El Eco de Alhama: Literatura: Julio Alfredo Egea
EL ECO DE ALHAMA NÚMERO 4 LITERATURA

Julio Alfredo Egea

 

Nace en Chirivel (Almería) en 1926. Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada.Vive entre Granada, Almería y su pueblo natal. Ha viajado por todo el mundo. Ha conseguido numerosos premios: "Miguel A.Asturias" de Nueva York, "Angaro", "Ciudad de Palma", "Teruel Mudéjar", "Alcaraván", "Ceuta".... Sus obras han sido traducidas al polaco y búlgaro. También algunos relatos se ha traducido al braille.

Su inmensa obra literaria está recogida en cinco antologías personales:

  • PRIMERA ANTOLOGÍA POETICA (1953-1973), Caja de Ahorros, Almería,1975. Esta obra recoge una amplia y exquisita selección de los mejores poemas aparecidos en ocho libros publicados en este período.
  • SEGUNDA ANTOLOGÍA POÉTICA (1973-1988), Caja Rural, Almería, 1989. Comprende un selecto ramillete de poemas recogidos de entre los mejores aparecidos en las cinco obras poéticas publicadas en esta etapa.
  • LA RAMBLA (Antología biográfica), Biblioteca General del Sur, Caja General de Granada, 1989. Obra íntimamente ligada a las vivencias del autor: recuerdos de su niñez, peripecia de sus libros, anecdotario de viajes...Una segunda edición apareció en la Colección Alfaix del IEA de la Diputación de Almería en 1996.
  • VOZ EN CLAUSURA (Antología de sonetos), Colección Alfaix, Optica Almería, 1990.
  • El SUEÑO Y LOS CAMINOS (Antología de cuentos), IEA, Diputación de Almería, 1990.

Otras obras han sido publicadas en cuadernos como Mi Tierra, mi gente; Encuentro con el Mar....
Sus últimos títulos publicados son "PUESTO DE ALBA y quince historias de caza" y "LOS ASOMBROS", obra a la que pertenecen los poemas seleccionados por EL ECO DE ALHAMA.
JULIO ALFREDO EGEA es, sin lugar a dudas, el poeta más ilustre y representativo de nuestra poesía almeriense actual.


INFANCIAS

El viajero había seguido un itinerario de infancias por la América del harapo, y había sufrido la visión de niños suplicantes por ciudades de arena, en otro oscuro continente. El viajero provenía de una niñez desconcertada, de disparo y silencio.
Los niños numerados, de satisfechos nortes de la tierra, albergan otras pobrezas.
El viajero sentía martirios infinitos en el ejercicio de los asombros.

Los niños opulentos, mofletudos, del Norte,
-de los Nortes- caminan
siempre desde el Mac-Donald al tiovivo eléctrico.

(Ventisca en el contagio de una infancia...
Arracimados en el desconsuelo,
remiendo del harapo,
la pana de un tirante sobre el pecho,
intentando jugar al escondite
por entre los escombros de la lucha,
tras una derruída
tapia de adobe donde se iniciaba
un solar infinito,
en el ensayo de los tirachinas,
tan próximo el fusil y sus herencias...)

Los niños opulentos del Norte a veces cubren
perversas estadísticas
con la precocidad desbaradata
en territorios del pudor.

Acaso en la pantalla de sus juegos
no programaron la palabra amor
por la fiebre de prisas,
conseguida la técnica
de un nervioso fantoche de satélites.

Los niños opulentos de los Nortes
-energía de hamburguesa-
corren desde el Mac-Donald al tiovivo eléctrico.

Acaso en una esquina
les detenga un final apocalíptico
y puede que no tengan
nunca la dicha de encontrar un nido.


CARNAVAL

Cuando se presentía la primavera, como obedeciendo a la consigna del primer trino de febrero, se desataba una locura incubada en el festivo corazón del pueblo.
Se trastocaban los protagonistas del juego;los niños no sabíamos si reír o llorar...¿miedos o gozos?.
Era un tiempo de presentimientos trágicos, de odio emboscado, que se manifestaba en la interrogación de los entrecejos.
Un predominio fantasmal, entre fantasmal y erótico, despertaba un vendaval secreto que iba distribuyendo sábanas blancas. Las anarquía del gozo tenían un no sé qué de acíbar.
Mi niñez desconcertada correteaba las calles en huída, también en seducción hacia el misterio. ¿Qué máscara sería ella? Intentaba adivinar los incipientes pechos, las dialogantes manos. Ella, la que quizá sólo existía y se mantenía escondida en los sueños turbadores.

Era infantil el gozo.

-¿Me conoces?

Los ojos protagonistas.

Juegos de escondite
por las esquinas, miedos fantasmales.
¿Reír o llorar?. Los niños no sabíamos
las reglas de aquel juego.
-¿Me conoces?
Repasamos comparsas
de palabra atrevida, disfraces
de llamadas, las voces
con encantadas flautas, la pirueta
de carne en camuflaje.

Ella siempre pasaba
con un rastro de pétalos.
Sólo la conocía
por sus tórtolas blancas,
volanteras las manos,
dialogantes.
Tenía el pueblo la piel ácida
y dulce, como fruta
prohibida, sobre lechos
sin sus sábanas blancas,
y un alto desconcierto de vencejos.

Yo buscaba sus tórtolas...
¿A qué salón de baile llegaríamos?
¿Esperaría en la sombras
un Dios coleccionista de caretas?


EL PÁJARO

La emoción de vencer las astucias del pájaro, de sentir en la piel su cálido pálpito de vida, sólo era superada por la emoción de verlo escapar desde la mano, recuperando el canto y el vuelo, la libertad del aire.

Un juego quizá cruel en su maniobra,que entraña el instito dominador del hombre, su desasosiego por atrapar las imposibles magias de la plena belleza, resolviéndose en gozo de libertad lograda.Toda una metáfora del vivir.

Niño en aprendizajes naturales, integrado en magisterios de la naturaleza, descubriendo la batalla de instintos-crueldad,ternura-que encierra el corazón del hombre.

Cazarlo era distinto:
desplegabas astucias
y de pronto tenías
palpitando en tu mano
todo el campo, y eran
como un milagro roto
los dominios del vuelo.
Pero después, despacio,
cuando aflojado el pulso
se iban desentendiendo los dedos y ponías

el trampolín del tacto
desplegado, la huida
era una fiesta, cual
la primera conquista del aire.
Y un canto breve de pájaro
como una urgente risa
lanzaba, clausurando
la etapa de los pasmos.
La mano, esa tenaza
del dominio, sentía
ganados privilegios,
en materia de ave,
podía en cualquier instante
ser arrullada
por palomas
o alzarse
disociada del brazo.

Yo entonces, para siempre descubría
la plural estructura de las jaulas.