Balta en Chiclayo y también se insurreccionó Trujillo.  El prefecto José Barat y Castro  fue depuesto en Piura.

 

            Por lo visto el movimiento lo hacían los coroneles.

 

            El coronel Echandía  formó en Piura un Regimiento de Lanceros y una gran cantidad de jóvenes piuranos se incorporaron en dicha unidad, entre ellos el adolescente sullanero Eusebio Merino Vences.  Todos ellos participarían más tarde en el glorioso Combate del Dos de Mayo.

 

            Balta formó en el norte una Junta Provisoria de Gobierno el 10 de mayo, que la integraban el mismo Noya, Echandía y Felipe Vieyes.

 

            Balta avanzó por Santa rumbo a Lima y fue despachado para detenerlo el coronel paiteño Francisco Alvarado Ortiz, el que frente a Chancay tuvo que retornar a Lima para evitar verse envuelto, pues todos los pueblos a su retaguardia se habían sublevado y las guerrillas del coronel Herencia Zevallos amenazaban cortarle la retirada.

 

            En setiembre el coronel Echandía con sus soldados se embarcó rumbo a Pisco en donde se estaban concentrando las fuerzas revolucionarias de Prado.  Lo mismo hizo Balta.

 

            El Ejército revolucionario llegaba a 9 000 hombres bajo el primer comando de Prado y teniendo a Balta como segundo.  En Piura quedó Manuel Manzanares como prefecto.

 

 

 

Rebelión de Lizardo Montero

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            Fue el marino ayabaquino, el comandante Lizardo Montero, el primero en sublevar a la escuadra contra Pezet.  En abril se encontraba al mando del “Lerzundi” frente a Arica, cuando lo puso a disposición de Prado y lo vinculó con las autoridades y Gobierno de Chile que alentaron el movimiento.

 

            A instigación de Montero, la tripulación de la fragata “Amazonas” se sublevó contra sus jefes.  Eso ocurría el 23 de junio frente al puerto de Arica.  El comandante de la nave, contralmirante Juan José Panizo, que era un jefe de mucho prestigio se resistió con varios oficiales y en la lucha resultó muerto Panizo y el paiteño capitán de navío Abel Raygada, jefe también muy apreciado.

 

            Con la captura del “Amazonas” que era el barco más poderoso de la flota, los rebeldes pudieron tomar la ofensiva y se dirigieron al norte, capturando el vapor “Tumbes” en Islay.  Prosiguiendo al norte avistaron en Pisco a la corbeta “América” que estaba en la rada con las luces apagadas.  Acababa de llegar de Europa y era una adquisición del  presidente  de Pezet, lo mismo que “La Unión” que debía de llegar en breve desde Inglaterra bajo el mando del teniente 1º Miguel Grau.

 

            Las dos corbetas eran de madera y habían sido compradas a Francia, habiendo sido destinadas originalmente a los estados sudistas de EE.UU. que estaban en guerra contra los del norte.

 

            Como Pezet sabía que Grau iba a recalar en Valparaíso con “La Unión” mandó a ese lugar a su amigo don Manuel Grau y Barrios, padre del marino, para que influyera ante su hijo y no se pasara a los rebeldes.

            Miguel Grau se enteró en Valparaíso de todo lo ocurrido.  Era ministro peruano en Chile el general Fermín del Castillo, el cual lo visitó y buscó ganarlo a la causa rebelde porque también este general se había rebelado.  Otros peruanos más hicieron una invocación al patriotismo del marino piurano y se habló hasta de una carta del paisano Montero.

 

            Grau no obstante el amor a su padre, optó por sumarse a la rebelión.

 

            Pezet se quedó con la escuadra reducida a unidades menos poderosas como el blindado “Loa”.  En realidad  era éste, un barco de madera de 700 toneladas al que se le puso planchas de acero, resultando por ello pesado y de difícil andar.  Tenía también al monitor “Victoria”, al transporte “Chalaco” y la fragata “Apurímac” que era lo mejor que contaba.

 

            Montero a bordo de la fragata “Amazonas” asumió el comando de la flota rebelde y a principios de agosto se presentó ante el Callao estableciendo el bloqueo del puerto a partir del 11 de ese mes.  En la rada se encontraba la “Apurímac”.

 

            Poco después, la “Amazonas” y la “Lerzundi” se encargaron de transportar las tropas de Echandía y de Balta desde el norte a Pisco.

 

 

 

Caída de Pezet

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            A principios de noviembre de 1865 todo el Perú se había pronunciado contra Pezet y las fuerzas rebeldes bloqueaban la capital.   Esta se componía en su  mayor parte de infantes (8 000)  pero tenía también 1 500 de caballería.  Entre sus jefes estaba el coronel Balta como de jefe de la división del norte, el general Ramón Vargas  Machuca como jefe de la caballería y general Juan Buendía al mando de la artillería.  En el Estado Mayor de  Mariano Ignacio Prado estaban el coronel Manuel Gonzáles de La Cotera (ayabaquino) y los coroneles Juan Zevallos y Mariano Pío Cornejo.

 

            Por su parte Pezet tenía 7 000  hombres bien disciplinados y equipados que en un combate frente a frente posiblemente hubieran vencido.   Lo acompañaban los generales Frizancho, Ramón López Lavalle ex –gobernador de Piura, los comandantes de división Tomás Gutiérrez, José Gabriel Ríos y el paiteño Francisco Alvarado Ortiz.

 

            La vanguardia del Ejército rebelde eludiendo a los defensores de Lima dio un rodeo y entraron a la capital el 7 de noviembre de 1865.  Sólo la defendían el fuerte de Santa Catalina y la guarnición de palacio y ambas resistieron heroicamente casi un día contra el ataque combinado de los contrarios y del populacho de Lima.

 

            Ante esa situación Pezet intentó atacar la capital, pero es sometido a la opinión de los jefes de su Ejército y entonces se llegó a un arreglo pacífico, como resultado del cual Pezet dejó el cargo y se retiró al exilio con algunos militares y el resto se incorporó al Ejército restaurador y más tarde tomaron parte activa en la defensa del Callao el Dos de Mayo.

 

            El resto de la escuadra quedó bajo el mando del comandante Montero.

 

 

 

Chile declara la guerra a España

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            En las primeras fases del conflicto, el Gobierno Español se había mostrado predispuesto a arreglar las cosas por los medios pacíficos, pero el general O’Donnell asumió el cargo de primer ministro, y todo cambió.  Con gran contento de Pareja, este recibió nuevas instrucciones para sostener una línea dura, dándole además del mando de la escuadra, facultades diplomáticas.

            Pareja sentía por Chile una especial odiosidad y le planteó serios reclamos por no haberse mantenido neutral frente al conflicto con el Perú.  Eran de tal naturaleza las demandas que el Congreso chileno autorizó el 24 de setiembre de 1865 a declarar la guerra a España.

 

            De inmediato, los barcos españoles “Villa de Madrid”, “Blanca”, “Berenguela” y la “Resolución” pusieron bloqueo a las costas chilenas.

 

            Mientras tanto la revolución restauradora ganaba terreno en el Perú y en el campamento de Chincha y de Pisco en donde estaba el Ejército revolucionario, el vice-presidente Diez Canseco que había roto con Pezet organizaba un nuevo Gobierno.

 

 

            El escritor chileno Vicuña Mackenna, como enviado de su Gobierno, llegó al campamento de los revolucionarios para solicitar una ayuda inmediata de la escuadra revolucionaria peruana.  Prado y Gálvez querían darla, pero Diez Canseco era más prudente y pensó que había que posponer esa decisión.

 

 

 

Montero abofetea a Villar

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            Chile envió entonces a Domingo Santa María al campamento revolucionario para insistir en lo mismo que Vicuña Mackenna.  Pedía en concreto que la escuadra rebelde compuesta por los barcos  “Amazonas”, “La Unión”, “América”, “Tumbes” y “Lerzundi” atacasen a la escuadra española.  El acuerdo fue en un principio favorable con la intervención de Prado, Gálvez y de Lizardo Montero.

 

            Sin embargo, más tarde se revocó cuando una nueva Junta de Guerra en la que participaron los jefes navales, plantearon que por el momento los barcos se necesitaban para transportar tropas de la revolución y mantener el dominio del mar.  Había también en los jefes navales cierta desconfianza de las pretensiones de Chile.

 

            En el curso de la reunión, se produjo un incidente entre Montero y el capitán de navío Manuel Villar.  Éste levantó la voz, lo que Montero como jefe de la escuadra consideró un insulto al superior.  Según don Jorge Basadre, Montero abofeteó a Villar sin reparar en la  respetabilidad y la ancianidad de este marino.  El historiador Alberto Wagner de Reyna (Historia Marítima del Perú) no menciona la bofetada, pero dice que como resultado del altercado los oficiales se pusieron de lado de Villar, a quien Montero mandó arrestar.

 

            Indudablemente que Villar tenía más merecimientos aunque la misma clase que Montero, pero el marino ayabaquino fue preferido por haber sido el que tomó la iniciativa para sublevar a la escuadra.

 

 

Suicidio de Pareja

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            Ya estaban los restauradores en posesión de Lima y del Gobierno cuando el 26 de noviembre el barco chileno “Esmeralda” capturó a la goleta española “Covadonga”.

 

            De esto tuvo conocimiento el general Pareja el 29 cuando estaba en aguas chilenas en la “Villa de Madrid”.  Se le dijo que además había la probabilidad de que otro más hubiera sido capturado.  Esto resultó a la postre falso.  Pareja tras de oír la mala noticia se retiró a su camarote y se mató con un tiro de pistola.  En la nota que dejó, pedía que su cadáver no fuera arrojado a aguas chilenas. Se ha especulado mucho sobre el motivo del suicidio de Pareja, y algunos dicen que ante la inminente posibilidad de combatir contra su patria el Perú, prefirió la muerte.

 

            Le sucedió en el mando el almirante Castro Méndez Núñez que comandaba el blindado “Numancia”.

 

           

 

 

Pérdida de la “Amazonas”

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            Los militares revolucionarios urgieron al vicepresidente Diez Canseco a que se declarase dictador para conducir mejor la situación.  En vista de que no quiso hacerlo fue proclamado Mariano Ignacio Prado.

 

            El 3 de diciembre de 1865, Prado dispuso que salieran rumbo a Chile (Chiloé); la “Amazonas” al mando del capitán de navío Cabieses y la “Apurímac” con Manuel Villar.

 

            Después partieron la “América” bajo el mando de Manuel Ferreyros y   La Unión” con Miguel Grau.  Todos debían de ponerse a las órdenes del capitán de navío chileno Williams Revoredo.

 

            De esa forma se cumplían los deseos de Chile y de Montero, así como de Santa María.

 

            Tan vehemente había sido el deseo de Santa María de contar con los barcos de la escuadra que le propuso compra al Perú.  También Montero había planteado la posibilidad de partir él solo con la “Amazonas” hacia Chile en octubre, pero no se le aceptó.

 

            Prado llegó a simpatizar con Santa María y desde entonces hubo una gran amistad entre ellos, lo cual no impidió que años más tarde estando también ambos en el poder se tuvieran que enfrentar y Santa María fuera decidido partidario de hacer la guerra contra el Perú.

 

            La “Amazonas” que era el mejor barco peruano aun cuando muy lento, se perdió al encallar en los arrecifes de Chile.

 

            El 5 de diciembre de 1865 el Perú firmó un tratado de alianza defensiva y ofensiva contra España, al cual se adhirieron meses después, Ecuador y luego Bolivia.

 

            El 14 de enero de 1866, el Perú le declaró la guerra a España.

 

 

 

Combate naval de Abtao

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            Los barcos peruanos “Apurímac”, “Unión” y “América” se encontraban junto con el barco chileno la “Covadonga” en aguas del archipiélago de Chiloé y como el jefe de la escuadra chilena William Revoredo estaba en Valparaíso, el mando de la escuadra recayó transitoriamente en el capitán de navío Manuel Villar.

El 7 de febrero se encontraba en reparación la “Apurímac”, cuando hicieron su aparición en la bahía de Abtao, la “Blanca” y la “Villa Madrid” que en total tenían 87 cañones.

 

            Eran las 10 de la mañana cuando Villar ordenó que sus barcos formaran en orden de batalla y aunque la “Apurímac” no podía moverse, fue la que rompió el fuego a las 2 y 40 de la tarde cuando ya se habían aproximado los barcos españoles lo suficiente, como para quedar a tiro de cañón.  Después de dos horas se retiraron las naves  españolas sin haber cumplido su objetivo que era hundir a los barcos aliados.

 

            En la nave de Grau, la “Unión”, hubo dos muertos y en las demás algunos heridos.  Sin embargo, algunos partes dan cuenta de doce muertos.

 

En el combate naval de Abtao, participaron los paiteños hermanos de la Haza, Ezequiel Gonzáles Otoya, así como los hermanos Juan Antonio y Alejandro Newell Noé, hijos del médico irlandés Alexander Newell y de la paiteña María Noé, médico que estuvo en el nacimiento de Grau.

 

Méndez  Núñez  resolvió entonces ir personalmente en la búsqueda de los aliados y partió hacia Chiloé con la “Numancia” y la “Blanca” pero no encontraron a Villar.

 

Ante esa situación se dirigió a Valparaíso y el 27 anunció que lo iban a bombardear, lo que hizo el 31 de marzo.  Las pérdidas en el puerto fueron grandes pero antes más de cuarenta mil personas lo habían abandonado.

  Los chilenos no tenían como contestar el fuego.  Se asegura que amarraron a los prisioneros de la “Covadonga” y los pusieron en la playa expuestos a las bombas de sus barcos.

 

 

Tras de esa acción de represalia, toda la flota española se dirigió hacia el Callao también con la intención de bombardearlo.

 

 

 

 

Forman Consejo de Guerra

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Ante la inminencia del ataque muchos fueron los oficiales que habiendo servido antes a Pezet o permanecido neutrales en la contienda política se presentaron a Prado, ofreciéndoles sus servicios.

 

El dictador y su ministro José Gálvez desconfiaban de estos militares, pero no les podían negar el derecho a defender a la Patria.  Por tal motivo se les dieron  diversos encargos, aún cuando muchos de ellos fuera de los campos de acción bélica.

 

Entre los que se presentaron hubo algunos viejos generales.  Con ellos Prado creó un Consejo de Guerra de Oficiales Generales que iba a actuar como un cuerpo asesor del presidente de la República, pero éste nunca lo consultó.

 

Integraban ese  consejo fue  el gran mariscal Antonio Gutiérrez de la Fuente que lo presidía, los generales de división Rufino Echenique y Fermín del Castillo y los generales de brigada Pedro Cisneros,  Francisco Forcelledo, Nicolás Freyre y Rudesindo Beltrán.  No estuvo como algunos suponen Miguel Medina.

 

 

 

El combate del Dos de Mayo

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La escuadra española fue reforzada con el arribo de la fragata “Almansa” de 50 cañones y el 25 de abril hacía su arribo a la isla de San Lorenzo.  Dos días más tarde hacía conocer al cuerpo diplomático, a los extranjeros y al pueblo en general que en el plazo de cuatro días procedería a bombardear el Callao.

 

El Perú se aprestó a defenderse.  Una cantidad enorme de voluntarios se presentó a las autoridades que se vieron en la necesidad de rechazarlos.  El ministro de Guerra, que entonces era  José Gálvez se multiplicó dando  disposiciones, pero cometió muchos errores por no  ser un militar ni un técnico.

 

Los no combatientes evacuaron el Callao, y por eso se vio en camino hacia Lima una gran cantidad de mujeres, ancianos y niños.

 

Hasta los presos políticos bajo palabra de honor de volver a sus prisiones estuvieron en el combate.

 

La defensa del Callao se hizo con dos grupos de baterías, una al norte y otra al sur.

 

Las baterías del norte estaban al mando del coronel José Joaquín Inclán y tenían su base en los fuertes Ayacucho y en el torreón Junín.  Estaban artilladas con cañones Armstrong (2) de 500 libras y cañones Blackley (2) de 450 libras. Inclán lucharía después en la guerra con Chile.

Las baterías del sur estuvieron a cargo del coronel ayabaquino Manuel Gonzáles de la Cotera.  Estaban constituidas por el fuerte Santa Rosa, el torreón de la Merced y la batería Zepita.  Además las baterías de Chacabuco, Maipú,  Abtao y Chalaca.

 

La torre de la Merced era sin duda la más importante, estaba blindada y tenía dispositivos para hacer girar a los cañones, pero no se había puesto esmero técnico en sus instalaciones como lo probó la infausta voladura que allí se produjo.

 

La batería Zepita era la más débil pues sólo disponía de pequeños cañones de 68 y de 32.

 

Las tropas de infantería a las órdenes del general Buendía se ubicaron en las chacritas y la caballería entre las que estaban los Lanceros de Piura en el camino a Bellavista.

 

Lizardo Montero que había estado en una misión en Estados Unidos, llegó el mismo día 2 de mayo al Callao y de inmediato se hizo cargo de la jefatura de la escuadra peruana, o sea los barquitos menores que estaban en el Callao pues el resto se encontraba en aguas de Chile y con ella Miguel Grau.

 

Los barcos peruanos eran el “Victoria” monitor de sólo 300 toneladas, construido en el Perú y que sólo tenía un cañón.  Algunos biógrafos de Montero señalan que en este barco se ubicó, pero el historiador Basadre asegura que fue en el “Tumbes”. 

 

El “Loa” de 700  toneladas de madera, fue puesto a las órdenes del marino paiteño capitán de corbeta Camilo Carrillo Martínez.

 

El “Tumbes” de madera, con desplazamiento de 250 toneladas, estuvo comandada por el paiteño Juan José Raygada.

 

El “Sachaca”, barco auxiliar, tenía por capitán al paiteño Toribio Raygada.

 

El “Colón”, barco auxiliar, al mando de Patricio  Iriarte.

 

La escuadra peruana se volcó al centro de la línea de combate entre los dos grupos de baterías.

 

El Callao se defendía con 5 cañones Blackley y 4 Armstrong, y además algunos de 68 y el resto de 32 libras.  En total eran 45 piezas.  Los españoles disponían de 245 bocas de fuego.

 

A las 11 de la mañana del 2 de mayo fiesta nacional española, los barcos enemigos entraron en línea de batalla.  A las 12:15 el blindado de 7 000 toneladas “Numancia”  hizo los dos primeros disparos que el fuerte Santa Rosa  contestó de inmediato.  Pronto el fuego se generalizó.

 

A las 12:25 la “Numancia” se había acercado tanto, que recibió varios proyectiles, y se vio en la necesidad de virar para disparar con los cañones de la banda opuesta.  En esa operación un disparo del “Loa” que mandaba Camilo Carrillo hirió al almirante Méndez Núñez, causando consternación entre los españoles.

 

A los  veinte minutos de iniciada la lucha, una granada de 300 libras cayó sobre    la “Villa de Madrid”, abriéndole un gran boquete, le mató 35 hombres y destruyó el sistema de conducción del vapor por cuyo motivo tuvo que ser retirada del escenario de la lucha a remolque de la “Vencedora”.

 

También la “Almansa” recibió un disparo de a 300, causándole una abertura de 56 pies cuadrados por donde el agua entró en gran cantidad poniendo a la nave en peligro.  Otro disparo penetró en la carbonera y la embarcación quedó en mal estado obligándola a retirarse de la lucha.

 

La “Blanca” fue también muy dañada y el capitán Carlos Valcárcel de la “Resolución” resultó herido.

 

          En la torre de la Merced había un exceso de gente y lo peor del caso era que se trataba de voluntarios sin conocimientos de artillería.  En su afán de servir acumulaban la pólvora y los cartuchos para mantener el fuego en forma incesante.

 

Cuando habían transcurrido 55 minutos de iniciado el combate, una explosión en la torre de la Merced, la inutilizó y mató a 27 personas y causó un gran número de heridos.  Murieron allí el ministro de Guerra, José Gálvez; el coronel Montes, jefe de la torre; el ingeniero Cornelio Borda, de Colombia; el capitán de artillería Juan Salcedo, natural de Chile. El capitán de navío Raymundo Cárcamo y  el teniente 1º Enrique Manuel Cárcamo, su hermano resultaron gravemente heridos.

Los historiadores no están de acuerdo con la causa de la explosión.  El informe oficial fue de que se trató de una bomba enemiga. Hay  también  la versión que se produjo por un descuido en la misma torre y según otros por un proyectil mal dirigido de la batería ubicada  en la zona de la mar brava.

 

En la Batería del Pueblo el cañón se desmontó al primer disparo y la gente que le servía se  distribuyó en otros puntos del combate.

 

A   las 3:30 p.m. la lucha de parte de los españoles sólo era sostenida por el blindado “Numancia” y “La Vencedora”. A las cinco de la tarde los barcos se retiraron sin haber logrado silenciar el fuego de los fuertes.  Los últimos disparos lo hizo el fuerte Santa Rosa que también los había iniciado y el monitor peruano “Victoria”.

 

Los peruanos creían que al día siguiente se reanudaría el combate y se prepararon para eso.  Los marinos españoles enterraron a sus muertos en la isla de San Lorenzo y luego de reparar las averías de sus barcos, retornaron a su patria por diversas rutas.  Posteriormente los cadáveres de los españoles fueron trasladados al Cementerio General de Lima.  Entre muertos y heridos habían tenido 190 hombres.

 

 

 

 

 

 

 

                   

 

 

 

 

 

 

 

 

Piuranos en el Dos de Mayo

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Una gran cantidad de piuranos Participaron en el Combate del Dos de Mayo.  La mayoría de ellos permanece en el anonimato.    Los más conocidos fueron:

 

Lizardo Montero, Camilo Carrillo, Juan  José Raygada, Toribio Raygada en la escuadra.

 

Coronel Manuel Gonzáles La Cotera, comandante del grupo de baterías del sur.

 

Coronel Miguel Medina, en la Comandancia General y como su secretario el huancabambino Ricardo Wenceslao Espinosa.

 

Carlos Augusto Salaverry que había servido a Mariano Ignacio Prado desde que era prefecto de Arequipa y lo acompañó en el pronunciamiento  y en todo el proceso revolucionario.

El coronel Francisco García León que había sido edecán de Pezet.  Emilio Espinosa López que actuó en la Sanidad Militar.  El subteniente Manuel Cortés, el coronel Francisco Vargas Machuca.  El coronel Leonidas Echandía, el subteniente Eusebio Merino Vinces de Sullana.  El coronel Fernando Seminario Echandía que era uno de los asistentes del ministro de Guerra José Gálvez, al momento de la explosión estaba providencialmente algo alejado del fuerte en cumplimiento de una misión resultando sólo con leves heridas que le permitieron seguir en la lucha.

 

A esta relación de personajes que ya antes o también después intervinieron en importantes acontecimientos, hay que agregar otros más que mi colaborador, el investigador histórico Miguel Arturo Seminario Ojeda, me ha hecho llegar con lo que se contribuye a rescatar del olvido, hombres meritorios que han permanecido hasta ahora en el anonimato.

 

Muchos de los que vamos a nombrar se enrolaron  en las huestes revolucionarias del coronel Leonidas Echandía.

 

No podemos precisar el lugar del departamento donde  nacieron estos combatientes del   Dos de mayo, pero a todos comprendía la común denominación de piuranos.

 

Miguel Alméstar había nacido en 1829 y era de oficio zapatero.  El Dos de mayo sirvió en la batería Abtao como subteniente, a las órdenes de ese otro valeroso piurano Manuel Gonzáles La Cotera.  Fue reconocido como combatiente por la Cámara de Senadores en tardía sesión del 22 de octubre de 1906 con los testimonios de Juan Dediós Quintana y Pedro Ruiz.

 

Alméstar no se enroló en Piura con el coronel Echandía  sino en Lima, el 7 de abril de 1865,  en el Batallón de Infantería Nº 20, habiendo participado en la campaña de la Restauración y en la toma de Lima en la deposición del presidente Pezet.

 

Juan Teobaldo Elcobarrutia ingresó  al Ejército como cadete el 27 de mayo de 1845.  El 2 de abril de 1854 era Alférez y Teniente el 1º de agosto del mismo año.  Sirvió en el Batallón Moquegua, y luego fue trasladado al Colegio Militar del  Callao.  Por complotar fue separado del servicio durante cinco años y se incorporó para formar parte de la caballería del coronel Déustua (que fuera prefecto de Piura).  Participó en la batalla de la Palma donde murió el general Alejandro Déustua, y Echenique fue derrotado por Castilla por cuyo motivo Elcobarrutia volvió a ser dado de baja.

 

Nuevamente fue llamado al servicio para la gendarmería de Ica el 18 de abril de 1864, pero se le dio de baja en setiembre del mismo año. En noviembre se unió a las fuerzas revolucionarias  acantonadas en Ica contraria a Pezet y tras de participar en el combate del Dos de Mayo siguió en el ejército hasta el año 1868.  El año 1870 ya de civil colaboró con el ingeniero Thomas para hacer los estudios del ferrocarril de Paita a Piura.

 

Manuel Naranjos, era subteniente de infantería en las huestes revolucionarias el 12 de marzo de 1865.  Asistió al combate del Dos de Mayo en la columna de Vigilantes del Callao bajo las órdenes directas del general Mariano Ignacio Prado.  Posteriormente sirvió en el Escuadrón Huampaní.

 

Federico Puga, nació el año 1839.  El año 1865 estando de servicio en Lima recibió una herida punzo cortante en el glúteo izquierdo de tres pulgadas y media.

 

Mientras se reconstituía se le envió a Piura.  El 7 de abril era capitán sin despacho.  No pudo embarcarse en el contingente del coronel Echandía porque la herida le estaba supurando situación en que estaba hasta febrero de 1866 en que lo atendía el  doctor Fernando Reusche.  De todas maneras se embarcó para Lima, de tal manera que pudo participar en el combate del Dos de Mayo, en la columna de honor del batallón “9 de Marzo”. Continuó sirviendo en el Ejército, hasta que en 1872 ya de civil se radicó definitivamente en la ciudad de Piura.

 

José Ramírez, nació en 1839.  Perteneció al batallón Zepita Nº 2 y el 10 de junio de 1859 era declarado soldado distinguido.  El 3 de julio del mismo año fue ascendido a cabo 2do. Distinguido; a cabo 1º Distinguido en agosto; a sargento 2do. Distinguido el 6 de noviembre; todo lo cual muestra una meritoria carrera de soldado.  El 22 de marzo de 1861 era ya sargento 1º distinguido y subteniente el 1º de diciembre de 1865.  Sirvió en el batallón Ayacucho Nº 3 y luego el batallón Yungay Nº 6, pasando al retiro.  Sin embargo, el 4 de diciembre de 1872 reingresó al servicio en el batallón  Zepita Nº 2.

 

Participó en campaña en el Ecuador en 1859-1860 bajo las órdenes del presidente de Castilla.  Tomó parte en la campaña de la Restauración en 1865 contra  Pezet a las órdenes del 2do. vicepresidente Pedro Diez Canseco.  Estuvo en la toma de Lima el 16 de noviembre de 1865 y en el combate del Dos de Mayo.

 

El 7 de enero de 1874 pidió licencia temporal para arreglar en Piura asuntos de familia, pero el 13 se le da de baja.  En 1875 integraba el batallón de Gendarmes de Lima, pero el 23 de julio retorna a Piura.

 

Manuel Saldarriaga Sevilla, hijo de José María Saldarriaga y de Manuel  Sevilla entró al servicio el 1º de mayo de 1865 en la División Piura del coronel Echandía en la brigada de artillería “15 de junio”.  El 20 de  setiembre pasó a servir al batallón “7 de abril” bajo las órdenes del mismo jefe.  El 2 de abril pasó al batallón Punyán Nº 10 a las órdenes del coronel Andrés Recharte.  Participó en la campaña de la Restauración contra el presidente Pezet y en noviembre de 1865 participó en la toma de Lima por los restauradores.  En el combate del Dos de Mayo estuvo a las órdenes del entonces coronel Juan Buendía.  En enero de 1868 pasó al regimiento de Gendarmes de Lima.

 

Augusto Sánchez, nació en 1840.  Ingresó al Ejército como soldado distinguido el 22 de julio de 1864.  A cabo 1º ascendió el 14 de noviembre de ese año, a sargento 2do. el 18 de setiembre de 1865, a sargento 1ro. el 26 de febrero de 1866 y a subteniente  el 7 de noviembre de 1866 en mérito a su participación en el Combate del Dos de Mayo. Su carrera militar la hizo principalmente en el batallón Depósito, en el Punyán Nº 10, en las baterías del Callao, en la gendarmería de Huaraz y en el cuadro Balta.  Durante la campaña de la  Restauración sirvió a las órdenes del vice-presidente general Diez  Canseco, estuvo con éste en la toma de Lima, y luego del Dos de Mayo actuó con Balta en Chiclayo, cuando este se insurreccionó.

 

Ignacio Seminario, integrante de conocidas familias piuranas.  Nació en 1827.  El 2 de noviembre de 1852 ingresó al Ejército como  subteniente del batallón Nacionales de Piura.  El 2 de setiembre de 1854 era alférez de caballería. Pasó entonces a servir al glorioso Húsares de Junín, pero fue separado del Ejército por decreto del 11 de enero de 1855, después de la batalla de la Palma cuando Castilla derrotó al presidente Echenique.  Después reingresó en la Gendarmería de Piura y posteriormente al Ejército, participando en la campaña del Ecuador en 1859-1860 con Castilla donde actuó como amanuense del Estado Mayor de la Segunda División del Ejército del Norte.  El 10 de noviembre de 1865 era capitán graduado; encargándosele la defensa de Paita para el caso de ataque por la escuadra española. Después del conflicto, Seminario ascendió a capitán efectivo el 10 de mayo de 1872 y a sargento mayor graduado en mayo de 1875; época en que fue ayudante de la prefectura de Piura.  Luego fue jefe de la compañía de Gendarmes a Caballo y durante seis meses gobernador de Sullana.   En 1878 ascendió a sargento mayor efectivo en Lima.

 

Manuel Silva Arriaga.  Nació en 1848.  El Dos de mayo estuvo en la batería Chacabuco.  En 1867 secundó la revolución del general Diez Canseco contra el general Prado en Arequipa.  En marzo de 1869 estando en el batallón Zepita se le dio de baja, gobernando el coronel Balta, lo que fue confirmado definitivamente el 22 de junio del mismo año.  Había servido en la columna Chala, y en los batallones Tarapacá y Zepita.

 

Agustín Silva,  nació en 1829. Ingresó al Ejército como soldado distinguido el 1º de diciembre de 1849.  El 25 de marzo de 1854 era sargento 1ro. y el 26 de abril del mismo año alférez.  El grado de teniente lo obtuvo el 1º de abril de 1858.   Hizo la campaña de Castilla contra Echenique y concurrió a la batalla de La Palma el 5 de enero de 1855.  En 1862 protagonizó un desgraciado incidente y en junio fue dado de baja y condenado a presidio por homicidio, para purgar 15 años de cárcel, pero el Congreso lo indultó el 1º de febrero de 1865, lo que le permitió participar como voluntario en el Combate del Dos de Mayo.  Fue incorporado nuevamente al Ejército  pero en  diciembre pidió licencia indefinida.

 

Santiago Távara Vallejo, nació en 1833, siendo su padre don Ignacio Távara y su madre María Jesús Vallejo.  Ingresó al Ejército como soldado distinguido el 11 de noviembre de 1858, en la cuarta compañía del segundo batallón de Gendarmes mandado por el coronel Miguel Baquero.  Fue integrante del Ejército leal al presidente Pezet, siendo uno de los derrotados en la toma de Lima, pero de todos modos pudo participar en el combate del 2 de Mayo.

 

Teodoro Valencia, nació en 1837.  En mayo de 1865 era subteniente y teniente graduado en abril de 1866.  En 1865 estando en Arequipa se plegó a la revolución del vicepresidente Diez Canseco e hizo toda la campaña de la Restauración, luego del combate del Dos de Mayo en que tomó parte, permaneció fiel al presidente Mariano Ignacio Prado en 1867 cuando el sur se sublevó.  El 30 de agosto de 1867 era teniente efectivo y el 20 de julio de 1876 capitán graduado.

 

Ignacio Vargas Machuca, nació en 1847.  Servía en el batallón Pichincha del presidente Pezet en 1865, cuando estalló la revolución Restauradora, y tras el triunfo de ésta fue dado de baja.  El 2 de mayo se presentó como voluntario en la batería que estaba al mando del paiteño capitán de navío Raymundo Cárcamo, salvando milagrosamente de morir cuando se produjo la explosión de este fortín.  En 1867 prestaba servicio en el cuerpo de policía del Callao.

 

José Vásquez.  Ingresó al Ejército el 11 de abril de 1857, ascendiendo a cabo 2do. el 2 de diciembre de 1863; a cabo 1ro. el 15 de enero de 1864, a sargento 2do. el 8 de julio de 1865 y a subteniente el 7 de enero de 1868.  En 1857 hizo la campaña del general Castilla contra el general Vivanco sublevado en el norte, incluso en Piura.  Al mismo presidente lo acompañó en la campaña del Ecuador en 1859-60, actuando bajo el mando del coronel Mariano Pío Cornejo.  No actuó en el combate del 2 de mayo por estar en Casma en el batallón Arequipa, pero se mantuvo movilizado durante todo el tiempo en previsión de un ataque de la flota española.  Durante su vida militar sirvió en el batallón Callao Nº 4; Pichincha Nº 3; Puquina Nº 15; Arequipa Nº 8; Victoria Nº 4; y Cazadores de Castilla Nº 8.

 

Gregorio Velásquez, nació en 1827.  Ingresó al Ejército  como cadete en 1842.  El 10 de febrero de 1847 era soldado  distinguido, cabo 1ro. distinguido el 15 de abril del mismo año, sargento 2do. distinguido el 16 de junio de 1848, sargento 1ro. distinguido el 1ro. de febrero de 1854 y alférez el 10 de noviembre del mismo año.

 

Tan pronto entró al Ejército, fue enviado al sur, para integrar los ejércitos destinados a detener la invasión de los bolivianos, formaba parte del batallón Puno Nº 4.  Estando después en el norte en el batallón Trujillo actuó bajo órdenes del coronel Joaquín Torrico y en la campaña de Ancash.  En 1853 fue enviado a Puno en la Primera División a órdenes del general Pezet para resguardar la frontera con Bolivia.  Cuando Castilla se sublevó contra Echenique permaneció fiel a éste y tomó parte en la batalla de La Palma, y como era del bando derrotado fue dado de baja.  En esas condiciones tomó parte en la revolución de Vivanco contra Castilla en Arequipa en 1856.

 

Velásquez  reingresó al Ejército y en 1864 era teniente y un año más tarde es decir en julio de 1865 se le conocía como teniente efectivo.  Durante el combate del Dos de Mayo actuó como elemento de enlace con seis soldados a caballo.  Se encargó de conducir municiones y pertrechos de Lima al Callao, a los heridos del Callao a Bellavista, y por último participó en la acción bajo órdenes del coronel Aniceto Robles.  Posteriormente pasó a Trujillo en donde sirvió en el regimiento de Gendarmes y en el regimiento de Lanceros de Chiclayo, siendo destituido por el general Mariano Ignacio Prado en 1867, pero Balta al subir al poder lo reintegró al Ejército en 1868, pasando a Moquegua como ayudante de la prefectura.  Volvió al mando de tropa en la Gendarmería a Caballo de Tarapacá y nuevamente como ayudante de la prefectura de Moquegua.  En mayo de 1873 se le concedió licencia indefinida y se le otorgó pensión de 49 pesos mensuales.

 

Juan Vergara, nació en 1843, ingresando al Ejército como soldado distinguido el 1º de enero de 1862.  Ascendido a cabo 1ro. el primero de agosto de 1863, a sargento 2do. el 14 de setiembre de 1864, a sargento 1ro. el 22 de agosto de 1865 y subteniente el 30 de agosto de 1867.  Estando en el batallón Punyán 10 hizo en 1865 la campaña con el Ejército restaurador en la División de Vanguardia bajo órdenes del coronel Mariano H. Zevallos, el 2 de mayo combatió desde la batería Chacabuco bajo las órdenes del coronel Juan Buendía. El año 1867 permaneció fiel al presidente Mariano  Ignacio Prado y salió en campaña al Sur en el batallón   Cuzco que formaba parte de la División de Vanguardia la cual estaba al mando del ayabaquino Manuel Gonzáles La Cotera, participando con el grado de subteniente.  Luego estuvo en la defensa de Palacio el 7 de enero de 1868 y en la capitulación ante los revolucionarios, por cuyo motivo fue dado de baja.

 

Ignacio Villalta Alvarado, nació en 1838. Ingresó  al Ejército como maestro de víveres el 18 de junio de 1857.  Ascendió a sargento 1ro. el 1º de setiembre  de 1861 y a subteniente el 27 de marzo de 1865.  Sirvió en el vapor de guerra “Loa”, en el “Tumbes”, en el velero “Independencia”, en el batallón de Artillería de la Plaza, en Artillería de Montaña,  fue integrante de una comisión militar en Ecuador, integró el batallón de la Plaza de Arica y la Columna de Honor.  Peleó el 2 de mayo. Su carrera militar la hizo en el Cuadro Nº 3 de Cazadores de Piura, luego pasó al batallón 20 de Marina, al batallón 1ro. de Marina, al Zepita Nº 4, a los Granaderos del Callao, al Independencia Nº 9, al batallón Huánuco Nº 14, al Estado Mayor General y a la columna de Heridos en el Combate del Dos de Mayo y al batallón Legión Peruana Nº 1.  Tomó parte en la campaña del Ecuador en 1850-1860 bajo las órdenes del presidente Castilla, intervino también en la campaña de la Restauración a las órdenes del coronel Mariano Ignacio Prado y luego intervino en el combate del 2 de Mayo resultando herido. El 31 de enero  de 1871  siendo teniente de infantería solicita licencia por tiempo indefinido la que es concedida por el presidente Balta, asignándole una pensión de 19 soles y 6 centavos mensuales.

 

            Hay aún varios cientos de piuranos que integraron el batallón que el Coronel Echandía condujo al sur, primero para apoyar la revolución contra Pezet y más tarde para defender el Callao.  Son combatientes anónimos, algunos de los cuales resultaron heridos.

 

 

 

Los Cárcamo

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            Raymundo Cárcamo resultó gravemente herido y murió pocos días más tarde en el Hospital de Sangre en el Callao.  En la Iglesia Santa Ana de Lima aparece su partida de defunción como muerto a los 45 años.

 

            Sus padres habían sido  Victoriano Cárcamo y Sebastiana Castillo.  Como se recordará Victoriano y su hermano Andrés tomaron el pailebot “Sacramento” en los albores de la independencia y con ese barco se fundó la Marina del Perú.

 

            El capitán de navío Raymundo Cárcamo tenía una larga y brillante foja de servicios.  Había sido capitán en la goleta “Libertad”, el pailebot “Vigilante” y más tarde cuando llegaron los vapores formó parte de la plana mayor del “Apurímac”, “Bolívar”, “Sachaca”, “Huaraz” y la fragata “Callao”.

 

            Su hermano el teniente 1ro. Enrique Manuel, sirvió en los barcos “Yungay”, “Vigilante” y en la fragata “Libertad”.

 

 

 

El 2 de mayo de 1982 el barco de la Armada Peruana “Independencia” trajo los restos de los dos hermanos al puerto de Paita.  Habían reposado más de un siglo en el Presbítero Maestro y ahora descansan en paz en el Cementerio de Paita, su tierra natal

En la nueva tumba, se colocó la lápida  que estaba en el  cementerio Presbítero Maestro, cuartel San José nicho 281 letra D.

En la placa se encontraba grabado lo siguiente.

                                                         Gloria a uno de los héroes de 1866.

                                       El Cuerpo General de la Marina dedica este recuerdo

                                                       a su compañero de armas  teniente 1º

                                                    D .ENRIQUE MANUEL CARCAMO

 

 

 

 

Premios para los Vencedores del Dos de Mayo

 

            Prado honró en debida forma a los vencedores del Dos de Mayo que habían actuado en forma efectiva y comprobada en la lucha.

 

            Ya fueran civiles o militares, siempre que “hubieran tomado parte en esa heroica defensa y que comprueben su verdadera asistencia al mencionado combate”.

 

            A ellos se les confirmó el título de “Beneméritos a la Patria”, se les obsequió una medalla alusiva y se les reconoció el  derecho de usar un escudo especial en la manga del brazo izquierdo.

 

            A los militares se les ascendió y a las viudas y huérfanos se les reconoció pensiones.  Igual con los que murieron como resultado de las heridas recibidas.

 

            Muchos piuranos recibieron estas distinciones.  Entre ellos el joven José Eusebio Merino Vinces cuyo  diploma de honor dice:

 

            Mariano I. Prado

 

            Jefe  Supremo Provisorio de la República

            Por tanto

El Subteniente don Eusebio Merino asistió al Glorioso Combate del 2 de mayo de 1866 que dio por resultado la derrota y fuga de la más poderosa escuadra que ha surcado las aguas del Pacífico.  He venido en  declararlo

 

Acreedor a la medalla decretada el 2 de junio del mismo año, a fin de que pueda llevarla como muestra de la gratitud nacional y recuerde a la posteridad que fue uno de sus heroicos defensores del honor e integridad de la República y de la respetabilidad del Continente.

 

Dado en la Casa de Gobierno de Lima bajo el sello de la República y refrendado por el Secretario de Guerra y Marina a cinco de febrero de mil ochocientos ochenta y siete. Mariano I. Prado.- Pedro Bustamante.

 

 

 

Fallece Ignacio Escudero

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El 15 de agosto de 1866 falleció a causa de un ataque de asma el tribuno don Ignacio Escudero y Valdivieso a los 46 años de edad.

 

Había nacido el 31 de julio de 1820 habiendo sido sus padres don Francisco Escudero y Carrión y su madre doña Josefa de Valdivieso.

 

Fue elegido diputado a la Convención de 1856 siendo uno de los oradores más destacados, junto con José Gálvez muerto el mismo año en el combate del Callao.

 

Su pensamiento liberal y sus ideas avanzadas expresadas con gran elocuencia y facilidad de palabra  en las cámaras, le creó admiración y aprecio.

 

No le aceptó a Castilla los cargos diplomáticos que quería darle en Europa y prefirió volver a las tareas del campo en su tierra natal.

 

Fue prefecto de Piura entre diciembre de 1862 y marzo de 1864 bajo la presidencia de San Román. 

 

Sus estudios los había hecho en el Convictorio Carolino en 1837.  En Chile cursó estudios de abogacía que no llegó a culminar por la muerte de su padre.  Fue profesor de Matemática y Geografía en 1847 en San Miguel.

 

En 1850 contrajo matrimonio con doña Hermelinda Checa y Valdivieso, de la que enviudó sin tener hijos.

 

En 1858 se casó con su cuñada Micaela, de la que nacieron Gustavo, Gabriel y Miguel Ignacio Escudero Checa.

 

Sus discursos sobre la irrigación de Piura y la libertad de cultos, son piezas importantes de oratoria que fueron reproducidas en muchas oportunidades.

 

En su homenaje y recuerdo, un distrito de Sullana lleva su nombre.

 

Abastecimiento de agua para Paita

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Como es sabido, el río Chira desemboca en las proximidades de Colán y bastante distante del puerto de Paita.

 

Desde los tiempos del virreinato el agua se llevaba en tinajas, limetas, etc. de Colán y generalmente se hacía por vía marítima mediante balsas.

 

El año 1866, el 27 de febrero el Concejo Provincial de Paita sesionaba para contemplar la  solución del problema del agua.  Se hace hincapié  en que el agua se llevaba desde 7 leguas  de distancia en acémilas a Paita, siempre procedente del Chira.

 

En el curso de la sesión se da cuenta que el Gobierno había contratado antes a la firma  Gauthenot para que abriera pozos artesianos, dándole por ello trescientos mil pesos y derecho a utilizar un terreno de 4 leguas de largo,  pero que tras de dos años, nada se había conseguido.

 

Por lo visto el municipio paiteño nada llegó a lograr, pues hasta el presente siglo, siguieron los borriquitos  transportando el agua en barricas hasta que en tiempos del presidente Leguía se instaló el servicio.

 

 

 

Solicitan construir una represa

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No obstante la oposición de las poblaciones del valle del Bajo Piura y de sus Comunidades Indígenas, el  Gobierno del general  Pezet había autorizado en agosto  en 1866, a efectuar obras de represamiento del río Piura a la altura de la hacienda Pabur, a don Augusto Seminario y Váscones.

 

En abril de 1866, los piuranos Fernando Vegas Seminario y Pedro Antonio  Helguero, solicitaban en Lima al ministro de Gobierno, una autorización  para efectuar una obra de irrigación a partir del norte de la ciudad de  Piura.

 

El documento pasó a informe del prefecto de Piura, don Ramón Díaz.

 

El proyecto era el siguiente, con 8 propuestas:

 

1ª.- Construir y edificar un gran muro de cal y  ladrillo en el Río Piura, dos leguas al norte de la ciudad a fin de represar las aguas, sin cortar su curso natural,  y hacer el regadío de los terrenos que existen yermos en una y otra margen del río y que terminan en las orillas del mar hasta Sechura y Paita.

 

2ª.-Dar el caudal de agua suficiente para el regadío a un millón de  topos de tierra de los cuales  puede el Estado obtener más tarde por contribución predial un provecho de gran consideración  anualmente.

 

3ª.- Siendo agricultores la mayor parte de los cuarenta mil habitantes  que pueblan ambos lados del río, los empresarios les darán  el agua que pidan, obligándose los propietarios o conductores del agua a pagar a los empresarios cuatro soles anuales por cada cuadra cuadrada, o sea por cada diez mil varas, como valor del agua que se les da para el regadío de sus tierras.

 

4ª .- Los propietarios no podrán embarazar el libre curso de las aguas siempre que fuese necesario que de ellas atraviesen por las pertenencias en provecho del pro-comunal.

 

5ª .- Los ocurrentes, como una muestra del espíritu público y del desinterés de este negocio, abrirán una suscripción de quinientas acciones de doscientos pesos cada una, para que tenga parte todo el que quiera tomarla, en una empresa que sea puramente nacional.

 

6ª .- Mientras los proponentes reúnen los fondos y materiales necesarios para conducir la empresa, se les concederá un año de plazo para dar principio a la obra, contando el año desde el día de la celebración del contrato.

 

7ma.- Los ocurrentes sólo exigen por toda remuneración del fuerte capital que debe emplearse  en esta obra, y de su trabajo personal, la cuota indicada de cuatro soles anuales sobre cada diez mil varas de terreno que riegue, a petición de los mismos agricultores que serán los que hagan el pago, ya sea por semestrales, o por anualidades, sin perjuicio de la contribución fiscal que pudiera imponerse más tarde.

 

8va.- Los ocurrentes piden el privilegio de cincuenta años para que durante ellos ninguna otra persona les perturbe con igual operación, por arriba ni por abajo del sitio designado para la represa que se propone.

 

La prefectura pasó el expediente para su informe al municipio y éste a la Agencia Municipal de Castilla.

 

Se pronunciaron en forma negativa la Agencia Municipal de Castilla, la de Catacaos y la de Sechura.  Sobre la base de esos informes el Municipio de Piura hizo el suyo respaldando el rotundo rechazo de los anteriores.

 

Los informes y alegatos dados son extensos y bien fundamentados y el historiador Jacobo Cruz Villegas, los reproduce íntegramente en “Catac-ccaos”.

 

El informe negativo de la Municipalidad de Piura se produjo al año de haber recibido el expediente, y después que los proponentes habían presentado su queja al Ministerio de Gobierno y éste apremió a la prefectura.

 

 

 

Arresto de Montero y Grau

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A fines de mayo los barcos peruanos “Apurímac” y “Unión” al mando de Ferreyros y de Grau, se concentraron en Valparaíso, en donde reconocieron al nuevo comandante de la escuadra aliada, el almirante Blanco Encalada que reemplazaba a William Revoredo.

 

Casi al mismo tiempo llegan de Europa los blindados peruanos “Independencia” al mando del capitán de navío Aurelio García y García y el "Huáscar" comandado por el marino chileno Salcedo.

 

Durante toda la travesía entre ambos jefes se habían producido frecuentes altercados por clara intención  de Salcedo de demorar el ritmo de la navegación.

 

Tan pronto como las nuevas naves llegaron a Valparaíso, el general Prado mandó al capitán de navío Lizardo Montero a Chile para hacerse cargo del "Huáscar" conservando su condición de jefe de la Armada Peruana.

Prado concibió el temerario proyecto de atacar a España en Cuba y en las Filipinas que eran aún sus colonias, y para tal fin contrató los servicios del almirante norteamericano John Tucker y a varios oficiales.  El primero debía de asumir el comando de la escuadra y los demás hacerse cargo de los barcos.

 

Prado consideraba que Montero era demasiado impetuoso para el cargo de tanta responsabilidad.  Tucker era sin duda un excelente marino de unos 45  años.

 

Cuando la noticia de la llegada de Tucker, se supo entre los marinos peruanos en Valparaíso, hubo verdadera contrariedad y anunciaron  su decisión de obedecer la orden superior y entregar los barcos, pero de inmediato pedir su cese, porque no podían actuar bajo órdenes de un extranjero.

 

Prado mandó como su emisario a don Manuel Pardo a Valparaíso pero éste sólo logró enredar más las cosas, y al final Montero, Grau, Ferreyros y una veintena de oficiales entregaron sus cargos y abandonaron los barcos, regresando al Callao en el transporte “Chalaco”que era el que había conducido a Pardo a Valparaíso.

Tan pronto pusieron pie en tierra los marinos, fueron arrestados por orden del general Prado y conducidos a la isla de San Lorenzo en donde permanecieron un año, bajo la acusación de insubordinación en estado de guerra.

 

En Chile el capitán de navío José M. Salcedo volvía a asumir el comando del "Huáscar", el capitán de navío José A. García tomaba el comando de la “Independencia”, el capitán de fragata Juan Pardo de Zela se hacía cargo de “América” y el capitán de corbeta Camilo Carrillo asumía el comando de “La Unión”.  En esta oportunidad Carrillo no acompañó a los paisanos.  La bandera de almirante de Tucker, se izó en la “Independencia”. El historiador Alberto Wagner de Reyna, considera que el barco en el que llegó Pardo y se enviaron a los desobedientes fue el “Callao” y no el “Chalaco” como asegura el padre Rubén Vargas  Ugarte.

 

El Consejo de Guerra  que presidía el gran mariscal Gutiérrez de la Fuente, juntó a los marinos y con gran contrariedad de Prado, los encontró sin culpa alguna.

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