Luego de mi visita a aquel peculiar poblado, nacieron en mí numerosas conjeturas, que procedo a relatarles.

Arrivé a aquella aldea, no sé si en invierno o verani; primavera u otoño; tampoco sé si se situaba al norte o al sur de la región.

     Lo único cierto es que llegué con una pregunta, mi viaje pretendía contestarla. Aún no logro descifrar si hallé la respuesta a dicho interrogante, pero tampoco podría negarlo.

     Tras haber caminado mucho, o quizás no tanto, había hallado la villa en cuestión; sin embargo no era lo que esperaba encontrar, esperaba más.

     Allí nace su particularidad, al villorrio me refiero, es poco frecuente que un grupo tan rico en historia, que logró a miles de kilómetros impactar por sus proezas guerreras, a un personaje de espíritu aventurero y amante de la historia, como es mi persona, tenga tamaño contraste entre la simpleza de su asentamiento (que llega a experimetar hasta cierta indigencia) y sus deslumbrantes y resonantes historias contadas en las páginas de libros esotéricos.

     Buscaba un pueblo rico en metales, oro principalmente, diamantes y algunos rubíes. Todo esto producto de sus victorias bélicas y conquistas legendarias. Sin embargo he venido a dar con estas tribus que no parecen ni tan ricas, ni tan beligerantes.
     De todos modos, lo llamativo no radica solamente entre la diferencia de lo narrado por ciertos estudiosos y su realidad existencial, sino también en lo misterioso de su líder supremo, o de quien supo serlo, "el Rey de las Nubes".

     Este enigmático personaje, cargado de suspicacias en tanto archivo histórico encontrara, era el detonante principal de mi exacerbada curiosidad

     Recorría con mi mirada cada sector de la aldea, procurando localizar algo que distinguiera a tal ser (el Rey de las Nubes) pero no logré avizorar nada especial. A esa altura comencé a poner en tela de juicio aquellos escritos y a pensar que mi viaje había sido estéril. En mi interior pensaba, "me dejé llevar por mi tan característico hábito a obnubilarme por los relatos de batallas donde choquen civilizaciones diferentes, confrontaciones de creencias; de formas de vida; bah... Resumamos. Al mítico rey no lo he encontrado. Concluyamos."

     ¿Habrá muerto?, primero de todo, ¿habrá existido?, me preguntaba, si es que así fue, ¿hace cuánto? Esos personajes que contempló mi vista, no serían acaso documentos históricos de un pueblo que hace siglos conoció su apogeo, gracias al "Rey de las Nubes", o tal vez se habría tratado solamente de un grupo imaginativo, con buenos novelistas y afán literario, que decidieron legarle a sus descendientes una historia rica construyendo en torno a sus antepasados fantasías proféticas y hazañas tales, capaz de convertirlos en héroes, esto último tampoco podría contestarlo.

     Lo cierto es que no descendían de Genghis Khan, como yo había sospechado, en un principio, no habían estado relacionados con el pueblo de Atila en absoluto, tampoco devenían de la genealogía bárbara en ninguna de sus variantes ni vikinga, ni mongoles. Por supuesto que nada que ver con los romanos, ni mucho menos con los griegos, es más, cuando los conecté con Grecia, replicaron entre risas "nada que ver con nosotros y Espartaco".

     En fin su génesis como su periodo de apogeo, o su ubicación geográfica eran un misterio; y lo son al día de hoy, no sólo para mi sino para cualquier otra persona que no sea parte de las entrañas de esta particular tribu, pues si ellos parecen muy seguros de su pasado y explican todo claramente confiados en cada palabra.

      Entonces, recuerdo haber preguntado a ellos los más ancianos y sabios consejeros espirituales del grupo:

      -¿Qué hizo su rey? -interrogué.

      Tras mi pregunta sus risas retronaron en el ambiente; jajaja!!!

     -Pues todo, estuvo él en cada batalla hijo mío, él vio hundir la Atlántida, él vio cómo Roma ponía el mundo bajo su imperio, contempló cada una de las batallas de los pueblos bárbaros, pues como definirlo, te diré, simplemente todo, todo -entonó el senil interlocutor.

     Observando la escena que ante mi se presentaba, no pude evitar emular una tenue sonrisa y proseguí con un cuestionamiento.

     -¿Y cómo él sólo mira? -volví a interrogar.

     -Exactamente, tú lo has dicho y después se limita a analizar y decidir quién gana, su veredicto es inapelable y sólo los inmortales lo conocen, hijo mío, es él, el rey, el Rey de las Nubes. Alabado sea él, alabado sea!!! -exclaman todos.

     Entonces deseo hacerles una última pregunta.

     -¿Cómo fue él físicamente? -me precipité.

     -Ah... habráse visto tamaña irrespetuosidad, ¿a quién le importa tamaña superficialidad? Eh! ¿a quién?, y además ¿quién dijo que esté muerto? él está en las montañas, allí sucumbió su inmortal espíritu que reinará entre nosotros, él todo lo cura, todo lo supera, centuria tras centuria nos mirará de cerca, él estará en las nubes por siempre, desde allí todo lo mide, sabio calculador, paladín entre paladines de la justicia, fresco redentor, impredecible aventurero, el exterminador de apócrifos héroes, el que desenmascara la mentira, el forjador de los nobles caballeros, a él siempre hay que darle la razón (alabado sea él, alabado sea, gritaban los otros con fervor, y hasta casi exasperadamente) es él, es él, el Tiempo -finalizó visiblemente emocionado o tal vez sólo paró de hablar por el momento.

     Al verlo tan desencajado, los demás ancianos se apresuraron a asistirlo, en ese instante, comprendí que mi visita había finalizado y con ella mi investigación. Pero mientras volvía, en mi cabeza resonaba una pregunta, retumbando en lo más íntimo de mi cerebro: "?con tiempo, aquél viejo se habrá referido al clima o a las horas de sol y luna; días y meses?... de todos modos, alabado sea él, alabado sea...

 

Nombre:

Correo:  
Pais:       
Web       
Votación  Regular Bueno  Muy bueno

 

VUELVE A LA PÁGINA DE LISANDRO                        VUELVE A LA PÁGINA DE RELATOS DE EL GATO DE HANK

 

poesía reseñas actualizaciones maestros colabora correo