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...Adoro esta luz crepuscular cargada de matices, no hiere mis ojos ávidos de ver. Acaricio la piedra con mis manos, pero ya no siento su frialdad de antaño, las yemas de mis dedos son más gélidas que este granito gris ahora, pero la piedra y yo seguimos aquí.
Te espero, te intuyo cercano, como si una parte de mí misma, desgajada, volviera para reunirse con el todo; cierro los ojos pero te veo llegar, acercarte poco a poco; miras a tu alrededor con desgana, pero un estremecimiento te recorre, se diría que mis dedos te están acariciando a ti; te sientas, más bien te desplomas a mi lado, como si un cansancio fruto de mil fatigas te venciese. Extiendo mis manos, aunque sé que el rozar las tuyas es un placer que me está vedado... Tus ojos me siguen siendo esquivos y, aún así, les quiero más que nunca.
Jugueteas distraidamente con cualquier cosa sobre la mesa, siempre lo hacías mientras medías tus palabras como notas y silencios en una partitura eternamente inacabada; miras el reloj sin verlo, es el acto mecánico de alguien que odia el tiemp por lo que tiene de tirano implacable, el tiempo... ya no existe, amigo mío, está en los surcos de tu piel, que yo no veo, o en las hebras grises de tu pelo, en las que no reparo, quizás en tu corazón, pero no en el mío...
Miras cómo giran la shojas en el suelo, el otoño las ha pintado de melancolía para las dos... ¿por qué no me hablas...? siento celos del viento que las mueve... ¿acaso tienes el corazón tan gélido como mis manos...? Te daría el mío, ya no lo necesito para quererte.
Estas aquí y ni tú mismo sabes por qué, te embarga el desasosiego, miras a tu espalda, no sea que alguien esté leyendo tus pensamientos... a pesar de todo, estás aquí, en el mismo lugar, a la misma hora...
Tal ve zmi voz suene dentro de ti como un murmullo... Escúchame o siénteme, quisiera decirte tantas cosas... pero sé que no es necesario, aprendí tarde que el silencio es más elocuente que el mejor de los discursos y las palabras no son más que eso, palabras...
Acerco mi mano a tu cara, tal vez tu aliento la caliente, pero sé que no será así y me duele tanto...! Te vas ya...!
Mientras te levantas lentamente tus ojos me gritan lo que piensas: ¿Qué estoy haciendo aquí? No te hagas reproches, sabes que volverás, te dejarás llevar por tus pasos y, tal vez, por un pequeño recuerdo como la llama de una vela y... volverás al mismo lugar a la misma hora...
...Y yo estaré aquí, lo sabes, tienes que saberlo, te esperaré siempre desde mi ausencia de futuro porque así está escrito...
Tengo frío, amor mío, un frío húmedo que vuelve a atenazarme mientras veo que te alejas; me miras un instante, pero es sólo eso, un instante... y ya te has ido; aquella luz que nos envolvía se va contigo y poco a poco me quedo sumida en mi monótona y densa tiniebla...