
Hace un par de días acabé de leer el "El capitán
salió a comer y los marineros tomaron el barco", de Charles Bukowski.
Cuando lo vi por primera vez y eché un vistazo a la contraportada pensé lo que
seguramente gran parte de los seguidores de Hank pensarían, esto es, "ya
nos están colocando material de desecho de Hank para que piquemos y John
Martin, el editor, y Linda Bukowski, la viuda, hinchen sus cuentas corrientes a
costa de la leyenda". Estaba yo medio indignado mientras pagaba
religiosamente el libro en la tienda, sintiéndome como un fanático
coleccionista de discos que no puede evitar comprar todo lo que sale de su
cantante o grupo favorito aún a sabiendas de que las posibilidades de que el
disco suene horriblemente, o el grupo no esté especialmente inspirado, o una
suma de las dos cosas, sean elevadísimas.
"El capitán salió..." (será cuestión de acortar un poco el
título), es una especie de diario deslavazado de los últimos años de Bukowski,
un puñado de reflexiones escritas en el ordenador de su casa de Hollywood
durante el periodo comprendido entre agosto de 1991 y febrero de 1993. Poco más
de un año más tarde, el 9 de marzo de 1994, Charles Bukowski, POETA,
ESCRITOR, apuraba de un trago ese vino barato que es la vida. Este breve
¿diario?, ¿ideas sueltas?, nos muestra a un Hank con más de setenta años,
que vive con su esposa Linda en Hollywood y escribe de forma compulsiva en un
ordenador por las noches, ¿disfrutando? del status y el reconocimiento mundial
como uno de los grandes escritores y poetas del siglo. Hank se nos muestra a
veces cansado, a veces enfermo, pero siempre lúcido, con su mala ostia y su
odio a la inmensa mayoría de la humanidad intactos. Necesita escribir,
necesita, como él dice, "dejar que las palabras fluyan". Lejos de los
años de borracheras salvajes, trabajos miserables y pensiones inmundas, la vida
de Bukowski durante sus últimos años transcurre entre su casa, el hipódromo,
algún acto social al que acude a regañadientes y alguna que otra cogorza
esporádica. Pero, sobre todo, el Hipódromo, una relación de amor/odio que se
mantendría hasta el último momento, fascinante y repelente al mismo tiempo,
que ya no es para Bukowski una de sus principales fuentes de ingresos, pero que
lo sigue arrastrando día a día, con su marea de perdedores, locos y tipos
raros.
En fin, amigos, aunque la maniobra apeste a expolio póstumo y a maniobra
comercial por los cuatro costados, os recomiendo que compréis, robéis o
pidáis prestado el libro. Es Hank, sigue siendo Hank, arremetiendo contra la
estupidez, contra el arte subvencionado, contra la televisión, contra un mundo
estúpido, cruel, miserable y loco. Sigue siendo Hank, POETA y ESCRITOR. En fin,
os dejo, tengo que ir a darle de comer al gato.
Andrés Moreno Galindo
"Yo llevo a la muerte en el bosillo izquierdo. A veces la saco y hablo con ella; "Hola, nena, ¿qué tal?¿Cuándo vienes por mí?. Estaré preparado"
Charles Bukowski, 12 de septiembre de 1991.
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