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;;DISCOTECAS
DE CASTILLA Y LEON
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CAMELOT:Historia obtenida de http://www.camelot.es Después de muchas vicisitudes, que no vamos a relatar ahora, podemos decir que a comienzos de 1986 llegó a nuestras manos la llave de un local muy especial: Un edificio englobado en el Conjunto Monumental de la R.R.M.M. Úrsulas, ubicado en una esquina del mismo y con una gran portada de piedra arenisca que le daba entrada independiente desde la Calle Bordadores. Para centrar un poco la historia, tenemos que pensar que en ese año 86, Salamanca ya tenía una larga tradición en la hostelería de copas, y algunos de los locales que despuntaban en aquel momento eran casi un referente a nivel nacional. Evidentemente, para entrar con pie firme en este mundo hostelero salmantino teníamos que despuntar desde el primer día, y para ello, teníamos que ofrecer un local verdaderamente diferente. A decir verdad, la primera visita a lo que hoy es Camelot, no dejaba ver todo el potencial real que escondía: Los gruesos muros estaban cubiertos por un revoco de mortero de cal y blanqueados por una docena de capas de temple, la estructura de madera de la cubierta estaba oculta por un techo raso de yeso y cañizo, descolgado casi tres metros por debajo del caballete y el acceso al interior se hacía subiendo cuatro peldaños desde el nivel de calle para acceder a un deprimente suelo de terrazo. La altura libre interior no pasaba de 3.20 m. Las ventanas laterales también ocultaban la cantería bajo un revoco de cal, convenientemente blanqueado. Una perfecta caja de zapatos de 17 por 9 m. Para acometer la obra con buen criterio, decidimos encargar el proyecto a un decorador suficientemente experimentado y así contratamos al efecto a D. Vicente Sánchez Pablos. Las primeras medidas que se tomaron previas al desarrollo del proyecto, nos llevaron al picado de revocos en los muros, a la demolición del falso techo de cañizo y a la ejecución de catas en la solera para descubrir el porqué de esos cuatro peldaños a la entrada. El resultado fue que descubrimos unos magníficos muros de mampostería de piedra arenisca, un suelo elevado artificialmente sobre 60 cm de encachado y escombro, y una cubierta llena de goteras y con la estructura de madera parcialmente deteriorada. Lo que mas llamó nuestra atención fue la altura real del local. Había casi 7 metros desde el nivel de calle hasta la cumbrera. Por otra parte, los corrales y dependencias anexas al edificio posibilitaban la ubicación de aseos y almacenes, además de permitir una salida de emergencia por la fachada lateral, dejando todo el espacio interior para uso de bar. Paralelamente, con la colaboración de las monjas, y merced a una transferencia de volumen dentro del convento conseguimos la licencia para construir el altillo. Desde el principio se planteo un Camelot con los muros de piedra vistos, y buscando una arquitectura tradicional, se pensó en la formación de una gran bóveda central de ladrillo con nervaduras de piedra rematada con un ábside al fondo. Esta bóveda iría apoyada por una parte en el muro y por el lado derecho cargando sobre unas pilastras de piedra que servían también para soportar el altillo que llevaría una segunda bóveda más pequeña encima. Dado que estábamos hablando de una parte de un monumento, todas estas ideas tenían que contar con el beneplácito de la Comisión de Patrimonio Cultural. Precisamente la negativa de dicha Comisión a la utilización de piedra, para la formación de las bóvedas condujo a un cambio radical en cuanto a los materiales a utilizar y se optó por el hierro. La solución final, basada en la formación de dos bóvedas permeables que utilizaban varios mallazos electrosoldados superpuestos y varias mallas metálicas mas tupidas para ocultar las instalaciones eléctricas y de aire acondicionado, así como la insonorización de la cubierta fue todo un hallazgo. Se dio continuidad material a la idea utilizando palastro en la formación de la barra principal, y las grandes escaleras de caracol que dan acceso al altillo, chapa y tubo redondo en la construcción de la cabina-pulpito, y pletina en las celosías del altillo. Finalmente la textura del hierro fuertemente oxidado, dio un acabado satisfactorio al conjunto. Se mantuvo el nivel original de suelo en el ábside, para permitir su uso como escenario. La baldosa de barro de tejar que colocamos y que inicialmente estuvo a punto de ser sustituida porque no aguantaba el paso del público, se convirtió en un resistente pavimento relativamente continuo mediante un tratamiento con resinas epoxi y acabó de configurar el carácter del local. Se diseñó y fabricó el fantástico logotipo del Dragón de Camelot que luce en la puerta, y nos permitimos dar un toque de color al local colgando cinco pendones en el escenario, que no han cesado de renovarse desde entonces. Camelot abrió sus puertas el 20 de Diciembre del 1986, después de más de 8 meses de obras. |
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