"En búsqueda de la identidad nacional"
 

 
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"En búsqueda de la identidad nacional"
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“La Patria es un peligro que florece”
Leopoldo Marechal



Aprovechando que se ha puesto de relieve el debate sobre nuestra educación, la forma, el método y los contenidos de la misma, y que se la a redimensionado acertadamente como política de Estado, me parece valioso rescatar el tema de nuestra identidad como Pueblo.
En este proceso de recuperación de símbolos, efemérides y lugares con carga emotiva para cimentar el camino del actual proyecto nacional los integrantes del campo popular debemos replantear a las nuevas generaciones sobre nuestra heredad y raíces.
Partimos que la identidad cultural de una Nación la podemos plantear en términos de construcción y de proyecto, esto es, de realizaciones colectivas.
Es el preguntarnos “quienes somos”.
Y ese “quienes somos” nos debe permitir reflexionar acerca del pasado, de nuestras raíces, pero también nos permite inmediatamente, y casi nos exige, reflexionar acerca del presente y del futuro.
Un tema como la identidad debe ser “él” tema en el actual debate educativo y de formación de las futuras generaciones.
Identidad como elementos básicos a investigar, promocionar y desarrollar en esta etapa nueva de apertura política para repensarnos como Nación en pos de un destino.
Hablamos de identidad y necesariamente va unida al concepto nodal de “ser nacional”, muchas veces distorsionado por su utilización perversa en las oscuras épocas del Proceso.
Para un patriota como Juan José Hernández Arregui – que tanto a trabajado sobre este concepto – el Ser Nacional se enmarca en una“Comunidad establecida en un ámbito geográfico y económico, jurídicamente organizada en nación, unida por la misma lengua, un pasado común, instituciones históricas, creencias y tradiciones también comunes conservadas en la memoria del pueblo, y amuralladas, tales representaciones colectivas, en sus clases no ligadas al imperialismo, en una actitud de defensa ante embates internos y externos, que en tanto disposición revolucionaria de las masas oprimidas se manifiesta como conciencia antiimperialista, como voluntad de destino”.
Dicho ser nacional - esto es el sustrato vital de nuestra Patria - debe ser soporte de lo político, lo social y lo económico, mediante el cual nuestra identidad debe servir para reinstalar los valores nacionales frente a los procesos internacionales de globalización y neoliberalismo como nuevas denominaciones del imperialismo capitalista.
Para ello, primero debemos reconsiderarnos como Pueblo, en tanto nuestro desarrollo interno y nuestra relación con los pueblos hermanos de Suramérica y el resto del continente.
Durante años las elites gobernantes, amparados por la superestructura cultural que impone un accionar pedagógico de signo colonial dominante, nos hizo negar nuestra identidad americana haciéndonos dar la espalda al continente y posar nuestros ojos en nuestros amos del hemisferio norte.
Tal como afirmara Jorge Abelardo Ramos “somos argentinos porque fracasamos en ser americanos”.
De ese fracaso hemos aprendido a costa de tiempo perdido y sangre de inocentes derramada para, en la actualidad, replantearnos una meta marcada por el pensamiento de cuño nacional y sentir popular.
Es por eso que la actitud de dominados esta siendo abandonada en Argentina y el resto de Suramérica, los cuales buscan – con dificultades y contradicciones lógicas de todo nuevo proceso – unirse en torno de un proyecto en común con fuerte base en reafirmar su identidad cultural.
Según Eva Perón: “América simboliza el continente de la esperanza. Para los hombres y para los pueblos de empresa, esa esperanza representa la libertad suprema y la felicidad de los hombres”
Y esa esperanza debe encontrase en el actual proceso de integración regional donde permite resurgir en dicha unión nuestra identidad y ser nacional amalgamada con la identidad y ser nacional del resto de los pueblos de la “Patria Grande”.
Para ello debemos plantarnos con coraje, deponer falsas y mediocres consignas chauvinistas – esto es, “la razón de patio y la ambición menor”, como afirma Abel Posse, que hoy tímidamente surgen en algunos sectores por el tema de nuestra desacuerdo con el Uruguay por el tema de las papeleras - , pero con una firme voluntad para afirmar nuestro sentido nacional.
En estos tiempos si hay algo que no se nos permite es ser dubitativos, dudar de nuestras intenciones. Debemos impulsar nuestro proyecto con base en una política de miras amplias, donde el poder popular – reflejo fiel de las diversas fuerzas organizadas de nuestra comunidad – se reencuentre con el Gobierno y el Estado – tal como está ocurriendo ahora – y se planteen una conciencia del hacer con idealismo, pasión y fe.
Debemos deponer actitudes mezquinas, no generar enfrentamientos estériles entre quienes abrazamos la causa nacional, sumar voluntades, no ser alguien que se vive “peleando contra la nada” sino generar acciones positivas, ya que si al enemigo hay algo que le sobra es tiempo, paciencia y astucia.
Por eso el Presidente Juan Perón planteaba que “la democracia social que deseamos no se funda esencialmente en la figura de caudillos, sino en un estado de representatividad permanente de las masas populares”.
Es en este sentido que la recuperación y revalorización de nuestra identidad – como base para un replanteo de la educación nacional - debe ser reflejo del sentir del Pueblo con conciencia y sentido de organización, siendo éste la única herramienta transformadora de nuestro destino, pues tal como afirmara el Presidente Hipólito Yrigoyen: “las revoluciones no las hacen los partidos políticos (ni los grupos). La realizan las fuerzas conjuntas del pueblo”.

Lic. Pablo A. Vázquez
Coordinador Area Biblioteca y Archivo
Instituto Nacional Eva Perón – Museo Evita
biblioteca@museoevita.org