La hermana de mi novia (I)
Por  El Vampiro Lestat
 
Hola. Antes de nada, os haré una pequeñísima presentación para poneros en antecedentes de las historias que os voy a contar.

Soy un chico español de 27 años. Llevo ya 6 años con mi novia y la verdad es que nos va muy bien. He de contaros que, para ciertos aspectos sexuales, ella siempre ha sido muy mirada, lo cual al principio me decepcionó bastante. Sin embargo, pronto descubriría que el mantener una relación con ella me abrían unas puertas realmente interesantes.

La primera sorpresa, me la llevé a los pocos meses de estar saliendo juntos. Una de sus hermanas regenta una de esas casas rústicas restauradas para turismo rural que están tan de moda hoy en día. A menudo, me acercaba para echarles una mano cuando había que llevar paquetes o hace otro tipo de recados, ya que la casa estaba un poco apartada del pueblo.

Antes de nada he de explicaros que mi novia estudia fuera del pueblo en el que vivimos, por lo que está fuera de lunes a viernes. Un martes bastante lluvioso Silvia, su hermana, me llamó por teléfono para avisarme que iba a llegarle un fax urgente y quería que yo se lo acercara. Recogí el fax y allá me fui.

Al ser invierno, en la casa no había huéspedes. Solo vivía allí Silvia, para encargarse de la limpieza y demás. Cuando llegué, me abrió la puerta. Llevaba puestos unos pantalones vaqueros muy ajustados y un jersey de lana finito. Silvia era un par de años mayor que yo. No muy alta, pelo cortito y un poco rellenita, sin llegar a estar gorda y tenia unos pechos impresionantes, grandes pero firmes. En esos momentos, supongo que debido al frió, sus pezones estaban erectos y destacaban claramente bajo su jersey. Parecían enormes y  no pude evitar quedarme mirando unas milésimas de segundo y ella, sin duda, se dio cuenta. Como de costumbre, me invitó a entrar a tomar un café y yo, como de costumbre, entré con ella.

No sé qué me pasaba aquella tarde, pero mientras Silvia y yo hablábamos, como siempre, y ella iba de un lado a otro para preparar el café y hacer cosas en la casa yo era incapaz de apartar los ojos de sus grandes tetas en las que seguían erectos sus pezones y de repente me entraron unas ganas tremendas de levantarle el jersey y empezar a mordisquearlos. Ella se había dado cuenta desde el principio de que no le quitaba ojo y al rato se me quedó mirando y me dijo:

- Me las vas a gastar de tanto mirármelas

Yo me quedé muy cortado y enseguida le dije que me perdonara, y que me iba, pero ni siquiera me dejó acabar la frase:

- Tranquilo, no importa. La verdad es que me gusta que me mires.

Acto seguido se quitó el jersey y descubrí que no llevaba sujetador. Sus tetas eran como me las había imaginado, grandes y firmes, con unas areolas rosadas enormes culminadas por un rosado y gran pezón cada una. Yo estaba alucinado y no sabia que hacer. Entonces, ella se fue acercando a mi, frotándose los pezones entre los dedos,  mientras me decía:

- Hace unos días, escuché a mi hermana hablar por teléfono con una de sus amigas y le estaba contando las cosas que le haces y que te encanta chupar tetas y coños y lo bien que lo haces. La verdad es me puse cachondisima y no he podido pensar en otra cosa desde entonces. Tu tranquilo, no le diremos nada, así que demuéstrame qué sabes hacer con esa boca.

Yo, que seguía alucinadísimo, no pude ni responder, porque ya había metido una de sus tetas en mi boca y se desabrochaba los vaqueros con una mano mientras sujetaba mi cabeza con la otra. Yo aquí ya no pude más. Tenia la polla durísima y me dejé llevar. Empecé a chuparle los pezones, que parecía que cada vez se hacían más grandes. A jugar con ellos con la legua y darle pequeños mordiscos. Me dediqué plenamente chupando, mordisqueando y magreando aquellas tetas imponentes. Ela empezó a gemir y cuando se hubo bajado los pantalones se metió la mano entre las piernas y se acarició durante unos instantes. Incluso me dio la sensación de que se metía un dedo discretamente.  Después me desabrochó los míos y empezó a meneármela muy lentamente. Con la otra mano, poco a poco me fue bajando la cabeza hasta llegar a la altura de su chocho. Lo miré unos instantes y sacando la lengua buceé entro los pelos de su chocho hasta llegar a su clítoris. Estaba completamente empapada y eso me puso aun más cliente.

Nos tumbamos en el sofá de la salita y la hice girar colocándonos en posición de 69 y ella empezó también a chuparme la polla con una maestría asombrosa. Mientras tanto yo seguía entreteniendo mi lengua en su chocho y mis manos en sus tetas, que se balanceaban de una lado a otro al ritmo de sus gemidos.

Así estuvimos un rato hasta que se corrió un par de veces, yo ya no podía más y le pedí que me "rematara" pero ella me dijo que primero quería que la penetrara. Le avisé que mi aguante iba a ser ridículo, pero me obligo a meterle la polla y me dijo que la avisara antes de correrme. Apenas aguanté unas cuantas embestidas y me retiré para correrme, entonces ella se me acercó y empezó a frotarse las tetas contra mi polla mientras yo me corría. Fue una sensación estupenda.

Quedamos los dos exhaustos, tumbados en el sofá. Cuando me levanté para irme, ella notó en mi cara la preocupación y la culpabilidad y me tranquilizó diciéndome:

- Tu no te preocupes, ni le digas nada a mi hermana, es mejor para todos. Cuando quieras podemos repetirlo y no tiene porque saberlo nadie. ¿Vale?

Me dio un beso en la mejilla y se despidió cerrando la puerta mientras repetía:

- No te preocupes, no le diremos nada... de momento.

Me di la vuelta asombrado, pero la puerta ya estaba cerrada. Me quedé intrigado pensando a qué se refería, pero eso ya es otra historia.
 

Vampiro Lestat
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