EL MINISTERIO EXTRAORDINARIO DE LA EUCARISTÍA
Montevideo
1993
Darío Techera Trujillo
Derechos
reservados; según la ley N° 9739, art. 7 sobre derechos de autor, de la
Biblioteca Nacional de Montevideo.
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RECONOCIMIENTO
Deseo expresar mi gratitud a mi párroco, el P. Julio Elizaga, junto a
quien tengo el honor de ser Ministro de la Eucaristía. Y a quienes me han
ayudado en momentos difíciles de mi carrera y de los estudios de teología; de
un modo especial al P. Héctor Espósito, al Escribano Horacio Capdevila, al Dr.
Oscar Etchevers y al Ingeniero Daniel Iglesias. A
ellos se les debe la culminación de este modesto trabajo, que espero sea de
utilidad para muchos, y sobre todo para los que se dedican a este
Ministerio.
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Montevideo.
1ª edición en la
fiesta de la Inmaculada Concepción, 1993.
Segunda impresión .*Autorizada
la difusión en las comunidades de la Parroquia por el
P.Julio Elizaga, párroco de la Parroquia Cristo Salvador de Belén, en el año
1994. Versión corregida y ampliada
en el año 1996 . Última edición 1º
de enero de 1998.
15 de agosto
Asunción de María.
INDICE
Introducción.............................................pag.1
Ministerios................................................pag.2
Ministerios
en las primeras
comunidades
católicas............................pag.2
Participantes
del culto divino....................pag.3
Unidad
y diversidad del Ministerio............pag.3
Fidelidad
en el Ministerio..........................pag.4
El
Ministerio como administración............pag.5
Un
misterio a administrar..........................pag.6
La
predicación en el
Ministro.................pag.6
La
celebración de la Palabra....................pag.8
Partícipes
de la comunidad .....................pag.9
La
Eucaristía, fuente y cumbre
de
toda predicación.................................pag .10
Los
ministerios encomendados................pag. 11
Varones
y mujeres....................................pag.11
Normas
generales.....................................pag.12
Rituales
para la distribución de la Sagrada
Comunión
fuera de la Misa.......................pag.17
Características
del enfermo......................pag.18
Visitar
a los enfermos...............................pag.19
Oración.....................................................pag.20
Indice..................................................
pag.21
Bibliografía........................................
pag.22
Prólogo
En preparación al segundo milenio del nacimiento de Cristo que los
laicos comprometidos sepan suscitar un fervor nuevo en sus ministerios y aplicar
los conceptos vertidos en este trabajo escrito. Los que están ausentes de la
Eucaristía celebrada comunitariamente el domingo, día del Señor, debido a la
enfermedad que padecen, igualmente participan del culto ofrecido por Cristo al
Padre, cuando junto al Ministro celebra el misterio cristiano
Ministerios
La Iglesia, en cuanto sociedad histórica, debe tener ministerios o
cargos por necesidad de su esencia misma. Así, ya en el Antiguo Testamento
existen los patriarcas, los jueces, los reyes y los sacerdotes. Como elemento
constitutivo de la Iglesia, Jesús lo entrega desde un principio a los apóstoles;
en la Iglesia primitiva se dan ya multitud de ministerios (obispos, diáconos).
Algunos de estos cargos van perdiendo importancia más tarde o desaparecen por
completo, de acuerdo a las necesidades de las distintas épocas y culturas. Por
ejemplo, el Concilio Vaticano II aprobó la restauración del Diaconado
Permanente, el cual existió en los comienzos de las primeras comunidades y
que luego había desaparecido.
Ministerio, en general, es el órgano de una sociedad cuyas funciones están
condensadas en derechos y obligaciones, y cuyos actos implican una obligación
objetiva para la sociedad. La Iglesia, como Cuerpo de Cristo que se compone de
órganos que cumplen sus funciones para bien del cuerpo, tiene sus servicios.
El Ministro Extraordinario de la Eucaristía desempeña un servicio,
tanto en la asamblea litúrgica como llevando el Cuerpo de Cristo a los
enfermos.
Los
Ministros de las primeras comunidades católicas
En las obras de Apología de San Justino encontramos una descripción de
la liturgia de las primeras comunidades, antes del año 165:
"Luego,
al que preside a los hermanos, se le ofrece pan y un vaso de agua y vino, y tomándolos
él tributa alabanzas y gloria al Padre del universo por el nombre de su Hijo y
por el Espíritu Santo, y pronuncia una larga acción de gracias... y cuando el
presidente ha terminado las oraciones y la acción de gracias, todo el pueblo
presente aclama diciendo: Amén. "Amén" en hebreo quiere decir
"Así sea". Y una vez que el presidente ha dado gracias y aclamado
todo el pueblo, los que entre nosotros se llaman "ministros" o diáconos,
dan a cada uno de los asistentes parte del pan y del vino y del agua sobre los
que se dijo la acción de gracias y lo llevan a los ausentes." (Apología
I, 65, de San Justino).
El hecho de llevar a los ausentes el Cuerpo de Cristo es el fin primero
de la reserva eucarística, para la administración del Viático. Son fines
secundarios la distribución de la Comunión y la adoración de Nuestro Señor
Jesucristo presente en el Sacramento. La conservación de las Sagradas Especies
en pro de los enfermos introdujo la loable costumbre de adorar este manjar
eclesial que se reserva en los templos.
Participantes
del Culto Divino.
Los que están ausentes de la Eucaristía celebrada comunitariamente el
domingo, día del Señor, debido a la enfermedad que padecen, igualmente
participan del culto ofrecido por Cristo al Padre, cuando junto al Ministro
celebra el misterio cristiano. Por eso es importante que, por medio de la oración
se sienta como presente a la comunidad a la cual pertenece. He aquí la
experiencia de una presencia de los hermanos pero desde la ausencia física. Se
los hace presentes por la oración en ese momento de la comunión, si están
solos quien comulga y el Ministro ; si en otro momento se reúnen en su casa los
hermanos de comunidad para orar juntos, entonces completan esa dimensión
de
vida comunitaria dando sentido más pleno y fecundo a la comunión eucarística.
Esta presencia de la comunidad será más importante cuanto más larga
sea la enfermedad.
A partir de la encíclica "Mediator
Dei" (20/11/47) Pío XII opta por una visión teológica de la
liturgia: Cristo es el único mediador (Hebreos 10,5‑7) y la liturgia es
la continuación ininterrumpida del culto ya ofrecido al Padre por Cristo
durante su vida terrena.
Cristo está presente en la persona del Ministro, instrumento de Dios que
presta sus manos, sus palabras y sus gestos. Está presente en su Palabra: es El
mismo quien habla, por la Palabra hacia la Eucaristía; toda palabra misionera
hace presente a Cristo.
Que cuando diga: "El Cuerpo de Cristo", yo desaparezca y vean
tu rostro.
Unidad
y diversidad del ministerio.
La Exhortación Apostólica "Christifideles Laici" pone de
relieve la vocación y misión de los laicos, las tareas y funciones que pueden
desempeñar y enumera algunos peligros o riesgos en que puede caerse al aplicar
indiscriminadamente el término "Ministerio".
Las suplencias innecesarias de los ministros ordenados y la tendencia a
la clericalización son dos tentaciones que se constatan con frecuencia.
El laico ha de ser enteramente laico, con su misión fundamental de
presencia en el mundo (cf. Puebla 811) y se santifica en el trabajo, en la
familia, en la política, en la educación, al ordenar hacia Dios las
actividades cotidianas, que no son un obstáculo para el desarrollo de la vida
espiritual sino que pueden y deben transformarse en oración.
"Por la calle, entre el ruido de los automóviles, de los medios públicos,
de la gente, incluso leyendo el periódico, vibramos de amor a Dios." (Josemaría
Escrivá de Balaguer).
Desde este medio ambiente, tal vez colmado de tensiones y desafíos, es
llamado el laico al ministerio, a un ministerio que es extraordinario, ésto es
: concedido a algunos, dadas las necesidades de la comunidad, para servir de
apoyo a los pastores en funciones que les son propias a ellos por el sacramento
del Orden. Por ésto, el ministerio de la Eucaristía no sólo es un servicio,
es una gracia de Dios que implica un carisma dado y a desarrollar por medio de
la instrucción y el celo apostólico.
Habrá de buscar entonces el necesario equilibrio entre su vida familiar
y social y el trabajo apostólico: sin diluir un ámbito en otro, so pena de un
descuido que puede afectar una esfera de la vida en desmedro de la propia
santificación.
Fidelidad
en el ministerio
Recomienda el Evangelio según San Juan que es necesario recibir la
Eucaristía para la salvación (Jn 6,54‑55). "Yo soy el pan de vida
que ha bajado del cielo. Si alguno come de este pan vivirá eternamente" (Jn
6,48‑ 50).
Es sacramento de la pascua, inaugurado en la Ultima Cena. "Tomó
pan, lo partió y dándolo a sus discípulos dijo: "tomad y comed, ésto es
mi Cuerpo."
Ya desde la Antigua Alianza acostumbraban los profetas a bendecir el
sacrificio a Yahvé y luego participaban de la comida pascual, celebrando el
paso del Mar Rojo y la liberación de la esclavitud de Egipto. (1 Samuel 9,13:
"El bendice el sacrificio y luego comen los convidados";9,24 :
"Estaba reservado para tí, come".
En el capítulo 6º del Ev. según San Juan, el autor narra un proceso:
desde la preparación del alimento para una multitud que escuchaba a Jesús
hasta la autodefinición de Jesús:" Yo soy el pan de vida". Este capítulo
menciona 23 veces la palabra PAN. Por seis veces dice Jesús: crean en mí;
cuatro veces compara el pan con su carne. Muchos discípulos dejan de seguirle (
vs. 66). Culmina este relato afirmando Jesús : mis palabras son vida. Para
quienes dejaron de seguirle les resultaron duras esas palabras: "si no
comen mi carne y no beben mi sangre no tienen vida en ustedes"(6,53).
Jesús tomó aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre
los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados"
(6,11).
La presencia real de Cristo en la Eucaristía es una presencia
vivificante y transformante.
"
En el primer milenio no hubo controversias sobre la presencia real de
Jesucristo en la Eucaristía. Llevaban los panes a las casas y allí celebraban
y comulgaban"(SAINZ P.sj ,"Sacram. de iniciac." pag 30).
El
ministerio como administración
El Ministro es administrador de este Misterio: Cristo encarnado, tomando
la naturaleza humana siendo Dios, quiso hacerse uno de nosotros menos en el
pecado; y quedarse con nosotros hasta el fin.
"Es preciso que los hombres vean en nosotros a los ministros de
Cristo y a los administradores de los misterios de Dios. Lo que en los
dispensadores se busca es que sean fieles,(1Cor.4,1‑2).
"El niño quedó sirviendo en presencia de Helí el sacerdote"
(1 Sam.2,11). Implica un crecer en la presencia de Dios, un permanecer según
"el corazón y el alma de Yahvé" (1 Sam 2,35), siendo ministros
esforzados y valientes (Josué 1,8) y viviendo en obediencia el encargo
recibido; "mira que te mando que te esfuerces y que seas valiente", le
dice Yahvé a Josué. El mandato de Dios se cumple con obediencia a las
disposiciones de nuestros pastores. Tratando de hacer un poco más de lo que se
debe. Hacer lo que se debe y un poco más nos ayuda a ser esforzados.
Madre Teresa de Calcuta ha
usado la expresión : hacer lo que se debe hasta que duela un poco.
El esfuerzo rompe la legalidad
porque el amor supera la ley. Un cristiano comprometido de ese modo con su tarea
apostólica estará dispuesto a darlo todo, a comprometerse con Dios, a
consagrar su esfuerzo a El, siendo ministros de tiempo completo. En todo momento
somos ministros de Dios como miembros activos del pueblo de Dios dando
testimonio a tiempo y a destiempo, (San Pablo).
La fidelidad como una exigencia propia de la administración de los
bienes es cualidad básica para cualquier administración a nivel empresarial,en
el ámbito puramente social y laboral.
Quien sigue a Dios como su Ministro ha
de serle fiel, dada la naturaleza de lo que administra : un misterio. Las
cualidades como la constancia en el ejercicio del ministerio a través del
tiempo y de las dificultades que se pueden presentar,así como la disciplina de
la voluntad para permanecer firmes a pesar de la rutina y del desaliento, que no
pocas veces suelen debilitar hasta a los más fuertes en la fe, son expresión
de una fidelidad que ha de estar a prueba de los vaivenes producidos por los
sentimientos y por las emociones. El conocimiento de las verdades de la fe es
otro ingrediente necesario para serle fiel a Jesús; la inteligencia ha de
alimentarse de la Palabra de Dios y de las enseñanzas del Magisterio, de la
filosofía y de la teología, según lo aconseja Juan Pablo II: "si no se
llega a ser personalmente consciente y no se tiene una comprensión adecuada de
lo que se debe creer y de los motivos de la fe, en cualquier momento todo puede
hundirse fatalmente y ser echado fuera. Por eso os digo: emplead bien vuestra
inteligencia, esforzaos por lograr convicciones concretas y personales,
profundizad en los motivos y fundamentos de la fe en Cristo y en la Iglesia,
para ser fuertes ahora y en el futuro."
[1]
Recogiendo de los consejos que a menudo nos dan los amigos, estas
palabras ilustran este aspecto de la fidelidad a los pastores que Dios ha puesto
en la Iglesia :
Estimado
amigo :
"Te
recuerdo el enorme privilegio que tienes... la Iglesia, por medio de tu párroco,
te encarga el tesoro más grande que tiene, el que guarda bajo llave. ¿ Habrá
algún apostolado más grande que éste ?
Hacerse a la idea de que en ese momento se es custodia, y no importa si
de oro, de plata o de madera, se es custodia. Estar agradecido por esta
inmensa confianza que te da tu párroco con tu fidelidad a él cumpliendo sus
disposiciones y permaneciendo a su lado..."
Te saluda, tu amigo XX .
Un
misterio a administrar
Misterio lo definimos como una
realidad trascendente que se manifiesta a los Hombres : "realitatem
divinam, trascendentem et salvíficam" ; es una realidad que salva, no una
idea o una imaginación. Es una realidad que transforma ontológicamente, que no
proviene del Hombre y no puede ser manejada por la ciencia o la técnica en sus
diferentes formas. Es una realidad divina porque proviene de la Trinidad y se
manifiesta de modos visibles por medio de la Iglesia, que es el gran misterio. [2]
Jesús es misterio, es nuestro
salvador que quiere darse a conocer como una realidad cercana y a la vez
inabarcable, al que vamos conociendo cada vez más pero que a su vez no acabamos
nunca de conocer, de descubrir nuevos aspectos de su vida.
Somos
administradores de este misterio de Dios escondido en forma de pan; dadores
de su presencia de un modo específico, como es el llevarlo desde el templo a
las casas, a los sanatorios y a los hospitales. El camina con nosotros y por
medio de nosotros. La calidad de nuestra administración estará dada por
nuestra fidelidad en el servicio : "he venido a servir, no a ser
servido", con el sentimiento generoso de quien no piensa tanto en sí mismo
como en los demás, mostrándose como siervo inútil (Lc
17,7‑10).
LA
PREDICACIÓN EN EL MINISTRO
Mediante la PALABRA
comunicamos con nuestro lenguaje pobre e inadecuado la palabra de la fe que
introduce a los fieles en el misterio de la Iglesia. El concepto de palabra es
esclarecedor de la función de predicación,
que es función esencialmente ministerial. Quien predica dice palabras
humanas, pero sabe qué puede obrar Dios por medio de quien se hace disponible
delante de él.
Presentamos
a Jesucristo en el diálogo de la celebración, como ministros, el diálogo
interpersonal del fiel con el Ministro se convierte en predicación. Entre el
predicador y la palabra predicada se establece un destino común, la
"necedad de la predicación" (1 Cor.1,21), que es la sabiduría de la
cruz puede convertir en necio a los ojos del mundo a aquel que predica (1 Cor.
4,10). La misma predicación ha de sentirse como una posibilidad de llegar a ser
un hombre "espiritual", es decir, cristiano. Porque la predicación
supone un creyente y a su vez ella misma es capaz de convertir a quien predica.
Es norma de vida en la comunidad de Santo Domingo (dominicos) que el predicador
se predique primero a sí mismo. De este modo la palabra predicada tendrá
densidad y eficacia, no solamente porque es palabra de Dios sino también porque
es anunciada por una persona que se ha dejado plasmar y transformar por ella.
El que predica podrá quizás ignorar los frutos de su predicación, pero
la predicación es una semilla. La esperanza del predicador consiste en estar al
servicio del reino que sabe ciertamente ha de venir pero que a su vez está
presente; así vive en un presente de opciones renovadas, de opción por Cristo
que ha de renovar diariamente sabiendo que El está, que permanece con nosotros
hasta el fin pero que todavía no le vemos tal cual es, cara a cara.
Partícipes
de la comunidad
Así como la Eucaristía pide al cristiano la materia de la vida misma
para unirla al sacrificio redentor de Cristo, toda celebración conlleva el acto
de la entrega de la vida en el momento de la comunión sacramental.
Las relaciones entre los miembros de la comunidad de creyentes forman
parte activa y dinámica en esa materia. "Tenían un solo corazón, una
sola alma" (He 4,32‑35). Existen dos dimensiones en las relaciones
interpersonales: un corazón (la comunión, entendida como participación de la
vida ); un alma (la amistad, entendida según la cultura griega como unión
profunda, íntima). Además" lo tenían todo en común" (He
2,44‑45).
Las celebraciones están enmarcadas en este ideal de comunidad que
propone Santo Domingo (de amor mutuo reinante (comunión), de enseñanza (la
Didajé), donde se parte el pan y donde se hace oración al Señor. Son los
cuatro elementos que constituyen la comunidad. Sobre todo es a partir del
Concilio Vaticano II que se retoma la dimensión comunitaria, así como el valor
de la Palabra, con mayor fuerza, en contraposición al individualismo que
reinaba antes del Concilio.
Teólogos como Martimor y Mertens ven la importancia de recuperar la
dimensión celebrativa de la comunidad, como Asamblea Litúrgica.
Todo sacramento es una celebración, que exige tanto la participación
del sujeto como la de la comunidad celebrante". [3]
La
celebración de la Palabra.
En la Palabra proclamada, en particular el Evangelio, y
al predicar en el anuncio, es Cristo
mismo quien se manifiesta por medio de la persona del Ministro.
Por tanto la Liturgia es la manifestación ininterrumpida del culto ya
ofrecido al Padre por Cristo; al celebrar la Palabra, celebramos ese misterio.
Entendiendo misterio como una realidad trascendente de un Dios Salvador que se
quiere dar a conocer a sus hijos en forma gradual. Es así que desde sus
palabras contenidas en el Evangelio se nos da a conocer y nos conduce a su
propia presencia: su Cuerpo Sacramentado.
Todo acto litúrgico (liturgia, del vocablo griego leitourgia, es la acción
del pueblo) necesita de la Palabra de Dios para hacer presente el amor de Dios
que quiere manifestarse pero siempre velado por los signos: Cristo en forma de
Pan, le vemos y le oímos bajo apariencias.
Sus palabras nos conducen a su presencia eucarística (LG 21). Al
celebrar la Palabra efectuamos un acto plenamente litúrgico: Jesús Salvador
que manifiesta su amor haciéndose presente en el rito.
Una celebración completa consta de cuatro partes o componentes:
1.
Propuesta: con la Palabra de Dios
(una lectura)
2.
Respuesta: oración de los fieles.
3.
Rito: con un signo (pan y vino) y una oración
4.
Una bendición final y una oración.
Existe una diferencia entre una celebración de la Palabra y lo que ha
dado a llamarse" Misa seca", por algunos teólogos [4]
en la España de principios de siglo, para distinguir el hecho de que en
ésta última se incorpora la administración de la Eucaristía
(parte tercera de la celebración).
Celebrar la Palabra no necesariamente acontece con la comunión de los
presentes, pueden solamente leer y meditar un pasaje bíblico y hacer oración
para que podamos ya definirla como celebración de la Palabra.
"Se
aconseja encarecidamente que los fieles reciban la Sagrada Comunión dentro de
la celebración eucarística, sin embargo, cuando lo pidan con causa justa, se
les debe administrar la comunión fuera de la Misa, observando los ritos litúrgicos"
(CIC can. 918).
Estos
ritos litúrgicos ha de conocerlos el Ministro de la Eucaristía, para celebrar
el misterio pascual ya sea en la asamblea, al administrar la Sagrada Comunión,
como junto al hermano enfermo al que le lleva el Cuerpo de Cristo.
"El
Ministro Extraordinario llamado a intervenir en primer término, es el que ha
recibido el acolitado, quien está designado por el derecho para realizar este
ministerio. No obstante, cuando la necesidad lo aconseje (CIC
can. 230) podrá también distribuir la Comunión otro fiel, designado para
ello por el Ordinario "ad actum vel
ad tempus", o incluso si fuera verdaderamente necesario, de modo
estable."
Los
criterios para estimar la necesidad aludida en el canon 230.3 podemos
deducirlos de la Instrucción "Inmensae
Caritatis":
A) Que no haya sacerdote, diácono o acólito.
B) Que éstos no puedan por distintas causas.
C) Que sean muchos los fieles que deseen comulgar y la
celebración de este modo se prolonga demasiado.
Ha de ser una persona idónea, adecuadamente instruida, y ser
recomendable por su vida de oración, de contacto con la Palabra de Dios y de
frecuencia en los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía, que son
las bases sólidas de una vida laical apostólica.
Se esforzará por no desentonar con tan sublime función y se ofrecerá
como ejemplo a los demás fieles por su devoción y reverencia hacia el Santísimo
Sacramento del altar.
Partícipes
de la comunidad
Así como la Eucaristía necesita la materia de la propia vida para
unirla al sacrificio de Cristo, la celebración requiere de una verdadera relación
interpersonal para ser plenamente eficaz.
De la primitiva comunidad se dice en Hechos 4,32‑35 que "tenían
un corazón y un alma sola", señalando dos dimensiones, la del corazón,
que implica la comunión; y el alma, que significaba para el pensamiento griego
la amistad de una relación muy íntima. Además, lo tenían todo en común (He
2,44‑45).
Las celebraciones se entienden desde ese marco de intimidad que procede
de la amistad, del amor mutuo que reina entre los hermanos cuando hacen oración
y parten el pan. Son los cuatro elementos que constituyen la comunidad; ideal
que propone Santo Domingo (IV Conf. Episc. Latinoam.) en la formación de
comunidades donde las relaciones interpersonales son esenciales y no realidades
yuxtapuestas.
La relación interpersonal entre el Ministro y quienes reciben el Cuerpo
sacramental de Cristo en la Sagrada Comunión no escapa a esa realidad como
participación de un acto cultual que se comprende desde el aporte significativo
de la propia vida, en la amistad expresada al partir el pan y al agradecer en la
oración espontánea no sólo el haber recibido a Cristo sacramentado sino también,
desde El, a la comunidad toda que se hace presente en el acto de la celebración.
La amistad que procede de "amarse como El nos amó" (Jn 13,34)
implica una corresponsabilidad en la vida de los miembros de una comunidad
particular. Quien recibe a Cristo sacramentado, participa de ese grado de
amistad por su unión a Cristo y por su unión a la comunidad.
Se produce aquella igualdad por la cual se ha de dar a cada miembro lo
que le corresponde, según su necesidad (comunicando unos con otros diversos
tipos de bienes y el cuidado afectuoso a quien se ve debilitado por la
enfermedad; a su vez éste, al recibir a Cristo, ora al Padre pidiendo por las
necesidades de todos sus miembros.
"
Los Ministerios y los carismas surgen no sólo en función de la misión
de la Iglesia en el mundo, sino también para el crecimiento interno y el
desarrollo de la vida comunitaria; de ahí que los laicos tengan su propio papel
en la construcción de la comunidad. "
[5]
Ante este resurgir del papel protagónico del laicado en la formación de
la comunidad, la teología ha de preguntarse si sólo hay delegación y mandato
o una real expresión de corresponsabilidad con los pastores. El teólogo español
Estrada Díaz afirma no sólo ese carácter de constructores de la comunidad
sino que existe una tensión entre
la revalorización del Bautismo, realizada por el Concilio vaticano IIº, y el
Orden Sagrado. La Iglesia en su Jerarquía (y en sus códigos) se mueve
entre
el reconocer las funciones laicales de varones y mujeres y una Eclesiología que
mantiene una tutela y subordinación al clero. Hay una dificultad en las
concesiones debido a un proceso histórico de concentración de monopolio de
"poderes" que por las mismas exigencias del Orden Sagrado. [6]
La
Eucaristía, fuente y cumbre de toda predicación.
Los laicos pueden ser llamados a predicar en una Iglesia u oratorio si en
determinadas circunstancias hay necesidad de ello, o si en casos particulares lo
aconseja la utilidad.
"Entre las formas de predicación se destaca la homilía ("se
entiende por homilía la explicación de algún aspecto de las lecciones de la
Sagrada Escritura, bien sea de otro texto tomado del ordinario o del propio de
la Misa del día, teniendo en cuenta tanto el misterio que se celebra como las
necesidades peculiares de los oyentes", Sacrosanctum Concilium 52). Es
parte de la misma liturgia y está reservada al Sacerdote o al Diácono, para
comentar el texto sagrado, los misterios de la fe y las normas de vida
cristiana, dentro de la Misa. No es necesario que se centre en el Evangelio del
día." (CIC can. 761‑1).
Hay una estrecha relación entre la predicación y la Eucaristía; ésta
aparece como fuente y cumbre de toda predicación. [7]
Al llevar la Sagrada Comunión a los enfermos, el Ministro Extraordinario
de la Eucaristía podrá, si lo estima conveniente y oportuno, predicarles después
de la lectura de la Palabra de Dios, en un breve comentario sobre el texto bíblico.
Los
ministerios encomendados
En la Escritura se concibe el ministerio, la mayor parte de las veces,
como "servicio", también como potestad sobre o para la sociedad.
El nombramiento para un cargo se hace por obra del Espíritu, en el acto
en que la Iglesia confiere el Ministerio, cargo o potestad y garantiza la sucesión
apostólica por medio de la imposición de las manos.
Por voluntad divina permanece la Iglesia, el Espíritu Santo en ella, y
de igual modo queda implicada la voluntad de que permanezca el ministerio.
No todos los cristianos tienen las mismas atribuciones con respecto a la
Palabra de Dios y los sacramentos , [8]
sino que existe un ministerio de derecho divino que se desmembra en obispos,
sacerdotes y los diversos grados de las órdenes ministeriales.
Los ministerios laicales pueden ser instituidos y no instituidos. Se les
instituye para una función; son el lectorado, el acolitado y otros. Solo pueden
ser instituidos lectores varones (el 15/8/72 se sacó el lectorado de los
ministerios ordenados, y las mujeres pueden leer pero sin recibir el rito).
Los no instituidos se diferencias de los instituidos en la
formalidad del acto del envío; cuando el obispo hace el envío de los
catequistas no los instituye como ministros aunque en la práctica ejerzan las
mismas tareas.
Lo mismo sucede con el acolitado, que puede ser un paso previo al
diaconado, dentro del Orden, como puede ser un ministerio no instituido o
encomendado.
Los varones laicos que tengan la edad y las condiciones determinadas por
la Conferencia Episcopal pueden ser llamados para el Ministerio estable de
Lector y Acólito, mediante el rito litúrgico prescrito.
Por encargo temporal, los laicos pueden desempeñar la función de lector
en las ceremonias litúrgicas, y donde lo aconseje la necesidad y no haya
ministros ordenados, pueden los laicos suplirles en algunas de sus funciones,
ejercitar el Ministerio de la Palabra, presidir las oraciones litúrgicas,
administrar el bautismo y dar la Sagrada Comunión, según las prescripciones
del derecho.
Varones
y mujeres
Un matiz a tener en cuenta en la lenta evolución del ministerio laical
es la inclusión de las mujeres en el ejercicio del mismo. En la Instrucción
"Inmensae Caritatis" se autorizaba (desde el 29/91/73 , fecha de
promulgación de la carta) a los bautizados idóneos distribuir la Comunión y
llevarla los enfermos. Se incluía a las religiosas pero no a las mujeres en
general.
En el Documento de Pablo VI "Ministeria
Quaedam" del 15/08/72, en el que se habla de "Ministerios
Instituidos" (Lectorado y Acolitado como paso para
las órdenes sagradas o como ministerios estables, se reservan "a
los varones según la venerable tradición de la Iglesia" - afirma el Pontífice.
En el año 1974 se autorizó a los Obispos de Brasil, conceder a
laicos cualificados - varones o mujeres - la facultad de presenciar canónicamente
los matrimonios en determinadas circunstacias.
En el año 1975, la "Evangelii Nuntiandi" de Pablo VI, al
referirse en el Nro. 73 a los ministerios diversificados, deja el campo abierto
tanto para mujeres como para varones.
Con todo, en una carta del Prefecto de la Congregación del Culto Divino
del año 1977, refiriéndose a "Ministeria Quaedam", se hace extensivo
el lectorado y el acolitado también para las mujeres.
Normas
generales.
"Se aconseja encarecidamente que los fieles reciban la Sagrada
Comunión dentro de la celebración eucarística; sin embargo, cuando lo pidan
con causa justa, se les debe administrar la comunión fuera de la Misa,
observando los ritos litúrgicos" (CIC can. 918).
"Quien ha de recibir la Sagrada Eucaristía ha de abstenerse de
tomar cualquier alimento y beber, al menos desde una hora antes de la Sagrada
Comunión, a excepto sólo de agua y medicinas. Las personas de edad avanzada o
enfermos y quienes los cuidan, pueden recibir la Sagrada Eucaristía aunque
hayan tomado algo en la hora inmediatamente anterior". (CIC can 919).
"Se debe administrar el Viático a los fieles que por cualquier
motivo se hallen en peligro de muerte. A todo bautizado que pueda recibirla,
cualquiera sea la causa del peligro de muerte: enfermedad, vejez, incendio,
naufragio, pena de muerte, etc. Puede comulgar de nuevo en ese día". [9]
En caso de inminente peligro de muerte por enfermedad ,no se
prive al enfermo de gravedad de recibir el Cuerpo de Cristo ; puede en este caso
el Ministro laico administrar la Sagrada Eucaristía aún en el caso de no
haberse el enfermo reconciliado en el sacramento de la Reconciliación, cuando
no existe sacerdote disponible y en tal caso pidiendo perdón al Señor con el
propósito de recibir ese sacramento en cuanto sea posible. (Por disposición
pastoral del Ordinario del lugar)
"No debe retrasarse mucho el Viático a los enfermos; quienes
ejercen la cura de almas han de vigilar diligentemente para que los enfermos lo
reciban cuando tienen aún pleno uso de sus facultades". (CIC can 922)
"Los fieles pueden participar en el Sacramento Eucarístico y
recibir la Sagrada Comunión en cualquier rito católico, salvo: 1.‑ En
caso de necesidad, con tal de evitar el peligro de error o infidentismo pueden
recibir del Ministro no católico la penitencia, la eucaristía y la unción de
los enfermos de aquellos ministros no católicos en cuya Iglesia son válidos.
Es lícito administrar a iglesias orientales que no están en comunión plena
con la Iglesia si lo piden voluntariamente y bien dispuestos. Idem otras
iglesias." (CIC can 923).
"A nadie le está permitido conservar en su casa la Sagrada Eucaristía
o llevarla consigo en los viajes, a no ser que lo exija la necesidad pastoral, y
observando las prescripciones del obispo diocesano" (CIC can 935).
Un
caso particular
El
cardenal Joseph Ratzinger, presidente de la Congregación de la Doctrina de la
Fe, firmó una carta dirigida a los obispos el viernes 14 de octubre de 1994,
donde Juan Pablo II afirma que los católicos que quiebran sus votos
matrimoniales permanecen dentro de la Iglesia pero no pueden recibir la comunión
aún si ellos sienten que pueden hacerlo con la conciencia limpia." Muchos
católicos casados por segunda vez reciben la comunión, también muchos
estadounidenses dicen que no toman en cuenta la prohibición del Vaticano sobre
el uso de los anticonceptivos"‑ dice Ratzinger. El Ministro de la
Eucaristía ha de tener presente esta norma, sobre todo en casos donde los
sentimientos indican al creyente que puede comulgar y a su vez la voluntad le
impele a recibir con buena conciencia el Cuerpo de Cristo.
Muchas veces los ministros han de asistir a hospitales y
sanatorios para llevar el Santísimo a una persona internada. Es recomendable poseer
una identificación que le acredite como Ministro de la Iglesia a fin de
presentarse ante las autoridades de vigilancia en el caso de no permitírsele la
entrada.
Fuera de los horarios de visita y ante reglamentaciones restrictivas, ha
de exigirse, si es preciso, la autorización al ingreso. En este caso se hace
uso de un derecho propio del paciente internado : el derecho a la ayuda
espiritual y religiosa,[10]
derechos que se manejan a partir de la década de 1980, con la reciente
elaboración de la Bioética, disciplina que rige sobre las normas éticas tanto
del médico como de pacientes y personal relacionado al cuidado de la salud. [11]
Si aún así no le es permitida la entrada por el personal de vigilancia
u otros, debe pedir el nombre de una autoridad administrativa a quien referirse.
Es bueno saber que no exige el Ministro algo fuera de lugar sino que hace uso
del derecho vigente en ética médica en nuestro país. Suele suceder que
lamentablemente no se tienen las nociones claras o sabidas al respecto. Por ésto
creo conveniente incluir este tema al hablar de códigos, sobre todo porque
afecta un aspecto del Ministerio como es la visita al hospital o sanatorio. No
siempre es posible asistir en horario de visitas máxime cuando hay que asistir
a varios lugares en el mismo día. De todos modos, en primer lugar, es
conveniente tratar de visitar al enfermo en horarios de visita establecidos por
el sanatorio.
No existe un manual de Bioética editado en Uruguay, por eso refiero al
lector al citado en el párrafo anterior, porque resume estupendamente todos los
tópicos referentes a la relación médico paciente, enfermería, eutanasia,
aborto, y otros temas que son de ayuda para todos los que trabajan en relación
al cuidado de la salud. [12]
Ritual
para la distribución de la Sagrada Comunión fuera de la
Misa
(I).
I.
SALUDO
M.‑ Hermanos: Bendigan al Señor,
que en su bondad nos invita a la mesa del Cuerpo de Cristo.
T.‑ Amén.
II.
RITO PENITENCIAL
M.‑
Hermanos: Reconozcamos nuestros pecados a
fin de prepararnos debidamente para participar de esta celebración.
(Se hace una breve pausa de
silencio).
T.‑ Yo
confieso ante Dios Todopoderoso y ante vosotros hermanos que he pecado mucho, de
pensamiento, palabra, obra y omisión: por mi culpa, por mi culpa, por mi gran
culpa, por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos
y a vosotros hermanos que intercedáis por mí ante Dios Nuestro Señor.
M.‑ Dios Todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros
pecados y nos lleve a la vida eterna.
T.‑ Amén.
III.
CELEBRACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS.
Se
lee uno de los textos siguientes o algún otro que haga referencia a la Eucaristía;
preferentemente del Evangelio correspondiente al día:
"El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida
eterna, y yo lo resucitaré en el último día: mi carne es verdadera comida y
mi sangre verdadera bebida". (Jn. 6, 54‑55).
O
alguno de estos textos: Jn. 6,54‑58; Jn.14,6; Jn.15,14; 1Cor.11,26.
M.‑
Palabra de Dios.
T.‑ ¡Te alabamos, Señor!
(El Ministro podrá hacer una brevísima reflexión sobre
la Palabra o guardar un momento de silencio).
IV.
SAGRADA COMUNIÓN
El Ministro
toma el copón que contiene el Sacramento, lo pone sobre la mesa e introduce la
oración dominical con estas o similares palabras:
M.‑
Siguiendo los preceptos del Salvador,
y sus divinas enseñanzas,
nos animamos a decir:
T.‑ PADRE NUESTRO,
QUE ESTAS EN LOS CIELOS...
A continuación el Ministro hace genuflexión, toma la
hostia y elevándola sobre el copón, la muestra y dice dirigiéndose a los que
van a comulgar"
M.‑
ESTE ES EL CORDERO DE DIOS
QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO,
FELICES LOS INVITADOS
A LA CENA DEL SEÑOR.
Y
se responde una sola vez:
T.‑ Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Si
el Ministro comulga dice en voz baja:
M.‑ EL CUERPO DE CRISTO ME
PROTEJA PARA LA VIDA ETERNA.
Toma
el recipiente o copón, se acerca a los que van a comulgar. A cada uno muestra
la hostia y dice:
M.‑ EL CUERPO DE CRISTO
T.‑ AMEN.
Terminada
la comunión puede guardarse un momento de silencio, o cantarse un salmo o canto
de agradecimiento.
Luego
se reza la oración conclusiva:
M.‑ OREMOS.
SEÑOR, QUE NOS DEJASTE LA MEMORIA
DE TU PASIÓN
EN ESTE ADMIRABLE SACRAMENTO,
CONCÉDENOS VENERAR DE TAL MANERA
LOS SAGRADOS MISTERIOS
DE TU CUERPO Y DE TU SANGRE,
QUE TODOS PODAMOS EXPERIMENTAR
SIEMPRE EN NOSOTROS
LOS FRUTOS DE TU REDENCIÓN.
QUE VIVES Y REINAS
POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS.
T.‑ AMEN.
V.
RITO DE CONCLUSIÓN
El Ministro, invocando la bendición de Dios y haciéndose la señal de
la cruz, dice:
M.‑
QUE EL SEÑOR TODOPODEROSO
PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO,
NOS BENDIGA Y NOS GUARDE DE TODO MAL
Y NOS LLEVE A LA VIDA ETERNA.
T.‑ AMEN.
M.‑ PODEMOS IR EN PAZ.
T.‑ DEMOS GRACIAS A DIOS.
Ritual
para la distribución de la Sagrada Comunión
fuera
de la Misa (II).
M.‑
El Señor esté con vosotros.
T.‑ Y con tu espíritu.
ACTO
PENITENCIAL
M.‑ Hermanos, antes de
recibir el Cuerpo de Cristo en esta celebración,
reconozcamos nuestros pecados.
T.‑ YO CONFIESO ANTE DIOS TODOPODEROSO...
M.‑
Dios Todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
T.‑ AMEN.
LITURGIA
DE LA PALABRA
M.‑
Lectura del Santo Evangelio según San N.
T.‑ GLORIA A TI SEÑOR.
Acabado
el Evangelio el Ministro dice:
M.‑
Palabra de Dios.
T.‑ TE ALABAMOS SEÑOR.
Breve
reflexión sobre la Palabra (o silencio)
SAGRADA
COMUNIÓN
El Ministro toma el copón que contiene el Sacramento, lo pone sobre la
mesa e introduce la oración dominical con estas o similares palabras:
M.‑
Fieles a la recomendación del Salvador
y siguiendo su divina enseñanza,
nos atrevemos a decir:
T.‑ PADRE NUESTRO,
QUE ESTAS EN LOS CIELOS...
El
Ministro hace la genuflexión, toma la hostia y elevándola sobre el recipiente,
la muestra y dice:
M.‑ Este es el Cordero de
Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los llamados a la cena del Señor.
T.‑ SEÑOR, NO SOY DIGNO DE QUE ENTRES EN MI CASA
PERO UNA PALABRA TUYA BASTARA PARA SANARME.
El
Ministro toma el copón, se acerca a los que van a comulgar y muestra la hostia
a cada uno diciendo:
M.‑ El Cuerpo de Cristo.
T.‑ AMEN.
ORACIÓN
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
M. Oremos.
Derrama
Señor tu Espíritu sobre nosotros
para
que vivamos siempre unidos en tu amor
los
que hemos participado en este admirable Sacramento
Pascual, por Jesucristo tu Hijo que siendo Dios, contigo
vive y reina en unión con el Espíritu Santo, por los
siglos de los siglos.
T.‑AMEN.
RITO
DE CONCLUSIÓN
M.‑
El Señor Todopoderoso nos bendiga,
nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
T.‑ AMEN.
DESPEDIDA
M.‑
Pueden ir en paz
T.‑ DEMOS GRACIAS A DIOS.
Ritual
adaptado a la celebración con los enfermos. III
Seguir
las lecturas del día puede resultar inapropiado. Se sugieren algunas lecturas
que puedan motivar la esperanza de quien se halla postrado por la enfermedad.
Del mismo modo, los ritos elaborados pueden ser difíciles de seguir para
muchos. El siguiente esquema se presenta como un modelo que puede ser elástico,
sin por ello afectar la riqueza y la precisión de la liturgia, donde las
palabras no sobran ni faltan, para conservar la tradición y el verdadero
sentido de la Palabra de Dios y de la oración litúrgica.
Comienzo
de la celebración
M‑
En nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Pidamos al Señor nos
perdone de todos nuestros pecados para recibirle dignamente.
Que el Señor nos perdone y nos lleve a la vida eterna.
P‑
Amén.
M.‑ Lectura de la Palabra de Dios en el Evangelio
según San N.
(EL Ministro ora por las necesidades personales más
relevantes del enfermo y rezan el Padre Nuestro.)
M.‑ Este es el Cordero de Dios que quita el pecado
del mundo.
P.‑
Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará
para sanarme.
M.‑
El cuerpo de Cristo
P.‑
Amén.
M. -Gracias Señor por haberte recibido, por tu amor y
por todas las bendiciones que contínuamente nos otorgas.
‑ Que el Señor nos bendiga y nos muestre su
rostro, en nombre del padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
‑Amén.
APÉNDICE
Características
del enfermo
La persona enferma es muy especial. Debido a su situación de dolor y
sufrimiento es sumamente sensible, necesitado de cariño y de respeto. Necesita
ser escuchado y comprendido. Es un gran evangelizador al llevar con entereza su
dolor, aunque a veces puede volverse algo agresivo y sentirse desanimado. En
esas circunstancias debemos actuar con mucho amor, paciencia y comprensión,
intentando devolverle la confianza y fortalecer su fe.
Al entregar su enfermedad al Señor y soportar el dolor por amor a
Cristo, es para todos sus hermanos un gran ejemplo de fe, de entrega, de
fortaleza y de esperanza.
Siente la necesidad de contar lo que le pasa repetidas veces el proceso
de su enfermedad. Se siente incapaz de realizar esfuerzos como causa de su
disminución física y se acentúa su sentimiento de soledad. [13]
El
visitar a los enfermos
La
visita del Ministro de la eucaristía reviste un carácter de
misión o envío y, por tanto, difiere de una visita hecha en calidad de
familiar o de amigo. El carisma para animar y consolar a los enfermos que ha de
poseer el Ministro es dado por el mismo Espíritu Santo, porque "cada uno
sirva a los demás según los dones que haya recibido" (1 Pe 4,10).
En este Ministerio es más lo que se recibe que lo que se da. Conscientes
de ser instrumentos del Señor, enviados por El, por medio de nuestro Párroco y
Pastor, para animar y consolar, administrando un misterio de amor, que es
resurrección a través de la cruz del sufrimiento.
San Pablo, al referirse al tema de la salvación, usa como sinónimo la
expresión "ser en Cristo" 164 veces. Ese ser en Cristo expresa la unión
a Cristo y a su Iglesia; y es un acto de expresión profunda de la libertad
humana. Somos de Cristo en todos los actos y decisiones de la vida diaria. Los
actos y actitudes acompañan la opción fundamental que hacemos por Cristo al
aceptarlo como Señor y Salvador. No sólo en todo lo que hago toma la vida del
creyente, sino también en todo lo que padece en los sufrimientos de la vida.
He de ser en Cristo cuando decido y realizo diferentes actos, pero he de
ser en Cristo también cuando soy el paciente de algo que me atribula.
Ser de Cristo en el dolor es SUFRIR EN CRISTO. Pablo usa muchas veces la
experiencia del dolor y de la tribulación.
Padecer una enfermedad es una acción que no es provocada por quien la
padece pero que padecida en Cristo toma su significado y cobra sentido solamente
desde la unión con Cristo, por la Pascua, desde la unión misteriosa de la
muerte con la resurrección.
Decir a quien sufre una enfermedad que Dios le ayudará no es correcto en
cuanto que el Señor ya está ayudando en ese dolor a vivirlo humanamente, en
referencia a El. Desde la contradicción le pedimos nos quite la enfermedad,
pero sabiendo que El está con nosotros mientras la sufrimos.
ORACIÓN
Saber
que caminas silencioso y escondido junto a mí, dejando tus huellas con las mías,
donde el dolor y el sufrir es pan de cada día.
Tú
me llevas a mí, yo te llevo a tí...
en mis manos llegas al hermano que está enfermo,
y al anciano e impedido,
y lo alimentas y fortaleces;
Por
mis manos tú te das
en el Sacramento de tu Cuerpo y de tu Sangre.
Con
mis palabras te anuncias al llegar
y proclamas tu Palabra.
En ese momento no soy yo sino que eres Tú quien hablas.
Por
eso, Señor, te consagro mis labios que te anuncian
mis manos que te entregan,
todo mi ser, en ese "TOTUS TUUS MARIAE" (todo tuyo María)
que nos asemeja a tí
y nos hace instrumentos fieles a pesar de mi indignidad y
de mis debilidades
y que pueda
ser ministro según tu Corazón desea.
Que
cuando diga: "El Cuerpo de Cristo"
yo desaparezca
y vean tu rostro.
Amén.
INDICE
Introducción.............................................pag.1
Ministerios................................................pag.2
Ministerios
en las primeras
comunidades
católicas............................pag.2
Participantes
del culto divino....................pag.3
Unidad
y diversidad del Ministerio............pag.3
Fidelidad
en el Ministerio..........................pag.4
El
Ministerio como administración............pag.5
Un
misterio a administrar..........................pag.6
La
predicación en el
Ministro.................pag.6
La
celebración de la Palabra....................pag.8
Partícipes
de la comunidad .....................pag.9
La
Eucaristía, fuente y cumbre
de
toda predicación.................................pag .10
Los
ministerios encomendados................pag. 11
Varones
y mujeres....................................pag.11
Normas
generales.....................................pag.12
Rituales
para la distribución de la Sagrada
Comunión
fuera de la Misa.......................pag.17
Características
del enfermo......................pag.18
Visitar
a los enfermos...............................pag.19
Oración.....................................................pag.20
Indice..................................................
pag.21
Bibliografía........................................
pag.22
BIBLIOGRAFIA
‑
IV CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO,
Santo Domingo Conclusiones (República Dominicana 12‑28 de octubre de 1992, pp. 96 y 155,( Ministerios conferidos
a los laicos.)
‑
JUAN PABLO II, EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
POST‑SINODAL”CHRISTIFIDELES LAICI" SOBRE LA VOCACIÓN Y MISION DE
LOS LAICOS .
(Ciudad del Vaticano 1989, pp. 60 y 63).
‑
SAN JUSTINO, "La liturgia cristiana", Apología I,pp.65.
‑
QUASTEN J. " Patrología I", (BAC pp. 40).
‑
RAHNER K.‑ VORRIMLER H.,"Diccionario Teológico"
, (Barcelona Ed. Herder 1970, pp. 430).
‑
CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO, CIC can 230, 910, 943, 1035,
76l.1, 762‑765, nota del 766, 918, 919, 921‑923, 935.
‑
TRUCCO E.,"Ministros de la Eucaristía" (Buenos Aires,
Ed. Bonum, 1986, ed. 5ª, pp.
57‑61.)
‑
MISAL DE LA COMUNIDAD (SANTORAL Y FERIAL) II,(Salamanca 1973, Ed.
Paulinas,PPC, Regina,Verbo Divino; ed.9
‑
DIACONADO PERMANENTE II, Oteiza sj. (Cfr. cap.
correspondiente a ministerios, ITUMS BIBLIOTECA).
‑
INSTRUCCIÓN EUCHARISTICUM MYSTERIUM (S.C. de Ritos, 1967,
num 49. Ritual romano, CEA, 1976, pp. 10‑11).
‑
VATICANO II CONCILIO, (Lumen Gentium 21).
‑
CHRISTIFIDELES LAICI, Juan Pablo II sobre la vocación y
misión de los laicos en el mundo"(Ciudad del Vaticano, 1988,
num. 28‑23, pp. 58‑64).
‑
INSTRUCCIÓN
"INMENSAE CARITATIS", S.C. para los Sacramentos, 1973, Nº 1, 2 y 3).
‑
SANTO DOMINGO IV CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO
LATINOAMERICANO (1992).Segunda parte, pag 81‑86.
‑
CARACTERÍSTICAS DEL ENFERMO, Pirez A. "Administración de la
eucaristía a los enfermos". (Parroquia Cristo
Salvador de Belen, 1994.)
‑
SEMBRADOR DE PAZ Y ESPERANZA, Alvarez-Velazco.(Ed. DANFEL
SA.,1987. Cap XI, pag 111.)
-
BAUTISMO, EUCARISTÍA, MINISTERIO, del Consejo Ecuménico de
las Iglesias, (Cap. 2)
-
SAINZ P.,"Sacramentos de iniciación", Ed.
ITUMS,1996.(Tema 8, pag 29).
-
Dr. DE PENA, "Derechos del paciente"
-
Dr. LORENTE - POLAINO, " Manual de Bioética General" (2ª
ed., Ed. RIALP, Madrid, set. 1994).
-
MONTEVIDEO, ENTRE SIGLOS,"Ministros extraordinarios de la
eucaristía " año 3, Nro. 35; (3 de agosto de 1996; pag 18.)
Revista semanario de la Iglesia.
[1] Juan Pablo II a los jóvenes universitarios católicos en la Universidad Complutense de Madrid.cf SEMBRADOR DE PAZ Y ESPERANZA,Alvarez‑Velazco, 1987 Ed. DANFEL SA.,Cap XI,pag 111)
[2] Cfr. PHILIPS GERARD, "El Misterio de la Iglesia", 3 tomos; CONGAR Y.,"Vaste monde ma paroisse (París 1959).
[3]
( Cf.: BOROBIO
D., : "Entre el ideal y la
realidad: directrices para una pastoral de los sacramentos",.,pag
906)
[4] AGACCINO D., sj.: Ejercicios espirituales, (Manresa, Montevideo 1999)
[5] MONTEVIDEO, ENTRE SIGLOS,( 3 de agosto de 1996, pag 18.)
[6]
Cfr. Oc.
pag 18
[7] Cfr. Nota del art. 266 del CIC.
[8] Dz . 357, 498, 853, 960.
[9]
CIC can 921.
[10]
Cfr.: DR. DE
PENA,"Derechos del paciente"
[11]
Cfr.
Dr. LORENTE - POLAINO, "Manual de Bioética general" (2ª ed., Ed.
RIALP, Madrid, set. 1994).
[12]
Otros materiales a consultar
pueden ser : "Diccionario Enciclopédico de Teología Moral" ;
"Código de Etica Médica" en el boletín de la Academia Nacional
de Medicina del Uruguay (Sindicato Médico del Uruguay). Son doce artículos
que tratan sobre derechos del Médico, y en la tercera parte las
prohibiciones del Médico. La carta de 1995 de la Pontificia Congregación
para la salud, sobre el valor de la vida, el derecho a la vida y a vivir con
dignidad.