Familia Lingüística

Huitoto. Se conoce con el nombre de Huitotos y en algunos casos murui-muinane, a los integrantes de una gran nación, que se dividía en cuatro segmentos en función de los  diferentes dialectos: Bue, Mika, Minika y Nipode.

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Ubicación Geográfica

Se encuentran dispersos en múltiples localidades en los ríos Orteguaza, Caquetá, Putumayo, Caraparaná, Igara Paraná y en las cercanías de Leticia.

RESGUARDOS

DEPARTAMENTO

MUNICIPIOS

 Amenanae

Caquetá

Solano

 Witora o Huitora

Caquetá/Putumayo

Solano/Puerto Leguizamo

 Coropoya

Caquetá

Solano

Monochoa

Caquetá

Solano

Jirijiri

Putumayo

Puerto Leguizamo

 Puerto Zabalo-los monos

Caquetá

Solano

 El Quince

Caquetá

Solano

 Predio Putumayo

Amazonas / Putumayo

Puerto Santander, el encanto, Tarapaca, Puerto Leguizamo 

 k 6 y 11 Leticia Tarapaca

Amazonas

Leticia


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Síntesis Histórica

La región habitada por los Huitotos se vio envuelta, desde los comienzos de la conquista, dentro de los ciclos colonizadores que en general caracterizan a toda la Amazonía.

Inicialmente, a partir de las predaciones de los asentamientos españoles y mestizos del piedemonte oriental andino desde el siglo XVI y de las razas de los portugueses en procura de esclavos, quienes llegaron  desde el bajo Amazonas hasta la región del Araracuara. La extracción de fuerza de trabajo hacia el Brasil no sólo causó pérdida de independencia y de estabilidad demográfica sino que generó cambios significativos en la estructura social y en los sistemas culturales.

El "boom del caucho" significó para los indígenas una tragedia de enormes proporciones. A partir de la llegada de los primeros comerciantes, a finales del siglo XIX, la vida se transformó produciendo cambios cuyos efectos se sienten aun hoy día en los grupos sobrevivientes.

Algunos ancianos relatan que los primeros compradores de caucho bajaron del Caquetá a comienzos de siglo, haciendo contacto con los indígenas, comerciándolo e intercambiándolo por machetes, hachas, ropa, espejos y baratijas.

El sistema tradicional del endeude se implantó en la región y rápidamente la producción del caucho se destinó para pagar los espejos en los que vieron cómo los caucheros se apropiaban de sus territorios. Las hachas y los machetes se destinaron no para mejorar sus chagras sino para abrir los canales por donde manaban las resinas, ninguna baratija compensó la violencia que se desató en la región.

Los primeros en montar enclaves importantes de explotación fueron Benjamín Lagarraña (un pastuso) y Crisóstomo Hernández, quienes fundaron La Chorrera o Colonia Indiana en el Alto Igara-Paraná.  Posteriormente fue fundado El Encanto en el Bajo Caraparaná, por Gregorio Calderón, otro comerciante. A partir de estos sitios se explotó el caucho durante más de treinta años.

A comienzos de siglo apareció en el Putumayo Julio C. Arana, comerciante peruano que mediante el establecimiento de la célebre Casa Arana, una compañía transportadora y comercial  facilitó a los caucheros colombianos el acceso al mercado de Iquitos y logró controlar gran parte de la producción del Putumayo. A partir de allí se abrió un espacio de terror que se prolongó durante más de treinta años. Las cifras estimadas por algunos historiadores no dejan duda: se calcula que sólo en la región del Putumayo y sus afluentes fueron exterminados alrededor de 4.0000 indígenas durante el período que duró el "boom del caucho".

Este "boom" afectó directamente a las comunidades indígenas tanto del Perú como de Colombia: fueron de esta manera sometidos a la explotación los mirañas y boras del Cahuinarí, los Andoques en el río Aduche y nocoimanis, muruis y muinanes del Caraparaná  e Igara Paraná; los nonuya, resigero y ocaina del Alto Cahuinarí, los Carijonas del Yarí y Alto Apaporis y los yure en el Alto Pure y Pupuha.

Una de las etnias que con mayor rigor sufrió esta hecatombe fue la de los Huitotos (murui-muinane), quienes se constituyeron en la mano de obra más utilizada por los caucheros. En la memoria de los ancianos aún se recuerda esta época de terror:

"Que mi abuelo contó que ahí llegaron unos señores, venidos por el Putumayo, dando la vuelta por el Amazonas, unos gomeros y los obligaron a trabajar siringa. Primero llegaron a darse cuenta a ver si había gente. Preguntaron a algunos en castellano guachapeado para hacer hablar indígena. No había camisa, hamaca. Pura hacha de piedra para arrancar los árboles Tumbaban un árbol a pura piedra. Ellos buscaban también el sitio en donde el viento había tumbado árboles grandes para allí sembrar la yuca, el chontaduro.

Entonces ellos vinieron, hablaron y trajeron espejitos, ollitas y para pagar una olla había que trabajar dos años. Según dice mi abuelo que el que no sacaba sus kilos lo castigaban con un cuero de danta. Por dos fallas que no sacaran en la semana un kilo, con una madera pesada para meterle las manos y los pies en un hueco.

Las mujeres limpiando potreros a puros macheticos corticos, amarrados con alambre de  la cacha, limpiaban como veinte hectáreas. Muchos se volaron y hartos se murieron.

Los métodos violentos empleados por la Casa Arana para mantener la producción y controlar los indígenas trascendieron las fronteras de la Amazonía, pero  paradójicamente sólo encontraron eco en el exterior y en algunos políticos y periodistas peruanos.

El genocidio de la Casa Arana no era desconocido para las autoridades colombianas. El mismo general Rafael Reyes, que gobernó el país entre 1903 y 1909, sabía de los métodos de explotación del caucho gracias a su experiencia como empresario. Su cónsul en Manaos era socio de Arana y durante su gobierno se firmó el famoso convenio de 1906, denominado Modus Vivendi, que entre otras cosas acordó el retiro por parte de ambos países de todas las guarniciones, autoridades civiles y militares y aduanas que allí estuviesen  establecidas.

En 1907, Arana conformó la Peruvian Amazon Company, con sede en Londres y  participación de capital inglés. Esta compañía incluía, según el mismo Arana, 4.0000 trabajadores y dentro de la planta de personal tenía 166 negros de Barbados (36 en el Putumayo), que servían como capataces y se caracterizaban por su crueldad.

Los informes de Handerburg, Cassement y otros dieron amplia cuenta de la situación, los cuales generaron investigaciones del gobierno inglés para establecer la responsabilidad de los agentes que se encontraban en las zonas de explotación. Pero si bien el mayor peso recayó en Arana, la justicia del Perú nunca  tomó medidas efectivas para controlar los culpables.

Para escapar a esta hecatombe, muchas familias Huitotos optaron por huir y no faltaron los intentos de resistencia y las sublevaciones, aunque no siempre con buenos resultados. Aquellos recapturados eran torturados y muertos para escarmiento de los demás. Sin embargo a partir de estas migraciones lograron sobrevivir, y se establecieron en lugares distantes a su territorio de origen. Algunos asentamientos del Bajo Putumayo se formaron en esta época. El reordenamiento poblacional de la región fue entonces un efecto importante en la bonanza del caucho, aparte de la desaparición de muchas comunidades.

El conflicto militar colombo-peruano, de 1932, tuvo también consecuencias para los grupos indígenas. Por una parte significó la presencia del ejército colombiano, desconocido casi por completo en la región, y por otra su vinculación a la contienda, ya fuera como abastecedores de las tropas, como guías de navegación para las cañoneras y vapores y aun como soldados en los contingentes.

Los atropellos por parte del ejército peruano contra los indígenas del Putumayo eran constantes, no existía una presencia de las autoridades colombianas que afirmara la pertenencia de estos a uno u otro país. Además para los indígenas no existía el concepto de nacionalidad, hay poblaciones a lado y lado de las fronteras pertenecientes a las mismas etnias.

Como resultado de la guerra se instalaron bases militares en  Puerto Leguízamo que trajeron colonización y nuevos puntos de atracción para los indígenas, quienes se vincularon a los nacientes centros urbanos como mano de obra, abastecedores,  etc. Otros sufrieron las represalias de los peruanos que trasladaron comunidades enteras, especialmente de Huitotos hacia el Perú.

En la década de los años treinta, la instalación de la colonia penal  del Aracuara  por parte del gobierno influyó especialmente sobre los Huitotos. El penal significó el traslado de los problemas o patologías sociales del país a las selvas amazónicas, afectando aun más la organización social de las comunidades;  muchos expresidiarios se quedaron a vivir en la región convirtiéndose en colonos.

Después de la década de los años cuarenta sobrevinieron distintos ciclos extractivos. La explotación de maderas abrió paso a nueva colonización y a la fundación de nuevos pueblos; la tagua, las pieles, el tigrilleo, fueron generando  colonización.

Terminado el litigio Colombo-peruano la actividad misionera ha sido probablemente el agente de cambio más decisivo en los últimos años. Se fundaron internados capuchinos en las zonas, La Chorrera en 1935, en 1940 la misión de San Rafael del Encanto y en 1951 se conformó la Prefectura Apostólica del Amazonas. La misión tuvo como una de sus primeras actividades la traducción de catecismos a la lengua Huitoto; así mismo tuvo un papel importante como distribuidora de bienes y de comercio. Las lenguas nativas fueron prohibidas. Estos internados se consideran, en parte, como responsables de la desestructuración cultural de los grupos del área.

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Organización Social

Entre los Huitotos  y los Andokes las relaciones de parentesco, cuyos mecanismos de cohesión interna son los clanes, que comparten antepasados comunes, se caracterizan por la descendencia patrilineal, la residencia patrilocal, la exogamia matrimonial  de preferencia en el ámbito de grupo tribal y actualmente una fuerte tendencia a la monogamia como resultado de las influencias externas.

Los linajes  operan en una vasta zona de bosques, quebradas y segmentos de los ríos principales. Antiguamente el epicentro  social de este territorio clanil se caracterizaba por  un sistema hortícola itinerante en el cual el lugar de residencia cambiaba más o menos cada 25 años, cuando los huertos de producción se iban alejando de la maloca. Esta movilidad se ha venido perdiendo y se nota una tendencia a la conformación de poblados estables.

El grupo constitutivo de la maloca lo conformaban tradicionalmente los hombres emparentados por línea patrilineal, sus mujeres aliadas, venidas de otras malocas y de clanes diferentes y sus hijos célibes. Dentro del linaje de la maloca los miembros se ordenaban por especializaciones: cantor, chamán, preparador de coca y aprendiz de la tradición. A ellos se suman los miembros de linajes o clanes diferentes, considerados "huérfanos" como resultado de la pérdida de su propio jefe o decrecimientos demográficos. En este contexto  el abuelo o dueño de la maloca constituía una unidad política que raramente extendía su influencia más allá de su territorio.

El abuelo sostenía y organizaba a su gente en los ritos y en la  orientación del trabajo comunitario. Sus acuerdos se validan en la ceremonia del mambeadero, en la cual diariamente se ingieren  en forma ritual las plantas sagradas: la coca y el ambil.

Hasta finales de la década de los años ochenta en los  asentamientos principales de los Huitotos  la organización política se repartía entre el capitán - quien era electo para cumplir funciones de intermediación entre su gente y las autoridades nacionales- y por la otra el cacique o jefe ritual que por lo general era el abuelo o "dueño  de la maloca". Con la constitución de los resguardos, la capitanía fue remplazada por la figura del cabildo, institución a la cual se vienen adaptando los  Huitotos.

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Actividad Económica

Los medios  tradicionales han sido la horticultura, la caza, la pesca y la recolección. Por lo general cada familia puede tumbar una parcela de bosque por año y posee simultáneamente dos o más chagras en distintas fases de producción, estas tienen una dimensión que varía entre media y dos hectáreas promedio. Las principales plantas cultivadas son las yucas bravas y  dulce que es el cultivo principal;  piña, maní, ají, maraca, marañón, chontaduro, umarí, caimo, uva caimarona, mafafa, maíz, badea, patilla, caña de azúcar, ucuye y cítricos entre otros.   La yuca, el tabaco y la coca tienen vital importancia en la economía de los Huitotos.

Las proteínas  se obtienen a través de la caza  la pesca y de insectos recolectados. En la actualidad los animales domésticos tienen bastante importancia. En las zonas de mayor colonización en donde escasean los recursos naturales por el alejamiento del bosque  natural  existe una mayor dependencia de la pesca y de la compra de productos alimenticios de origen industrial.

Antes era una tribu muy sana que no tomaba bebidas embriagantes. Ahora, consumen aguardiente, alcohol puro, cachaza, masato de yuca fermentada, chicha de piña o de maíz, guarapo de panela fermentada.

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Vestido y Adornos

Antiguamente usaban como vestido sólo el guayuco. En la actualidad los usan como los civilizados, prefiriendo el dacrón y el nylon. En cuanto a los adornos usan los que compran en las tiendas de los pueblos vecinos. Les agrada usar perfumes de mucha fragancia que extraen del palo de rosa y de un bejuco que tiene olor a canela; otras veces compran perfumes y lociones en los mercados cuando salen fuera. Usan el aceitillo que extraen de los frutos de algunas palmas.

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Comunicación y Medios de Transporte

Se comunican a grandes distancias por medio de Maguaré o telégrafo de la selva. Sus medios de transporte son las canoas que conducen ágilmente por los ríos, a veces, por días enteros. Utilizan las trochas para sus largas jornadas en busca de alimento, leña, caza y visita a los familiares que viven a mucha distancia. Para cruzar los ríos hacen pequeños puentes con palo de corazón atados con bejucos de Yaré. Son sedentarios, pero de tiempo en tiempo hacen sus inmigraciones cuando muere alguno de sus hijos o cuando tienen que ir en busca de medios de subsistencia.

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Ritos y ceremonias

Tiene los siguientes ritos: de la siembra, de la recolección del maní, de cacería y las fiestas de la resurrección, 20 de julio, día de San Rafael su patrono y la Navidad. En dichas fiestas participan ordenadamente. Son dirigidas siempre por dos señores llamados entre ellos abuelos. Su familia durante la fiesta ocupa lugar de preferencia, para lo cual elaboran una especie de tribuna muy alta. Los jóvenes también participan en esas fiestas pero no pueden organizar ni dirigir.

El dueño o patrón de la fiesta escoge padrinos para la misma con dos meses de anticipación y les hace entrega de un manojo de ambil que no pueden rehusar. A partir de ese momento quedan encargados de repartir las invitaciones junto con el ambil recibido. Por la noche, los viejos mas allegados al dueño de la fiesta, se reúnen para comentarla, animando la reunión con cuentos, consumo de ambil (jugo de tabaco) y coca (jibiyú). Las esposas de los padrinos son las encargadas de los preparativos a fin de que la fiesta resulte bien lucida.

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