Capítulo VII - La Consolidación de la República

CAPITULO VII

 

LA VISITA DEL SABIO RAIMONDI

 

 

 

 

Ø      Raimondi en Piura

Ø      Raimondi recorre el curso del río Piura

Ø      Las localidades de Piura y Catacaos

Ø      Raimondi en Paita

Ø      Tangarará

Ø      Los afluentes del Chira

Ø      Ayabaca y Huancabamba

Ø      Construyen represa en Piura

Ø      Los ferrocarriles de Balta

Ø      Sacan al mercado de la plaza de armas de Piura

Ø      Las tierras de Tambogrande

Ø      La represión del bandolerismo.

 

 

 

 

Raimondi en Piura

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            El sabio italiano Antonio Raimondi que ya en 1858 había estado en Piura comisionado por el Gobierno Peruano para inspeccionar unos yacimientos minerales en Paita y Tumbes; retornó nuevamente, pero en esta oportunidad, ya en forma particular como parte de su largo periplo científico por las tierras del Perú.

 

            En Agosto de 1869 se encontraba por el departamento de Lambayeque, tras de recorrer La Libertad. Su ingreso al departamento de Piura lo hizo por la vía tradicional de Olmos.

 

            Dos meses y medio estuvo entre nosotros, pues en diciembre, tras de visitar Huancabamba, ingresaba en el departamento de Cajamarca para proseguir su peregrinaje.

 

            El primer punto a donde llegó fue la hacienda Congoña, de la que dice: “Esta última hacienda, es de ganado vacuno y sembríos de trigo, cebada y maíz; pertenece al Distrito de Huarmaca, del Departamento de Piura. Entre Porculla y Congoña, se marcha muchas veces por la cresta de la cordillera o la línea divisoria de las aguas que bajan a la costa, de las que van al Amazonas, pero la cordillera es tan baja en esta parte del Perú, que el viajero no percibe hallarse en la misma cumbre”.

 

 

 

Origen y curso del río Piura

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            De la hacienda Congoña, pasé a la población de Huarmaca -dice don Antonio Raimondi- que dista solamente de cuatro leguas. Huarmaca se halla en el origen del río Piura y en la misma cúspide de la cordillera, pero lo que hay de notable es que hallándose la Iglesia en la parte más elevada del pueblo, el filo del techo divide a las aguas que van a dos mares. Así, cuando cae un aguacero en Huarmaca, el agua que baja por un lado de la iglesia va al Pacífico y la que baja por el otro lado se dirige al Atlántico.

 

            Aunque el pueblo de Huarmaca se halla fundado sobre la cordillera, goza sin embargo de un clima templado, hallándose este lugar a menos elevación que la ciudad de Arequipa y por consiguiente se produce perfectamente en las cercanías del pueblo, trigo, maíz, cebada, papa y alfalfa.

 

            De Huarmaca salí bajando dirigiéndome hacia el lugar llamado Hualcas, donde se observan muchas casitas diseminadas entre vegetación, con sus pequeñas chacras de maíz. Arroz, yucas y camotes. Su clima es malsano, reinando casi continuamente fiebres malignas.

 

 

            A medida que se adelanta la temperatura va subiendo, y aparecen árboles que no se notan más al sur. Los monstruosos árboles de ceiba, con sus troncos y sus ramas hinchadas cubiertas de una materia cerosa y de color verde y completamente desprovistos de hojas, dan al paisaje un aspecto particular que se asemeja algo al que presentan los bosques de Europa en tiempos de invierno.

 

            En el departamento de Piura, en la estación seca sucede con muchos árboles lo que en invierno en Europa: la vegetación se suspende y pierden sus hojas, quedando con las ramas enteramente desnudas, pero la causa es muy distinta puesto que en Europa se produce este fenómeno por baja temperatura y aquí por el contrario por la temperatura muy alta, acompañada de la falta de agua.

 

            Seguí mi marcha por el camino que conduce a Piura pasando de Hualcas a Salitral y Morropón que forman dos distritos del cercado de Piura.

 

            Estos dos lugares tienen su capilla y las casas en general no son sino ranchos de caña.

 

            En Morropón se cultiva maíz en abundancia, caña, arroz, yucas, camotes, calabazas y un poco de alfalfa, siendo uno de los pocos lugares de la provincia en donde no escasea el agua.

 

            De Morropón, pasé a la hacienda Pabur, situada en la orilla izquierda del río Piura, cuyo principal cultivo es el algodón. Pabur es una de las mejores haciendas que se encuentran en este camino, habiéndose construido recientemente para el riego de terrenos, una acequia de dos leguas de largo.

 

            Al salir de la hacienda Pabur, volví a pasar el río y continué por la banda derecha hacia el caserío Anitas, viendo de paso las haciendas Campanas y Chapicas, cuyas casas se hallan divididas tan sólo por el camino. En seguida continué la marcha hacia el pueblo de Tambogrande que dista seis leguas y que es la capital de uno de lo de los más grandes distritos, pues sus terrenos se extienden hasta el río llamado Quiroz.

 

            En Tambogrande hay dos caminos que conducen a la ciudad de Piura que es la capital del departamento. Uno es más corto y pasa por el despoblado, otro llamado de  rodeo no se aleja mucho del río y de consiguiente pasa por lugares habitados. Como mi objeto era conocer el curso del río y los lugares habitados situados en sus orillas tomé éste último y pasé de Tambogrande al lugar llamado Punta Arenas, viendo en el camino los lugares de Pedregal, el Serén y el bebedero de la Peñita.

 

            En esta parte del departamento de Piura, el río que pasa por la capital se seca durante varios meses del año, pero en muchos puntos deja unos charcos o pozos de agua a los que se da el nombre de bebederos. Tales por ejemplo el bebedero de Pedregal y el de la Peñita, porque sirve para dar de beber a las bestias del lugar y a las de los arrieros que trafican por estos caminos.

 

            De Punta Arenas continué marchando seis leguas sobre terreno en gran parte cubierto de arena, y a pocas cuadras del río a inmediaciones de Piura pasando el cauce del río para entrar a la ciudad.

 

Ciudad de Piura

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            Llegué por fin después de mucho andar a una población algo grande pues desde mi salida de Lambayeque y las poblaciones inmediatas, no había visto sino reducidos pueblos y rancherías donde se encuentran con dificultad recursos necesarios.

 

            Permanecí nueve días en esta capital, tanto para descansar un poco de las fatigas del viaje, como para ver lo que había de notable y poner en orden mis notas y los objetos recogidos en la marcha.

            Durante las horas de sol, las calles de Piura son verdaderos hornos de reverbero y se hacen casi intransitables. La proximidad al Ecuador, la falta de agua en el terreno y la atmósfera, las calles no muy anchas y todas las paredes de las casas blanqueadas que reflejan los rayos de un sol tropical, elevan la temperatura y producen una atmósfera abrasadora y casi irrespirable.

 

            Pero si es verdad que todas estas paredes blancas elevan la temperatura de la atmósfera de las calles, porque reflejan todos los rayos luminosos y caloríficos, mantienen comparativamente el interior de las casas bastante fresco, a lo que contribuyen también el espesor de las paredes que en general son algo dobles.

 

            El río Piura, como se ha dicho, no se seca durante cuatro o cinco meses al año y pese a eso a los habitantes de la ciudad, se proveen de un pozo situado cerca del Tajamar. Es realmente de sentirse que en una ciudad en donde se experimenta más que en ninguna otra parte el deseo de bañarse, escasee tanto el agua, que se hace difícil satisfacer esta necesidad.

 

            Piura, con agua en abundancia progresaría muchísimo y cambiaría como por encanto, pero desgraciadamente parece condenada al suplicio de Tántalo, puesto que se muere de sequedad pasando a pocas leguas al norte de la ciudad el caudaloso río Chira, que derrama inútilmente su exceso de agua en el mar.

 

            Desde muchos años a esta tarde, se han hecho varios proyectos para dar agua a la ciudad de Piura, y aún actualmente están haciendo estudios con este fin. Es de desearse que algún día se vea realizada tan importante obra.

 

 

 

Pueblo de Catacaos

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            A fines del mes de setiembre, el día 27 salí de Piura (1869), con dirección al pueblo de Catacaos que dista solamente dos leguas, vimos a la salida de la ciudad de Piura al caserío de Tacalá, llamado también Castilla el que se halla separado de Piura solamente por el río.

 

            Catacaos es un pueblo muy antiguo, existiendo desde antes de la fundación de Piura. En otra época era habitado puramente por indígenas, pero en la actualidad hay establecidos en la población varios vecinos.

            Los habitantes de Catacaos son agricultores, pero tiene además una industria que va prosperando cada día más. Ésta consiste en la fabricación de sombreros de paja, llamados de Guayaquil.

 

            Debido a esta industria, se puede decir que todos los domingos se nota una gran concurrencia de gente, verificándose una especie de feria a la que acuden de todas partes los indios para vender los sombreros que han fabricado en la semana y los comerciantes de la capital que traen géneros y la paja ya preparada que viene de Guayaquil. En estos días no se puede dar un paso en la población, sin ver pequeñas mesas con grandes mazos de paja y los indios con sombreros en las manos buscando quienes los compren.

 

            Es casi imposible saber la cantidad de sombreros que se fabrican anualmente en todo el distrito de Catacaos, pero si debemos juzgar tan solo por los exportados por el puerto de Paita, según la Aduana, el valor de dichos sombreros pasa en un solo año de los quinientos mil pesos.

 

 

 

Puerto de Paita

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            Demoré dos días en este laborioso pueblo y después siguió mi marcha hacia el puerto de Paita que dista cerca de doce leguas. El camino, si se exceptúa el tambo de Congorá, es enteramente despoblado y llano. La vegetación en algunos trechos desaparece completamente, pero luego aparecen algunas escasas matas de vichayo (caparis) que es arbusto del desierto, pues vive en lugares enteramente privados de agua, al menos en la superficie.

 

            El tambo de Congorá se halla situado como en la mitad del camino y sirve para los que trafican entre Paita y Piura, hallándose en este lugar algunos recursos para los pasajeros y algarroba para las bestias.

 

            Ojalá que en todos los lugares despoblados del Perú, se hallasen hospicios de esta naturaleza, pero desgraciadamente estos establecimientos, no pueden sostenerse por el poco tránsito, y aún en el Congorá, apenas puede cubrir sus gastos, puesto que si es verdad que no faltan transeúntes diariamente, estos son casi todos arrieros, que no gastan nada en el tambo. Sólo en algunos días festivos tocan allí algunos pasajeros, los que con dificultad pueden pagar los gastos que tiene el Tambo para traer agua desde el río Chira y las demás provisiones de Piura.

 

            Para evitar el gasto de extraer agua, se ha excavado un pozo, y en efecto se encontró agua a la profundidad de veinticinco varas, pero tan salobre, que era completamente inservible. Se profundizó el pozo para ver de encontrar otra capa de agua mejor, entablando todo el interior para aislar el agua salobre, pero aún a la profundidad de sesenticinco varas no se halló agua potable, pues el agua del pozo es tan cargada de sales, que no puede servir ni para los animales.

 

            Después de tres horas de descanso en tambo de Congorá, continué la marcha hacia Paita. Ya en las cercanías de este puerto, termina de golpe la meseta llana, sobre la que se marcha, que se conoce con el nombre de tablazo y se presenta a los pies, sobre le nivel del mar, la población de Paita, a la cual se baja por un camino sinuoso.

 

            Entré a Paita, puerto notable por su hermosura y segura bahía abrigada por el lado sur de donde soplan los vientos más constantes. Pero si Piura escasea de agua, Paita carece totalmente de este indispensable elemento y faltando el agua, falta también la vegetación que da vida al paisaje.

 

            La población tiene sus calles longitudinales de regular anchura, pero las transversales son tan angostas que perecen corredores o pasadizos y no calles.

 

           

La Aduana es el edificio más notable, pues es toda de fierro. Tiene dos pisos y un mirador que domina toda la población. Esta aduana y el almacén han sido construidos en Europa.

 El agua que sirve para consumo de la población se trae desde el río Chira y  se vende en Paita a dos reales la carga formada de dos barriles que contendrán una y media arroba de agua cada uno.

 

            Ya muchas veces se ha pensado en dar agua al puerto de Paita, trayéndola desde el río Chira, pero solamente desde ahora se ha venido a realizar el proyecto, hallándose esta obra en actual construcción.

 

            Es fácil de imaginar cuánto ganará el puerto de Paita con tener agua constante pues con ella podrá tener también cultivos y por consiguiente forraje para las bestias, el que se trae actualmente del río Chira que dista de seis a siete leguas.

 

 

 

El río Chira

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            Hechas las observaciones necesarias en el puerto de Paita, emprendí mi marcha hacia el pueblo de Amotape, viendo de paso la población de Colón (por Colán) la que es enteramente de indígenas que se dedican a la pesca.

 

En cuanto al agua potable, Colón (Colán), es más favorecido que Paita puesto que además de hallarse más cerca al río la Chira, en los años que éste último tiene bastante agua, sale un brazo que pasa inmediato al pueblo y entonces aún la población de Paita se provee de esta agua que se halla mucho más cerca.

 

Continuando la marcha de Colón (Colán) a Amotape, después de dos leguas llegué al pueblo del Arenal, cuyo nombre basta para indicar que la arena no escasea en este lugar. ¡Qué aspecto tan triste el de este pueblo! Miserables casuchas se levantan en medio de un desierto donde no se ve sino árida arena, sin una sola hierba que rompa la monotonía y de la menos una señal de vida, ofrecen el cuadro más desolador. Pero basta dirigir la mirada a la parte baja del río la Chira para ver la escena más opuesta y gozar de una vista encantadora. Por este lado las aguas del manso río se deslizan suavemente entre verdes chacritas de distintos sembríos unos tupidos platanales que cubren la orilla y más lejos se levantan unas esbeltas y elegantes palmeras, sirviendo como adorno al paisaje. ¡Qué contraste entre el estéril arenal y esta escena llena de vida!

Siguiendo el camino hacia Amotape, se pasa el río de la Chira, al pie del pueblecito del Arenal. El río la Chira tiene agua durante todo el año y raras veces es vadeable. En la misma época en que el río Piura está completamente seco, el río la Chira es preciso pasarlo en canoa. Esta cantidad que lleva el río la Chira, nace a mucha distancia de la parte central de la República del Ecuador y de las tres ramas que afluyen a este río y cuyo origen se halla en territorio peruano, una de ellas el río Quiroz tiene un curso bastante largo, naciendo de la cordillera que pasa ante Huarmaca y Huancabamba.

 

Una legua más allá del paso del río la Chira se halla la población de Amotape, la que es bastante antigua y tiene varios vecinos respetables. La población está fundada sobre el terreno elevado de la banda derecha del río, notándose aquí el mismo contraste que en el Arenal, entre la aridez del terreno donde se halla establecido el pueblo y la fecundidad de los situados en la hoya del río donde se obtienen en abundancia y casi sin trabajo todos los productos de las regiones tropicales. Asombra el ver maíz, yucas, camotes, frijoles, caña, algodón, mangos, mameyes, parras, anarcadios, cocos, etc. en un pequeño trecho de estos fértiles terrenos.

 

El nombre de Amotape es conocido por la brea que se saca a poca distancia. Esta materia se encuentra en unos cerros a siete leguas de la población. El beneficio se hace cocinando dicha sustancia en agua para separar el asfalto de las impurezas y de los aceites volátiles que se desprenden en vapores.

 

            Esta materia se vende por cajones que tiene el peso de siete arrobas y se puede decir que casi todo se consume en Pisco e Ica para la fabricación de las botijas que sirven para transportar el aguardiente.

 

            En la época por la que yo pasé por esos lugares, se estaba excavando un pozo para buscar el petróleo, el que sale de la superficie del terreno bajo la forma de un copé, dándose este nombre al petróleo que contiene asfalto. (1869)

 

            El río La Chira corre por terrenos muy bajos, que no permiten sacar el agua por medio de acequias y regar los hermosos terrenos situados a pocas varas de elevación. Para esto se han establecido cerca de Amotape algunas máquinas a vapor con el objeto de elevar por medio de bombas, el agua del río y conducir las acequias sobre el terreno cultivable.

 

            La primera máquina empezando por la desembocadura del río es la del señor Woodhouse, establecida en la hacienda Paredones, en la que se cultiva la cochinilla.

 

            A pocas cuadras de Amotape se halla la segunda máquina plantada por el señor Sterling, con la que se eleva el agua hasta un depósito y por medio de otra bomba se le hace subir desde este último hasta los terrenos.  Enfrente de ésta, en la otra banda, el señor Blaker (el sabio Raimondi se refiere al Cónsul inglés en Paita) tiene otra bomba de vapor en la hacienda la Rinconada, para el riego de algunos terrenos sembrados de algodón.

 

            De Amotape, no seguí más al norte hacia Tumbes por que ya había visitado esta región el 1858. Seguí pues mi itinerario por la orilla del río La Chira, con el objeto de reconocer su curso y el de sus afluentes que bañan el territorio peruano.

 

Hacienda de Tangarará

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            Pasé de Amotape a Monte Abierto (sigue narrando Raimondi), lugar que forma parte de la Hacienda de Tangarará y sin duda el puesto más importante de toda aquella ribera, por la poderosa maquinaria que se estableció con el mismo objeto que los anteriores, pero en mucha mayor escala.

 

            La maquinaria de Monte Abierto es de vapor de la fuerza de 150 caballos. Tres largos calderos calentados por leña de algarrobo que allí es muy abundante, producen el vapor necesario para poner en movimiento dos grandes bombas circulares, una de las cuales da 13,629 litros (3,000 galones) de agua por minuto y al otra de 22,715 litros (5,000 galones) en el mismo espacio de tiempo. El agua levantada por estas gigantescas bombas se reparte sobre el terreno por medio de tres acequias principales. Dos de estas acequias tiene agua a 8.3 metros (27 pies ingleses) sobre el nivel más bajo del río, y la otra a 6.76 metros (22 pies ingleses).

 

            El agua así elevada riega 450 cuadras de 91 metros y casi medio, de lado (100 yardas).

 

            Desgraciadamente, el año pasado el río La Chira, por una fuerte creciente varió de curso dejando en seco la parte donde funcionan las dos bombas, las cuales han quedado a algunas cuadras de distancia del nuevo cauce. Este incidente paralizó la marcha de  las bombas y causó crecidos gastos a los empresarios, el ponerlas nuevamente en ejercicio.

 

            Estando en Monte Abierto, di un paso para conocer el pueblo de La Huaca, situado en la orilla izquierda del río. Pocos lugares gozan de una vida más pintoresca que este pueblo formado por casas sencillamente construidas, pero de agradable aspecto por el aseo y blancura de sus paredes, las que hacen el más bello contraste con la lozana vegetación que la rodea y las tranquilas aguas del río que pasa por delante.

            De regreso vi la hacienda Viviate donde se cultiva algodón en terrenos muy bajos, que el río inunda de cuando en cuando y muy cerca de Viviate se observa, sobre un morrito, la casa hacienda de La Chira, la que debe ser de las más antiguas, puesto que le ha dado el nombre al río. (En esto Raimondi se equivoca puesto que es a la inversa)

 

            De Monte Abierto seguí adelante dirigiéndome a la casa hacienda de Tangarará que dista de tres leguas. Esta hacienda es la más grande entre todas las del Valle de La Chira; comprende, como he dicho, en sus terrenos, a Monte Abierto y linda por un lado con Amotape y por otro con el pueblo de Querecotillo y por el norte con la hacienda Máncora.

 

            La casa hacienda de Tangarará es cómoda y espaciosa, se halla sobre un terreno poco elevado, a una cuadra de distancia del río, pero cuando éste último está de creciente, el agua se acerca hasta pocos pasos de distancia. (Por lo visto la casa hacienda a la que se refiere el sabio Raimondi está ubicada en las proximidades del río, frente a Sojo).

 

            En los terrenos de la hacienda, se siembra algodón e higuerilla, de cuyas semillas se extrae  el aceite que sirve a la gente para alumbrarse.

 

            Salí de Tangarará con dirección a la hacienda de la Huangalá, situada a seis leguas de distancia. El camino es bastante molesto porque se marcha gran parte por árido arenal, bajo la acción de un sol abrasador.

 

            Al salir de la casa hacienda se atraviesa luego el río por medio de canoa y las bestias se hacen pasar por nado. En seguida de marcha por la banda izquierda y dejando a un lado la pequeña hacienda de El Prado, se pasa por la ranchería de Jívito (Jíbito), para llegar a otra más grande llamada La Capilla.

 

            Esta ranchería se halla en medio de un arenal y casi todas las casas están medio encerradas en la arena, la que tiende por todas partes a invadirla y sepultarla con sus habitantes. En vano éstos la botan y le ponen pequeños obstáculos plantando pequeñas palizadas, pero el viento y la movilidad invasora de la arena, vence la barrera y amontonándose contra las paredes de las débiles chozas, las aplasta con su peso y las derriba al suelo.

 

            No pasaré aquí en silencio, la costumbre casi general en todo el departamento de Piura, de poner delante de las casas que se quieren abrigar de la invasión de la arena una cantidad de pequeños trozos de carbón.

 

            Aunque esta costumbre parece ridícula porque choca al buen sentido, que algunos pedazos de carbón puedan contener a la arena soplada por el viento, sin embargo esta costumbre, encierra un hecho verdadero y del que falta buscar la causa, habiendo visto personalmente en muchos lugares, casas rodeadas por médanos de arena sin que ésta última haya llegado a tocar las paredes de la casa hallándose separada por una pequeña cantidad de trozos de carbón.

            No se crea que en todas partes se puede detener por dicho medio la acción invasora de la arena, pues el fenómeno se verifica solamente en condiciones especiales.

 

            Los límites de esta parte preliminar no me permiten entrar aquí en muchos detalles, me reservo pues tratar más en extenso esta importante cuestión en el curso de la obra, limitándome por ahora a decir que en la ranchería de La Capilla de que tratamos, cualquiera podía ver un ejemplo de la costumbre de poner carbón alrededor de las casas que quieren defender de la invasión de la arena y podrán ver también varias casas rodeadas por tres lados de un médano de arena, el que se halla separado de las paredes por una especie de callejón, de un medio metro de ancho, cuyo piso se halla enteramente cubierto de pedacitos de carbón y asombra realmente ver la pertinaz arena, detener su curso destructor delante de unos trocitos de carbón cual fogoso corcel que cesa instantáneamente su impetuosa carrera, bajo la acción de unos delgados cordeles que le sirven de rienda.

 

            Siguiendo adelante, una legua larga, alcancé a la población de Sullana, fundada como la anterior ranchería en un arenal, pero la arena es aquí menos abundante que en La Capilla. Sullana es un pueblo de regular extensión. Sus casas son de muy variado aspecto, notándose todas las gradaciones, desde la miserable choza del indio enteramente construida de caña, hasta las paredes sólidas, blanqueadas, con buenas puertas y ventanas de reja a la calle y con bastante comodidad interior.

 

            La población de Sullana como casi todas las de esta región, parece servir de anillo entre el desierto y la lujuriosa vegetación de las regiones tropicales, entre la absoluta falta de agua y la abundancia, entre la vida y la muerte, puesto que si se mira por un lado no se ve sino árido y monótono arenal y por el otro se presenta la hermosa vista del río de La Chira que pasa a una cuadra más abajo con sus orillas cubiertas de bella y variada vegetación.

 

            En este punto los ríos de La Chira y Piura, por su sinuoso curso se acercan muchísimo, de manera que la población de Sullana dista siete leguas de este último río y se halla a ocho leguas de distancia de la ciudad de Piura. Así, la población de Sullana tiene una posición muy ventajosa, hallándose a tan poca de la capital del departamento y el camino que conduce de una población a otra, aunque es a través del desierto, tiene la ventaja de ser casi enteramente llano.

 

            Dos horas después de mi salida de la población de Sullana, me hallaba descansando en la hermosa hacienda de Huangalá.

 

            Los propietarios de la hacienda de Huangalá han seguido la huella de Monte Abierto, habiendo implantado como en esta última hacienda, una máquina a vapor pero de menos poder, que pone en movimiento dos grandes circulares, las que levantan del río La Chira una fuerte cantidad de agua con la que alimentan una acequia, que sirve para el riego de una gran extensión de terreno.

 

            La máquina de la hacienda Huangalá es de 80 caballos de fuerza y levanta 27,258 litros de agua (6,000 galones) a 12.6 metros (41 pies ingleses) sobre el nivel más bajo del río.

 

            Desde el corredor de la hermosa casa de la hacienda se domina toda la hoyada del río, viéndose la gran pampa con sus cultivos y la activa maquinaria en continuo movimiento para elevar el indispensable elemento que lleva la vida y la riqueza a todos los terrenos por donde pasa.

 

            Tanto el establecimiento de Monte Abierto, como el de Huangalá, hacen honor a sus dueños y dan a conocer que también en el Perú hay hombres amantes del progreso y capaces de acometer las más atrevidas empresas.

 

            Ojalá que otros imiten tan bello ejemplo y que en poco tiempo, toda la exuberante cantidad de agua del río La Chira que se derrama inútilmente en el mar, sirva para vivificar aquellos fértiles terrenos y hacerles producir abundantes cosechas, que a más de remunerar a los empresarios de los capitales que han invertido, sirvan de estímulo a otros para que fomenten el desarrollo de la agricultura del país.

 

 

 

Afluentes del Chira

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            De la hacienda Huangalá seguí todavía el río La Chira hasta la hacienda Somate que dista tres leguas y desde este punto me separé, para seguir el curso de un afluente, que se conoce con el nombre de río Suipirá (hoy se llama Chipillico) que es de una hacienda situada en su orilla. (Era criterio del sabio Raimondi que los ríos tomaban los nombres de las haciendas por donde pasaban. Si bien es cierto que eso sucedía durante la época Tallán, posteriormente no fue así por la sencilla razón de que los pueblos eran jóvenes y tomaban el nombre del río).

 

            El río Suipirá nace en los altos de la hacienda Pillo, en tiempos de agua carga mucho, pero en la estación seca tiene muy poca, la que se consume en los cultivos situados en ambas bandas.

 


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