RELIGIONES DEL MUNDO
RELIGIONES DEL MUNDO

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UN COMPENDIO DE ALGUNAS DE LAS RELIGIONES MAS PROFESADAS EN EL MUNDO:

CRISTIANISMO
BUDISMO
ISLAMISMO
LOS JUDIO
LOS MORMONES
CONFUCIONISMO
PENTECOSTALES
Los textos sólo pretenden reflejar una sucinta descripción de algunas religiones.A medida que se continúe el desarrollo de este site se incorporarán las corrientes protestantes y otras orientales que en modo alguno son ignoradas en esta instancia.

Religiones del Mundo

Doctrina Católica Completa

1. Existencia de Dios

1.1 VERDAD FUNDAMENTAL Y COMPROBABLE

La existencia de Dios es la verdad fundamental de la religión, el punto de partida. No tendría siquiera sentido hablar de la fe, de la religión o del dogma sin antes dejar sentada esta verdad. La razón humana, con su sola fuerza, sin ayuda de lo sobrenatural, puede llegar a demostrar la existencia de Dios, y a deducir muchas de sus perfecciones.

Ciertamente no podemos comprender a Dios, pues siendo infinito, no puede abarcarlo el limitado entendimiento humano; pero podemos conocerlo.

Lo anterior es, además, verdad de fe. El Concilio Vaticano I afirma que "La misma Santa Madre Iglesia sostiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana partiendo de las cosas creadas" (Const. dogm. Dei Filius, c. 2, Dz. 1785).

1.1.1 Necesidad de querer conocer a Dios

El querer conocer a Dios es necesario para llegar a conocerlo. No basta tan sólo aplicar la inteligencia, sino que se requiere, además, de rectas disposiciones morales (buen comportamiento cara a Dios), pues de lo contrario es imposible conocer a Dios.

Aunque la existencia de Dios es una verdad que puede ser conocida por todos los hombres, sin embargo, en su conocimiento "el entendimiento humano encuentra dificultades, ya a causa de los sentidos o imaginación, ya por las concupiscencias derivadas del pecado original. Y así sucede que, en estas cosas, los hombres fácilmente se persuaden de que es falso o dudoso lo que no quieren que sea verdadero" (Pío XII, Enc. Humani Generis, 12-VIII-1950, Dz. 2305).

1.1.2 Conocimiento natural de Dios a partir de las criaturas

Por ser Dios infinito en toda perfección, no lo podemos conocer directamente, sino que deducimos su existencia por medio del mundo y de las cosas creadas, que nos llevan al conocimiento del Creador.

Así dice San Pablo: "En efecto, las perfecciones invisibles de Dios, (...) a saber: su eterno poder y su divinidad, se han hecho visibles a la inteligencia, después de la creación del mundo, a través de las cosas creadas" (Rom. 1, 20).

La fe confirma la existencia de Dios, y además nos lo propone como el autor del orden sobrenatural.

1.2 DEMOSTRACION RACIONAL DE LA EXISTENCIA DE DIOS

La existencia de Dios no es de evidencia inmediata para nosotros, sino que es fruto de un proceso discursivo, de un razonamiento.

En 1877 fue condenado el error de Antonio Rosmini -llamado ontologismo- que afirmaba que el conocimiento de Dios era el conocimiento más inmediato al entendimiento humano (cfr. Dz. 1891 ss.)

La mayoría de las pruebas tendientes a demostrar la existencia de Dios utilizan en su proceso demostrativo el principio de causalidad.

Santo Tomás de Aquino demuestra la existencia de Dios por cinco caminos o vías, que son:

1) Por la existencia del movimiento.
2) Por la causalidad eficiente.
3) Por los seres contingentes.
4) Por los diferentes grados de perfección, y
5) Por el orden del Universo.

A continuación señalamos sólo algunas de estas pruebas y otras que, en último término, se reducen a una de las vías de Santo Tomás.

1.2.1 Por la existencia del mundo

Enunciado: El mundo exige una causa de sí, a la que llamamos Dios.

Lo probamos por el principio de causalidad. Se enuncia así: "No hay efecto sin causa "; o bien: "Todo ser que comienza a existir tiene una causa de sí".

Este principio no se puede probar porque es evidente y se verifica de continuo en la vida cotidiana. Bastará un ejemplo: no podemos admitir que un edificio o un vestido se hayan hecho a sí mismos; nos reiríamos de quien nos dijera que aparecieron "de buenas a primeras", sin intervención de un arquitecto o un sastre.

Pues bien, el mundo es un efecto incomparablemente más complicado que un vestido o un edificio. Luego, no podemos admitir que haya aparecido sin que un ser le diera existencia. Este ser se llama Dios.

1.2.2 Por los seres contingentes

Enunciado: Existen seres contingentes, que exigen la existencia de un ser necesario, al que llamamos Dios.

Primero explicaremos qué es un ser contingente y un ser necesario. Luego veremos que los seres que hay en el mundo son contingentes. Y finalmente por medio de tres suposiciones comprobaremos que los seres contingentes comprueban la existencia del ser necesario.

lo. Ser contingente es el que es indiferente de por sí a existir, o no. Por ejemplo, una rosa que hoy es y mañana desaparece, o que pudo no haber sido, es un ser contingente.
2o. Ser necesario es el que no puede no existir, porque lleva en sí la razón de su existencia. Ser necesario no hay sino uno, que es Dios.

Los seres que hay en el mundo son contingentes. La experiencia nos enseña que aparecen, duran un poco y luego desaparecen.

Los seres contingentes aparecen de tres maneras: a) o de otro ser igual a ellos, por ejemplo, un árbol da nacimiento a otro árbol, un animal a otro animal; b) o de la reunión,de los elementos que los componen; el agua se produce por la combinación del hidrógeno con el oxígeno; la piedra aparece por agregación de las partículas que la integran, etc.; o c) por creación, como nuestra alma.

3o. Para explicar la existencia o aparición de los seres contingentes pueden hacerse tres hipótesis:

a) o proceden de la nada;
b) o proceden unos de otros en serie infinita;
c) o proceden de un primer ser necesario que les dio la existencia.

Examinemos estas tres hipótesis, o suposiciones.

a) La primera hipótesis: los seres proceden de la nada, es absurda, porque es imposible que la nada produzca el ser. Así, es imposible sacar del bolsillo un pañuelo que no tengo.
Esta verdad, elevada a la categoría de postulado científico la aceptan todos, incluso los científicos ateos que en el pasado pretendieron utilizarlo como argumento para dar una explicación de la realidad. Véanse al respecto las elocuentes palabras del biólogo Virchow, citadas en los ejercicios de este capítulo.

b) La segunda hipótesis: los seres proceden unos de otros en serie infinita, tampoco puede admitirse, porque la serie infinita no explica nada.

En efecto, la serie infinita o tiene a su cabeza un ser primero, y ya no es infinita; o no tiene a su cabeza un ser primero, y entonces ¿de dónde proceden los demás seres de la serie?

Así Por ejemplo: una cadena de eslabones infinitos es un imposible; porque si tiene un primer eslabón, ya no es infinita y si no tiene un primer eslabón, ¿de dónde cuelgan los demás?

Otro ejemplo: a veces se preguntan algunos: qué fue primero, el primer huevo , la primera gallina. Pudo ser cualquiera de las dos cosas. Lo que importa es. admitirla existencia del primer huevo o de la primera gallina, porque si no, no habría hoy ni huevos ni gallinas. Repugna en absoluto a nuestra mente una sucesión infinita de huevos y gallinas, sin que hubiera existido un primer huevo o una primera gallina que dieran nacimiento a los demás.

c) Luego nos queda por aceptar la tercera hipótesis: esto es, que los seres provienen de un ser necesario que les dio la existencia.

Porque si este primer ser fuera contingente, habría recibido la existencia de otro, y éste de otro; y así volveríamos a la serie infinita.

4o. Conclusión. La serie de los seres contingentes no se explica racionalmente sino mediante la existencia de un ser necesario, que no recibió el ser, porque lo tenía de sí mismo; y que lo comunicó a los demás. Á este ser lo llamamos Dios.

Este argumento de la necesidad de un ser necesario es el mas claro y convincente para probar la existencia de Dios. Su fuerza sólo puede ser desconocida por quien nunca ha meditado en él, o por quien se deja arrastrar por pasiones y prejuicios que ciegan la inteligencia.

1.2.3 Por el orden del universo

Enunciado: El orden admirable que hay en el mundo exige la existencia de una inteligencia ordenadora, a la cual llamamos Dios.

Probaremos que hay en el mundo un orden admirable; y luego que este orden exige una inteligencia ordenadora.

lo. Hay en el mundo un orden admirabilísimo en todos los seres:

a) En los infinitamente grandes. Millones de astros de masa gigantesca atraviesan el espacio a velocidades fantásticas; sus órbitas se entrecruzan en multitud de puntos; pero sus movimientos están regidos por un orden y disposición admirables.

b) En los más pequeños. Así, la planta más humilde tiene órganos complicados y diferentes para cada función: nutrición,. respiración, circulación, reproducción, etc. Todos ellos tienden a un fin preciso y determinado: la conservación del individuo y de la especie.

Werhner von Braun, el más importante físico del espacio, afirmaba que "los materialistas del siglo XIX y sus herederos, los marxistas del siglo XX, nos dicen que el creciente conocimiento científico de la creación permite rebajar la fe en un Creador. Pero, toda nueva respuesta ha suscitado nuevas preguntas. Cuanto más comprendemos la complejidad de la estructura atómica, la naturaleza de la vida, o el camino de las galaxias, tanto más encontramos nuevas razones para asombrarnos entre los esplendores de la creación divina" (cit. en LOBO, G., Ideología y fe cristiana, p. 163).

2o. Este orden supone una inteligencia ordenadora. En efecto:

a) Sólo una inteligencia puede disponer convenientemente los medios apropiados para la obtención de un fin. En lo cual, precisamente consiste el orden.

b) Es un absurdo atribuir al azar y a la casualidad el orden maravilloso del mundo, porque así como lo que caracteriza a la inteligencia es el orden, así lo que caracteriza al azar es el desorden.

Obrar al azar es tanto como obrar ciegamente, sin el conocimiento de los medios, o sin la acertada disposición de ellos para alcanzar el fin que uno se propone.

Pretender que el orden prodigioso del mundo es la obra ciega y caprichosa del azar, es un absurdo.

Sería ridículo pretender que al tirar al azar las doce letras de la palabra inteligencia, cayeran todas en línea recta y en el orden debido para la formación de la palabra. Mayor absurdo, pretender que esto sucediera cada vez que se tiraran. Pero el absurdo llegaría a su colmo si se pretendiera explicar de esa manera el orden de los miles de letras que componen este libro, sin que hubiera intervenido en lo mínimo una mano y una inteligencia ordenadora.

Pues bien, mucho más absurdo es admitir que el mundo se hizo al acaso, porque el orden que hay en él es inmensamente mis complicado que el de un libro; y un orden que en millones de siglos se ha mantenido

Conclusión: El orden admirabilísimo que hay en el mundo prueba la existencia de una inteligencia ordenadora, a quien llamamos Dios.

1.2.4 Por la ley moral

Enunciado: La ley moral exige un legislador superior al hombre. Este legislador es Dios.

lo. Se llama ley moral al conjunto de preceptos que el hombre descubre en su conciencia, que le hacen distinguir el bien del mal, y le impulsan a obrar el bien y a evitar el mal.

La ley moral tiene tres condiciones: a) obliga a todos los hombres, b) es superior al hombre y c) obliga a la conciencia.

a) La ley moral obliga a todos los hombres sin excepción alguna; les prescribe, por ejemplo, el respeto a la vida y a la propiedad ajena; y les prohibe el asesinato y el robo.

b) Es superior al hombre, quien no puede ni desconocerla, ni cambiaría. Así nadie podrá hacer que el asesinato sea bueno.

c) Obliga en conciencia. Cuando la observamos sentimos satisfacción; cuando la quebrantamos, aun, que sea ocultamente, remordimiento.

2o. La ley moral prueba la existencia de Dios, porque como no puede haber ley sin un legislador que la dé, es necesario que la ley moral haya sido impuesta por un legislador que tenga esas tres mismas condiciones, a saber: que sea superior a los hombres, los obligue a todos, y pueda leer en su conciencia. Este legislador no puede ser sino Dios.


1.3 POSIBILIDAD DE NEGAR A DIOS

1.3.1 Los ateos. Sus clases

Llámanse ateos los que ignoran o niegan la existencia de Dios.

Ateo viene de la palabra griega: a, sin; y Teos, Dios.

Es importante percatarse que en la raíz de muchas actitudes actuales que hallamos por todas partes -teatro, cine, novelas, artículos de periódico, canciones, ensayos, enseñanza universitaria, etc.- nos encontramos con abundantes puntos de pensamiento que fueron elaborados por ateos del siglo XIX, tales como Nietzsche, Feuerbach, Marx, Freud, etc. Herederos del racionalismo de Descartes y del idealismo de Hegel, el afán por someter todas las cosas a su razón les incapacitó para aceptar la realidad de Dios y pusieron al hombre como soberano del mundo y de la historia.

Se dividen en negativos, positivos y prácticos.

a) Negativos son los que no han tenido la idea de DI"OS;

b) Positivos los que teniendo la idea de Dios, niegan su existencia;

c)prácticos, los que admitiendo la existencia de Dios, la niegan con sus obras, porque viven como si Dios no existiera.

¿Pueden existir estas tres clases de ateos?

a.1 Puede haber ateos negativos, esto es, hombres que ignoren la existencia de Dios; pero no por largo tiempo, porque el universo y la conciencia despiertan pronto en la mente la idea de un Ser Supremo.

Cuando ya el hombre está en posesión de sus facultades, y reflexiona sobre sí mismo y sobre lo que le rodea, el espectáculo grandioso del universo despierta en él la idea de un Creador; y la voz de su conciencia le sugiere la idea de un ser que manda en ella y que puede premiarlo o castigarlo.

b) Respecto a los ateos positivos, podemos hacer una subdistinción:

b.1 Puede haber ateos positivos por convicción sectaria, que nieguen a Dios, al menos temporalmente, como fruto de una educación encaminada a fomentar la creencia de que Dios no existe.

Esto pasa cuando se enseña a un joven, en nombre de una falsa ciencia, que Dios es una mentira; y se le trata de convencer por toda clase de argumentos falsos, que él no puede refutar por la misma ignorancia en que está.

"Nunca olvidaré la impresión que me produjo un soldado ruso en 1945. Acababa apenas de terminar la guerra. A la puerta del seminario de Cracovia llamó un militar. Cuando le pregunté qué quería respondió que deseaba entrar en el seminario. Mantuvimos una larga conversación. Aunque no llegó nunca a entrar en el seminario (tenía, por lo demás, ideas bastante confusas respecto de la realidad del seminario mismo), yo personalmente saqué de nuestro encuentro una gran verdad: cómo Dios logra de forma maravillosa penetrar en la mente humana, aun en las condiciones sumamente desfavorables de su negación sistemática. Durante su vida adulta mi interlocutor no había entrado casi nunca en una iglesia. En la escuela, y luego en el trabajo, había oído afirmar continuamente: ¡No existe Dios! Y a pesar de todo repetía: ¡Pero yo siempre supe que Dios existe!... y ahora querría aprender algo sobre El. (K. Wojtyla, Signo de contradicción, p. 2 l).

b. 2 Pero no puede haber ateos por convicción científica. En otras palabras no se puede comprobar científicamente que Dios no exista.

Para ello sería necesario echar por tierra argumentos indestructibles; y admitir como ciertas, cosas tan absurdas como éstas: la serie infinita de los seres, la vida como brote natural de la materia (generación espontánea), y el orden maravilloso del universo como efecto del acaso.

Sería también preciso destruir la ley moral, tan íntimamente grabada en nuestra conciencia; y aceptar que puede haber efecto sin causa. Todo esto repugna a nuestra mente.

c) Los ateos prácticos son muchos desgraciadamente, aun entre los católicos. Son muchos los que viven tan olvidados de Dios, que obran a cada paso como si Dios no existiera.

Es éste uno de los mayores males de nuestra sociedad, y la causa de que ella se muestre tan indiferente y pagana.

El Documento de Puebla (1979), llama la atención sobre el ateísmo práctico del liberalismo capitalista y el sistemático del marxismo (cfr. nn. 535-561). Igualmente advierte los peligros del "secularismo ", en donde "Dios resultaría superfluo y hasta un obstáculo" (n. 43 5) de ahí la necesidad de conocer sus causas y motivos (n. 1113). Debe tenerse en cuenta también que no "raras veces los no creyentes se distinguen por el ejercicio de valores humanos que están en la línea del Evangelio", pero "la época no es extraña, sin embargo, a formas de ateísmo militante y a humanismos que obstruyen un desarrollo integral de la persona" (n. 1113).

1.4 NATURALEZA DE LA RELIGION

1.4.1 Sentido y origen de la palabra religión

La palabra religión engloba dos sentidos principales:

a) Como una ciencia que perfecciona nuestro entendimiento; y así decimos que la Religión es la más necesaria de las ciencias. Recibe también el nombre de Teología (de Teos, Dios; logos, tratado).

b) Como una virtud que perfecciona nuestra voluntad, y en este sentido decimos que una persona es muy religiosa. Santo Tomás la define como la virtud que inclina a rendir a Dios el respeto, el honor y el culto debidos (cft. S. Th. II-II, q. 81, a. 5).

Aquí trataremos tan sólo de la religión como ciencia; en cuanto a virtud se estudia en la Moral.

Conviene además advertir que del conocimiento de la Religión nace la virtud de la religión, porque no podemos amar, honrar y servir a Dios sin antes conocerlo.

La palabra Religión viene del verbo latino religare, que significa ligar, atar; pues la religión es el lazo que une al hombre con Dios mediante su amor y servicio.

1.4.2 Definición de la Religión

La Religión es la ciencia que nos enseña el conocimiento de Dios, de los deberes que nos ha impuesto, y los medios que nos llevan a El.

lo. Se dice que es la ciencia del conocimiento de Dios, porque lo primero que enseña son las verdades sobre Dios mismo. Enseña también cierto número de verdades que indirectamente se refieren a Dios, y que toman el nombre de verdades religiosas; por ejemplo, la existencia del alma humana, de otra vida después de la muerte, etc.

2o. La Religión es la ciencia de los deberes que Dios nos ha impuesto, porque siendo Dios el Ser Supremo, y también nuestro Creador y último fin, nos ha impuesto ciertos deberes que tenemos obligación de cumplir y que la Religión nos enseña;

De estos deberes unos miran directamente a Dios, otros al prójimo, y otros a nosotros mismos. Por ejemplo:

a) Para con Dios, tenemos el deber de adorarlo y servirlo.

b) Para con el prójimo, el de respetar su vida y sus bienes.

c) Para con nosotros mismos, el de procurar nuestra salvación.

3o. Se agrega que la Religión es la ciencia de los medios que llevan a Dios, porque Dios mismo se ha dignado manifestarnos ciertos medios muy a propósito para conducirnos a El, medios que la Religión estudia; por ejemplo, la oración y los sacramentos.

Dios en su bondad ha dispuesto que estos medios, al mismo tiempo que honran a Dios santifiquen nuestra alma. Por eso reciben el nombre de medios de santificación.

1.4.3 Elementos que encierra

De lo anterior se desprenden los tres elementos que integran a la Religión en cuanto ciencia: el Dogma, la Moral y el Culto.

El Dogma -o Teología dogmática- comprende las verdades que debemos creer. La Teología Moral, o simplemente Moral, enseña las obras que debemos practicar. Y el Culto, los medios de santificación con los cuales honramos a Dios y procuramos nuestra salvación. Estos medios se estudian en la ciencia llamada Teología Sacramentaria.

Los elementos de la religión están compendiados principalmente en: El Dogma en el Credo, la Moral en los mandamientos, y el Culto en la oración y los sacramentos. Pertenecen también al Culto las diversas ceremonias de la Iglesia, que llevan el nombre de Liturgia.

El Dogma es el elemento que constituye el punto de partida de la Religión. En. efecto, sin conocer a Dios, a la Religión revelada por El, y a la Iglesia por El fundada, mal podemos obedecer sus mandamientos, ni aprovechar los medios de santificación que nos brinda.

1.4.4 El fin de la Religión

En la Religión podemos distinguir un doble fin:

a) Su fin próximo, que ir es el conocimiento, amor y servicio de Dios en esta vida.

b) Y su fin remoto, que es el procurarnos la posesión de Dios en el cielo.

1.5 RELIGION NATURAL Y RELIGION REVELADA

1.5.1 Noción

Conocemos a Dios de dos modos: por la razón y por la revelación.

a) La razón es la luz natural que Dios ha dado a nuestro entendimiento para conocer las cosas.

Con la sola fuerza de la razón natural -es decir, sin intervención especial de Dios podemos conocer varias verdades religiosas, por ejemplo, que hay un solo Dios, que tenemos alma, que existe otra vida después de la muerte, etc. (cfr. Dz. 1785, 1806, 21451, etc.).

b) La Revelación es la manifestación hecha por Dios a los hombres de algunas verdades de orden religioso; por ejemplo, que Jesucristo es el Hijo de Dios hecho hombre, y que murió para salvarnos; o que en Dios hay tres Personas distintas, etc.

El conjunto de verdades religiosas que el hombre puede conocer por la simple luz de la razón se llama Religión NATURAL.

El conjunto de verdades que Dios ha manifestado al hombre por conducto de la Revelación, se llama Religión REVELADA. Como lo veremos luego, la Religión revelada es la Religión Católica.

1.5.2 No basta la Religión natural

No basta para salvarnos la Religión natural; a saber, no basta con aceptar las verdades religiosas que nos puede enseñar la luz de la razón; es necesario que aceptemos la Religión revelada.

Dios por su Bondad infinita ha querido abrir otro camino que lleve directamente a El y con mayor facilidad: el de la religión sobrenatural: "Quiso su sabiduría y bondad revelarse a Sí mismo, al género humano, y revelar los decretos eternos de su voluntad por otro camino, y éste sobrenatural" (Con. Vaticano I., Const. dogm. Dei Filius, c. 2; Dz. 1785).

La razón es que no podemos ni conocer, ni amar, ni servir a Dios como El quiere y manda, sino aceptando las verdades, preceptos y medios de santificación que El se ha dignado manifestarnos.

Otra manera de actuar significaría desprecio de lo que Dios ha dicho, considerándolo inútil o indiferente. Están pues, en grave error quienes dicen: "Yo soy honrado: yo no robo ni mato. Con esto tengo para salvarme". Esto les bastará para evitar la cárcel y la deshonra humana. Pero no podrán salvarse si no cumplen las condiciones que Dios les ha impuesto para ello.

El es nuestro dueño y Señor, y nos ha creado para su servicio. En consecuencia estamos obligados a honrarlo y servirlo en la forma que se digne determinarlo.

Si Dios no hubiera hecho ninguna revelación, bastaría la Religión natural para salvarse. Desde el momento en que Dios revela, no cabe pensar que da lo mismo una religión que otra -indiferentismo religioso- sino que es preciso aceptar esa revelación divina que constituye la única religión verdadera.

1.5.3 Deberes que nos impone la Religión revelada

La Religión revelada nos impone, en especial, tres deberes:

El 1ro. es aceptarlas verdades que Dios nos ha manifestado.

El 2o. es cumplir los mandamientos que nos ha impuesto.

El 3o. es acudir a los medios de santificación con que El mismo ha querido ayudar nuestra debilidad.

Dios, en efecto, no ha querido dejar al hombre abandonado al error, al vicio y a su propia debilidad; sino que:

a) Para librarlo del error, El mismo le ha revelado las verdades que debe conocer y creer.

b) Para librarlo del vicio, El mismo le ha determinado las obras que debe practicar, y las que debe evitar.

c) Para ayudar su debilidad, le ofrece su gracia por conducto de los sacramentos, la oración, etc., obligándolo a recurrir a estos medios.

Corno conclusión, debemos decir que no podemos conocer, amar y servir a Dios, ni salvar nuestra alma, si no aceptamos y practicamos la Religión revelada Íntegramente.

Así Cristo no dijo solamente: "El que no creyere se condenará" (fe), sino también: "Si quieres alcanzar la vida, guarda los mandamientos" (moral) y, "Si uno no nace de agua y Espíritu Santo no puede ver el reino de Dios", y "Si no comiereis mi carne no tendréis vida en vosotros" (sacramentos) (cfr. Mc. 16, 16, Mt. 19, 17, Jn. 3, 5, jn. 6, 54).

"Con frecuencia, el hombre actual no sabe lo que lleva dentro, en lo profundo de su ánimo, de su coraz6n. Muchas veces se siente inseguro sobre el sentido de su vida en este mundo. Se siente invadido por la duda, que se transforma en desesperación. Permitid, pues -os lo ruego, os lo imploro con humildad y con confianza-, permitid que Cristo hable al hombre. ¡Sólo El tiene palabras de vida, sí, de vida eterna!" (Juan Pablo II, Homilía en la inauguración de su Pontificado

2. La revelación sobrenatural

1.2 2.1 LA RELIGION REVELADA O REVELACION

2.1.1 Naturaleza de la Revelación

a) Noción

La Revelación es la manifestación que Dios hace a los hombres en forma extraordinaria, de algunas verdades religiosas, mponiéndoles la obligación de creerías.

Se dice: "en forma extraordinaria", para distinguirla del conocimiento natural y ordinario que alcanzamos por la razón.

Generalmente Dios revela así: manifiesta las verdades que desea se conozcan a algún hombreelegido por El, le manda que las enseñe a los demás, y comprueba con milagros que en verdad El las reveló.

"Sólo Dios puede otorgarnos un conocimiento recto y pleno de Sí mismo, revelándose a Sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, de cuya vida eterna estamos llamados por la gracia a participar aquí, en la tierra, en la oscuridad de la fe, y, después de la muerte, en la luz sempiterna" (Pablo VI, El Credo del Pueblo de Dios, n. 9).

b) Revelaciones públicas y privadas

Hablando en un sentido general, podemos distinguir dos clases de revelaciones: la Revelación pública y las Revelaciones privadas.

lo. Revelación pública es la que ha hecho Dios directamente para la utilidad de todo el género humano. Por ejemplo, la hecha a Moisés en el Sinaí y la efectuada por Nuestro Señor Jesucristo.

2o. Revelaciones privadas son las que ha hecho a algunas personas para su utilidad particular.

Ejemplos: las hechas a Santa Gertrudis, a Santa Teresa de Jesús, a Santa Margarita María cuando Nuestro Señor le pidió el establecimiento de la fiesta del Sagrado Corazón y de la devoción de los primeros viernes, etc.

La Revelación pública ha sido hecha por Dios directamente para la utilidad de todo el género humano, e impone la obligación de aceptarla a todos los hombres.

Las revelaciones privadas directamente son hechas para la utilidad particular, y no imponen la obligación de aceptarlas sino a las personas a quienes fueron hechas, o a las personas que tienen plena certeza de ellas, lo que ocurre raras veces.

Respecto a las revelaciones privadas conviene advertir:

a) Las revelaciones privadas no forman parte de la fe, ni enseñan verdades nuevas; sino que han sido hechas para ilustrar las verdades ya reveladas, y hacernos adelantar en la perfección cristiana.

b) La Iglesia no las aprueba sino después de maduro examen; y al aprobarlas no pretende enseñar que cuanto de ellas se diga sea verdadero, ni mucho menos hacerlas obligatorias. Unicamente garantiza que en ellas no se dice nada contrario a la fe y a las buenas costumbres.

c) No podemos despreciar las revelaciones privadas, pues en general contienen enseñanzas de gran utilidad para la vida cristiana.

d) Algunas veces la aprobación de la Iglesia no es una simple certificación de que no hay en ellas nada contra la fe y la moral; sino una afirmación de su origen divino. Tal pasa, por ejemplo, con las revelaciones de¡ escapulario del Carmen a San Simón Stok, de la devoción al Sagrado Corazón a Santa Margarita María, etc.

Aunque en ningún caso llegan a ser artículo de fe.

Las demás revelaciones sólo nos merecen fe humana, de acuerdo con las condiciones intelectuales y morales de la persona que las tuvo.

La Revelación pública terminó con los Apóstoles: después de ellos Dios no ha revelado nuevas verdades que sean objeto de fe.

c) Contenido de la Revelación

"Por la divina Revelación Dios quiso comunicarse El mismo y también los decretos eternos de su voluntad acerca de la salvación de los hombres, para hacerles partícipes de los bienes divinos que sobrepasan de modo absoluto la inteligencia de la mente humana" (Conc. Vaticano II, Const. dogm. De¡ Verbum, núm. 6).

El contenido de la Revelación es el mismo Dios y sus decretos eternos de salvación.

De estas verdades:

a) unas no podía conocer nuestra razón;
b) otras podía conocerlas, pero con mucha dificultad e incertidumbre.

Así de ninguna manera podíamos conocer el misterio de la Santísima Trinidad. Podíamos conocer, pero con dificultad, incertidumbre y mezcla de error otras verdades; por ejemplo, que no hay sino un solo Dios, y que es Espíritu Puro Y Creador de cuanto existe, que el alma humana es inmortal, etc.

lo. Dios ha querido revelarnos verdades que de, ninguna manera podíamos conocer por la pura razón, con el objeto de darnos a conocer el orden sobrenatural.

El orden sobrenatural consiste en la elevación del hombre por la gracia santificante, de simple criatura a la dignidad de hijo de Dios y heredero del cielo. Y también en los medios que Dios eligió para devolvernos la grada y el derecho al cielo que perdimos por el pecado; principalmente los misterios de la Encarnación y Redención.

2o. Dios quiso manifestarnos verdades que nuestra razón podíaconocer pero con dificultad, incertidumbre y mezcla de error, para que todos los hombres pudieran conocerla con facilidad, con certeza y sin mezcla de error (cfr. Conc. Vaticano I, Const. dogm. Dei Filius, Dz. 1786).


2.2 NECESIDAD DE LA REVELACION

2.2.1 Necesidad absoluta y necesidad moral

Una cosa puede ser necesaria de dos modos:

a) Es absolutamente necesaria, cuando sin ella nos es de todo punto imposible conseguir lo que deseamos.

b) Es moralmente necesaria cuando sin ella podemos alcanzar lo que deseamos, pero con grave dificultad y deficiencias.

Así sin estudiar en alguna forma nos es absolutamente imposible aprender. Y sin maestro nos es muy difícil, esto es, casi imposible aprender una ciencia con alto grado de dificultad, como la física nuclear o la filosofía.

En efecto son muy pocos los que tienen la inteligencia y la constancia suficientes para coronar solos un estudio de esa
naturaleza.

Además, los que estudian sin maestro están expuestos a graves deficiencias, por ejemplo errores, dudas, lagunas; a hacer un estudio errado. incompleto y poco firme:

2.2.2 En qué sentido es necesaria la Revelación

La Revelación es absolutamente necesaria en un sentido, y moralmente necesaria en otro.

lo. La Revelación es absolutamente necesaria para conocer el orden sobrenatural, al que Dios se dignó elevarnos.

"Puesto que nos elevó al orden sobrenatural, era indispensable que nos manifestara ese orden", dice Santo Tomás (S. Th., q. 1, a. l).

¿Qué gana un niño con que una persona muy rica lo acepte por hijo, y lo nombre heredero de una cuantiosa suma, si no le avisa que lo constituyó heredero, ni las condiciones necesarias para recibir la herencia? De la misma manera, ¿qué habríamos ganado con que Dios nos hubiera hecho sus hijos y herederos, si no nos hubiera revelado nuestra condición de hijos y los medios necesarios para alcanzar la herencia del cielo?

2o. La. Revelación es moralmente necesaria para que las verdades religiosas de orden natural puedan ser conocidas por todos con facilidad, con firme certeza y sin mezcla de error alguno (cfr. Dz. 1786, Conc. Vat. II, Const. Dei Verbum, n. 6).

En efecto, aunque no es imposible que los mejores dotados puedan llegar por sí solos a esos conocimientos, lo harán con dificultad e incertidumbre, y, para la generalidad de los hombres la Revelación seguiría siendo necesaria.

Ya Santo Tomás advertía que gran parte de los hombres por parecer de talento, o de tiempo, o de formación, o por hallarse dominados por pasiones e intereses personales, no llegarían por sí mismos a este conocimiento (cfr. C. G., 1, 4).

Por su parte, también la historia prueba esta necesidad: aun los más grandes filósofos de la antigüedad cayeron en graves errores de orden religioso y moral; y que los pueblos a quienes no ha llegado actualmente la luz de la Revelación viven aún hoy sumergidos en graves errores.

2.3 NOCION DE MISTERIO Y DOGMA

2.3.1 Los misterios

lo - Misterio en general es una verdad que no podemos comprender, por trascender a nuestro entendimiento.

La naturaleza está llena de misterios y vivimos rodeados de realidades que no podemos comprender.

Nadie sabe a ciencia cierta -al menos hoy en día- qué es exactamente la fuerza gravitacional y mucho menos si es susceptible de control. Aún hay muchos "misterios" en el organismo humano y no digamos en las realidades que están físicamente muy alejadas de nosotros, por ejemplo: ¿qué habrá en Aldebarán, que está a 55 años luz de la tierra y es 40 veces mayor que nuestro sol?

2o. Misterio en sentido estricto es una verdad que no podemos comprender, pero que conocemos y creemos porque Dios nos la ha revelado. Por ejemplo, el de la Santísima Trinidad.

No debe extrañarnos que en la Religión haya misterios, porque si a cada paso los encontramos en los seres limitados de la naturaleza, con mayor razón en Dios, Ser infinito, que sobrepasa inmensamente la capacidad de nuestro entendimiento.

"Nunca creería en la divinidad de una religión que no tiene misterios", dijo un célebre pensador. En efecto, un Dios que cabe dentro de mi entendimiento ya no es Dios; y una religión que en todo está al alcance de los hombres, no es divina.

Los misterios no son contrarios a la razón humana, sino que únicamente están por encima de ella.

Por ejemplo, las leyes de la electricidad, que son conocidas por un buen físico, son un misterio para el ignorante. Mas esto no quiere decir que vaya contra su razón, sino que le son superiores.

No puede haber contradicción entre la razón y los misterios revelados, porque siendo Dios a la vez autor de la razón y de la Revelación, cualquier contradicción entre la razón y los misterios revelados implicaría contradicción en el mismo Dios; lo que no es dado suponer.

2.3.2 Dogmas

Dogma en sentido amplio, es una verdad contenida en la Revelación divina.

Dogma en sentido estricto, son las verdades reveladas por Dios y propuestas como tales por el Magisterio de la Iglesia a los fieles, con la obligación de creer en ellas.

La palabra Dogma tiene dos sentidos: unas veces significa una verdad determinada y definida, por ejemplo, el dogma de la Asunción de la Virgen; otras, el conjunto de las verdades reveladas, como cuando decimos: el Dogma católico.

El dogma en sentido estricto es objeto de fe divina y católica. Es de fe divina por proceder de una revelación divina, y es objeto de fe católica por ser una verdad propuesta por el Magisterio infalible de la Iglesia. Quien niega opone en duda de un modo pertinaz las verdades que han de ser creídas, comete el pecado de herejía.

Como puede observarse en el dogma hay dos elementos:

1) Es una verdad revelada por Dios y se halla por tanto contenida ya en la Sagrada Escritura, ya en la Tradición o en ambas.

2) Es una verdad propuesta por el Magisterio de la Iglesia con obligación de creer en ella. Esa propuesta puede hacerla la Iglesia, bien de forma extraordinaria, por una solemne definición del Papa o de un Concilio Universal de acuerdo con el Papa, o por el magisterio ordinario y universal de toda la Iglesia.


2.4 EL DEPOSITO DE LA REVELACION

El conjunto de verdades reveladas por Dios, que se entregaron a la Iglesia y que el Magisterio eclesiástico custodia es el depósito de la Revelación.

La Revelación está contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición:

a) Una parte de las verdades reveladas fue escrita por aquéllos a quienes Dios las reveló, y se llama Sagrada Escritura;

b) La otra parte no fue escrita sino transmitida verbalmente y se llama Tradición

La Sagrada Escritura y la Tradición contienen, pues, toda la doctrina revelada; el Magisterio de la Iglesia custodia e interpreta esa doctrina.

Tanto la Escritura como la Tradición son la palabra de Dios, esto es, su enseñanza comprobada por milagros y profecías; con la diferencia de que la Tradición no fue escrita por aquéllos a quienes Dios la reveló; aunque después con el tiempo otras personas sí pudieron escribirla, para conservarla y transmitirla con mayor fidelidad.

El conjunto de las verdades de la Escritura y de la Tradición se llama "Depósito de la fe ", o "Depósito de la Revelación ".

El Concilio Vaticano II, en continuidad con el de Trento y con el Vaticano I, enseña: "Dios dispuso, con su gran bondad, que todo lo que había revelado para la salvación de toda la gente se conservara íntegro para siempre y se fuera trasmitiendo a todas las generaciones" (Conc. Vaticano II, Const. Dogm. Dei Verbum, núm. 7).

2.4.1 La Sagrada Escritura

a) Su naturaleza

La Sagrada Escritura es la palabra de Dios, puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, por aquéllos a quienes Dios la reveló. En consecuencia, "tiene a Dios por autor", como dice el Concilio Vaticano I (Dz. 1 7 8 7).

La Sagrada Escritura se llama Biblia (del griego biblos, que significa libro), porque es el libro por excelencia.

A la Biblia se le llama también: Sagrada Escritura, Libros Sagrados, Libros Inspirados, Palabra de Dios.

Se llaman Versiones de la Sagrada Escritura a las traducciones que se han hecho de la Biblia a otras lenguas distintas de aquéllas en las que se escribieron originalmente, los libros que la forman (hebreo, griego y arameo).

Es célebre la traducción de los setenta, que se remonta más o menos al año 130 antes de Cristo. Es la versión de los libros del Antiguo Testamento, del hebreo al griego, hecha, según la tradición, por setenta sabios de Alejandría.

Las Versiones más importantes en la Iglesia son:

La Vulgata y la Neovulgata.

La Vulgata es la traducción al latín que hizo San Jerónimo a finales del siglo IV. Esta versión fue solemnemente declarada como auténtica por el Concilio de Trento (1546). Se llama Vulgata porque entonces el latín era reputado lengua vulgar o popular respecto al griego.

La Neovulgata es la misma versión Vulgata, a la que se han incorporado los avances y descubrimientos más recientes.

El Papa Juan Pablo la aprobó y promulgó como edición típica en 1979. El Papa lo hizo así para que esta nueva versión sirva como base segura para hacer traducciones de la Biblia a las lenguas modernas y para realizar estudios bíblicos.

b) Inspiración de la Sagrada Escritura

La inspiración divina de la Escritura consiste en tres cosas, a saber:

a) Dios indujo a los autores a que escribieran los libros santos;
b) les sugirió lo que debían decir;
c) los preservó de error.

No consiste pues en que la Iglesia hubiera aprobado con su autoridad libros escritos por industria humana; sino en las tres condiciones indicadas.

La Sagrada Escritura es a un tiempo obra de Dios y del hombre; de Dios, como causa principal; del hombre, como causa instrumental.

Cuando el músico se sirve de un instrumento para obtener sonidos, el artista es la causa principal del sonido, y el instrumento la causa instrumental. Así Dios, dicen los santos Padres, se valió del hombre como de un instrumento para escribir los libros sagrados.

Aunque el autor es un instrumento en las manos de Dios, no deja de ser un instrumento inteligente y libre, que usa conscientemente sus facultades: sentidos, inteligencia, memoria, voluntad.

En consecuencia, el escritor sagrado: a) Puede utilizar conocimientos adquiridos por él de antemano; b) Conserva su personalidad, su estilo y expresión peculiares, hasta incorrecciones de lenguaje; pues a estas cosas no se les extiende la inspiración.

La misma Escritura afirma el hecho de la inspiración. Así Cristo dice que "David habló inspirado por el Espíritu Santo" (Mc. 12, 3 6). Y S. Pablo declara que "Toda escritura es inspirada por Dios " (II Tm. 3, 16).

c) División de la Sagrada Escritura

La Sagrada Escritura se divide en Antiguo y Nuevo Testamento. El Antiguo comprende los libros escritos antes de Cristo. El Nuevo lo escrito después de El.

Testamento significa pacto o alianza. La Revelación, por las promesas que hace Dios en ella, y por las obligaciones que impone, es un verdadero pacto entre Dios y los Hombres.

c. 1 Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento consta de 46 libros, que se dividen en 21 históricos, 7 didácticos y 18 proféticos.

a) Los históricos describen la historia de Israel, o de algunos de sus más célebres personajes.

b) Los didácticos (de didakein, enseñar) son libros de enseñanza religiosa y moral.

c) Los proféticos anuncian la venida del Mesías y reprenden al pueblo por sus infidelidades.

Los didácticos y parte de los proféticos están escritos en verso.


c.2 Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento consta de 27 libros: 5 históricos, a saber: los 4 Evangelios y los Hechos de los Apóstoles; 21 doctrinales, que son las Epístolas; y uno Profético que es el Apocalipsis.

Mención especial a los Evangelios

Los 4 Evangelios de San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan nos refieren la vida y enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo.

Ellos deben ser para el católico el libro de mayor estimación y estudio, porque contienen los ejemplos de¡ divino modelo y las enseñanzas del divino Maestro.

"Tanto enseña Cristo por sus palabras como por sus obras", dice San Agustín. Por eso todo el Evangelio merece ser atentamente meditado.

Digamos una palabra sobre los símbolos con que se representa a los evangelistas. Están tomados de los hechos narrados en el primer capítulo de cada Evangelio.

lo . San Mateo empieza su Evangelio por el origen de Cristo en cuanto hombre. Por eso se le dio por símbolo un rostro humano.

2o. San Marcos empieza por la predicación de San Juan Bautista en el desierto. Su símbolo es un león, animal del desierto.

3o. San Lucas empieza por el sacrificio de Zacarías, padre del Bautista. Su símbolo es un ternero, animal por excelencia de los sacrificios.

4o. San Juan empieza con una página sublirne sobre la generación eterna del Verbo. Su símbolo es un águila, animal que se cierne en las alturas.

El profeta Ezequiel (1, 4-12), tiene una visión, de la que también se han tomado esas figuras.

Veamos algunos datos de cada Evangelista:

SAN MATEO

- Era cobrador de impuestos.
- Uno de los Apóstoles.
- Cita 43 veces el Antiguo Testamento haciendo ver que en Cristo se cumplieron las profecías.
- Relata el Sermón de la Montaña
Convertir a los judíos, haciéndoles ver que Cristo era el Mesías.
- Escribe hacia el año 50-55; en Arameo quizá en Siria.

SAN MARCOS

- Era de Jerusalén.
- Fue secretario ycompañero de viajes de San Pedro.
- No fue de los 12.
- Se detiene mas en los hechos que en las palabras de Cristo.
- Escribió su Evangelio "a ruegos de los cristianos de Roma".
- Fue redactado hacia el año 60, en griego, en Roma.

SAN LUCAS

-Médico de Antioquía.
- Fue secretario ycompañero de viajes de San Pablo.
- No fue de los 12.
- Gran Narrador: es el que tiene mejores prendas literarias.
- Es el único que relata la infancia de Cristo.
- Se propone convertir a los paganos, como compañero que era de San Pablo. El mismo era pagano convertido.
- Escribió el Evangelio hacia el año 62, en griego, parece que en Roma.

SAN JUAN

- Pescador de Galilea.
- Fue uno de los 12. Es llamado "el discípulo amado" de Cristo.
- En su escrito da preferencia a la vida Divina de Cristo. Es quien mejor descubre los tesoros de su corazón. Narra los discursos de la promesa de la Eucaristía y el Sermón de la Ultima Cena.
- Quiere probar la Divinidad de Cristo, que empezaba a ser negada por los primero herejes.
- Intenta completar los otros Evangelios.
- Lo escribió hacia el año 100 en griego, en Efeso.

d) Libros "apócrifos" y biblias protestantes

Un Libro apócrifo es aquél que, teniendo un argumento o título semejante a los libros inspirados, no tiene un autor cierto y no está incluido en el Canon Bíblico fijado por la Iglesia, porque no fue divinamente inspirado y por contener algunos errores.

¿La Biblia católica y las protestantes son iguales?

¡No! Por desgracia No.

A las biblias protestantes les suprimieron algunos libros que están en la Biblia católica; por ejemplo: del Antiguo Testamento: Sabiduría, Judit, Tobías, Eclesiástico y 11 Macabeos y del Nuevo: Epístolas de Santiago, de San Pedro y San Juan. Además, en los libros que conservan, modifican algunas palabras para apoyar sus ideas
erróneas.

2.4.2 La Tradición

a) Su naturaleza

Se llama Tradición a la doctrina revelada por Dios que no está contenida en la Escritura, sino que se ha conservado por diversos medios.

Por eso se dice que la Tradición es "complemento" de la Sagrada Escritura; así, por ejemplo, no todo lo que Nuestro Señor Jesucristo hizo o dijo fue escrito, y sin embargo ha sido transmitido infaliblemente, gracias a la asistencia del Espíritu Santo.

La Tradición ha llegado hasta nosotros por la predicación, la vida misma de la Iglesia, los escritos de los Santos Padres, la liturgia y otras diferentes formas, como luego veremos.

b) Valor de la Tradición

La Tradición, acompañada de las debidas condiciones, tiene el mismo valor que la Sagrada Escritura, porque también es la palabra de Dios, fielmente transmitida hasta nosotros.

Los protestantes le niegan todo valor, y al hacerlo contradicen a un mismo tiempo la razón y la Escritura.

El Concilio Vaticano II, en continuidad con el de Trento y con el Vaticano I, enseña.- "Dios dispuso, con su gran bondad, que todo lo que había revelado para la salvación detodas las gentes se conservara integro para siempre y se fuera trasmitiendo a todas las generaciones " (Conc. Vaticano II, Const. dogm. Deí Verbum, núm. 7).

b. 1 Pruebas de razón

la. La Tradición, esto es, la predicación de los Apóstoles es anterior a la Sagrada Escritura, y durante muchos años fue la única regla de fe.

En efecto la predicación de los Apóstoles comenzó el mismo año de la muerte de Cristo (año 33). En cambio los libros de la Sagrada Escritura no fueron escritos sino desde el año 50 al 100; y sobre todo no fueron conocidos por la Iglesia universal, sino en el curso de los primeros siglos, porque al principio sólo fueron conocidos, por las Iglesias particulares a que iban destinados.

Luego, una de dos: o durante estos primeros años y siglos no había en la Iglesia fuente ninguna defe, lo que es inadmisible, pues equivale a decir que no hubo fe en ellos o hay que admitir una fuente de fe distinta de la Escritura, a saber la Tradición o enseñanza de los Apóstoles y sus sucesores.

2a. No se puede saber con certeza qué libros contengan en realidad la doctrina de Cristo, ni cuál sea su verdadero sentido, sino por la enseñanza de la Iglesia. Luego esta enseñanza es norma o regla importantísima de nuestra fe.

3a. Si la norma de fe fuera sólo la Escritura, y no la enseñanza de la Iglesia, sólo podrían salvarse los que leen la Escritura; conclusión inadmisible.

En efecto hay muchas personas que no saben leer, o no tienen facilidad de procurarse una Biblia. Y aquí debemos pensar no sólo en el gran número de personas ignorantes de nuestros días y países, sino sobre todo en la dificultad máxima de conseguir una Biblia antes de que se descubriera la imprenta: y en los cristianos convertidos en tierra de misiones, que no tienen Biblia en el único idioma que conocen.

b. 2 Pruebas de la Sagrada Escritura

Se prueba que la enseñanza de la Iglesia es fuente de la fe:

lo. Por las palabras de Cristo. Este dijo a los Apóstoles:
"Id y predicad el Evangelio a toda criatura" (Mc. 16, 15) y no "Id y escribid libros"; y "El que a vosotros oye, a mí me oye"; (Lc. 10,16) y no el que a vosotros lee.

2o. Por la enseñanza de San Pablo, que escribe así a los fieles de Tesalónica:

"Manteneos firmes en la fe, y conservad las tradiciones que habéis aprendido, ya por la predicación, ya por mi epístola" (II Tes. 2, 14). Aquí le da exactamente el mismo valor, como fuente de fe, a su Epístola (Escritura) y a su predicación (Tradición).

Dice también a Timoteo: "Lo que has oído de mí delante de muchos testigos, confíalo a otros hombres fieles, capaces de instruir a los demás" (II Tim. 2, 2). Confía, pues la fe a la enseñanza, ya a la suya propia, ya a la de sus discípulos.

3o - San Juan declara que si se escribiera todo lo que Cristo dijo no cabrían los libros en el mundo; lenguaje figurado que da a entender que deja sin escribir muchas cosas acerca de Cristo (cfr. Jn. 21, 25). Dice también en su 2a. carta: "Aunque tenía muchas cosas que escribimos, no he querido hacerlo por medio de tinta y papel, porque espero veros y hablaros de viva voz" (II Jn. 12).

Tanto la razón como la Escritura enseñan, pues, el valor de la Tradición como fuente de la fe. Y los protestantes deben aceptarla si en verdad respetan la enseñanza de la Escritura.

c) Fuentes de la Tradición

La Tradición se halla contenida principalmente:

lo. en los símbolos de la fe,
2o. en la liturgia y vida de la Iglesia,
3o. en los escritos de los Padres y Doctores de la Iglesia.

c. 1 Símbolos de fe

Símbolos de fe son ciertas fórmulas que compendian las principales verdades de ella. Los principales son:

a) El Símbolo de los Apóstoles, que remonta a la edad apostólica. Es el Credo.

b) El Símbolo de San Anastasio (Quicumque), que contiene una amplia declaración de los misterios de la Santísima Trinidad y la Encarnación.

A los símbolos deben agregarse las Profesiones de Fe, que son también formulas en que se confiesan los dogmas y se condenan los errores contrarios. La principal es la ordenada por el Concilio de Trento.

c.2 La liturgia y la vida de la Iglesia.

La Tradición se halla también contenida en los ritos de la liturgia, que muchas veces son unaconfesión implícita de la fe.

Así, el rito de difuntos es una confesión de la creencia en el Purgatorio, pues ni los bien aventurados necesitan ayuda, ni los condenados pueden recibirla. La Santa Misa es una confesión del dogma de la Redención, etc.

Por otra parte, como enseña el Concilio Vaticano II (cfr. Const. dogm. Dei Verbum), Cristo quiso que su Revelación incluyera no sólo sus enseñanzas orales sino también su vida y sus obras. Y este ejemplo suyo, continuado en la persona y ministerio de los póstoles y sus sucesores, plasmado en las instituciones y la vida y sentir del pueblo cristiano, forma también parte de la Tradición.

El Concilio Vaticano II viene pues a decirnos que, en el fondo, la Tradición no es otra cosa que la misma Iglesia, que en su doctrina, en su vida y en su culto, perpetúa y trasmite a todas las neraciones todo lo que ella es y todo lo que Ella cree (cfr. Dei Verbum, n. 8).

c.3 Padres y Doctores de la Iglesia

a) Padres de la Iglesia son los escritores de la antigüedad cristiana (anteriores al siglo VII) que se distinguieron por la pureza de su fe y por su santidad. Llámanse Padres apostólicos a los que conocieron a los Apóstoles, como San Ignacio de Antioquía, San Policarpo de Esmirna, San Clemente Romano, etc.

b) Doctores de la Iglesia son aquellos escritores que además de distinguirse por la pureza de su fe y la santidad, destacaron por su ciencia eminente.

Los cuatro grandes doctores en la Iglesia griega son: San Atanasio, San Basilio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo.

Y los cuatro grandes doctores en ía Iglesia latina son: San Ambrosio, San Jerónimo, San Agustín y San Gregorio Magno .

Se distinguen también entre los doctores: San Bernardo, San Anselmo, San Buenaventura, San Isidoro de Sevilla, San Francisco de Sales, San Juan de la Cruz, San Alfonso María de Ligorio y sobre todo Santo Tomás de Aquino. Y entre las mujeres Santa Teresa de Jesús y Santa Teresa de Liseux.

Santo Tomás de Aquino es quizá la mayor luminaria de la Iglesia. Sobresalió especialmente en Sagrada Teología.

Su obra más conocida es la Suma Teológica. En muchos documentos los Papas han manifestado su voluntad de
que la doctrina de Santo Tomás oriente la enseñanza católica.

Sobre la legitimidad y valor de las diversas fuentes de la Tradición, le compete juzgar únicamente a la Iglesia Católica, que es Maestra de toda la verdad revelada, columna y fundamento de la verdad. En otras palabras, la Tradición es infalible sólo cuando está reconocida y sancionada por el Magisterio de la Iglesia.

2.4.3 El Magisterio de la Iglesia

El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado por Dios únicamente al Magisterio de la Iglesia. Ya hemos dicho cómo es el Magisterio quien sanciona la infalibilidad de una verdad contenida en la Tradición; ahora nos detendremos a hablar de su intervención respecto a la Biblia.

a) La Iglesia depositaria de la Palabra de Dios

Tres poderes corresponden a la Iglesia respecto a los libros sagrados: fijar su canon, determinar su sentido y velar por su integridad (cfr. Const. dogm. Dei Verbum, n. 10)

lo. Fijar el canon de las Escrituras significa determinar qué libros se deben tener por revelados, y cuáles no.

Canón significa aquí lista u orden de los libros revelados. Cristo, al dejar a su Iglesia la facultad de velar por su doctrina, tuvo que darle el poder de determinar en qué libros se hallaba esta doctrina.

De otra suerte los fieles no hubieran sabido a qué atenerse en materia de tanta trascendencia. Es de advertir que en los primeros siglos muchos libros no revelados trataron de pasar por revelados.

2o. Determinar el sentido significa interpretar cuál es la verdadera manera de entenderla, especialmente en los pasajes obscuros y difíciles.

La Sagrada Escritura es un libro divino y misterioso, en el cual, como dice San Pedro, "Hay cosas difíciles de entender, cuyo sentido falsean los indoctos para su propia perdición" (II Pe. 3, 16). Habrá muchos pseudoprofetas seguidos por muchedumbres dice el mismo apóstol (II Pe. 2, 1 y 2).

3o - Velar por su integridad quiere decir estar alerta, para que la Escritura no vaya a sufrir alteración o menoscabo.

Sólo la Iglesia tiene este triple poder, porque sólo a ella confió Cristo el depósito de la fe, y le dio la misión de enseñar.

b) Falsedad del libre examen

El libre examen de la Escritura, doctrina fundamental del Protestantismo, consiste en admitir que cada uno "tiene derecho" de interpretar a su gusto la Sagrada Escritura.

El libre examen no puede aceptarse, porque resultarían tantas doctrinas e Iglesias cuantas interpretaciones; y es evidente que Cristono quiso fundar sino una sola Iglesia con una sola doctrina.

Como consecuencia del libre examen el Protestantismo se halla dividido en innumerables sectas, que profesan doctrinas contradictorias.

Otra prueba de que el libre examen conduce al error, es que los herejes de todos los tiempos han preferido defender sus errores con falsas interpretaciones de la Escritura.

Así, en vista del peligro de interpretaciones subjetivas o heterodoxas, la Iglesia indica que las ediciones de la Sagrada Escritura "sólo pueden publicarse si sonaprobadas por la Sede Apostólica o por la Conferencia Episcopal" (CIC, c. 825 & l), con notas aclaratorias necesarias y suficientes, porque son muchos los pasajes difíciles.

2.5 INMUTABILIDAD DEL "DEPOSITO" DE LA REVELACION

La Revelación de Dios a los hombres tiene su culminación en Jesucristo. Ya no es un mensajero de Dios el que viene a revelar un aspecto del plan salvador: es Dios mismo el que, en su misma realidad personal, revela el Ser y el actuar divinos. "Dios últimamente nos ha hablado por medio de su Hijo" (Heb. 1, l). En Jesús culmina la Revelación, pues es la Palabra, el Verbo hecho carne (cfr. Jn.1,14).

Jesucristo, "con toda su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, prodigios y milagros, y, ante todo, con su muerte y resurrección y, finalmente, enviando al Espíritu de verdad, culmina plenamente la Revelación" (Const, dogm. De¡ Verbum, n. 4).

De lo anterior se desprende que con la muerte del último Apóstol -testigo ocular cualificado-, se cerró el contenido del depósito revelado por Dios.

La Iglesia, que es depositaria de la Palabra de Dios que es inmutable, no puede quitar o añadir nada.

Puede hablarse, sin embargo, de un progreso en el modo de explicar esas verdades.

2.5.1 Cierto progreso

Todas las verdades enseñadas por Dios a los hombres están contenidas en la Escritura y en la Tradición. Pero no se han conocido y profundizado en toda su amplitud.

De acuerdo con estas dos ideas precisemos en qué sentido se puede admitir el progreso del dogma católico, y en qué sentido no.

Podemos sentar estos tres principios:

lo. Con la muerte de los Apóstoles quedó terminada la Revelación; y después de ellos Dios no ha revelado ninguna verdad nueva.

En consecuencia, cuando la Iglesia define solemnemente un nuevo dogma, no establece una verdad nueva, no contenida en la Escritura y en la Tradición; sino que por el contrario declara que esta verdad está contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición; y que por lo mismo hay que admitirla.

2o. Los dogmas no pueden cambiar de sentido; pero sí pueden cambiar los términos en que son expresados.

a) No pueden cambiar de sentido. Repugna que lo que la Iglesia aceptó ayer como verdadero, hoy lo rechace como falso; o el caso inverso. Ello equivaldría a negar la asistencia que Dios prometió.

b) Pero sí sucede que los dogmas se pueden expresar con palabras más claras y precisas.

Ejemplos: El dogma de la Santísima Trinidad se expresó al principio diciendo que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Fue Tertuliano quien empleó por primera vez la fórmula que después quedó definitiva: En Dios hay Tres Personas y una sola es su Naturaleza.

 
2o. Los dogmas no pueden cambiar de sentido; pero sí pueden cambiar los términos en que son expresados.

a) No pueden cambiar de sentido. Repugna que lo que la Iglesia aceptó ayer como verdadero, hoy lo rechace como falso; o el caso inverso. Ello equivaldría a negar la asistencia que Dios prometió.

b) Pero sí sucede que los dogmas se pueden expresar con palabras más claras y precisas.

Ejemplos: El dogma de la Santísima Trinidad se expresó al principio diciendo que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Fue Tertuliano quien empleó por primera vez la fórmula que después quedó definitiva: En Dios hay Tres Personas y una sola es su Naturaleza.

Desde un principio se admitió que por las palabras de la consagración el pan se cambia en el cuerpo de Cristo. Pero la palabra transubstanciación (cambio de una substancia a otra) la empleó por primera vez la Iglesia en el IV Concilio de Letrán 1215).

En consecuencia el dogma es invariable, pero las explicaciones y términos de los teólogos pueden cambiar. La Iglesia sólo los acepta como la mejor manera de expresar por el momento el Dogma de que se trata.

3o. El progreso del Dogma consiste en que la Iglesia enseña de modo claro y explícito, verdades que estaban contenidas en la Escritura y en la Tradición de modo velado e implícito.

Así el Dogma de la infalibilidad del Papa estaba contenida en forma implícita y velada en las palabras: "Tú eres Pedro, y sobre ti edificaré mí Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mt. 16, 18). O en estas otras, dirigidas también a San Pedro: "He rogado por ti para que tu fe no perezca, y tú confirmado en ella confirma a tus hermanos" (Lc. 22, 32).

Y el Concilio Vaticano I definió el dogma de una manera precisa y explícita, precisando que el Papa es infalible cuando habla de dogma o de moral a toda la Iglesia en calidad de maestro supremo.

No debe extrañarnos este progreso pues la Sagrada Escritura es un libro lleno de profunda y misteriosasabiduría, de suerte que no entrega de una vez todas las verdades que contiene, sino a medida que se estudia y se reflexiona sobre ellas.




3. La Fe sobrenatural

3. LA FE SOBRENATURAL: CREO EN DIOS

Tratamos ahora de la fe, inmediatamente después de haber hablado de la Revelación. Este orden perfectamente lógico: la fe es la respuesta o aceptación del hombre a todo aquello que Dios le ha revelado.

3.1 NATURALEZA DE LA FE

3.1.1 Noción general

Fe en general es admitir por cierto lo que otro nos dice. Por ejemplo, cuando creo un hecho que me lo cuenta una persona que merece crédito. Así, lo que caracteriza a la fe es admitir una cosa porque otro la dice; o lo que es lo mismo, admitirla por el testimonio del otro.

"Cuando Dios revela, se le debe la "obediencia de la fe" (Rom. 16, 26; cfr. Rom. 1, 5; Cor. lo, 5-6), por la que el hombre se entrega todo él con libertad a Dios, prestando el pleno homenaje de la inteligencia y de la voluntad a Dios revelador y dando voluntariamente su asentimiento a la revelación que El le hace" (Conc. Vaticano II, Const. dogm. Dei Verbum, núm. 5).

La fe se diferencia:

a) de la opinión que no admite las cosas como ciertas, sino como simplemente probables. La fe no es mera opinión porque no da sólo probabilidad, sino certeza moral, de lo que se cree.

Así se creen, por ejemplo, la casi totalidad de los hechos históricos, que no se conocen de visu, sino sólo por testimonio de otros.

b) de la ciencia, que admite las cosas como ciertas, pero no porque otro las dice, sino Porque uno ve o comprende que son así.

Por ejemplo, no admitimos que es de día o que dos y dos sean cuatro porque otro lo diga, si no porque vemos y comprendemos que es así.

En la fe se admite la verdad con toda certeza, no por la evidencia de la verdad en sí, sino por la confianza de aquél que nos enseña la verdad.

La fe se divide en divina y humana, según que admitamos: lo que Dios o el hombre nos enseñan.

Hay muchas verdades de fe humana, porque son muchas las cosas que no podemos saber sino por el testimonio de otros; por ejemplo, quiénes son nuestros padres, dónde nacimos, y en general todo acontecimiento que no hemos presenciado personalmente.

Recuérdese que el saber basado en el testimonio de otro es el más frecuente en la vida diaria; hasta en las mismas ciencias llamadas experimentales se aceptan verdades por un acto de confianza en el testimonio o autoridad de otros investigadores.

3.1.2 La fe es una virtud sobrenatural

El Concilio Vaticano I define la fe como: "una virtud sobrenatural por la que, con la inspiración y ayuda de la gracia de Dios, creemos ser verdadero lo que por El ha sido revelado; no por la intrínseca verdad de las cosas percibidas por la luz natural de la razón, sino por la autoridad de¡mismo Dios que revela, el cual no puede engañarse ni engañarnos" (Conc. Vaticano I, Const. dogm. Dei Filius, c. 3, Dz. 1789).

Elementos de la definición:

a) La fe es una virtud sobrenatural, pues trasciende todo orden natural o humano, ya que Dios --como hemos visto- nos habla a través de la Revelación que es sobrenatural. La fe, respuesta a esa Revelación, debe ser también sobrenatural.

b) Con ayuda de la gracia, pues esta virtud supera las capacidades puramente naturales del hombre.

c) Creemos ser verdadero lo revelado; aceptamos esas verdades que constituyen lo que se llama objeto de la fe, es decir, el conjunto de todas las enseñanzas divinas.

d) No creemos por la intrínseca verdad de las cosas, pues esa verdad no la captamos con nuestra mente en toda su profundidad, toda vez que rebasan las capacidades del intelecto creado.

e) Creemos por la autoridad de Dios, que merece la más plena confianza, por encima de cualquier otro testigo cualificado o la suma de todos ellos: Dios siendo infinitamente sabio, no puede engañarse; y siendo infinitamente santo, no puede engañarnos. La autoridad de Dios es el motivo de la fe.

3.1.3 Diversas especies de fe

Debemos distinguir entre fe divina y fe católica.

a) Fe divina. Tiene lugar cuando la verdad que se cree ha sido revelada por Dios, pero no ha sido definida por la Iglesia. Por ejemplo, la infalibilidad del Papa antes del Concilio Vaticano I.

b) Fe católica. Tiene lugar cuando la verdad ha sido revelada por Dios y definida solemnemente por la Iglesia. Por ejemplo la infalibilidad del Papa después del Concilio Vaticano I.

En la fe debemos distinguir dos cosas: el hábito (virtud de la fe) que se nos infunde en el bautismo; y el acto de fe que se encuentra en el asentimiento que da nuestro entendimiento a la verdad revelada. Así, por ejemplo, al decir "Creo en Dios" hago un acto de fe que actualiza el hábito infuso de la fe.

Conviene observar que los protestantes tienen una idea errada sobre la fe, pues para ellos la fe no es el asentimiento de nuestra mente sino la confianza de que los méritos de Cristo nos sean aplicados. Confunden pues la fe con la esperanza.

3.2 CARACTER RAZONABLE DE LA FE

La fe es perfectamente racional, tanto en el motivo, como en el modo de inducirnos a creer.

a) La fe es racional en el motivo. En efecto, para creer en un hombre le exigimos: 1) ciencia, esto es, que sepa lo que dice; 2) veracidad, que tenga la rectitud necesaria para no engañarnos.

Pues bien estas dos condiciones que exigimos en el hombre las encontramos siempre en Dios y en un grado muy superior. Pues Dios jamás podrá engañarse ni engañarnos.

b) La fe es también racional en el modo. En efecto, la fe no nos obliga a creer las verdades reveladas, sino después de estar seguros de que Dios en verdad las ha revelado.

Si creyéramos una verdad como revelada por Dios, sin tener seguridad de que en verdad fue Dios quien la reveló, nuestra fe no tendría fundamento racional.

Por eso Dios, antes de obligarnos a creer, nos prueba mediante el milagro y la profecía que es El quien en verdad ha revelado.

3.3 MOTIVOS DE CREDIBILIDAD

Se llaman motivos de credibilidad a los argumentos que prueban el origen divino de la Revelación.

Se llaman motivos de credibilidad, porque hacen creible o aceptable que la Revelación en verdad venga de Dios (cfr. Conc. Vaticano I, Const. dogm. Dei Filius, c. 3, Dz. 1790).

En efecto, siendo el milagro y la profecía obras exclusivas de Dios, cuando existen en favor de una doctrina, prueban con evidencia que ella viene de Dios. De otra suerte Dios mismo nos indujera al error.

Los motivos de credibilidad son indispensables, porque Dios no puede obligar al hombre a creer las verdades de la fe, sin haberle probado primero que El en verdad las reveló.

Los principales motivos de credibilidad son el milagro y la profecía, pues como sólo Dios puede efectuarlos, cuando se presentan en comprobación de una doctrina, prueban con evidencia que ésta viene de Dios.

Hay también otros dos motivos que nos mueven a aceptar como divina, la revelación:

a) La sabiduría excelentísima de la doctrina revelada que la hace inmensamente superior a todas las invenciones humanas;

b) Su eminente santidad y su eficacia para levantar al hombre de sus flaquezas y errores.

Diferencias entre los motivos de credibilidad y el motivo de fe:

lo. Los motivos de credibilidad son múltiples (milagro, profecía, etc.); el motivo de la fe es único: la autoridad de Dios.

2o. Los motivos de credibilidad son anteriores al acto de fe; el motivo de la fe forma parte del mismo. En efecto, no creo (acto de fe), sino después de tener certeza por los milagros y por las profecías de que Dios ha revelado.

3o. Los motivos de credibilidad no obran en todos con la misma fuerza; a unos mueven más los milagros; a otros las profecías, a otros la sabiduría y santidad de la Religión cristiana para admitir la divinidad de la revelación. Por el contrario, el motivo de fe obra en todos con la misma eficacia; cada uno de los cristianos se dice: Dios ha revelado, luego debo creer.

Los motivos de credibilidad los conocemos por conducto de la razón. Así la razón sirve de base y fundamento a nuestra fe.

3.4 EL ACTO DE FE

El acto de fe es un acto de nuestro entendimiento, bajo el impulso de nuestra voluntad, movida por la gracia.

lo. Es un acto del entendimiento, porque la fe nos enseña verdades, y la verdad es el objeto del entendimiento.

2o. Bajo el impulso de la voluntad, porque las verdades de la fe no se presentan con evidencia al entendimiento; y así éste no las admite si la voluntad no lo mueve a creer.

Es cierto que los motivos de credibilidad (milagros) obran en nuestra voluntad para moverla a creer, pero sin hacerle violencia, ni forzar su libertad.

Dios no ha querido dar una evidencia absoluta a las pruebas de la revelación, para con. servar el mérito de fe. Por eso les infundió luz suficiente para ahuyentar toda duda prudente en los entendimientos bien dispuestos; pero no les infundió una evidencia que obligara a creer a los entendimientos rebeldes.

Por eso para creer se necesita una voluntad recta. Por eso también quien no vive la virtud de la santa pureza, y se deja llevar por el orgullo puede ser inducido fácilmente a la incredulidad. Así como el animal inmundo encenega el agua pura que bebe, así una voluntad viciada por la sensualidad y el orgullo se ensucia ella misma la fuente de la fe, límpida para otros.

3o. Movida por la gracia. La voluntad acepta la verdad de fe movida por la gracia, pues la fe es una virtud sobrenatural que rebasa con amplitud el ámbito de las fuerzas puramente naturales del hombre.

Podemos decir por tanto -sin olvidar la ayuda de la gracia- que la inteligencia y la voluntad intervienen del siguiente modo:

lo. juicio de credibilidad: es razonable creer

2o. juicio de credentidad: debo creer

3o. decisión de la voluntad: quiero creer

4o. asentimiento del intelecto: creo


3.5 RELACIONES ENTRE LA CIENCIA Y LA FE

a) No puede haber oposición entre ellas

Entre la ciencia y la fe no puede haber oposición porque la una y la otra vienen de Dios; y si hubiera oposición entre ellas, Dios se contradiría a sí mismo.

Precisando los términos, debemos decir que no puede haber contradicción entre una verdad científica y una verdad religiosa.

1) Por verdad científica se entiende una verdad comprobada con absoluta certeza por la ciencia; no una simple hipótesis o teoría de un sabio, por autorizado que sea.

2) Por verdad religiosa se entiende una verdad propuesta por la Iglesia como obligatoria a nuestra creencia; no la opinión de un teólogo por autorizado que sea.

Cuando se advierte una contradicción entre la ciencia y la fe, hemos de juzgar que se trata de una contradicción aparente, que existe:

lo. O entre una opinión teológico y una hipótesis científica, y en este caso ni la primera es verdad religiosa, ni la segunda verdad científica.

2o. O entre una verdad religiosa y una hipótesis científica no demostrada, por ejemplo, entre el dogma de la creación y la hipótesis transformista que enseña que el hombre viene del mono.

3o. O por fin, entre una opinión teológico y una verdad científica demostrada, por ejemplo, entre la opinión de algunos teólogos que interpretaban los días de la creación como días naturales de veinticuatro horas, y la verdad científica de que el mundo necesitó latgos siglos para su formación.

Pero podemos tener seguridad absoluta de que nunca una verdad de fe estará en contradicción real con una verdad científica, porque la verdad no puede contradecirse a sí misma.

El Concilio Vaticano I afirma que "aunque la fe esté por encima de la razón, sin embargo, ninguna verdadera disensión puede jamás darse entre la fe y la razón, como quiera que el mismo Dios que revela los misterios e infunde la fe, puso dentro del alma humana la luz de la razón, y Dios no puede negarse a sí mismo ni la verdad contradecir jamás a la verdad" (Conc. Vaticano I, Const. dogm. Dei Filius, c. 4, Dz. 1,797).

b) Se ayudan mutuamente

La fe no es enemiga de la ciencia ni le teme a la ciencia, sino a la ignorancia. Es una gran verdad lo que dijo un pensador: "Si la poca ciencia aparta de Dios alguna vez, la mucha ciencia conduce siempre a El" (Bacon).

lo. La fe es útil a la ciencia, especialmente en tres sentidos:

a) le da, firmeza, haciéndola conocer con certidumbre muchas verdades de capital importancia, que la razón sólo conoce de modo incierto.

b) La preserva de error, impidiéndole tomar por caminos extraviados.

c) La ilustra, manifestándole muchas verdades que la razón sola nunca pudiera conocer. La fe es como un poderoso telescopio que aumenta poderosamente el alcance de la razón.

2o. La ciencia ayuda a la fe: a) en cuanto la razón es la que demuestra los motivos de credibilidad. b) Y las ciencias son auxiliar eficaz e indispensable en el estudio de las verdades de la fe.

Es interesante resaltar el llamado que hace la Conferencia de Puebla: "A los científicos, técnicos y forjadores de la sociedad tecnológica, para que aliente el espíritu científico con amor a la verdad ( ); para que eviten los efectos negativos de una sociedad hedonista y la tentación tecnocrátíca ( ) Exhortamos a todos los pensadores conscientes del valor de la sabiduría ( ) a que tengan en cuenta la gran afirmación de la Gaudium et Spes: "El destino futuro del mundo corre peligro si no se forman hombres más instruidos en esta sabiduría (n. 15)" (Puebla, 1979, n. 1240).


INTRODUCCION A LA LECTURA DE LA BIBLIA

Introducción

Sin ninguna duda, en las últimas décadas se ha producido un gran despertar bíblico entre lo católicos. La lectura de la Biblia va dejando de ser algo reservado a nuestros hermanos de las otras Iglesias o grupos cristianos. Prueba de esto es la multiplicación de ediciones católicas de la Biblia en todos los idiomas y más concretamente en castellano. Además se multiplican los círculos y encuentros de iniciación y reflexión bíblica. Se trata de un hecho sumamente positivo que tuvo su aval y su mejor estímulo en el Concilio Vaticano II concluido hace 25 años. ¡Cómo no va a ser positivo que se conozca en forma directa la Palabra que fundamenta y alimenta toda nuestra fe! Esa Palabra que, en buena parte -lo que nosotros llamamos Antiguo Testamento -es leída y venerada también por los judíos. Sin embargo, el entusiasmo inicial por la lectura de la Biblia se transforma no pocas veces en una especie de decepción. "Yo leo la Biblia pero no la entiendo": esta es una expresión que suele estar en labios de personas muy sinceras y llenas de buena voluntad. Como consecuencia, a menudo se abandona aquella lectura.


La Biblia no es un libro fácilHay que reconocer que la Biblia no es un Libro fácil. No lo fue nunca y tampoco lo es ahora. En mayor o menor grado a todos nos pasa lo que le sucedió a aquel funcionario de la reina de Etiopía que volvía de Jerusalén leyendo al profeta Isaías: ¿Cómo lo Puedo entender, si Nadie me lo explica?".
Una traducción inteligible es muy importante y es lo que se ha intentado con la versión realizada en nuestro país, titulada "El Libro del Pueblo de Dios". Pero no basta. Necesitamos que nos inicien y nos guíen en la lectura de la Biblia. O sea, que nos hagan entrar en el mundo de la Biblia, que fue escrita -sobre todo el Antiguo Testamento- en épocas y ambientes tan distintos de los nuestros.
Entonces, ¿será la Biblia sólo para "iniciados"? Sí y no. No, si entendemos por "iniciados" a una minoría selecta con muchos conocimientos intelectuales. Sí, si nos referimos a una iniciación por lo menos elemental, semejante a la que se necesita para manejar un automóvil o desempeñarse en cualquier trabajo.

Finalidad última de su lectura


De todos modos no se trata de oponer una lectura "científica" de la Biblia a otra llamada "espiritual". Por supuesto, lo importante es en último término descubrir el mensaje siempre actual de la Biblia y su aplicación a nuestra vida: "¿Qué nos dice Dios aquí y ahora a través de esos viejos textos de otros tiempos y lugares?".

Precisamente, para lograr esto como es debido, no queriendo hacer decir a la Biblia lo que nosotros queremos que diga, se hace necesaria una suficiente iniciación. De lo contrario, los textos de la Sagrada Escritura pueden confundirnos y hasta desconcertarnos. Incluso, pueden llevarnos a conclusiones completamente gratuitas y fantasiosas, cuando no contrarias a la verdadera fe. Es lo que sucede con algunas sectas tan extendidas en todas partes.


A esta finalidad responde el presente folleto, que podrá servir de base tanto a la lectura personal de la Biblia cuanto a la que se realiza en forma grupal. Desde luego existen otros libros y escritos elaborados con el mismo fin. De ellos daremos una bibliografía que, sin duda, será de mucha utilidad. Es de esperar que todo esto nos ayude a "leer" los textos bíblicos para "vivir" la Palabra contenida dentro de ellos.

"El Concilio exhorta vehementemente a todos los fieles cristianos a que adquieran el "inapreciable conocimiento de Cristo Jesús", con la lectura frecuente de las divinas Escrituras" (Concilio Vaticano II, Constitución sobre la Revelación divina, 25).



PALABRA DE DIOS Y PALABRA DE LOS HOMBRES


Dios nos habla de muchas y muy diversas maneras. Lo hace a través de la naturaleza, de los acontecimientos y de nuestra conciencia. Pero su Palabra nos llega especialmente en los libros bíblicos. Ahí se conserva su Palabra escrita. Es la Palabra del Padre celestial, que "sale al encuentro de sus hijos y entabla conversación con ellos", según una feliz expresión del Concilio Vaticano II.

"Toda la Escritura está inspirada por Dios", nos enseña el Apóstol san Pablo. Y así lo reconocen numerosos textos de los mismos Libros Sagrados. De ahí el valor excepcional que siempre se les dio tanto en el Pueblo de Israel cuanto en la Iglesia de Jesucristo. Los Apóstoles basaron su predicación en los escritos del Antiguo testamento y el mismo Jesús confirmó sus enseñanzas."Palabra de Dios", se nos dice después de proclamarse los textos de la Biblia en las celebraciones litúrgicas. Y así debemos escucharlos y leerlos nosotros, "como lo que son realmente: como Palabra de Dios, que actúa en los que creen", según otra afirmación de san Pablo. Sólo esos textos tienen a Dios por autor principal, y ningún otro escrito, por bueno que sea, puede equipararse con ellos.

Libro de Dios, libro de hombres


Pero si bien la Biblia fue inspirada por Dios de una forma única y exclusiva, eso no significa que haya caído del cielo. A fuerza de repetir que ella contiene la Palabra de Dios, existe el riesgo de olvidar que fue escrita por hombres diferentes y a lo largo de muchos siglos. A la vez que un Libro "divino", la Biblia es un Libro "humano", El Espíritu Santo inspiró a los autores sagrados, pero no para que fueran simples taquígrafos de lo que El les dictaba. Al contrario, se valió le ellos como de instrumentos vivos y conscientes, respetando la personalidad de cada uno, el idioma que hablaban y su originalidad literaria. Por lo tanto, cada uno de ellos dejó en sus escritos un sello propio y un matiz particular.


De hecho, los Libros inspirados fueron compuestos originariamente en diversas lenguas. A saber, el hebreo, la lengua semita que los israelitas encontraron en la Tierra prometida; el arameo, que llegó a ser la lengua del pueblo; y el griego hablado comúnmente en la época de Jesús. En esta lengua se escribió todo el Nuevo Testamento y dos Libros del Antiguo. La mayor parte del Antiguo, en cambio, fue escrita en hebreo, y sólo unas pocas partes en arameo
.

Un ejemplo puede aclarar esto. El que ejecuta una obra musical está condicionado por las características del instrumento utilizado. También Dios condicionó su Palabra a los que El eligió para escribirla. Una adecuada lectura de la Biblia exige que se tenga bien presente esta realidad sin que eso oscurezca el sello divino que está presente en cada una de sus páginas. La Biblia es Palabra de Dios "escrita" por los hombres y palabra de los hombres "inspirada" por Dios.


El Concilio Vaticano II lo expresa de una manera sumamente elocuente: "Las palabras de Dios, al ser expresadas por lenguas humanas, se hicieron semejantes a la manera humana de hablar, así como un día la Palabra del eterno Padre se hizo semejante a los hombres, asumiendo la carne de la debilidad humana" (Constitución sobre la Revelación divina, 13).


Por más que cueste comprenderlo, los cristianos aceptamos que, al hacerse hombre en Jesucristo, Dios se haya sometido a todas las limitaciones propias de la naturaleza humana. ¿Por qué no vamos a aceptar también que Dios se haya valido de las limitaciones e imperfecciones del lenguaje humano para transmitirnos su mensaje divino? En el fondo, se trata del misterio de la "humanidad" de Dios que quiso salvar a los hombres "poniéndose a su altura".


"La Iglesia siempre ha tenido y tiene las Sagradas Escrituras juntamente con la Tradición, como la regla suprema de su fe, ya que, inspiradas por Dios y consignadas por escrito de una vez para siempre, ellas comunican inmutablemente la Palabra del mismo Dios". (Constitución sobre la Revelación divina, 21)


JESUCRISTO CENTRO DE TODA LA ESCRITURA


Como todos sabemos y más adelante lo vamos a analizar mejor, para los cristianos, la Biblia consta de dos grandes partes, que llamamos el Antiguo y el Nuevo Testamento. Y también sabemos que la línea divisoria entre ambos es Jesucristo: con El, en efecto, se inicia el Nuevo Testamento. Sin duda es así, pero esto no significa que Jesús no tiene mucho que ver con el Antiguo o que está al margen de él. Pensar de esta manera -como sucede a veces inconscientemente- sería un gravísimo error.

La Biblia es una sola. Es como una planta que hunde sus raíces en el Antiguo Testamento y florece en el Nuevo. Y las dos partes que la componen encuentran su unidad en Cristo. El es la clave que nos permite descifrar su sentido más profundo. "Toda la Biblia gira alrededor de Jesucristo: el Antiguo Testamento lo considera como su esperanza, el Nuevo como su modelo, y ambos como su centro". Esta expresión de Pascal -matemático, físico y filósofo del siglo XVII- resume muy bien el lugar de Cristo dentro de la Escritura.


Por eso, cuando san Jerónimo -el gran traductor de la Biblia a la lengua latina en el siglo IV- afirmaba que "ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo", no se refería solamente a los Libros inspirados por Dios después de su venida, como son los Evangelios y el resto de los escritos apostólicos. Lo que quiere decirnos es que tampoco se puede conocer debidamente a Jesucristo si se desconoce lo que está contenido en los Libros Sagrados anteriores a El.


Jesús fue llamado "el profeta de Nazaret" y lo es de verdad. Pero no como uno más entre los tantos que Dios envió a su Pueblo "en muchas ocasiones y de diversas maneras". El es el Profeta en quien se cumplen todas las profecías. Más aún, lejos de ser el mero transmisor de una palabra que se le había confiado, El es la palabra en persona. La Palabra única y definitiva, la "última" Palabra con la que Dios nos dice lo que antes había dicho con muchas palabras.


Más aún, el Apóstol san Pedro llega a decirnos en una de sus Cartas que era "el Espíritu de Cristo el que estaba presente en los profetas" del Antiguo Testamento, inspirándolos e iluminándolos. Lo que equivale a reconocer que Cristo es por igual el gran "protagonista", tanto del Antiguo cuanto del Nuevo Testamento. Con razón, entonces, El desafiaba a sus adversarios, diciéndoles: "Ustedes examinan las Escrituras, porque en ellas piensan encontrar Vida eterna: ellas dan testimonio de mí".

Así se explica que el Señor haya dicho: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos", o sea, en todo lo que es para nosotros el Antiguo Testamento. El Evangelio pone esta advertencia en labios de Jesús resucitado, y agrega: "Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras". También leemos en otra parte del Evangelio que, cuando Jesús resucitó, sus discípulos "creyeron en la Escritura".


No es de extrañar, en consecuencia que uno de los Documentos del Concilio Vaticano II declare que "cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura es el mismo Cristo quien nos habla". El mismo Cristo por boca de Moisés de Isaías o de cualquiera de los escritores sagrados. De ahí que los autores de los Evangelios hayan releído el Antiguo Testamento buscando y encontrando en él a Cristo, como lo recordaremos al tratar sobre los diversos "sentidos" de la Biblia. Por algo solía decirse antiguamente que "la Ley llevaba a Cristo en su seno".


A la luz de Jesucristo todo se aclara y hasta los textos más oscuros y aparentemente menos importantes de la Biblia adquieren una nueva e inesperada dimensión.

Con razón decimos en cada Vigilia Pascual: "Cristo ayer y hoy Principio y Fin, Alfa y Omega. A El pertenece el tiempo y la eternidad. A El sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos". Es fundamental que tratemos de familiarizarnos con esta idea. Sólo así podremos sacarle a la Biblia "todo el jugo" posible. Y esta es, por otra parte, la única forma de leerla "cristianamente".


"La Iglesia siempre ha venerado las Sagradas Escrituras como el mismo Cuerpo de Cristo, porque, sobre todo, en la liturgia, no deja de alimentarse con el Pan de Vida y de distribuirlo a los fieles tomándolo de la Mesa, tanto de la Palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo". (Constitución sobre la Revelación divina, 21)



LA BIBLIA ES UN LIBRO Y UNA BIBLIOTECA


La Biblia es un Libro. El Libro de los libros. El Libro "del Dios del Pueblo" y "del Pueblo de Dios". Pero lo que ahora se publica en un volumen fue primero una serie de textos agrupados poco a poco en razón de un común denominador, a saber, su origen divino. La misma palabra "Biblia" significa "los libros". De ahí que sea, a la vez, un "Libro" y una "Biblioteca" sagrada.


El total de los escritos bíblicos es de 74: 47 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo. Su común denominador no impide que exista entre ellos -como en toda biblioteca- una gran variedad. Allí encontramos relatos históricos narraciones folklóricas, códigos legislativos, oraciones de diferentes clases. oráculos proféticos, poemas de amor, parábolas, refranes, cartas y listas genealógicas.


Se equivocaría completamente el que pensara encontrar en la Biblia lo que suele llamarse un libro "piadoso". Ciertamente lo es, pero no de la manera que muchos se imaginan. En ella está contenida la "Historia de la Salvación". Y esa Historia abarca muchas cosas, como la vida de cada uno y de toda la humanidad. De hecho, Dios quiso hablarnos "así". Y "así" se fue "revelando a los hombres y nos reveló su designio misericordioso de amor.

Diversos sentidos

En la Biblia no debemos atenernos siempre estrictamente a la letra de lo que está escrito. Es indispensable comenzar por averiguar cuál es el estilo o el género literario empleado en cada uno de sus Libros o en las diversas partes de ellos para transmitirnos la Palabra de Dios. A algunos esto los puede desconcertar o confundir un poco, pero sólo así se puede descubrir el verdadero alcance de esa Palabra.
Todos sabemos que un mismo hecho se narra de diferentes maneras, dentro de un círculo de amigos o frente a un tribunal. También sabemos que aún dentro del estilo epistolar, no es lo mismo una carta familiar que otra de carácter comercial.
Lo mismo sucede en la Biblia. ¿Por qué vamos a entender literalmente el relato de la creación del mundo como si se tratara de un informe científico? ¿Y por qué nos vamos a extrañar de que a veces tal o cual acontecimiento se relate de maneras aparentemente contradictorias en uno u otro pasaje bíblico?


En este último caso, podemos preguntarnos cuál de esos relatos es el "exacto". En realidad lo son todos y no lo es ninguno del todo. Sin embargo, todos son "verdaderos". Cada uno, en efecto, pone de relieve un aspecto de la verdad. ¿Acaso la verdad en sí misma no suele ser compleja y casi imposible de abarcar desde un solo ángulo? Como a las montañas, no se la puede conocer desde una sola ladera.

De este modo, podremos manejarnos correctamente en el "mundo" de la Biblia. Podremos conocerla y, sobre todo amarla verdaderamente. En efecto, el deseo de la Iglesia y el objeto de toda iniciación bíblica es que se logre "aquel amor suave y vivo hacia la Sagrada Escritura, atestiguando por la venerable tradición de los ritos litúrgicos, tanto orientales como occidentales". Así afirma el Concilio Vaticano II en su Constitución sobre la Liturgia, 24.


Sí, debemos "amar" la Biblia, como se ama la voz de una persona muy querida. Pero ya sabemos que para llegar a amar de veras a alguien es necesario aceptarlo con sus virtudes y sus defectos, con sus valores y sus limitaciones. También para amar la Biblia hay que comenzar por no idealizarla, queriendo que sea como nosotros desearíamos que fuera: es preciso aceptarla "tal cual es". Y cuanto más la "amemos", más y mejor la "entenderemos".


"La verdad se propone y expresa en la Sagrada Escritura de diversas y variadas maneras, según se trate de textos históricos -con diferentes grados de historicidad- proféticos o poéticos, o de otras formas de hablar. De ahí que la Escritura deba leerse e interpretarse con el mismo espíritu con que se escribió". (Constitución sobre la Revelación divina, 12)

GÉNEROS LITERARIOS

Uno de los géneros literarios más conocidos del Antiguo Testamento es el "histórico", hasta el punto que todo el Antiguo Testamento se concibió como una "Historia Sagrada". De hecho las dos principales obras literarias articuladas de la Biblia - y no meras recopilaciones de obras independientes- Son dos obras "históricas": la "deuteronómica" (Josué, Jueces, Samuel y Reyes) y la del "Cronista" (Crónicas, Esdras y Nehemías).


También la obra literaria de mayor importancia y la más antigua o sea los textos de la tradición llamada "yahvista" -porque en ella se designa a Dios con el nombre de "Yahvé"- es una obra "histórica". Eso no quiere decir que todo lo que se narra en ella sea "histórico". Al contrario, contiene los famosos relatos de la creación del mundo y del hombre, que sirven de introducción a la historia auténtica a la manera de "mitos" que expresan lo que nunca fue y siempre es".


Más aún, cuando se habla del género "histórico" de estas obras literarias de la Biblia, no se debe entender dicha expresión en el sentido que se le da actualmente.
Lo que pretenden esos textos no es simplemente relatar las cosas que sucedieron en otra época.


Las exposiciones históricas más importantes de la Biblia tienen otra finalidad. Son escritos aleccionadores y programáticos, que muestran más bien lo que hay que hacer "ahora". El pasado se narra para que pueda pensarse en los errores que hay que evitar y en las medidas que se deben adoptar: es una "historia profética". Desde luego a través de esta gran obra histórica del Antiguo Testamento nos han llegado muchas noticias del pasado, pero el propósito del autor no era tanto este sino más bien ofrecer un "programa" de gobierno y de reformas.


Esto se nota sobre todo en la obra del "Cronista", cuyo propósito era poner de relieve que la misión esencial de la comunidad religiosa de Israel consistía en dar gloria a Dios en el Templo de Jerusalén. En el fondo, la obra del Cronista es una "reinterpretación" de la historia de Israel.


Sin embargo, no todos los escritos "históricos" del Antiguo Testamento tienen este objetivo "programático". Otros intentan mostrar cómo se ha llegado a una determinada institución o situación discutible del presente por ejemplo, cómo Salomón llegó a ser el legítimo sucesor de David. Este tipo de escritos están mucho más cerca del estilo actual de los libros de historia y sirven de fuentes muy valiosas para el historiador.

De todas maneras, la Biblia contiene y es una "historia sagrada" en el sentido más profundo de la palabra: es la "Historia de la Salvación", la historia de la fidelidad de Dios más allá de las infidelidades de los hombres.


Otro de los géneros literarios de la Biblia es el de los relatos "didácticos" o "doctrinales" con apariencias históricas, entre los que se destacan los libros de Tobías, Judit y Ester. Estos tres Libros pueden considerarse una especie de "novelas históricas", cuya finalidad era levantar el ánimo de Israel en los momentos de desaliento y cuando el pueblo estaba más expuesto a dejarse arrastrar por el paganismo circundante.


En el Nuevo Testamento lo que más se asemeja a estos relatos doctrinales son las célebres "parábolas" que, junto con las fábulas, también se encuentran en el Antiguo Testamento, diseminadas en varios de sus Libros.


Otro caso de relato "doctrinal" es el 2do. libro de los Macabeos con la diferencia de que su autor no lo compuso sobre la base de alusiones bíblicas como las anteriores, sino de extractos de una obra histórica que se perdió.


A estos géneros, hay que agregar el de los "oráculos proféticos" -iniciados casi siempre con la expresión: "Así habla el Señor"- que no sólo se encuentran en las "colecciones proféticas sino también en otros Libros, incluidos los Salmos.


También encontramos en la Biblia el género "apocalíptico", muy extendido entre los judíos desde el siglo II a.C. hasta el II d.C. Se caracteriza por sus "revelaciones", sobre todo acerca del porvenir, y en él abundan las visiones simbólicas, las alegorías enigmáticas, las imágenes sorprendentes y las especulaciones numéricas.Su aparición se explica por las duras condiciones de vida del Judaísmo tardío, que despertaron un gran anhelo de tiempos mejores y de liberación nacional. El prototipo de este género literario en el Antiguo Testamento es el libro de Daniel, así como en el Nuevo Testamento lo es el célebre Apocalipsis.


Otros géneros literarios de la Biblia son el "proverbial" (Proverbios), el de los "poemas didácticos" (Sabiduría), el de los "diálogos sapienciales" (Job), el de las "súplicas individuales o colectivas" (Salmos), el de los "Himnos" Salmos. Aclaremos que en un mismo Libro se mezclan a veces diversos géneros literarios, y tengamos en cuenta que un mismo hecho puede ser narrado con diversos géneros literarios. Un ejemplo de esto es lo que sucede con el "Oráculo profético" de 2 Sam. 7. 4-17, que está en el origen de la esperanza mesiánica de Israel y tiene un hermoso paralelo poético en Sal. 89. 20-38.


COMO NACIÓ Y SE FORMÓ LA BIBLIA


Uno de los géneros literarios más conocidos del Antiguo Testamento es el "histórico", hasta el punto que todo el Antiguo Testamento se concibió como una "Historia Sagrada". De hecho las dos principales obras literarias articuladas de la Biblia - y no meras recopilaciones de obras independientes- Son dos obras "históricas": la "deuteronómica" (Josué, Jueces, Samuel y Reyes) y la del "Cronista" (Crónicas, Esdras y Nehemías).


También la obra literaria de mayor importancia y la más antigua o sea los textos de la tradición llamada "yahvista" -porque en ella se designa a Dios con el nombre de "Yahvé"- es una obra "histórica". Eso no quiere decir que todo lo que se narra en ella sea "histórico". Al contrario, contiene los famosos relatos de la creación del mundo y del hombre, que sirven de introducción a la historia auténtica a la manera de "mitos" que expresan lo que nunca fue y siempre es".


Más aún, cuando se habla del género "histórico" de estas obras literarias de la Biblia, no se debe entender dicha expresión en el sentido que se le da actualmente. Lo que pretenden esos textos no es simplemente relatar las cosas que sucedieron en otra época.Las exposiciones históricas más importantes de la Biblia tienen otra finalidad. Son escritos aleccionadores y programáticos, que muestran más bien lo que hay que hacer "ahora". El pasado se narra para que pueda pensarse en los errores que hay que evitar y en las medidas que se deben adoptar: es una "historia profética". Desde luego a través de esta gran obra histórica del Antiguo Testamento nos han llegado muchas noticias del pasado, pero el propósito del autor no era tanto este sino más bien ofrecer un "programa" de gobierno y de reformas. Esto se nota sobre todo en la obra del "Cronista", cuyo propósito era poner de relieve que la misión esencial de la comunidad religiosa de Israel consistía en dar gloria a Dios en el Templo de Jerusalén. En el fondo, la obra del Cronista es una "reinterpretación" de la historia de Israel.
Sin embargo, no todos los escritos "históricos" del Antiguo Testamento tienen este objetivo "programático". Otros intentan mostrar cómo se ha llegado a una determinada institución o situación discutible del presente por ejemplo, cómo Salomón llegó a ser el legítimo sucesor de David. Este tipo de escritos están mucho más cerca del estilo actual de los libros de historia y sirven de fuentes muy valiosas para el historiador.

De todas maneras, la Biblia contiene y es una "historia sagrada" en el sentido más profundo de la palabra: es la "Historia de la Salvación", la historia de la fidelidad de Dios más allá de las infidelidades de los hombres. Otro de los géneros literarios de la Biblia es el de los relatos "didácticos" o "doctrinales" con apariencias históricas, entre los que se destacan los libros de Tobías, Judit y Ester. Estos tres Libros pueden considerarse una especie de "novelas históricas", cuya finalidad era levantar el ánimo de Israel en los momentos de desaliento y cuando el pueblo estaba más expuesto a dejarse arrastrar por el paganismo circundante. En el Nuevo Testamento lo que más se asemeja a estos relatos doctrinales son las célebres "parábolas" que, junto con las fábulas, también se encuentran en el Antiguo Testamento, diseminadas en varios de sus Libros. Otro caso de relato "doctrinal" es el 2do. libro de los Macabeos con la diferencia de que su autor no lo compuso sobre la base de alusiones bíblicas como las anteriores, sino de extractos de una obra histórica que se perdió.
A estos géneros, hay que agregar el de los "oráculos proféticos" -iniciados casi siempre con la expresión: "Así habla el Señor"- que no sólo se encuentran en las "colecciones proféticas sino también en otros Libros, incluidos los Salmos. También encontramos en la Biblia el género "apocalíptico", muy extendido entre los judíos desde el siglo II a.C. hasta el II d.C. Se caracteriza por sus "revelaciones", sobre todo acerca del porvenir, y en él abundan las visiones simbólicas, las alegorías enigmáticas, las imágenes sorprendentes y las especulaciones numéricas. Su aparición se explica por las duras condiciones de vida del Judaísmo tardío, que despertaron un gran anhelo de tiempos mejores y de liberación nacional. El prototipo de este género literario en el Antiguo Testamento es el libro de Daniel, así como en el Nuevo Testamento lo es el célebre Apocalipsis. Otros géneros literarios de la Biblia son el "proverbial" (Proverbios), el de los "poemas didácticos" (Sabiduría), el de los "diálogos sapienciales" (Job), el de las "súplicas individuales o colectivas" (Salmos), el de los "Himnos" Salmos.
Aclaremos que en un mismo Libro se mezclan a veces diversos géneros literarios, y tengamos en cuenta que un mismo hecho puede ser narrado con diversos géneros literarios. Un ejemplo de esto es lo que sucede con el "Oráculo profético" de 2 Sam. 7. 4-17, que está en el origen de la esperanza mesiánica de Israel y tiene un hermoso paralelo poético en Sal. 89. 20-38

ORIGEN

Los orígenes de la Biblia se encuentran en las "tradiciones orales", transmitidas de padres a hijos. Estas, a falta de escritura, tenían antiguamente mucha más vigencia que en la actualidad. Las primeras de esas tradiciones se remontan al tiempo de Moisés, 13 siglos antes de Cristo. En cuanto a los primeros textos escritos, datan del siglo XI, o sea, de la época del rey David.


A partir de entonces, se fue "haciendo" la Biblia. Para los judíos -que sólo tienen lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento- ella quedó terminada dos siglos antes de Jesucristo. Para los cristianos, en cambio, a fines del siglo I de nuestra era, con el último libro del Nuevo Testamento. La composición de la Biblia abarca, por lo tanto, nada menos que un milenio, y ninguno de sus autores sabía que estaba escribiendo la Biblia...

El Pueblo israelita, primero, y luego, la Iglesia reconocieron que esos escritos -entre muchos otros también de carácter religioso- habían sido inspirados por Dios para manifestares a los hombres a través de ellos. Pero esto tampoco ocurrió de golpe sino progresivamente. Sólo después de la destrucción de Jerusalén en el año 70, los judíos completaron su lista -lo que se llama el "canon"- de Libros Sagrados. Y la Iglesia terminó de hacer lo propio en el curso del siglo IV

ES UNA SOLA BIBLIA

La Biblia es una sola, pero del Antiguo Testamento existe una versión hebrea y otra griega. La segunda fue elaborada en la ciudad de Alejandría, en Egipto, unos doscientos años antes de Jesucristo, para uso de los judíos que habitaban fuera de Palestina. En esta versión griega hay 7 libros y algunos fragmentos de otros dos que no fueron reconocidos como "inspirados" por los judíos de Palestina.

Estos Libros que no entraron en el canon hebreo son Judit, Tobías, 1ro. y 2do. de los Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc, incluida la Carta de Jeremías. A ellos hay que agregar una parte del libro de Ester y otra del libro de Daniel. La razón para no admitirlos es que algunos de ellos habían sido escritos originariamente en griego y de otros sólo se conservaba la traducción en esa lengua. Tampoco los protestantes los aceptan. La Iglesia Católica, en cambio, los incluye con el nombre de "deuterocanónicos", o sea, "reconocidos en segundo término".


¿Y en qué orden se escribió la Biblia?


Ciertamente, no en el que figura actualmente. Así, por ejemplo, los cinco primeros Libros que ahora la encabezan sólo adquirieron su forma definitiva en el siglo V antes de Jesucristo, cuando ya existían muchos otros del Antiguo Testamento. Y antes de que se escribieran los Evangelios, ya habían aparecido varias Cartas apostólicas. Sólo el Apocalipsis sigue un orden cronológico: es el que cierra la Biblia y, a la vez, el último que se escribió.


También varía el orden actual de ubicación de los Libros del Antiguo Testamento. En la mayor parte de las versiones se sigue el orden de la Biblia griega, que los ubica dentro de cuatro partes, a saber, el Pentateuco, los Libros históricos, los libros proféticos y los libros poéticos y sapienciales. Otras versiones -entre ellas, la argentina- siguen el orden de la Biblia hebrea, que contiene tres partes: la Ley , los Profetas y los demás Escritos.

En cuanto a los originales de la Biblia, se perdieron hace mucho tiempo, lo mismo que los originales de los grandes escritores de la antigüedad. Las copias más antiguas de casi toda la Biblia griega datan de los siglos IV al V de nuestra era. De la Biblia hebrea completa, los manuscritos más antiguos son de los siglos IX al XI.

Pero entre los años 1947 y 1957 se descubrieron cerca del Mar Muerto 600 fragmentos del Antiguo Testamento que datan de la época de Jesús. Y del Nuevo Testamento también se conservan algunos fragmentos bastante cercanos a la época en que fueron escritos.

"La Iglesia, instruida por el Espíritu Santo se esfuerza por acercarse cada vez más a una mayor comprensión de las Sagradas Escrituras para poder alimentar continuamente a sus hijos con las enseñanzas divinas". (Constitución sobre la Revelación divina, 23)

DEL ANTIGUO AL NUEVO TESTAMENTO

Con mucha frecuencia, se oye aplicar la palabra Biblia nada más que a los escritos del Antiguo Testamento. Desde luego eso es perfectamente correcto para los creyentes del Pueblo de la primera Alianza pero no para los que pertenecemos al Pueblo de la Nueva Alianza. También los escritos nacidos en el seno del Cristianismo forman parte de la Biblia. Hacemos "nuestro" el Antiguo Testamento pero a la vez lo completamos con el Nuevo.

Por supuesto los primeros creyentes no tenían otra Biblia que los Libros Sagrados del Judaísmo leídos e interpretados a la luz de la fe en Jesucristo resucitado. Esa fe no se basaba en testimonios escritos sino en la predicación apostólica cuyo núcleo central era el Misterio Pascual del Señor. Con todo la transmisión oral del mensaje cristiano pronto resultó insuficiente para satisfacer las necesidades de una Iglesia en rápida expansión.

De hecho el Apóstol Pablo tuvo que redactar varias Cartas para mantenerse en contacto con las Comunidades fundadas por él. Y a medida que iban muriendo los que habían conocido al Señor se hizo más urgente recoger por escrito su mensaje. Es así como fueron apareciendo los primeros textos que con el tiempo serían oficialmente reconocidos como inspirados por Dios lo mismo que los textos del Antiguo Testamento.


CUATRO EVANGELIOS Y UN SOLO EVANGELIO


Entre los escritos cristianos de la Biblia sobresalen los llamados Evangelios. Como es sabido Jesús no dejó ningún escrito personal. En cambio el recuerdo de su palabra y de sus obras permaneció vivo en la memoria de los que lo habían visto y oído. Y ese recuerdo difundido de boca en boca fue tomando forma progresivamente dentro de las primeras comunidades sobre todo con ocasión de las celebraciones cultuales y de la catequesis a los recién bautizados.


Fueron cuatro los discípulos que recopilaron los dichos y hechos del Señor y en base de ellos redactaron sus respectivos Evangelios. Los tres primeros -el del Apóstol Mateo el de Marcos intérprete de san Pedro y el de Lucas, compañero de viaje de san Pablo- siguen un esquema más o menos semejante y tienen muchas coincidencias entre sí. El cuarto en cambio -atribuido al Apóstol Juan- difiere considerablemente de los otros tanto por su forma cuanto por su contenido.


Sin embargo los "cuatro" Evangelios no son en el fondo más que "un" solo Evangelio. Es decir una sola Buena Noticia -este es el significado de la palabra "Evangelio"- la más "buena" y la más "noticia". La Buena Noticia de Jesús, expresada "según" cada uno de los que la escribieron. Reducir los Evangelios a simples "vidas" de Jesús, o a un conjunto de relatos más o menos interesantes, es empobrecerlos y perder de vista su contenido más profundo

LA BUENA NOTICIA ANTICIPADA Y CUMPLIDA

Y si bien a partir del siglo II, el nombre de Evangelio se reservó a estos cuatro escritos, todo el resto del Nuevo Testamento merece este mismo título. También los Hechos, las Cartas apostólicas y el Apocalipsis son verdadero "Evangelio". También ellos contienen la "Buena Noticia" " en la que hemos creído y por la que somos salvados", según la expresión de san Pablo. ¿Y por qué no dar igualmente este nombre a los Libros del Antiguo Testamento? ¿Acaso todos ellos no anticipan el Evangelio cristiano?

Al incluir entre los Libros Sagrados sus propios escritos que ahora constituyen el Libro de la Nueva Alianza o Nuevo Testamento la Iglesia no pretendió sustituir un Testamento por otro. Entre ambos no hay "ruptura", sino "continuidad". Para expresarla, el arte cristiano representó alguna vez a los cuatro grandes "profetas" del Antiguo Testamento llevando sobre sus espaldas a los cuatro evangelistas. A veces, lo "nuevo" desplaza lo "antiguo": en la Biblia, lo asume.


CARACTERÍSTICAS DE LOS CUATRO EVANGELIOS


Marcos

Compuesto entre los años 65 y 70, y el más breve- fue escrito para los cristianos venidos del paganismo. Tras los pasos de Jesús, quiere llevarnos a descubrir gradualmente que El es el Mesías y el hijo de Dios. La primera parte (caps. 1-8) nos lleva a interrogarnos sobre la identidad de Jesús a través de sus milagros y enseñanzas. Así podemos proclamar con Pedro al final de esta parte: "Tú eres el Mesías" (8. 29). En la segunda parte (caps. 9-16) nos encaminamos con El hacia la Pasión, comprendiendo que seguir a Cristo significa hacerlo por el camino de la Cruz. A diferencia de Mateo, Marcos se interesa más por las acciones que por las palabras del Señor, y pone especialmente de relieve su humanidad.

Mateo

Compuesto hacia el año 80- está dirigido a los cristianos venidos del Judaísmo. Quiere demostrar por medio de las antiguas Escrituras que Jesús es el Mesías esperado por Israel. Este evangelista reúne su material en siete libros: un prólogo con los relatos de la infancia del Señor (caps. 1-2), un epílogo con los acontecimientos pascuales (caps. 26-28) y cinco secciones intermedias. En estas últimas se agrupan otros tantos discursos del Señor, donde El aparece como el nuevo Moisés, que lleva a su plenitud la Ley de la Antigua Alianza. El tema central de estos discursos, precedidos cada uno de una parte narrativa, es el Reino de Dios, al que Mateo llama ordinariamente Reino "de los Cielos"

Lucas

Compuesto también hacia el año 80- es el Evangelio de la misión a los paganos, a la vez que el de la misericordia y el perdón. Todos sin distinción son invitados a participar del Reino anunciado e iniciado por Jesús. Esta Salvación universal crea un clima de alabanza y alegría, y en ella el Espíritu Santo ocupa un lugar fundamental. Además, Jerusalén aparece como el lugar en el que se realiza la Salvación. Todo comienza y termina en el Templo, y más de la mitad del Evangelio -desde 9. 51 hasta el final- es un largo viaje hacia la Ciudad santa donde el Señor culmina su obra salvadora. También el libro de los Hechos de los Apóstoles, que es la continuación de este Evangelio, sitúa en Jerusalén la venida del Espíritu y el punto de partida de la acción evangelizadora.

Juan

Compuesto hacia el año 95- no sigue el mismo esquema que los tres Evangelios anteriores y supone una reflexión mucho más desarrollada sobre el misterio de la persona y la misión de Jesucristo. Este Evangelio comienza remontándose al origen divino del Señor, a quien presenta como la Palabra de Dios que existía eternamente y "se hizo carne" en el tiempo. La primera parte (caps. 1-12) gira alrededor de "siete" signos -los milagros- que dejan traslucir aquel misterio, a través de los discursos explicativos que los acompañan. La segunda parte (caps. 13-21) nos pone ante la "hora" de Jesús, a la que El mismo hizo varias veces referencia a lo largo de su actividad pública, la "hora" en que debía manifestarse su "gloria" por medio de la muerte.

Manantial inagotable

"Señor, ¿quién es capaz de comprender toda la riqueza de una sola de tus palabras? Es más lo que dejamos que lo que captamos, como los sedientos que beben de un manantial. Las perspectivas de la Palabra de Dios son numerosas, según las posibilidades de los que la estudian. El Señor ha pintado su Palabra con diferentes colores, para que cada discípulo pueda contemplar lo que le agrada. Encerró en su Palabra muchos tesoros, para que cada uno de nosotros al meditarla, encuentre una riqueza.

El que alcanza una parte del tesoro no crea que esa Palabra contiene sólo lo que él encontró, sino piense que él únicamente encontró una parte de lo mucho que ella encierra. Enriquecido por la Palabra, no crea que esta se ha empobrecido, sino que viendo, que no a podido captar todo, dé gracias a causa de su gran riqueza. Alégrate de haber sido vencido, y no te entristezcas de que te haya superado. El sediento se alegra cuando bebe, y no se entristece porque no puede agotar el manantial, porque si tu sed se sacia antes de que se agote el manantial, cuando vuelvas a tener sed podrás beber nuevamente de él; si, por el contrario una vez saciada tu sed, el manantial se secara, tu victoria se convertiría en un mal para ti.

Da gracias por lo que recibiste, y no te pongas triste por lo que queda y sobreabunda. Lo que recibiste, lo que a ti te tocó, es tu parte; pero lo que queda es tu herencia. Lo que a causa de tu debilidad no puedes recibir ahora, lo podrás recibir, si perseveras, en otros momentos. No intentes beber avaramente de una sola vez lo que no se puede beber de una sola vez, ni renuncies por negligencia a lo que podrás beber poco a poco" (San Efrén, s. IV, Diácono y Doctor. de la Iglesia)

1. Existencia de Dios

1.1 VERDAD FUNDAMENTAL Y COMPROBABLE

La existencia de Dios es la verdad fundamental de la religión, el punto de partida. No tendría siquiera sentido hablar de la fe, de la religión o del dogma sin antes dejar sentada esta verdad. La razón humana, con su sola fuerza, sin ayuda de lo sobrenatural, puede llegar a demostrar la existencia de Dios, y a deducir muchas de sus perfecciones.

Ciertamente no podemos comprender a Dios, pues siendo infinito, no puede abarcarlo el limitado entendimiento humano; pero podemos conocerlo.

Lo anterior es, además, verdad de fe. El Concilio Vaticano I afirma que "La misma Santa Madre Iglesia sostiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana partiendo de las cosas creadas" (Const. dogm. Dei Filius, c. 2, Dz. 1785).

1.1.1 Necesidad de querer conocer a Dios

El querer conocer a Dios es necesario para llegar a conocerlo. No basta tan sólo aplicar la inteligencia, sino que se requiere, además, de rectas disposiciones morales (buen comportamiento cara a Dios), pues de lo contrario es imposible conocer a Dios.

Aunque la existencia de Dios es una verdad que puede ser conocida por todos los hombres, sin embargo, en su conocimiento "el entendimiento humano encuentra dificultades, ya a causa de los sentidos o imaginación, ya por las concupiscencias derivadas del pecado original. Y así sucede que, en estas cosas, los hombres fácilmente se persuaden de que es falso o dudoso lo que no quieren que sea verdadero" (Pío XII, Enc. Humani Generis, 12-VIII-1950, Dz. 2305).

1.1.2 Conocimiento natural de Dios a partir de las criaturas

Por ser Dios infinito en toda perfección, no lo podemos conocer directamente, sino que deducimos su existencia por medio del mundo y de las cosas creadas, que nos llevan al conocimiento del Creador.

Así dice San Pablo: "En efecto, las perfecciones invisibles de Dios, (...) a saber: su eterno poder y su divinidad, se han hecho visibles a la inteligencia, después de la creación del mundo, a través de las cosas creadas" (Rom. 1, 20).

La fe confirma la existencia de Dios, y además nos lo propone como el autor del orden sobrenatural.

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