Nace en Tokio el 1 de enero de 1948.

El humor y la cultura son las dos aficiones fundamentales de la familia Kitano, en cuya educación desempeñó un papel preponderante la madre, una mujer carismática y de ideas avanzadas. Uno de los hermanos estudió en la prestigiosa Universidad de Tokio, en la cual acabó ejerciendo como profesor. Por el contrario, Takeshi, que desde niño mostraba un carácter rebelde, estudió varios cursos en la Universidad de Meiji, una de las más importantes del Japón, pero su gusto por la bohemia y, sobre todo, su vocación artística, lo impulsaron a introducirse en el mundo televisivo, donde desempeñó los trabajos más diversos.

Fue intérprete de telenovelas, moderador de debates, comentarista deportivo, presentador de concursos y, ante todo, un cómico de los de mayor éxito en la televisión de su país. Programas como Takeshi jo y sus colaboraciones con el cómico Akashiya Sanma convirtieron al joven Takeshi Kitano en una celebridad. Adoptó entonces el seudónimo de “Beat” Takeshi, nombre que sus admiradores japoneses pronunciaron siempre como “Bito” Takeshi. Corrían los años ochenta y pocas cosas parecían imposibles para la estrella, que alternaba su trabajo en la pequeña pantalla con una vida social llena de excesos.

Sin embargo, con una ambición artística que no parece conocer límite, desarrolló una carrera paralela en el medio cinematográfico, animado por Nagisa Oshima, quien pensó en él para dar vida al sargento Hara en su película Feliz Navidad, Mr. Lawrence (1983). Más adelante, tras alguna otra interpretación en films como Yasha (1985), de Yasuo Furuhata, decidió convertirse en director, procurando definir un estilo personal en el cual se advierten su admiración por el cineasta francés Jean Pierre Melville y un gusto por la violencia que lo emparenta con el realizador chino John Woo.

El alcohol y las pasiones pasajeras fueron la norma habitual en una existencia que incluso lo llevó, por un tiempo, a la cárcel. Casado con una mujer que soporta sus devaneos con paciencia, Takeshi emplea las contradicciones de su doble moral en los espectáculos que protagoniza, haciendo público su arrepentimiento ante los espectadores, conocedores, por cierto, de todos los detalles de su biografía gracias a la exitosa emisión de un teledrama sobre su vida. No ha de extrañar esta falta de pudor si se advierte la cantidad de horas que pasa ante las cámaras, con programas diarios a distinta hora y de diverso contenido.
Rodó en 1989 Violent Cop, a la que siguieron Boiling point (1990) y Sonatine (1993). Gracias al éxito de Quentin Tarantino, admirador del thriller asiático, y al reconocimiento internacional de cineastas chinos como John Woo y Tsui Hark, estas películas de Takeshi lograron cierta distribución internacional, sobre todo en el circuito videográfico. Por otro lado, la crítica europea, volcada en la exaltación de cinematografías como la china y la vietnamita, descubrieron en el cine de “Beat” Takeshi una suerte de adaptación exótica del cine negro más actual, llena de fatalismo y no exenta de ciertos toques de humor.
En Estados Unidos, donde son muy populares los más violentos films de animación japoneses, el cine de este realizador también cuenta con seguidores, llegando a ser contratado para interpretar uno de los papeles del largometraje de ciencia-ficción Johnny Mnemonic (1995), de Robert Longo. Ese mismo año tuvo un grave accidente de motocicleta, originado por conducir a gran velocidad bajo los efectos del alcohol. Así, mientras, a pesar suyo, cultivaba esa imagen polémica en su país natal, los festivales de cine europeos lo reconocían como un director de calidad, uno de los pocos destacables dentro de la grave crisis creativa del cine japonés. En 1997 logró llegar a la cima de su prestigio internacional tras ganar su película Hana-bi el León de Oro en el Festival de Venecia y el Gran Premio Félix de la Academia Europea.

TAKESHI KITANO