Capítulo VI - La Consolidación de la República

CAPITULO VI

 

POETAS Y PINTORES

 

Ø      Autoridades piuranas en 1866-1867

Ø      Las elecciones de 1866.  La asamblea

Ø      El magisterio.  Las mujeres en el magisterio

Ø      Carlos Augusto Salaverry contra Prado

Ø      Luis Mesones y los empleados públicos

Ø      La Sociedad Amiga de los Indios

Ø      Se inicia la explotación petrolera

Ø      Indios de Catacaos reabren el canal Tallán

Ø      Rebelión contra Prado

Ø      Balta se subleva en el norte

Ø      Rudesindo Vásquez toma Piura

Ø      Sambambé

Ø      Grau en el "Huáscar"

Ø      Cambios de prefectos

Ø      La fiebre amarilla

Ø      Se convoca elecciones en 1868

Ø      Incendio en Sullana

Ø      Catacaos y Sullana elevadas a ciudades

Ø      El contrato Dreyffus

Ø      Ruzo contra los consignatarios del guano

Ø      Actas de apoyo al contrato Dreyffus

Ø      Problemas con los campesinos asiáticos

Ø      Carlos Augusto Salaverry y el romanticismo

Ø      La producción teatral de Salaverry

Ø      La obra poética de Salaverry

Ø      El poeta Pedro Elera

Ø      Ignacio Merino pintor romántico

Ø      Luis Montero

Ø      Piura en 1869-1870

Ø      La construcción del puente

 

Autoridades piuranas en 1866-1867

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En 1866 se le suponía al departamento de Piura 130 000 habitantes.  La provincia más poblada era indudablemente Piura con unos 50 000 habitantes y le seguían en orden Ayabaca, Paita, Huancabamba y Tumbes.

 

            El sociólogo Miguel Seminario Ojeda ha logrado establecer un cuadro de autoridades de ese año.

 

            Era prefecto don Ramón Díaz, hombre de espíritu abierto  que gozaba del aprecio de todos los piuranos y supo como hombre de confianza del régimen  brindar un invalorable apoyo político al presidente Prado durante el proceso electoral.

 

            Tenía como secretario a Enrique Espinosa que logró salir elegido diputado por la provincia de Paita.  Como oficial 1º José Ramírez, como oficial 2º Miguel Olaya, como oficial 3º José Garay.  Como  ayudante, el sargento mayor graduado Francisco Seminario y también el capitán José Montero.

 

            Subprefecto de Piura era don Ramón Manzanares que tenía como ayudante a Juan Acevedo.

 

            La ciudad  de Piura estaba conformada por dos distritos urbanos.  Uno al norte que tenía como gobernador a don Fernando García y el de la zona sur, cuyo gobernador era José Paz.

 

            Gobernador de Sechura era Marcos Valdivieso, de Catacaos Tomás Amanza, de Castilla Nazario Sandoval, de Morropón Juan Carnero, de Yapatera Juan Dávila, de Salitral Manuel Enríquez y de Tambogrande José Saavedra.

 

            La Municipalidad de Piura tenía al siguiente personal alcalde don Ignacio Varillas.  Había dos tenientes alcaldes que eran José Tomás Paz y Baltazar León.  Los síndicos eran Juan Escudero y Guillermo Ruiz.  Secretario Juan Ovalle además había 6 regidores.

 

            Presidente de la Beneficencia era el doctor Federico Manrique que también era director del colegio San Miguel.  Como vice-directores estaban el doctor Ignacio Varillas que también era alcalde, y Manuel García secretario, José Jiménez y tesorero Juan Ruidías.  Otros cargos eran desempeñados por José León y Manuel Cañote.

 

            Piura dentro de la organización de servicio nacional de correos, era el Octavo Distrito Postal, que tenía como administrador a Atabaliba Arellano, personaje muy inquieto natural de Sullana.  Interventor era Bernardo Camino y amanuense Manuel Camino.  Había un servicio diario de correos entre Piura y Paita.  Uno para Sullana y Tumbes; y dos para Ayabaca y sur de Ecuador.  El puerto de Paita recibía ocho barcos correo al mes, cuatro para el norte y cuatro para el sur.

 

            Era juez de Primera Instancia de Piura el doctor José Clemente Peralta cuya jurisdicción se extendía hasta Paita.  escribano de Diligencias Manuel Ríos, escribano del Crimen Manuel Paredes.  escribano Público y de Hipotecas Manuel Revolledo y juez suplente el doctor Federico Manrique.

 

            Como consecuencia del  proceso electoral en la prefectura de Piura se produjo algunos cambios.  Seguía el prefecto  pero sus nuevos ayudantes fueron Ignacio Seminario y Francisco Seminario, secretario fue nombrado Manuel Gamero y amanuense Miguel Gonzáles.  Los nuevos gobernadores de Piura fueron:en el norte José Ovalle y en el sur Juan Ruidías.  En Tambogrande el nuevo gobernador fue Juan Varona, en Morropón Felipe Palacios y en Salitral Francisco Ubillús.

 

            Subprefecto de Paita en los primeros meses de 1866 fue Abelardo Garrido y ante la proximidad del proceso electoral fue cambiado por J. Pitet.  De igual modo  el administrador de la Aduana, Manuel Seminario fue cambiado en el curso del año 1866 por Leonidas Echandía que lanzó su candidatura a diputado.

 

            El gobernador de Paita era Manuel Castillo, de Colán José María Cánova, de Amotape Ángel Avilés, de La Huaca Lino  Loaría.  De Sullana Benjamín Franco, de Querecotillo Eugenio Gallo y de Arenal Celestino   Olaya.

 

            Interventor de la Aduana de Paita era José Gutiérrez, oficial 2do. Juan Gutiérrez, amanuense Guillermo Garavito y Pedro Merel.  Vista de Aduana era José María León.

 

            Comandante de Resguardo, Juan Seminario.  Tenientes interinos Manuel Vásquez y Manuel Delgado.  Inspectores:  Juan Palacios, Ramón Andrade, Andrés Maticorena, José Ojeda, Teodoro Makay, Miguel Gutiérrez, José García Escobar, Roberto Adrianzén y  Esteban Seminario.

 

            Presidente de la Beneficencia de Paita era el cónsul inglés Alex  Blacker.

 

 

 

Las elecciones de 1866

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            Todavía en la euforia del triunfo, el coronel Prado aprovechó la solemnidad del 28 de julio para emitir un decreto convocando a elecciones para presidente de la República y para Congreso Constituyente.

 

            Las elecciones debían de efectuarse en octubre.  Como candidatos se presentaban Prado y Balta, pero el primero contaba con todos  los resortes del poder.

 

            La Asamblea Constituyente debía durar sólo 100 días y su misión únicamente dar una nueva Constitución al país.

 

            En el  departamento de Piura el triunfo del coronel Prado fue amplio, quedando muy atrás Balta y más aún el general Ramón Castilla  que al igual que el general Diez  Canseco también eran candidatos pero sin mayor opción.

 

            Miguel Seminario Ojeda ha logrado investigar como se realizó este proceso en nuestro departamento, sobre todo las incidencias producidas en la provincia de Paita.

 

            Los candidatos se lanzaron buscando la representación de las provincias.

 

            Por la provincia de Piura triunfaron Baltazar León Seminario y Federico Manrique, quedando como suplentes Ignacio Varillas y Guillermo Ruidías.

 

            En Paita ganó Enrique Espinosa y como suplente salió Manuel León Seminario.

 

            En Huancabamba salió elegido por amplio margen el doctor Luis Mesones.

 

            En Ayabaca ganó Victorino Montero y como suplente Pedro Castro Zapata.

 

            Las actas provenientes de Ayabaca se atrasaron mucho y recién llegaron a Piura en el mes de diciembre.

 

            Leonidas Echandía era por entonces administrador de la Aduana de Paita.  En los distritos de Paita y de Tumbes ganó Echandía  y en este último logró 207 votos.

 

            En cambio Enrique Espinosa ganó en Colán, Sullana, La Huaca y Querecotillo, sacando en Tumbes 102  votos.

 

            La Junta Electoral Provincial de Paita estaba descaradamente parcializada a favor de Echandía y dio el resultado falso de 500 votos para este candidato cuando en realidad el número de electores era sólo de 342.  Los paiteños denunciaron el fraude, lo que obligó al subprefecto de Paita, el señor Pitet, a exigir a la Junta Electoral que en cumplimiento del artículo 34º de la Ley Electoral, le fueran remitidas a su despacho las actas de los escrutinios.  Parece que el subprefecto actuó con bastante imparcialidad a pesar que el candidato Echandía vivía en su casa.  En cambio el gobernador de Paita, señor Castillo si estaba en connivencia con la Junta Electoral.  Los líos cobraron tal magnitud y escándalo que la prefectura de Piura tuvo que intervenir y allá fue enviada toda la documentación.

 

            Al final los resultados electorales en la provincia de Paita  fueron:

 

Para Presidente:

Mariano Ignacio Prado...........................................    1 550 votos

Ramón Castilla.......................................................          10   

José Balta...............................................................           3   

Pedro Diez Canseco...............................................             1    

                                                                                   1 564   

 

Diputados Propietarios:

Enrique Espinosa....................................................      856   votos                    

Leonidas Echandía.................................................       708     

                                                                                  1 564   

Diputados Suplentes:

Manuel León Seminario.............................................  799 votos

Federico Machuca Vega............................................   707   

Ricardo Espinosa.......................................................     56   

Juan Antonio  Herrera...............................................       1    

Andrés Morcillo........................................................        1     

                                                                                   1 564    

 

            En Piura, el periódico “El Americano” saludaba regocijadamente el triunfo de Prado que eso permitía  “que el coronel Prado, como Presidente Constitucional termine la obra comenzada con tanto tino y energía por el Dictador Prado y que consolide más y más el amor y la gratitud del pueblo peruano...”.

 

            Otro periódico que se ocupaba mucho de las elecciones era “El  Sol”, acérrimo partidario de Echandía  que se resignaba a su derrota.

 

 

 

La Asamblea Constituyente

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            El  doctor Federico Manrique uno de los triunfadores en las elecciones era una persona muy conocida en Piura.

 

            Su prestigio lo había logrado a través de la dirección del Colegio San Miguel, la que naturalmente quedaría vacante con su elección; y como director de la Beneficencia.  Además tenía un cargo judicial de tal manera que era un hombre de múltiples actividades.

 

            Baltazar León Seminario era teniente alcalde del Municipio de Piura.  Ignacio Varillas que resultó como suplente, era el alcalde de Piura y uno de los dos sub-directores de la Beneficencia.  Baltazar León era un abogado de prestigio y uno de los vocales propietarios de la Comisión Departamental de Educación.

 

            La Asamblea Constituyente se instaló el 15 de febrero de 1867, y nombró a Prado presidente provisorio, mientras se conocía en forma oficial el resultado de las elecciones realizadas hacía cuatro meses.  Sin embargo, se sabía de sobra que de acuerdo a los resultados ya conocidos hasta el momento y la amplia ventaja lograda, era prácticamente el presidente electo.

 

            El 27 de mayo la Asamblea Constituyente pide al presidente provisorio nombre ministros responsables conforme lo dispone el Estatuto para facilitar la marcha de la administración en el país.

 

            El 3 de junio Prado designa su gabinete.  Como presidente del Consejo de Ministros y ministro de Hacienda fue nombrado el doctor Pedro  Paz Soldán, como ministro de Relaciones Exteriores el huancabambino Luis Mesones, como ministro de Guerra el coronel Mariano Pío Cornejo, de Justicia e Instrucción Felipe Osorio y de Gobierno Pedro Saavedra.  Todos eran miembros de la Constituyente.

 

            El hecho sorprendente fue que Luis Mesones renunció a las 24 horas, lo cual encuadraba perfectamente en su carácter temperamental.

 

 

 

La instrucción en 1866.  Las mujeres en el magisterio

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            Hasta entonces, el magisterio en el Perú solamente había sido desempeñado por varones.

 

            Durante la dictadura de Prado se expidió, el 27 de junio de 1866, un decreto por el cual se autorizaba  a las mujeres el ejercicio de la docencia en el nivel primario.

 

            Esta facultad fue inicialmente ejercida por religiosas venidas del extranjero.

 

            Como ya antes lo hemos consignado, en setiembre de 1857 el Concejo Distrital de Sullana contrataba a doña Amalia Seminario para que se hiciera cargo de una escuela de niñas.

 

            Esta maestra debía de pagarla la prefectura, pero el tiempo pasó y nunca lo hizo por cuyo motivo la primera mujer maestra de Sullana, tuvo que abandonar su noble apostolado.  Esa era en general la situación prevaleciente en el magisterio, es decir, se les pagaba mal, y tarde o nunca.

 

            Por ese tiempo se crearon los cargos de Inspectores de Educación Primaria que duraron hasta 1933.  Por Decreto del 4 de junio de 1866 se dividía la Instrucción Primaria en dos ciclos: el elemental y el superior.

 

            Por Decreto del 27 de junio de 1866 se creaba en Piura la Escuela Modelo de Instrucción Primaria Superior, para lo cual se nombraba como director de la misma a don Juan Jiménez y como ayudante a Pedro Nolasco Rojas.  Era Jiménez un experimentado pedagogo que antes había dirigido la Escuela de la Merced de Piura.

 

            La acuciosidad y el espíritu de  investigación de Miguel Seminario Ojeda nos permite hurgar en el panorama de la instrucción  -como se le decía antes- de Piura por los años 1866.

 

            De acuerdo a tales informaciones, Nolasco Rojas también tenía experiencia pedagógica  y antes había dirigido una escuela.  El local de ésta sirvió para el nuevo plantel que empieza a funcionar el 14 de enero de 1867.

 

            El local tuvo que ser acondicionado y se hizo una inversión de 791  soles y 60 centavos.  Era criterio del director Jiménez, que después del templo, la atención ciudadana debía volcarse a la escuela, como primera necesidad social, porque sin buenas condiciones materiales, la enseñanza se dificultaba y la educación sufría.

 

            La escuela carecía de mobiliario y dárselo fue otra preocupación de Juan Jiménez.    Aprovechando de su condición de ex –director de la Escuela de la Merced, trasladó el mobiliario que creyó le iba a ser necesario, sobre todo mesas y escritorios.  Si bien es cierto que el mobiliario de las antiguas escuelas  era apto para las de Primaria y no para las de ciclo Superior, había que tener en cuenta que  la Escuela de la Merced había sido de tipo Lancasteriano, y por lo tanto había estado muy bien equipada.

 

            Otra preocupación de Juan Jiménez era el profesorado.  Consideraba que si un maestro carecía de medios económicos para subsistir, por no pagárseles sus salarios, no se podía pretender que se consagrasen por entero y asiduamente a las tareas de la educación.  Los maestros de Piura de las escuelas primarias se encontraban impagos desde  noviembre de 1864.

 

            Jiménez apeló entonces al prefecto Ramón Díaz, primero para que gestionase el pago de esos haberes atrasados y en segundo lugar, para que organizase más Escuelas Primarias de ciclo elemental, para que creara la base  de alumnos destinados al ciclo superior.

 

            El prefecto tenía buena voluntad, pero en Piura no había dinero en la prefectura ni en la Caja Fiscal.  El conflicto con España había demandado gastos y la economía de la hacienda pública no andaba muy bien.  Por lo  tanto, el prefecto derivó el pedido a Lima, con lo cual si bien se quitaba de encima un problema, la situación quedaba condenada a no ser atendida.

 

            Dada la situación, muchos maestros abandonaron sus cargos y varias escuelas elementales cerraron o funcionaron mal.  Los padres de familia hacían desesperados esfuerzos para evitar que esa situación se agravase, pero no podían resolver el problema por sus propios medios.

 

            San Miguel no escapaba a la regla general, pero para ese plantel hubo mayor ayuda de la comunidad.  Los padres de familia y los piuranos en general tenían ya una amarga experiencia y sabían que si ese plantel se volvía a cerrar iba a ser muy difícil su reapertura.

 

            Cuando el doctor Federico Manrique abandonó la dirección por haber sido elegido diputado, la situación de crisis se agudizó.  Pero en Lima, Manrique hizo múltiples gestiones para ayudar a su plantel y evitar su cierre.  Como medida de emergencia se suspendió el internado, y los padres de familia principiaron a cotizar, pero a los profesores sólo se les podía atender con parte de sus sueldos y algunos de ellos trabajaban y no cobraban un solo centavo.

 

            El magisterio era sin duda en ese tiempo un verdadero apostolado y una carrera de sacrificio.

 

            La Comisión Departamental de Instrucción Pública estaba conformada por:  presidente, el prefecto Ramón Díaz; vocales propietarios, Manuel Gregorio  Luna y Juan José Escudero; vocales sustitutos, Baltazar  León y Pío Valdivieso; interventor de la tesorería, Nicanor Arrunátegui y archivero Juan Neira.

 

 

 

Carlos Augusto Salaverry contra Prado

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            El poeta-militar Carlos Augusto Salaverry, había sido asistente del coronel Prado cuando éste fue prefecto de Arequipa y lo siguió en todo el proceso de la revolución.  Cuando el Ejército rebelde estuvo en Pisco y en Chincha, Salaverry conoció y se hizo muy amigo del coronel Balta y continuó su amistad en el curso del combate del Callao.

 

 

            Cuando Prado y Balta se lanzaron como candidatos, Salaverry se plegó al último.

 

            En la Constituyente se pensaba  que eran necesarias nuevas elecciones o cuando menos hacer un nuevo escrutinio de los votos ya emitidos.  Alentaba esta campaña el periódico “El Constitucional” que había apoyado a Balta y que tenía como a sus principales redactores a Ricardo Palma y a Salaverry, pero el 31 de agosto era proclamado Prado como presidente constitucional del Perú por una victoria abrumadora, pues de 204 818  sufragios, había logrado nada menos que 199 499.

 

            El día 29 de agosto,  había sido promulgada la nueva Constitución.

 

            Luis Mesones aprovechó su condición de  constituyente para reiniciar el problema de las consignaciones del guano de cuyos entretelones se había enterado cuando en 1862 ocupó la Legación de Londres,  su empecinamiento logró que se creara una nueva comisión investigadora, el 16 de setiembre de 1867, pero, los acontecimientos políticos se precipitaban, y una vez más todo terminaría por quedar en nada.

 

            Mesones reveló toda la maraña de las defraudaciones cometidas por los consignatarios que habían actuado en Inglaterra, así como las cometidas en los fletamentos de barcos conductores de guano, pertenecientes a la Compañía Nacional.  Hizo la salvedad de que los culpables eran agentes de dicha Compañía y no sus personeros.  Como una muestra del gran poder político de los consignatarios, hizo conocer que estando en Londres al frente de la Legación, recibió un cablegrama en el que se le hacía saber que los asuntos de las consignaciones en Inglaterra no estarían en lo sucesivo sujetos a su fiscalización.

 

            Correspondería al senador piurano Daniel Ruzo, seguir en lo sucesivo la lucha contra los consignatarios del guano.

 

 

 

Luis Mesones y los empleados públicos

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            El pintor Francisco Lazo también formaba parte de la Asamblea Constituyente como representante por Lima.

 

            En la sesión del 27 de abril de 1867 hizo leer un escrito en donde atacaba duramente a los empleados públicos, tanto civiles como militares y aseguraba que bajo el pretexto de los llamados derechos adquiridos, gozaban de gran cantidad de prebendas y de privilegios.  Agregaba que, repartidos en los tres poderes públicos, se convertían en una plaga que todo lo consumía y que estaban listos a repartirse todo cuanto encuentran a la vista y cae en sus manos.  Haciendo burla de los militares, decía que algunos sólo habían olido la pólvora de los fuegos artificiales.

 

            Lazo, por un defecto  bucal, había hecho leer su  escrito. 

 

            Le salió al encuentro Félix Jiménez, diputado por Otuzco, pues manifestó que se ofendía a la Asamblea y a los miembros de los Poderes Ejecutivo y Judicial.

 

            El diputado por Piura Federico Manrique, también refutó a Lazo y expresó que pueden hacer valer su derecho, quienes ingresaron al servicio de la Nación, bajo la garantía de esas mismas leyes.

 

            Luis Mesones diputado por Huancabamba, fue más rotundo y expresó según Basadre lo siguiente:  No vengo a devolver injuria con injuria.  Tengo la desgracia de haber sido empleado toda mi vida y en vista de que la presidencia de la Asamblea ha convenido en que se impriman en el Diario de Debates, discursos incalificables, que ni siquiera son pronunciados por sus autores, y son injuriosos a los altos poderes de la Nación, hago renuncia de los cargos que tengo en las diversas comisiones”.

 

            El Presidente no aceptó las renuncias de Mesones, pero Lazo no suspendió la lectura –que habíanle interrumpido- ni retiró sus palabras dichas a través de otro.

 

 

 

La Sociedad Amiga de los Indios

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            El coronel Juan Bustamante había ocupado gran parte de su vida en defender a los indios, sobre todo los de Puno y Cuzco.  Había sido miembro del grupo liberal de la Asamblea Constituyente de 1856, prefecto del Cuzco, intendente de Lima y combatiente del Callao.

 

            En 1861 las comunidades sublevadas de Huancané lo nombran su personero.  Entre las muchas actividades que desplegó, fue la de enviar comunicaciones a los ex –prefectos de Puno y Cuzco, exponiéndoles los abusos que se cometían contra la raza indígena.

 

            Recibieron esas comunicaciones los generales Miguel Medina, Ramón Vargas Machuca, Manuel Aparicio, Rudecindo Beltrán y Manuel Morote, así como el coronel Miguel Zavala.

 

            El general José Miguel Medina, profundamente impresionado, creó con don Manuel Arrunátegui, Director de “El Comercio”, la “Sociedad Amiga de los Indios”.

 

            En las luchas de fines de 1867.  Bustamante pereció trágicamente en circunstancias que no llegaron a esclarecerse plenamente.  Su  compañero de luchas Antonio Riveros, envió a Medina un informe minucioso de los hechos.  Los hechos fueron de conocimiento de la Asamblea y el 18 de noviembre el diputado por  Azángaro, Eleuterio Macedo, planteó la interpelación del ministro de Gobierno.  Como resultado se nombraron Comisiones  Investigadoras y se aprobaron diversas leyes protectoras de los indios.

 

            Tiempo más tarde fue encontrado el cadáver de Bustamante en una gruta cercana al río Pusi, sin que hubiera entrado en putrefacción.  Eso fue origen de admiración por parte de los indios que hicieron de la gruta un lugar de romería.

 

 

 

Se inicia la explotación del petróleo en el Perú

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            En la zona denominada La Brea en la Provincia de Paita y también un poco al sur de la ciudad de Tumbes, existían yacimientos de brea que eran conocidos desde el tiempo de los incas y se utilizaba como material para impermeabilizar recipientes y más tarde embarcaciones.

 

            En Estados Unidos, por los años de 1860, brotaba en algunas   partes de su territorio un aceite oscuro al que generalmente se le llamaba aceite de roca, que se utilizaba para lámparas, lubricante para arneses, grasa para piñones, para la preparación de productos medicinales, etc.  Algunas veces venía acompañado de un líquido volátil de olor fuerte que no se utilizaba y que resultaba de los procesamientos empíricos a que se sometía el aceite de  roca.  Si bien a tal líquido  no lo podíamos llamar propiamente gasolina, era algo que le estaba muy próximo, pero no se le daba utilidad y más bien se consideraba peligroso su manipuleo.

 

            Fue el abogado de Nueva York, George Bisell el primero en tener una mejor idea de lo importante que podía ser explotar el petróleo o aceite de roca en gran escala, y se asegura que fue él, el que indujo al coronel Edwin Drake a iniciar la operación.

 

            Drake eligió la zona de Titusville en el estado de Pensilvania, en donde inició sus operaciones en 1857.  Para las perforaciones utilizaba un barreno de hierro al cual posteriormente para protegerlo lo hacía actuar dentro de un tubo del mismo metal.  Para accionar este barreno no utilizaba una grúa sino un simple cabrestante, consistente en un madero grueso y resistente, con fuertes sogas de cáñamo movido por un motor a vapor.

 

            Drake trabajaba con William Smith y el hijo de éste, los que el 27 de agosto de 1859, se encontraban probando un barreno que habían logrado introducir 23 metros, cuando vieron subir a la superficie, un líquido oscuro y aceitoso.  Se aplicó entonces a la boca de la perforación una bomba y se logró extraer varios tambores de lo que no era otra cosa que petróleo.  Cargó dos mulas con ellos y se dirigió a Titusville a avisar a Drake.

 

            La noticia  corrió como reguero de pólvora y bien pronto centenares de torres de madera se alzaron en la comarca, indicando que se estaba explotando petróleo y que se había iniciado así, la más importante industria de los tiempos modernos.

 

            Por esos tiempos las máquinas y las locomotoras utilizaban motores a vapor y si bien era cierto que existían motores a explosión que utilizaban gas, su uso no estaba muy generalizado.

 

            Los pioneros de la industria petrolera nunca imaginaron la trascendencia que iba a tener en la historia del mundo el uso del petróleo.  Lejanos estaban los tiempos en que el ingeniero alemán Rudolf Diesel descubriera el famoso motor que llevaba su nombre, y que iba a revolucionar la industria y el transporte marítimo.  Eso recién sucedería en 1897.  Tampoco se podían imaginar la existencia de carreteras y autopistas para que por ellas circulasen automóviles y menos que el espacio sería disputado a las aves con los aeroplanos.

 

            El barril de petróleo costaba en 1859, veinte dólares lo cual estimuló su producción, pero como ésta superó a la demanda, bien pronto cayó  a sólo diez centavos de dólar el barril.  Así estaban las cosas en 1861 cuando aparecieron los grandes empresarios que comprendieron que el éxito de la nueva industria estaba en la refinación para sacar varios productos en su procesamiento.

 

            Uno de esos hombres de negocios fue el joven John Rockefeller de sólo 20 años de edad, que se asoció con Maurice Clark y el joven inglés  Samuel  Andrews que reunieron cuatro mil dólares y en la ciudad de Cleveland, pusieron la primera refinería del mundo.  Fue  así como en 1870 se crea la famosa The Standard Oil Company y se inicia la era de los grandes trust petroleros.

 

            Los buscadores de petróleo se lanzaron por todas las rutas del mundo, para explorar nuevos pozos allí donde se suponía había indicios razonables de la existencia del codiciado combustible.

 

            Cuatro años más tarde que el petróleo principiara a ser explotado en EE.UU. ya había en la zona del sur de Tumbes gente explorando las afloraciones de brea cerca del mar.  Era el año 1863, y los pocos pescadores que habitaban en Máncora y la caleta de La Cruz, veían con curiosidad y extrañeza a esos “gringos” que buscaban no se sabía  que cosa.

 

            En cierto momento don Diego de Lama, que conocía ya el valor del petróleo, pudo lograr que el sabio Raimondi hiciera una exploración por las extensas tierras de su propiedad, sobre todo en la zona de La Brea donde se producía el conocido copé.  Parece sin embargo, que nada en concreto se logró de tal estudio, porque tuvo que pasar mucho tiempo para que la región se convirtiera en productora de petróleo.

 

            No sucedía igual al norte de Máncora, a donde habían convergido los primeros pioneros, que hacían exploraciones, mediciones y estudios desde 1863 en plena playa en un punto al que más tarde se llamó Zorritos.

 

            Fue el súbdito norteamericano, E.P. Larkin el que trató de hacer esfuerzos serios para explotar el petróleo peruano, para lo cual fundó una empresa que se denominó Sociedad Peruana de Petróleo, de la que fue su Gerente General.

            Miguel Seminario Ojeda nos da información sobre las primeras actividades de esta empresa.

 

            El 1º de abril de 1867 ya existía en Máncora un campamento y en Paita una oficina.  Desde este puerto, Larkin hizo llegar un petitorio al prefecto de Piura Ramón Díaz, haciéndole conocer que había iniciado trabajos a orillas del mar a siete leguas al sur de Tumbes en un paraje llamado  Zorritos.  La zona era deshabitada y había problemas para brindar alimentos y hasta agua potable a los trabajadores.  Como ocurre siempre en estos casos se hablaba de la importancia que significaba dar trabajo a varias personas y el impulso a la región.

 

            Larkin había pedido a Estados Unidos una lancha que deseaba utilizar en el acarreo de agua y de víveres de Tumbes a Zorritos.  Ante la posibilidad de que la lancha –a vapor- se malograse, ya desde entonces y por anticipado como empresario precavido, solicitaba permiso para enviar la nave a Guayaquil.  El barco navegaría con bandera peruana.

 

Decía Larkin que deseaba actuar en todo de acuerdo a lo que disponían las leyes de la República y al final volvía a insistir en que se trataba de una empresa de utilidad pública, que llevaría el germen de la riqueza y de la prosperidad al departamento, al mismo tiempo que se aseguraría el bienestar de los obreros peruanos que con ellos trabajaban.

 

El prefecto no demoró la respuesta, puesto que el 4 de abril contestaba desde Piura, haciendo conocer que muy a su pesar no podía dar las autorizaciones que solicitaba por cuanto carecía de facultades para ello y se requería de hacer consultas con el Gobierno de Lima, pues tenía que salir nada menos que una Resolución Suprema firmada por el Gobierno Provisorio del presidente Prado.

 

No obstante las dificultades de los medios de transporte, parece que el correo funcionaba mejor que cien años más tarde, pues el 9 del mismo mes los documentos estaban siendo examinados por las autoridades de Lima.

 

La principal preocupación consistía en los viajes que tenía que hacer la lancha a Guayaquil y se temía se aprovechase eso para llevar y traer contrabando.

 

De Lima se solicitó información al interventor general de Aduanas de Piura y éste a su vez la pidió al administrador de la Aduana de Paita, que seguía siendo Leonidas Echandía tras su fallido intento de ser diputado.

 

Fue Echandía el que en forma inexplicable demoró la respuesta, pues recién la daba el 28 de mayo pero en forma favorable para Larkin.

 

Abundaba Echandía en pormenores sobre los beneficios que la explotación del petróleo iba a significar para el país y sugería que la chata antes de viajar a Guayaquil y al retornar de ese puerto pasara a revisión en Tumbes.

 

El 11 de junio, desde Lima se concedía autorización a   Larkin en todo lo que pedía pero se le advertía que el introducir mercadería extranjera era violar el artículo 18º capítulo 1º del Reglamento de Comercio, caería en comiso de la mercadería y se le cancelaría la autorización.  Era por esa época comandante militar de Máncora, el teniente José Manuel Balbuena.

 

Fue sobre los restos de esta empresa, que años más tarde don Faustino Piaggio crea otra empresa  que inició en regla la extracción del petróleo en el Perú.

 

 

Indios de Catacaos reabren canal tallán

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Como una reacción a las pretensiones de don Fernando Vegas Seminario y de don Pedro Antonio Helguero, se reunió en la plaza de armas de Catacaos una gran cantidad de comuneros para discutir la situación planteada y determinar los caminos a seguir.  Hubo como ocurría en estos casos, repique de campanas, quema de cohetes y canto del Himno Nacional.

 

Se tomó la decisión de reabrir la acequia con que los antiguos tallanes habían irrigado el valle, pero que con la destrucción del Tajamar cuyos vestigios aún no se conservaban, todo se había perdido.  Consideraban que sería criminal indolencia que teniendo aguas y tierras propias no se procurase la producción agrícola.

 

Se esperaba que el Gobierno cumpliera con la  promesa hecha en 1858 de nombrar una  comisión que  reglamentase el uso de las aguas, tal como lo disponía la ley del Congreso.  Para poder iniciar el proyecto, sólo se esperaría a que la municipalidad disponga la iniciación de los trabajos para lo cual se asignaban 10 000 pesos.

 

Se debía hacer también una redistribución equitativa de los terrenos, para lo cual se acordó nombrar un juez  divisor de tierras.  Todos debían de cooperar en la construcción de la acequia.  Los beneficiarios con la adjudicación de terrenos debían de contribuir con un peso por cada cuadra de terreno, lo que servirá para gastos de defensa y si hubiera sobrante se utilizaría en la construcción del cementerio de Catacaos.

 

De todo lo acordado se levantó un acta que se entregó el alcalde de la Agencia de Catacaos y éste a su vez la puso en poder del alcalde del Concejo Provincial de Piura don Ignacio Varillas que, finalmente la pasó a la prefectura.

 

Los 10 000  pesos asignados para la obra de irrigación era una partida que había sido conseguida por don Ignacio Varillas y don Manuel Gregorio León, cuando eran diputados a Congreso.  En 1867, Manuel León era director de la Beneficencia de Piura.

 

El periódico “El Sol” de Piura se ocupó en forma amplia de todo este suceso.

 

El 19 de agosto de 1867 el gobernador de Catacaos con más de mil indios se trasladó, para efectuar en presencia del prefecto don Ramón Díaz Farfán de los Godos, la iniciación de las obras a la altura de la antigua represa del Tacalá.

 

Demás estar decir que los señores Helguero y Vegas Seminario no desistieron de su proyecto y que los entonces  diputados por Piura, lograron que el Gobierno del coronel Balta expidiera el Decreto del 20 de octubre de 1868  para reabrir el canal.

 

Se principió también a remesar el fondo de 10 000  pesos que en el Presupuesto de la República del año 1863-1864 se había incluido como partida 779.

 

 

Rebelión contra Prado

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El 31 de agosto de 1867, prestó juramento como nuevo presidente constitucional de la República el general Mariano Ignacio Prado.  En realidad, sólo continuaba en el cargo.

 

Por ese entonces estaba de prefecto en Arequipa el general Miguel Valle  Riestra que antes lo había sido de Piura.

 

Valle Riestra pidió al Cabildo Eclesiástico que celebrase un Té Deum en la catedral en honor  de la nueva Constitución y del presidente de la República.  Los prelados respondieron que el Té  Deum lo harían por el presidente, pero no por la Constitución que consideraban impía.  El prefecto accedió pero decidió celebrar, la promulgación de la   Constitución de todas maneras con un acto cívico después del Té Deum.  Para eso mandó a levantar un tabladillo.  De ahí se improvisó en imponente manifestación, dando mueras a la Constitución, al Gobierno y vivas  a la religión y a la Constitución de 1860.  Posteriormente, el tumulto aumentó y principió el ataque a los cuarteles.  El prefecto renunció el cargo y lo reemplazó el jefe de la guarnición coronel Ginés, el 20 de setiembre.  Inició la represión pero era el alférez Mariano Corrales del batallón Ayacuchano, logró sublevar este cuerpo y en un enfrentamiento con el prefecto, éste resultó muerto.  Una comisión invitó a Pedro Diez Canseco que asumiera el comando de la revolución, que se extendió a Cuzco y a Puno.  El 18 de octubre Prado salía de Lima con tropas a develar el movimiento.

 

 

Balta se subleva en el norte

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La revolución cundió en el centro y en el norte d el país.  Bernardo Bermúdez se apoderó de Junín y Huánuco y lo propio hizo Balta con Trujillo apoyado por José Vicente Ampuero muriendo en la refriega el prefecto José Zavala.  Ante la proximidad de fuertes contingentes gobiernistas evacuó  Trujillo y se dirigió a Otuzco en donde se mantuvo 11 días sosteniendo diversos encuentros ayudado eficazmente por el coronel Silvestre Gutiérrez.   El 21 de noviembre se presentó ante Cajamarca defendida por el coronel Miguel  Iglesias, al que venció tras cinco horas de lucha.

 

Acompañaban a Balta, el teniente coronel Carlos Augusto  Salaverry  y  el escritor Ricardo Palma.   Como prefecto de Cajamarca colocó al poeta piurano.

 

El 1º de diciembre los revolucionarios dejan Cajamarca y el 6 se presentan ante Chiclayo y no obstante que sólo tenía 150  hombres tomó con facilidad la población porque contó con la adhesión del pueblo que lo conocía y apreciaba.

 

De Lima partió  contra Balta  el ministro de Guerra, Mariano Pío Cornejo, el que tras de un asedio de 26 días emprendió el 5  de enero el asalto a la ciudad, con un regimiento de caballería, 14 cañones  y 1 000 soldados de infantería.  La lucha se prolongó hasta el 7 de enero y el pueblo en masa participó en ella, por lo que hubieron numerosos muertos pues se luchó cuerpo a cuerpo en las calles.   Los atacantes se desanimaron cuando supieron que en Arequipa Prado había fracasado  en sus dos intentos de tomar la ciudad y que había retornado a Lima en los primeros días de enero en donde el pueblo lo recibió en forma hostil.

 

Después de tener 110  muertos y 250 heridos y haber perdido 9 cañones y mucho armamento, las fuerzas gobiernistas se retiraron.

 

Prado renunció el 5 de enero y dejó el mando al general La Puerta que se vio precisado a entregar el poder al general Francisco Diez Canseco, hermano del rebelde de    Arequipa, el general Pedro Diez Canseco, que recién se hizo presente en Lima el día 22 de enero de 1868.  Balta había llegado el día anterior.

 

 

Rudecindo Vásquez toma Piura

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Era Rudecindo  Vásquez un inquieto ciudadano de Sullana que había sido una vez alcalde y varias veces regidor.  Parece que militó inicialmente en las huestes de Balta, pero sea lo que fuere el hecho es que a fines de diciembre de 1867 se encontraba nuevamente en su tierra.

 

Era muy conocido en todo el Valle  del Chira y pasaba por personaje muy popular.  Su padre el cura Vargas Machuca, era persona muy importante y de mucha figuración política.  Como era lógico pensar no llevaba el apellido paterno.

 

El 1853 participó en la sublevación de Tumbes protagonizada por don Domingo Elías contra el Gobierno de Echenique que terminó en octubre de este año cuando los rebeldes se vieron precisados de refugiarse en el Consulado de los Estados Unidos en Tumbes.

 

En mayo de 1854, Juan Seminario Váscones promovió nuevamente disturbios en Tumbes y tuvo como su lugarteniente a Rudecindo Vásquez, lo cual obligó al prefecto de Piura de aquel entonces el coronel Manuel Frías a enviar fuerza armada.  La autoridad departamental tuvo noticias del mencionado levantamiento a causa de que Raymundo  Cárcamo capitaneaba el pailebot de Guerra  “Vigilante” había fondeado en Puerto Pizarro y allí se enteró que Tumbes estaba en poder de Juan Seminario.  Cárcamo tomó una chata: “Mercedes” de los sediciosos y retornó a Paita siguiendo con los prisioneros  viaje a Callao, tras de enterar al coronel Frías de lo que pasaba en Tumbes.  Esta autoridad se puso muy inquieta por cuanto también Chiclayo estaba revolucionado y se temía una incursión sobre  Piura.  De todos modos envió a un contingente de la Guardia Cívica contra los sediciosos tumbesinos, a los que encontró en Macacará en su avance sobre Piura.  Allí los rebeldes fueron derrotados y Seminario al igual que Vásquez cayeron prisioneros.

 

En 1868  volvemos a encontrar a Vásquez dirigiendo una revuelta a favor de Balta, en coordinación con rebeldes de Chiclayo.

 

En esa época el bandolerismo estaba en auge.   Había completa inseguridad en los caminos públicos y los caminos muy pocas veces eran capturados.  Los cadáveres de las víctimas quedaban mutilados en los caminos en tal forma que era difícil reconocerlos.  La Corte Suprema de Lima alarmada, solicitó al ministro de Justicia tomar providencias para frenar el bandolerismo.  Ocurría sin embargo, que muchos vecinos de los pueblos pequeños incursionaban eventualmente en esta actividad, pero nadie se atrevía a denunciarlos.  Así se tenía por ejemplo a los Sancarranco de Sullana.

 

Rudecindo Vásquez reunió en La Huaca un grupo montonero y con la ayuda del sullanero Sancarranco, logró la adhesión de Juan de Mata Martínez, un salteador de caminos, que eventualmente actuaba de montonero.  A decir de López Albújar, también logró la adhesión de Negro Peña y de otro salteador apodado “Lindo”.

 

El primer pueblo que tomó Vásquez, fue La Huaca que en esa época era una localidad importante.  Luego se dirigió a Sullana, en donde la gente se encontraba celebrando la tradicional Fiesta de Reyes.  Grande fue el pasmo de los sullaneros cuando se percataron que el jefe de la montonera era don Rudecindo.  Las indisciplinadas huestes de Juan de Mata, más conocido como Sambambé, saquearon algunas casas comerciales.

 

Envalentonados los sediciosos se dirigieron entonces a Paita que era la capital de la provincia a la cual tomaron tras una fuerte lucha.  Allí depuso al subprefecto y se proclamó prefecto del departamento y seguidor de Balta.  Numerosos paiteños se enrolaron en sus filas.

 

Con 250 hombres marcharon sobre Piura.  La ciudad tembló cuando tuvo ante  sus puertas las huestes de montoneros y bandidos.  Mientras en las afueras esperaban la rendición, el prefecto Ramón Díaz reunía una junta de notables y ante ellos hacía conocer que no tenía medios para defender la ciudad.

 

Fue Daniel Ruzo el que se encargó de transmitir a Rudecindo Vásquez que la ciudad se entregaba y que esperaba que no se cometieran abusos.  Parece que eso sucedió pues no hay noticias de desmanes.  El prefecto sencillamente se fue a su casa y en su  lugar se  puso a Juan Seminario y Váscones.

 

Daniel  Ruzo había sido director del Colegio Nacional de Ica de donde fue subrogado y sufrido persecución política por el régimen de Prado.

 

Fijó su  residencia en Piura, y allí empezó a complotar contra Prado creándole no pocos dolores de cabeza  al prefecto Díaz.

 

Entre Ruzo y el alcalde Varillas lograron que las huestes de Vásquez no cometieran tropelías.  Poco después al conocerse el triunfo de Balta en Chiclayo, se disolvieron pacíficamente.  En mayo estaba otra vez tranquilo en Sullana, el montonero Vásquez integrando a uno de los 10 electores de esa ciudad.

 

 

Sambambé

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En “Los Caballeros del Delito” del escritor López Albújar, se narran los hechos de Juan de Mata Martínez (a) Sambambé, uno de los más notables bandidos que ha tenido el departamento de Piura.

 

Era lambayecano de nacimiento pero se afincó en Piura y aquí organizó el bandolerismo convirtiéndose en el jefe de la primera banda de salteadores de caminos de este departamento.

 

Sambambé era un mulato con ínfulas de gran señor del que se aseguraba que nunca había matado a nadie, no obstante lo cual sabía hacerse obedecer.  Su zona de acción  iba desde  la frontera con el Ecuador, hasta  las estribaciones de la ciudad de Lambayeque.

 

Una de sus formas de vida, era vender “protección” a los hacendados.  De esa forma decenas le eran tributarios.  Con eso los hacendados se veían libres de sus tropelías y también de los otros bandidos que pudieran existir, porque Sambambé no lo permitía.

 

Trataba de ser cortés y cuando estaba en algún apuro de dinero, iba donde sus clientes los hacendados y les pedía prestado, dinero que de inmediato obtenía.  Claro está que era olvidadizo y nunca devolvía, pero evitaba importunar con sus “préstamos” al mismo hacendado.

 

López  Albújar contaba que parte de sus ingresos los destinaba Sambambé a los pobres y se asegura que tenía la superstición de que, el no compartir con ellos era fatalizarse.  Por eso se le tenía por generoso.

 

Juan de Mata Martínez intervino varias veces en política con su gente.  En época de Pezet, se unió a don Manuel Antonio Lama de Lambayeque y juntos tomaron la ciudad proclamándose Lama, prefecto.

 

Luego vino el episodio con Rudecindo Vásquez y después otros menores.  No se conoce como desapareció este bandolero y si es que se retiró a la vida pacífica sumergiéndose en el anonimato.

 

El ”Negro Ñoro” era un abigeo natural de Amotape que había sido vendedor de carne en los mercados.  De acuerdo a las versiones que el mismo dio en muchas oportunidades, nunca mató a nadie.

 

 

 

Grau en el "Huáscar"

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Durante el breve interinato del general Pedro Diez Canseco, se produjo el nombramiento del coronel Francisco Bolognesi como comandante general de Artillería y de Miguel Grau, como  comandante del  blindado "Huáscar" que había llegado al Callao el 2 de febrero de 1868.

 

Entre los marinos suspendidos por Prado bajo la  acusación de insubordinación en tiempos de guerra estuvo Grau.

 

Desde entonces, el "Huáscar" estuvo bajo el comando del gran marino y entre hombres y barco hubo tal identificación, que uno del otro se consideraron inseparables y juntos conquistaron fama y gloria.

 

 

Muerte del joven Antonio Távara

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            Durante los años 1866, 1867 y 1868, se hicieron intensas exploraciones de los ríos Ucayali, Pachitea y Palcazu.  De ese modo se trataba de poner en comunicación a la región de Huánuco con el Atlántico por  medio de la navegación fluvial.

 

            Se utilizaron pequeños barcos a vapor.  En 1867 se cubrieron 1 200 millas de viaje fluvial.

 

            Los sucesos más trágicos ocurrieron en 1866 cuando el vapor “Putumayo” recorría el Ucayali y el Pachitea.  La tripulación tenía por costumbre desembarcar para reconocer el terreno y levantar cartas geográficas.  En una de esas operaciones, los salvajes cashivos del río Pachitea atacaron a los marinos y dieron muerte a los alfereces de fragata Juan Antonio Távara y  Alberto West.

 

            El alférez Távara era hijo del hombre público piurano Juan Antonio Távara Andrade.

 

 

 

 

Local para la prefectura

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            Hasta 1867, ninguno de los locales en donde funcionaban los edificios públicos pertenecían al Estado.  Eran arrendados y nunca se era puntual en los pagos, lo cual mortificaba a los dueños.

 

            Era propietario del local donde funcionaba la prefectura, don Agustín Escudero que desde los tiempos en que su pariente don Ignacio Escudero Valdivieso era prefecto, en 1864, trató de vendérselo al Gobierno, pero se encontró con lo de siempre, que no había dinero en la Caja Fiscal.

 

            Para facilitar esta operación, Escudero propuso entonces al Gobierno una permuta según la cual a cambio del local ubicado en Piura recibiría otro de precio equivalente  que el Gobierno tuviera en Lima.

 

            Como es siempre normal en la administración pública, entre la propuesta, los oficios que van y que vienen, el nombramiento de peritos tasadores y otras cosas, se pasaron varios años y se llegó a 1867.  El predio medía 19 varas y 2/3 de ancho por 49 varas de fondo, que a medidas usuales daba 677,81 m2.

 

            Miguel Seminario manifiesta que tan luego se iniciaron las gestiones para la operación de compra-venta, el Gobierno dejó en forma total de pagar la merced conductiva, lo cual fue por varios años y que el valor del  inmueble fue  establecido en 18 053 soles con 6 ¼ reales.

 

            Para favorecer la transacción.  Escudero propuso en junio de 1867, hacer una rebaja sobre el valor de tasación  y establece el valor del predio en 15  220 soles.

 

            Como aún así la operación resultaba difícil de llevar adelante, Escudero propuso al Gobierno una operación un poco complicada pero que estaba siendo muy utilizada sobre todo con un país como el Perú de esa época que se encontraba enfrentando una aguda crisis económica.

 

            Conjuntamente con la operación de permuta, propuso Escudero al Gobierno una operación financiera, mediante la cual otorga al Estado un préstamo de 52 655 soles, con lo cual Escudero  se tornaba en acreedor del Estado por  un monto de 70 000 soles.

 

            La operación financiera fue  aprobada por Decreto Supremo del 17 de junio de 1867, en que se autorizó al Ministerio de Hacienda a suscribir las correspondientes escrituras.

 

            Por los 70 000 soles recibió Escudero un equivalente de 16 666 libras esterlinas al cambio de 40 peniques, provenientes del empréstito Thomson Bonard, al tipo del 70%.

 

            Hay que suponer que el éxito final de esta operación alentó a otros propietarios de fincas ocupadas por el Estado de proponer operaciones similares.

 

            Seminario Ojeda manifiesta que por ese tiempo don Gerardo Garland tenía también en Paita una finca, que ocupaba la subprefectura y la fuerza pública.  Se trataba de una propiedad extensa pues su valor se estimó nada menos que en 50 000 soles.  La operación financiera comprendía un préstamo de 250 000 soles que el propietario otorgaba  al Gobierno Peruano, lo cual fue aceptado mediante Decreto Supremo del 10 de marzo de 1865.  Parece que esto salió más rápido porque Garland se mostró muy bien predispuesto.

 

            Por los créditos concedidos, el Gobierno entregó  a Garland una letra girada a cargo de los consignatarios del guano de Alemania a 60 días vista y por la casa de Paita 7 703 libras esterlinas al cambio de 37 peniques.

 

            En Paita tenía el Estado un edificio de su propiedad que era la Aduana, que para su época era amplio, cómodo, moderno y en cierta forma la mejor contribución  al ornato del puerto.  La mayor parte del mismo era de fierro y pocos años más tarde sería quemado ese amplio local por los chilenos.  Era el único inmueble del Estado en el departamento de Piura.

 

 

Cambio de prefectos

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            El año 1868 se inició en Piura bajo la autoridad del prefecto don Ramón Díaz .Farfán de los Godos  Era éste  un personaje amable, habiéndose desempeñado en forma atinada  evitando siempre toda posibilidad de conflicto.

 

            Para su mala suerte, le tocó actuar en un año en que el Gobierno del general Prado, tras la euforia del  triunfo del Dos de Mayo, tenía que enfrentar numerosas   revoluciones, siendo la más seria  la que se produjo en Chiclayo bajo la dirección del coronel José Balta, hijo de ese departamento.

 

            En Piura, el golpe lo dio Rudecindo Vásquez, el que actuando en forma rápida con grupos montoneros capturó la capital departamental y depuso al prefecto.

 

            Trece años antes Vásquez había actuado en una revuelta en Tumbes bajo las órdenes de Juan Seminario y Váscones y no se descarta que este personaje haya sido el autor intelectual del nuevo movimiento sedicioso, por eso no llama la atención que de inmediato se posesionara de la prefectura.

 

            En febrero se convocan a elecciones para presidente como para   parlamentarios, y tanto a nivel nacional como departamental, triunfa el baltismo.  Se supone que los resortes legales, bajo el control del prefecto Juan Seminario funcionaron a la perfección.

 

            En abril se produce un cambio en la prefectura.   Sale Seminario y entra Juan Francisco  Sáenz, el cual sólo dura dos meses.  En enero de 1869 estaba esta autoridad enfrentando un juicio de  residencia ante el Tribunal de Trujillo.  Estos juicios eran cosa corriente en tiempo de la Colonia y todos los virreyes salientes se tenían que someter a él.  La Constitución de 1860 los había reemplazado por la ley de responsabilidades de funcionarios públicos.

 

            En junio del mismo año asume la prefectura de Piura don Bernardino Galindo y en agosto del mismo año llega Balta al Palacio de Pizarro.  

 

            Galindo dirige los destinos de Piura hasta octubre fecha en que asume la prefectura don Joaquín Sáenz.  Le tocó enfrentar a la fiebre amarilla que arreciaba sobre todo en Paita en donde dispuso la construcción inmediata de un Lazareto.

 

            En Morropón se produjeron graves desórdenes.  Los comuneros se sublevaron y la autoridad tuvo que intervenir en forma  muy drástica con saldo de muchos muertos y heridos.

 

 

Fracasa colonización con polinesios

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            Cuando  se dio libertad a los negros esclavos, para reemplazarlos en las faenas agrícolas  se pensó en traer de Europa y otros lugares, colonos al Perú.

 

            Para la sierra central del Perú, llegaron alemanes e irlandeses pero en número muy reducido.  Para la costa se importó una gran cantidad de chinos y también  se trajeron polinesios de diversas islas de la Oceanía.

 

            Desde 1850 llegaron los primeros contingentes, pero los isleños no se adaptaron y tuvieron  que ser devueltos a su lugar de origen.  El último grupo que partió en viaje de regreso, salió de Tumbes en julio y agosto de 1864.

 

            El prefecto de Piura recibió orden de concentrar en Tumbes todos los polinesios en espera de un barco que los reintegrase a sus islas.

 

            El gobernador de Tumbes contrató a don Julián Bodero  para que les proporcionara alimentación y se hizo una deuda de 534 pesos, que el gobierno demoró en pagar.  En 1868 su padre, el general ecuatoriano Guillermo Bodero Franco, en representación de su hijo, reinició gestiones para el pago y recién en 1870 se canceló la deuda.  Era el general Bodero un refugiado ecuatoriano que se afincó en forma definitiva en Tumbes.  Otro de sus hijos, el que fuera capitán Elías Bodero, murió heroicamente en la batalla del Alto de la Alianza en la guerra con Chile.

 

 

 

 

La fiebre amarilla en Paita

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            La fiebre amarilla es una enfermedad producida por un virus filtrable aún no conocido que se transmite al hombre mediante un zancudo llamado estegomia.

 

            Cuando apareció en el Perú, procedente de Panamá, no se conocía como  se transmitía.  La forma de combatirlo era por lo tanto una lucha a ciegas.  Era muy común en las Antillas y en la América Central.  En Cuba fue estudiada la enfermedad por la Comisión Norteamericana de Walter Reed, lo mismo  que por el médico cubano Finlay.

 

            A la gente de raza negra ataca muy rara vez.  También respeta más, pero sin que llegue a la inmunidad, a las gentes del lugar.  Cuando apareció en la costa peruana hizo sus principales víctimas entre los extranjeros –sobre todo los italianos- y los procedentes de la sierra.

 

            Se inicia con escalofrío y fuerte dolor de cabeza  de la zona frontal.  Los dolores se extienden a la espalda, la piel seca y la fiebre sube hasta 41º durante dos o cuatro días.   La cara se enrojece y los ojos se inyectan de sangre.   Los dolores se generalizan por todo el cuerpo y vienen vómitos.  Luego bruscamente la temperatura baja y parece producirse un restablecimiento del enfermo, pero generalmente se inicia un tercer período consistente en una nueva fiebre muy alta, ictericia, en forma tal que la piel aparece completamente amarilla.  Se producen hemorragias a través de la piel y de las mucosas, luego viene el vómito negro y expulsión de sangre negra por el recto, hay poca orina.  A los seis días, si el enfermo no se muere, se inicia la recuperación.

 

            La fiebre amarilla hizo su aparición en el Callao el 12 de febrero de 1868, fecha en que se detectó el primer caso.  Antes se había presentado desde los años de 1851 hasta 1854 en forma benigna.   A los 20 días ya la epidemia estaba declarada y también comprometía a Lima.  En marzo aparecía en Paita y luego se presentaron casos en toda la costa peruana hasta Islay.

 

            Al igual que el paludismo, se creían que eran las miasmas del mal aire lo que producía la enfermedad.  En realidad, en ambas dolencias el insecto portador era el zancudo y las zonas de pantanos eran las más propicias, sobre todo en los lugares en donde hay determinados cultivos.  En Lima la dolencia duró hasta junio y perecieron  4 445 personas de unos 10 600 pacientes. La ciudad tenía 100 000 habitantes.

 

            En Paita se tuvo que recurrir al expediente de siempre, que después de todo era lo más aconsejable:  aislar a los enfermos en el lazareto.  Sin embargo, los parientes se resistían a entregar a los enfermos y los ocultaban.  Las casas de los enfermos o eran fumigadas, o entregadas a las llamas.  El puerto sufrió durante los años de la república muchas epidemias.  El solo nombre del lazareto inspiraba terror.

 

 

 

Se convoca a elecciones

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            El 6 de febrero de 1868 el presidente  interino Pedro Diez Canseco, convocó a elecciones presidenciales y para  el Congreso.  La elección de los ciudadanos que debían conformar los colegios electorales debió hacerse el 1º de abril, pero hemos visto que en el departamento de Piura, recién se estaba haciendo eso en mayo.

 

            Resultaron elegidos senadores en Piura, Daniel Ruzo y Juan Camino.

 

            Como diputados, Pablo Seminario, Juan Barreto, José Ignacio Távara, Ricardo Wenceslao Espinosa y Nicanor Rodríguez.  Como suplentes Ignacio García León y Pedro Mendoza.

 

            Balta ganó por 3 168 votos de los 3 864 emitidos y el 2 de agosto asumió la Presidencia de la República.

 

           

 

 

 

 

 

Disposiciones de Diez Canseco

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            Al asumir Diez Canseco la Presidencia de la República tras la renuncia de Prado.  Procedió a anular todos los actos administrativos  del régimen depuesto.  Por otro decreto reconoció el derecho a sueldos dejados de pagar en 1866 y 1867 por razones de tipo político o subrogación de empleados y militares, de tal modo que los empleados que lo habían sido al 8 de noviembre de 1865, podían retornar a sus cargos.  Por último volvió a entrar en vigencia la Constitución de 1860.

 

            Todo esto causó conmoción en provincias.  En Piura los empleados cesados reclamaron sus puestos y sacaron a los pradistas y hasta el personal edil cesó y se reinstaló el que había.

 

 

 

 

Incendio en Sullana

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            A fines de 1868 se produjo en la localidad de Sullana, un voraz incendio que destruyó numerosas viviendas y puso en peligro a la población entera.

 

            Tanto el gobernador como los miembros del municipio dirigieron las acciones destinadas a sofocar el fuego.

 

            El 4 de noviembre el agente municipal daba cuenta al Concejo Provincial de Paita de quien dependía y a la prefectura, de la magnitud del siniestro y pedía ayuda para los damnificados.

 

            El 19 del mismo mes contestaba el alcalde de Paita don José Ugarte manifestando su pesar por lo sucedido y que se procedería a hacer la erogación  entre el vecindario para ayudar a las  víctimas.  Expresaban su gratitud a los miembros  de la Agencia Municipal de Sullana por la actividad que habían desplegado y pedían que transmitieran al señor gobernador la felicitación del cuerpo edil de Paita por los oportunos y eficaces servicios que prestó, lo que sería hecho conocer al diputado de la provincia, para que lo ponga a su vez en “conocimiento del Supremo Gobierno para alcanzar una gracia benefactora a favor de los que han quedado en mendicidad”.

 

            Pero no llegó  un solo peso.  El  comentario en Sullana estampado por quien hacía  el resumen de las sesiones del Concejo Distrital fue: “palabritas suaves y ofrecimientos”.

 

           

Catacaos y Sullana elevadas a ciudades

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            Por ley de la República las villas de Catacaos y de Sullana fueron elevadas a la categoría de ciudades durante el Gobierno del coronel José Balta.  El documento dice así:

 

            El ciudadano José Balta

            Presidente Constitucional de la República

            Por cuanto

           

            El Congreso ha dado la Ley siguiente:

            El Congreso de la República Peruana;

            Considerando:

 

            Que la importancia de las antiguas Villas de Sullana y Catacaos del Departamento de Piura han crecido notablemente por el desarrollo de su población y elementos industriales;

 

            Ha dado la Ley siguiente.

            Elévese a la categoría de Ciudad, las villas  de Sullana y Catacaos del Departamento de Piura.

            Comuníquese al Poder Ejecutivo para que disponga lo necesario para su cumplimiento.

 

            Dado en la Sala de Sesiones del Congreso, en Lima a 28 de Octubre de 1868.

 

            José Rufino Echenique. Presidente del Senado.- Juan Oviedo. Presidente de la Cámara de Diputados.- Francisco Chávez. Secretario del Senado.- Pedro Bernales. Diputado Secretario.

 

            Al Excmo. Señor Presidente de la República

            Por tanto: mando se imprima, publique y circule y se le dé el debido cumplimiento.  Dado en la Casa de Gobierno en Lima 28 de Octubre de 1868- JOSÉ BALTA- P. Gálvez.

 

 

           

Contrato Dreyffus.

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            Nicolás de Piérola fue nombrado ministro de Hacienda por Balta y su primera preocupación fue la de eliminar el enorme déficit presupuestal existente. Por entonces la única riqueza que tenía el Perú era el guano y a él se recurrió. Se pensó entonces en colocar en Europa dos millones de toneladas de guano pero no por el sistema de consignaciones por que se había desprestigiado mucho. Dada la forma como se tenía que operar, el empresario tenía que comprometer cuantiosos capitales y los consignatarios estaban seguros de que no se conseguiría quien quisiera aventura semejante y que el Gobierno terminara por recurrir nuevamente a ellos.

 

            La casa Dreyffus y Hermanos de París se interesó en la adquisición de los dos millones de toneladas de guano pagando 36,50 soles la tonelada en lugar de 31 soles que abonaban los consignatarios. Se comprometía a adelantar dos millones de soles y luego seguir pagando mensualidades de 700 000 hasta la extinción total del valor pagado. Fuera de eso ofrecía organizar el embarque del fertilizante en forma tal que iba a significar un ahorro enorme en fletes y otros gastos.

 

            Los hermanos Dreyffus se habían iniciado con negocios de telas que exportaban al Perú. Acá en Lima tenían a un hermano de nombre Augusto dedicado al negocio de joyas y a importaciones diversas.

 

            Augusto ingresó a la firma de sus hermanos como socio minoritario, pero terminó por asumir el control del negocio y convertirse en un potentado.

 

            Un grupo de capitalistas peruanos vio que en negocio era magnífico e invocando el trato preferencial que deben darse a los peruanos apeló ala Corte Suprema que se pronunció en su favor.

 

            Balta puso el caso en manos del Congreso en el que confiaba por tener mayoría. Los debates fueron ardorosos.

 

            Contra él estuvieron José María Gonzáles, José Mercedes Puga, Santiago Figueroa, Natalio Sánchez, Juan Urbina, Juan C. Luna, Manuel Basurto, Francisco Flores, Luis Estévez, Tomás Gadea. Mariano Velarde, Foción Mariátegui, Hipólito Valdez y los diputados por el departamento de Piura Nicanor Rodríguez y Ricardo Wenceslao  Espinoza. Todos pronunciaron importantes discursos.

 

            Defendieron el contrato el poeta Luis Benjamín Cisneros, Pedro Bernales, Manuel García, Guillermo Pino, Antolín Gago, Juan Pedro Fernandini y el diputado piurano José Ignacio Távara.

 

            La exposición del contrato y su primera defensa la hizo el ministro de Hacienda Nicolás e Piérola.

 

            Ricardo Wenceslao Espinoza tenía otra tribuna para atacar el contrato: el periódico “El Nacional” de Lima que dirigía el Dr. Andrés Aramburú.

 

 

Daniel Ruzo contra los consignatarios.

ARRIBA

 

            En la Asamblea Constituyente de 1867 se denunciaron las inmoralidades cometidas por los consignatarios del guano en perjuicio del país. Por ese entonces el alma de esos ataques fue el diputado por el departamento de Piura, Luis Mesones.

 

            En el Congreso de 1868. Se nombró para labores de fiscalización a una nueva Comisión Fiscal que estuvo integrada por el coronel Joaquín Torrico, Manuel Ortiz de Cevallos y Juan José Araoz. Los tres se dirigieron a Londres a averiguar las acciones de los consignatarios en ese país. Allí había actuado la Compañía Nacional de Consignación cuyo gerente había sido don Manuel Pardo el cual traspasó en 1868 sus derechos a José Francisco Canevaro.

 

            La Comisión Fiscal, planteó denuncia ante los tribunales ingleses por las acciones que suponía dolosas de los consignatarios del guano, Canevaro planteó que el asunto se ventilara en el Perú y ganó en ese sentido.

 

            Como Ortiz de Cevallos y Araoz habían renunciado a permanecer en la comisión por discrepancias con Torrico, los reemplazaron don José María de La Torre Bueno y don Daniel Ruzo, este último senador por Piura que logró la presidencia de la comisión.

 

            Ruzo principió a los consignatarios y sobre todo a Manuel Pardo desde las columnas del diario “El Comercio” de Lima bajo el seudónimo de “Doctor Traba-Cuentas”. También acudió al Ministerio de Hacienda a tomar informes y recopilar datos. De él dijo Pardo, que había armado su odio con la espada de la ley.

 

            Muchos relacionaban los ataques de Ruzo con la postulación de Manuel Pardo a la Presidencia de la República. El 1 de Diciembre de 1871 hacia Ruzo desde Londres a donde se había ido a investigar; violentos cargos contra Pardo. Por entonces ya habían dejado la comisión tanto Torrico como de La Torre Bueno.

 

Al subir Prado a la presidencia, Ruzo actuaba solo en la comisión con varios adjuntos entre los que estaba su hermano de madre Aljovín.

 

 

Actas de apoyo al contrato Dreyfus.

ARRIBA

 

            Balta promovió un apoyo al contrato con la casa Dreyfus, que propugnaba el ministro de Hacienda don Nicolás de Piérola.

 

            Para tal fin, las autoridades departamentales quedaron encargadas de levantar actas de apoyo de personas visibles. En Piura se encargo el prefecto Tafur. El alcalde de Sullana Miguel Arturo Arellano promueve el 14 de mayo de 1870 una reunión de vecinos. El acta se inicia  de la siguiente manera: “En la ciudad de la Santísima Cruz de Sullana, a los catorce días del mes de mayo de mil ochocientos setenta, reunidos espontáneamente los ciudadanos que suscriben, con el fin de considerar y decidir el modo más a propósito de hacer conocer su opinión y publicar sus sentimientos en cuanto a la situación de la república, con la conducta del actual gobierno presidido por el Excelentísimo Coronel don José Balta, a fin de que en la instalación, del próximo Congreso, se conozca el beneplácito de esta ciudad, ya por lo relativo al Contrato Dreyfus, ya por las mejoras decretadas a favor de todos y cada uno de los pueblos”.

 

            Se acordó: 1° Como el Congreso de 1868 había autorizado la negociación, ahora la debía de aprobar como contrato. 2° Que la conducta del Gobierno de Balta era patriótica. 3° Que el pueblo estaba agradecido por el proyecto del F.C. de Paita a Piura.

 

            Firmaron el acta, el alcalde Agurto Arellano, el síndico José Toribio Gutiérrez, el secretario Manuel Mena, el síndico Ezequiel Ramos, el regidor José Rosendo Benites, el regidor Juan José Farfán Torres, el párroco Juan José Arellano y los siguientes ciudadanos: Carlos Amézaga, Andrés Noblecilla, José Vinces, José Eduardo Vásquez, José Ochoa, Ezequiel Agurto Peña, Andrés Sunción, Manuel Sánz (juez de Paz).

 

            También Andrés E. Franco, Manuel Agurto, Juan Antonio Mena, Manuel Cruz, Santiago Gonzáles, José Masías, Cecilio Landires, Agapito Rojas, D. Prunzo, José Mercedes Merino, Daniel Arellano, Francisco Céspedes, José M. Simbala, Darío Carrera, Gmo. Urdániga, Mariano Arellano, Manuel Franco.

 

            De igual modo: Mariano Agurto, Justo Duarte, Buenaventura Cruz, José Miguel Mena, José T. Farfán, José A. Bereche, José M. Montero, Hilario Santos e Ignacio Ladines.

No se registra la firma de Rudecindo Vásquez.

 

En el pueblo de San Nicolás de Tumbes, el acta se suscribió el 20 de Junio en el municipio. El artículo 1° era igual al de Sullana, el artículo 2° decía que Balta había promovido el engrandecimiento, la paz y la tranquilidad. Protestaban contra sus representantes que había votado contra el contrato. Lo firmaba el gobernador político, el párroco, el capitán de puerto, el juez de paz, el Tnte administrador, el oficial de aduanas, el Tnte de resguardo y 66 vecinos.

 

            El 24 de abril se suscribe el acta del pueblo de San Francisco Javier de Querecotillo. También agradece la línea del F.C. y encargan a don Manuel Gallo lleve el acta a la prefectura. La firma autoridades y vecinos. En San Lucas de Colán, el acta se firmó el 20 de junio. En La Huaca, la reunión fue promovida el 23 de junio por el gobernador don Manuel Raygada. Piura, Paita y Catacaos, así como Huancabamba también suscribieron actas.

 

 

Problemas con los campesinos asiáticos

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            La libertad de los negros creó dos problemas en el Perú: el aumento del bandolerismo y el decaimiento de la agricultura.

 

            En Piura había numerosos esclavos laborando en las haciendas del Alto Piura y los valles del Quiroz y del Chipillico. Aparte y como ya se informó con motivo del censo de 1840, en la ciudad de Piura para el servicio doméstico, había una gran cantidad de esclavos de ambos sexos.

 

            El problema de la falta de brazos para al agricultura se solucionó, sobre todo en la costa peruana, con la contratación de campesinos chinos.

 

            También en este caso se cometieron muchos abusos, no sólo en la contratación, sino también en el transporte y larga navegación en que se les daba un trato más propio de animales que de seres humanos, lo cual motivó muchos reclamos del Gobierno de China y no pocas rebeliones.

 

            En realidad, desde 1849 empezaron a llegar colonos asiáticos al Perú y en menos grado, irlandeses y alemanes. También cuando se inició la construcción de los ferrocarriles en tiempos de Balta, llegaron muchos chinos para esas tareas. Otros vinieron como comerciantes independientes y se establecieron sobre todo en los puertos, donde montaron pequeños negocios. Paita fue unos de esos sitios preferidos por los chinos comerciantes. También llegaron italianos para la construcción del ferrocarril Paita-Piura y se establecieron en La Huaca. En Piura el auge del cultivo del algodón demandó más brazos y se necesitaron chinos para tal fin.

 

            Entre 1849 y 1854 llegaron de Cantón al Perú 7 356 chinos de los cuales la mitad arribó entre los años 1853-1854.

 

            Entre 1857 y 1872 salieron d el  puerto  de  Macao  que  tenía Portugal  en el Asia 85 000 chinos con rumbo al Perú, pero de ellos sólo llegaron al Callao 50 000 lo que significó que en la travesía se produjo una tremenda mortalidad.

 

            Al igual que con los esclavos negros, cuando aparecieron los inescrupulosos negreros, que se dedicaron a “cazar” a esos infelices en África, para enviarlos a América, así también traficantes chinos y portugueses, engancharon chinos colonos, unas veces con engaños y otros a la fuerza los embarcaron. Por provenir de Macao, se les llamaba chinos macacos. Los chinos colonos eran contratados por 8 años y se les pagaba un salario de cuatro soles al mes, al igual que los peruanos campesinos. Se debía darles una ración diaria de carne y arroz y proveerlos de ropa. Se debía de pagar el viaje de retorno. En la práctica muchos hacendados no cumplieron con esas obligaciones y además obligaban a los chinos a reengancharse.

 

            Ya en 1868 se notaba mucho el malestar entre los colonos chinos de Piura, La Libertad, Pativilca e Ica.

 

            En 1870 se produjo la rebelión de los colonos chinos de Pativilca, los cuales incitados por los chinos libres que trabajaban en Huacho y otros puertos lograron proveerse de machetes y cuchillos.

 

            En el valle de Pativilca había 1 300 chinos trabajando habiéndose sublevado 500. Tomaron varias haciendas y pueblos y mataron 16 personas. Los pobladores de Pativilca, Huacho y Barranca los enfrentaron con ayuda de 200 soldados enviados de Lima. Los chinos tuvieron 200 muertos.

 

            Antes los primeros conatos de disturbios en Ica y Piura, el Gobierno dictó disposiciones. El 7 de abril de 1870 se nombró una comisión investigadora presidida por el prefecto Tafur, para que indagase sobre el trato de los hacendados a los colonos chinos que a estos les dieran los auxilios necesarios, se respetaran los contratos y lo que ahora llamamos los derechos humanos.

 

 

Carlos Augusto Salaverry y el Romanticismo

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El Dr. Luis Alberto Sánchez en su monumental obra “La Literatura Peruana” afirma que “el apogeo de la escuela romántica en el Perú abarca treinta años”. Este período comprende desde el término de la guerra de México y la prematura muerte de Manuel Nicolás Corpancho en un naufragio, hasta la guerra con Chile.

 

            Es en realidad una época de oro para la literatura y el arte peruano y sobre todo piurano, pues en ese período destacan Carlos Augusto Salaverry en la poesía romántica y en el teatro dramático, y los pintores Ignacio Merino y Luis Montero. A este grupo selecto hay que agregar al huancabambino ciego, Pedro Elera, al cual sin embargo sí considera el Dr. Sánchez.

 

            Don Ricardo Palma, da al grupo de literatos la denominación de bohemia. La producción literaria de los bohemios románticos, estaba en pugna con la realidad.

 

            Palma considera que entre los años 1848 y 1860 se despertó en Lima una notable inquietud por la literatura y por el buen trato. A eso se le llamó la “filoxera literaria”.

 

            El Dr. Sánchez asegura que “dirigían este movimiento desde ángulos diversos el Dr. Cayetano Heredia en los estudios de Medicina, don Bartolomé Herrera, rector del Convictorio de San Carlos y jefe del grupo conservador: don Sebastián Lorente, director del Colegio Guadalupe, representativo del liberalismo hispano y el poeta Fernando Velarde, gran capitán de la bohemia limeña”.

 

            Cuando don Ricardo Palma fue secretario del presidente Balta, ocupaba una lujosa mansión en la calle de Patos en donde concurría un grupo reducido de bohemios.

 

            Otros concurrían a la casa de Carlos Augusto Salaverry, que era un sótano en la calle de Piedra. Cuenta el Dr. Sánchez que Gonzáles Prada nació en una casa del frente, y que cuando visitó al poeta “lo encontró en condiciones deplorables, sentado en bacín rodeado no de perfumes”.

 

             Cuando se trataba de actuaciones, los bohemios se reunían en el “club literario” que funcionaba en la esquina de las calles Mantas y Mercaderes.

 

            En 1866 se organizó la “Sociedad de los Amigos de las Letras” que fue fundada por Luis Benjamín Cisneros, Cesáreo Chacaltana, el piurano Félix Cipriano Coronel Zegarra, Juan Norberto Eléspuru, Natalio Irigoyen, Enrique Ramos y Ricardo Heredia. Había por lo tanto oradores, periodistas, poetas, historiadores y escritores.

 

            La “Sociedad de Amigos de las Letras” funcionó al principio en domicilio de Coronel Zegarra y después éste logró que la Universidad de San Marcos les cediera algunos ambientes. Desde allí pasó al Senado y pasado cierto tiempo se transformó en el Ateneo de Lima, que funcionó en los altos de la Biblioteca Nacional hasta mayo de 1943 en el que incendio de la Biblioteca destruyó todo el mobiliario.

 

 

Producción teatral de Salaverry

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            Durante diez años, Salaverry produjo más de veinte obras de teatro dramático, con lo cual muestra que era un literario fecundo y versátil.

 

            Sus más exitosas obras fueron “Arturo”, “Abel o el Pescador Americano”, “Atahualpa”, “Los ladrones de alto rango”, “Amor y Oro”, “Sueños del Corazón”, “El Hombre del Siglo XX”, “El Virrey y su favorita”, “El Bello Ideal”, “Gigantes y Pigmeos”, “El Pueblo y el Tirano”.

 

            Con sus obras teatrales Salaverry alcanzó notable popularidad y algunas veces al término de una representación, la muchedumbre entusiasmada lo paseaba en hombros. Se cuenta que durante la exhibición de uno de sus dramas de mayor movimiento llegó el momento en que el actor debía disparar su revólver, pero se demoró demasiado en hacerlo ante la intranquilidad de Salaverry que desde un palco contemplaba el desarrollo de la escena. Entonces, dejándose llevar de sus impulsos, sacó su revolver y disparó sobre el escenario. Más tarde dijo que si para salvar su drama no hubiera encontrado más espacio que el corazón del actor, sobre él hubiera hecho el fuego.

 

            El historiador Jorge Basadre en “Historia de la República del Perú”, dedica varias páginas a encomiar la obra dramática de Salaverry, en especial de “Atahualpa” y de “Abel o el Pescador Americano”.

 

            “Atahualpa”, fue escrito en verso en cuatro actos y fue entrenado en 1858. En el primer acto se representan hechos de la guerra civil entre Huáscar y Atahualpa. En el segundo y tercer acto, aparece ya el Inca reducido a prisión y todo se dedica a las intrigas del padre Valverde, haciendo aparecer a Pizarro como que todo lo ignora. El último acto trata de un frustrado intento de fuga de Atahualpa ayudado por Soto, y la muerte final del Inca.

 

            A lo largo de todo el drama, se aprecia el notorio esfuerzo del poeta por liberar de culpa y responsabilidad a Pizarro de la muerte del Inca.

 

            “Abel o el Pescador Americano”, es un drama en cuatro actos. Trata de una bella y noble dama que se enamora de un indio que la ha salvado de perecer ahogada, la joven está prometida en matrimonio con un sobrino del Virrey y más tarde es el mismo Virrey quien se interesa por la joven y cuando ya está próxima a casarse el indio Abel la rapta y consigue que un sacerdote amigo de ambos los case.

 

 

Obra poética de Salaverry

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            Es en la poesía romántica en donde más destaca Salaverry en forma tal que lo convierte en el principal exponente de la escuela romántica del Perú y le da un puesto destacado entre poetas románticos del mundo entero.

 

            En sus primeros años de poeta se sintió inspirado por el amor de Mercedes Felices primero y más tarde por la fuerte pasión que concibió por Ismena Pérez, pero cuyo padre se opuso que tuviera relación con el poeta y la encerró primero en un convento y más tarde la hizo viajar a Europa.

 

            Por eso escribió:

                                   Del sol del alma intenta guarecerte

                                   tras bóvedas y techos más seguros

                                   y por lecho nupcial darte la muerte

                                   de un hondo claustro en los siniestros muros.

           

            Y luego expresa:

                                   ¿Por qué huyes a la mar cuando en mis ojos

                                   queda otro mar de lágrimas y penas

                                   cuando son de flores las cadenas

                                   del ángel del amor?

 

                                   Tente, amor mío, ¡Vuelve! Ve mi llanto

                                   saltar del corazón entre sollozos

                                   y que extendiendo mis brazos amorosos

                                   en la orilla del mar!

 

            Siempre dominado por los mismos sentimientos amorosos y con acento de profundo dolor por la ausencia de la mujer que ama, exclama:

                                   ¡Oh, cuanto tiempo de silenciosa el alma

                                   mira en derredor su soledad que aumenta

                                   como un péndulo inmóvil, ya no cuenta

                                   las horas que se van!

 

                                   Ni siente los minutos cadenciosos

                                   al golpe igual del corazón que adora,

                                   aspirando la magia embriagadora

                                   de su amoroso afán!

 

                                   Ya no late, ni siente, ni aún respira

                                   petrificada el alma allá en lo interno;

                                   tu cifra en mármol con buril eterno

                                   queda grabada en mí!

 

                                   No hay queja al labio y a los ojos llanto

                                   muerto para el amor y la ventura,

                                   está en mi corazón la sepultura

                                   y el cadáver aquí!

 

                                   ¡Oh! Cuando vea en la desierta playa,

                                   con la tristeza y mi dolor a solas

                                   al vaivén incesante de las olas

                                   me acordaré de ti!

 

                                   Cuando veas que un ave solitaria

                                   cruza el espacio en moribundo vuelo

                                   buscando un nido entre el mar y el cielo

                                   ¡acuérdate de mi!

 

            Después de algunos años, Ismena Torres regresa a Lima y contrae enlace con Juan Antonio Noblecilla y Galindo, pero Salaverry la había seguido amando. Por eso escribe:

 

                                   Dios te hizo para mí, no es él tu dueño;

                                   ni es suyo el beso de tu dulce boca,

                                   es de tus labios para mi el suspiro.

 

En 1864 es nombrado secretario del prefecto de Arequipa general Mariano Ignacio Prado, y sigue  con él hasta el momento de su ascensión a la presidencia. Fue Salaverry uno de los combatientes del Dos de Mayo, y sobre esa victoria compuso una oda.

 

            Cuando Castilla a quien siempre admiró, muere en Tiviliche cuando se aprestaba a derrocar a Prado, compone en su honor una elegía. Ya antes le había dedicado varios versos, cuando dejó el mando supremo:

 

                                   Nada te importa el cortesano incienso,

                                   es más alta la cumbre que ambicionas.

 

                                   Tú aspiras a un cetro sobrehumano

                                   ¡Bajar de Presidente a ciudadano!

                                   ¡Nadie te derribó! ¡Tú no has caído!

                                   Tenías en tu espada la victoria.

 

                                   Las gradas de la ley has descendido

                                   llevado de la mano de la gloria

                                   pero al bajar cada escalón ha sido

                                   para subir al puesto de la historia.

 

            Al subir Balta al poder, lo nombra adjunto en la Legación del Perú en Francia e Inglaterra y parte para la lejana Europa en febrero de 1870. Al año siguiente contando con el apoyo de Balta publica “Albores y Destellos” y dedica a Balta un soneto: “El héroe y el bardo”.

 

            En 1872 Pardo comete la innoble acción de tomar venganza contra Salaverry que no le era adicto políticamente, suprimiendo el cargo que tenía y dejándolo en Europa en el más completo abandono. Muchas penurias tuvo que pasar en el extranjero pero no le fue posible retornar sino hasta 1878, cuando Mariano Ignacio Prado retornó al poder. Los pesares, las privaciones y los desengaños lo habían envejecido y amargado. Su estado de ánimo se refleja en su obra poética “La muerte de Grau”, la canta con dos sonetos. Sus últimos terceros son:

                                   Salvó el honor, perdiendo la victoria

                                   y pensó al ver su nave destruida:

                                   Quien no espere triunfar, muera con gloria.

 

            Y luego:

                                   De su heroísmo es víctima expiatoria

                                   lega a todos la inmortal consigna,

                                   quien no espera triunfar, muera con gloria.

 

            En 1883 Salaverry vuelve a Francia y allá se casa. En sus últimos años es atacado de parálisis y enfermo del cuerpo y del espíritu, muere en París en 1891.

 

            Su obra a sido vasta, pero existen sólo tres colecciones de sus versos: “Diamantes y Perlas” se editó en 1869 y luego en 1871 aparecieron “Albores y Destellos” y “Cartas a un Ángel.

 

 

 

Pedro Elera

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            Es un poeta romántico huancabambino injustamente olvidado. El padre Miguel Justino Ramírez se ocupa de él en Huancabamba.

 

Había nacido el 20 de junio de 1820. Al quedar huérfano en 1833, se radicó desde niño en la ciudad de Lambayeque en donde contrajo matrimonio. A los 23 años quedó ciego y abatido por la pobreza y por la enfermedad se trasladó a Lima en busca de trabajo y salud. Allí fue el diario “El Comercio” el que acogió algunas de sus composiciones poéticas. En 1857 al publicar unos versos suyos le hace una crítica favorable.

 

            El Dr. Luis Alberto Sánchez dice: “El ciego Pedro Elera quien componía adivinanzas y quejas, para allegar dinero o un buen vaso de vino”.

 

 

Ignacio Merino Muñoz, pintor romántico

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            Evaristo San Cristóbal, en el Apéndice del Diccionario Histórico Biográfico de Mendiburu, dice que Merino “asistió en Paris al completo triunfo de Delaroche, de los románticos, de la pintura histórica. El romanticismo, la restauración prodigiosa del pasado, la fascinación del Oriente pintoresco y misterioso, el culto por Shakespeare y Walter Scott dominaban las almas. Hugo (Víctor) que tan honradamente comprendió al dramaturgo inglés, fue quien lo popularizó en Francia con su célebre libro, y Hamlet el meditativo y atormentado, fue el tema predilecto de los grandes pintores de la escuela romántica”.

 

            Después de 1830, el triunfo de los románticos y de la escuela histórica francesa es completo.

 

            “Merino con su intensa y fogosa imaginación romántica, con el amor y apasionamiento de su herencia española y de su cuna tropical, recibió de lleno las influencias de la época, que dominaban en el ambiente de las escuelas e inspiraban y se imponían a sus maestros, a los críticos y al público en general”.

 

            El crítico Teófilo Castillo distinguía en 1917 -año del centenario del nacimiento de Merino- tres etapas en la vida artística del pintor.

 

            La primera se inicia cuando el general La Mar lo envía becado a Europa, en donde toma lecciones de una pintora inglesa y del afamado pintor francés Monvoisin. Este período comprende su retorno al Perú y su estadía en Lima como director de la Academia de Dibujo. Todavía no domina la perspectiva y su coloración se considera que era pobre y tímida.

 

            A esta primera etapa pertenece el óleo “Santa Rosa” que hasta hace poco la tenía la familia Osma, “La entrada del general Orbegoso a Lima”, “Las Tapadas”, es un bonito cuadro de propiedad de la familia Pardo Barreda, en el que los personajes se presentan llenos de vida y de acción. El cuadro no tiene la firma del pintor pero incuestionablemente le pertenece, el “Autorretrato” en el que emplea las técnicas de Monvoisin, su maestro, que parece fuera hecho por él, asegurándose que el lienzo tiene un asombroso parecido con su autor. Pertenece a la familia Abril de Vivero, descendientes del pintor. Luego se tiene “La Jarana” que representa una escena del criollismo limeño. De la misma época son varios lienzos de frutas y paisajes, así como acuarelas y dibujos, que a veces son difíciles de conocer si realmente pertenecen a Merino. Son producciones que llaman primerizas, algunas de las cuales son defectuosas.

 

            La segunda época corresponde al retorno de Merino a Europa en 1850 en donde pinta en el taller del famosos Paul Delaroche dejándose influenciar por el francesismo y por los temas históricos. Es a los tres años de su retorno a París cuando pinta “Colón y su hijo en la Rábida” que merece una dura crítica de Edmond About. Pero persistiendo en los temas históricos en torno a Colón, años más tarde en 19863 haría “Colón ante los sabios de Salamanca” que logró una meritoria medalla de oro en la exposición de París.

 

            A esta segunda época pertenecen cuadros como “El Fraile y el Niño”, “El último Abencerraje”, “Tipos Españoles”, “Friné ante el Areópago”, “La modelo de Ticiano”, “La Princesa de Evoli”.

 

            La tercera etapa en la vida artística de Merino se inicia en 1865 cuando cambia su taller al Boulevard Clinchy, y viaja por España, Italia y los países de Medio Oriente. En Madrid estudia a Rivera y a Velásquez y se siente influenciado por éste último. Merino evoluciona y pinta mejor. Durante ese tiempo pinta bellos lienzos como “La muerte”, “Lectura de don Quijote”, “La venta del collar”, “El mantón”, “La venta de los títulos”, “Lectura de un testamento”. Don Teófilo Castillo dice de ellos que son cuadros de “fondos oscuros y vigorosos, el pincel a la vez pinta y esculpe, las carnes desnudas y rugosas toman verdadero relieve y anatomía, los rostros hablan de sol, pasión, sangre, vida ruda y aventurera”.

 

            El cuadro “Lectura de don Quijote” pasó a ser propiedad de don Javier Prado. “La venta del collar” también fue traída a Lima. Otro cuadro primoroso es “Hamlet”.

 

            Al retornar Merino a París luego de su largo viaje, hace “La Mujer que Ríe”, “Tobías y el Ángel”, “La Venganza de Cornaro”, “La Resurrección de Lázaro” y muchos otros valiosos. El cuadro “La Venganza de Cornaro” se perdió en el incendio del Palacio de Gobierno de 1821.

 

            En poder de la familia Abril de Vivero hay dos excelentes bocetos: “Frailes mercedarios dando limosna” y “Fray Martín de Porres”. Este es otro trabajo diferente al lienzo del mismo nombre que hay en la Catedral de Piura. En casa de familias de Lima también se encuentran los dibujos: “Lancero de la Independencia”, “Una estudiantina”, “El caballero de la casa”, “El Mosquetero”, “Romeo y Julieta”, “Curas y damiselas” y muchos dibujos de lugares y paisajes. En el Club Grau de Piura se encuentra “La cena de Emaús”.

 

            Merino murió en París el 17 de marzo de 1876 a los 59 años de edad, dejando su fortuna a Piura, su ciudad natal, y sus cuadros a Lima. Eran estos, 56 lienzos y 34 acuarelas y dibujos. Merino había estado sufriendo de una afección pulmonar y meses antes de su muerte, don Augusto Dreyffus, el potentado francés del famoso contrato del guano, lo llevó a su mansión en donde recibió los cuidados de su esposa Luisa Gonzáles de Dreyffus, pero como se sintió mejor, dejó la casa hospitalaria de sus protectores, para encontrar la muerte al poco tiempo. Fue enterrado en el cementerio de Pére Lachaise en donde años más tarde se enterró a Carlos Augusto Salaverry, pero a la inversa del poeta romántico, Merino sí fue olvidado de su tierra a la que tanto amó, como demostró con su testamento.

 

            El pintor no dejó descendencia directa. Tenía una sola hermana, Amalia Merino y Muñoz que se casó en Lima en 1852 con don Pablo de Vivero y Morales, diputado en varios periodos y alcalde de Lima en 1866. De esta unión: don Domingo de Vivero, sin descendencia, que llegó a ser ministro de Relaciones Exteriores; Hernán de Vivero y por último Amalia de Vivero Merino que se casó con don Carlos Abril y Borgoño, de donde vienen los Abril de Vivero. Todos emparentados con Merino, el pintor romántico.

 

 

Luis Montero

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            El otro pintor de la escuela romántica piurana, fue Luis Montero, nacido el 10 de octubre de 1826 en la segunda cuadra de la calle Tacna, en la ciudad de Piura.

 

            Fue un aprovechado discípulo de Ignacio Merino, cuando éste dirigió la Academia de Dibujo de Lima, pero por razones de salud tuvo que retirarse a los pocos meses. Sin embargo, siempre sintió la influencia de su genial maestro en la ejecución de sus obras.

 

            Montero era de una familia de modestos recursos económicos y por eso tuvo que trasladarse a Ica y más tarde a Lima, siempre trabajando en el comercio, tal como lo había hecho en su ciudad natal desde los 12 años.

 

            Por el año de 1846, es decir cuando sólo tenía 20 años, siempre pobre y enfermo, regresa a Piura. Para fortuna de él, conoce al secretario de la prefectura quien más tarde fuera el famoso comediógrafo, don Manuel Ascencio y Segura, el cual conocedor de las dotes del joven Montero lo recomendó al prefecto don Joaquín Gonzáles, quien a su vez interpuso sus buenos oficios ante el mariscal Castilla, el que lo envió becado a la Academia de Bellas Artes de Florencia, una de las más prestigiadas de Europa, en donde estuvo tres años. El viaje de Montero a Europa fue muy accidentado, y al atravesar el bergantín “Cocodrilo”, que lo conducía el cabo de Hornos, se quemó accidentalmente el rostro con agua hirviente, salvando por poco de quedar ciego.

 

            De Europa retornó en 1850, precisamente en momentos en que Merino dejaba la Dirección de la Academia de Dibujo de Lima y regresaba a París. En 1851 el Gobierno, a pesar de su juventud lo nombró en reemplazo de Merino.

 

            Pero ya Montero se había sentido atraído por Europa, en donde una constelación de grandes pintores lograban fama y fortuna.

 

            Aprovechando de su amistad con el presidente Echenique, consigue que en 1852 lo vuelvan a enviar a Italia para perfeccionarse. Al ser derrocado, el presidente Echenique se vio repentinamente sin recursos en un país extraño, pues la pensión le fue cortada. Viajó entonces a España en donde subsistió pintando cuadros, entre ellos uno notable al hijo del virrey Pezuela. Se radicó en Cádiz y de allí tras reunir lo que pudo retornó al Perú, pero los recursos sólo le alcanzaron para llegar hasta La Habana, donde tuvo la fortuna de sacarse la lotería y verse repentinamente con dinero. Era nada menos de 4 000 pesos, suma importante para la época. Allí se casó con Juana López Coz, que lo seguiría fielmente en su errante vida hasta el final de sus días. En 1859 vuelve a Lima y dos años más tarde, con su esposa se embarca nuevamente rumbo a Florencia. Era el año 1861, cuando pensionado por el Congreso retorna una vez más a Europa, en donde dio inicio a su obra cumbre, que le dio fama y lo sitió como entre los mejores pintores de la época “Los funerales de Atahualpa”. Por ese tiempo ya se le había terminado la beca y decide una vez más retornar a la patria lejana. Fue invitado por la Real Academia de Arte de Italia para exponer su cuadro al público y así lo hizo y ante la crítica favorable, se le invitó para la Exposición Universal de París, la que no pudo atender por retornar de inmediato al Perú.

 

            Como el dinero que le llegó para el viaje no le alcanzaba, tenía que hacer exposiciones del cuadro por los lugares que pasaba, como sucedió en Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires.

Los problemas que tenía que enfrentar Montero con el cuadro que era de gigantesco tamaño eran muchos, y fue frecuente que los capitanes de los barcos no quisieran correr el riesgo de un transporte. El peor de estos problemas los tuvo a la salida de Montevideo. El cuadro tenía 5,37 metros de largo por 3,5 de ancho y había sido pintado por encargo del Gobierno Peruano, que le envió 20 000 soles.

 

            Esta vez el retorno a su patria fue más auspicioso porque ya venía aureolado por la fama. En el Congreso se pidió que se premiase al pintor, pero eso demoró.

 

            De Montero se conocen unas treinta obras, siendo las más importantes la “Magdalena”, “La virginidad perdida” y “Los funerales de Atahualpa”.

 

 

            Esta última, es una monumental obra en donde los personajes son presentados del tamaño natural. Se representan a Pizarro, Atahualpa, Valverde, 5 religiosos, 3 indios y 16 soldados. En el primer plano figura el Inca tendido y amortajado sobre una tarima.

 

            En el cuadro se reconoce belleza y ponderación en el colorido, y muy realista la actitud de los personajes, aún cuanto se le critica falta de verdad étnica en las figuras de los naturales, es decir de las indias, una de las cuáles aparece en el suelo entregada a la desesperación. Se le achaca también un exceso de teatralidad, como si se tratase de una ópera italiana, pero eso es natural porque todos sus estudios los hizo en Italia y recibió la influencia del arte y de la literatura. El cuadro es una expresión del arte romántico de Montero y según él mismo, se inspiró en un retrato de Prescott. En el cuadro delante del Inca yacente, está Pizarro, de perfil y con porte arrogante de riguroso luto. También Valverde como sumido en remordimientos.

 

            En 1868, la fiebre amarilla había asolado Lima y Callao, en momentos en que Montero se aprestaba a retornar a Europa. No podía con su espíritu viajero. Cuando estaba ya por embarcarse, la epidemia tuvo un nuevo brote en 1869 y atacó a Montero que por entonces sólo tenía 42 años. Falleció el 22 de marzo y el Congreso tardíamente le concedió una medalla de oro y un premio pecuniario que se hicieron efectivos después de su muerte. Sus “Funerales de Atahualpa” pagaron los funerales de Montero. Su viuda lo acompañó fiel hasta sus últimos momentos.

 

            En 1879, el Gobierno Peruano para honrar su memoria manda a imprimir en billetes de 500 soles, el famoso cuadro. Cuando estalló la guerra, los chilenos se llevaron el lienzo a Santiago, pero cuando la paz retornó se hicieron gestiones y el cuadro retornó al Perú, exhibiéndose en el Museo de Arte de Lima.

 

            En 1888 el pintor francés Guillermo Faguet sacó una copia del cuadro y lo llevó al museo de la ciudad de Burdeos.

 

            En Piura, sobrinos y sobrinos nietos suyos, han heredado el amor y la destreza para la pintura y el dibujo.

 En 1918 se inauguró un busto a Montero, el cual se levanta en el parque principal de Castilla, que lleva también el nombre del pintor.

 

 

 

Piura en 1860 – 1870

ARRIBA

 

            Nuevamente se encontraba al frente de la prefectura de Piura el coronel Manuel Tafur, el cual era muy apreciado por la población.

 

            Como alcalde provincial de Piura, el súbdito alemán Fernando Reusche. Entre las dos autoridades dieron comienzo al mejoramiento urbano de la ciudad, sobre todo de la plaza de armas.

 

            Huancabamba tenía su primer juez en la persona de Félix Manzanares, de sólo 23 años. Con el tiempo tendría participación destacada en la política departamental, siendo diputado y montonero.

 

            El subprefecto de Paita, Sánchez Logomarsino, oficia el Concejo Distrital de Sullana que el Gobierno ha destinado 6 000 para terminar la iglesia.

 

            Desde que Balta inició su Gobierno, se preocupó mucho por llevar adelante no sólo la construcción de ferrocarriles, sino también de numerosas obras públicas.

 

            Con tal fin, consideró en el Presupuesto de la República sumas diversas y efectuó remesas de dinero a los departamentos.

 

            En 1870 el presidente Balta, se dirigía a los prefectos solicitándoles informes de los avances de las obras y rendición de cuentas. Piura fue uno de los departamentos que se benefició en forma apreciable con la ejecución de obras públicas.

 

            En 1870 se votaron 36 300 soles para obras en Piura, entre abril y agosto. En 1869 y los primeros meses del año 1870 llegaron otras apreciables sumas de dinero.

 

            El prefecto Tafur hacía conocer que del dinero llegado en abril de 1870 se había tomado 520 soles para refaccionar la iglesia de San Francisco de Piura, por la de Amotape 530 soles, para la de La Huaca 210 y para la de Catacaos 3 000.

 

            Para evitar la destrucción de la iglesia de Sechura, por acción de las arenas y para su refacción total, se puso a disposición de la Junta Departamental de Obras Públicas 5 000 soles.

 

            El establecimiento del alumbrado público que la municipalidad proyectaba para Piura desde años anteriores, se dispuso que no se hiciera con fondos del Gobierno, sino costearse con las erogaciones de los vecinos. A manera de consuelo se adquirió la manguera de 50 metros de largo, para la bomba que extraía agua del pozo existente en la plaza de armas. Costó 208 soles y se adquirió en la casa Kemis y Melson.

 

            El subprefecto de Ayabaca, Ricardo La Hoz, hace conocer que la refacción de la Iglesia Matriz iba bastante avanzada pero que sólo se podía trabajar en la estación en que no había lluvias. Aparte, esa ciudad recibió 1 000 soles para la cárcel y 1 500 para el colegio de niñas. De esto informó el alcalde Juan J. Zevallos.

 

            El subprefecto de Piura don José Lañas, envió comunicaciones urgentes a los alcaldes provinciales y distritales así como a los demás subprefectos del departamento para que informasen  la brevedad.

 

            En junio de 1870 el alcalde de Paita Alejandro Blacker hacía conocer que los 1 600 soles recibidos para construir el cementerio, aún no se habían gastado.

 

            El alcalde de Piura don Fernando Reusche dio un informe pormenorizado sobre las obras que se estaban ejecutando en el Colegio San Miguel, las iglesias del Carmen, San Francisco y el Hospital Belén. Todo en un avance del 50%.

 

            El alcalde de Amotape manifestaba que de los 530 soles destinados a la refacción de la iglesia había recibido 333 soles, y que por diversos inconvenientes no se habían gastado, pero que la obra la iniciarían en junio de 1870.

 

            El alcalde de Sullana, José Barreto expresa que se han recibido 333 soles para iniciar la “obra” sin mencionar cual es, pero que no se han gastado porque la prefectura aún no aprueba el Presupuesto de la Obra.

 

            El subprefecto de Huancabamba Francisco Adrianzén, informaba que se habían construido paredes del templo que amenazaban derrumbarse, que se avanzaba en la construcción de la Cárcel Pública y de dos escuelas, una para niños y otra para mujeres.

 

            También hay informes sobre la reparación de la iglesia de Tumbes con una inversión de 2 000 soles y del panteón de Castilla con 500 soles.

 

 

Construcción del puente sobre el río Piura

ARRIBA

 

            El 21 de junio de 1870 el Gobierno de Balta dispuso la construcción del puente sobre el río Piura, declarándolo de utilidad y necesidad pública, obra que viene solicitándose desde años anteriores. La primera dificultad la creó el vecino Manuel Seminario Santillán cuya vivienda tenía que derribarse, pero no se había previsto la expropiación y el pago justipreciado. El problema se arregló.

 

            El 26 de julio de 1870 un grupo de hacendados se dirigía al presidente Balta agradeciendo “las importantes obras de colocación del puente y de la represa de esta ciudad” y le pedían que en cumplimiento del Decreto Legislativo del 11 de octubre de 1868, se construyese la represa de Huápalas.

 

            Hasta 1873 aun el puente no se había terminado y por Decreto Supremo del 7 de mayo, se ordenó su conclusión. Se necesitaban construir en ambos extremos del puente los accesos, lo que era impedido por las murallas y defensas del río. Los contratistas Fernando Vegas Seminario y Benjamín Franco, fueron encomendados para esa tarea de acuerdo a los plazos del ingeniero Mieczinikouski.

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