EL CAPITÁN SALIÓ A COMER Y LOS MARINEROS TOMARON EL BARCO, POR CHARLES BUKOWSKI

POR ANDRÉS MORENO

Hace un par de días acabé de leer el "El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco", de Charles Bukowski. Cuando lo vi por primera vez y eché un vistazo a la contraportada pensé lo que seguramente gran parte de los seguidores de Hank pensarían, esto es, "ya nos  están colocando material de desecho de Hank para que piquemos y John Martin, el editor, y Linda Bukowski, la viuda, hinchen sus cuentas corrientes a costa de la leyenda". Estaba yo medio indignado mientras pagaba religiosamente el libro en la tienda, sintiéndome como un fanático coleccionista de discos que no puede evitar comprar todo lo que sale de su cantante o grupo favorito aún a sabiendas de que las posibilidades de que el disco suene horriblemente, o el grupo no esté especialmente inspirado, o una suma de las dos cosas, sean elevadísimas. 
"El capitán salió..." (será cuestión de acortar un poco el título), es una especie de diario deslavazado de los últimos años de Bukowski, un puñado de reflexiones escritas en el ordenador de su casa de Hollywood durante el periodo comprendido entre agosto de 1991 y febrero de 1993. Poco más de un año más tarde,  el 9 de marzo de 1994, Charles Bukowski, POETA, ESCRITOR, apuraba de un trago ese vino barato que es la vida. Este breve ¿diario?, ¿ideas sueltas?, nos muestra a un Hank con más de setenta años, que vive con su esposa Linda en Hollywood y escribe de forma compulsiva en un ordenador por las noches, ¿disfrutando? del status y el reconocimiento mundial como uno de los grandes escritores y poetas del siglo. Hank se nos muestra a veces cansado, a veces enfermo, pero siempre lúcido, con su mala ostia y su odio a la inmensa mayoría de la humanidad intactos. Necesita escribir, necesita, como él dice, "dejar que las palabras fluyan". Lejos de los años de borracheras salvajes, trabajos miserables y pensiones inmundas, la vida de Bukowski durante sus últimos años transcurre entre su casa, el hipódromo, algún acto social al que acude a regañadientes y alguna que otra cogorza esporádica. Pero, sobre todo, el Hipódromo, una relación de amor/odio que se mantendría hasta el último momento, fascinante y repelente al mismo tiempo, que ya no es para Bukowski una de sus principales fuentes de ingresos, pero que lo sigue arrastrando día a día, con su marea de perdedores, locos y tipos raros.
  En fin, amigos, aunque la maniobra apeste a expolio póstumo y a maniobra comercial por los cuatro costados, os recomiendo que compréis, robéis o pidáis prestado el libro. Es Hank, sigue siendo Hank, arremetiendo contra la estupidez, contra el arte subvencionado, contra la televisión, contra un mundo estúpido, cruel, miserable y loco. Sigue siendo Hank, POETA y ESCRITOR. En fin, os dejo, tengo que ir a darle de comer al gato.

Andrés Moreno Galindo

"Yo llevo a la muerte en el bosillo izquierdo. A veces la saco y hablo con ella; "Hola, nena, ¿qué tal?¿Cuándo vienes por mí?. Estaré preparado"

Charles Bukowski, 12 de septiembre de 1991.

 

             .

VUELVE A LA PÁGINA DE RESEÑAS VUELVE A LA PÁGINA PRINCIPAL DE EL GATO DE HANK
inicio relatos reseñas favoritos colabora correo