"El tenor de Oro"
 
Franco Corelli "Principe de los Tenores" 2ºparte
Anecdotas del "Principe de los Tenores"
Franco Corelli
"El tenor de Oro"
Dario Corelli: es mi nombre real
Entrevista a Franco Corelli
franco corelli
CORELLI, el Ultimo Tenor Heroico
"Celebrando a Corelli" Marzo 12, 2004, en el Alice Tully Hall, Lincoln Center, NY

"El tenor de Oro"

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La influencia del gran tenor Giaccomo Lauri-Volpi sobre Corelli alrededor de la cuestión de interpretación es fundamental.
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Dario Corelli nació en Ancona, Italia, en 1921. Su ciudad natal estaba bañada por las aguas del mar Adriático en una zona conocida como “Las Marcas”. Aquí, Dario cursó estudios de ingeniería, pero cierto día, casi de casualidad, pero intuitivamente, descubrió que tenía una gran potencia vocal.


Dario disfrutaba escuchando discos de los grandes cantantes del pasado como Caruso, Pertile y Gigli. Pronto dejó la universidad para dedicarse de lleno al estudio de la técnica vocal, ingresando al Conservatorio de Pesaro a la edad (algo tardía) de 23 años. No tardó mucho en abandonar las aulas para estudiar de forma autodidacta. Posteriormente tuvo algunos maestros esporádicos como Rita Pavoni (Pesaro), Arturo Melocchi (maestro de Del Monaco) y Ottavio Ziino, quien lo preparó para su debut en un festival experimental en Spoleto en 1951, donde cantó su primer rol estelar: Don José, de la ópera Carmen de Georges Bizet.

Al inicio de su carrera Corelli era un tenor de tesitura corta, pero poco a poco fue logrando dominar su instrumento vocal. Así, unos años más tarde nacía para la escena una nueva estrella: Franco Corelli, el último tenore di forza del siglo XX.

Su despegue fue lento debido al auge de grandes tenores como Del Monaco, Bergonzi, Di Stefano, Bjorling y Kraus. En 1953 cantó el rol de Pollione al lado de la Norma de Maria Callas, causando gran expectativa entre el público por su timbrada y potente voz.

La gran oportunidad de mostrar sus dotes vocales e histriónicas se dio en 1954 al debutar en el Teatro alla Scala cantando el papel de Licinio en La Vestale de Spontini, una vez más al lado de la Callas.

Pronto añadió a su repertorio los grandes papeles para tenor lirico spinto: Cavaradossi (Tosca); Dick Johnson (La Fanciulla del West); Canio (Pagliacci) y Radamès (Aida). Así, Corelli empezó la conquista de Europa.

En 1955 en la Arena de Verona se instituyó el premio “La arena de oro” otorgado al mejor tenor de la temporada. Los favoritos de aquel entonces fueron Mario Del Monaco, que cantaba el rol titular del Otello de Verdi y Franco Corelli, que hacía lo propio con Don José de Carmen de Bizet. Fue ardua la discusión entre los jueces. Finalmente el jurado se inclinó por Del Monaco, de 40 años, ya totalmente cuajado como artista, frente a un recientemente afirmado Franco Corelli, de sólo 34 años.

Ese mismo año debutó en dos roles que lo harían famoso en el mundo entero y escribirían su nombre entre los más grandes del siglo XX: Manrico en Il Trovatore de Verdi y Calaf en la Turandot de Puccini.

Pero con la llegada de la fama también llegaron las preocupaciones, Corelli no podía manejar sus nervios y su inseguridad se hizo notoria dentro y fuera de la escena. Cancelaciones y retrasos se hicieron comunes en la vida del tenor.
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En 1959 cantó el rol de Maurizio en la Adriana Lecouvreur de Cilea, con Magda Olivero, Giulietta Simionato y Ettore Bastianini. Otro de sus grandes roles fue estrenado ese año: Andrea Chénier, en la gran ópera de Umberto Giordano.

En 1959 cantó el rol de Maurizio en la Adriana Lecouvreur de Cilea, con Magda Olivero, Giulietta Simionato y Ettore Bastianini. Il Pirata de Bellini y Fedora de Giordano, al lado de Maria Callas, asentaron su posición en el célebre teatro milanés.

Il Pirata le permitió lucir el rango agudo de su voz, la que para entonces había evolucionado a tal grado de ser considerada incomparable. El temido Do4 era sobrepasado hasta el Re4, mostrando un verdadero dominio de la técnica vocal, conseguido gracias a la dedicación.

En 1960 Corelli logró un enorme éxito al cantar Poliuto de Donizetti junto a Maria Callas, evento que ha quedado registrado en los anales de la historia del Teatro alla Scala. Su poderosa voz squilante (brillante) lo había hecho uno de los favoritos del público milanés.

El 27 de Enero de 1961, en el sesenta aniversario de la muerte de Verdi, las luces del Metropolitan Opera House se encendieron para recibir su formidable interpretación de Manrico en Il Trovatore.

Al lado de Leontyne Price, también debutante en el teatro neoyorkino, Corelli tuvo una noche triunfal que abrió el camino para un reinado absoluto que duraría hasta la siguiente década. La partida de Del Monaco en 1959 había dejado vacío el trono. Mes y medio más tarde vendría otro triunfo al interpretar la última ópera de Puccini, Turandot, acompañado por Birgit Nilsson, Anna Moffo, bajo la dirección de Leopold Stokowsky.

Al año siguiente fue invitado a Salzburgo para cantar Il Trovatore bajo la batuta del mítico director austríaco Herbert von Karajan, titular vitalicio de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Karajan diría de él: “Es una voz de poder heroico, pero con gran belleza de timbre, oscuramente sensual, misteriosamente melancólica… pero sobre todo, una voz de trueno y relámpago, de sangre y fuego”.

Ese mismo año en la Scala se montó una versión en italiano de Les Huguenotes de Meyerbeer, Corelli salió airoso una vez más. Ante el declive vocal de Del Monaco, Corelli se convirtió en la década de los años sesenta en el primer tenor del mundo.

Al cumplir los 40 años Corelli sorprendió al mundo de la ópera. Lejos de abordar roles más pesados vocalmente como el Otello de Verdi, o Samsom et Dalila de Saint-Saëns, escogió sus nuevos personajes del repertorio lírico y belcantista. Mucho se ha criticado su incursión en la ópera romántica francesa, debido a su falta de dominio del idioma y a su estilo “verista” al interpretar papeles como Werther de Massenet, Roul de Les Huguenotes de Meyerbeer; Faust y Romeo de Gounod.

Cerca de cumplir los 50 años su “pánico escenico” era ya un verdadero problema para los ensayos y presentaciones en funciones teatrales o proyectos discográficos, siendo una muy comentada aquella cancelación que en 1968 permitió el debut del joven Plácido Domingo, quien suplió a último minuto al divo italiano en el rol de Maurizio en Adriana Lecouvreur en el Metropolitan Opera House.

Ante el asombro de sus seguidores, Corelli se retiró de los escenarios en 1976, a los 55 años. Después de abandonar los escenarios, Corelli y su esposa, la cantante Loretta di Lelio, regresaron a Ancona, lejos del ajetreo del mundo de los teatros.

Desde 1998, Corelli presidía el Concurso Internacional de Canto Franco Corelli, que se llevaba a cabo en su ciudad natal, Ancona. Ante los elogios a su voz, a veces él sólo sonreía, pero discutía cuando pensaba no merecerlos. El testimonio de uno de sus alumnos, quien secretamente grabó algunas sesiones con el divo italiano, resultan conmovedoras.

“¿Mis versiones de Tosca o Il Trovatore? No valen nada, cantaba para el público. Nada de lo que canté vale la pena, tendría que volver a nacer para cantar mejor”.

“En mi época todo se cantaba un poco fuerte, hoy, ningún director de orquesta admitiría esos portamentos y aquellos calderones”.

En 2002 se le rindió un homenaje en el Metropolitan Opera House. Algunos espectadores no pudieron contener la emoción cuando, a través de un vídeo, su voz inundó una vez más el enorme teatro.

Franco Corelli murió en Milán el 29 de Octubre de 2003 a los 82 años. Sus colegas Carlo Bergonzi, Renata Tebaldi, Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras manifestaron su gran pesar a través de los medios
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