Pintura - Glosario

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Sufijo de Pintura

 

BUN-JIN-GA

Pintura de gentes letradas. Movimiento que apareció en el siglo XVIII, entre los aficionados, en favor de un retorno a las fuentes de la pintura a tinta. Este interés nació en Japón, a semejanza de un movimiento análogo, el Wen-jen-hua, que manifestaron letrados chinos de la dinastía de los Ming

 

EMAKI-MONO

o simplemente Makimono. Es un rollo horizontal, en el cual estaban pintadas, a veces, amplias composiciones, con temas anecdóticos, religiosos o literarios, y otras veces, escenas cortas separadas por textos. La longitud de estas pinturas que se desenrollaban en el suelo, podía alcanzar varios metros; y las aventuras descritas, que normalmente necesitaban una continuación, estaban ejecutadas en una serie de varios emaki. El origen de las primeras pinturas enrolladas es chino, y el primer ejemplo que apareció en el Japón fue el E-ingakyo, o Sutra ilustrado de las causas y efectos del pasado y el presente, que data del año 735. Fue en el siglo XII cuando floreció el arte del emaki, al tiempo que nacía la conciencia de un sentimiento nacional que opuso a las influencias de la pintura china las tentativas del género japonés, llamado yamatizante

Genji Monogatari

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ESTAMPACIÓN

El arte de la estampa, que ya existía en China hacia el siglo IV antes de nuestra Era, fue introducido en Japón en el siglo VIII. En el año 1172 apareció una edición del libro de los diecisiete artículos de la Constitución del regente Shotoku; pera esta obra no contenía todavía ninguna ilustración. Sin embargo, en el siglo XVIII ya se reproducían imágenes por el procedimiento del grabado, en hojas sueltas que se distribuían a los peregrinos. Algunas de ellas, conservadas en el British Museum, son atribuídas al monje Kobo Daishi. El primer libro de estampas data de hacia 1660 y fue ejecutado por Hishikawa Moronobu.

Proceso: Las ilustraciones destinadas a los libros, así como las estampas, han sido, en todo tiempo, grabadas en madera de cerezo previamente alisada con la garlopa y bruñida. Primero se dibujaba el modelo en una hoja transparente de papel de arroz; después el grabador no tiene más que trasladarlo a la superficie de madera, mediante sólo cinco o seis instrumentos. Empieza por delimitar el negro y el blanco, rebajando la madera en los dos bordes del trazo con un cuchillo muy afilado. A continuación, vacía los fondos tallándolos con dos gubias. Al transportar el dibujo sobre la plancha, hay que cuidar que quede un margen de ésta, a fin de poder grabar en él la señal para la tirada; son dos muescas, poco profundas pero muy precisas, que servirán de tope a la hoja que queremos imprimir, una en forma de escuadra en uno de los ángulos para alojar una esquina del papel, y la otra rectilínea en uno de los lados del mismo ángulo, a alguna distancia del extremo opuesto de la madera. Todos los colores que deban emplearse están diluidos en agua, de modo que no brillen sobre el papel muy poco encolado, sino que penetren y formen cuerpo con él, dando así a la estampa los fondos, sin los cuales los grabados carecerían de solidez. Para dar la tinta, se añade un poco de cola de arroz al color y se pasa por la plancha al hilo de la madera, mediante una brocha plana bastante gruesa, de una longitud de siete a nueve centímetros. El impresor dispone el papel de modo que toque el fondo de las muescas; luego lo extiende, lo prensa sobre la plancha y lo frota con un tampón redondo, de unos trece centímetros de diámetro. Este baren redondo y plano se hace con un cordel de cáñamo enrollado en espiral en torno a un disco delgado de madera, de bordes muy finos; se cubre con redondeles de papel y de tela para que quede ligeramente abombado y se envuelve el conjunto en una hoja de corteza de bambú, una de cuyas extremidades, retorcida en forma de cuerda, constituye el mango del instrumento. El papel empleado ha de ser especialmente sólido y flexible, apto para absorber el color.

Los colores son vegetales. La corteza de los árboles proporciona a los artistas japoneses, desde los orígenes de la pintura, varios colores. Los tonos tienden a atenuarse con el tiempo, y pocos nishiki-e han conservado los colores originales. La primera gran revolución del arte de la estampa fue la aparición de la policromía. Es a Harunobu a quien cabe el honor de haber sido el primero en utilizar hasta quince colores. Las estampas llamadas nishiki-e requerían tantas planchas como colores entraban en su composición

 

KAKEMONO

Oponiéndose al emaki-mono, el kakemono es un pintura que se desenrolla verticalmente; pero así como el emaki es muy largo y constituye una serie de imágenes, el kakemono sólo ofrece un tema, destinado a ser expuesto colgado de una pared. El kakemono, de origen chino, fue la primera forma de la pintura japonesa. Estaba pintado en tela o en papel montado sobre un brocado. Sus extremos estaban provistos de rodillos de madera que le daban rigidez. Además, dos cintas adornaban su parte superior

Fukae Roshû - Flores de otoño y ciervo

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KIRIKANA

Técnica que consistía en utilizar panes de oro recortados en tiras para decorar la superficie de pinturas y de las esculturas. Esta técnica, de invención japonesa, apareció durante la época de asuka, hacia el siglo VI, pero empezó a ser realmente perfeccionada bajo los Fujiwara. En la época de las decoraciones de castillos, en el siglo XVIII, merced al boato de las nuevas tendencias, toda la pintura se dejó invadir por la aplicación de panes de oro que, de ordinario, sirvieron para cubrir el fondo de los biombos y de las puertas correderas

 

MAKI-E

Técnica utilizada para la laca e inventada por los fabricantes de lacas japoneses, hacia el siglo XI. El motivo se pintaba en la superficie de la laca, sobre la cual se espolvoreaba luego el metal, en general oro, que se incrustaba en la materia misma, antes de pulirla. Cuando la decoración es lisa, esa técnica se denomina hiramaki-e; y cuando es en relieve, takamaki-e. El kirikane es la incrustación de cuadraditos de oro, recortados; el hirakane, la incrustación de pequeños fragmentos de oro martillados en el tas. En el okibirame, los fragmentos no están mezclados con la laca, sino engastados a mano

 

MANGA

Dibujo rápido, croquis. Esta palabra sirvió de título a una obra importante que reunía los numerosos croquis del pintor Hokusai: millares de reproducciones de cuanto pudiera llamar la atención de un pintor tan observador como Hokusai, desde los personajes hasta los objetos más insignificantes. Esta obra apareció en quince volúmenes, el primero en 1812 y el último en 1875, veintinueve años después de la muerte del autor

 

SHIGA-JIKU

Rollos suspendidos, compuestos por pinturas y poemas. Este género apareció en Japón con la pintura a tinta de los sacerdotes Zen. En general, la pintura era ejecutada sobre el rollo por un primer sacerdote y representaba, casi siempre, un paisaje destinado a la meditación; después, el rollo era ofrecido a la inspiración de otros sacerdotes que debían escribir, en el espacio libre del papel, los poemas que el paisaje les sugiriera. Algunos de estos Shiga-Jiku están recubiertos de textos que se deben a cinco o seis manos distintas

 

SHUNGA

Dibujo de la primavera. Con este término se designan las pinturas que representan escenas eróticas. La mayoría de los maestros del ukiyo-e fueron autores de shunga, que componían, bien en imágenes aisladas, bien en álbumes de doce, o bien en forma de ilustraciones, que acompañaban a los textos, novelas o poemas que a veces eran obra de los propios pintores

Isoda Koryûsai

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SUIBOKU / SUMI-E

Pintura a tinta. Su origen se remonta a la dinastía T'ang. Sus primeros maestros, que se han convertido en figuras de leyenda, fueron Wu Tao-tsen (700-760) y Wang-wei (698-759); pero este género se desarrolló, realmente, bajo la dinastía de los Song (929-1279), gracias a pintores de paisajes que intentaban expresar la vida espontánea, tal como podía ser sentida por el adepto al Zen. Lo más característico de las pinturas sumi-e es su extremada desnudez, su ausencia de simetría y su absoluto desdén por toda forma de procedimiento o de ley. El sumi-e apareció en Japón en el siglo XIV y conoció a su mejor maestro, Sesshu, a mediados del siglo XV. El artista de sumi-e utiliza sólo tinta negra, presentada en barritas sólidas, que se frotan sobre una piedra plana, mientras se va mezclando agua, hasta obtener la intensidad deseada. Estas barritas son un compuesto de negro de humo, y existen en todos los tonos y calidades; ciertas barras se guardan celosamente durante mucho tiempo, pues está probado que la tinta adquiere con el tiempo un tono imposible de imitar. El pintor utiliza, para dibujar, un pincel empastado en una caña de bambú, que sostiene en el aire sin apoyar la muñeca en el papel. Algunas veces, el pincel de pelo fino puede ser sustituido por una pluma de pájaro, e incluso por un ala entera cuyas plumas se mojan en la tinta. El movimiento de la mano del pintor debe ser muy seguro, pues en la agilidad del ademán reside la belleza de la línea, que no acusa la menor vacilación. En el siglo XVIII, se manifestó en Japón un nuevo interés por la pintura a tinta, con el nombre de bun-jin. Los pintores que a menudo rehusasen ser llamados profesionales, intentaron expresarse con mayor expontaneidad utilizando, a veces deliberadamente, las irregularidades de la linea y las salpicaduras de la tinta

 

UKI-E

Pintura tratada al modo europeo, teniendo en cuenta, ante todo, las leyes de la perspectiva hasta entonces ignoradas por la pintura japonesa. Los uki-e se pintaban a veces al óleo, y en ellos se procuraban las sombras con los consiguientes efectos de luz y de profundidad. Entre los pintores del uki-e, puede citarse a Maruyama Okyo y Utagawa Toyoharu

 

UKIYO-E

Pintura del mundo que transcurre. Término que, literalmente, designa un género profano, realista, que describe la vida cotidiana de los hombres. En realidad se aplica a toda la nueva escuela de pintura popular que apareció a mediados del siglo XVII con Hishikawa Moronobu y se extinguió en el siglo XIX con el Japón de los Tokugawa. La palabra ukiyo-e se asocia hoy única y exclusivamente al arte de la estampa. Algunos autores dividen la historia del ukiyo-e en cinco periodos: 1º Los primitivos; 2º los pintores polícromos; 3º Kiyonaga y sus discípulos; 4º la decadencia, y 5º la caída. La más importante de estas escuelas fue la de los Torii, que culminó en el pintor Kiyonaga. Los otros grandes artistas que destacaron fueron Harunobu, Utamaro, Hokusai e Hiroshige. El origen del ukiyo-e es muy poco conocido; algunos creen que la estampa se inspiró, directamente en las pinturas populares Otsu-e, que eran la especialidad del pueblo Otsu, cerca de Kioto

Más

 

YAMATO-E

En el 999 apareció, por vez primera, el término Yamato-e (Pintura del Yamato), para designar un género nuevo que debía desligarse de todas las influencias chinas y desarrollarse, muy especialmente, durante la época de los Fujiwara con la proliferación de los rollos (Makimonos). La escuela de Tosa agrupó en el siglo XVII todas las tendencias yamatizantes y las llevó, bajo los Tokugawa, a una expresión decorativa que se prolongó hasta la restauración Meiji, en 1868

 

ZENGA

Pinturas a tinta que aparecieron a principios del siglo XVI. Eran realizadas por monjes, como una proyección visual de las poesías del Zenrin Kishu. En estos dibujos se procuraba, sobre todo, una espontaneidad sin artificios; los accidentes del pincel se convertían en la propia expresión de la naturaleza. Con el ejemplo de los Zenga, los artistas japoneses, más o menos de la misma época, inspirándose en los poemas haiku, realizaron dibujos haiga de la misma imaginación espontánea

 

 

GLOSARIO DE TÉRMINOS DE ESTILOS Y FORMAS PICTÓRICAS