Los trabajadores y el Pensamiento Nacional
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Los trabajadores y el Pensamiento Nacional

Damas y caballeros:

Deseo reconocer a quienes hicieron posible este Seminario, como hecho cultural concreto de construcción lenta pero segura hacia un futuro dinámico donde el pensamiento nacional retome los primeros lugares de la consideración general.
Aunque – y aquí debo corregir o ampliar esta consideración – el pensamiento nacional siempre estuvo presente en la genética popular, en la inteligencia emocional del Pueblo. Mientras nuestra “intelligentzia” plantea su visión hegemónica el pueblo – y en especial el pueblo trabajador – reivindica la acción y el pensar de cuño nacional.
Desde el origen de la nacionalidad, nuestros paisanos – los trabajadores rurales, si vamos al caso! - para defender sus derechos se organizaban alrededor de sus legítimos representantes que eran los caudillos. Tal como afirma Arturo Jauretche“el caudillo es el sindicato del gaucho, sindicato en cuanto protector al que se asociaba, pero protector, es decir otra cosa y de más arriba, que lo amparaba”.
De allí que siendo una asociación según el orden natural, con rasgos carismáticos pero de índole racional en su elección y compromiso, es el sindicalismo la estructuración de las organizaciones originarias sostenedoras de un accionar hecho pensamiento en cuanto defensa de hombre argentino con sus costumbres, tradiciones y sentimientos. Sentimientos de hombre de campo primero, vinculado a las fuerzas vitales de la nacionalidad, lo que brinda una poderosa perspectiva que le permitió entender y fundamentar sus luchas independentistas, saber que era la causa federal de Artigas, Quiroga y Dorrego la que lo representaba frente a Rivadavia; que en Rosas – pese a su centralismo porteño - encontrará un sostenedor de la soberanía contra las potencias del momento; y que encolumnarse en las montoneras de López Jordán, Peñaloza y Varela le permitirá enfrentarse a Mitre y Sarmiento por un destino de Patria Grande junto al pensar de Hernández, Andrade y Guido y Spano.
Es ese mismo Pueblo que se identifica a fin del Siglo XIX y principios del XX con la Unión Cívica Radical de Alem e Irigoyen; que acompaña a los sectores del conservadurismo de cuño popular, al nacionalismo sin visión elitista; al socialismo despojado de su internacionalismo y a todo movimiento social que conjugue el sentir nacional y popular con la idea del trabajo.
Desde el conservadurismo Joaquín V. González sostendrá que “no podemos pasar en silencio la encíclica del Papa León XIII… en la cual ha fijado el sentido de la política pontificia respecto a las cuestiones sociales, con una amplitud de criterio y altura de sentimiento y doctrina evangélica… dedúcese de tan célebre documento la necesidad de elevar la situación personal, doméstica y social del obrero, para que pueda cumplir los mandatos de la ley suprema de la naturaleza, impresa en toda criatura por el hecho de su organización…”. De allí que impulse la labor de Bialet Massé en su “Informe sobre el estado de la clase obrera”, donde se destaca la superioridad del obrero criollo, a la vez que impulsa la ley nacional del trabajo, el Departamento del Trabajo y promueve un Código del Trabajo junto a leyes que contemplen las necesidades de los trabajadores según el espíritu expuesto en la Doctrina Social de la Iglesia.
Si bien el movimiento sindical moderno es impulsado como la expresión de los obreros organizados contra el capitalismo con una visión internacionalista traída por la inmigración de activistas socialistas o anarcosindicalistas, con el tiempo la influencia de la tierra y su pueblo harán surgir otras perspectivas. Hombres como Ugarte, Dickman, Palacios o Agosti se apartan del internacionalismo y plantean conjugar el espíritu nacional a las reivindicaciones sociales.
La reivindicación sindical en 1919 contra Vasena que desemboca en “La Semana Trágica”, la lucha social en el sur conocida como “la Patagonia Rebelde” – donde se destaca el trabajador rural enterriano José Font, alias “Facón Grande”- de principios de los ’20, la lucha contra La Forestal en la zona chaqueña, la resistencia a los atropellos del ingenio de Patrón Costa en el Norte, todas luchas acompañadas por el sentir de la mayoría silenciosa del pueblo y de las plumas silenciadas de aquellos cercanos al pensamiento nacional.
Siguiendo estos hechos encontramos que la mayoría de las luchas sociales en Argentina pertenecen al hombre de campo, al trabajador rural, siguiendo la línea trazada por quienes tenían a sus caudillos en el Siglo XIX y que encuentran en las organizaciones sindicales el vehículo para lograr sus reivindicaciones.
Así lo entendió el correntino Ortiz Pereira quien desde FORJA estuvo del lado de los trabajadores fustigando el accionar reaccionario de la Liga Patriótica y de la Asociación Nacional del Trabajo, bregando desde el radicalismo por la cuestión social, ya que sostenía que “mientras los salarios son argentinos, los dividendos son extranjeros”. También denuncia a quienes “para ocultar sus siniestras manipulaciones… se sirven de técnicos alquilones que hablan o escriben sobre teorías y doctrinas de utilidad para sus alquiladores. Son eruditos, citan autores de apellidos difíciles, ocupan las columnas de los diarios, se apoderan d elas salas de conferencias, dictan cursos en las universidades, crean expresiones raras y acaban por imponerse como maestros. Ellos son los sostenedores de comprar a quienes nos compra, cumplir con dignidad nuestros compromisos en el exterior, de ahorrar sobre el hambre y la sed del pueblo, …dictar las leyes de defensa social y otras leyes sociales protectoras del trabajo…de los patrones”. Junto a él la prédica de Jauretche, Manzi, Scalabrini Ortiz y del resto de los forjistas tiende a revalorizar el papel de los obreros en la situación nacional, los cuales comprendieron mejor que nadie los nuevos vientos que se avecinaban.
Y esos vientos trajeron a Perón y su concepción social emparentada con la Doctrina Social de la Iglesia, el pensamiento de Maritain y la experiencia europea en materia obrera. Desde su labor en la Secretaría de Trabajo y Previsión impulsó las mejoras en materia laboral y previsional que caracterizaron al primer Peronismo, con más de 120 decretos-leyes desde 1943 a 1945 - entre ellos el revolucionario Estatuto del Peón – hasta culminar con el decreto-ley 23.852 de legalización de la militancia sindical y la actividad de los sindicatos sin previo aviso, quizás una de las razones más fuertes de su caída de octubre de 1945.
De allí surgiría el hecho que partiría en dos a nuestra historia al plantearse en el 17 de octubre de 1945, tras rescatar el pueblo trabajador a su líder, la incorporación de las masas a la vida política y social argentina tal como hiciesen los gauchos al elegir a su caudillo. Por eso no deja de reafirmar Perón esto al emparentar a los descamisados con los cuerpos de paisanos que formaron los ejércitos libertadores y cuando, en el discurso fundacional del 17 en la Plaza Mayo, brinda este consejo: “Trabajadores: únanse, sean hoy más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra, la unidad de todos los argentinos”. Esto se complementa con la reafirmación de su compromiso con los trabajadores rurales en el discurso donde, a días de las elecciones de 1946, se dirige a ellos pidiéndoles como medida revolucionaria que sean partícipes de su propia historia y ante cualquier impedimento por parte del patrón “romper los candados y saltar la tranquera” e ir a votar.
De esa obra política surge la unión con los sindicatos a través de la CGT y su labor a favor de la revolución social encabezada por Perón y Evita donde – y siguiendo la línea de pensamiento de Perón interpretada por el filósofo Buela – en la Comunidad Organizada el sindicato es un factor concurrente en los aparatos del Estado, no un factor de presión o un aparato del Estado, siendo las instituciones intermedias (u organizaciones libres del pueblo) las detentadoras reales del poder en cuanto Pueblo organizado que, junto a los factores de Estado y Gobierno deben cumplir coordinadamente su misión común.
Es así como la labor de la CGT en el primer peronismo a través de la defensa de las conquistas sociales, la acción contra el agio, el impulso de los derechos sociales de la Constitución de1949- en especial del decálogo de los Derechos del Trabajador -, el Estatuto del Trabajador Intelectual – poco difundido y trabajado por los investigadores - el impulso de los delegados obreros en el campo diplomático, la concreción del ATLAS a nivel continental, la capacitación sindical, el apoyo a la labor de la Fundación Eva Perón, el acompañamiento a los Panes Quinquenales y a la reforma agraria, su coordinación con la CGE de medidas para la producción, etc. son algunos de los hechos que apuntalan su relación con dicha revolución social.
Luego de 1955 el ataque fue directo a los trabajadores y a los intelectuales del sentir argentino en cuanto la restricción de sus derechos y a la imposición de una forma de pensar contraria al ideario nacional. De allí que los pensadores nacionales tuvieron en los sindicatos sus más fieles aliados, desarrollando su pensamiento en las publicaciones y libros solventados por sus recursos, disponiendo de sus sedes para dictar conferencias y clases mientras la universidad argentina expulsaba a los adherentes al Peronismo - los “flor de ceibo” - y negaba la existencia del pensamiento nacional. Ello retroalimentaba el apoyo intelectual de cada huelga, cada acto de la Resistencia Peronista por parte de hombres comprometidos con la nacionalidad. Es así que a lucha de Frigorífico La Torre, a la resistencia del Plan Conintes, a la campaña de votos en blanco, tuvieron en Chávez, Hernández Arregui y Cooke un apoyo decisivo.
Desde el sindicalismo ofrendaron su sangre miles de obreros, que en la figura de Vallese dieron al primer desaparecido y protagonizaron junto con los estudiantes la resistencia en el Cordobazo y el Vivorazo – entre otras acciones – a la dictadura de Onganía, apoyados por la pluma de Walsh y Ortega Peña, a la vez que fueron quienes tuvieron el peso mayor del retorno de Perón y de la resistencia al Proceso militar, al tiempo de pelear por el mejoramiento de la calidad de vida de los trabajadores.
Es ese mismo movimiento el que fue jaqueado en los años recientes por las medidas liberales contra la unidad del sindicalismo nacional atentando contra si propia existencia, lo que dejo como saldo el descreimiento de parte de la militancia que de a poco buscó reestructurarse y lograr con mucho esfuerzo que tanto la CGT como las 62 Organizaciones puedan estar unidas planteando sin fisuras lo mejor para sus bases.
Y hoy el movimiento sindical es el “refugio” natural del pensamiento nacional, donde muchos de los que planteamos recuperar esos valores eternos estamos como antiguos cristianos en las catacumbas de donde –esperamos en breve - resurgirá nuestra palabra como bandera de un sentir de años. Ese reflejo que trae la imagen de antaño de aquellos paisanos que sostenían el Federalismo contra el centralismo porteño, de los orilleros radicales, de los descamisados, junto a la imagen actual del trabajador y trabajadora de jean y remera que día a día se esfuerza por mantener en alto su dignidad ante una realidad cada vez más injusta. Son esos mismos que antes levantaban una tacuara frente a los porteños y hoy resisten en un piquete por lo que creen que es justo. Las imágenes cambian, pero los sentimientos y la fuerza quedan.
Tanto por la memoria de quienes nos precedieron en su lucha, de quienes aún tienen mucho por enseñarnos y de los jóvenes que pelean día a día contra el pensamiento único y lo políticamente correcto como trabajadores unamos nuestro pensar y sentir, teniendo una perspectiva de recuperar la Patria Grande sin centralismos ni dependencia servil de los imperialismos de turno, tomando una frase de la proclama de Felipe Varela de 1868 y que hoy tiene más vigencia que nunca: ¡Federación o muerte! ¡Viva la Unión Americana! ¡Abajo los negreros Traidores a la Patria!

Lic. Pablo Vázquez
Coordinador Area Biblioteca y Archivo
Instituto Nacional Eva Perón – Museo Evita
biblioteca@museoevita.org