Caracteristicas Grupo Calima



Reseña Histórica

Antes de describir lo relacionado con la zona arqueológica de Calima es preciso anotar que este nombre corresponde a un sitio geográfico del departamento del Valle del Cauca, en donde se encontraron objetos arqueológicos de oro, cerámica y piedra ornamental que mostraban características comunes y repetidas, por lo cual fue asimilado más con un estilo que con los grupos indígenas que habitaron la región. Sin embargo, la costumbre consagra el uso, y en general, se denominan "Calima" algunos objetos claramente identificables y que corresponden, sin duda, a desarrollos locales de los artífices de sitios cercanos. De todas maneras, como se han venido anotando a lo largo del libro y de acuerdo con la teoría de Reichel-Dolmatoff, estas técnicas orfebres y alfareras, así como otras manifestaciones culturales, corresponden a variaciones propias de costumbres introducidas a América por parte de migraciones que entraron gradualmente en épocas anteriores a la era cristiana, con un bagaje cultural común que expandieron por extensas áreas del continente aledañas a la región pacífica.

Al analizar en detalle el material, se le encuentra ciertas deferencias estilísticas que algunos arqueólogos atribuyen a desarrollos temporales o pertenecientes a grupos desconocidos; sin embargo, la asociación de ambos en una misma tumba hacen presumir que son productos de antiguas tradiciones y que en algún momento fueron contemporáneos; además. Tales tradiciones al parecer, fueron continuadas por algunos de los pobladores descritos por los cronistas hispanos.

Por el invaluable hallazgo en el sitio de El Bolo, del cual se tubo noticia después de que buscadores de tesoros y gente del lugar lo habían arrasado en su totalidad, y dada la gran cantidad de material asociado en cerca de siete hectáreas que comprenden el cementerio, se pudo concatenar importante información que por años se había acopiado por parte de investigadores, y por el estudio de material obtenido de guaqueros, incansables buscadores y predicadores de los cementerios precolombinos. Por lo tanto, a lo largo de la presente reseña se relacionará lo típico conocido del área Calima con los elementos del hallazgo. Las crónicas hispanas constituyen para el área Calima un valioso documento para ubicar las distintas evidencias arqueológicas, pues a todas luces resultaría incongruente reseñar con prolijidad la cerámica y la orfebrería omitiendo relacionarla con los grupos que por ejemplo, describió el serio cronista Cieza de León. Bien se aprecia que estos tenían complejos pautas religiosas y de culto, emparentadas, de todas maneras, con tumbas, ofrendas y representaciones simbólicas orfebricas y alfareras similares a las aparecidas en los sitios arqueológicos, y además, tuvieron modos culturales similares a los observados en otros grupos precolombinos americanos. Si bien es cierto que no siempre se les conoció su verdadero nombre, si se les describió en detalle con apelativos, como fue el caso de los gorrones que correspondía a un grupo con una organización socio-política y religiosa bien estructurada, que permitiría trabajos comunitarios y a la aparición de gremios especializados para las distintas producciones.

Y en aras de la unidad de investigación sobre esta zona se continuará con los nombres Yocoto, Sonso e Ylama, como tradiciones locales con diferente profundidad temporal dentro del área arqueológica de Calima, debido a que su contemporaneidad y asociación parece evidentes tras consultar el numeroso material de El Bolo. Este demuestra, además, rasgos culturales comunes y una activa movilización de bienes con grupos de une extensa zona del Valle del Cauca, con el resto del territorio y de Ecuador, dada su ubicación geográfica y su extensa red de caminos.

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Ubicación Geográfica

El Valle del Cauca tiene una extensión aproximada de 200 Km. de largo por 15 de ancho; merced a lo dilatado de su territorio y sumando a la franja que va desde su costado occidental hasta el océano Pacifico. Conformó el departamento de su nombre.

Este constituye uno de los territorios más fértiles del país por lo cual, desde época precolombina, se asentaron en sus tierras numerosos grupos indígenas que a su vez mostraron diversidad cultural gracias al aislamiento que les proporcionaban las subregiones geográficas en que se divide.

Una de estas es la lluviosa y humedad llanura del pacifico que se extiende desde el piedemonte de la cordillera Occidental hasta la costa Pacifica y comprende la faja costanera – con abundancia de manglares- y la selvática- bien irrigada por numerosos ríos. La cordillera occidental conforma otra subregión caracterizada por un heterogéneo relieve; su vertiente oriental se seca y cuenta con un agradable clima, a diferencia del occidental que es más húmeda y lluviosa. Entre sus principales ríos se encuentra el Yurumangui, Anchicaya, Cajambre y Naya. Finalmente, la última subregión, conforma por parte occidental de la cordillera Central, está caracterizada por la gran fertilidad que forma parte de la región Quindío.

Los accidentes geográficos más notables de las dos cordilleras los constituyen los Farallones de Cali, la serranía de los Paraguas, los páramos de Chinche, Miraflores, Barragán, las Hermosas y Santa Lucia, así como los cerros de Calima, Chancos, Pan de Azúcar, Tres Cruces, Juanambu, Dopa, Canalete y Paramillo. Su dispar relieve permite que en el departamento se encuentra páramos, tierras frías, templadas y calientes.

Aparte de los ríos mencionados, riegan su territorio las corrientes de los ríos Cali, Dovio, Jamundi, Salado, Zabaleta, La Vieja, Amaime, Bulagrande, Desbaratado, Fraile, San Juan, Tulua y Yotoco, entre otros. Desde el punto de vista geológico, el valle aluvial del Cauca pertenece al cuaternario; las dos cordilleras son de origen volcánico y, como tales, están formadas por rocas ígneas, muchas de estas hábilmente talladas por los americanos de la región.

La parte costera está constituida por rocas sedimentarias cuaternarias, y hacia la cordillera occidental se encuentran afloraciones terciarias, con rocas metamórficas. La base del Cauca está formada por el piso Guadalupe, perteneciente al cretáceo y más conocido como el grupo Dagua.

Una importante biodiversidad se desarrollo en las distintas subregiones y pisos térmicos: entre la fauna- alguna ya en vía de extinción- se encuentran tortugas, conejillos de indias, borugos, venados, armadillos, tigrillos, jaguares, varias especies de micos y de ofidios, murciélagos, batracios, y aves canoras y de presa. Muchos de estos animales o sus partes- cabezas, dientes, piel o garras- fueron plasmados con sentido expresionista o muy estilizado en la industria alfarera y orfebres de estos amerindios por estar insertos dentro de su elaborada cosmogónica o por exaltar algún atributo de interés dentro de la sociedad. En el hallazgo del El Bolo fueron notables las miniaturas de armadillos e iguanas de oro macizo y las estilizaciones de cabezas de guacamayas y de un venado, ejecutadas con tal destreza y economía de elementos para esbozar figura y concepto. Como si hubiera sido ejecutados por los mejores diseñadores contemporáneos. Con igual sentido artístico manufacturó diversidad de aves e insectos naturalistas o abstractos.

Entre la vegetación sobresalen variedad de guadas, chusques, el platanillo americano, y frutales, además de palmas, como la real, la tagua y otras de gran importancia alimenticia por sus frutos y apreciadas por sus hojas y madera. Como dato de interés conviene mencionar que en el cementerio de El Bolo se encontraron alfileres de oro con forma de palmeras artísticamente ejecutadas, inusuales dentro de las figuraciones precolombinas. En los paramos, los aterciopelados frailejones e infinidad de helechos completan el hermoso paisaje.

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Orfebrería y Cerámica

A pesar de que el hallazgo del gran tesoro de El Bolo constituyo un enorme descalabro en cuanto a la forma en que grupos de guaqueros y personas de todas las condiciones destrozaron el lugar para apropiarse del material precolombino, sirvió para dilucidar aspectos importantes del área arqueológica de Calima, según se anoto, el aportar piezas claves que unieron datos aislados, con lo cual cobra sentido tales evidencias. Dentro del numeroso material aparecieron algunos canasteros y alcarrazas Ylama, que evidencia la continuidad de estas formas cerámicas. De todas maneras, una asociación similar había sido consignada por Cárdale, de la fundación Pro Calima, si bien quedo en espera de otra ratificación similar. Diversas personas que estuvieron en el lugar, como observadores, coleccionistas, trabajadores y compradores también aportaron valiosos datos, inclusive un vídeo, sobre las particularidades del cementerio y de los objetos encontrados, información que añade elementos esclarecedores en lo relativo a la zona arqueológica de Calima. Por los datos derivados de este hallazgo, las crónicas de la conquista cobran valioso sentido, y se puede presumir con alguna corteza no solo que el material arqueológico formaba parte de una muy antigua tradición que fue continuada por los indígenas descritos por los cronistas- artífices de la orfebrería y de las manifestaciones materiales ligadas a una sociedad política y socialmente organizada -, sino que su producción fue tan voluminosa y organizada que contó con talleres orfebres y gremios especializados, como los reseñados por Pineda desde 1945. También se clarifica el sentido de su densa red de caminos para la distribución e intercambios de productos son otros grupos apartados, por lo cual era necesario comunicarse por medio de intérpretes, como lo anotó Andagoya, citado por trimborn, sobre los poderosos caciques Liles que "contaban con intérpretes para comunicarse con gentes de otras lenguas". Se ratifica por la aparición del nuevo material, y por el que ya se conocía, que tales sociedades fueron herederas de una tradición religiosa muy compleja en la que la trilogía jaguar-culebra-ave constituía el eje de su ceremonial y culto.

Ahora bien, lo que se pude apreciar en el material ya establecido como propiamente Calima es una variación local en la transformación de la materia prima de acuerdo con los distintos artífices locales, y entre quienes jugaron papeles primordiales su creatividad y a las variaciones añadidas en los objetos de generación en generación -, que corresponde a formas ancestrales llegadas a su territorio por migrantes, y que las sucesivas generaciones conservaron en su esencia formal, como las vasijas denominadas alcarrazas con asa en puente y doble vertedera; los canasteros; la decoración con pintura negativa; las sofisticadas técnicas orfebres; las excavaciones funerarias de pozo con cámaras para entierros individuales o múltiples, y su avanzada tecnología agrícola, entre otros rasgos. Las numerosas fechas de carbón 14 y de termoluminiscencia, obtenidas por los deferentes investigadores, muestran una importante profundidad cultural: 150 años, más o menos 70 a.C. –pro Calima- que indica la antigüedad, que se presume mayor, de las tradiciones que continuarían hasta comienzos de la Conquista hispana.

Lo que se pude apreciar al analizar los objetos aparecidos en excavaciones, y como producto de guaquería que reposan en los museos, así como los de colecciones privadas derivados de extracciones clandestinas, en una cierta homogeneidad de temas y de técnicas, con variaciones locales propias que no deben atribuirsen a desarrollos diferentes. Al respecto, es interesante mencionar el caso de la cultura Muisca, cuyas manifestaciones materiales son ciertamente disímiles, pero gracias a que cuenta con muy buena información tanto de cronistas como arqueológicas, se constató que las evidentes variaciones correspondían a estilos locales de sitios geográficos diferentes, pero de todas maneras pertenecientes al mismo grupo. Es el caso de la producción alfarera de vasijas del Valle de Tenza, de Ráquira y la denominada cerámica Tequendama de Cundinamarca, con sus elegantes múcuras y copas ceremoniales, pertenecientes a las colecciones de los museos Nacional y del Oro, la Casa del Marqués de San Jorge, y de algunas colecciones privadas que analicé en su totalidad: todas pertenecen a los Muiscas, pero presentan tales diferencias a todo nivel, que si no se hubiera contado con el material de apoyos de crónicas, y registros de su hallazgo y excavaciones, se podría haber concluido que pertenecían a grupos diferentes o diversas etapas cronológicas. Esta experiencia me inclina ratificar que las producciones cerámicas- orfebres denominadas Yotoco, Ylama y Sonso formaron parte de una continuidad cultural que insertó sus raíces en siglos anteriores a Cristo y fueron continuadas por los Liles o los gorrones, sociedades que estaban en pleno esplendor productivo en el siglo XVI. Las descripciones de Cieza y Robledo concuerdan, sin lugar a dudas, con las evidencias y patrones culturales que se pueden inferir de los yacimientos arqueológicos investigados, de sus prácticas funerarias y de los materiales aparecidos en los cementerios. Respecto al uso de adornos de oro por los Liles, es bien esclarecedora esta anotación de Cieza de León:

....Traen ellos y ellas abiertas las narices, pues en ellas unos que llaman caricuries, que son a manera de clavos retorcidos de oro, tan gruesos como un dedo, y otros más y algunos menos. A los cuellos se ponen también unas gargantillas ricas y bien hechas de oro fino y (también) de bajo, y en las orejas traen colgadas uno anillos retorcidos y otras joyas...

Bien se puede aparentar la joyería en oro aparecida en las tumbas de los sitios excavados y la aparecida en el cementerio de El Bolo, con la riqueza de oro y piedras ornamentales que usaban los indígenas cuando llegaron los hispanos al territorio. Las dos enormes esmeraldas en bruto encontradas en el cementerio inducen a pensar que tendrían un uso mágico- ritual diferente al ornamental, debido a que no se encuentra tallados en forma de cuentas, como sí ocurre con los cuarzos cristalinos y las piedras azul-verde de serpiente.

Tenemos que entonces la aparición del gran cementerio de El Bolo arroja nuevas luces sobre el enfoque que se le había dado el material arqueológico de la zona Calima, si bien es factible continuar agrupando las formas específicas con los nombres de los sitios en donde aparecieron en mayor cantidad, como es usual en la metodología arqueológica, debido a que el enorme y rico cementerio aparecieron dichas tradiciones orfebres- alfareras asociadas entre si, y además con el de otras zonas del país, lo cual ayuda a esclarecer algunos problemas bien interesantes que existían entorno a la zona precolombina.

La costumbre que tiene algunas entidades del gobierno de adquirir sólo una clase de material, oro o cerámica, desvertebra lastimosamente las asociaciones, con lo cual se presenta luego problemas para concatenar las diversas manifestaciones materiales de las diferentes culturas. En este hallazgo, a pesar de lo caótico en la recuperación de lo elementos es tan corto tiempo, permitió reseñar el material que estaba asociado dentro de la misma tumba y en el cementerio en general, con el concurso de los mencionados informantes, como se anotó. Inclusive, algunos curtidos guaqueros aportaron valiosa información sobre los objetos, aparecidos "solamente"- como es lógico suponer- cuando ya habían "guaqueado" todo el cementerio para evitar interferencias, puesto que en este caso no hubo disputas entre ellos, que es cuando se deciden informar de sus hallazgos.

Con base en el material analizado el mayor hasta ahora obtenido en cantidad y calidad de objetos en oro, cerámica y piedras ornamentales, en los estudios de arqueología ya realizados y en las notas de los cronistas, es razonable reconocer no solo la antigua tradición de cerámicas y orfebres de Liles y Gorrones del Valle del Cauca- los indígenas más descritos por los cronistas -, sino también su organización socio-política y religiosa que permitió tal ordenamiento y productividad.

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Actividad Económica

Su actividad comercial se pone de relieve por la presencia de los objetos materiales de otras zonas y los bien trazados caminos que intercomunicaba la región en todas las direcciones; además, toman espacial importancia los ya mencionados talleres para orfebrería llamados "patios de indios", encontrados en Restrepo y Darién. Al aparecer, estos indígenas eran los productores de objetos para una amplia zona e inclusive elaborarían objetos para otras regiones, como Tolima, Cauca, Tairona, San Agustín, Nariño y Tierradentro. De todas maneras es interesante continuar utilizando los nombres de los sitios geográficos para identificar la tradición cerámica, sin independizar la producción de lo que evidentemente conforma un continuum de honda raigambre cultural con una antigüedad quizá mayor a la hasta conocida, si se emparenta con las fechas de pueblos precolombinos andinos y mesoamericanos que muestran rasgos culturales similares, según se ha venido anotando para las áreas aledañas al Pacífico.

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