Los continuos cambios de domicilio de Hokusai -residió en más de 90 viviendas-, e incluso los cambios de nombre, son elementos significativos del carácter del artista. Además de su nombre principal, Hokusai utilizaba otros dos seudónimos ocasionales, y alrededor de una veintena de nombres que, indistintamente, añadía a su nombre principal.
Pese a sus súplicas por seguir viviendo una década más, el día 18 del cuarto mes japonés "el viejo enojado con la pintura", como él mismo se definía, murió a lo 89 años, sin haber satisfecho la búsqueda de la última verdad sobre la pintura.
Quince años antes había escrito: " [...] a la edad de cinco años tenía la manía de hacer trazos de las cosas. A la edad de 50 había producido un gran número de dibujos, con todo, ninguno tenía un verdadero mérito hasta la edad de 70 años. A los 73 finalmente aprendí algo sobre la calidad verdadera de las cosas, pájaros, animales, insectos, peces, las hierbas o los árboles. Por lo tanto a la edad de 80 años habré hecho un cierto progreso, a los 90 habré penetrado el significado más profundo de las cosas, a los 100 habré hecho realmente maravillas y a los 110, cada punto, cada línea, poseerá vida propia [...]"
Considerado el máximo exponente de la escuela de grabados Ukiyo-e, Hokusai incorporó a lo largo de su vida la esencia del arte de la escuela de Ukiyo-e. Las líneas curvas trazadas con una gran soltura, características de su estilo inicial, fueron evolucionando gradualmente hacia una serie de espirales que añadieron una libertad y elegancia aún mayores a su obra, como puede observarse en Raiden (Espíritu del trueno). Era famoso por la energía y espontaneidad de su genio creador, cualidades que con la edad se incrementaron aún más.
En las obras de su última época utilizaba
pinceladas amplias cortadas y una técnica de coloreado que le daba una cualidad
más sombría. Entre las más conocidas están el cuaderno de dibujos en 13 volúmenes
Hokusai manga (comenzado en 1814) y la serie de grabados conocida como
Fugaku sanjurokkei (Treinta y seis vistas del monte Fuji), que
contiene algunas de las imágenes más famosas de la tradición artística japonesa.
Su obstinado genio también representa, a sus 70 años, la creación artística
permanente, el prototipo del artista único que se esfuerza en terminar la
tarea emprendida.
Por otra parte, Hokusai constituye una figura que, desde finales del siglo
XIX, impresionó a artistas, críticos y amantes del arte occidentales. Desde
mediados del siglo sus grabados, como los de otros artistas japoneses, llegaron
a a París, donde se coleccionaban con gran entusiasmo, en especial por parte
de impresionistas de la talla de Claude Monet, Edgar Degas y Henri de Toulouse-Lautrec,
cuya obra denota una profunda influencia de dichos grabados.
Pinturas e ilustraciones:
Fiestas de las casas verdes (ca. 1790); Fiestas para los
doce meses (ca. 1790); Extranjeros observando costumbres japonesas
(1796); Serie de Chushingura I (ca. 1800); Brocados impresos
de treinta y seis Poetisas (1801); Cincuenta poetas imaginarios, cada
uno con un poema (1802); El Fuji en primavera (1803); Treinta
y seis estaciones en el Tokaido (1804); Serie de Chushingura II
(1806); Suikoden (1807); Retratos de seis poetas (ca.
1810); Manga de Hokusai, vol. 1 (1814); Gashiki de Hokusai (1819);
Soga de Hokusai (1820); Treinta y seis vistas del monte Fuji
(ca. 1826-33); Vistas de puentes famosos (ca. 1827-30);
Nieve, luna, y flores (ca. 1827-30); Flores y pájaros
(ca. 1827-30); Toshi-sensor (1833-36); Cien vistas del monte
Fuji (1834-35); Cien poemas contados por la niñera (ca.
1845).
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KATSUSHIKA HOKUSAI (2) |
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